De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[31] Estavan açotando un día al Apóstol San Pablo, y los que le mandavan açotar y executavan aquel rigor eran romanos, y quien gozava deste nombre tenía grandes privilegios, y era el no ser castigado con açotes, que era castigo de esclavos y gente baxa. Pues como San Pablo fuesse natural de un pueblo que gozava de los privilegios de los romanos, viéndose açotar, dixo con mucho aviso:

-Pregunto: ¿es lícito açotar y sin culpa a un romano?

Oyendo esto los verdugos y juez, con temor grande si los avían de acusar por quebrantadores de las leyes de los romanos, dexaron libre al Apóstol. Otra vez se vido assí mismo San Pablo cercado de judíos que le querían mal de muerte y que procuravan dársela; no era possible librarse de sus manos, mas usó de un aviso digno de su ingenio. Vido que avía allí de las dos sectas desta gente, unos eran fariseos, que confessavan aver otra vida, /37r/ avía saduceos, que la negavan. Levantó la voz y dixo:

-Yo soy fariseo, confiesso que ay otra vida, que ay alma y premio para los buenos y castigo para los malos. ¿Por esto me quieren matar?

Oído por los fa- riseos, | aunque estavan mal con él, viéndole de su vando buelven la hoja y favorécenle, de suerte que se libró de aquel peligro con este aviso. Es del libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 23.
Hasta aquí es sacado de la Escritura Sacra.

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] San Atanasio, obispo de Alexandría, padeció grandes persecuciones y vídose en grandes peligros. De lo cual todo se librava favoreciendo Dios a su aviso y discreción, que era grande. Como pareció en que, embiando a prenderle Juliano Apóstata y llegando de improviso sus ministros donde estava, no tuvo otro remedio sino de entrar en una barca por el río Nilo. Y aviendo navegado en ella algún tanto, entendiendo que le ivan siguiendo en otra sus enemigos y que no podía huyendo librarse de sus manos, dio buelta con su barca al contrario de donde iva. Y, encontrándose a poco con los que le buscavan, preguntáronle si avía visto a Atanasio. Respondióles él mismo:

-Poco ha que le vi, y no va muy lexos de aquí.

Con esto, ellos siguieron adelante y él se bolvió a la ciudad y pudo librarse desta persecución. Refiérese en su Vida.
[2] Ustazanes, eunuco y muy privado del rey de Persia Sapor, porque no quiso adorar sus ídolos mandóle cortar la cabeça. Y, queriendo los ministros del rey executar la sentencia, rogóles que esperassen un poco, porque primero quería embiar al rey un mensaje. Y llamado otro eunuco amigo suyo fiel, pidióle que fuesse al rey y le dixesse de su parte: «Bien sabes, señor, que toda mi vida empleé en servicio de tu padre y tuyo; pues por premio de mis fieles servicios te pido, atento que no quiero que alguno piense de mí que me mandas matar por aver cometido traición contra ti o contra tu reino, que vaya comigo un pregonero que diga en voz alta que se me da la muerte, no por otra causa, sino porque soy cristiano y no quiero negar la adoración a Cristo, siéndome mandado por el rey que lo haga». Sapor lo concedió, y mandó que assí se hiziesse, y fue cosa a am- bos | muy gustosa. El rey gustó dello porque, viendo otros que a Ustazanes viejo, que avía sido ayo suyo y que era dél tan favorecido, le quitava la vida porque no negava a Cristo, temiessen y dexassen semejante adoración. A Ustazanes le dio gusto y contento grande que se publicasse que moría por Cristo, y assí se saldasse un pecado que primero cometió en adorar al Sol por agradar al rey, que se lo pidía; donde los que se escandalizaron y acobardaron viéndole idolatrar, aora se edificassen y esforçassen viéndole morir por Cristo, siendo aviso grande este hecho. Refiérese en la Vida de San Simeón Mártir, obispo de Selencia , escrita por Surio en el segundo tomo.
[3] Efrén Abad, viniendo a la ciudad de Edessa a visitar las iglesias y participar de los Divinos Sacramentos, pidió a Dios con grande instancia que fuesse para edificación suya la primera persona que viesse entrando en la ciudad. Entró en ella y vido una ramera, cuyos vestidos profanos pregonavan su mala vida. Vista por Efrén, entristecióse, pareciéndole que su oración no avía sido oída. La muger, advirtiendo que la mirava aquel monge con çeño y sobrezejo, miróle de la misma traça y tuvo en él fixos los ojos, mostrando desengaño. Quiso Efrén avergonçarla y díxole:

-¿Por qué, muger, no te avergüenças de mirarme siendo hombre? Baxa tus ojos y ponlos en tierra.

