De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



Descargar 5.27 Mb.
Página126/143
Fecha de conversión14.10.2018
Tamaño5.27 Mb.
1   ...   122   123   124   125   126   127   128   129   ...   143

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] De Enós, hijo de Set y nieto de Adam, se dize en el capítulo cuarto del Génesis que començó a invocar el nombre del Señor, y sería esto con algunas ceremonias santas que señalaría para el culto divino, como declaran los expositores deste lugar.
[2] Al Patriarca Abraham le cabe buena parte de zelo a la religión y culto divino, pues quiso sacrificar a su hijo Isaac por averle pedido Dios que se le ofreciesse en sacrificio, teniéndole ya rendido /(429v)/ sobre un altar, vendados sus ojos y levantado el braço para descargar el golpe; como parece en el capítulo 22 del Génesis.
[3] El mismo zelo de religión y guardar el juramento que avía hecho, pareciéndole estar a ello obligado, le puso a Jepte, capitán del pueblo hebreo, a que quisiesse sacrificar una sola hija que tenía, viniendo triunfador de sus enemigos, por aver hecho voto que sacrificaría a Dios, si bolvía con vitoria, lo primero que de su casa viesse. Es del Libro de los Juezes, capítulo onze.
[4] David Rey también se mostró muy religioso cuando, trasladando la Arca del Señor a Jerusalem, ordenó, por honrarla, una processión solemníssima de músicos y cantores, no se avergonçando él mismo de ir en medio de todos. Dexadas las insignias reales y con vestidos humildes, y ya cantando, ya tañendo, y ya dançando, dava honra al Señor, que le avía a él honrado sin echar de ver que en los ojos de su muger Michol, la perdía y se afrentava. Es del Segundo de los Reyes, capítulo sexto.
[5] Bolviendo los judíos de la captividad de Babilonia a Jerusalem, primero se pusieron en reedificar el templo que los muros de la ciudad, aunque tenían muchos enemigos de que se temía el día y la noche. Refiérese en el Libro Primero de Esdrás, capítulo 3.
[6] Los macabeos pudieron preciarse deste zelo de religión, pues guiados por Matatías a un desierto, y estando escondidos en cuevas de un fragoso monte, huidos de los exércitos del rey Antíoco, aunque se defendían valerosamente seis días de la semana, el sábado se dexavan matar, por parecerles que quebrantavan la fiesta y ivan contra su religión si se defendían. Es del Primero de los Macabeos, capítulo segundo.
[7] Aviendo alcançado Judas Macabeo una insigne vitoria de los gentiles que contaminaron el templo, antes de hazer mención de sus casas y haziendas, dixo el religioso varón a sus hermanos y gente:

-Visto avéis el vencimiento de nuestros contrarios. Su- bamos | al templo y limpiémosle de las inmundicias con que le tienen profanado.



