De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[3] Abraham, monge de Egipto, vivió en una celda hasta edad de cincuenta años, contentándose con un cilicio y un sago o hábito de monge bien tosco, y un vaso con que bevía. Dízelo Marulo, libro octavo.
[4] Menas, solitario en Italia, sólo te- nía | su hábito y unas colmenas, de que se sustentava comiendo la miel. Venían ossos a ellas, y con su báculo los aspantava. Robóselas un ladrón lombardo, de quien se apoderó el demonio, y visto por el santo ermitaño, recibió más pena de la que aquél padecía que de su daño. Passó en adelante su vida con un pan que le davan en limosna a tiempos los moradores de aquella comarca. Refiérelo Marulo.
[5] San Hilarión estava tan pobre que no temió vivir en una ermita entre ladrones, porque, viniendo a él y diziéndole si tenía temor dellos, respondió:

-El pobre no tiene que temer, porque no tiene que le quiten.

-¿Y si te quitássemos la vida? -dixeron ellos.

Replicó él:

-Poco se le da que la pierda el que está dispuesto a morir.

El mismo San Hilarión, /(411r)/ estando en Sicilia, hazía hazes de leña y los llevava a vender a poblado, para comer de aquella miseria. Y él mismo, estando cercano a la muerte, de edad de ochenta años, hizo testamento, y dexó por heredero de sus riquezas a Hesiquio, su discípulo, e inventariando su hazienda, señaló que tenía un libro de los Evangelios, una túnica de sayal, capilla y capa. Esto llama «sus riquezas», y en lo mismo da a entender cuánto fue ageno de dessearlas. Es de San Hierónimo, en su Vida, capítulo diez y siete.


[6] San Juan Eleemosinario, Patriarca de Alexandría, de las grandes limosnas que hazía estava pobre, y tan pobre que, viniendo a morir, se halló sólo con una moneda, que también mandó se diesse en limosna. Y assí, de las rentas de su Patriarcado de cada año, dándolo todo a pobres, sólo se contentava con Cristo. Es de su Vida.
[7] Alexandre, hijo del rey de Escocia, fue amador de pobreza. Persuadióle Mectildis, hermana suya, que huyessen de la casa de su padre, donde estavan ricos y honrados, y se passassen en Francia. Lo cual hizo él, y en Francia se puso a guardar las ovejas de cierto convento. Y en esta vida acabó la suya, sin ser conocido hasta después de su muerte de persona alguna. Dízelo Fulgoso. El cual también afirma de Filipe, hijo del rey de las islas Valeares, que, teniendo diversas prevendas y beneficios eclesiásticos, los dexó, excepto uno, que reservó para sustentarse; aunque, gustando de la pobreza más que otros gustan de las riquezas, desnudóse de aquel solo beneficio, y, quedando pobríssimo, fuele necessario pedir limosna de puerta en puerta para el sustento de la vida. Refiérelo Fulgoso, libro 4.
[8] Isabel, hija de Andrés Segundo, rey de Hungría, y casada con Luis Lan- gravio, | conde de Turingia, por la muerte del marido, como a dissipadora de su estado y hazienda fue privada de todo, porque todo lo repartía a pobres. Vino a tanta pobreza que, vestida de remiendos, con una rueca ganava el sustento. Refiérese en su Vida.

[9] Muchos de su voluntad se hizieron pobres, mas ninguno tan de gana lo buscó, ni con tanta diligencia lo procuró, ni tan santamente lo guardó como el Patriarca San Francisco. Contradezíale su proprio padre, afrentávale y maltratávale, teniéndose dél por deshonrado, viéndole pobre. Y nada fue parte para que no antepusiesse la pobreza a los deleites de las riquezas. La afrenta y deshonra de veras era para él si otro se hallara más pobres y assí vino a ser padre de pobres. Y dichosa pobreza, que por ser tan amada de San Francisco en esta vida que vivimos, por su respeto son más los que la siguen en su santo instituto y orden que todos los que al modo de mundo son tenidos por ricos. Refiérelo Sabélico, libro octavo.