Ella, con grande libertad, notándole a él de lo que a ella notava, respondió:

-A mí, que soy muger, me está bien mirar al varón, porque salí dél y fui formada de su costilla; mas a ti, que eres varón, te está mejor mirar a la tierra de que fuiste formado.

Oyendo esto Efrén fuera de su esperança, dio gracias a aquella muger y bendixo a Dios, porque de su razón po- día /37v/ sacar no pequeña utilidad y provecho. Detúvose desta vez en Edessa algunos días, y uno dellos, estando en una casa adereçando cierto manjar para comer, tenía por vezina una muger de mala vida, la cual, incitada por el demonio, púsose en cierta ventana y desde allí, con meneos deshonestos, díxole:

-Échame, abad, tu bendición.

Él, con mucha modestia, dixo:

-El Señor te bendiga.

Replicó ella con una risa desvergonçada:

-¿Qué piensas que falta a esse manjar?

-Tres piedras y un poco de barro -dixo él- para tapiar essa ventana.

No paró en esto la plática de aquella muger. Añadió y dixo:

-Porque comencé yo la plática te muestras altivo. Con todo esso, no quiero dexar de combidarte a que duermas comigo. Mira si quieres acetarlo.

-Si acetaré -dixo Efrén- con que sea donde yo señalaré.

-¿Y dónde señalarás tú? -preguntó ella.

-En medio de la plaça -replicó él.

-No es lugar esse conveniente -dixo la ramera-, porque seremos vistos de muchos hombres en confusión y vergüença nuestra.

Esperava el santo varón a este punto, y por esso no avía acortado la plática, para confundirla con sus proprias palabras. Y assí le dixo:

-Pues si te avergüenças, oh muger, de ser vista de los ojos de los hombres, que son polvo y tierra, ¿por qué no te confundes de ser vista de Dios, a Quien no ay cosa encubierta, sino que todo lo vee y nada se le encubre. Y, no encubriéndosele tus torpezas, sino viéndolas, está claro que las ha de castigar con pena eterna. Por tanto, mira cómo vives, enmienda tu vida y llora tus pecados, que no es el negocio de condenarse o salvarse de poco más o menos, y que si una vez se pierde puede remediarse otra. No va menos en ello sino gozar de Dios para siempre o arder en el Infierno para siempre.

Bastaron aquellas razones para que, consideradas atentamente por aquella muger, favoreciéndola Dios con dolor grande de su mala vida y propósito firme de enmendarse, fue y se derribó a los pies del santo varón Efrén, pidiéndole consejo en lo que devía hazer. Él se le dio, y fue parte para que se encer- rasse | en un monasterio de religiosas, donde vivío y murió santamente. Refiérese en la Vida del mismo Abad Efrén, escrita por Simeón Metafraste.


[4] Serapión Sindonio, monge, peregrinando por diversas partes, llegó a Atenas, y estuvo tres días sin comer cosa alguna, porque nadie se lo dava y él ni tenía dineros ni vestidos que vender, más de una sabana con que cubría su cuerpo, de donde tomó nombre de Sindonio, que era la sábana. Al cuarto día sintió grande hambre y, viéndose fatigado, púsose en una plaça y començó a dar vozes, diziendo:

-Favorecedme, atenienses, que me matan; libradme, que me quiero quitar la vida en vuestra presencia y delante de vuestros ojos.

Ocurrió gente y, viéndole solo, preguntaron quién le quería matar. Serapión dixo:

-Yo soy natural de Egipto, mi profesión es de monge. Después que salí de mi tierra caí en manos de tres enemigos, que son avaricia, fornicación y gula. Libréme de los dos, esto es, de la avaricia y fornicación, porque ni tengo oro, ni gozo de algún deleite, y assí anme dexado estos dos enemigos. Mas el tercero, que es la gula, házeme guerra y amenázame con la muerte terrible, de modo que quien me mata es la hambre.

Oyeron esto algunos filósofos y creyeron que era algún gran sabio. Diéronle una moneda de oro. Serapión la tomó y llegó a un panadero, y diósela, no queriendo dél más de un pan, estando presentes los filósofos, y con esto se fue de Atenas. Pagaron el pan los filósofos y cobraron su moneda, quedando admirados de Serapión, juzgándole por muy avisado y sabio. Es de su Vida, escrita por Paladio.
[5] Arsenio Ermitaño contó de cierto monge viejo que le habló un ángel y le dixo:

-Levántate y ven comigo; verás lo que passa en el mundo.

Siguió el viejo al ángel, y llevóle a cierto lugar, donde le mostró un etíope que estava cortando leña y, aviendo juntado un haz grande provó a levantarle, y no pudiendo cortó más leña y, juntándola con el haz, tornava a le- vantarle /38r/ sin poner término en esto. Dixo el ángel:

-Lo que haze aquel etíope hazen los que han cometido muchos pecados y en lugar de hazer penitencia dellos cometen otros de nuevo.

Fue una matrona desde Roma a Egipto por ver al mismo abad Arsenio, llevada de su fama y, viéndole, díxole:

-Ruégote, siervo de Dios, que ruegues por mí a Dios y te acuerdes de mí.

Respondió Arsenio:

-Yo ruego a Dios que nunca de ti me acuerde.

Avía estado Arsenio en casa del emperador Teodosio, y llevó de allí al hiermo un mal modo, y era que, estando assentado, ponía la una rodilla sobre la otra, y aunque esto estando solo se permitía, mas cuando se hallavan otros monges con él parecía mal. Nadie osava reprehendérselo, hasta que un monge llamado Pastor, muy avisado, concertó con otros que, estando juntos y presente Arsenio, él se pondría de aquel mal modo, y que ellos le reprehendiessen en público, diziendo que no les diesse mal exemplo con aquella manera de assiento. Hízose assí, advirtiólo Arsenio y enmendóse en adelante. Refiérese en su Vida, escrita por Simeón Metafraste.
[6] Fue un día el abad Daniel del desierto al poblado para vender el trabajo de sus manos y del precio proveer su templada comida. Visto por un hombre casado, cuya muger era estéril, rogóle que fuesse a su casa y hiziesse oración porque pariesse. El santo viejo, importunado fue a aquella casa, hizo oración por la muger y concibió. Sabido por sus vezinos y parientes que estava preñada, juzgavan falsamente que el ermitaño era padre de lo que naciesse. Tuvo nocicia dello Daniel, aguardó al parto y, llegado, vino a aquella casa y hizo que se juntassen los parientes y vezinos, y en su presencia tomó al niño en sus braços, siendo de veinte días, y preguntó:

-Dime niño, ¿quién es tu padre?

Y respondió que aquél, señalando al que de verdad lo era. Y los presentes quedaron confusos. Es del Prado Espiritual, capítulo ciento y catorze. |
[7] El abad Cosmas Escolástico tenía una celda, y en ella no otra cosa sino un banco, una mesa y algunos libros. Siempre que le visitavan, o le hallavan orando, o estudiando, o escriviendo contra la seta de los judíos, desseando y procurando mucho convertir aquella gente. Visitóle Mosco Evirato, el autor del Prado Espiritual, y preguntóle qué tanto tiempo se avía exercitado en las tres cosas, de orar, estudiar y escrivir. Hazíasele dificultoso; al cabo declaró que treinta años. Tornó a preguntarle qué provecho avía sacado para su alma en este tiempo. No quería dezirlo, mas, afirmándole que se lo preguntava para edificar su alma, respondió que tres cosas avía aprendido: no jurar, no mentir y no reír. Es del Prado Espiritual, ciento y setenta y dos.
[8] Vino un monge anciano del desierto a Alexandría a vender espuertas de palma, que era su trabajo, y del precio comprar su sustento. Vido otro monje moço en una taberna y bodegón, de lo cual mostró sentimiento y pena. Aguardó a que saliesse, llevóle a un lugar apartado y díxole:

-¿Echas de ver, hermano mío, que traes hábito angélico, que eres moço, que los lazos del demonio son muchos? ¿Consideras que los monges, assí por la vista como por el oído, por diversas figuras y trajes, estando en la ciudad son ofendidos y lastimados? Si esto es assí, ¿cómo te atreves a entrar en lugar semejante, donde oirás lo que no querrías y verás lo que no devrías, estando en compañía y a una mesa comiendo y beviendo entre mugeres y hombres libres y poco honestos? No quieras, hijo mío, no quieras, yo te ruego, hazer cosa semejante, sino huye al desierto, donde con el favor de Dios te podrás salvar.

Respondió el monge y dixo:

-Buen viejo, cessen tus razones, que son escusadas, pues Dios no quiere sino el coraçón limpio.

Levantó al Cielo ambas manos el santo viejo, y dixo:

-Gloria a Ti, Señor Mío, porque yo he passado en el desierto escítico cincuenta y cinco años y no tengo limpio enteramente mi coraçón, y tiénele éste frecuentan- do /38v/ tabernas y bodegones.

Refiérese en el Prado Espiritual , capítulo ciento y noventa y cuatro.
[9] San Antonio Abad, aunque fuera sin letras humanas, enseñado del Cielo dava algunos documentos a sus monges de grande aviso, y dellos se referirán aquí algunos, sacados de su Vida, escrita por San Atanasio:

«Nadie (dize) quede satisfecho de lo que ha hecho por Dios, parézcale todo poco, trabaje de acrecentar siempre su caudal. No piense el religioso que hizo mucho en dexar el mundo, pues tarde o temprano todos lo han de dexar. No entró el religioso en la religión a holgar sino a trabajar. No espanten las obras de virtud que más facilidad tienen que muestran. Este mundo es como una casa de locos, uno llora, otro ríe. Algunos eclesiásticos son como el cuervo marino, que anda todo el día debaxo de la agua y, en saliendo della, con una sacudida de alas queda enxuto; assí, aunque estén mucho tiemrpo los eclesiásticos en el oficio divino y en oración, en dexándola, con pequeña ocasión pierden la devoción. Como los peces mueren fuera de la agua, assí los religiosos, apartándose por mucho tiempo de la celda o conversando con seglares se atibian en los santos propósitos y en la aspereza de la vida».

Refirió que avía visto en visión el mundo lleno de lazos y, espantado, pidió a Dios le dixese quién se podría librar dellos. Y fuele respondido que el humilde.
[10] A Santa Heduvige, duquesa de Polonia, reprehendía una vez Egidio, arcediano de Vratislavia, por lo poco que comía. Ella dixo:

-Yo como lo que me basta, y la comida ha de ser como la medicina. El xarave ni la purga, no porque en cantidad sea mayor dará más salud, sino lo que pide la ocasión. Assí, la comida ha de ser conforme a la necessidad, y no al apetito o gula.



Usava calçado cuando iva fuera de casa, mas en ella siempre andava descalça. Viviendo el duque, su marido, vino de repente a casa y, no teniendo lugar de calçarse, vídose en confusión por entender dél que lo llevaría ásperamente. Mas proveyó | Dios con un calçado que pareció en sus pies hasta que el duque fue ido. Después de viuda, mandóle su confessor que truxesse calçado y proveyóle dél. Ella, por obedecer, tomóle, y trúxole algunos días debaxo del braço, y al cabo del año se le bolvió tan sano como se le dio, diziendo que antes le era embaraço que provecho. Refiérese en su Vida, escrita por Engelberto, monge de Cistel. Y tráelo Surio en el tomo quinto.
[11] Laurencio Justiniano, patriarca de Venecia, dixo muchas sentencias de grande aviso, como éstas: Que los siervos de Dios no sólo avían de evitar pecados graves, sino los muy livianos; que lo uno era proprio de seglares y lo otro de gente dedicada a Dios. Que por estar uno flaco y descaecido no deve dexar la abstinencia, si no es con daño de su salud; antes éste es el fin que se pretende en ser abstinente. Que la humildad es como arroyo, que en imbierno lleva grande avenida y, en verano, pequeña; assí esta virtud más se ha de mostrar en tiempo adverso que próspero. Que tres cosas devía procurar el monge, desseo, moderación y gracia, sin las cuales no era possible aver perseverancia, y que ninguna cosa avía de mirar que le arrebatasse el desseo. Dezía más, que no gozar de Dios pudiendo era indicio de amarle tibiamente. Querer ser casto viviendo en regalo, afirmava que era como para matar un grande fuego echar en él mucha leña. Que el valor de la pobreza no le alcançava sino el varón dado a la contemplación. Que era providencia divina no entender todos el bien de la religión, porque el mundo no se quedasse hiermo. Que ninguno sabía bien qué cosa era humildad sino el que avía alcançado de Dios ser humilde, y que en cosa alguna tanto se engañavan los hombres como en conocer la verdadera humildad. Que la cierta y propria sabiduría era saber que Dios era todas las cosas y nada el hombre. Es de su Vida, referida por Surio, tomo primero.
[12] No pequeño, sino muy grande fue el aviso de una princesa española, hija del /39r/ rey don Alonso el Sexto (que fue el que ganó a Toledo de moros), porque, aviéndoles dexado la mezquita mayor, que es oy la santa iglesia, por concierto que hizo cuando le dieron la ciudad después de muchos años de cerco, estando el rey ausente, concertáronse la reina y el arçobispo (que era a la sazón llamado Bernardo) de quitársela por fuerça a los moros y consagrarla en iglesia, como lo avía sido antes, siendo los godos señores de España. Hiziéronlo como lo acordaron. Vino luego a oídos del rey, y sintióse mucho, porque le avían hecho venir a menos su palabra. Tomó el camino a grandes jornadas para la ciudad. La reina doña Constança -que assí se llamava- y el arçobispo temiéronse de muerte. Entraron en la iglesia y suplicavan devotamente a la Madre de Dios que fuessen libres de aquel peligro, pues por servicio suyo se avían puesto en él. Cuando ya el rey llegava cerca, salió una processión de la ciudad a su encuentro por aplacarle, y que perdonasse a la reina y arçobispo. Al cabo della iva la princesa de poca edad, vestida un saco y derramada ceniza sobre su cabeça. Llegó el rey, apeóse y adoró la Cruz. Y cuando llegó su hija y la conoció, con voz alterada dixo:

-¿Qué disfraz es éste? ¿Piensas que tengo de aplacarme? Por mi corona te juro de no hazer cosa que me pidas.

La sabia donzella, enseñada de Dios, dixo:

-Lo que pido, padre y señor mío, es que pues la reina y el arçobispo os ofendieron, que mueran por ello.

Oído esto del rey, quedóse envelesado, no sabiendo qué hazerse ni qué dezirse. Mas ordenó Dios que llegaron a este tiempo algunos de los moros principales y pidiéronle que perdonasse a la reina y perlado, que ellos le alçavan la palabra. Cuando el rey los vido venir, díxoles en voz alta:

-Amigos, a mí se hizo la ofensa; yo la vengaré y os satisfaré.

Ellos persistieron en que hiziesse aquel perdón, y fue avisadamente, porque consideraron que el rey con enojo mataría a la reina y al arçobispo, y se arrepentiera presto, y su enojo y rabia sería contra ellos. Y cuando él | callasse, los parientes de los muertos se vengarían en ellos. Pidiéronle que trocasse la obligación que tenía de darles la mezquita, ya hecha iglesia, en otras cosas que a ellos les estavan bien. Lo cual el rey concedió muy de gana, y les agradeció su mensaje, porque junto con recebir gran contento y ver que era merced de Dios, en que la mezquita quedasse por iglesia, quería bien a la reina y no mal al perlado, y estúvole todo a cuenta lo sucedido. Refiérese lo dicho en diversas Crónicas de España. Y parte dello viene en el Oficio proprio de Nuestra Señora de la Paz, fiesta que celebra la Santa Iglesia de Toledo en veinte y cuatro días de enero, aprovado por el Papa Gregorio Décimo Tercio.
[13] El primer General después de Santo Domingo en su Orden de Predicadores fue el maestro Jordán, santo y discreto varón. El cual, predicando en París y alegando la Escritura, que dize que el pecado es la puerta del Infierno, dixo:

-Si viéssedes un estudiante que está muchos días a la portería de nuestro convento, diríades y con verdad: «Éste entra fraile en esta casa». Assí el que está mucho tiempo en pecado mortal, entiéndesse claramente que entrará en el Infierno, pues tanto persevera a la puerta.

Acusó un fraile a otro que avía tocado la mano a una muger. Escusávase diziendo que la muger era buena. Fray Jordán le reprehendió con estas palabras avisadas:

-La agua que cae del Cielo es buena, la tierra es buena, y juntándose la agua con la tierra se haze lodo.

Al mismo fray Jordán, siéndole preguntado qué era mejor, rezar o estudiar, respondió:

-Ni siempre se ha de comer, ni siempre se ha de bever.

Refiérelo San Antonio de Florencia en su Segunda Parte Historial.
[13] Dio en una melancolía cierto hombre, que fue dezir que estava muerto, y porque los muertos no comen ni beven, ni quería bever ni comer. Passó en esto algunos días, y estava para dar la alma. Visto el caso por un discreto médico, usó deste aviso: concertóse con otro hombre que dixesse que estava muerto, y púsole en otra cama /39v/ junto a la del melancólico y, aviendo platicado los dos y convenido en que ambos estavan muertos, el del concierto pidió de comer, y truxéronselo. El otro dixo:

-Pues, ¿y los muertos comen?

Respondió el otro:

-Sí, que de algunos días a esta parte se usa que coman y bevan los muertos.

Con esto comió y bevió, estándole mirando el melancólico, el cual dixo:

-¿Luego también yo puedo aprovecharme de essa nueva costumbre y comer?

-Sí- dixo el otro.

Y con esto comió y bevió, y a pocos días estuvo sano. Dízelo Pontano, libro cuarto, capítulo undécimo, De Prudencia.


[14] Otro enfermo de fiebre, no pudiéndose acabar con él que dexasse de bever vino, un discreto médico mandó tomar una olla nueva de varro tosco y, calentándola, dexarla por un poco de tiempo que se empapasse en muy buen vino y, sacado de allí y estando vazía, puso en ella cierto xarope o bevida, conveniente para la enfermedad de aquel hombre. El cual al olor del vino de la olla tomó la bevida, y con ella la salud. Refiérelo San Juan Crisóstomo al fin del Primero Libro del Sacerdocio.
[15] Fue al rey don Alonso de Aragón y de Sicilia una esclava cierto día a pedirle justicia contra su señor, diziendo que estava dél preñada y que por ley de Aragón era libre. Llamóse el amo de la esclava y negávalo. Visto que no avía provança para averiguar el pleito, usó el rey de un muy discreto aviso, y fue que mandó se vendiesse lo que pariesse la esclava y se le aplicasse para su rescate. Oído por el señor, y viendo que se mandava vender por esclavo su hijo o hija, siendo cierto lo que la esclava dezía, confessó la verdad y pidió que se le diesse lo que naciesse y quedasse libre la esclava. Es de Baptista Fulgoso, libro séptimo.
[16] En el año de mil y trecientos y ochenta y seis, el rey don Juan de Portugal, entrando con gente de guerra en Castilla, puso cerco sobre Coria. A la cual un día, aviendo dado un bravo combate y no la pudiendo entrar, refieren las Historias Portuguesas que dixo el rey:

-De verdad, falta | han hecho aquí los buenos cavalleros que comían a la Mesa Redonda.

Respondió a esto con valeroso ánimo Menrodrigez de Basconcelos:

-Por cierto, señor, que no hazen aquí falta, porque está presente Martín Vázquez de Acuña, tan bueno como Galván, y Gonçalo Vázquez de Acuña, tan bueno como don Tristán, y Juan Fernández Pacheco, tan bueno como Lançarote.

Y, aviendo comparado a otros que allí estavan a los demás de la Tabla Redonda, dixo por sí mismo:

-Veisme aquí a mí, que valgo tanto como cualquiera dellos.

Y añadió luego y dixo:

-No hazen ellos aquí falta, sino que faltó a nosotros el rey Artus, su señor, que, conociendo los buenos cavalleros y sus servicios, les obligava con muchas mercedes a que holgassen de servirle.

Oyendo estas razones tan libres el rey, y viendo que se avían sentido los cavalleros que allí estavan, echólo todo en risa. Refiérese lo dicho en el Compendio Historial. Yo lo pongo entre los exemplos de dichos y hechos avisados, porque fue tal la respuesta deste valeroso portugués. Y también lo fue el hecho del rey en llevarlo a risa, aviendo dado primero ocasión con sus palabras inconsideradas a que se levantara por ellas grande polvareda y fuego, saltando ya dél centellas.

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