Es de su Primero Libro, capítulo cuarto.
[8] El rey Demetrio estableció por decreto y ley que cualquiera que se retruxesse en el templo de Jerusalem de todos sus estados y tierras, estuviessen allí seguros de cualesquier culpas y excessos que huviessen cometido. Dízese en el Primero de los Macabeos, capítulo quinze.
[9] Aunque era grande el aborrecimiento que tenían los judíos con San Pablo, hallándole en el templo, no le quisieron allí matar o maltratar, sino que le sacaron fuera, como parece en el libro de los Hechos Apostólicos, capítulo veinte y uno.
[10] Al contrario de lo dicho hizieron otros, que menospreciaron la religión y culto divino, por donde vinieron a caer en grandes desastres. Ozías, rey de Judá, queriendo usurpar el oficio a los sacerdotes, tomando un incensario para incensar el altar, de repente ,quedó leproso, perdió el reino y fue echado de entregentes. Nadab y Abiu, sacerdotes, hijos de Aarón, por faltar en lo que eran obligados acerca del oficio de sacerdotes, trocando el fuego de los incensarios en que ponían el encienso para el sacrificio, cayó fuego del Cielo que los abrasó. Oza, por querer detener la Arca del Señor que iva sobre becerros en una trasladacion que della se hazía, dando muestra de caerse, porque en este hecho hizo cosa contra la voluntad de Dios, Dios embió sobre él una muerte de repente. Y a ciertos pueblos llamados betsamites, porque atrevidamente miraron la misma Arca, que a la sazón era un Noli me tangere , murieron algunos millares dellos. Todos éstos menospreciaron la religión, y assí fueron castigados. Lo dicho se colige del Segundo del Paralipomenon, capítulo 26, y del Levítico, capítulo dézimo, y del Segundo de los Reyes, capítulo sexto, y del Primero, también capítulo sexto.
[11] Antíoco Epifanes, rey de Siria, profanó el templo de Dios, mató sacerdo- tes /(430r)/ y hizo otras crueldades en Jerusalem. Castigóle Dios con una enfermedad suzia y asquerosa, de tal suerte que sus criados no podían sufrirle, ni él se podía sufrir. Cayó en la cuenta de dónde le venía el daño, lloró su pecado, mostrando dolor de averle cometido, y dize dél la Escritura en el capítulo nono del Segundo Libro de los Macabeos una razón que no poco atemoriza oírla a quien bien la considera: «Orava a Dios el malvado, de Quien no avía de alcançar misericordia». No le avía de alcançar porque no la avía de pedir de veras y con las condiciones que deve pedirla el que quiere alcançarla. Fue semejante su dolor al de Caín, Esaú y Judas, imperfeto y sin provecho, por donde se condenó como ellos se condenaron.
[12] Nabucodonosor, aviendo vencido a Joaquín y Sedequías, reyes de Judá, robó el templo de Jerusalem, llevando los vasos y otras riquezas dél a Babilonia, su tierra, donde le castigó Dios con quitarle el sentido de hombre, y traerle por los campos como bestia fiera. Y porque su hijo Baltasar profanó los vasos del templo, sirviéndose dellos en combites profanos, Ciro, rey de los persas, le quitó el reino y la vida. Lo dicho se halla en el Cuarto Libro de los Reyes, capítulo veinte y cuatro, y en el Profeta Daniel, capítulo cuarto.
[13] Seleuco, rey de Assia, tuvo nueva que | en el templo de Jerusalem, reedificado de nuevo, avía grandes tesoros. Embió a un privado suyo, llamado Heliodoro, a que se los truxesse. Fue por ellos y, llegando a Jerusalem, como se entendió a lo que era su ida, causó grande alteración, sentimiento y lágrimas en toda la ciudad, porque el dinero que estava allí era de mucho provecho a pobres y necessitados. No obstante la contradición que le fue hecha, entró de hecho para sacar el dinero del templo. Mas castigóle Dios con un ángel, que en hábito de cavallero armado sobre un feroz cavallo le dio de pernadas, derribándole en tierra, y aparecieron luego dos ángeles en forma de mancebos, que, desnudándose, le començaron a açotar reciamente, y perdiera la vida si no hiziera oración por él el sacerdote Onías, a quien dixeron que agradeciesse la vida que le dexavan. Bolvió a su rey Heliodoro sin dinero y cargado de açotes. Y preguntándole si traía recaudo, dixo:

-No fui yo bastante.

-Pues, ¿quién lo será? -replicó el rey.

Añadió Heliodoro y dixo:

-Si tienes sentimiento que alguno quiere quitarte el reino y anda por matarte, embíale allá, que, a bien librar, si no muriere, bolverá como yo, bien açotado.

Fue pena bien merecida por el sacrilegio y menospreciar la religión. Esto se escrive en el Segundo Libro de los Macabeos, capítulo tercero.


Lo dicho se coligió de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] San Gregorio Nazianzeno, en la Oración undécima que hizo en la muerte de su padre, dize de su madre que tenía en los templos sumo silencio. No hablava palabra en ellos con persona alguna, no escupía en ellos, y cuando salía, era de suerte que no bolvía las espaldas al altar donde estava el Santíssimo Sacramento.
[2] San Ambrosio, en el libro tercero De Virgines, escrive de un sacerdote que mandó a las ranas de una laguna que callassen, porque estorvavan el oficio divino de cierta | iglesia cercana, y que quedaron mudas.
[3] San Juan Crisóstomo, en la Homilia treinta y seis sobre la Epistola Primera a los de Corinto , capítulo catorze, dize que avía iglesias en su tiempo donde los legos no hablavan palabra unos con otros. Y sucedía verse padres y hijos de nuevo, viniendo de otras tierras, y no hablarse hasta verse fuera de la iglesia.
[4] San Martín, obispo de Turón, tenía gran respeto a las iglesias y templos, don- de /(430v)/ jamás fue visto estar assentado, sino de rodillas o en pie. Tenía su rostro en semejantes lugares amarillo y temeroso. Preguntada la causa, dezía:

-¿No queréis que tema, que está aquí Dios?



