De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[59] Santa Margarita, hija del rey de Hungría, estando en un monasterio de Santa Catarina Mártir, que era de monjas de Santo Domingo, su vida era santíssima, y su oración, eficacíssima. Y vídose en que, pidiendo a cierto religioso que se quedasse en el pueblo una tarde para predicar a las monjas otro día, por andar todas (y ella más) muy sedientes de la palabra de Dios, no pudo acabarlo con él; antes se despidió y subió en un carro para ir a otro pueblo. Púsose en oración la santa, y pudo con ella lo que quiso, porque el carro en que el predicador iva se hizo pedaços antes de salir del lugar, y assí le fue forçoso quedarse y predicar, como se lo avían rogado. Y acabado el sermón, suplicó a la santa le hiziesse bolver su carro sano para partirse, y no fueron menester oficiales, que la oración, que fue poderosa para romperle, también lo fue para repararle, y con sola ella, milagrosamente, quedó entero. Semejante caso le sucedió con otro fraile, que aviéndole ella rogado que se detuviesse a predicar, vino a hazer por fuerça lo que no quiso de grado, porque estando el día sereno y el cielo claro, suplicó la santa a Dios que lloviesse tanto, que aunque el fraile no quisiesse, oyessen ellas la palabra de su Evangelio y se consolassen. No salió su oración en vano, antes, por la mucha agua que cayó a deshora, no fue possible partirse el predicador, y assí les predicó. Acaesció otra vez que salió de madre el Danubio y llegó hasta la huerta del monasterio, y bañóla por tres días. Passó después por allí el Provincial, y diziéndoselo, él no podía creerlo, por la grande distancia que avía del río /(372r)/ al monasterio, sin que bastasse a allanarle la autoridad de Soror Margarita, que con las demás monjas lo afirmava. La santa señora, que lo entendió, quedó avergonçada de que la tuviesse por mentirosa. Púsose en oración y pidió a Dios diesse a entender al Provincial la verdad, y el Señor, que tan atento está a las oraciones de los justos, quiso mostrar lo mucho que podían con él las de su esposa Margarita. Y a deshora creció el Danubio tan poderosamente, que llegó al monasterio, y las monjas se subieron a unos corredores altos, porque andava la agua por todas las oficinas de casa, y el Provincial se subió por la muralla más que de passo. Y duró la creciente hasta hora de Vísperas, y a este tiempo, a petición de las monjas, hizo oración a Dios Soror Margarita, pidiéndole mandasse al río se bolviesse a su madre, y assí sucedió. Y vídose otro milagro, que cuando fueron a Maitines, no avía quedado rastro ni señal de agua, ni de lodo, en toda la casa. Refiérelo Surio, tomo primero.
[60] Santa Catarina de Sena hazía oración, y era de mucha eficacia. Rogó a Dios, luego que murió su padre, que fuesse libre de las penas de Purgatorio, y padeciesse ella por él algún particular dolor, y desde aquel punto le tuvo en los riñones, que no poco tormento le dava, señal clara y manifiesta de que Dios la avía oído. Murió a pocos días su madre sin confessión. Púsose en oración Catarina, y permaneció tanto en ella, que resuscitó, y vivió después muchos años. También fue cosa notable que Andrés Nadino, ciudadano de Sena, hombre viciosíssimo, estando enfermo y para morir, sin quererse confessar, aunque muchos religiosos le pedían que lo hiziesse, hizo | por él oración Catarina, y enternecióse su coraçón a confessarse y tener grande dolor de sus pecados. Passavan dos hombres facinorosos atenazándolos por la casa de una discípula de la santa, llamada Alexia, adonde ella se halló a la sazón, porque, aunque vivía en congregación con otras religiosas del hábito de Santo Domingo, ni ella, ni las demás, estavan encerradas, sino que salían a Missa y a otros negocios importantes, con toda honestidad y recato. Llevavan, pues, a aquellos miserables hombres, sin que pudiessen muchos religiosos que los acompañavan traerlos a que tuviessen dolor de sus pecados, antes blasfemavan de Dios, Nuestro Señor. Tuvo dellos lástima Catarina, considerando su perdición, hizo oración por ellos, y no sólo cessaron de dezir aquellas blasfemias, antes, con grande dolor y contrición de sus pecados, los confesaron, y murieron penitentes. Refiérelo Surio, tomo segundo.
[61] Santa Isabel de Hungría, en el tiempo que estuvo en un hospital, fundado por ella, sirviendo a los pobres, vido cierto día a un moço vestido profanamente. Díxole:

-Distraído andas. ¿Quieres que haga oración por tí?

