De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[1] Escrive Heródoto en el Prólogo que se le vinieron a rendir los iones a Ciro, a quien él avía primero rogado con la paz y su amistad, y no la aceptaron. Propuso a los embaxa- dores | este cuento:

-Avéis de saber -dize- que un tañedor de flauta, viendo los peces que andavan por el mar, començó a tañer en la ribera, pareciéndole que a su música saldrían /(387v)/ algunos a tierra, y, como no saliessen, echó la red, con que sacó muchos dellos. Y viéndolos dar saltos en la arena, díxoles: «Dexad, por amor de mí, de bailar sin son, pues cuando os le hazía no bailastes».

Y con esto, despidió a los embaxadores.
[2] Epaminundas, capitán de los tebanos, tenía su exército contra los lacedemonios, y porque se llegó el tiempo de elegir los magistrados y ser él pretor, aviéndose de hallar presente, convínole ir a Tebas. Dexó en el campo un hijo suyo llamado Estesimbroto y mandóle expressamente que no diesse batalla al enemigo por más ocasión que se le ofreciesse. Sucedió que, entendido por los lacedemonios que faltava Epaminundas del campo, desafiavan al hijo para que saliesse a pelear, y porque no lo hazía mofávanse dél, haziendo grandes atrevimientos en su presencia. Y fue esto de modo que un día, viendo que por burlar dél andavan desmandados y como que se les dava poco, salió a ellos y alcançó una insigne victoria. Vino el padre. Fue a recebirle muy contento por la honra que le avía ganado. Epaminundas le coronó con corona de triumfo, y luego, porque avía ido contra lo que le mandó, le cortó la cabeça. Los cristianos no alabamos el hecho que este bárbaro hizo, sino el intento y zelo de que la disciplina militar se guarde. Refiérelo Fulgoso, libro segundo.
[3] Sintiendo mucho Sexto Tarquino que los gabios estuviessen revelados a su padre, el rey Tarquino, fingió que se desavenía dél y passóse a ellos, los cuales le dieron mucha parte en el govierno de la ciudad. Visto que no podía ya mucho con ellos, embió un criado a su padre para saber dél su voluntad. Tarquino, oído el men- saje, | entróse con el mensajero en un huerto, y no se fiando bien dél, tomó un cuchillo y anduvo cortando algunas hiervas, como dormideras, que se levantavan sobre las otras, y sin darle respuesta, le embió. El hijo, visto que de palabra nada le dezía, preguntóle:

-¿Qué hizo mi padre cuando leyó la carta?

Respondió:

-No otra cosa, sino entrarse en un huerto y derribar la hierva que se levantava sobre la otra.

Entendió Tarquino que le dezía en esto que fuesse derribando cabeças de las principales. Hízolo assí, y salió con su intento de sujetar la ciudad y tierra a su padre.
[4] Estando cercada de cartagineses la ciudad de Siracusas de Sicilia, su rey Agatocles, que tenía un buen exército en el mar, embió a mandarles que fuessen a hazer guerra a Cartago, la cual por estar sola de gente de guerra, teniéndola en Sicilia, se vido en grande aprieto, y embiaron a toda furia a llamarlos que bolviessen y defendiessen sus casas y dexassen las agenas. Es de Valerio Máximo, libro séptimo.

[5] Ningún contrario tuvieron los romanos que tantas victorias alcançasse de ellos como Aníbal Cartaginés, y de ordinario era con astucias y mañas. Con estos modos venció la batalla de Trebia, otra en Trasimeno y otra en Canas, con que puso a punto de acabarse el Imperio Romano. Vídose encerrado una vez por Fabio Máximo entre dos montes, donde parecía impossible poder salir en salvo su exército, y con cargar bueyes sobre los cuernos de hazes de leña ligera y ponerles fuego, siendo de noche, embiándolos delante de su gente, con este embuste espantó a los /(388r)/ romanos, que atemorizados se apartaron un poco y dexaron lugar abierto, por donde el cartaginés salió libre con su gentezilla para hazer mayores males y daños a los romanos. Refiérelo Sabélico, libro sexto.


[6] Estava Aníbal huido de Cartago en casa de Antíoco, rey de Siria, el cual le embió por capitán de un exército de mar contra los romanos, y estando a vista la una armada de la otra, llevava Aníbal recogidas en arcas grande cantidad de serpientes. Echólas en la agua; vistas de los romanos, començaron a tener temor, el temor les hizo afloxar en la pelea y esto les puso en huida. Es de Sabélico, libro sexto.
[7] Mitrídates, rey de Ponto, siendo vencido de Lúculo, capitán romano, salió huyendo de la batalla, y viendo que le ivan dando caça y siguiendo a las espaldas, él derramava moneda y joyas de que él iva bien proveído. Con esto detuvo a los que le seguían, y por pequeño interesse dexaron otro mayor, librándose de sus manos Mitrídates. Dízelo Sabélico, libro sexto.
[8] Vino Quinto Metelo a España contra los celtíberos, y teniendo cercada la ciudad de Trebia, y no hallando modo como expugnarla, acordó de levantar el real y traer el exército de unas partes en otras, teniendo confusa toda la provincia, no sabiendo dónde descargaría aquel ñublado. Estavan ya cansados sus soldados; preguntóle uno, que era privado suyo, qué pretendía hazer con aquel modo inusitado de pelear. Él, muy enojado, respondióle:

-¿Qué me preguntas? Dígote de verdad que si entendiesse que la camisa que traigo sabe mis intenciones, me la desnudaría y echaría en el | fuego.



Después de tener cansados y descuidados a los celtíberos, dio de improviso sobre Trebia, y con poca dificultad la ganó. Refiérelo el Eborense.
[9] Bien guardó el orden de disciplina militar Publio Cornelio Escipión, viniendo de Roma a Numancia, donde estava el exército romano con poco provecho y notable daño, defendiéndose dellos valerosamente los numantinos. Luego que entró en el real desterró dél bodegueros y malas mugeres, que se contaron dos mil dellas. Hizo exercitar a los soldados en actos militares, y assí alcançó victoria de aquella gente. Lo mismo hizo Metelo contra Iugurta, que halló el exército romano bien diferente de lo que convenía para hazer guerra a tan fuerte contrario en su propria tierra: desterró a los que vendían manjares cozidos o assados; no quiso que soldado alguno tuviesse criado que le sirviesse, ni bestia de carga para llevar las municiones, diziendo que esto haze floxos a los soldados; mudó el real a otra parte donde no tenían el regalo y comodidad de descanso, y reformando el exército, alcançó la victoria pretendida. Dízelo Valerio, libro segundo.
[10] Graves castigos hizieron algunos capitanes romanos en los que dexando sus vanderas se passavan al enemigo, aviéndose apoderado dellos. Quinto Fabio Máximo mandó cortar las manos a ciertos romanos que se passaron de su real al del contrario, aviéndolos vencido, y quiso que este espectáculo atemorizasse a los demás para no caer en semejante culpa. Escipión el Africano, aviendo ganado a Cartago, a los que halló allí que dexaron su real, si eran romanos los /(388v)/ hizo poner en cruzes, y si de otra nación, degollar. Escipión el Menor, a los que halló culpados en este crimen mandó echar a bestias fieras. Y Paulo Emilio, venciendo al rey Perseo y hallando romanos en su exército, mandó que fuessen despedazados por elefantes. Los cartaginenses tenían por ley que si algún capitán iva contra lo determinado en la República, aunque le sucediesse bien, le mandavan cruzificar, diziendo que el buen sucesso era del cielo y la culpa de no obedecer a sus mayores, suya. Refiérelo Valerio en el libro segundo, y dize que en tanto fue de provecho la disciplina militar al pueblo romano, que de una pobre casa de Rómulo hizo ciudad señora del mundo.
[11] Siendo dictador de Roma Papirio y capitán general suyo con título de maestro de cavallos Quinto Fabio Rutilano, porque aviéndole él mandado lo contrario dio batalla a los samnites, aunque los venció y hizo huir, por aver quebrantado la arte y disciplina militar, en presencia del exército le mandó desnudar y açotar con varas reziamente el dictador. Y si no fuera rogado del Senado y pueblo romano, passara adelante con el castigo. Dízelo Valerio Máximo, libro segundo.
[12] Postumio Tiburto, dictador romano, a su hijo Aulo Postumio, que avía engendrado y en su niñez regalado y en su mocedad adoctrinado, siendo de costumbres loables, que amava a su padre y patria, porque salió de su real sin licencia del padre, aunque hizo en el campo del enemigo hechos maravillosos, fue por él mandado matar. Lo mismo hizo Manlio Torcuato, cónsul romano, estando en campo contra Geminio Mecio, capitán de Toscana; siendo provocado por | él a singular batalla, sin licencia del padre salió a él y vencióle. Bolvió con su cabeça y presentóla al padre, el cual mandó que le cortassen la suya, teniendo por menor daño carecer él de un valiente hijo que el exército romano de la disciplina militar. Es de Valerio Máximo, libro segundo.
[13] Juliano, segundo emperador, trayendo guerra con los persas, supo que tres capitanías avían huido de mucho menor número de enemigos que ellos eran. Mandó degollar a diez de los que primero huyeron, y fue ocasión que se mostrassen más valientes los otros, viendo que avía igual peligro en huir que en esperar al enemigo. Refiérelo Fulgoso, libro segundo.
[14] Rigiendo el exército Septimio Severo, emperador romano, por ser enfermo de la gota y andar en una litera, parecióles a algunos capitanes que su hijo Antonio Basiano era más apto para aquel oficio. Tratavan de hazerlo assí, entendiólo Severo, mandó llamar a las cabeças de aquella rebelión, y en su presencia fueron muertos. Todos los demás se arrodillaron pidiéndole perdón y fue dificultoso de alcançarle. Perdonólos diziendo:

-Sabed, soldados, que yo no govierno el exército con los pies, sino con la cabeça.



Bien se entiende que con mayor severidad castigara otra rebelión, pues usó este modo con los que a su hijo, a quien avía de dexar el imperio en muerte, tratavan de dársele en vida. Es de Fulgoso, libro segundo.
[15] Antonio Basiano Caracalla, emperador, hijo de Severo, fue siempre en las conquistas del Imperio el primero en los trabajos. Iva a pie largas jornadas y muchas vezes llevava la insignia y vandera. Ni porque llegasse cansado usava de manjares delicados; comía /(389r)/ en compañía de otros soldados el pan que él mismo cozía en rescoldo. Bevía en vaso de madera, y con esto estava sano y era amado de sus soldados, y guardava la disciplina militar. Es de Fulgoso, libro segundo.
[16] Alexandro Severo, emperador, fue consumado en la disciplina militar. Siendo de veinte años, y criado en grande regalo, tomó a cargo el exército y no avía soldado que tan áspera vida hiziesse como él. Comía lo que comían los soldados y levantadas la alas de su tienda para que todos le viessen. Si algún soldado agraviava a su huésped, castigávale con severidad. Si los veía pisar los sembrados, dezíales si consintieran lo mismo en sus haziendas. Pagava por su mano a los soldados sin querer que el dinero passasse por otra agena, temiendo que no hiziesse algo menos. Dezía que el soldado ha de estar vestido y bien mantenido y que en su bolsa traiga algún dinero, porque la falta en lo semejante los trae a desesperación. Con esto los traíchìa bien disciplinados y obedientes. Supo en Antioquía que ciertos hombres de a cavallo se entretenían en baños y comidas, gastando superfluamente sus pagas. Mandólos prender, y porque el exército se alborotó y tomaron armas contra él, salió a ellos y puesto en medio de todos los reprehendió ásperamente y les mandó que se quitassen las armas y las dexassen en tierra. Y a sola esta palabra suya temió el exército y le obedeció. Ni se contentó con esto, sino que mandó a los vezinos de Antioquía que llevassen aquellas armas al alcáçar y casa real, y los soldados callaron sin resistir su mandato, hasta que viéndolos penados por lo hecho los perdonó y bolvió a su oficio. Es de Fulgoso.
[17] El emperador Aureliano escrivió una carta a cierto vicario suyo en que particulariza todo lo necessario a la disciplina militar, y dize assí: «Si quieres ser tribuno, o si por mejor dezir, quieres vivir con esse cargo, ten vigilancia en que ningún soldado sea ladrón. Ninguno haga menos a su huésped pollo o gallina, ni tome oveja al vezino, no cargue de uvas en la viña que no plantó ni cabó, ni pise los sembrados cuando saliere en ordenança. A su huésped pídale oleo, sal y leña, y conténtese con ello; lo demás páguelo. Ni dexe llorando a persona alguna de la posada donde se aloxare. Sus armas estén acicaladas y no le falte alguna de las importantes. No vaya hecho ropero cuando passare de una ciudad a otra. Dexe el vestido viejo y conténtese con el nuevo. La paga llévela en la bolsa y no la dexe en la taverna. El collar, la armila y el anillo tráigalo consigo. El cavallo en que ha de entrar en la batalla, él mismo le almohaze y limpie. Si entre los despojos del enemigo se hallare alguna bestia de carga, no la venda. El mulo y el jumento que lleva la munición sea tratado por él como proprio. Ayúdense unos soldados a otros y como siervos a sus señores entre sí se sirvan. Honren al médico y cúrelos sin paga. A los agoreros y hechizeros ninguna cosa les den. Muéstrense honestos en sus aloxamientos, y el que levantare pleito o diferencia sea castigado». Documentos maravillosos son éstos y dignos que el cristiano los reciba y abrace. Refiérelo Fulgoso.
[18] Levantando su exército Marco Escauro, capitán romano, de cierto campo, fue visto un árbol que estuvo en medio de los soldados cargado de fruta y bien sazonada, y fue testimonio /(389v)/ de cuán sujetos y bien disciplinados los tenía. Es de Fulgoso.
[19] Passava por la Menor Asia con su exército el gran Tamorlán y llegó a él una labradora llorando y quexándose de que un soldado suyo le avía comido un queso y no se lo pagó. Mandó hazer alto y que el exército se detuviesse, y a la muger dio lugar que buscasse el que le hizo semejante agravio. Buscóle y hallóle. Negava el soldado, la muger afirmava el caso. Dixo el Tamorlán:

-Aquí más se ha de creer essa muger que no tú. Yo quiero que se te abra el pecho con un cuchillo y si no pareciere el queso, que la muger padezca la misma pena.

Rompieron el pecho al soldado. Pareció el queso y de la hazienda del muerto pagaron a la muger el precio del queso y embiáronla. Con ser tan riguroso este pagano en guardar la disciplina, te- nía | su exército de suerte que por él vino a ser señor de grande parte del mundo.
[20] Por lo mucho que simbolizan entre sí la paz y la disciplina militar, pues, como se ha dicho, la guerra es lícita para que della resulte paz verdadera y firme, y en la guerra conviene que aya disciplina militar para que se alcance victoria, y assí, para remate del Discurso, y bolviendo a la paz, concluyo con lo que escrive Eliano, De animalibus, libro primero, capítulo tercero. Dize, pues, de un pece llamado capitón, tan amigo de paz, que si vee otro pece que está en lo profundo del mar sin moverse, aunque podría comérsele, siendo menor que él es, no lo haze sin que primero le menee la cola y vea si tiene vida y quiere irse, y cuando ya está cierto de que no vive, susténtase dél.
Fin del Discurso de Paz. |

DISCURSO SESENTA Y DOS. DE PENITENCIA

Salomón, en el capítulo primero de los Proverbios, dize: «Ninguno ay de los que viven que no peque», y que el justo y bueno cae siete vezes al día, esto es, cae y estropieza en culpas veniales. Y San Juan, en el principio de su Primera Canónica , afirma que si dixéremos que no tenemos pecados, nos engañamos y no dezimos verdad. Pues siendo assí, como lo es, que todos pecamos, todos tenemos necessidad de penitencia, la cual, cuán | importante sea, de cuánto fruto, y cómo deve hazerse, parecerá por exemplos. Aunque se ha de advertir que no porque veamos lo que en este punto hizieron algunos santos, que fue tanto, y lo poco que nosotros hazemos, devemos desconfiar, pues algunas cosas se escriven aquí dellos que son más para admirar que para imitar. Y assí devemos, afligiendo nuestros cuerpos, usar de una moderación, de suerte que obedezcan a la razón y no que mueran; como el mal esclavo, que se ha de castigar y no matar, de suerte que sirva a su señor con buen término. Si a un navío le ponen demasiada carga, iráse a fondo, y si liviana, andará bor- lateando /(390r)/ por el mar y vendrá a perderse. Y si a un jumento se le pone carga demasiada, caerá en el camino, y si muy liviana, dará cozes y saltos. Deven tantearse y examinarse las fuerças de cada uno y igualar con ellas la carga, de modo que, llevándola, ni por ser grave quite la vida, ni por ser ligera tome licencia para ensobervecerse. Vamos a los exemplos.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Adam y Eva, nuestros primeros padres, pecaron, y como se dize en el capítulo dézimo de la Sabiduría, sacólos Dios de su delito porque hizieron asperíssima penitencia, llorando muchos años la falta de un día. Y no les fue pequeño quebranto ver a su amado hijo Abel muerto por el pérfido Caín, cuya muerte llevaron en paciencia, con todos los demás trabajos que en criar sus hijos y sustentarlos del trabajo de sus manos padecieron, por donde vinieron a salvarse. Es del capítulo tercero del Génesis.
[2] De los israelitas leemos que diversas vezes quebrantaron su ley y levantavan ídolos que adoravan. Castigávalos Dios por medio de tiranos que los aperreavan, venciéndolos y captivándolos. Mas, corrigiéndose y pesándoles de lo hecho, haziendo penitencia y pidiendo a Dios perdón, luego los perdonava y bolvía en su primer estado. Sólo un pecado no les a perdonado, que fue la muerte que dieron a Jesucristo, por la cual les destruyó su ciudad y los desterró por diversas partes del mundo, estando en todas ellas sujetos, avassallados y en grande miseria. Y es lo peor que se condenan miserablemente por estar ciegos en su dureza, sustentando la que ya no es ley, sino secta perniciosa y que lleva al Infierno, y todo es pena de su pecado, en que están impenitentes. |
[3] Grave fue el pecado de David, pues cometió adulterio con la muger de Urías, fiel vassallo suyo, que estava a peligro de morir por la conservación de su reino. Añadió quitarle la vida, siendo homicida de uno de los más justos y más aficionados hombres a su servicio que tenía en sus estados. Embióle Dios a reprehender con el profeta Natán. Reprehendido, dixo muy de coraçón:

-Pequé;


y en pronunciando esta palabra, le dixo de parte de Dios el Profeta que le perdonava la vida, que merecía bien aver perdido. Es del Segundo de los Reyes, capítulo doze.
[4] En tiempo de Roboam, hijo de Salomón, vino Sesach, rey de Egipto, de improviso a Jerusalem, y robó la ciudad y templo. Mandó Dios al profeta Semeya que juntasse a los hebreos y les dixesse de su parte:

-Vosotros me dexastes, y por lo mismo, Yo os he dexado.

Oída esta razón, convirtiéronse a penitencia, y mandó Dios al mismo Semeya los juntasse otra vez y les dixesse:

-Porque os avéis humillado, no permitiré que seáis totalmente destruidos; mas es mi voluntad que sirváis algunos años a esse pagano, para que veáis si es mejor servirle a él que a Mí, viendo el tratamiento que Yo os hize, y el que él os hará.

Es del Primero del Paralipomenon, capítulo doze.
[5] Acab, rey de Samaría, no sólo dio en idolatrías, sino que quitó la vida a Nabot, inocente varón, por gozar de una viña suya. En lo cual ay dificultad si se mostró más cruel que avaro o al contrario. Avisóle Dios por el profeta Elías y él se tornó muy penitente, vistiéndose cilicio y ayunando, por lo cual, el castigo que tenía bien merecido se dilató hasta en tiempo de sus hijos Ochozías y Joram. Es del Ter- cero /(390v)/ de los Reyes , capítulo veinte y uno.
[6] En tiempo de Ezequías, rey de Judá, aunque él era varón santo, mas por los pecados de Acaz, su padre, vino el rey Senaquerib a hazerle guerra y destruirle el reino. Vistióse el rey un saco, fue al templo y pidió a Dios misericordia. Oyóle su Magestad y embió un ángel que mató en una noche ciento y ochenta y cinco mil hombres de los paganos, por donde quedó Ezequías y su reino libre. El cual también, puesto en una enfermedad y avisado por el profeta Isaías que se moría, hizo oración con lágrimas a Dios, y añadióle quinze años de vida. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo veinte.
[7] Manasés, hijo de Ezequías, ofendió a Dios gravemente con idolatrías y con muertes de varones sanctos. En su tiempo se vieron bañadas las calles de Jerusalem en sangre de profetas, porque le reprehendían sus pecados, y porque eran ellos buenos, y él, malo. A Isaías, con quien tenía parentesco de afinidad, mandó asserrar. Éste fue llevado captivo a Babilonia, y estando preso tuvo dolor de sus pecados y hizo dellos penitencia, por lo cual Dios le perdonó y bolvió al reino, acabando en bien su vida. Es del Primero del Paralipomenon, capítulo treze.
[8] Los ninivitas, pecados graves cometieron, y alcançaron perdón de Dios porque de coraçón les pesó de sus ofensas y hizieron penitencia. Es de Jonás, capítulo segundo.
[9] La reina Ester, ayunando ella y haziendo a los hebreos que ayunassen y hiziessen penitencia, con este medio alcançaron perdón del rey Assuero, que los tenía a todos encartados de muerte. Es del capítulo cuarto de su Libro. |
[10] San Juan Baptista, sanctificado en las entrañas de su madre, desde niño se fue al desierto, donde con palabras y obras predicó penitencia. Su vida fue allí tan áspera y de penitente, que dél dixo Jesucristo, y lo refiere San Mateo en el capítulo cuarto, que ni comía, ni bevía (entiéndese comidas ordinarias de hombres, pues se sustentava con langostas y miel silvestre). Fue bien semejante en la aspereza de vida a Elías. Mandóle Dios que predicasse, y hizo principio diziendo: «Hazed los hombres penitencia, que se acerca el Reino de los Cielos».