Es de su Vida, escrita por Severo Sulpicio.
[5] Fortunato, en la Vida de San Hilario Obispo , escrive de dos mercaderes que, llegando a la ciudad Pictaviense, después de su muerte, sabiendo que hazía Dios algunos milagros donde estava su cuerpo sepultado, dixo el uno al otro que sería bien visitassen su sepulcro y le ofreciessen una figura de cera por los dos. Pesóle desto al otro, y porque no le tuviesse por avaro y indevoto, disimuló y dio muestra que le agradava. Ofrecieron la imagen, la cual repentinamente se partió por medio de alto abaxo, y la media quedó junto al sepulcro, y la otra media fue lançada de allí. Declaró el mercader como de mala gana avía consentido en la ofrenda, y que por esto el santo no le avía recebido. Pesóle dello y ofreció otras cosas de más precio al santo antes que de allí partiesse.
[6] San Isidoro y otros historiadores afirman que el rey Agila de los godos, sucessor de Teudiselo, haziendo guerra a los de Córdova en España, profanó la iglesia de San Acisclo Mártir, donde estava su cuerpo sepultado, aposentando en ella sus cavallos y soldados, por estar fuera de la ciudad. Hizo Dios milagrosa vengança de su santo mártir en el malvado rey, porque en la primera batalla que dio a los de Córdova, le vencieron y destrozaron, matándole a un hijo y a todos los más principales de su exército. Y él con grande dificultad fue libre, dexando sus tesoros por presa a los de la ciudad. Y llegando Agila a Mérida, fue muerto por su gente.
[7] En la vida de San Ginés Mártir, escrivano, escrita por Surio en el tomo cuarto, se refiere de San Hilarión, obispo de la ciudad de Arles en Francia, un milagro que | sucedió estando él presente, y fue que, celebrándose en aquella ciudad con mucha solemnidad la fiesta del mismo mártir San Ginés, iva mucha gente a su iglesia, y avían de passar una puente del río Ródano. Cargó sobre ella al tiempo que se avía de celebrar el oficio tanta multitud, que se hundió. Fue cosa dolorosa los muchos que cayeron en la agua, a bueltas de las peñas y cantos de la puente, hombres, mugeres y niños. Estava allí el obispo que a la sazón era de Arles, llamado Honorato, grande siervo de Dios. Púsose de rodillas pidiendo a San Ginés alcançasse de Dios remedio para toda aquella gente, que por irle a honrar padecía tal desgracia. «¡Oh cosa maravillosa! -dize Hilario-. Yo lo ví, porque acabava de passar la puente cuando se cayó. No avía concluido su petición Honorato, el santo prelado, cuando se vido que salían del río cuantos en él avían caído. Ninguno quedó ahogado, ninguno tullido de pie o mano, ninguno descalabrado. Mojados, todos, y todos muy alegres, viéndose libres de tal peligro. Abraçávanse unos a otros, dávanse la buenhora. No le faltó a muger manto o rosario, ni a hombre capa o espada. Vídose un milagro, y muy cumplido, pues todos se vieron en peligro de muerte y ninguno murió, ni padeció otro mal que mojarse, y fue assí necessario para la evidencia del milagro. Passaron en barcas el río, y fueron a la iglesia de San Ginés a dar gracias a Dios por la merced que les avía hecho por intercessión de su santo, y celebraron con mayor regozijo que otros años su fiesta».
[8] En la Vida de San Alberto Carmelita , escrita por Paleonidoro, se dize que después de su muerte sucedió un alboroto en Sicilia, y por parte de gente estrangera fue ocupada la iglesia donde estava el cuerpo de San Alberto. Profanáronla, entrando con sus cavallos dentro della y haziendo allí grandes abominaciones y males. Oyóse un grande ruido dentro de la arca donde estava el santo cuerpo, y siguióse luego la /(431r)/ muerte de repente en muchos de aquellos que profanavan el templo; otros quedaron degollados, y los que se libraron de la muerte quedaron enfermos con enfermedades diversas. De modo que se vido aver sido castigo del Cielo. Quedó la iglesia libre. Llegaron a ver el cuerpo del santo, y qué avía sido el ruido, y hallaron quebrada la arca dentro del sepulcro, y el cuerpo puesto de rodillas, como que pedía a Dios alguna cosa, y fue el castigo de aquellos sacrílegos.