Respondióle:

-Señora, quiérolo, y mucho os lo ruego.

Púsose en oración, y mandó al mancebo hazer otro tanto. Perseverando en ella, el moço començó a dezir:

-Cessad, señora, que todo me abraso.

Levantava los braços, y hazía visajes como loco. Llegaron a él, y hallaron que tenía los vestidos tan calientes del fuego que de su cuerpo salía, que no avía tenerlos en las manos. Mudó la vida este hombre /(372v)/ por la oración de Santa Isabel. Refiérelo Surio, tomo sexto.
[62] Siendo arçobispo de Florencia San Antonino, un ciudadano pobre y virtuoso tenía dos hijas. Iva todos los días al templo llamado la Anunciada, y tenía allí prolixa y humilde oración, pidiendo a la Madre de Dios remedio para sus hijas. Oyó un día a dos ciegos que pedían limosna a la puerta, y creyendo que no eran oídos, dixo el uno al otro que tenía en una bolsa dozientos ducados en oro, y sacávala y meneávalos. El otro repitió que en el sombrero tenía cosidos trezientos. Oído esto de aquel hombre rezador, dixo entre sí:

-Esto me viene de la Madre de Dios, que quiere que remedie mis hijas con lo que éstos guardan sin provecho para sí.



Llegó quedo y assió de la bolsa y sombrero a los ciegos, y por fuerça se lo quitó, y fue con ello a San Antonino, y contóle el caso. Hízolos él llamar, y reprehendiólos porque quitavan la limosna a los pobres, no siéndolo ellos. Díxoles que era aquél robo, y que estavan en estado de condenación. Por lo cual, afligidos, dixeron que passarían con lo que él ordenasse. Dio al uno veinte y cinco ducados, y treinta al otro, y con lo demás se casaron las dos donzellas pobres, hijas del que descubrió el hurto. Refiérelo Surio, tomo tercero.
[63] Santo Tomás de Aquino, filósofo excelentíssimo y teólogo consumadíssimo, honra del Orden de Predicadores y maestro de toda buena y católica doctrina, siempre que se ponía a estudiar, leer o disputar, o para entrar en otro exercicio literario, hazía oración, teniendo por cierto que de la invocación de la Divina Magestad, es proprio todo lo que se piensa bien, se dize bien y se haze bien. El mis- mo | santo, leyendo uno de los Profetas, llegó a un passo dificultoso, y para entenderle, hizo oración particular. Apareciéronsele los Apóstoles San Pedro y San Pablo, que se le declararon. Afirmólo fray Reginaldo después de muerto el santo, aviéndoselo oído a él en vida. En un viaje que hizo este santo doctor, hallóse en el día de Pascua de Navidad en una villa junto a Roma, llamada Mollaria, adonde estava el cardenal Ricardo, grande amigo suyo. Llegaron allí dos judíos, de los principales que a la sazón residían en Roma, y doctos en su secta. Careólos el cardenal con Santo Tomás. Tuvieron una rigurosa contienda, porque los judíos dezían que no avía venido Cristo, su Messías. Probóles Santo Tomás eficazmente, por autoridades de Profetas, que avía venido, y que ellos se engañavan, pensando que avía de venir con poderío y Magestad, porque los Profetas hablan de dos venidas suyas, y la postrera, que será cuando venga a juzgar vivos y muertos, vendrá con magestad; la primera vino humilde y a morir. Y los judíos engáñanse en pensar que sola una vez avía de venir, y ésta, con magestad y poderío grande. Convenciólos con sus autoridades y razones, de modo que dixeron que les diesse un día de término, y si passado no hallassen más razones de su parte, que se convertirían a la Fe de Jesucristo. Santo Tomás passó aquella noche toda en oración, y a la mañana, muy de su gana, vinieron rendidos a ser cristianos, de manera que se entendió que no menos les aprovechó la oración del santo, que sus razones y argumentos. Es de Juan Garçón, y refiérelo Surio, tomo segundo.
[64] Albino Obispo vido ciertos pre- sos /(373r)/ en una cárcel, que padecían grande lazeria. Lloró de lástima, rogó al juez por ellos, y fue sin fruto. Hizo oración a Dios, y cayéndose un muro de la cárcel, todos salieron libres, dando gracias a Dios y a su siervo, a cuyos ruegos el hombre no se movió, y moviéronse las piedras. Es de Surio, tomo segundo.
[65] Magnobono Obispo pidió al magistrado la libertad de ciertos presos, y negándosela, pidióla a Dios, y concediósela liberalmente, porque al tiempo que él orava, las puertas de la cárcel se abrieron, los grillos y cadenas se quebraron, y los presos salieron libres. Y assí, a los que la dureza, más que la justicia, del juez quería perder, la oración del obispo piadoso y misericordioso los libró. Refiérelo Marulo, libro segundo.
[66] Lobo, obispo trayetense, llegando Atila a su ciudad con intento de destruirla, y poniéndola cerco, hizo oración, y mandó abrir las puertas y dar entrada al enemigo. Entraron los bárbaros con intento de saquear el pueblo y destruir la ciudad, mas la oración del santo perlado les ató las manos, de suerte que, como si fueran por algún desierto, passaron por ella, sin hazer daño alguno. Y con esto, el Lobo, al tirano más cruel que furioso León, no peleando, sino suplicando a Dios, le venció y echó lexos de sí. Dízelo Gregorio Turonense, De Gloria Confessorum, libro veinte y siete, capítulo octavo, y refiérelo Laurencio Surio, tomo cuarto.
[67] Isidro, labrador y natural de la villa de Madrid, donde está de presente su cuerpo y es venerado en la iglesia parroquial de San Andrés, como parece en un libro antiguo de Juan Diácono, que está en la misma iglesia, to- dos | los días, antes que saliesse a trabajar al campo, visitava algunas iglesias de aquella villa, oía Missa y tenía larga oración. Y no por esso hazía falta a un cavallero amo suyo, cuya labor de su campo era a su cargo, porque el mismo amo vido un día que junto con Isidro andavan arando con bueyes blancos dos mancebos, que se entendió ser ángeles, que suplían el tiempo que él gastavan en la oración. Fue en tiempo del rey don Alonso, el que ganó la victoria de las Navas de Tolosa, año de mil y dozientos y doze.
[68] Aniano, obispo aurelianense, teniéndole cercada su ciudad los godos, púsose en el muro con sus clérigos, y començó a cantar la Ledanía, invocando en su favor los santos y santas allí puestos. Estava captivo cierto sacerdote, y oyendo entre los godos, donde le tenían preso, lo que el obispo hazía, dixo en alta boz:

-Vana es tu esperança, o Aniano, si piensas con palabras echar de aquí tus contrarios. Las mismas deprecaciones no aprovecharon a otras más fuertes ciudades.

Acabando de dezir esto, cayó muerto el miserable. Acometieron los bárbaros la ciudad, y cayó tanta agua del cielo, y con tanta fuerça, que les convino dexar el combate y libre la ciudad, e irse. Y con esto, el misericordioso Dios favoreció a los que oravan, y castigó al que tuvo en poco la oración. Dízelo Gregorio Turonense en su Historia, libro segundo, capítulo séptimo.
[69] Radegunde, muger de Clotario, rey de Francia, oyendo los clamores de los presos de la cárcel, passando cerca della, hizo oración a Dios, y fue de tanta eficacia, que las prisiones se les cayeron, las puertas de la prisión se les abrieron, y quedaron libres. Díze- lo /(373v)/ Fortunato en su Vida.
[70] Launomaro Abad, estando rezando de noche, por tres vezes le mató el demonio la vela, y otras tantas se la tornó a encender un ángel. Es de Surio, tomo primero.
[71] Leonardo, monge corbiacense, estando en oración se le rebolvió una culebra desde los pies hasta el pecho, de que él no hizo caso alguno, sino que permaneció en la oración, hasta averla acabado, y a esta sazón le dixo que hiziesse en él todo lo que Dios le diesse de licencia, la cual ni orando le dañó.
[72] El Seráfico Padre San Francisco, estando orando una vez, oyó sobre el tejado de su celda gran ruido, que se entendió ser negocio del demonio. Salió el santo a vistas, y dixo:

-Aquí estoy, demonios malditos, venid y hazed en mí todo lo que Dios permitiere, y si a este cuerpo hiriéredes con açotes, no haréis más que vengarme de mi enemigo.

Oyendo esto, se fueron confusos. Otra vez, estándose açotando, le dio bozes un demonio, diziendo:

-Francisco, Francisco, a los que hazen penitencia perdona Dios, y no a los que con tanto rigor se tratan.

Desto hizo poco caso el santo, aunque otra le hizo mucho, que, estando en oración, sintió un tan vehemente ardor de deshonestidad, que, dexando lo que haía, tomó una disciplina y hizo en sí un castigo riguroso, y visto que no bastava, desnudo se revolcó entre nieve. Lo dicho es de San Buenaventura en su Vida, y refiérelo Marulo.
[73] Preguntando a Agatón Abad en qué exercicio espiritual avía mayor trabajo y era en sí más dificultoso, respondió que en la oración, porque, estando orando, represéntanos el demonio diversas imaginaciones, ya | abiertamente, haziéndonos guerra, ya debaxo de engaños, procurando divertir al que ora, para que se canse y quede frustrado de provecho para con Dios. Es del De Vitis Patrum.
[74] Pedro, ermitaño ambiense, fue el primero que halló Rosarios de cuentas para rezar, el cual fue guía y cabeça de los cristianos que fueron a conquistar la Tierra Santa. La invención de las cuentas fue el año de mil y setenta y tres. Dízelo Polidoro Virgilio, libro quinto de los Inventores de las cosas, capítulo nono, y Gulielmo Tirio, libro primero De Bello Sacro, capítulo onze, y Genebrardo en sus Crónicas.
[75] Siendo Sumo Pontífice León Cuarto, por los años de Cristo de ochocientos y cincuenta, vinieron muchos moros de Africa a hazer mal en Italia, como otras vezes avían hecho. El Pontífice, que era valeroso príncipe, pidió favor a Lotario Emperador, y al rey de Francia, y a otros príncipes, y nadie se le dio. Hizo él gente, mandó a todos los soldados que confessassen y comulgassen, y capitaneándolos él, llegó a vista de los paganos. Púsose de rodillas el valeroso Pontífice y hizo una devota oración, después de la cual, animando su gente, dio en los moros, que eran sin número, y venciólos, captivando a muchos y recogiendo sus soldados victoriosos el despojo, bolvió con grande victoria y triumfo. Lo cual refiere el autor de la Historia Pontifical en su Vida.
[76] Luego que Santo Tomás Canturiense fue martirizado, hazía muchos milagros. Sabido de una muger algo libiana de caxcos, hizo voto de ir a pie algunas leguas a visitar su sepulcro, porque la diesse unos ojos garços, por los suyos, que eran pitañosos. Fue allá, y estando puesta en ora- ción, /(374r)/ quedó ciega. Fue su cuita grandíssima, llorava y plañía pidiendo al santo que siquiera le bolviesse sus ojos tales cuales, que ella se contentava con ellos, y no se vido en poco para alcançarlos. Su petición era con intento vano, y assí le sucedió. Refiérelo San Antonio de Florencia en su Segunda Parte Historial.
[77] Un cierto fraile menor, estando muy devoto rezando en la iglesia, vido baxar por el cordel de la lámpara un ratoncillo, y que iva al óleo. Diole palmadas por espantarle y echarle de allí. El ratón, que era demonio, le habló, y dixo:

-Contento voy por averte divertido de la oración esto poquito.



Es de la Segunda Parte de las Crónicas de los Menores.
[78] Tenían diferencia en Egipto dos pueblos cercanos al Nilo sobre su creciente y riego en los términos de cada uno. Sucedió que el más poderoso dellos, juntando la gente que podía tomar armas, fueron con determinación de destruir el otro pueblo, en el cual residía una santa donzella llamada Piamona. A ésta le fue revelado aquel daño que amenazava a sus vezinos, avisóles dello, y que saliessen con ruegos, pues no podían resistirles con fuerças, a aplacarlos. Ellos le rogaron que fuesse en su compañía, mas siéndole estorvo su encerramiento y humildad virginal, díxoles que ella buscaría otro medio como no fuessen dañados. Y hallóle, porque estuvo toda una noche en oración, de la cual sacó que, llegando tres millas del pueblo los contrarios, se quedaron inmobibles, sin poder dar passo adelante, y junto con esto, oyeron una boz amenazadora, que les dixo como las oraciones de Piamona les impedían el passo, que se bolviessen si no querían incurrir en ma- yor | daño. Oído por ellos, y visto todo esto, acordaron de ponerse en paz con los de aquel pueblo, avisándoles que lo hazían por causa de Piamona. Refiérelo Paladio en su Lausiaca.
[79] San Sabiniano Mártir, por medio de su predicación y de milagros convirtió muchos gentiles a la Fe. Embióle a prender el emperador Aureliano, y los que ivan a prenderle halláronle orando; temieron de echarle las manos, y fuéronse. Vinieron otros, y como también le hallassen orando, quedaron temerosos, y sin osar prenderle, sólo se atrevieron a hablarle, y a rogarle que fuesse con ellos, que le llamava el emperador. Fue con ellos, y padeció martirio. Bien pudiera el soldado de Cristo con su oración hazer temer al emperador, como a sus ministros, mas tuvo por mejor y de mayor provecho padecer martirio por Cristo, que ser espanto a infieles. Refiérelo Marulo, libro segundo.
[80] San Anselmo, arçobispo de Canturia, viendo morir a un hermano suyo y que mostrava grande temor, preguntóle la causa. Y respondió que estavan allí dos lobos terribles que le amenazavan, y temía ser despedaçado dellos. El santo perlado hizo oración por él, y hecha, vido al hermano muy consolado y que le dezía como ya aquellas bestias eran idas, porque salía de su boca orando una viva llama que les hizo huir de allí. Y con esto, muy sossegado, dio la alma. Y es documento que tenemos grande necessidad de las oraciones de los santos a la hora de la muerte, porque en tal sazón haze el demonio mayor guerra. Dízelo Edinero en su Vida, y refiérelo Surio, tomo segundo.
[81] Por cumplir con la obligación que tengo al amor grande que me tuvo /(374v)/ la madre que me parió, quiero dezir una cosa a propósito de la oración de que vamos tratando, y es que en su moçedad, no usándose las labores y exercicios de mugeres curiosos y costosos que después la ingeniosa diligencia de nuestra España ha descubierto, ocupávase en lo que otras donzellas de su edad y cualidad de ciudadanas de mediano estado se ocupavan, que era en texidos de seda, como cintas y listones, y en el exercicio que se ocupó donzella, se entretuvo biuda, de edad de setenta años. Cada día oía Missa, y rezava rosarios sin número, de tal manera que, teniendo en un braço del telar puesto un clavo pequeño, y dél colgando el rosario, texiendo rezava, y del continuo uso de passar las cuentas dando bueltas, estava hecha señal como un pequeño surco alrededor del clavo en la madera. Y le vi después de su muerte, y advertí dello a algunas personas, y doy gracias a Dios por aver tenido tal madre, que por sus oraciones, creo he recebido de Dios singulares misericordias.
[82] Para remate deste Discurso quiero dezir una cosa que a mí me ha causado admiración, el proprio día que escrivo esto, que es domingo, diez y seis días de junio deste año de mil y quinientos y noventa y uno, y es que en algunos lugares cercanos a esta ciudad de Toledo, como Polan, Guadamur y otros, hase padecido grande plaga de langosta estos días atrás, de suerte que dexaron destruidos panes y viñas, y de tal manera, que en algunos dellos, ni para el ganado quedó yerva. Esta plaga iva de unas partes a otras asolándolo todo. Llegó a una heredad mía de arboleda y cepas bien cerca de la ciudad, en el camino que | dizen de Loches. Avisáronme dello, y por aver oído dezir que defendió cierto labrador una viña suya con un Agnus Dei, que puso colgado de un árbol en ella, de modo que sus vezinos quedaron destruidos y él sin daño, lo cual, sin afirmarlo, mas sólo digo que lo oí dezir, tomando yo un Agnus Dei grande, fui a mi heredad, martes, día de San Bernabé de la semana passada, y hallé que por la parte de arriba avía entrado la langosta dos días avía, y ocupado como la tercia parte de la heredad, y era tanta que causava admiración. No avía llegado a una casa que yo labré en ella, y en una pared puse el Agnus Dei, y dentro de mí propuse y me obligué de escrivirlo en este libro, si echasse de ver remedio en este daño con semejante reliquia. Junto con esto, di cuenta dello a algunas personas religiosas, las cuales hizieron oración porque Nuestro Señor me evitasse este daño que ya tenía sobre mí. Si fue la reliquia, o la oración, o todo junto, esto es verdad que la langosta no se estendió más de como estava el día que yo la vi y llevé el Agnus Dei, con passar a todos mis vezinos, que parece que cubrían la tierra. Y también es verdad, que el viernes adelante, a la hora del mediodía tomó buelo, y se fueron de allí, sin parecer alguna dellas. Y assí mismo es verdad que con estar cinco días enteros allí, no se vido que en cosa alguna hiziessen daño. Yo no digo que esto sea milagro, mas causóme admiración y obligóme a dar a Nuestro Señor gracias por todo esto, y dénselas todos los ángeles y criaturas. Amén.
Fin del Discurso de la Oración. /(375r)/

