De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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Con esto, le truxeron otro hábito, pusiéronsele y quedó como de primero en su columna. Grandes maravillas hizo Dios por su siervo Daniel. Llegó el fin de sus días y murió santamente. Escrive lo dicho Nizéforo Calixto, libro quinze, capítulo veinte y dos.
[6] Eulogio, natural de Alexandría, muy sabio en letras humanas y muy rico, distribuyó a pobres grandes haziendas que tenía, quedándose con lo que era necessario para vivir templadamente. Vido un día en la plaça un paralítico, y teniendo lástima dél, con intento de obligarse, dixo, hablando con Dios:

-Señor mío, en tu nombre recebiré a este hombre impedido con tan grave enfermedad hasta el día de su muerte o la mía, para que por su medio pueda yo salvarme. Por tanto, Dios mío, favoréceme, y para tal servicio da- me | paciencia.

Y, buelto al enfermo, díxole:

-¿Quieres, hermano, irte a mi casa, donde te sustentaré lo mejor que pudiere?

Respondió el pobre que de buena gana. Llevóle consigo, y túvole en su casa quinze años, alimentándole y regalándole con grande solicitud, y en todo este tiempo sufrió con paciencia sus importunidades. Dávale por sus manos a comer, curávale y lavávale como mejor convenía para su salud. Passados los quinze años, por persuasión del demonio, el paralítico, no acordándose de lo que Eulogio avía hecho y padecido por él, tratávale mal de palabra, injuriávale y afrentávale diversas vezes, diziendo:

-Fugitivo, que te tragaste y comiste tu patrimonio y hazienda, ¿piensas que con lo que hazes comigo ya te ha Dios perdonado y tienes cierto el Cielo?

Eulogio le rogava que callasse, y satisfaziendo a sus quexas, le dezía:

-No hables, señor mío, tales cosas. Antes, me di en qué te he enojado, y enmendáreme.

El enfermo, con más furor, oyendo esto, le dezía:

-Vete, vete de aí, que no me agradan essas lisonjas. Buélveme a la plaça donde me hallaste, que no tengo necessidad de tus piedades tan costosas.

Replicava Eulogio:

-Suplícote, señor, que te quieras aplacar o me digas en qué te he enojado.

Con estas palabras se mostrava más impaciente el paralítico, y dezía:

-No puedo sufrir tus engañosas burlas y que mofes de mí. No me es agradable esta vida que llevo en tu casa, estrecha y estéril, porque me quiero hartar de carne.

Eulogio le truxo carne en abundancia y le hizo comer della. Y con todo esso, el enfermo dezía:

-No puedes satisfazer mi voluntad, ni vivir yo contigo solitario, porque desseo ver el pueblo y lo que en él passa.

El paciente Eulogio le dixo:

-Pues yo haré que /(407v)/ vengan aquí algunos religiosos para que hables y converses con ellos.

Más airado se bolvía el paralítico oyendo estas suaves palabras, y dezía:

-¡Ay de mí! Enfádame ver tu rostro, ¿y quieres que vea otros semejantes a ti? Eres un tragador de pan, ¿y piensas entretenerme y engañarme a que haga lo que tú hazes?

Y meneando la cabeça, dezía:

-No quiero conversación en casa, sino que me lleven a parte donde vea gentes. No me tengas aquí forzado, llévame al lugar donde me hallaste.

Tanto era el furor que el demonio avía en él levantado que, si tuviera manos, hiziera un laço y se colgara dél y desesperara. Muy triste quedó Eulogio de oír esto. Fue a hablar a algunos monges y díxoles:

-¿Qué haré, que el tollido me haze desesperar?

Preguntáronle la causa, y respondió:

-Son duras las palabras que me dize, véole desesperado, no puedo echarle de comigo, porque prometí a Dios de le servir y regalar toda la vida. Si le dexo en casa, no ay sufrir tan malos días y noches.

Dixeron los monges:

-Pues, ¿sabes dónde reside el gran Antonio? Pon el enfermo en una barca y vete a él, y lo que te mandare piensa que te lo manda Dios, pues él te dirá lo que a Él le agrada.

Pareció bien este consejo a Eulogio, y con blandas palabras llevó su enfermo al mar, y en una barca le passó al monasterio del grande Antonio. El santo abad vino del desierto el día siguiente, donde se estava solo ocho y diez días. Llegó a hora de vísperas, vestido un hábito de pellejos. Cuando llegava solía preguntar a Macario, su discípulo, si avían venido algunos hermanos, y si le dezía que sí, replicava si eran de Egipto o Jerusalem. Y sabía ya Macario que por los de Egipto entendía personas indignas de su conversación, que | sólo por curiosidad de ver los milagros que hazía le visitavan; por los de Jerusalem entendía varones espirituales. Assí, conforme a su costumbre, preguntó si eran de Jerusalem o de Egipto. Respondió Macario que de unos y otros. San Antonio replicó:

-Pues cueze unas lantejas y comeré con ellos.

La misma tarde, estando assentado, llamava a cada uno de los que avían venido a verle, y dávales remedio, y, siendo ya de noche, llamó tres vezes a Eulogio, y él no respondía, pensando que algún otro se llamava assí. La cuarta vez, dixo San Antonio:

-A ti llamo, Eulogio, que veniste de Alexandría.

LLegó Eulogio, y dixo:

-¿Qué me mandas, señor?

San Antonio replicó:

-¿A qué has venido aquí?

Respondió Eulogio:

-El que tuvo por bien de revelarte mi nombre te avrá ya descubierto la causa de mi venida.

Dixo el santo:

-Bien sé a lo que as venido, mas cuéntalo en presencia destos hermanos, porque todos lo entiendan.

Eulogio refirió el caso como avía passado, y al cabo dixo:

-Por esto pensé dexarle, mas vine a ti, o padre, para que tengas por bien de enseñarme con tu consejo y favorecerme con tus oraciones, porque cierto estoy fatigado con diversos pensamientos.

San Antonio, con severa y enojada boz, dixo:

-¿Tú le echas de ti, Eulogio? Pues no le echa de sí el que le conoce que fue por Él hecho. Si tú le echas, otro mejor hallará y escogerá Dios que lo recoja, estando desamparado.

Con grande temor quedó Eulogio oyendo esto. Después, San Antonio se bolvió al enfermo, y dixo en boz alta:

-Tollido espantoso, lleno de cieno y lodo, indigno de la Tierra y del Cielo, pues injurias a Dios, ¿no sabes que el que te sirve es Cristo? ¿Cómo has osado hablar contra Cristo tales palabras, pues por Cristo se /(408r)/ sujetó éste a servirte y regalarte?

Aviéndole reprehendido ásperamente, dixo:

-Ninguno de vosotros se vaya a otra parte, sino bolved en paz a la casa donde tanto tiempo avéis vivido, que no tardará el Señor de embiar por vosotros. Sabed que os ha sucedido esta tentación porque estáis muy cerca del fin de vuestra vida, y cada uno a punto de conseguir la corona. Por tanto, no os apartéis de en uno, si no queréis perder lo ganado.

Eulogio se bolvió con el paralítico en mucha paz y concordia a Alexandría, y dentro de cuarenta días murió Eulogio, y al tercero día, el paralítico, aviendo hecho penitencia de sus impaciencias. Sufrir a un enfermo, aun bien acondicionado, un día, es mucho a quien no le tiene obligación; sufrir a un paralítico sin tenérsela, y siendo mal acondicionado, quinze años, como le sufrió Eulogio, mucho es. Bien mostró la virtud de perseverancia. Refiérelo Paladio en su Lausiaca.
[7] San Pablo, el Primer Ermitaño, perseveró en servir a Dios desde edad de diez y seis años, hasta el de ciento y treze, en que murió, sin ver a hombre, si no fue al gran Antonio. El cual también entra en número de los que perseveraron en la soledad, desde edad de diez y ocho años hasta el de ciento y cinco, que fue el de su muerte. Cuyo discípulo Paulo, llamado el Simple, viniendo a pedirle el hábito, y saliendo a la sazón del monasterio San Antonio, díxole que esperasse hasta la buelta, y como tardasse tres días, un punto no se apartó de la portería, sin que bastasse hambre, sed o sueño a quitarle de allí, y estuviera más tiempo si más tardara en venir el santo abad, que, vista su perseverancia, le admitió a la religión. Y dio maravillosa cuenta de | aquel estado, porque, entre otras pruevas, fue una que por cierta indiscreta pregunta que hizo, le mandaron callar, y no habló en tres años, aprendiendo en este tiempo lo que es bien callar y lo que es bien hablar. Refiérelo Marulo, libro quinto.
[8] Simeón, de treze años fue a pedir el hábito al abad Timoteo, y negándosele por de poca edad, estuvo cinco días a la portería sin comer y sin bever, aparejado a morir si no le recebían; hasta que, vista su perseverancia por el abad y los demás monjes, le admitieron. Y si es verdad lo que dél se dize, ninguno en su tiempo trató su cuerpo con mayor aspereza. Es del De Vitis Patrum.
[9] Mucio estuvo tanto tiempo a las puertas del monasterio rogando que le admitiessen a la religión con un hijo suyo pequeño, que, contra lo acostumbrado en aquel monasterio, fue recebido. Alcançó con su constante propósito lo que vedava la regla monástica de que no se recibiessen niños, ni hijos con sus padres, porque era llamado del que es sobre la ley y regla. Y no hizo esto Mucio porque no podía ser apartado de su hijo, sino porque desseava juntamente salvarse con él. Y assí, quiso más ofrecerle a Cristo que dexarle en el mundo. Es del De Vitis Patrum.
[10] En el monasterio del abad Siscio estava un monge anciano privado de la vista, el cual tenía celda fuera de la congregacion del desierto, y distava del poço donde se proveía de agua casi mil passos, y para ir por ella tenía una soga atada desde su celda al poço, y iva pisando sobre ella, y si la cubría de arena el viento sacudíala con la mano, y guiávase por ella. Padecía en esto trabajo, y compadeciéndose dél otro /(408v)/ monge moço, díxole:

-Padre, yo quiero ahorrarte del trabajo y irte cada día por agua.

Respondió el viejo:

-Hijo, no quiero que hagas esso por mí, porque si me ahorrares del trabajo, también me harás indigno del premio que se consigue con la perseverancia.



Es del Prado Espiritual, capítulo ciento y sesenta y nueve.
[11] Grande fue la perseverancia de tres monges: Pesio, Juan y Elpidio. El primero, por cuarenta años guardó un general ayuno de no comer en todo el día hasta que era puesto el sol. Y assí dize dél Cassiano, en la Colación quinta, capítulo veinte y siete, que en todo este tiempo no le vido el sol que huviesse comido; antes que él se pusiesse, no le vido comer. Juan, el segundo, con presidir a grande número de monges y aver de regirlos y governarlos, por otros cuarenta años nunca le vido el sol airado. Elpidio, el tercero, por veinte y cinco años tuvo oración, buelto el rostro al oriente, que sólo dexava este santo exercicio por cumplir con las necessidades del cuerpo. No tenía por malo orar buelto al occidente o a otra parte, sino que quiso ser señor de sí para que, refrenando su cuerpo de lo que era lícito, más fácilmente le refrenasse de lo ilícito. Es de Paladio en su Lausiaca.
[12] Teodoro Monge, discípulo de Pacomio, fue sumamente perseguido de su madre que dexasse la vida monástica y se fuesse con ella. Y con traer cartas y licencias de los superiores para que lo hiziesse, él no sólo no lo hizo, mas la vista de su madre escusó, porque no pareciesse que tornava a su rostro el ojo que por escandalizarle avía quitado de sí. Por lo cual, dexando de ser hijo de su madre, lo fue de Dios. Es del De Vitis Patrum . |
[13] Al beatíssimo Patriarca San Francisco, el mismo padre que le engendró le perseguía, aunque no pudo tanto que dexasse de seguir a Cristo, como avía començado. Fue Francisco despojado de cuanto le avía dado el mundo, fue menospreciado y fue aprisionado, y gozávase por hallarse digno de padecer afrentas por el nombre de Cristo. Y porque estava determinado de sufrir cualquier adversidad antes que dexar su intento, aprovechó tanto en virtudes y en santidad de vida que el mundo estava lleno de su fama, y el Cielo, de su gozo. Es de San Buenaventura, en su Vida, capítulo primero.
[14] A Santo Tomás de Aquino, del Orden de Predicadores, madre y hermanos, queriendo estorvar que no fuesse fraile, aunque prevalesció su constancia, con que le prendieron, le maltrataron de palabra y obra, le despedaçaron el hábito, y en una torre donde le tenían encarcelado le echaron una mala muger para que le solicitasse a pecado deshonesto, y ninguna cosa déstas fue parte para que él no saliesse con su intento. Antes, a la deshonesta muger hizo salir de donde él estava más que deprissa, con un tizón que tomó del fuego para herirla, mereciendo por este hecho que ángeles le ciñessen con cinta de castidad, en que perseveró toda la vida. Fue luego dexado libre, que bolviesse a su monasterio, donde, assí como el sol que estava impedido por nuves negras y escuras, quitado el impedimento y serenado el Cielo, estiende sus dorados rayos por la tierra, assí Tomás, quitado el estorvo de los hermanos y cárcel, començó a iluminar la Iglesia con resplandor de costumbres, de ingenio y de doctrina, y parece que no llegara a tanta | claridad de gracia si la niebla de la persecución de sus hermanos no le rodeara, de la cual se libró, firme en su propósito, y en sus tentaciones, vencedor. Es de Surio, tomo segundo.
[15] Natanael Solitario, treinta y siete años perseveró en una celda, donde era visitado de obispos y de otros claros varones, a quien él hazía suma reverencia. Y de semejante cárcel boló a la libertad de la Gloria. Es de Marulo, libro quinto.
[16] Causa admiración considerar la | perseverancia de Sara, abadessa en el monasterio escitiótico, junto al cual corría un apacible río, y hazía riberas agradables, pobladas de arboledas muy vistosas; y con oír esto Sara y tener su celda en alto, y en ella ventanas que caían sobre el río, tuvo tesón de nunca verle, ni separarse a alguna de las ventanas, por merecer en hazerse fuerça, dexando de tomar semejante recreación, y esto, no un día ni un mes, sino por espacio de sesenta años. Refiérelo Marulo, libro quinto.
Fin del Discurso de Perseverancia. |

DISCURSO SESENTA Y CUATRO. DE POBREZA

El bienaventurado San Bernardo, exponiendo aquel testimonio del capítulo treinta y uno del Eclesiástico que dize: «Bienaventurado el varón a quien no llevó tras sí el oro», escrive estas razones: «Verdaderamente es género de martirio la pobreza voluntaria, porque no parece que pueda alguno ser más grave que tener hambre entre muchos y muy preciosos manjares; ver a sus ojos ricos vestidos, y padecer frío estando desnudo; hallarse rodeado de riquezas, oro, plata y joyas preciosas que ofrece el mundo, de que haze ostentación el demonio y dessea nuestro apetito, y verse pobre. ¿No será razón -dize este santo doctor- que sea coronado | el que assí peleó, desechando al mundo con sus promesas, menospreciando al demonio con sus tentaciones, y, lo que es más glorioso, triumfar de sí mismo, poniendo en la Cruz de Cristo, y crucificándole con Él, todo desseo de valer y tener?». Lo dicho es de San Bernardo. A lo cual se puede añadir, en loor de la voluntaria pobreza, que es madre de muchas virtudes, como, al contrario, la abundancia de bienes temporales es ocasión de muchos vicios y pecados. Y assí como la pobreza es carga muy pesada a los que contra su voluntad la padecen, assí es muy agradable y ligera de llevar a los que de su gana la admiten y abraçan. Ni pudiera entenderse el bien que tiene consigo la pobreza voluntaria si Jesucristo, Redemptor Nuestro, que es verdadera sabiduría del Padre Eterno, no lo declarara. Y, escogiéndola, nos enseñó ser camino para la Vida Eterna, porque no es possible que con ella aya ambición /(409v)/ y sobervia, ni vicio deshonesto, ni aun avaricia, que son pestilencia e inficionan las almas. Y de que Cristo amasse la pobreza, significólo cuando dixo: «Las zorras tienen cuevas, y las aves del Cielo, nidos en que recogerse, y el Hijo del Hombre no tiene donde recline la cabeça». Siempre que se aposentava era en casas agenas; si comía, era en mesa agena; y en su muerte fue su cuerpo embuelto en sábana agena, y sepultado en sepulcro ageno. Esta doctrina dexó a sus Apóstoles, y aunque les fuessen ofrecidos grandes tesoros de algunos que recibían el Cristianismo, y riquezas para el uso común, ellos, siguiendo la pobreza, quisieron ser dispensadores, y no posseedores dellas. Y a un moço rico, que preguntó al mismo Hijo de Dios qué haría para salvarse, díxole que guardasse los Mandamientos, y replicando él que los avía guardado toda su vida, el Salvador le dixo que si quería ser perfeto vendiesse su hazienda, y, haziéndose pobre, le siguiesse. De la Pobreza trata el Discurso, y della se pondrán algunos exemplos.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] El Patriarca Jacob, saliendo de la casa de su padre y caminando para la de Labán, hermano de su madre, no se dize que llevasse consigo cavalgadura ni criado, sino que, afirmándose en su báculo, passó el Jordán. Y queriendo reposar una vez, ya puesto el sol, se recostó en la tierra, poniendo por cabeçera una piedra. Es del Génesis , capítulo veinte y ocho.
[2] Moisés apascentó ovejas de Jetro, suegro suyo, sacerdote de Madián, siendo tan pobre que no las tenía proprias. Refiérese en el Éxodo, capítulo tercero.
[3] Rut Moabitide, siendo pobre, se aprovechó de lo que era proprio de | pobres, cogiendo las espigas que quedavan libres de las manos de los segadores en la labrança de Booz, que vino después a ser su marido. Como parece en su Libro, capítulo segundo.
[4] El menor y más despreciado de los hijos de Isaí era David, cuando vino Samuel a ungirle por rey de Israel, y a la sazón estava en el campo, apacentando sus ganados, y al principio no se hizo caso dél, siendo tenido en nada. Después, estando sus hermanos en el exército del rey Saúl, le embió su padre cargado con provisión para ellos. En todo lo cual mostró ser pobre, y desta pobreza se levantó a ser rey de Israel. Es del capítulo diez y seis del Primero Libro de los Reyes.
[5] Mucha pobreza y necessidad padecía Elías Profeta, pues le forçó a pedir a la viudad Saretana un poco de agua y un bocado de pan. Y refiérese en el Tercero de los Reyes, capítulo diez y siete.
[6] Ana, muger de Tobías, vino a tanta pobreza que iva cada día, por no tener en su casa telar, a texer, donde se lo pagavan. Y assí, dixo el mismo Tobías a su hijo:

-No temas, hijo mío, la necessidad y pobreza en que estamos, porque si temiéremos a Dios tendremos grandes bienes.



Es de su Libro, capítulo segundo y cuarto.
[7] Los recabitas, que eran como religiosos entre los hebreos, no edificavan casas, ni sembravan pan, ni cogían vino, sino que vivían de limosna en tabernáculos y choças. Es de Jeremías, capítulo treinta y cinco.
[8] Nabuzardán, capitán de Nabucodonosor, rey de Assiria, quedando en Jerusalem, aviéndola el rey sujetado para destruirla, perdonó a los pobres, dexándolos en aquella tierra, y a los ricos y poderosos, o les quitó las vidas, /(410r)/ o los llevó captivos a Babilonia. Es de Jeremías, capítulo treinta y siete.
[9] Eliseo Profeta, aprendiéndolo de su maestro Elías, precióse tanto de la pobreza que la dexó muy encomendada, y como por herencia, a los religiosos, sus discípulos, los que habitavan en el Monte Carmelo, y se han llamado, y se llaman de presente, carmelitas, de donde ellos vinieron a hazer voto absolutamente de pobreza, y señalarle por uno de los tres essenciales que hazen los religiosos en su professión solemne.
[10] De la pobreza de Cristo, tratando más en particular della, dize San Lucas en el capítulo segundo que, cuando nació, le embolvió en paños su Sagrada Madre y le puso en un pesebre, por que no huvo lugar donde estuviesse en él, diversorio o mesón. San Mateo, en el capítulo diez y siete, dize que pidiendo a Cristo los cobradores de cierto tributo, que pagavan las cabeças y señores de familias, que le pagasse, embió a Pedro a pescar, assegurándole que hallaría en la boca de un pece que prendería cierta moneda con que pagasse aquel tributo por los dos. Sobre este lugar dize la Glosa que, por estar pobre el Salvador, no tuvo de qué pagarle. San Marcos, en el capítulo onze, escrive que después de aver sido recebido con pompa y magestad grande en Jerusalem, tendiendo las capas, y cortando ramos de oliva, que echavan por el suelo por donde avía de passar un jumento en que iva, llegó al templo, y siendo ya tarde, miró, dize el Evangelista, a unos y a otros, para ver si alguno le llevava a su casa combidado, y dize también la Glosa que, por estar pobre, ninguno le lisongeó ni quiso llevar consigo, y assí se bolvió a Betania. San Pablo, | escriviendo a los de Corinto, en la Segunda , capítulo octavo, dize: «Sabéis la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, que por nosotros se hizo pobre, siendo riquíssimo, para que de cosa alguna no estuviéssemos faltos». Y no sólo quiso ser pobre, sino que escogió madre pobre y padre putativo pobre. Lleváronle a presentar al templo a los cuarenta días de su nacimiento, y la ofrenda que ofrecieron por él San Josef y la Soberana Virgen fue de pobres. Poco después, siéndole revelado al mismo San Josef que Herodes pretendía quitarle la vida, passóse a Egipto con él en compañía de la Sagrada Virgen, donde también vivieron pobres. Siendo Cristo de doze años, se quedó en Jerusalem, sin saberlo Josef ni la Sagrada Virgen, en cuya compañía avía ido a aquella ciudad, y es indicio que se tratavan como pobres, pues no traían más acompañamiento. Al cabo, se halló en el Calvario, sin hilo de ropa sobre sí, muerto en una Cruz. Su precursor San Juan Baptista, muchos cuentos de renta dexó, y vivió tan pobre en el desierto que traía un vestido texido de cerdas de camellos y comía miel silvestre y langostas. San Mateo, grande hazienda tenía en su trato de publicano o arrendador, y todo lo dexó, y se hizo pobre con Cristo. San Bartolomé, aunque natural de Galilea, mas presúmese que fue de sangre real, y el nombre dize algo con los Tolomeos, reyes de Egipto, y también se hizo pobre por entrarse en la compañía de Jesús. San Pedro, San Andrés, Santiago y San Juan, pescadores fueron, que es oficio ordinario de pobres, y ellos mismos se preciaron de serlo, cuando dixeron a Cristo:

-Señor, echad de ver que todas las cosas avemos dexado por Vos.

Y Él les mandó que /(410v)/ fuessen a predicar sin dinero, ni alforja, sino descalços y con sólo un vestido, que no puede ser cosa más pobre. Y aunque tan pobres, concedióseles entender los misterios de Dios, gracia para sanar enfermos, poder para absolver y perdonar pecados, imperio contra los demonios, evangelizar y dar buena nueva a los hombres, tener compañía con los ángeles y reinar con Cristo eternalmente. Y con esto se echa de ver cómo Dios a los hambrientos llena de bienes, y a los ricos dexa en vacío. Coligiólo Marulo de diversas partes del Evangelio.
[11] De aquel famoso pobre Lázaro dize el Evangelista San Lucas, capítulo diez y seis, que en su muerte fue llevado por ángeles al seno de Abraham, y al rico avariento le fue dicho, estando en el Infierno, que él padecía aquella pena por no aver hecho limosna, y que Lázaro estava consolado por aver | padecido pobreza, hambre y enfermedad, llevándolo todo pacientemente.
[12] De los que se convertían al cristianismo por la predicación de los Apóstoles se dize en el Libro de los Hechos de los mismos Apóstoles, capítulo segundo, que si tenían possessiones y haziendas, las vendían, y traían el precio a los Apóstoles, y ellos distribuían a cada uno conforme a su necessidad.
[13] A San Pedro pidió limosna un coxo, yendo a entrar en el templo, y él le dixo:

-No alcanço plata ni oro, mas de lo que tengo te doy, y es que en nombre de Jesucristo Nazareno te levantes sano.

Y assí sucedió. Y es del capítulo tercero del Libro de los Hechos de los Apóstoles. San Pablo, escriviendo a los de Corinto en una Carta , dize: «Estamos hambrientos y sedientos, y padecemos desnudez»; y en otra: «En hambre, en sed, en frío y desnudez passamos la vida».
Hasta aquí se coligió de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] San Hierónimo, acérrimo defensor de nuestra Fe cristiana, pobre vivió, sin casa ni heredad, y pobre murió, como se dize en su Vida.

[2] Grande amador de pobreza fue Antonio Egipcio, el cual, heredando de sus padres grandes tesoros, los distribuyó a pobres por amor de Cristo, fundó monasterio y recibió monges; rigiólos santamente. Vino a morir, y dexó por testamento su hábito y cilicio a los que le sepultaron. Véase su Vida.

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