De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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-Has hablado como loca. Si recebimos bienes de la mano de Dios y nos holgamos con ellos, los males y trabajos que nos embía para bien y provecho nuestro, ¿por qué no los sufriremos?



Orígenes, en la Homilía Segunda en Job , dize que estuvo el santo Patriarca tres años y medio en el muladar, porque dize que fue figura de Cristo, el cual padeció grandes persecuciones el tiempo que predicó, que fueron tres años y medio. Si esto es verdad, que tanto tiempo pudo cuerpo tan llagado estar sin morir, el no perder la paciencia cosa es que espanta, particularmente que, estando en esta miseria, vinieron a visitarle tres amigos suyos, a los cuales el Libro de Tobías, capítulo segundo, llama reyes, y en lugar de consolarle, uno dellos, llamado Elfaz, le dixo que por sus graves pecados le castigava Dios, que se convirtiesse a Él y cessaría de afligirle. Sintió mucho Job esta palabra, y con todo su sentimiento y palabras que dixo de mucha pena, el Espíritu Santo le haze la salva, diziendo que no pecó Job, sino que tuvo paciencia, sin jamás perderla de vista en todos sus trabajos. Refiérese en el capítulo segundo, y en los siguientes, de su Libro.
[2] Mucho se pareció a Job en ser paciente el santo viejo Tobías, pues aviéndose empleado desde niño en servir a Dios, fue llevado captivo a Nínive por el rey Salmanasar, y ni allí el estar en tierra agena y en captiverio le | hizo perder la paciencia, pues la tenía, y muy grande, consolando y remediando a otros hebreos desconsolados, y en particular se exercitava en enterrar muertos. Y sucedió que, bolviendo Senaquerib, que tenía el reino de Nínive, destruido de tierra de Judá, por averle muerto un ángel en sola una noche ciento y ochenta y cinco mil hombres de su exército, haziendo guerra al rey Ezequías, y queriendo destruir la ciudad de Jerusalem, por lo cual, enojado con los hebreos que tenía captivos en su reino, lo poco que la vida le duró después desta plaga, por vengarse matava millares dellos, y Tobías tenía bien en qué exercitar la obra de misericordia de enterrarlos. Tuvo el rey noticia dello, mandóle matar y secrestar sus bienes. Los bienes le fueron secrestados, mas por ser bienquisto tuvo quien le escondiesse y guardasse de aquel peligro. Después desto perdió Tobías la vista y quedó ciego, junto con estar pobre, y todo lo llevó con singular paciencia, hasta que bolvió, como Job, a ser libre de semejantes infortunios y trabajos, como parece en su Libro por diversos capítulos.
[3] Bien notoria es la afrenta y mala obra que hizieron a Josef sus hermanos, embidiándole, empoçándole y vendiéndole por esclavo, y la paciencia que él tuvo, sufriendo todas estas injurias, y perdonándolos de palabra y de obra, dándoles sustento y comida en tiempo que estavan a punto de perecer de hambre, en lo cual, tanto más loa mereció, cuanto fue mayor el daño que recibió. Es del Génesis, capítulo cuarenta y dos.
[4] Moisés fue murmurado de Aarón y de María, sus hermanos, y él los perdonó y rogó por la hermana, a quien /(376r)/ Dios castigó, cubriéndola de lepra por aquel pecado, como parece en el Libro de los Números, capítulo doze. También fue diversas vezes murmurado de los hebreos, y alguna huvo que quisieron poner en él las manos, y estava él tan lexos de vengarse, que rogava a Dios por ellos, con palabras que encarecidamente mostrava tenerles amor. Y es del Éxodo, capítulo diez y siete, y treinta y dos.
[5] Grande y muy exemplar fue la paciencia de David, siendo perseguido del rey Saúl, sólo por oír a unas donzellas parleras que le adelantavan al mismo Saúl en hechos de guerra. Diversas vezes quiso y procuró matarle, y algunas que pudiera David satisfazerse dél y quitarle la vida muy a su salvo, no lo hizo; por lo cual es más de loar en este santo rey su paciencia y sufrimiento, que las hazañas que hizo contra sus enemigos, alcançando dellos gloriosos triumfos, pues mucho más es vencerse uno a sí, que a sus enemigos. Con Semei, del linaje de Saúl, también se mostró pacientíssimo, cuando desde un monte alto le dixo muchas afrentas y denuestos, yendo él por el baxo huyendo de Absalón, su hijo, harto afligido y quebrantado. Quisieran los que ivan con David subir a él y despeñarle de allí abaxo, y fuérales fácil de hazerlo, mas David, con alta paciencia, dixo:

-Dexadle. Maldígame y afrénteme, que el Señor le da lugar para ello, que quiere provar mi paciencia. Y ¿quién dirá a éste, mi contrario y conocido enemigo, que me haze mal? Pues el hijo que salió de mis entrañas me procura la muerte, no es mucho que lo haga éste, que es del linaje de Saúl, a quien el Señor quitó el reino y me lo dio a mí. Possible será que por las afrentas que éste me dize y yo padez- co, | el Señor perdone mis culpas y me libre de la angustia en que me veo, perseguido de mi hijo, y que me procura la muerte.

Esto dixo el santo rey, y no se engañó, porque salió libre de semejante persecución, y ganó triumfo de todos sus enemigos. Es del Segundo Libro de los Reyes , capítulo diez y ocho, y veinte y dos.
[6] Como Tolomeo, falsa y alevosamente, matasse a Simón Macabeo, Pontífice y príncipe de los judíos, suegro suyo, teniendo presa a su suegra, con dos hijos pequeños, en una fortaleza llamada Dragón, Hircano, hijo del muerto Simón, aviendo dado orden como el estado paterno estuviesse a su devoción, hizo gente y cercó al cuñado en su fuerça, con intento de dar libertad a su madre y hermanos, y castigar la traición de aquel mal hombre. Viéndose Tolomeo apretado en aquel cerco, añadió otra maldad a la primera, y fue que sobre el muro hizo açotar crudamente a la suegra, y darle graves tormentos, amenazando que la mataría si no le dexavan libre. La valerosa muger, no espantada de los tormentos, sino con singular paciencia, dava bozes al hijo que no levantasse el cerco, sino que tomasse vengança de aquel cruel tirano. El piadoso hijo, enternecido más de ver a la afligida madre padecer tales tormentos, que exasperado y llevado con desseo de vengança, levantó el cerco, por donde el pérfido Tolomeo, matando a la suegra y cuñados, se passó a Filadelfia, tierra de Zenón, adonde pudo assegurarse. Es del Primer Libro de los Macabeos , capítulo diez y seis.
[7] La paciencia de Jesucristo, Nuestro Señor, ¿quién bastará a explicarla? Pues, siendo Hijo de Dios, padeció de los hombres afrentas, açotes y la muerte; el Justo, de los pecadores, el Señor, de los siervos, el que venía a redemir y salvar, de aquellos que avían de ser salvados y redemidos. Pudiera con un menear de ojo perderlos a todos, y librarse dellos, y no lo hizo, sino que de su voluntad y gana se ofreció en sacrificio, para reconciliarnos a todos con su Eterno Padre. Era escarnecido y callava, era acusado y no respondía, era açotado y sufríalo, crucificáronle y rogó por los que le crucificavan. ¿Quién será tan duro que, considerando esto consigo, no se enternezca para perdonar a los que le ofendieron? Ningún tormento de los que Cristo padeció merecía padecer, porque nunca pecó. Todo lo que nosotros padecemos lo merecemos, mereciéndolo nuestros pecados, y por lo mismo debríamos sufrirlo en paciencia, pues lo devemos a Dios, y assí, no es ofensa que se nos haze, sino castigo que de nosotros se toma. El mismo Salvador Jesucristo, no siendo recebido de los samaritanos en su ciudad, sufriólo, de suerte que a Santiago y a San Juan, Após- toles | suyos, que como parientes y de los más privados recibieron por suya aquella afrenta, quisieron vengarse, y dixeron:

-¿Queréis, Señor, que digamos que caiga fuego del Cielo que los abrase?

