De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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-Oy es día de Pascua de Resurrección. Oigamos Missa y recibamos el Santíssimo Sacramento de la Eucaristía, y luego nos partiremos.

No les dio gusto el consejo, salieron de la ciudad, quedando el sacerdote en ella, que hizo lo que dixo, de oír Missa y comulgar. Y aviendo comido, siguió solo su camino a pie, procurando alcançar la compañía. Mas juntóse con él un hombre a cavallo, y preguntóle cómo, siendo peregrino, iva solo. Él le dio la razón, que por oír Missa y comulgar perdió la compañía. Díxole el de a cavallo:

-Sube aquí a las ancas.

No se hizo de rogar, subió, y muy presto se quedó dormido. Siendo ya tarde despertó, y mirando dónde estava, preguntóle el cavallero si conocía aquel lugar. Él, muy admirado, dixo:

-Sí conozco, que aquella es mi iglesia, y allí está mi casa, y ésta es Dacia, mi tierra.

Dezía esto con admiración y con- tento | grande. Replicó el portador:

-Bien dizes, que ansí es, y por ello da gloria a Dios, cuyo Sacramento recebiste, y en cuyo servicio peregrinaste diversas tierras, y no temiste perder tu compañía por oír Missa.



Con esto, desapareció, siendo ángel en tal figura. El sacerdote dava loores a Dios y contava la merced que le avía hecho. Y comprovóse la verdad de lo que dezía cuando, después de algunos meses, llegaron los que no quisieron aguardarle, que dezían lo mismo que él dixo. Refiérese en el Promptuario de exemplos.
[20] Alarico, rey de los godos, criado siempre en guerras, sin religión ni culto divino, como entrasse en Italia con grande exército en tiempo del emperador Honorio, traído por la maldad y perfidia del capitán Estilicón, entró por fuerça de armas la ciudad de Roma, y antes que los soldados la saqueassen, mandó con público pregón que nadie hiziesse daño a las personas y bienes de los que se oviessen recogido y amparado en el templo de los Apóstoles, dando muestra el bárbaro que se deve tener grande respecto a la religión y culto divino. Refiérelo Fulgoso, libro primero.
[21] El emperador Teodosio, siendo prohibido de San Ambrosio públicamente la entrada en el templo de Milán, si primero no satisfazía por la sangre que derramó sin culpa en Tesalónica, ciudad de Panonia, sufrió la reprehensión con grande paciencia, sin entrar en el templo, hasta que cumplió enteramente todo lo que le fue mandado que hiziesse por el santo prelado Ambrosio. Deprendan los príncipes cristianos a reverenciar a los sacerdotes y ministros del culto divino, en un emperador, assí mismo cristiano y señor del mundo, el cual, lleno de victorias, con muchas lágrimas se presentó a los pies del santo prelado Ambrosio, y le fue obediente a lo que le mandó. Dízelo Fulgoso, libro primero.
[22] Porque el culto divino fuesse reveren- ciado /(433r)/ como es razón, no solamente contra los vivos se mostraron ásperos y rigurosos algunos prelados, sino también con los muertos. Como hizo el Papa Bonifacio Octavo contra Hermano Pongilupo Ermitaño, cuyo cuerpo estava en Ferrara, y era tenido en grande veneración; después de veinte años, le mandó sacar del sepulcro y, quemado, echar sus cenizas en un río, porque descubrió que avía seguido el error de los hereges llamados Fratricellos. Y Inocencio Tercio mandó al obispo de París que hiziesse desenterrar el cuerpo de Almario, doctor parisiense, porque en vida tuvo algunos errores, de los cuales mostró retratarse, mas viendo que, después de muerto, sus discípulos tornavan a tratar dellos, hízole quemar el cuerpo. Y en Milán, siendo duque Mateo Vicecómite, fueron