De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[15] Del mismo Orden de Predicadores fue San Vicente Ferrer Valenciano, el cual valió tanto en toda España por su predicación que convirtió cinco mil judíos a la Fe. Y muchos dellos, por su ocasión, tomavan con el nombre proprio que les dava gusto y era su devoción, el sobrenombre de Vicente, llamándose Diego de San Vicente, Juan de San Vicente, &c. En Mauritania convirtió ocho mil moros sarracenos. En Granada, ciudad de España, que a la sazón era de moros, predicó con especial provecho dellos, hasta que por mandado del rey salió della. En Italia y en Francia predicó, nunca vencido del trabajo ni atemorizado del peligro, siempre procurando llevar almas al Cielo, diziendo con David en el Salmo cincuenta: «Enseñaré a los pecadores tus caminos, y los impíos y culpados se convertirán a Ti». Es de Pedro Rauzano en su Vida, y refiérelo Laurencio Surio, tomo segundo. El Padre Maestro fray Gaspar de Torres, Provincial del Orden de la Merced de Redempción de Captivos, en el Tratado de la Regla y Instituciones de aquel orden, que hizo docta y discretamente, en el libro segundo, capítulo quinze, dize que oyó a un hijo del que se halló presente en este caso, que, predicando en Salamanca San Vicente Ferrer, un día se entró por orden de cierto judío en una sinagoga, donde estavan muchos dellos juntos, y fue el año de mil y cuatrocientos y diez y ocho. Llevava /(418v)/ en sus manos una cruz. Rogóles que le oyessen. Predicóles, y estando en el sermón parecieron unas cruzes en los vestidos de los judíos, por lo cual, muy admirados, se convirtieron y baptizaron, y la sinagoga se hizo iglesia, y se llamó la Vera Cruz. Y añade lo que se ha tocado, que destos conversos tomavan muchos el sobrenombre de llamarse Vicentes.
[16] Equicio, abad en la ciudad de Valeria, después de averle un ángel limpiado y purificado la lengua, fue por él mandado ir a predicar. Passeó diversos lugares, llevando un libro de los Evangelios consigo, y un jumento. Fue acusado delante del Sumo Pontífice que predicava sin licencia suya, y sobre ello citado a Roma, y caminando allá tuvo el Pontífice un sueño que le espantó malamente, por lo cual le embió a dezir que no se cansasse en ir a su presencia, que passasse adelante con lo començado, por cuanto sabía que si no tenía licencia de los hombres para aquel oficio, Dios se la avía dado. Dízelo San Gregorio en el libro primero de los Diálogos, capítulo cuarto.
[17] Estéfano Anacoreta tenía fama de ignorante y rudo, porque si predicava en público dezía cosas llanas y manuales, aunque provechosas. Residía en el hiermo Mereótide, y como fuessen a comunicar con él de diversas partes algunas personas negocios delicados de la Escritura Santa, bolvían satisfechos y contentíssimos, porque tenía delicado entendimiento y descubría secretos maravillosos della, siendo este secreto del Cielo, que no parecía saber mucho para sí y sabíalo para otros. Si hablava, era juzgado por ignorante, y si le preguntavan, por sapientíssimo. Es de la Histo- ria | Tripartita, libro octavo, capítulo primero.
[18] El padre de los Menores y Seráfico Patriarca San Francisco también quiso cumplir el precepto de Cristo que dize: «Id por el Mundo Universo y predicad el Evangelio a toda criatura». Predicó de tal suerte a los hombres que pobló el mundo de monasterios. Predicó a las aves, y estavan dóciles y atentas a oírle. A los hombres amonestó que viviessen piadosa y religiosamente, a las aves, que alabassen a su Criador, por cuyo beneficio tenían alas para bolar, bozes para cantar, fruto de la tierra sin trabajo de sembrarlo ni cogerlo para su sustento. ¡Con qué afecto devía enseñar a los que eran promptos para gozar la Bienaventurança, pues a los irracionales no dexó de les amonestar todo lo que convenía! Predicando el mismo San Francisco en una villa llamada Gallinaria, haziendo grande ruido con su canto las golondrinas, mandólas tener silencio, y no fue oída alguna en todo lo demás del sermón. ¿Quién pondrá en duda que hablava en él el Espíritu Santo, pues las bestias, fuera de su uso, entendieron lo que les dixo y obedecieron lo que les mandó? Es de San Buenaventura, en la Vida de San Francisco, capítulo doze.
[19] Fray Martín Ruiz, del Orden del mismo San Francisco, residiendo en Toledo por los años de Cristo de mil y trezientos y sesenta, iva a predicar un día a cierto lugar llamado la Puebla de Montalbán, y aviendo de passar el río que llaman Guadarrama, llegando a él, hallóse confuso por ir muy crecido y no poder passarle a pie. Vido andar un macho, passiendo por la ribera; parecióle manso y conveniente para poder passar en él el vado (el cual era demonio en aquella /(419r)/ figura, que pretendía ahogar en el río al siervo de Dios), y subiendo en él con otro fraile que le acompañava, el macho, con ímpetu acelerado, corrió a donde la agua iva más honda y rezia para los ahogar. Mas el siervo de Dios, conociendo por espíritu del Cielo que era demonio, quitóse la cuerda que llevava ceñida, y hizo como freno della, poniéndosele al macho por el cuello, y assí passó muy seguro. Y cumplido a lo que iva, bolvió a su monasterio de Toledo con el demonio en aquella figura de macho, y túvole siempre ligado y preso, con la cuerda del orden, y hazíale servir en las obras del convento y traer muy grandes y pesadas piedras, con las cuales se hizieron muchas obras en la iglesia. Passado algún tiempo, estando predicando un día este bendito varón en la Iglesia Parroquial de San Miguel, de la misma ciudad, vinieron al convento | dos frailes huéspedes, y era donde es de presente el monasterio de la Concepción, y entrando en la cavalleriza, hallaron el macho echado en tierra, tan apretado por el cuello con la cuerda y bufando, que pensaron que se ahogava, según él lo fingía; y no sabiendo que fuesse demonio, porque también en la casa se ignorava, queriendo escusar que no se ahogasse, y también por parecerles mal que con la cuerda de la religión estuviesse el macho atado, desatáronsela, y como él se vido suelto, huyó y desapareció con grande ruido. Y el bendito fraile fray Martín, que a la sazón estava predicando, dixo en el púlpito:

-Alguno desató aora el macho del convento y huyó el diablo.

Por donde vino a entenderse todo el caso. Véase su Vida en la Tercera Parte del Flos Sanctorum.
Fin del Discurso de Predicación. |

DISCURSO SESENTA Y SEIS. DE PRODIGIOS

Sucede algunas vezes dezirse palabras o hazerse cosas que denotan lo que está por venir. Entre gentiles, que hazían mucho caso desto, de ordinario eran negocios del demonio, que por indirectas y premissas a las vezes adevina lo por venir, sin que de cierto él lo sepa y entienda, porque a sólo Dios es dado, y assí algunas vezes acertava, otras, mentía, y de las que mentía no | se acordavan, o luego se olvidavan; de las que acertava tenían grande cuenta, y ganava por aquí mucho crédito en sus ídolos y oráculos, por donde traía la gente dementada y loca. En los católicos también a las vezes ordena Dios que se vean cosas prodigiosas, sucediendo después castigos y graves males, y es a fin que se enmienden y conviertan a él. De lo uno y de lo otro pondremos algunos exemplos.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Jonatás, hijo de Saúl, rey de Israel, estando en campo con su padre contra los filisteos, tenían su assiento /(419v)/ los enemigos en lo alto de un monte, y los católicos, abaxo en el valle. El príncipe, que era animoso, dixo a un soldado que le servía de paje de lança:

-Passemos los dos al exército contrario y hagamos algún hecho señalado en favor de nuestro pueblo y gente, que tan fácil cosa es a Dios dar victoria por mano de pocos como de muchos.

El paje le dixo:

-Haz, señor, lo que te diere gusto, que yo te seguiré.

Començó Jonatás a subir la cuesta, que era difícil, con su criado, y visto de los filisteos que estavan en lo alto, dixéronles como por menosprecio e ironía:

-Subid a donde estamos y veréis lo que passa.

Oída esta palabra, que la tomó Jonatás por buen prodigio, dixo a su paje:

-Subamos sin temor, que el Señor nos los dará rendidos.

Y assí fue, que subidos en lo alto començaron a matar en los enemigos. Levantóse gran ruido. Cargó allí gente del real. Oyólo Saúl de la otra parte, llegó con sus gentes, y fácilmente los vencieron. Jonatás era siervo de Dios, y quiso su Magestad con aquella palabra animarle para que hiriesse en sus enemigos, y se alcançasse dellos victoria. Es del Primero Libro de los Reyes, capítulo catorze.
[2] Poco antes que Antíoco Epifanes, rey de Siria, se apoderasse de Jerusalem, cuando robó el templo y puso a los judíos en grandes trabajos y males, por espacio de cuarenta días se vieron discurrir por el aire cavalleros armados con armas doradas y lanças en cuadrillas. Parecía que peleavan unos con otros, oíanse los golpes que se davan en los escudos y yelmos, veíanse espadas desnudas y el resplandor de los arneses y yelmos dorados, | y al fin, allí se demostravan todo género de armas, teniendo confusos a los míseros ciudadanos, que al cabo desta amenaça del Cielo padecieron robos, fuerças, muertes y destruición de su ciudad y templo. Refiérese en el Segundo de los Macabeos, capítulo quinto.
[3] Caifás, pontífice de los judíos, estando en cabildo sobre los hechos admirables de Cristo, Redemptor Nuestro, que andava predicando y haziendo milagros entre ellos, después de aver muchos dado su parecer, él dixo:

-Vosotros no sabéis ni advertís lo cierto en este caso, pues yo digo que conviene que muera un hombre por el pueblo, y no todos perezcan.

Su intento era dezir que convenía que muriesse Cristo, porque en otra manera el pueblo le seguiría y levantaría por su rey, y daría ocasión a los romanos que como a rebeldes viniessen contra ellos y los assolassen. Y el Evangelista San Juan, que escrive esto en el capítulo onze, dize que era pontífice, y fue profecía la que dixo, que convenía que Cristo muriesse para remedio del mundo, pues con su muerte, los que quieren della aprovecharse, siguiendo las reglas de su Evangelio, teniendo fe y obras, se salvan. El título también que puso Pilato en la Cruz de Cristo, llamándole Rey de los Judíos, fue de parte suya para irrisión, pues, siendo gentil, quiso por menosprecio de aquella gente dezir que a su rey ponía en un palo, y el Espíritu Santo aprovechóse de aquel enemigo suyo y sacó de allí la verdad de que Cristo era Rey, y ni sólo de aquel pueblo, sino de los Cielos y Tierra. Refiérelo el mismo San Juan, capítulo diez y nueve.

Lo dicho es de la Divina Escritura. /(420r)/

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Teniendo el cetro del imperio Juliano Apóstata, dio licencia a los judíos para que edificassen el templo de Jerusalem, a costa del común y proprios de la misma ciudad. Començóse la obra, y púsose un día a mirarla San Cirilo, Patriarca Jerosolimitano, varón santo, y dixo a muchos que estavan presentes:

-El profeta Daniel profetizó deste templo, y Cristo lo confirmó en su Evangelio, que no avía de quedar en él piedra sobre piedra. Dense prissa los judíos a su obra, que presto verán como cumple Dios su palabra.

Esto dixo Cirilo, y la noche siguiente vino un grande terremoto que derribó todo cuanto avían edificado, levantó las piedras que estavan puestas por fundamento y esparciólas por diversas partes. Juntáronse muchos de los judíos a ver este misterio, y en su presencia cayó fuego del Cielo, como afirma San Juan Crisóstomo en la Homilia cuarta sobre San Mateo , que abrasó y consumió los instrumentos de los artífices y maestros que andavan en la obra. La noche siguiente aparecieron unas cruzes de resplandor en los vestidos de los judíos, que por más que trabajavan de quitarlas de sí, no podían. Todo esto se siguió a una palabra que habló como profecía San Cirilo. Antes desto, siendo Patriarca el mismo San Cirilo, apareció el día de Pentecostés a hora de tercia en el Monte Calvario una cruz de fuego, que echava de sí rayos y resplandecía más que el sol. Era grandíssima, tanto que llegava desde Gólgota hasta el monte Olivete. Fueron de diversas partes a ver esta maravilla, y los católicos se confirmavan, y los paganos, assí judíos como gentiles, dexada su ceguedad y error, se convertían, confessando por Dios a Cristo Crucificado. Es- crivió | el santo Patriarca Cirilo una carta al emperador Constancio, en que le dio cuenta deste maravilloso caso. Refiere lo dicho Nizéforo Calixto, libro décimo, capítulo treinta y tres.


[2] Visitava su obispado de Ferentino Redempto, varón de vida santíssima, y estando una noche aposentado en la iglesia de San Euticio Mártir, quiso dormir junto al sepulcro, por entretenerse en oración la mayor parte de la noche. Y al medio della, ni estando del todo despierto ni enteramente dormido, parecióle que se levantava del sepulcro el santo mártir Euticio y, puesto en pie junto a él, le dixo:

-¿Estás despierto, Redempto?

Respondióle:

-Despierto estoy.

Replicó el santo:

-El fin viene de toda carne.

Y repitiólo tres vezes, y con esto desapareció. Redempto quedó afligidíssimo de oír esto, hizo prolixa oración pidiendo a Dios misericordia para sí y para su pueblo. Dize esto San Gregorio en el libro tercero de sus Diálogos, capítulo treinta y ocho. Y añade que se siguieron luego grandes prodigios y portentos, porque se vieron por el aire passar exércitos de hombres con lanças. Eran todos de fuego, y venían de la parte del Septentrión, y denotó la venida a Italia de aquella parte de los longobardos que fueron de veras fuego, para que lo más de la gente de aquella provincia pereciesse, porque quedaron destruidas y asoladas villas, quemadas iglesias, derribados monasterios, los campos abrasados, muertos los hombres, y la tierra se vido de sus moradores hierma y sola, sucediendo en su lugar bestias.
[3] Un hombre amigo de prodigios y supersticiones tratava de entrar en re- ligión, /(420v)/ y quiso primero consultar un agorero, para que le dixesse cuántos años le quedavan de vida. Pagóselo bien, y el otro, consultando al demonio, diole respuesta en esta forma:

-Saldrás -dize- mañana al campo, y oirás cantar un cuclillo. Irás contando las vezes que repitiere su canto de «cu, cu», y tantos años entiende que te quedan de vida.

Salió al campo, cantó el cuclillo, contó las vezes que repitió «cu, cu», y llegó hasta veinte y dos. Quedó muy contento, creyendo que tantos años le quedavan de vida. Consideró en sí:

-¿Pues a qué propósito quiero aora ponerme en cuidados de monge? Mejor será que de veinte y dos años que me quedan, los veinte me dé buena vida y me huelgue, que los dos bastará que haga penitencia.

Como lo dixo, lo puso por obra. Dio en grandes pecados, ninguna cosa que le diesse gusto y contento dexava de hazer. En semejante vida se ocupó dos años, y al fin dellos le dio de repente un mal, con que se cayó muerto. De manera que se trocó el juego que en su imaginación avía compuesto: los dos años que entendió que haría penitencia gastólos en pecar, y los viente años en que se tenía de holgar, faltáronle de la vida. Refiérese lo dicho en el Promptuario.
[8] En la ciudad de Meidenburgo, en Saxonia, vivió vida escandalosa y malíssima cierta persona que tenía oficio público. Murió mal, y fue revelado a diversas personas que su alma padecía terribles tormentos en el Infierno. Por lo cual, de consejo de muchos, fue quemado su cuerpo, y echadas sus cenizas en el río Albis, donde sucedió un prodigio estraño, que los peces huyeron al mar Océano, y por mucho tiempo no se vido uno ni más en aquel río, hasta que por ayunos y oraciones de las ciu- dades | y pueblos de su ribera bovieron a él. Lo dicho, y mucho más de su mala vida, de su estado y nombre, con la mala muerte que murió, véase en el Promptuario de exemplo, verbo prelati, número ciento y veinte y tres, que por no escandalizar ni atormentar las orejas piadosas lo dexo en silencio.
[9] Siendo emperador de Roma Valentiniano, y prefecto en la ciudad Probo, embió a San Ambrosio, que estava a la sazón en hábito seglar, a Milán, para que tuviesse cargo de la administración de la justicia, y díxole:

-Mirad, señor Ambrosio, que vais a este cargo, y que os ayáis en él, no como juez, sino como obispo.

Quísole dezir en estas palabras que en aquella administración no se mostrasse riguroso, como suelen ser los juezes, sino manso y piadoso, como es razón que lo sean los obispos. Y verificóse de la manera que las palabras sonaron, porque, estando administrando aquel cargo en Milán, por muerte del que a la sazón era arçobispo fue electo en aquella dignidad, y quedó arçobispo, con singular contento del emperador, que fuessen tales los ministros que embiava para el govierno seglar que mereciessen ser levantados al eclesiástico. Refiérese en la Vida de San Ambrosio.
[10] San Augustín andava con mil ansias mortales al tiempo que tratava su conversión con San Ambrosio, y oyó un día de cierta casa junto a la suya una boz que dixo, repitiéndolo algunas vezes:

-Toma esse libro y lee.



Halló junto consigo uno de las Epístolas de San Pablo . Abrióle y leyó un testimonio del Apóstol, que dize, hablando con los Romanos: «No os exercitéis en bevidas demasiadas, no en deshonestidades ni en contiendas, sino vestíos a Jesucristo». Parecióle que esto se le /(421r)/ dezía a él, y luego dio orden en su conversión y Baptismo. Refiérelo Fulgoso, libro primero.
[11] En la cuna estava San Ambrosio, y se vido en su boca, y alrededor de sí, un exambre de avejas, siendo prodigio que dio a entender la dulçura de sus palabras enseñando y el rigor de sus obras castigando. Y siendo obispo, y estando escriviendo sobre el Salmo cuarenta y cuatro de David, se vido alrededor de su cabeça una grande llama, para denotar el fuego divino que abrasava su coraçón, y desseo encendido de abrasar almas en el amor de Dios. Refiérelo Fulgoso.
[12] Estando ungiendo por rey de los godos a Bamba en la Santa Iglesia de Toledo, vídose salir del óleo con que le ungían un vapor claro y resplandeciente, y subir a lo alto, y salió de su cabeça luego una llama que siguió el vapor hasta subir al Cielo, y denotó esto su bondad y sinceridad en el govierno y administración de su reino. Es de Historias de España, y refiérelo Fulgoso.
[13] Siendo Pontífice Romano Juan Duodécimo, y emperador Otón Primero, aparecieron en Italia, en los vestidos de los hombres, unas cruzes vermejas, y cayó del Cielo una piedra grandíssima. Siguiéronse a esto muchas guerras y trabajos. Y en el año de mil y cuatrocientos y noventa y dos, en la ribera del río Rhin, en Alemania, cerca de un pueblo dicho Ensheym, en veinte y seis días de noviembre, cayó del Cielo una piedra de forma triangular, y de peso de trezientas libras; murió luego el emperador Frederico. Dízelo Fulgoso.
[14] En Francia, en la ciudad Leodiense, nació un puerco con cabeça de hombre, y siguióse luego la escisma entre Calixto Segundo y Burdino. Y en el año de mil y trezientos y quinze, en el campo | de Verona, nació un cavallo con cabeça humana. Dízelo Fulgoso, libro I.
[15] Cerca desta misma ciudad Leodiense, en cierto campo, se vieron un día muchos cuervos, que dieron en el nido de un falcón, quebráronle los huevos y hiziéronle ir de allí. Bolvió otro día el falcón con otros muchos de su género, acometieron a los cuerbos y, peleando unos con otros, al cabo, todos los cuerbos quedaron muertos. Y en el mismo lugar donde sucedió esto, poco después, sobre eligir obispo en aquella ciudad de Leodio, vinieron a las manos, y favoreciéndose los unos de Juan, duque de Baviera, vencieron a los otros, sus contrarios, quedando muertas treinta mil personas. Fue esto poco antes del Concilio Constanciense. Dízelo Fulgoso.
[16] En el año de mil y dozientos y diez y ocho, en Alemania, junto a la ciudad de Colonia, en un campo llamado Ledón, aparecieron en el Cielo tres cruzes de color blanco, y en la de en medio estava la imagen de Jesucristo Crucificado. Dízelo Fulgoso, libro primero.
[17] En el Peloponeso, no lexos de la isla llamada Sapiencia, se halló un día la armada veneciana, sobre la cual andavan grande copia de cuerbos, peleando unos con otros. Y fue de suerte que cayó sangre y plumas de los vencidos. Y el día siguiente la acometió Pagán de Oria Ginovés con la armada de Génova, porque las dos señorías traían entre sí guerra, y la veneciana, en que avía treinta y seis galeras mayores, y veinte y dos menores, con su capitán Nicolao Pisano, fue vencida y presa del Genovés, muriendo de los venecianos cinco mil personas. Dízelo Fulgoso, libro primero.
[18] En el año de novecientos y treinta y tres, teniendo el imperio de Ale- mania /(421v)/ Henrico, padre de Otón el Primero, en la ciudad de Génova, en un barrio que a la sazón se llamava Fontículo, y después Bordigoto, cerca del fuerte del puerto, por todo un día manó sangre de una fuente. Siguióse luego que cercaron la ciudad moros sarracenos de Africa, y entráronla por fuerça, y hizieron robos, fuerças y muertes, de suerte que corría sangre por las calles, como avía corrido de la fuente. Y lo que causó más lástima y mayor pena a los que con las vidas quedaron fue ver llevar a las mugeres, matronas y donzellas, captivas a Africa, con daño de sus honras e infamia de sus vidas. Dízelo Fulgoso, libro I.