[9] Pedro Damián Cardenal, varón santo, en un tratado que hizo de milagros particulares, escrive de Arnoldo, obispo aretino, que tomó un cáliz de oro de cierto monasterio sugeto a él. Avíale ofrecido una devota muger, y puesto maldición a quien le enajenasse del monasterio, y estava escrito en el mismo cáliz. Poco después vido un fraile siervo de Dios de aquel monasterio en sueños un lago de fuego, que despedía de sí humo de malíssimo olor. A la orilla dél andavan unos etíopes de grande estatura, y dentro dél parecían mostruos horribles, y entre ellos era visto en tormentos espantosos el obispo Arnoldo. Vido también dos de aquellos etíopes que llegavan a él, y el uno traía un cáliz de oro en sus manos, y el otro una sarten de hierro, y éste recogía de aquel licor sulfúreo, y echava en el cáliz, y el otro dava a bever del cáliz al obispo, mal de su grado. Contaron esta visión al obispo amigos suyos, por averla descubierto el fraile, y aconsejáronle que restituyesse el cáliz al monasterio. Él lo dilatava, dando muestra de no lo querer hazer. Estava un día assentado al sol, en tiempo de imbierno, y por ser muy dezidor, tenía con sus domésticos y criados sabrosa conversación. Sintió de repente un dolor en la cabeça, como si fuera golpe de espada, dio una boz, diziendo: «Muerto soy»; y de a poco espiró.
[10] Pedro, Abad Cluniacense, santo varón, en el libro segundo, capítulo primero, De | Milagros, que hizo, escrive que en una ciudad cerca de León de Francia, llamada Matisco, tenía el señorío della con título de conde un tirano, el cual, sin temor de Dios, se apoderó de las rentas de las iglesias y clérigos de su condado, y a los que se quexavan mandava desterrar. Perseveró en esto algunos días. Llegó uno en que celebrava fiesta en su palacio a personas principales de su estado. Entró por una puerta extraordinaria del palacio un grande cavallero, cuya vista atemorizó a los presentes. Llegó al conde, y con imperio le mandó se levantasse y fuesse con él. Sacóle por aquella puerta a una plaça, donde tenía un temeroso cavallo, subió en él y hízole subir a las ancas, y, subido, a vista de los que tenía en su palacio que avían salido tras él, y de otra mucha gente, el cavallo se levantó en el aire y tomó carrera velocíssima, dando el miserable conde grandes gritos, pidiendo favor. Mas ninguna cosa le valió para que no se fuesse -dize este autor- a ser vezino y morador en los Infiernos. La puerta por donde salió fue tapiada para memoria deste hecho, y porque quiso abrirla Orgerio, prepósito de Vuilyelmo, señor de aquel estado, passados algunos años, y començando a romper la pared, estando presente el Orgerio, súbito fue levantado en el aire y dexado caer en tierra, con tan mal golpe que el braço se le quebró.
[11] Gauberto Fabricio, del Orden de San Bernardo, escrive de un rey de Aragón, que quitó en Tarragona algunas possessiones de la iglesia catedral de Santa Tecla. Fue el año de 1386, y aunque los canónigos reclamaron, no huvo medio que el daño cessasse. Estava el rey en Barcelona por la Pascua de Navidad, despertó de noche dando bozes, como las pudiera dar un hombre herido mortalmente. Vinieron sus pages, y díxoles el rey:

-Llamadme presto, médicos, a mi confessor, y a los de mi consejo, que yo soy muerto, porque una hermosa donzella entró aquí y me dio /(431v)/ una bofetada que moriré della, por averme juntamente sobrevenido una fiebre mortal.

Vino el confessor, y entendió por lo que el rey dezía que la donzella era Tecla, cuyo patrimonio él avía destruido. Hizo testamento, en que mandó a su heredero que, antes de tomar la possessión de los reinos, restituyesse a la iglesia de Tarragona los daños y menoscabos que se le huviessen hecho, con lo principal. Possible fue embiar Dios un ángel, como el que mató a los assirios en tiempo del rey Ezequías, el cual con la figura de Santa Tecla tratasse al rey de aquella suerte para que restituyesse lo que tenia mal de su iglesia, y fuesse escarmiento a otros que no desheredassen las iglesias.
[12] En el Prado Espiritual de Mosco Evirato se escrive de dos ladrones que desnudaron dos cuerpos de difuntos en las cuevas donde estavan sepultados, y los mismos cuerpos asieron dellos, y el uno quedó sin ojos ciego toda la vida, el otro, porque prometió hazerse monge, siendo una donzella a la que avía robado, y tornándole sus adereços, salió libre y cumplió su voto.
[13] El Bugato Milanés, en la Historia General , escrive de Fronto, arçobispo treinta y dos de Milán, que, siendo simoníaco, y reprehendiéndole por ello un clérigo siervo de Dios, enojado contra él, dio orden como le fuessen impuestos algunos crímines y delitos falsos, por donde le mandó quemar, entregándole al braço seglar. Estando junto al fuego, pidió a Dios declarasse su inocencia, y súbitamente el fuego se movió y fue a donde estava el arçobispo. Él huyó, y el fuego tras él, y anduvo desta manera por grande parte de la ciudad, permitiéndolo Dios para que se declarasse su maldad y la inocencia del sacerdote. Al cabo, se abrió la tierra y tragó bivo al miserable simoníaco y perseguidor del inocente sacerdote.
[14] Antonio de Torquemada, en el Coloquio tercero , escrive de cierto cavallero | rico y de linage que tratava amores con una monja. Concertáronse de verse dentro de la iglesia por medio de unas llaves falsas. Fue al concierto solo de noche. Llegó a la iglesia y vídola abierta, y dentro grande claridad de hachas, y sonavan bozes como de personas que hazían oficio de algún difunto. Admiróse y llegó a ver qué sería. Mirando a todas partes halló la iglesia llena de clérigos y frailes y, en medio, unas andas, y hachas alrededor encendidas. Avía otra mucha gente, y a nadie conocía. Llegó a uno de los clérigos y preguntóle quién era el difunto, y respondióle que un cavallero, dándole su mismo nombre. Rióse él, y dixo:

-Esse cavallero yo sé que está bivo.

Tornó a dezir el clérigo:

-Engañáisos, porque él está muerto y presto le enterraremos.