DISCURSO SESENTA. DE PACIENCIA

Dezía Job en el capítulo dézimo: «Si fuere malo y vicioso, ¡ay de mí!, que lo tengo de pagar; y si fuere justo, no levantaré la cabeça, porque no faltará quien me calumnie y persiga». Hombres se hallarán que se tienen por espirituales, y no ay arostrar a sufrir agravio ni injuria, y son los que suelen quexarse diziendo: «Que aunque yo quiera ser bueno y servir a Dios, no me han de dexar rabia en tal vida, juizio en quien me persigue; a Dios dará cuenta, y Él se la demande muy estrecha, del mal que me haze». Esto murmuran, y no miran que si dizen de los otros que an de dar cuenta a Dios de que los persiguen, ellos la darán de su poca paciencia, siendo ocasión de que los verdaderos pacientes y humildes sean menospreciados y tenidos por hipócritas, porque como el vulgo vee que aquellos se vendían por santos, y son tan impacientes y soberbios, juzgan lo mismo de los otros. Pues para que tengan paciencia los perseguidos servirá este Discurso, en que se ponen diversos exemplos de pacientes.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Gran derecho tiene al primer lugar en materia de paciencia el santo Job, pues de todos es llamado exemplo della. Tuvo dél embidia el demonio, dio en perseguirle, alcançó de Dios licencia. Y comiença por la hazienda, y fue assí que, estando un día el santo Patriarca en su casa, aviendo he- cho | oración y ofrecido sacrificio a Dios porque sus hijos, que estavan combidados en casa del mayorazgo, no le ofendiessen, vino un mensajero que le dixo:

-Sabed, señor, que los sabeos acometieron vuestras labranças y se llevaron todas las bacas y asnas. Mataron a los labradores. Yo, por grande ventura me libré dellos, para traeros la nueva.

No bien avía acabado éste su mensaje cuando llegó otro, y dixo:

-Fuego cayó del cielo sobre vuestras ovejas y pastores. Yo sólo quedé libre para poderlo contar.

Ni aún éste avía acabado su razón cuando llegó otro, que dixo:

-Los caldeos, divididos en tres partes, acometieron a vuestros camellos, robáronlos, y mataron a los que los guardavan. Yo sólo pude librarme de sus manos, y he venido a dar cuenta dello.

Ultimamente vino otro, que le certificó que se avía caído la casa donde sus hijos estavan, y que todos quedaron muertos. Con todos estos trabajos e infortunios, no perdió Job la paciencia, y visto por el demonio, usando plenariamente de la comissión que tenía de Dios, hirióle de una llaga malíssima, desde el pie hasta lo alto de la cabeça, y sacóle a un muladar, donde con una teja se raía la podre que salía de su cuerpo. Avía dexado el demonio a Job su muger, y fue con intento que llegasse a este punto y le dixesse:

-¿Cómo? ¿Y aun todavía permaneces en tener ley con Dios? Maldízele y muérete.

Fue dezir: «Ya vees la paga que tienes de Dios por cuanto le as servido. Acaba ya, rompe con su amistad, pues no te haze obras de amigo, sino de enemigo, y véngate dél, maldiziéndole, y con esto acaba la vida, que algún /(375v)/ consuelo te será tomar esta pequeña vengança de Quien te ha sido ingrato y hecho tanto mal. Maldízele y acaba». Ni aun esto fue parte para que Job faltasse un punto de lo que devía; antes, usando de la superioridad que tiene el marido a la muger, por lo que le oyó dezir, reprehendióla, diziendo:

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