De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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Lo dicho de coligió de las Divinas Letras. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]



[1] Marcelino Papa, con temor de los tormentos, ofreció encienso a los ídolos, y por la penitencia fue perdonado y vino a ser laureado de mártir. Y aunque tenía mandado a los cristianos, en detestación de su culpa, que su cuerpo no fuesse sepultado, | y por temor de inobediencia le dexavan en la plaça donde fue su martirio, mas apareciéndose de noche el Apóstol San Pedro a Marcelo Presbítero, le mandó que le sepultasse junto a su cuerpo, juzgando por cosa justa que quien pecó como él pecó, y lloró /(391v)/ como él lloró, fuesse honrado en su sepulcro. Es de Platina en su Vida.
[2] Cecilia, virgen santa, ni el día del desposorio con Valeriano quitó de su cuerpo el cilicio. Estava vestida exteriomente la nueva esposa de oro y seda, y en lo interior traía el cilicio áspero. Sonava la música, no cessavan los bailes y danças, y Cecilia encomendava a su primer primer esposo, Cristo, su virginidad y limpieza. El cual, por medio de un ángel, la conservó donzella, casta y honesta, diole corona de mártir en el suelo, y por el cilicio, luz de inmortalidad en el Cielo. Dízelo Adón en su Martirologio.
[3] Jacobo, de nación, persa, y de professión, cristiano, siendo muy privado del rey de Persia, por agradarle adoró ídolos, mas tuvo luego dolor grande de lo hecho. Públicamente confessó que era cristiano y que los ídolos eran demonios, por lo cual el persiano le mandó despedazar miembro por miembro. Y es mucho de considerar cómo por la penitencia fue libre de perdición y subió a tanta perfeción y gloria de ser contado entre los ínclitos mártires de Cristo. Refiérelo Marulo, libro quinto.
[4] Bonifacio, mayordomo de Aglaes, matrona romana, aviendo vivido con ella deshonestamente, ambos hizieron penitencia, y en la persecución de Diocleciano, Bonifacio passó a Tarso con intento de traer de allí a Roma el cuerpo de alguno de los mártires que cada día martirizavan, y edificarle un oratorio, donde pidiessen por su intercessión perdón de sus culpas. Y sucedió que fue él mismo martirizado, y los que le acompañavan no curaron de otro cuerpo sino de aquél, con que bolvieron a Roma, y Aglaes le edificó capilla. Y ella acabó encerrada con | hábito de monja santamente. Es de Surio, tomo tercero.
[5] Victorino Ermitaño, engañado por el demonio, que se le apareció en figura de muger, aviendo cometido pecado sensual, fue tan grande su dolor que, buscando nuevo modo como purgarle, dio en abrir un árbol por el tronco, y en la abertura puso las manos, dexándole que se cerrasse, y allí estuvo tres años, dándole otro monge a comer hierbas crudas, y a bever, agua con su propria mano. Después desto, siendo insigne en milagros, fue electo obispo amiternense y rigió santamente aquella iglesia, y al cabo, en una persecución fue martirizado. Dízelo San Gregorio en la Homilia treinta y cuatro sobre los Evangelios.
[6] David Monge, cerca de Hermópolis, empleóse muchos años en ser ladrón. Vino a mudar la vida y a hazer penitencia, tomó hábito y professión de monge, y de lobo se convirtió en cordero. Vivió de suerte que un ángel le declaró de parte de Dios que sus pecados le eran perdonados. Refiérese en el De Vitis Patrum.
[7] Moisés Mauro perseguía la tierra de Egipto con robos y muertes, mas, vista la vida de los anacoretas, desseóla y aceptóla. Hízose monge, y con la penitencia mudó el etíope su piel, y el tigre, sus colores varios. Sirvió a Dios treinta y cinco años en soledad. Seis dellos estuvo encerrado en su celda, y no se contentava con el día, sino que grande parte de la noche gastava en oración. Sustentávase con pan y agua. Passados los seis años, salía de noche y entrava en otras celdas de solitarios, y tomava los cántaros que hallava vacíos de agua, y iva por ella largo camino, y tornava a ponérselos donde los halló, sin hablar palabra. Y cum- pliendo /(392r)/ con esta obra de misericordia, bolvía al silencio de su celda. Y con esta vida de penitente, el que primero estava maculado con homicidios se hizo famoso en santidad, y el que con hurtos molestava la provincia robó con la penitencia el Reino de los Cielos. Es de la Historia Tripartita , libro octavo, capítulo primero.
[8] Banón Francés, primero fue ladrón y después se hizo monge, y el que en las silvas robava a los caminantes, después se encerró en una celda y se echó grillos a los pies y esposas a las manos, pagando los hurtos con cárcel y prisiones. Comía pan de cebada polvoreado con ceniza, y bevía agua. Dormía sobre un cilicio, con una piedra por cabecera. Rezava sus devociones, y entretanto tenía la piedra que le avía servido de almohada, que no era pequeña, sobre sus hombros. Con estas asperezas y penitencias, siendo primero culpado de gravíssimos delictos, después fue contado entre santos. Refiérelo Marulo, libro cuarto.
[9] Albano, tocado de grande ira, mató a su padre. Por este pecado se impuso penitencia de andar peregrinando toda la vida, y al cabo murió por la confessión de la Fe y alcançó corona de mártir, y con tocar a su cuerpo sanaron algunos leprosos. Nadie diga con el desesperado Caín: «Mayor es mi pecado que merezca perdón», porque no ay alguno, por grave que sea, que con la penitencia no se perdone. Es de Marulo, libro cuarto.
[10] Juliano, llamado el Hospedador, por ignorancia más que por quererlo hazer, mató a sus padres. Y fue el caso que, viniendo de camino, llegó a su casa muy de mañana, y su muger avía ido a Missa. Entró en su aposento y halló en su propria cama a su padre y | madre, que la muger, por regalarlos, entretanto que su marido estava fuera les dio aquel aposento. Parecióle a Juliano que su muger le cometía adulterio, y antes que descubriesse la verdad ya los tenía muertos. Mas, enterado en todo del caso, lloró amargamente su pecado, y para hazer dél penitencia edificó una casa o mesón cerca de un río donde peligrava gente, y con una barca passava a los caminantes, y hospedávalos en aquella casa. En esto se empleó mucho tiempo, hasta que divinalmente le fue dicho que su pecado le era perdonado; donde el parricida, por la penitencia, alcançó la Eterna Vida. Refiérelo Marulo, libro cuarto.
[11] Genebaldo, obispo laudunense, aviendo sido primero casado, y apartádose de su muger cuando recibió órdenes sacros, tornó después a conocerla, y aunque fue un día el que cometió el pecado, estuvo siete años encerrado en su iglesia, llorando y haziendo dél penitencia, suspenso de su dignidad. Al cabo deste tiempo hablóle un ángel, diziéndole que le era perdonada su culpa, y él mismo dio aviso a San Remigio, obispo de Rheins, para que le bolviesse a su primer estado, quitándole la suspensión, y vivió con más recato; donde, el que antes era notado de incontinente, después fue honrado por santo. Es de Surio, tomo primero.
[12] Evagrio Presbítero, varón santíssimo, estando en el desierto habló una palabra de murmuración, y por ella se penitenció, estando cuarenta días al sol y al sereno, sin entrar en su celda ni debaxo de tejado. Bien dixo el Profeta David en el Salmo treinta y seis : «Si el justo cayere no se lastimará mucho, porque el Señor pondrá debaxo su mano para que se levante luego por /(392v)/ la penitencia y no pierda con la tardança en la culpa el nombre de justo». Es de Marulo, libro cuarto.
[13] Maurilio, obispo de Angers, ciudad de Francia, llamado para que baptizasse un niño que se temía de muerte, detuvo la ida, y cuando fue hallóle muerto. Sintió tanto esta su negligencia que, teniéndose por indigno para el govierno de iglesia, dexó la suya y se fue en un navío peregrinando por el mundo. Estando en el mar, echó de ver que llevava la llave del Santíssimo Sacramento, y echóla en el mar, diziendo:

-Hasta que buelva ésta a mis manos, no entenderé que Dios ha perdonado mi descuido y culpa, ni bolveré a mi silla.



Passó el mar, y en hábito de seglar sirvió de hortelano a un hombre rico. Y después de aver estado en esta vida y penitencia siete años, llegaron allí ciertos clérigos de su iglesia que le andavan buscando para bolverle a ella. Conociéronle, y no avía acabar con él la buelta, hasta que dando cuenta de la llave que echó en el mar y su determinación, los clérigos se la mostraron, diziendo que en un pece la avían hallado, y con esto bolvió con ellos, visto ser aquélla la voluntad de Dios. Y tornando al govierno de su iglesia, fue fama que un día hizo oración en el campo donde estava enterrado el niño que se le murió sin Baptismo, y que resuscitó y le baptizó. En este exemplo, como en otros, se advierte que los santos hizieron algunas cosas más para admirar que para imitar, y aunque Maurilio tuvo razón de sentir mucho que el niño se le muriesse sin Baptismo por negligencia suya, mas el dexar su iglesia y irse, quedando a peligro otros muchos de morir sin los Sacramentos, en esto no deve ser imitado, porque si de presente y guiado só- lo | por su parecer otro lo hiziesse, sería digno de culpa. Lo que del exemplo se puede sacar, y la razón por que yo le puse, dexando de poner otros en que hallo semejantes dificultades, es para que los que tienen cargo de almas vivan con grande cuidado en que por su negligencia no muera algún súbdito sin los Sacramentos de Confessión, Comunión y Extrema Unción, en daño de su alma, que si por falta desto se condenasse, sería una lástima digna bien de llorar y de que les sería demandada cuenta estrecha. Imiten a aquel santo cura Luciano, a el cual descubrió San Estevan, primer mártir, donde estava su cuerpo, como se dize en su Invención, que, contándolo él mismo, dize de sí que de día no osava apartarse de su iglesia, y de noche dormía junto a la pila del Baptismo, estando siempre esperando si tenía dél necessidad algún parroquiano. El caso de Maurilio es de Fortunato, y refiérelo Surio, tomo quinto.
[14] Matrón Confessor, cuyo cuerpo es venerado en Verona, ciudad de Italia, hallándose culpado de pecados viejos y queriendo hazer dellos penitencia, entre otras cosas hizo una, que se puso un grillo al pie y echó la llave en el río Atesin, con determinación de no quitársele hasta que bolviesse a su poder la llave. Passaron algunos años y hallóla dentro de un pece, y con esto dexó el grillo y murió santamente. Dichosas prisiones, por las cuales fue libre de los vicios y pecados. Con bastante causa pudo dezir con David, en el Salmo ciento y quinze : «Rompiste, Señor, mis prisiones, y sacrificarte he sacrificio agradable». Es de Marulo, libro cuarto.
[15] Estando juntos con Eugenio, arçobispo metropolitano de Toledo, /(393r)/ en la misma ciudad diez y siete obispos, en el octavo año del rey Recesiunto, celebrando concilio, presentó en él una cédula Potamio, obispo bracarense, escrita de su letra y firmada de su nombre. Leída que fue, las lágrimas y gemidos de los perlados declararon mejor que palabras lo que allí venía escrito. Mandóse que, estanto solos los obispos, pareciesse personalmente Potamio delante dellos. Y venido, llorando y solloçando, todos dierónle su cédula, y preguntósele si conocía por suya la letra. Vídola, y confessó averla escrito él mismo. Tornósele a preguntar, tomándole juramento, si de su voluntad con mentira se avía levantado aquel testimonio contra sí, o si era forçado y amenazado de alguna persona poderosa. Él, con boz triste y sus ojos llenos de lágrimas, dando algunos gemidos, juró por el nombre de Dios que con verdad confessava de sí lo que allí dezía, y esto sin ser por persona alguna forçado, y que por nueve meses tenía dexado el govierno de su iglesia y estado este tiempo encerrado en un lugar solitario o cárcel, haziendo penitencia de su pecado, el cual declaró aver sido carnal, llegándose ilícitamente a muger. Vista su confessión, decretaron los obispos, y dixeron:

-Aunque por los cánones y reglas eclesiásticas pudiéramos privarle de todo nombre de honra, mas usando con él de misericordia, sin quitarle el nombre de honra, determinamos que hiziesse perpetua penitencia, teniendo por mejor que por este camino, aunque áspero y pesado, siendo perdonado de Dios, se vea en su Bienaventurança, que no, dexándole en la relaxación de su proprio apetito y desseo, venga a condenarse.

Luego, | por parecer de todo el concilio fue constituido en lugar de Potamio por obispo bracarense el venerable Fructuoso, obispo dumiense. Y assí, por un pecado carnal Potamio fue privado de su obispado y hizo penitencia toda su vida. Lo dicho se refiere en los Hechos del Concilio Dézimo Toledano, y celebróse año de seiscientos y cincuenta y ocho.
[16] Mayoro, obispo de Sarina, isla de Bretaña, dexando su dignidad se fue a vivir solitario en un desierto, donde, sin los ayunos y abstinencias increíbles que hazía, siempre usava de un cilicio, y por ser casto aborreció el vestido delicado y curioso, como enemigo de castidad. Es de Marulo, libro 3.
[17] Eadmundo, arçobispo cantuariense, traía siempre cilicio, y en los días de Cuaresma trocávale en una loriga de plomo, de manera que no sólo refrenava su carne con la aspereça del cilicio, sino que la atormentava con la carga del plomo, de donde vino a ser tan señor della, que al cabo de la vida quedó con la palma de virgen. Es de Surio, tomo sexto.
[18] Santo Tomás Cantuariense traía una túnica y paños menores de cilicio, no pareciéndole que dignamente podía ser cabeça y mandar en su iglesia si no fuesse señor y mandasse a sus miembros. Domávalos con cilicio y hazíase señor dellos porque no quisiessen ellos el señorío y les siguiesse, estándoles sujeto, su dañado apetito. Es de Surio, tomo 6.
[19] Mederico, abad edunense, traía un cilicio, el cual fue remedio a otras personas contra las tentaciones carnales, porque un monge tan atormentado de los estímulos de carne, que ya se dava por vencido, como se pusiesse el cilicio de Mederico, el espíritu de fornicación huyó dél, y perseveró en cas- tidad. /(393v)/ Dízelo Marulo, libro tercero.
[20] Luis, rey de Francia, mucho más le aprovechó el cilicio que traía junto a su carne en lo interior que la púrpura le honró en lo exterior. Ésta era insignia de reino, y aquél le grangeó la entrada en el Cielo, porque miró Dios más la aspereza y grosería del cilicio, que la hermosura y resplandor de la púrpura, y assí le defendió el temporal reino y le concedió el Eterno. Es de Surio, tomo cuarto.
[21] Macario Alexandrino Abad, como viesse que su cuerpo le hazía alguna guerra y se le mostrava rebelde, hinchó de arena un costal que con dificultad pudiera llevar un hombre, y púsosele sobre sus ombros, y andava por el desierto. Vídole Teosebio, otro ermitaño, y preguntado qué pretendía en aquello, respondió:

-Atormento a quien me atormenta.



Si no damos a nuestro cuerpo alguna sofrenada, padecerá la alma detrimento. La fuerça y valor del uno consta de la flaqueza y menoscado del otro; son dos balanças, que si la una sube, baxa la otra. Dízelo Paladio en su Lausiaca.
[22] San Hierónimo, escriviendo a las Vírgines Sagradas, dize que vido en el desierto un monge que por mandado de su abad ocho años continuos truxo cada día tres millas de tierra, que hazen una legua, una grande piedra sobre sus ombros, y él, contentíssimo con esto y pidiendo a su abad que le añadiesse otro trabajo a éste, el cual pareciera superfluo y vano si no se considerara de cuánto fruto era, pues obedecía al perlado y evitava la ociosidad. Quien considerare del mismo San Hierónimo su inmenso trabajo en leer y escrivir, parecerle ha que a un ánimo tan ocupado no podía hazer guerra algún mal pensamiento, y dize | él mismo de sí, escriviendo a Eustoquio: «Acuérdome de mí mismo que juntava el día con la noche dando bozes a Dios, golpeando mi pecho con una piedra, y con dificultad me sossegava y alcançava tranquilidad». De donde parece que entre los trabajos llegan las tentaciones, y no pudiendo vencerlas el proprio trabajo, deven vencerse con açotes, implorando el divino favor, porque si en nosotros no ay suficiencia, ha de venir del Cielo. Refiérelo Marulo, libro tercero.
[23] Bonifacio, arçobispo en la Misia Inferior, estando la tierra poblada de paganos, fue a predicarles la Fe. Algunos que le acompañavan ivan a cavallo, y él, a pie descalço, por medio de un campo nevado. Y llegando a una sierra asperíssima, fuele necessario subir en una bestia, aunque no quiso calçarse, y llevava los pies descubiertos. Caía nieve, y la que dio en los pies congelósele y pegóse con el estrivo, y aferróse a él, de modo que llegando a la posada fue menester echarle agua caliente para despegar el pie del estrivo. Imitemos a este santo perlado en ser pacientes con el frío, en especial si dentro de los huessos haze guerra el fuego de la luxuria, para que se aplaque; porque, estando frío el cuerpo, no es dificultoso de que se resfríe Venus. Es de Marulo, libro tercero.
[24] Hospicio, monge solitario en Nuceria, provincia de Italia, traía ceñida una cadena de hierro. Y dízelo Paulo Diácono, en la Historia de los Longobardos.
[25] Filoronio Presbítero estava dentro de una cueva cavada en la piedra, y tenía grillos a sus pies y esposas a las manos, sufriendo cárcel y prisiones. Éste, el día último de su vida, dando gloria a Dios confessó que no se le /(394r)/ avía passado hora después que començó aquella vida sin que tuviesse su pensamiento en Dios. Y assí, en tanto que su cuerpo era afligido con castigo voluntario, el espíritu, libre de los terrenos afectos, siempre pensava en las cosas celestiales. Dízelo Paladio en su Lausiaca.
[26] Martino, solitario en Marcico, monte de Campañia, tenía ligada a su pie una cadena, que por el otro cabo estava aferrada a una piedra, sin poder andar más espacio de tierra de lo que la cadena permitía. Vídole San Benedicto Abad, y díxole que no era perfeción que le tuviesse más ligado la cadena de hierro que la de Cristo. Quitósela Martino, y, libre, no atravessava más tierra de lo que la cadena le dava lugar. Dura cosa y dificultosa era a un hombre tener cadena como perro rabioso, y mucho más lo fue, no teniendo cadena, estar ligada la voluntad para no exceder de lo que antes, y las dos dificultades venció el amor de Cristo. Dízelo San Gregorio en los Diálogos, libro tercero, capítulo diez y seis.
[27] Juan Monge estuvo en una cueva al pie de un monte tres años en pie, sin assentarse ni echarse, y con esta postura comía y dormía. Hincháronsele las piernas y hiziéronsele llagas. ¿Qué cosa más intolerable que semejante paciencia (si hay algo intolerable con que se alcança la Vida Eterna)? Y porque no se dude que Juan está gozando de Dios, por ministerio de un ángel fueron curadas sus piernas. Es del De Vitis Patrum.
[28] Pacomio Abad, padeciendo tentación sensual, descalçóse los pies y passeó por un lugar lleno de abrojos y espinas, para que con sus puntas sanasse las punçadas del deleite, sacan- do | con un clavo otro. Bolvía a la celda, abiertos sus pies y derramando sangre, y tan contento de la victoria como atormentado de las heridas. Es del De Vitis Patrum.
[29] San Antonio de Florencia, en su Segunda Parte Historial , cuenta de dos ermitaños que, aviendo caído en vicio deshonesto y bolviendo a hazer penitencia, encerráronlos en dos cuevas, y estuvieron allí un año. Salieron después, el uno, gordo y lucido, y el otro, flaco y amarillo. Preguntada la ocasión, el flaco dixo que avía estado siempre pensando en la justicia de Dios, y el gordo, en la misericordia. Determinóse por los monges que igualmente avían hecho penitencia.
[30] Arnulfo, señor de Lotaringia y abuelo del emperador Carlomagno, dexando su estado se fue a vivir solitario en un monte, y de camino echó un anillo en el río Mosela, diziendo que entendería aver satisfecho por sus culpas cuando le fuesse buelto. Después desto, eligiéronle en obispo metense, y governó aquella iglesia santamente. Y un día le fue traído el anillo en las entrañas de un pece. Dio gracias a Dios, y no dexó el rigor de la penitencia, antes, renunciando el obispado, bolvió al desierto, donde en vida rigurosa y de grande exemplo acabó su jornada. A quien se le hiziere dificultoso que se halle anillo o llave en buche de pece, no siendo su proprio manjar, lea el Evangelio de San Mateo, en el capítulo diez y siete, y verá en la boca de un pece moneda, y entenderá ser todo hecho por la divina voluntad. Lo uno se ordenó para que San Pedro tuviesse con que pagar el tributo por Cristo y por sí, y lo otro, para que entendiessen /(394v)/ éstos que les eran perdonados sus pecados. Es de Marco Marulo, libro cuarto.