El cavallero, algo confuso, llegó a otro, a quien hizo la pregunta que al primero, y recibió la misma respuesta. Quedó muy espantado, y sin aguardar más, salió de la iglesia para ir a su casa. Mas, a los primeros passos, se le pusieron a los lados dos mastines negros y muy grandes, y por más que hizo, amenazándolos con la espada, no quisieron dexarle. Entró en su casa como fuera de sí, donde a criados suyos que le esperavan y vieron tal, preguntando la causa, él lo contó todo. Y los mastines, que eran dos demonios y sólo esperavan esto, para que el castigo déste se supiesse y otros en él escarmentassen, siendo esto pretendido de Dios, que con esta limitación les dio lugar a lo que hizieron, y fue que entraron en su aposento, y sin que pudiesse ser defendido, hizieron assalto en él y le mataron. Su muerte se atribuyó a otro acidente, dado que no pocos lo entendieron, y por muchos días se trató el negocio, aunque por la autoridad del hombre, siempre con recato y entredientes.
[15] Eneas Silvio, que después fue Papa y se llamó Pío Segundo, dize que en la provincia de Estiria, en Alemaña, avía un cavallero al cual tentava grandemente el demonio para que se ahorcasse, y no /(432r)/ hallando remedio como librarse desta tentación, aconsejóle un religioso con quien lo comunicó que procurasse oír cada día Missa. Y assí lo hizo, que, recibiendo en su casa un capellán, yéndose a vivir a un lugar suyo, no faltava día de oír Missa, con lo cual se le quitó totalmente la tentación, y vivía en paz. Sucedió que en una aldea vezina se hazía cierta fiesta un domingo, y el cura del lugar vino a combidar a este capellán para que fuesse a dezir Missa a su iglesia. El capellán pidió licencia al cavallero, y él se la dio, diziendo que iría él allá a oírla. Mas por negocios que tuvo forçosos no pudo ir hasta casi al mediodía. Iva turbado, temiendo si le avía de hazer luego guerra la tentación de ahorcarse, hallando dicha la Missa. Encontróse con un labrador que venía de aquella aldea. Preguntóle si quedava Missa por dezir. Respondióle que ya los oficios eran acabados, y no avía más Missa. El cavallero maldezía su ventura y afligióse en gran manera. Viéndole assí el labrador, díxole que no se congoxasse tanto, porque si se lo pagava, él le traspassaría todo el mérito que avía ganado en la Missa que avía oído aquel día. Fue dello muy contento el cavallero, y dándole la capa que llevava, el labrador la tomó, y dixo que le renunciava y trapassava todo lo que avía en la Missa merecido. Fuese con esto consolado el cavallero al aldea, y aviendo hecho oración en la iglesia delante el Santíssimo Sacramento, bolviéndose a su casa y llegando al lugar donde avía hecho el trueco con el labrador, vídole ahorcado en un árbol, que parece fue permissión divina para que se viesse lo mucho que en oír bien una Missa se gana, y lo mucho que se pierde en perderla. Y el cavallero, buelto a su casa, perseveró toda su vida sin aquella tentación, oyendo cada día Missa, y acabó en servicio de Dios.
[16] Como los úngaros se fuessen apoderando de Alemaña, llegaron a la ciudad de Hamburg, la cual saquearon. Robaron sus iglesias, pegáronles fuego, y degolla- van | a los sacerdotes sobre los altares. Siguióse luego castigo de Dios por este sacrilegio, y fue que del fuego que ardía en las iglesias saltavan grandes centellas, que ivan a dar en las bocas de los paganos, y por huir dellas, o se dexavan caer y ahogar en el río, o se entravan por el exército de los cristianos, de los cuales eran luego muertos. Sucedió este caso año de Cristo de novecientos y treze. Dízelo Crancio, libro tercero, capítulo segundo.
[17] En Licia avía un monasterio en que residían cuarenta monjas, de las cuales cinco, estando cansadas de religión y clausura, concertaron entre sí de irse de noche y dar orden como casarse en el siglo. Vino la hora del concierto, juntáronse, y estavan tratando cómo saldrían, y queriéndolo poner por obra, dio Dios licencia a un demonio para que con unos gruessos ramales, ya descargava açotes en la una, ya en la otra, sin perdonar a alguna. Cuando ya las tuvo bien açotadas, y vino el día, el diablo se fue y las dexó. Quedaron ellas llenas de llagas y de sangre, sus carnes como amapolas, aunque muy arrepentidas del mal intento que tuvieron de dexar la religión, y davan gracias a Dios que por los açotes del cuerpo avían sido libres de los tormentos eternos de sus almas. Es del Prado Espiritual, capítulo ciento y treinta y cinco.
[18] Vivían en una ciudad dos çapateros, casados ambos, el uno tenía hijos, y el otro, no. Los dos trabajavan con igual cuidado, aunque el uno començava su trabajo al principio del día, el otro, después de aver oído Missa, siendo ordinario el oírla cada día, junto con que guardava las fiestas, lo que no hazía el otro. El uno estava rico, y el otro, pobre. El pobre pidió al rico encarecidamente que le mostrasse el camino como avía enriquecido, estando él tan pobre, pues a razón avía de ser al contrario, teniendo él hijos chicos, que son costosos, y no trabajando las fiestas, y él careciendo dellos y no guardando día de fiesta. Respondió el ri- co: /(432v)/

-Yo quiero hazer lo que dezís, con que algunos días os vais comigo en amaneciendo.

Hízolo ansí, y llevóle a la iglesia, donde los dos oían Missa, y sin más dezirle se bolvián a sus casas a trabajar. Al día tercero fue por él, y el pobre dixo:

-Si venís, señor, a llevarme a la iglesia como dos días avéis hecho, yo sé bien el camino. Si queréis enseñarme algún tesoro donde vais y os enriquecéis, iré con vos, y haréisme buena obra.

El rico respondió:

-Dígoos de verdad, hermano, que no tengo ni he hallado otro tesoro sino oír cada día Missa, como lo he hecho lo más de mi vida. Guardo las fiestas y empléolas en lo que Dios manda. Y con esto me haze su Magestad merced. Hazedlo vós, que mercedes le sobran que puede comunicaros.

Tomó este consejo el çapatero pobre, y vino a ser rico. Es del Promptuario de exemplos.
[19] Un sacerdote de Dacia, llamado Andrés, fue en compañía de otros peregrinos a Hierusalem, y llegó allá en la vigilia de la Pascua, y venido otro día, luego de mañana quisieron los que ivan con él salir de la ciudad para bolver a su tierra. El sacerdote les dixo:

1   ...   122   123   124   125   126   127   128   129   ...   143


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal