De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[23] El mismo autor, y en el mismo libro, dize que en casa del cardenal de Médicis parió una mula, y desde a poco fue hecho Papa y llamado Clemente Séptimo, y en principio de su papado se vieron cosas prodigiosas en Italia. En Roma andavan ciertos hombres vestidos de sayal. Teníanlos por locos, viéndolos que andavan dando bozes por las calles, persuadiendo al pueblo a penitencia, amenazando de aquel grave mal que sucedió luego, del saco de Roma. Y porque se hizieron sordos, descargóse el açote en ellos.
[24] Cistierno, rey de Suecia y Gocia, mandó por edicto público que todas las ballestas de su reino fuessen quemadas, por escusar muertes que sucedían. Púsose esto en execución, y fue tanta la multitud de fieras que cargó sobre la gente que no se podía vivir. Hizieron ballestas en grande número, y desenterraron otras que tenían escondidas, y con esto se defendían de seme- jante | plaga prodigiosa. Los ministros de justicia del rey querían castigarlos; juntáronse cuarenta mil hombres, y echaron al rey y a sus oficiales del reino, diziendo que si se recelava de las ballestas, que apartasse de sí lisonjeros y mala gente, que nadie sería contra él. Dízelo Holao Magno en su Historia Septentrional. Este mismo autor, en el libro veinte y uno, capítulo veinte y nueve, dize que los septentrionales, cuando quieren casar alguna hija, pruevan al hierno en que juegue al axedrez, en el cual juego cada uno descubre quién es, si colérico, si mal acondicionado, si maldiciente, si sufridor de trabajos, si discreto, si bocinglero. Y cuadra esto con lo que dize Platón, libro De legibus, que en el juego se conoce uno quién es, si noble, si villano, si pródigo y si deshonesto.
[25] Alexandre de Alexandro, en el libro tercero, capítulo quinze, escrive que poco antes que se perdiesse Constantinopla, en Como, ciudad de Lombardía, un día por la tarde se vido passar por el aire, lo primero, una multitud de perros, luego, un grande carruaje y aparato de guerra, después, infantería, armados a la ligera, luego, cavallería en escuadras. Duró este exército en passar seis horas. Al cabo de todo iva un terrible hombre, de grande estatura, en un valiente cavallo, mostrando ser el capitán de aquel exército. Fueron vistas otras muchas cosas prodigiosas por el aire, hasta que vino la noche.
[26] A la ciudad de Harlem, que es en Holandia, en el año de mil y cuatrocientos y tres, fue traída una muger marina desnuda y muda, hallada en cierto lago de aquella provincia de Holandia, donde la echó la tempestad del mar. Vistiéronla y enseñáronla a /(422v)/ comer pan, leche y otras cosas. Después aprendió a hilar, y a hazer haziendas de casa. Reverenciava la Cruz, y imitava en cosas de devoción a su ama. Vivió muchos años, y siempre muda. Dízelo Mejero en los Anales de Holandia, y refiérelo Ludovico Guicciardino en la Descripción de Flandes. Afirma también que después desto, en el mar de Frisia, fue preso un hombre marino, de la misma traça y talle que nosotros. Tenía barbas y cabellos, aunque duros y ásperos. Enseñóse a comer pan y otras cosas. Al principio era muy salvaje y bruto, aunque después se hizo doméstico. Nunca habló, vivió muchos años, y fue herido de peste, y sanó una vez; diole otra, y murió. Afirmaron esto a Guicciardino muchas personas que le vieron. También en los mismos Anales de Holandia se dize que el año de mil y quinientos y treinta y uno fue preso en el mar de Noruega, y traído a la ciudad de Elepoch, un otro hombre marino, el cual parecía obispo, vestido de pontifical. Lleváronsele al rey de Polonia, y mostrávase feroz, sin hablar ni querer comer. Dava grandes gemidos, y al cabo de tres días se murió.
[27] Año de mil y cuatrocientos y nueve, a nueve días del mes de Noviembre, a dos horas de la noche, en Sicilia se movía un terrible terremoto en Mongibel, y lançó de sí tanto fuego, con tan grande llama, que en la ciudad de Catania parecía ser día claro. Dende a poco espacio pareció cubrirse el monte de una nuve escuríssima, y no se vido más fuego. La noche siguien- te | vino otro terremoto, y se vieron cinco bocas de fuego a dos millas, sobre San Nicolás de la Reina y, con terrible ruido, no cessaron por doze días continuos de echar de sí un fuego espantoso de açufre y salitre. Lançava grandes piedras como truenos, y salían destas bocas como arroyos de fuego, que ciñeron el lugar de San Nicolás y abrasaron las vegas, y todas las viñas y jardines que estavan en lo llano. Y si no fuera por el gran valor de la reina doña Blanca, muger del rey don Martín, que quedó por lugarteniente general de aquel reino en ausencia del rey, su marido, que estava sobre Cerdeña, que no quiso salir de Catania ni desampararla, quedara despoblada y perdida. Mandó hazer processión con el cuerpo de Santa Agata alrededor de la ciudad, y cesó luego la tempestad, que fue de las espantosas y terribles que se tenía noticia, porque, de sola la ceniza que salía de aquel monte, estuvo en peligro de perderse la ciudad de Mecina y algunos lugares de Calabria, a donde la echava el viento. Dízelo Hierónimo Çurita en los Anales de Aragón, en la Vida del rey don Martín.
[28] En el año de mil y quinientos y treinta y uno, en las provincias de Holandia y Zelandia, cerca de Flandes, salió el mar de madre, y ahogó muchos lugares, y entre ellos tres grandes ciudades, llamadas Bucha, Harles y Exclusa, cuyas torres y edificios se veían después desde la ribera que estavan dentro del agua. Dízelo el autor de la Historia Pontifical. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Passava Xerxes, rey de Persia, a Grecia con un innumerable exército de gente para destruirla, y en pre- sencia | de todo él parió una yegua una liebre. Tuviéronla por mal agüero y declarólo lo que después sucedió, que los /(423r)/ más de los persas fueron muertos y su rey, con los que se libraron, bolvieron huyendo. Dízelo Valerio Máximo, libro primero.
[2] A Midas, siendo niño y estando durmiendo fue visto que hormigas llevavan granos de trigo y se los ponían dentro de la boca. Y a Platón, también niño y durmiendo, fue visto que avejas entravan en su boca y se la rociavan con miel. Fue prodigio que Platón tuvo dulcíssima doctrina y Midas fue cobdiciosíssimo de riquezas. Refiérelo Valerio Máximo, libro primero.

[3] San Augustín, en el libro segundo de sus Retractaciones, capítulo sesenta y dos, y Contra Juliano, libro segundo, escrive de un rey de Chipre, que siendo feíssimo, su muger parió un hermoso hijo, por tener imágenes hermosíssimas en su aposento. Quintiliano defendió en Roma a una matrona que era acusada de adulterio porque parió un negrillo, y su defensa fue porque tenía pintado otro en su aposento. Y San Hierónimo cuenta lo mismo de Hipócrates Médico, que defendió a otra que parió un hijo hermosíssimo, diferente de sus padres. También afirma San Hierónimo de otra muger, que, teniendo consigo de noche un mochacho de diez años, remaneció después preñada. Todos estos exemplos, por ser de cosas extraordiarias, se ponen en este Discruso de Prodigios, y pueden ser de provecho.


[4] Poco antes que los judíos fuessen destruidos por Tito y Vespasiano | apareció sobre la ciudad de Jerusalem un cometa que tenía forma y figura de espada, y algunas vezes de noche, sin que persona humana lo hiziesse, las puertas del templo se abrían y se oía a bozes que dezían: «Vámonos, vámonos de aquí»; y sonava ruido de armas. Y en el día de la Pascua, llevando a sacrificar una ternera junto al altar, parió. Es de Josefo, y refiérelo Fulgoso.
[5] Julio César, primer emperador romano, fue muerto dentro del Senado por algunos conjurados, a cuya muerte, porque fue ocasión de otras muchas, precedieron muchos prodigios, y entre otros fue uno que, hiriendo cierto labrador a los bueyes con que arava para que anduviessen, bolvió el uno, y en boz humana le dixo:

-En vano me hieres, porque más falta abrá de hombres que de trigo.

Es de Eutropio y de Eusebio, y refiérelo Fulgoso.
[6] Paulo Emilio, capitán romano, siendo señalado para ir contra el rey Perseo, que era formidable y dudoso enemigo para Roma, entrando con la conducta en su casa, vido llorar una hija suya de poca edad llamada Tercia. Juntóla a su rostro y acallóla. Preguntóle por qué llorava y dixo:

-Es muerta Persea, mi perrita.

Tornó a abraçarla y besarla el padre, diziendo:

-En buena hora, hija, os oiga ya essa palabra, que della tomo buen agüero, que tengo de vencer al rey Perseo, enemigo de romanos.

Y assí sucedió. Es de Valerio Máximo, libro primero.
Fin del Discurso de Prodigios. |

DISCURSO SESENTA Y SIETE. DEL PURGATORIO

Por medios que puso Joab con David para que perdonasse a Absalón, su hijo, la muerte de Amón, su hermano, según | parece en el capítulo catorze del Segundo Libro de los Reyes, vino en perdonarle. Mas fue con condición que no avía de ver su rostro, ni parecer en su pre- sencia /(423v)/ por algún tiempo. Y es figura esto de que Dios, Nuestro Señor, suele, y de ordinario lo haze assí, perdonar al pecador que le ofendió sus ofensas por su Confessión Sacramental y Penitencia, cuanto a las culpas, mas queda parte de las penas devidas por las mismas culpas en pie, en tanto que se paga y satisfaze, o en esta vida, con obras satisfatorias, o después de muerte, en Purgatorio. De manera que no vee Absalón el rostro de David, su padre, por algún tiempo, esto es, que no vee el que assí ofendió a Dios su rostro hasta que purgó del todo sus deudas, satisfaciendo por ellas enteramente, o en esta vida, o en la otra, en el Purgatorio. De lo cual se verán algunos exemplos en este Discurso.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]



[1] En el Segundo Libro de los Macabeos , en el capítulo doze, cuenta la Divina Escritura que, aviendo alcançado el fortíssimo Judas Macabeo grandes victorias de los gentiles que hazían guerra a su gente y nación, en una batalla fueron muertos algunos judíos de su parte, de cuyos cuerpos, teniendo cuidado que fuessen llevados a sepultar en las sepulturas de sus mayores, halláronles debaxo de sus túnicas y vestido algunas joyas que los gentiles ofrecían a sus ídolos, lo cual, por el capítulo séptimo del Deuteronomio , les era vedado. Y assí, por castigo deste pecado, dize allí la Escritura Santa que fue manifiesto a todos aver querido Dios que fuessen muertos. Lo cual advertido por Judas Macabeo, doliéndose de las almas de aquéllos, quiso de la manera que fuesse possible favorecerles y ayudarles, y assí recogió doze mil dracmas de plata, que eran como otras tantas reales, y embiólos a Jerusalem para que fuessen ofrecidos en el templo por ellos. Advierte Nicolao de Lira sobre este lugar que, | aunque avían éstos pecado gravemente en tener consigo aquellas joyas contra lo que Dios mandava, mas que, viéndose morir, tuvieron dolor y arrepentimiento deste pecado, y assí como fuesse aquel dolor calificado y de quilates, perdonávaseles la culpa y parte de la pena, y por lo restante, y por otras deudas, si tenían sus almas yendo a Purgatorio, hizo Judas aquella ofrenda y sacrificio por ellos. En lo cual le alaba allí el Espíritu Santo, de que sentía bien y religiosamente del estado de las almas después de la vida y de la resurreción de los muertos, y concluye con dezir que es cosa santa y saludable rogar por los muertos para que sean libres de sus pecados, esto es, de las penas devidas por ellos. La Glosa sobre este mismo lugar refiere a San Augustín, en el libro que escrivió a Laurencio, De fe y obras, que dize ser provecho a las ánimas de Purgatorio los sufragios y obras buenas que ofrecen por ellas los vivos, o para ser del todo libres de las penas que padecen en Purgatorio, o para que se les disminuyan y sean más tolerables. Sin este testimonio y exemplo de los Macabeos, que prueva esta verdad católica y de Fe de que ay Purgatorio, ay otros lugares en la Escritura que lo compruevan. Isaías, en el capítulo cuarto, dize que lavará el Señor las suciedades de las hijas de Sión, y la sangre de Jerusalem en espíritu de juizio y en espíritu de ardor. El profeta Malaquías, capítulo tercero, amenazando a los pecadores con la venida de Dios a castigarlos, dize dél que es como fuego, en que la plata se acendra y purifica. Y estos dos lugares trae San Augustín en los Libros de la Ciudad de Dios , para provar que ay penas de Purgatorio después desta vida. Y el mismo Jesucristo, por San Mateo, en el capítulo /(424r)/ doze, dize que el que dixere palabra contra el Espíritu Santo, no se le perdonará en este siglo ni en el otro. Y deste testimonio se aprovechan San Gregorio, en el cuarto libro de sus Diálogos, y San Bernardo, en un sermón sobre los Cantares, para prueva desta verdad, porque dizen, si en el otro siglo ningún pecado se perdona, no avía necessidad de poner aquella partícula, «ni en el otro siglo», y como sea verdad que en toda la Divina Escritura no ay palabra demasiada, y como afirma San Basilio en el Exameron, dezir que la ay sería blasfemia, síguese que ay Purgatorio, porque en el Infierno no ay perdonarse pecado. San Pablo, escriviendo a los de Corinto, en la Primera, en el capítulo tercero, dize que las obras que cada uno hiziere, si fueren oro, plata, piedras preciosas, o madera, heno y paja, que el fuego lo ha de provar; y añade luego: «Padecerá detrimento aquél cuya obra tuviere ne- cessidad | desta prueva, y assí salvarse ha el tal, aunque por fuego». Y deste testimonio se aprovecha Orígenes, en la Homilia sexta sobre el Éxodo , para prueva desta verdad. Ay también desto una razón fortíssima, y es que, como dize el Evangelista San Juan en el capítulo veinte y uno del Apocalypsi, hablando de la ciudad soberana y santa de Jerusalem, ninguno entrará en ella con suciedad o mancha de pecado, y es assí que algunos mueren con culpas veniales, y otros, que tenían pecados mortales y se confessaron, no tuvieron lugar para satisfazer por las penas devidas por ellos, ya perdonadas las culpas, porque murieron luego; claro está que éstos han de purgarse para entrar en el Cielo, porque allá han de ir limpios, y assí necessariamente se ha de dezir que ay Purgatorio donde se afinan las almas y se limpian de todas las inmundicias y defectos con que salen de los cuerpos antes que entren en el Cielo.
Lo dicho se coligió de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] En la Vida del Abad Adilón , que escrivió Pedro Damián, Cardenal de la Iglesia Romana, se dize que viniendo un religioso de visitar el Santo Sepulcro de Jerusalem y otros lugares de la Tierra Santa, llegó el navío en que venía con tormenta a una isla desabitada llena de breñas y malezas, la cual está cerca de Tesalónica y se llama de Vulcano. Salió el religioso en tierra, y vido en un lugar apartado y muy escondido un ermitaño. Fue y habló con él, y entre otras pláticas que tuvieron, vino a dezir el religioso al solitario que era de Francia, de la provincia de Aquitania. Holgó de oírlo; preguntóle si tenía noticia del monasterio cluniacense y del abad Adilón. Respondió que sí.

-Pues sabe -dixo el solitario- que en esta isla ay ciertos lugares huecos llenos de fue- go, | que llaman algunos ollas de Vulcano, adonde muchas vezes se veen entrar y salir demonios en diversas figuras y aspectos. Algunas dellas se muestran alegres, y otras, tristes. Y desseando saber la causa, conjurándolos de parte de Dios me la dixessen, responden que se muestran alegres cuando alguna alma de persona que en el mundo vivió bien, y no pudieron hazerla cometer pecados mortales, por veniales es llevada a Purgatorio, que verla los demonios dar bulcos en las llamas les da gusto, y muéstranlo en señales exteriores; mas, si por la tal alma se ofrecen sacrificios y hazen obras meritorias, sale en breve de aquellas penas y buela al Cielo, y esto les da mucha pena a los demonios. Y tienen en particular quexa del monasterio cluniacense, adonde, por la continua /(424v)/ oración que allí se haze, salen muchas almas de semejantes penas. Por tanto, yo te ruego -dize el solitario -, y por el nombre de Dios te lo pido, que encomiendes al santo abad Adilón y a los demás monges que no cessen de hazer sacrificios por las almas, pues dello tanto bien resulta.



Admirado el monge de oír esto, prometió de hazerlo assí. Y buelto a su tierra, visitó aquel monasterio y contó por orden lo que passava en aquellas gargantas y cuevas de Vulcano. Lo cual oído por el santo abad Adilón, mandó en su monasterio, y en todo su orden, que, teniendo por encomendadas a las ánimas de Purgatorio todos los años, otro día después de los santos hiziessen aniversario general por los fieles defuntos. Desto tuvo noticia el Romano Pontífice que era a la sazón. Examinando bien el negocio, y visto cuán piadoso era y santo, no sólo lo aprovó, sino mandó que se hiziesse lo mismo en toda la Iglesia Universal, aunque mucho antes se hazía en iglesias particulares.
[2] Poco después que murió el bienaventurado San Hierónimo, levantáronse algunos hereges, que publicavan heregías acerca del estado de las almas después de salidas de los cuerpos, y pervertían a muchos, que se creían de ligero. Aparecióse el santo doctor Hierónimo a Eusebio, discípulo suyo, y mandóle que tomasse el saco con que cubría su cuerpo en vida y le pusiesse sobre los cuerpos de tres varones que avían muerto aquella noche y estavan cerca de la iglesia esperando que otro día les diessen sepultura, que resuscitarían y darían cuenta de lo que sucede a las almas salidas de sus cuerpos, contra aquellos pérfidos hereges. Hízolo assí Eusebio, y en presencia de mucha gente puso el saco sobre los cuerpos muertos, y re- suscitaron. | Los cuales, estando dentro de la iglesia, hablando uno dellos y aprovando los otros dos, dixo y declaró cómo, en apartándose la alma del cuerpo, si está en gracia de Dios y no tiene qué purgar, buela al Cielo, y si muere en pecado mortal, descienden al Infierno. Y si acave en gracia, mas quédale por purgar algunas penas de los pecados perdonados, es llevada a Purgatorio. Y por dar noticia desto a los vivos, por medio de San Hierónimo avían buelto a la vida, y que al día vigésimo tornarían a morir en compañía de Eusebio, que estava allí presente, lo cual davan por testimonio de la verdad que dezían. Y si en aquel espacio breve se diessen prissa en exercitarse en obras penales, que sería possible ir luego a gozar de Dios en muriendo. Con este evidente milagro, los hereges fueron confundidos, y los que avían delinquido en sus errores se reduxeron y abraçaron la Fe Católica; especialmente viendo a los tres resuscitados, que en los veinte días fue cosa espantosa la vida que hizieron, porque, acordándose de las penas del otro mundo, lloravan sin cessar, açotávanse, y eran verdugos de sí mismos. Hasta que, passados los viente días, murió Eusebio, y murieron todos tres, para que más se confirmasse la verdad de cuanto dixeron. Lo dicho escrivió San Cirilo, obispo de Jerusalem, a San Augustín, y el santo doctor lo refiere en la Epístola dozientas y seis, capítulo 2.
[3] Elías, solitario en Egipto y familiar que fue de San Hierónimo, vido en sueños que la alma de cierto perlado era presentada delante el tribunal de Dios, y por sus malos hechos era condenada a penas eternas, y que la alma de Teodosio Senador, que fue muy devoto de San Hierónimo y siguió sus santos consejos, era llevada a Purgatorio. Se- ñaló /(425r)/ el día, y halló que en el mismo ambos avían muerto y creyó ser verdad lo que en el sueño le fue declarado. Es del mismo San Cirilo, y refiérelo también San Augustín en la propria Epístola, capítulo 24.
[4] Pascasio, diácono de Roma, fue varón de mucha santidad, grande limosnero, favorecedor de pobres, humilde y muy penitente. Sucedió que, pretendiendo el Pontificado Simaco, y Pascasio favoreció más de lo justo las partes de Laurencio contra Simaco, sin que le bastasse quedar Simaco con la dignidad en boz de los más electores, tuvo con él sus repuntas, hasta que murió el mismo Pascasio. Llevaron a enterrar su cuerpo, y sobre las andas iva su dalmática y vestido de diácono, la cual tocando un endemoniado, quedó sano. Passó mucho tiempo, y sucedió que Germano, obispo de Capua, por consejo de médicos, estando enfermo, fue a se lavar a unas termas o baños, en los cuales vido y conoció al Pascasio Diácono difunto, que servía allí a los que entravan a bañarse. Admiróse de verle, y preguntó la causa por que tan insigne varón estuviesse en semejante lugar, y respondió:

-No por otra causa estoy en este lugar penoso, sino porque seguí las partes de Laurencio, que pretendía ser Papa contra Simaco. Ruégote que ruegues a Dios por mí, y haziéndolo entenderás que te ha oído si, volviendo aquí, no me vieres.

El obispo Germano hizo lo que le fue pedido, y bolviendo desde algunos días, vido que no estava allí. Escrive este caso San Gregorio, en el libro cuarto de sus Diálogos, capítulo cuarenta, y dize que por no aver pecado Pascasio por malicia, sino por ignorancia, que le parecía que acertava, padeció solamente aquella pena. Y infiérese de lo dicho que aunque ay lugar proprio y diputado para Purgatorio de las almas, que es uno de cuatro senos del Infierno, porque uno, y el más profundo y mayor es el de los condenados, otro, donde están los niños que mueren sin Baptismo, donde no ay pena de sentido, sino privación de la vista buena de Dios, y el tercero, el Purgatorio de que hablamos, | donde se purgan las almas de los que murieron en gracia de Dios, mas llevaron culpas veniales o penas devidas por los mortales ya perdonados, y el cuarto, donde estuvieron las almas de los justos y amigos de Dios antes que su Magestad muriesse y las sacasse de allí, y resuscitando y subiendo a los Cielos las llevasse consigo; sin este Purgatorio, digo, que se infiere de lo que aquí dize San Gregorio que algunas almas le padecen y son purgadas en otros lugares particulares. Y el aver hecho Dios milagro por medio de la dalmática de Pascasio, dize el mismo San Gregorio que fue en aprobación y abono de las muchas limosnas que hizo en vida, y para corresponder con el crédito de santidad que dél tenían todos, aunque convino y fue necessario que primero que entrasse en el Cielo purgasse lo merecido por la culpa que por ignorancia avía dexado de llorar.
[5] Refiere también el mismo San Gregorio en este libro cuarto, capítulo cincuenta y cinco, otro caso semejante a éste, y dize que en Centumcellas, que es ciudad en Italia, era cura en la iglesia parroquial de San Juan un sacerdote siervo de Dios. Éste, para conservar su salud, iva algunas vezes a se bañar en cierto baño y fuente de agua que sale de su manantial cálida. Entró un día, y halló allí un varón no conocido, el cual le sirvió de descalçarle, recogióle el vestido, sirvióle después de bañado de una sávana, con que limpió su cuerpo, de modo que tuvo particular cuidado de todo lo que fue regalo suyo y servicio, sin pedirle interesse alguno. Y acostumbrando esto otras vezes, una dellas, teniendo dél memoria al tiempo que iva a bañarse el sacerdote, quiso llevarle dos roscas de pan blanco. Bañóse, y aviendo dél recebido el servicio acostumbrado, dávale el pan, rogándole que le reciviesse con la voluntad que se lo dava. Mostróse el otro afligido, y dixo:

-Este pan que, señor, me das, yo no puedo comerle. Sabe que en otro tiempo fui dueño deste lugar, y por mis pecados señaláronmele para que en él los purgasse. Si quieres hazerme bien y merced, procura de ofrecer al /(425v)/ Omnipotente Dios y Señor Nuestro el salutífero pan, en el sacrificio santo de la Missa, y conocerás si te ha oído cuando, viniendo aquí, no me hallares.

Con esto desapareció el que hablava, y el sacerdote celebró Missa por él una semana entera, ofreciendo con lágrimas el cuerpo y sangre de Jesucristo, Dios y Señor Nuestro, por aquella alma. Y bolviendo al baño, passada la semana, no halló al que antes hallava siempre, y conforme al concierto y aviso dado por él, entendió que ya avía salido de aquella pena y estava gozando de Dios en su gloria.
[6] Diversas personas oyeron dezir, no una, sino muchas vezes, a Alberto Magno, Ministro General que fue de Predicadores, de cierto hombre cuya vida era de buen exemplo, y en los ojos de todos, buena y santa, que, estando enfermo, y de enfermedad muy penosa, que rogó a Dios con lágrimas que con la muerte pusiesse fin a tanto mal y tormento como padecía en aquella enfermedad. Apareciósele un ángel, y díxole que Dios avía oído su oración, y que le dava a escoger, o que estuviesse tres días en Purgatorio, o un año la enfermedad que tenía, y que, cumplido, iría luego al Cielo. El enfermo, que sentía la pena presente y no tenía experiencia de la ausente, dixo:

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