Y respondióles el Redemptor:

-No sabéis el espíritu que os lleva. No vino el Hijo del Hombre a perder almas, sino a salvarlas.

Fue como si dixera: «Parece que os lleva a dezir tales razones zelo de mi honra, y llévaos un espíritu de ira y vengança. Por tanto, apaciguaos, que Yo no vine a quitar vidas, sino a redemir almas». Coligiólo Marulo de diversos lugares del Evangelio.
[8] Cubríanle de piedras al Protomártir San Estevan sus enemigos, y él, como buen soldado, imitando a su buen capitán Jesucristo, no sólo no mostró impaciencia con ellos, sino que hizo por ellos oración. Y para hazerla, el que antes avía orado por sí en pie, ya se derriba de rodillas a orar por sus enemigos. Es del capítulo séptimo del Libro de los Hechos de los Apóstoles.
Lo dicho se colige de la Sagrada Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Los Apóstoles y Mártires, todos en general y cada uno en particular, en los martirios que padecieron dieron exemplo maravilloso de paciencia, como se puede ver en el Discurso del Martirio en este libro, y en las Partes del Flosanctorum, en las Vidas proprias de cada uno; y por lo mismo, dexa aquí de repetirse.
[2] En la primitiva Iglesia se usava que de las limosnas ofrecidas en el templo se sustentavan viudas, o que por ser pobres, o que por averles martirizado a sus maridos. Una noble señora, y rica, de Alexandría, pidió a San Atanasio | que le diesse una déstas, para que le tuviesse compañía en su casa, y ella le daría lo necessario a la vida. Diole una, y por ser de buena condición y agradecida, tomóle gana a la matrona de remediar otra, porque la afabilidad y buen término de la primera le despertó el apetito para procurar la segunda. Diósela San Atanasio, y fue bien contraria de la primera, porque era mal acondicionada, triste, áspera, desabrida, y assí, cuando se le antojava, y aun sin ocasión, ponía lengua y, a las vezes, manos en la señora. Ella lo llevava con singular paciencia. Es de Cassiano, /(377r)/ en la Colación diez y ocho, capítulo catorze.
[3] El mismo Cassiano escrive, como raro exemplo de paciencia, el de un novicio del monasterio del abad Paulo en Egipto, que, estando juntos muchos monges y assentándose a comer, porque el novicio se detuvo un poco más de lo que su abad quisiera, diole una bofetada tan de buena gana, que cuantos estavan en la mesa (y passavan de ciento), si no vieron dársele, a lo menos oyeron el golpe. Possible era ser de mejor linaje y casta el novicio que el abad, a lo menos era más moço y valiente que no él; la afrenta, en ser delante de tanta gente, la ocasión tan liviana; nada desto fue parte para que faltasse en la paciencia el novicio, sino que, sin dar respuesta, sin mostrar pena, ni sin baxar la frente, prosiguió en servir a la mesa, con admiración de todos los presentes y exemplo a los que dello tuvieren noticia.
[4] A San Cristóval Mártir dio una bofetada el prefecto de los sammios, teniéndole en su tribunal, y el santo, con grande paciencia, le dixo:

-Vengárame si no fuera cristiano;

dando a entender que la piedad y paciencia cristiana pide no vengar la injuria, sino sufrirla pacientemente. Refiérelo Marulo.
[5] Alexio, patricio romano, aviendo vivido de limosnas en Siria, vino a Roma, y fue recebido en la propria casa de su padre por pobre, y en ella estuvo diez y siete años en un mal aliñado rincón, padeciendo en este tiempo de los criados de su padre grandes afrentas y malos tratamientos. Reíanse dél, teniéndole por mentecapto, apaleávanle, derramavan sobre él inmundicias, y todo lo sufría en paciencia, hasta que llegó su muerte. En la | cual fue premiada en el Cielo su alma, y su cuerpo, siendo conocido, fue venerado como de santo en el suelo. Dízelo en su Vida Surio.
[6] Paulo, llamado «el Simple», hallando a su muger en adulterio, por no vengarse desta injuria, ni parecer que favorecía el pecado, fuese al desierto, y hízose monge y discípulo de San Antonio, donde fue tal su vida, que las manos que tuvo quedas sin vengarse, levantándolas a Dios, alcançava todo cuanto le pedía, y Dios por él hizo grandes milagros. Es de la Historia Tripartita, libro primero, capítulo onze.
[7] Macario Alexandrino, porque, mordiéndole un mosquito, le hirió con la palma y le mató, y pareciéndole que avía sido impaciente, quedó tan penado que se fue a vivir a cierta parte del desierto, donde avía grande abundancia de mosquitos, tábanos y otras malas sabandijas, y allí estuvo por seis meses desnudo, padeciendo terrible tormento, y sufrió muchos bocados de mosquitos, por uno que vengó. Traía de ordinario en su boca aquel testimonio de la Escritura, que dize en persona de Dios: «Déxese a Mí la vengança, que yo daré buena cuenta della». Refiérelo Surio en su Vida.
[8] Cassiano escrive en sus Colaciones de un viejo monge de Alexandría, que, cercándole unos paganos y haziéndole muy malos tratamientos de palabra y de manos, al cabo, por manera de afrenta, dezíanle:

-Ea, decláranos qué milagros hizo Cristo, tu Dios.

El monge respondió:

-No es pequeño milagro, sino grande, de que no me descomponga ni pierda la paciencia con las injurias que me dezís y con los malos tratamientos que me hazéis.



Refiérelo Marulo, libro 5. /(377v)/
[9] A Adón, abad cluniacense, aviéndole hurtado de noche un cavallo, venida la mañana, hallóse el ladrón sobre él y junto a las puertas del monasterio, sin poder baxar dél ni hazerle dar passo. Salió a él el abad con sus monges, y muy vergonzoso les pidió perdón. Adón le perdonó y le dio cinco monedas de plata, estando muy alegre, no tanto por el cavallo que cobrava como por ver el ladrón compungido y penado por lo que avía hecho. Es de Marulo, libro quinto.
[10] Eustaquio Romano padeció grandes trabajos y infortunios, y llevólos con admirable paciencia, siendo bien assimilado a Job en todo. Perdió riquezas y bienes de fortuna, perdió la muger y los hijos, aunque siempre tuvo a Dios en su pecho, dándole gracias por todo. Y assí, por la constancia de su ánimo y grande paciencia, mereció después de algunos años recuperar la muger que le avía sido robada de cossarios, dos hijos -el uno que le llevó un león, y el otro, un lobo, librándolos pastores de aquellas fieras-, bolvió a la privança del emperador Trajano, y lo que más es de estimar, en tiempo de Adriano mereció la corona de mártir en compañía de la muger y hijos, y assí, los que fuera de esperança recobró vivos en la Tierra, con ellos vivió y se gozó en el Cielo. Refiérelo Surio en su Vida.
[11] San Eulogio, glorioso mártir de Córdova, llevándole al martirio, uno de los eunucos del rey, sentido porque le avía oído dezir mal de Mahomad, siendo él moro, llegó a él y diole una bofetada en su rostro. El santo, sin turbación alguna, ofreció la otra mexilla, diziéndole que podía allí darle otro golpe. Lo cual hizo el maldito hombre, dando testimonio de su per- fidia | y maldad, y el santo, de que era verdadero discípulo de Jesucristo, cumpliendo lo que Él aconseja en su Evange lio, y refiérelo San Mateo en el capítulo quinto: «Si alguno te hiriere en la una mexilla, dale la otra». Dízelo Alvaro Cordovés en la Vida que escrivió deste santo.
[12] Nizéforo Calixto, libro dézimo, capítulo veinte y ocho, dize que en tiempo del emperador Juliano Apóstata, un su prefecto llamado Salustio atormentó gravemente por la Fe de Cristo a cierto cristiano, cuyo nombre era Teodoro. Y dexándole con la vida, después, preguntándole Rufino, el que escrivió la Historia Eclesiástica , cómo avía podido sufrir tales tormentos, si fue con dolor o sin él, respondió que el dolor era terrible, mas que llegó allí un hermoso mancebo, el cual con un lienço delgado le limpió el sudor del rostro y le derramó sobre las heridas agua fría, con que le mitigó el dolor y quitó el sentimiento dél, dándole fuerças con que padeciesse y en tan grandes tormentos sintiesse consuelo y descanso.
[13] San Martín, obispo de Tours, iva cierto camino en un asnillo, el cual era de suerte, y con tal aliño, que encontrándose con él unos passageros que ivan en mulas y cavallos, de verle se espantaron, y de suerte que dieron con sus amos en tierra, cayendo unos aquí, y otros, allí, y ayudándoles con pernadas y cozes. De lo cual ellos, muy indignados contra el santo, fueron a él y tratáronle mal de palabra y de obra, sacudiéndole algunos palos, por recompensa de las cozes que por su ocasión les parecía que avían recebido. Fueron luego a sus cavallos y mulas, que les tenían assidos sus criados, y, subidos en ellos, no avía remedio /(378r)/ que diessen passo, hasta que cayeron en la cuenta que venía este daño por el que avían hecho a aquel santo obispo. Fueron a él y puestos de rodillas le pidieron perdón. San Martín, en recompensa de la injuria, los recibió amorosamente y los abraçó, y junto con esto mandó a las bestias que obedeciessen a sus señores; las cuales, como si salieran libres de la cárcel y les quitaran prisiones de los pies, tomaron carrera y caminaron. Con razón hizo milagros el que, herido, no supo airarse. Es de Severo Sulpicio, en la Vida del mismo San Martín.
[14] Teniendo el obispado de Trecasina Lobo, varón santo, venía a cercarle la ciudad Atila y queriendo informarse quién era aquel pagano, y oyendo dezir que era Atila, y que se llamava «Açote de Dios», gimió, diziendo:

-Yo soy Lobo, destruidor de su rebaño y merecedor de su açote.



Con esto hizo abrir las puertas de la ciudad, y fue por particular moción del Cielo, y no porque a los cristianos se les vede el defenderse de los paganos, como dizen algunos hereges, que merecían, por lo mismo, que les diessen muchos palos y apercebirlos que no se defiendan, que Dios se los embía. La defensa es lícita, y aun la justa guerra, como dize San Augustín en los libros de la Ciudad de Dios, que puede el príncipe cristiano satisfazerse por armas, y a fuego y a sangre, del pagano y infiel que le haze injusta guerra, o para satisfazerse dél si le tiene hecho agravio. Entraron, pues, los enemigos en Trecasina, donde estava el santo obispo Lobo, y passaron por la ciudad de claro en claro sin hazer daño en cosa alguna. Y sin parecer que viessen personas en ella, salieron por otra puerta y fueron adelante. Este nuevo modo de | conservar aquella ciudad concedió Dios a Lobo porque se tuvo por digno del açote, y assí fue libre dél. Es de Surio, tomo cuarto.
[15] San Benedicto Abad sufrió con grande paciencia las persecuciones del presbítero Florencio. Embióle presentado un pan con veleño, y aunque lo entendió, recibióle, dando las gracias al que le traía, y después mandó a un cuerbo que le llevasse donde nadie le comiesse. Añadió nuevas persecuciones contra el santo el mal clérigo, visto que el pan no le hizo efeto, y pagava a mugeres deshonestas porque fuessen a la huerta de los frailes desnudas y hiziessen bailes deshonestos para provocarlos a pecar. Por ser dañosa esta persecución para las almas, procuró el bendito padre irse de allí con sus monges, y sabido de Florencio, por ser aquello lo pretendido por él, no pudiendo sufrir la luz entre las tinieblas, ni que el santo varón estuviesse tan cerca dél, por donde más se echavan de ver sus vicios, muy contento en su casa hazía fiesta y se regozijava como victorioso. Donde sucedió que, repentinamente, el aposento donde estava se hundió y él quedó allí muerto. Avisó deste caso Mauro a su maestro San Benedicto, diziéndole que bolviesse, que ya su enemigo avía llevado el merecido. El santo lo sintió grandemente y penitenció al discípulo, dando a entender que nadie deve alegrarse del mal de los enemigos, como sea precepto del Señor que deven ser amados y que se ha de rogar por ellos. Refiérelo San Gregorio en el libro segundo de sus Diálogos, capítulo siete.
[16] A San Bernardo hirió malamente en el rostro un mal hombre porque le negó el hábito, diziéndole que en su estado podía servir a Dios, y el negársele fue /(378v)/ por no ver en él partes de monge. Quisieron satisfazerse dél los que estavan con el santo abad, y pudieran bien hazerlo, y él no lo consintió, diziendo que era razón perdonar a otro una vez, el que cada día recebía perdón de Dios por sus culpas, especialmente diziendo la misma verdad: «Si no perdonáredes, no seréis perdonados». Es de la Vida de San Bernardo, libro tercero, capítulo sexto.
[17] A San Gregorio perseguía el emperador Mauricio. Embióle el santo una carta que dezía: «Por ser yo pecador, cuanto más me persiguieres, tanto pienso que servirás a Dios más». Después, estando el emperador solo en su aposento, vido a un monge con una espada desnuda que le amenazava de muerte si más perseguía al Santo Pontífice. Desto quedó Mauricio tan atemorizado que procuró luego su amistad, pidiéndole perdón de lo pasado, y convirtiendo el aborrecimiento en amistad. Y a quien muchos exércitos de gente armada no pudo hazer resistencia, el sufrimiento de un hombre le quebrantó, vencido de paciencia el que no pudo serlo de armas. Es de la Vida de San Gregorio, capítulo diez y siete.
[18] Agilio, monge de San Columbano, iva con cierto mensage al rey Teodorico, y en el camino quiso matarle un mal hombre. Levantó la espada para herirle, mas quedósele el braço seco, y por oración del mismo Agilio fue sano. Cuando llegó al rey, tenía ya nueva del milagro. Hízole mucha honra, y por su respeto restituyó a su maestro San Columbano en su monasterio, del cual le avía hecho ir desterrado. De modo que la paciencia de Agilio curó la mano del que pretendía matarle, mitigó la ira del rey y bolvió en | su gracia a su abad, y nada desto hiziera dexando de orar por su enemigo. Es de Marco Marulo, libro quinto.
[19] Siendo Pafuncio moço de poca edad y estando en el monasterio escitiótico, por mostrarse virtuoso y santo no faltó quien le persiguiesse, y fue otro monge que tenía embidia dél. Aguardó que los demás monges estuviessen en la iglesia, entró en la celda del Pafuncio, y entre las palmas que tenía para hazer cestas, puso un libro suyo, y fuese con los demás monges. Y acabado el oficio divino, quexóse en presencia de todos que le avían hurtado su libro, y pedía que dos de los ancianos visitassen las celdas de los monges antes que saliessen de allí, para que, siendo hallado su libro, le fuesse restituido. Hízoseles cosa nueva a todos oír que entre ellos huviesse ladrón, mas por averiguar la verdad fueron a visitar las celdas, y hallaron el libro en la celda de Pafuncio. Publicado el caso, él se admiró, y todos se admiraron, mas sin poder negar cosa tan manifiesta, pidió que le penitenciassen conforme a aquel delito. Estuvo dos semanas apartado de la congregación, ayunando y llorando, sin ser admitido a la Sagrada Comunión. Passados los quinze días, vino a la puerta de la iglesia pidiendo perdón, con ser inocente. Mas por juizio de Dios el autor desta maldad fue atormentado del demonio, y confessó públicamente su pecado y el engaño que avía hecho. Hizieron por él oración todos los ancianos, y fue sin efeto, hasta que por la oración de Pafuncio fue sano. Y assí, el mancebo modesto y mansueto, con la paciencia reparó su fama y buen nombre, que estava en peligro, y con la piedad la /(379r)/ la acrecentó, sufriendo estando sin culpa y teniendo misericordia siendo ofendido. Es de Cassiano, en la Colación diez y ocho , en el capítulo quinze.
[20] Estéfano, anacoreta en la región Mareótide, teniendo su cuerpo llagado, no recusó la cura, que fue penosíssima, antes dio exemplo notable de paciencia al tiempo que se curava, porque, rompiendo el cirujano sus carnes y labrándolas con hierro y fuego, no dio gemido, ni hizo más sentimiento que si lo padeciera en ageno cuerpo. Ni por padecer enfermedad tan rabiosa dexó de trabajar de sus manos, haziendo cestas de palma, ni faltó en consolar almas, que venían a él necessitadas de consuelo. Y desta manera, la molestia de la enfermedad vencíala con la virtud de paciencia. Dízelo Marulo, libro quinto.
[21] Libertino, prepósito del monasterio de Fundi, en Italia, al tiempo que Totila, rey de los godos, hizo guerra en aquella provincia, iva en un cavallo camino, y encontrándose con algunos soldados de Darida, capitán del mismo Totila, derribáronle en tierra, y llevávanle el cavallo. Visto por el paciente monge, sin mostrar alteración en su rostro, dio a los que le llevavan el cavallo un açote, diziendo:

-Tomad, hermanos, porque la bestia es lerda y no podréis aprovecharos della sin él.

Con esto se puso en oración, y los soldados caminaron adelante, y llegando a un río no les fue possible hazer passar bestia alguna de las que llevavan, aunque lo porfiaron mucho tiempo. Cayeron en la cuenta que era orden del Cielo por el agravio que hazían al monge en le llevar su cavallo. Bolviéronsele y halláronle puesto en oración. No quería recebir- le, | diziendo que le hazía poco al caso. Al fin por fuerça le subieron en él, y se fueron. Donde, en llegando al río, las bestias caminaron con grande belocidad, passándole como si estuviera sin agua. Dízelo San Gregorio en el primero libro de sus Diálogos, capítulo segundo. En el mismo lugar refiere también San Gregorio otro exemplo de paciencia deste proprio monge Libertino, que antes de ser prepósito en el monasterio Fundense tenía aquel cargo otro, que sucedió a un santo monge llamado Honorato, aunque bien contrario a él en la condición, por ser iracundo y vengativo. Lo cual mostró con el mismo Libertino, que, sintiéndose dél ofendido, quiso vengarse, y no hallando otra cosa a mano, levantó un banco y diole con él de palos en la cabeça y rostro, dexándole hinchado y acardenalado. No mostró sentimiento ni quexa Libertino, sino inclinó su cabeça y fuese de allí. Y el día siguiente, después de dichas Maitines, como le sucediesse ir fuera del monasterio a negocios tocantes al convento, fue a pedir licencia a su prepósito, el cual juzgó dél que se quería ausentar del monasterio y dexar el hábito, por el mal tratamiento que le avía hecho sin ocasión. Preguntóle:

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