[31] Confessándose con San Antonio, del Orden de los Menores, un moço, entre otras cosas dixo que con ira avía dado una coz a su padre. El santo le reprehendió ásperamente este pecado, y díxole que merecía aquel pie estar cortado. De tal manera fue la reprehensión, que temiendo mayor castigo, por escusarle, estando en su casa se cortó el pie. Y sabido después por San Antonio, admiróse del hecho y reprehendióle de nuevo por ello; hizo oración y sanóle el pie. De modo que quien antes vino con un pie, bolvió con dos a su casa, y quien tuvo tal dolor por aver ofendido a su padre, digno fue que rogasse por él San Antonio, y que, teniendo tal intercessor, Dios tuviesse dél misericordia. Aunque no se loa aquí el hecho del penitente, sino de que lo hizo entendemos el dolor que tuvo y su penitencia. Es de San Antonio de Florencia en su Tercera Parte Historial.
[32] Piamón, sacerdote en el monasterio escitiótico, estando diziendo Missa vido un ángel que escrivía los nombres de algunos monges, estando presente todo el convento; otros dexava de escrevir. Notó los unos y los otros, y halló que los no escritos estavan en pecado mortal. Lloró con ellos, y díxoles tales cosas con que los provocó a penitencia, y siendo verdaderos penitentes, en otra Missa vido que también escrivían sus nombres. Y era aquello como distribución de la assistencia en la Missa para recebir la paga en el Cielo. Desto recibió tanto contento Piamón como fue el desconsuelo de primero, viendo que por la penitencia estavan escritos en | el Libro de la Vida. Es de la Historia Tripartita, libro octavo, capítulo primero.
[33] Arsenio Abad, por las muchas lágrimas tenía sin pelos los párpados y hinchados los ojos, y bañadas en roxo sus mexillas. Es del De Vitis Patrum.
[34] María Egipciaca, que regalando su carne ofendía a Dios, castigándola alcançó perdón de las ofensas cometidas. Vivió cuarenta años en el desierto. Antes se adornava para agradar a los hombres, allí andava desnuda por agradar a Dios. Antes se exercitó en cantares lascivos y en manjares delicados, allí era su exercicio oración y ayuno. Con el trabajo y la penitencia de cuarenta años alcançó el gozar de Dios para siempre. Es del De Vitis Patrum.
[35] Pelagia, que hazía ventaja a todas las mugeres de Antioquía en hermosura, en riquezas y en deshonestidades, convirtióse por la predicación de Nonio, obispo de Heliopoleos. Convertida, confessó sus pecados y llorólos, y hizo penitencia dellos. Dezía que no se devía llamar Pelagia, sino piélago de todos los vicios. Dio libertad a sus esclavos, distribuyó su hazienda a pobres, trocó el vestido de muger en el de monge, y con nombre de Pelagio fue al monte Olivete, donde vivió solitaria. Y allí tanto atormentó su cuerpo con penitencias, cuanto antes le regaló con deleites, y con esto evitó las penas del Infierno y compró los gozos del Paraíso. Halló el sumo bien con huir el sumo mal, y hallándole, gozóle eternalmente. Es del De Vitis Patrum.
[36] Taide Alexandrina, aviéndose convertido de vida deshonesta por la industria y exortación de Pafuncio /(395r)/ Abad, allegó en la plaça a vista de mucha gente todo lo que avía ganado con malos tratos, y quemólo allí, y con el consejo del mismo Pafuncio entró en un monasterio de monjas, y encerrada en una celda llorava sin cessar sus pecados, sustentándose sólo con pan y agua. Y no osava tomar en su boca el nombre de Dios, sino dezía, estando en oración: «Tú, que me formaste, ten piedad de mí». Tres años se exercitó en semejante vida, y al cabo dellos, un discípulo del grande Antonio vido de noche en el Cielo una silla de oro, adornada de piedras y perlas, hecha con maravilloso arte. Y preguntando si era para su maestro Antonio, fuele respondido que no, sino para Taide, que fue un tiempo muger deshonesta. Desde a quinze días se siguió su muerte, y se fue al Cielo, donde posseyó el tálamo celestial la que por averse visto en el del mundo se dolió gravemente. Es del De Vitis Patrum.
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