[10] Alexo, hijo de Eufemiano, ciudadano de Roma, en tanto amó la pobreza que passó en Siria, adonde de los criados de su padre, que ivan a buscarle, recibió limosna, como de ordinario la recebía para el sustento de la vida, y lo que le sobrava dava a pobres. Bolvió a Roma, y en la misma casa de su padre vivió en mayor pobreza, en la cual perseveró hasta que por medio de su muerte fue a gozar las verdaderas riquezas del Cielo. Refiérelo Surio, tomo cuarto.
[11] Juan, llamado Calibita, fue hijo de Eutropio y Teodora, romanos de mucho nombre y muy ricos de bienes de mundo. Procurando ser pobre, en compañía de cierto monge que vino /(411v)/ a Roma bolvió con él a su monasterio, que era junto a Constantinopla, y se llamava de los Acemetos, que denota los sin sueño, porque en él de ordinario estavan los monges cantando salmos y himnos. Allí recibió el hábito Juan, y residió seis años, siendo exemplo de todos en muchas virtudes. Era tan abstinente que se le passavan no pocos días sin gustar cosa alguna, sino el Santíssimo Sacramento. Después de los seis años, alcançada licencia del Archimandrita, que era el que governava el monasterio, bolvió a Roma, trayendo siempre consigo un libro de los Evangelios que le avía dado su madre, con figuras muy elegantes y guarnecido de oro. Llegando a la ciudad, fuese a las casas de sus padres, y cerca dellas, en un rincón, hizo su assiento. Y el padre, sin conocerle, le embiava de su mesa algo que comiesse, y dezía:

-Grande es la paciencia deste pobre (pues cayendo sobre él agua y yelo, perseverava en semejante lugar). Por ocasión de estar donde está, espero que ha de hazer Dios bien a esta casa.

Salió della un día Teodora, su madre, y viéndole tan flaco y mal vestido, causóle pena grande su vista. Mandó a los criados que le echassen de allí, y aunque por fuerça le llevavan, tornávase a su puesto, y assí le dexaron. Habló con el mayordomo, a quien pidió licencia luego que allí vino para estar en aquel puesto, y díxole:

-Ruégote, señor, que pues usaste comigo los días passados de misericordia, aora la refresques, y me hagas aquí una choça para que pueda ser defendido de la elada y pluvia, y vuestra señora no me vea.

El mayordomo, que era hombre piadoso, hizo la choça, y hecha, vivía allí sirviendo al Señor, y su padre le embiava cada día de comer, de lo cual él dava la | mayor parte a pobres. Passados tres años, estava tan flaco que sus huessos se podían contar. Miró Dios sus grandes trabajos, hablóle en sueños, y díxole:

-Seas bendito, Juan, cuyo nombre te cuadra por aver imitado al que tuvo el mismo y fue virgen, el cual, dexando su hazienda y haziéndose pobre, me siguió; assí tú lo has hecho. Sabe que dentro de tres días tendrán fin tus penas y llevarás el premio merecido por la voluntaria pobreza que has guardado, y irás al descanso de los justos.

Despertó el santo varón y, començando a llorar, dixo:

-Doyte gracias, Señor, que, siendo tan indigno, quieres que vaya a la compañía de tus amigos. Suplícote que también te acuerdes de mis padres; ten misericordia dellos.

Vido al mayordomo, y díxole que hablasse de su parte a su señora (la cual ya se le mostrava favorable y le proveía en algunas necessidades) y le pidiesse de su parte que saliesse allí a le hablar, porque dentro de tres días sería su muerte, y le causaría desgusto después si no lo hiziesse. Ella vino donde su santo hijo estava. Hablóla él, diziendo:

-La causa de tu premio, que en hazerme limosna merecías, se acaba, porque yo me acabo. Y aunque pobre, quiero dexarte un don y joya de mucho precio. Mas primero quiero que me jures de que mi cuerpo procurarás sea sepultado en el hábito y lugar donde y como aora está, porque no soy digno de mejor sepulcro ni mortaja.

Ella lo juró, y él le puso en sus manos el libro de los Evangelios que ella misma le avía dado. Quiso Teodora reconocer el libro, y dixo:

-Semejante a éste es otro que yo di a Juan, mi hijo.

Fuese a Eutropio y mostrósele, y reconocido por ellos, vinieron los dos al sancto varón, y dixéronle:

-Por el nombre de la Sanctíssima Trinidad te pedi- mos /(412r)/ nos declares cómo oviste este libro, y si sabes dónde está Juan, nuestro hijo.

El siervo de Dios, no pudiendo contener las lágrimas, dixo:

-Yo soy Juan, vuestro hijo, y he sido causa de mucho desconsuelo vuestro. Este libro de los Evangelios es el que vós, señora, me distes. Y yo dexé el mundo y la parte que de sus bienes y riquezas me cabía porque desseava servir a mi Cristo y traer sobre mí su suave yugo.

Oyendo esto sus padres, derribáronse en su cuello, estando por muchas horas con él llorando. Llegó allí gente principal de la ciudad, traídos con la fama de tal acaecimiento, y todos les hazían compañía en su llanto. Y en medio de las lágrimas de sus padres, el siervo de Dios entregó su bendita alma a su Criador, quedando ellos con la mayor tristeza possible. La madre, olvidada de su juramento, quitóle aquellas vestiduras viles que tenía y vistióle otras de oro, mas luego quedó paralítica, sin poder menear algunos de sus miembros. Visto esto por Eutropio, dixo:

-Cúmplase la voluntad del siervo de Dios, nuestro hijo.

Y bolviéndole a poner sus pobres paños, fue sana la madre. Sepultáronle en la misma choça, y allí edificaron una iglesia, que enriquecieron con parte de su hazienda, y aviendo dado otra grande a pobres, passaron desta vida a la eterna. Es de Simeón Metafraste, y refiérelo Surio, tomo primero.
[12] Laurencio Justiniano, que después fue Patriarca de Venecia, siendo canónigo reglar en la iglesia de San George de Alga, y teniendo cargo de superior en el convento, estando ausente dél, encendióse fuego y quemóse el aposento donde tenían la provisión para todo su año. Cuando bolvió | a él, salieron los religiosos muy tristes a darle la nueva. Él, con rostro risueño, les dixo:

-¿De qué, hermanos, os afligís? ¿No hezistes voto de pobreza? Pues Dios sea bendito, que nos pone en ocasión de que cumplamos perfetamente semejante voto. Confiemos en Él, que Él nos proveerá.

Y assí fue, que no menos tuvieron aquel año que comer que los passados. Es de su Vida, escrita por Bernardo Justiniano, y refiérela Surio, tomo primero.
[13] Antígono, ciudadano de Florencia, distribuyó a pobres su hazienda, que era amplíssima, y quedó tan pobre que, en su muerte, de limosna se le dio sepultura. Es de Fulgoso, libro cuarto. En mi tiempo he visto, y siempre verá lo mismo el mundo, hijos de príncipes y señores de grandes estados, que los dexan y se hazen pobres, como de presente están en los sagrados órdenes de Santo Domingo, San Francisco, San Augustín, San Benedicto, y en los demás. Entre éstos, uno que puso admiración a toda la Cristiandad fue don Francisco de Borja y Aragón, duque de Gandía y marqués de Lombay, en cuyo claríssimo linaje no sólo ha avido reyes de corona, sino Summos Pontífices y Papas de Roma de grande nombre. Siendo su renta amplíssima, lo dexó todo y se entró religioso en la Compañía de Jesús, donde vivió con grande exemplo de vida, y fue electo Prepósito General della, que no poco la ilustró, assí con su persona, con su govierno y con su exemplo, sino con ser ocasión que otras personas de linaje entrassen en ella, y de presente se hallan, assí en ésta como en las demás, que viven en la guarda de los tres votos, siendo el uno de pobreza, por cuya ocasión se ha dicho esto. /(412v)/

EXEMPLOS ESTRANGEROS



[1] Lisandro Lacedemonio, capítán famoso y que hizo a Atenas sujeta a Lacedemonia, su patria, viniendo a morir no le hallaron una dracma o libra de plata. Tenía concertado de casar dos hijas, y visto por los hiernos su pobreza, querían dexarlas; mas la República les puso pena si las dexavan, y ayudándoles con alguna dote se efectuó el casamiento. Fue muy semejante a Lisandro Epaminondas Tebano, que mandava a Grecia en vida, y al tiempo de la muerte lo que hallaron en su casa de riquezas fue un assador de hierro sin otra cosa, y assí la República hizo la costa de su entierro. A los dos imitó en ser valiente y temido, y en ser pobre, Arístides Ateniense, que se quedara por enterrar si la República y Senado no le proveyera. Juntémosles otro: sea cuarto llamado Marco Valerio Levino. Fue cónsul de Roma, ganó a Corinto y enriquezió no sólo a Roma sino a toda Italia. Desta y de otras presas guardó para sí tan poco que, muriendo y dexando una hija, convino para que se casasse que el Senado se la dotasse. Dize todo esto Fulgoso, libro cuarto.
[2] Diógenes Cínico estava contento con una cuba que tenía por aposento, en que se defendía del calor y del frío bolviendo la boca della a la parte que le convenía. Tenía una hortera de palo con que bevía, y viendo a un labrador que bevía con la mano, quebró su hortera, teniéndola por superflua, pues naturaleza le avía proveído para aquella necessidad. Todo lo menospreciava, y juzgóle Alexandre por tan dichoso y feliz que dixo, oyéndolo muchos, que no siendo Alexandre ningún otro quisiera ser sino Dió- genes. | Refiérelo Sabélico, libro quarto.
[3] Cleantes, filósofo estoico, discípulo de Zenón, a quien sucedió en la escuela, era tan pobre al tiempo que estudiava que, por falta de papel en que se escrivía en su tiempo, se aprovechava de huessos de baca y de pedaços de jarros vedriados. Y para comer, se alquilava de noche y sacava agua de poços para regar los huertos de los atenienses. Y assí estava en continua guerra, peleando de día contra la ignorancia, y de noche contra la pobreza. Dízelo Guido, en el Libro de exemplos.
[4] Estando Escipión en España ganando ciudades y provincias para los romanos, escrivió una carta al Senado pidiendo que le embiassen sucessor, porque le convenía ir a Roma para casar una hija que tenía ya de edad competente para tomar estado, y conveníale buscar la dote. El Senado le respondió que entendiesse en la guerra hasta darle fin, que allá se tendría cuidado de casar su hija. Y assí lo hizieron, que con el parecer de la muger de Escipión y de algunos parientes la casaron, dando el Senado la dote, porque era tan pobre el padre que no tuvo con qué dotarla. Dízelo Valerio Máximo, libro cuarto.
[5] Atilio Régulo, capitán del exército romano en Africa contra los cartaginenses, alcançó dellos grandes victorias, por donde, cumpliéndose el tiempo que llevava para esta expedición, alargáronsele por otro año. Él escrivió una carta a los cónsules en que les dixo como en un pequeño campo y labrança, que era su hazienda, se avía muerto cierto labrador a cuyo cargo /(413r)/ quedó; por tanto, él les pedía que embiassen otro, pues faltando quien labrasse el campo, su muger y hijos no tendrían qué comer. Oído por los cónsules, maravillados de la pobreza de un tan insigne capitán, dieron orden en lo que pedía y proveyeron a los hijos y muger largamente el sustento. Dízelo Valerio Máximo, libro cuarto.
[6] Valerio Publícola fue tres vezes cónsul en Roma y tuvo otros cargos en que pudiera bien hazerse rico de bienes de mundo, y sólo pretendió buena fama, como la tuvo. Vino a morir, y la República pagó el entierro. Y déxase bien entender cuán pobre viviría el que muriendo no tuvo con qué dar sepultura a su cuerpo. Es de Valerio, libro cuarto.
[7] De edad de cincuenta años era Escipión, y no avía comprado ni vendido cosa en su vida, porque se contentava con poco. Mostráronle un día, para si le quería comprar, un escudo de armas fuerte y muy galano. Visto y revisto, dixo:

-El ciudadano romano más ha de poner su esperança en la mano diestra que en la siniestra.

Fue dezir: «Más cuidado ha de tener en herir que en defenderse». Dízelo Eliano, libro undécimo.
[8] Demócrito Abderites, filósofo, ninguna cosa posseyó sino su divino ingenio, o porque no lo quiso o porque no le convenía. Dízelo Sabélico, libro cuarto.
[9] Foción Ateniense, de tal manera amava la pobreza que, ofreciéndole Alexandre gran summa de oro, no quiso aceptarlo, diziendo que no tenía dello necessidad; por lo cual se puso en cuestión, y no faltavan filósofos que lo defendían, que era más liberal que Alexandre Foción, pues | menospreció su oro. A su muger le mostró una noble matrona del linaje jónico, dándose por su amiga, muchas joyas de oro, como collares, axorcas y otros ornatos semejantes. Ella le dixo:

-Yo no tengo, ni me preciara si las tuviera, semejantes joyas, sino de estar casada con Foción, que tantas vezes ha sido emperador en Atenas, y defendídola de sus enemigos y contrarios.

Es de Sabélico, libro cuarto.
[10] Aglao Sofidio, árcade y muy pobre, contentándose con un pequeño campo con que del fruto sustentava su casa, fue juzgado del oráculo de Apolo por más felice que Giges, rey de Lidia. Dízelo Guido, en el De exemplos.
[11] Sócrates Filósofo fue pobríssimo. Andava descalços sus pies, con un vestido pobre, menospreciando honras y estados de mundo, y, con esto, le dio el oráculo de Apolo por el más sabio de su tiempo. Dízelo también Guido.
[12] Anaxágoras Clazomenio, a los que seguían su filosofía dexó exemplo de pobreza. Solía dezir que con dificultad alguno podía ser muy virtuoso y muy rico. Tenía grande patrimonio, y hízose pobre de su voluntad. Es del mismo Guido, en el De exemplis.
[13] Mostrando una matrona capuana a Cornelia Romana, madre de los Gracos, muchos y muy preciosos ornamentos y vestidos de su persona, entretúvola en palabras hasta que sus hijos vinieron de la escuela, y, venidos, dixo:

-Éstos son mis vestidos y ornamentos.

Aunque también es verdad que todo lo tiene el que nada dessea, y con mayor propriedad, porque el dominio de los bienes del mundo falta y se trueca, y el menospreciarlo todo con la alma y desseo no teme golpes de fortuna contraria. Y de aquí /(413v)/ viene que es engaño hazer felicidad de las riquezas y poner en número de las mayores desdichas la falta dellas, como la abundancia de bienes de mundo tenga tantos contrarios y enemi- gos, | y la pobreza voluntaria, tantos y tan importantes provechos, lo cual mejor se declara con obras que con palabras. Es de Valerio Máximo el exemplo, libro cuarto.
Fin del Discurso de Pobreza. |

DISCURSO SESENTA Y CINCO. DE PREDICACION

Grande es la caridad del predicador evangélico, pues no pretende comunicar los bienes caducos y perecederos desta vida a los próximos, sino los eternos y perpetuos. Su oficio es enseñar a los ignorantes, animar a los tímidos, dar calor a los perezosos y exortar a todos en general que se exerciten en obras virtuosas y santas, con que se gana la Bienaventurança. En la Ley Vieja tuvieron oficio de predicar Moisés y Aarón. Embiólos Dios a sacar de poder de Faraón y de la sujeción de Egipto su pueblo, para que le sacrificasse en el desierto, y entrassen en la Tierra Prometida. A imitación de los dos, deve el predicador evangélico procurar que los pecadores hagan penitencia, y assí salgan de la esclavonía del demonio a la libertad de la vida santa y meritoria, donde, quitado el pensamiento de las cosas transitorias, le pongan en las que han de durar para siempre, de modo que la bienaventurança en que huvieren contemplado, procuren de ganarla con obras de justicia y de piedad. Es del Éxodo, capítulo quinto, y refiérelo Marco Marulo, libro tercero. Y desto trata- rá | el Discurso.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Reprehendía Zacarías, hijo de Yoyada, summo sacerdote, al rey Joas de Judá, por muchos vicios y pecados en que dio, siendo muerto el Yoyada, que le hizo rey y iva a la mano en lo malo que hazía. Por lo cual el rey, indignado, le mandó matar, y fue su muerte a pedradas dentro del templo donde predicava. Y refiérese en el Segundo del Paralipomenon , capítulo veinte y cuatro.
[2] El profeta Isaías, viéndose purgados los labios por un ángel con brasas tomadas del altar, como oyesse dezir a Dios: «¿A quién embiaré que predique?», ofrecióse de su gana, diziendo:

-Aquí estoy yo. Embiadme, Señor, a mí.

No se atreviera a tomar semejante oficio, sino por ver que le avían purificado los labios, que era limpiarle no sólo de obras malas, sino aun de palabras mal compuestas, pues deve carecer de vicio el que le reprehende en otro, para que provoque a la enmienda de la vida a los oyentes, no sólo con palabras, sino con buen exemplo, porque, como se dize en el capítulo veinte del Libro de los Proverbios: «Los labios del justo enseñan a muchos». Es de la Profecía de Isaías, capítulo sexto.
[3] Jeremías Profeta se escusava, con la edad temprana, que como niño no /(414r)/ sabía hablar, y con todo esso le mandó Dios que tomasse la mano y predicasse. Y assí dize en el principio de su Profecía, en persona de Dios, que le hablava: «Advierte que puse mis palabras en tu boca. Yo te he constituido sobre gentes y reinos, para que arranques la mala yerva y la destruyas, y para que edifiques y plantes». Si alguno es embiado de Dios a predicar, no tiene qué temer ni de qué desconfiar; todo se le dará a manos llenas, pues assistirá Dios con él. También se advierta que el estudio y diligencia del predicador evangélico ha de ser arrancar y destruir los vicios de los hombres, y plantar y edificar virtudes. Refiérelo Marulo, libro tercero.
[4] A Ezequiel dio Dios libre osadía para predicar, y assí le dixo, en el capítulo segundo:

-No temas sus palabras ni te espanten sus rostros si quieren estorvarte el predicar, pues Yo te mando que lo hagas. Ni sus rostros airados ni sus palabras amenazadoras sean parte para dexarlo.

Con esto, dize que le dieron para que se comiesse un libro escrito en lo interior y exterior, porque el que predica deve traer lo exterior de la escritura, que es historia, por exemplo a los oyentes, y el sentido interior místico, que está escondido en la letra, y esto cuando la ocasión lo pidiere, y haziéndolo assí, podrá dezir con Ezequiel: «Comí el libro, y tornóse en mi boca como dulce miel». Refiérelo Marco Marulo, libro tercero.
[5] Ni la pequeña edad impide el predicar a los que son inspirados del Cielo, como lo fue Daniel Profeta cuando condenó a los dos viejos, porque el Espíritu Santo aspira dondequiera, ni mide Dios los años para infundir sabiduría. Es de Daniel, capítulo treze, | y tráelo Marco Marulo.
[6] Jonás Profeta es embiado a predicar a Nínive y huye. Cuán inconsideradamente resistió a la voluntad divina, el caso lo demostró. Iva navegando, levántase tempestad, échanle en el mar, tragóle el pece, y, doliéndose de su culpa, fue libre, y por agradar al Señor entró en Nínive publicando su destruición. Los ninivitas, oídas las palabras del Profeta, hizieron penitencia, aplacaron a Dios, y quedó libre la ciudad. Y deste exemplo tenemos que es merecedor de ser castigado con castigo del Cielo el predicador que dissimula los pecados del pueblo cuando es embiado a predicar, como también lo es el negligente en enmendarse, siendo redargüido con verdad. No escusaran los ninivitas su destruición si las amenazas de Jonás tuvieran en poco. Es de Jonás, capítulo primero, y refiérelo Marulo.
[7] San Juan Baptista espejo puede llamarse de predicadores, pues mirándole y oyéndole verá el predicador evangélico lo que deve hazer y lo que deve dezir para cumplir con su oficio. Dize de sí que es «boz del que clama en el desierto», y tal ha de ser el predicador: boz que clame, no perro mudo, como llama a algunos predicadores Isaías. El perro está mudo si tiene pan en la boca; assi, el interesse haze mudos a algunos predicadores: dizen lo que deleita, y no lo que ha de doler. Es en el desierto, que denota en todo el mundo. También es boz de desierto porque no se ha de cansar, ni arrimar el oficio enfadado dél. Oíganle pocos o muchos, possible es que en el auditorio grande sea como tiro de arcabuz sin pelota, que espanta y no mata, que vaya cuanto dixo en humo sin provecho; y en el auditorio de menos gente /(414v)/ sea arcabuz con perdigones, que derribe bandas enteras de almas, convirtiéndolas a Dios, siendo assí que su Magestad no se desdeñó de predicar a sola una muger samaritana, y la convirtió. Predicava San Juan, y dezía:

-Generaciones de vívoras, ¿quién os enseñará a huir la ira de Dios que os amenaza?

Esso deve dezir el predicador; primero, reprehenda ásperamente los vicios, en especial a los que están en ellos obstinados. Dezía más San Juan:

-Hazed fruto digno de penitencia;

porque el predicador, aunque reprehenda con aspereza, ha de dar luego el remedio para que no desesperen, que es la penitencia. Dezía assí mismo el Baptista:

-Congregará Dios el trigo en el alholí, y la paja echará para el fuego.

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