[19] En una refriega que tuvieron los ginoveses por el mar, siendo capitán de su armada Blasio Axareto, con el rey de Aragón y Sicilia don Alonso, quedó el rey preso, y su hermano, el infante don Juan, y el rey de Navarra. A la sazón reconocían los ginoveses señorío a Filipe, duque de Milán, y assí le llevaron los presos, y él les dio libertad, con grande quebranto de los ginoveses, por lo cual se rebelaron contra él y le quitaron la obediencia. Señalaron cabeça en su república, que tuviesse el mando y señorío sobre todos, y fue éste Baptista Fulgoso, que escrivió con mucha verdad y brevedad un libro en su lengua propria de exemplos, y de que en éste se alegan muchos. Luego que tuvo este cargo, cayó un rayo, y dio en una torre llamada Faro, donde estavan las insignias y armas de los Fulgosos o Fragosos. Derribólas, y sin tocar en otra parte, dexó hechas tres ventanas en la muralla, y fueron prodigio de que tres años solamente tuvo aquella dignidad, y después la perdió, y vino a padecer grandes trabajos e infortunios. Escrívelo el mismo Ful- goso, | libro primero.
[20] En Florencia cayó un rayo, y dio en la torre de Santa Reparata, y derribó de lo alto una piedra grandíssima, sin hazer otro daño. El día siguiente murió Lorenço de Medicis, que era la fortaleza y reparo de aquella ciudad. Vino luego sobre ella Carlos Octavo, rey de Francia, y dexó la república de Florencia desgaxada, porque les quitó las ciudades de Pisa, Piedra Santa y Sergiana, de que antes era señora. Es de Fulgoso.
[21] En el año de mil y cuatrocientos y noventa y cuatro el rey de Francia, Carlos Octavo, passó a Italia, y llegó al reino de Nápoles, del cual se hizo señor con poco trabajo, aunque le gozó poco tiempo. Este año llovió en la Galia Cisalpina maná, que puede llamarse miel celestial. Hallávanla en los ramos de los árboles, y sirvió de medicina para cuerpos humanos. Y al mismo tiempo, o poco antes, se descubrió una nueva enfermedad, a la cual, ni los médicos le sabían nombre, ni le hallavan remedio. En Francia le llamavan «mal napolitano», y en Italia, «mal francés», por parecerles a los unos que los otros les avían pegado aquella desventura. Lo más cierto es que vino de Indias, porque a este tiempo se descubrieron, y es harto indicio que se trae de allá el palo que llaman «santo», con que se cura. Pusieron nombre a este mal nuevo y llamáronle «bubas», y anda de suerte que todos le conocen, porque, o le han visto dentro de casa, o del vezino. El ordinario de passar de un cuerpo a otro al principio era por acto deshonesto, que si un hombre estava tocado dél, y tratava deshonestamente con diez mugeres, a las nueve dexava puestas del lodo, y si muger tenía este mal, por maravilla se le escapava hom- bre /(422r)/ que la tratasse, de modo que en poco tiempo se estendió por medio mundo. Dízelo Baptista Fulgoso.
[22] Siendo señor de Milán un poco de tiempo el rey Francisco de Francia, cayó un rayo del Cielo sobre una torre de la puerta del castillo de Milán, adonde estava la munición de la pólvora, y abriendo la muralla la violencia del fuego, destruyó de fundamento la torre y muralla; cayeron piedras della de desmesurada grandeza. Muchas armas y blasones de los duques passados bolaron por el aire, y de dozientas personas que estavan en el castilo, no quedaron doze con vida. Fue esto el año de mil y quinientos y veinte y uno. Desde a poco perdió el rey de Francia aquel estado. Dízelo Hierónimo Garimberto, obispo galese, en el libro que hizo De varios sucessos.
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