[11] El Apóstol San Pedro, aunque negó en el atrio del príncipe de los sacerdotes, como Cristo le mirasse salió de allí, lloró su pecado y hizo dél penitencia, y bolvió a su primera privança con Cristo; y refiérenlo todos los cuatro Evangelistas. Y San Clemente Papa escrive en el Itinerario, también de San Pedro, que en memoria del pecado que cometió en las tres negaciones tenía costumbre de levantarse a la media noche, que fue la hora en que pecó, y derramava muchas lágrimas, y lo mismo siempre que oía cantar algún gallo, y que desto tenía abiertos y hechos surcos en los lagrimales de los ojos. Esto que dize San Clemente no es Escritura Sagrada , aunque es muy cierto y recebido.


[12] San Pablo Apóstol dize de sí, escriviendo a los de Corinto, en la Segunda, capítulo doze, que castigava su cuerpo y le tenía a raya, para que, predicando a otros, él no perdiesse lo que podía ganar. Y porque los favores de Dios y sus revelaciones no le ensoberveciessen, tenía licencia un demonio de hazerle guerra y atormentarle crudamente. Y si el que era vaso de elección, y en quien habitava el Espíritu /(391r)/ Santo, con andar peregrinando, predicando, padeciendo persecu ciones en mar y tierra, verse en tantos peligros, sufrir cárceles y calumnias, todo esto ni le contentava ni le parecía que le bastava, por lo cual, él mismo castigava su cuerpo y le açotava rigurosamente, ¿quién se tendrá por seguro, y quién no será atropellado de su proprio cuerpo, si con imperio no le domina castigándole y no dándole hora de descanso que no lleve otra de penitencia por contrapeso?
[13] El ladrón que fue cruzificado en compañía de Cristo, por los ladronicios que avía cometido justamente fue condenado a muerte, y él confessó que era justo su castigo. Pidió al Salvador se acordasse dél en su Reino, y prometióle el Paraíso, dándosele a letra vista, siendo el mismo día bienaventurado. Mateo, por acumular riquezas, enfrascado estava en trato de arrendador, que tenía malíssimo nombre entre los hebreos; Zaqueo, el mismo trato, y cabeça y príncipe de arrendadores. Éste fue hecho huésped de Cristo, y aquél, su Apóstol y Evangelista, siendo el medio de ambos la penitencia. El otro, que golpeava su pecho en el templo y no osava levantar la cabeça, también la penitencia le hizo que bolviesse justificado a su casa. La muger cananea lloró por la salud de su hija, y la alcançó del Señor. María Magdalena, no hallando a Dios en su casa, | buscóle y hallóle en la agena. Lloró a sus pies, y bastaron sus lágrimas a bañárselos. Limpiólos con sus cabellos, besólos con su boca y derramó sobre ellos precioso ungüento. Todas fueron prendas de penitencia y señales de amor, y assí el Salvador dixo della que se le avían perdonado muchos pecados, porque amó mucho; vino pecadora, y por humillarse con la penitencia bolvió santa. Después, estando Cristo muerto y ella buscándole en el monumento, lloró tiernamente, y apareciósele el Salvador resuscitado primero que a los Apóstoles, porque era justo que fuesse primero consolada la que derramó lágrimas. Es de San Juan, capítulo veinte, y de San Lucas, capítulo séptimo. El cual también afirma en el capítulo veinte y tres, que cuando llevavan a cruzificar a Cristo, ivan en su seguimiento muchas devotas mugeres, llorando amargamente, y enseñan al modo como se ha de seguir Cristo, que es llorando. El que llora por aver pecado, ésse le sigue y ésse le hallará por gracia. Todos estos, y los demás santos, aprendieron a llorar de Cristo, cordero inocentíssimo, que sin dezirse dél que riesse alguna vez, lloró muchas: en el pesebre, luego que nació, lloró; resuscitando a Lázaro, lloró; viendo la ciudad de Jerusalem el día que entró triumfando en ella, lloró; y en la Cruz también derramó lágrimas.
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