descubiertos Andrés Seramita y Gulielma, los cuales onze años antes avían sido cabeças de ciertos hereges, hombres y mugeres, que se juntavan de noche en un lugar oculto llamado Bariloto, y allí hazían ritos y sacrificios, siendo Gulielma el ministro, y quien los ofrecía vestida con ornamentos sacerdotales, y los demás, en traje clerical, como corona que las mugeres se raían en sus cabeças; matavan luego las luzes, y juntávanse como bestias, cada uno y cada una con quien le dava gusto. El Andrés, siendo vivo fue preso y quemado con otros de su secta, y el cuerpo de Gulielma, que estava sepultado en el monasterio de San Bernardo de Claraballe, y tenido allí en mucha reputación, fue desenterrado y quemado. Lo dicho escrivió Bugato, en su Historia Universal, y refiérelo Fulgoso, libro primero.
[23] Celebrándose la dedicación de una iglesia en la Marcha, tierra de Brabancia, ocurrió diversidad de gente, y entre los demás, un tañedor de flauta y tamboril, el cual dentro de la iglesia gastó muchas horas en tañer y cantar sones suzios y letrillas deshonestas, con que provocava a hombres y mugeres de poca edad a que, dançando y bailando, hiziessen bailes y | danças deshonestas y suzias, sin tener respecto al lugar sagrado. Acabóse la fiesta, y bolvíase el tañedor a su pueblo, haziendo lo mismo, prosiguiendo en su música detestable. Vino de repente un torvellino y, a vista de algunos pastores, vieron descendir un rayo, y que le dio en un braço. Quedó el hombre muerto, y el braço fue visto de los mismos pastores ir por el aire con la tormenta, y entendióse que era prenda que llevavan por suya los demonios. Fue pedido al cura de aquella iglesia que enterrasse en sagrado el cuerpo, y contradezíalo él, porque murió de repente, aviendo poco antes estado tan desacatado en la iglesia. Replicavan que su venida fue por regozijar la fiesta. Convencido de ruegos, enterróle en el cimiterio, mas el siguiente día hallaron el sepulcro abierto, y que faltó dél el cuerpo, presumiéndose que le llevaron diablos a donde tenían el braço. Sirva esta exemplo de temor a los que profanan lugares sagrados. Es del libro segundo De Apibus, capítulo cincuenta y seis.
[24] Aviéndosele rebelado al emperador Honorio, hijo de Teodosio y hermano de Arcadio, cierto visorrey que tenía en Africa, llamado Gildo, con algunas tierras, embió contra él a Mascezel, hermano del mismo Gildo. Éste tuvo tan buen aviso que prendió y mató al tirano, y reduxo la tierra al servicio del emperador. Sucedió que el Mascezel, ensoberveciéndose con muchas vitorias que tuvo, sacó cierto delincuente de la iglesia para justiciarle, teniendo cargo de govierno. Lo cual, sabido por Honorio, aunque dél avía sido bien servido, por sola esta ocasión tuvo modo como prenderle y, preso, le mandó matar, porque quebrantó la libertad de la iglesia. Dízelo San Antonio de Florencia, Parte Segunda, título nueve, capítulo nueve.
[25] Carlos Martel, rey de Francia, viéndose necessitado en tiempo de guerra, atrevióse a robar las iglesias, y tomava las /(433v)/ décimas de los eclesiásticos, y todo lo distribuía entre sus soldados. Murióse, y fue llevado al Infierno el cuerpo y la alma, de que huvo indicios porque, abriendo su sepulcro el obispo aurelianense, no halló en él sino una serpiente de terrible grandeza. Refiérese en las Corónicas del duque de Vabiera.
[26] Eusebio, en el libro octavo, capítulo primero, De preparatione evangelica, dize que un Teodoto, componedor de comedias, quiso hazer algunas de la Escritura Sagrada, y que cegó; mas después, llorando su pecado, cobró vista.
[27] Hugón, prefecto fanense, sacó un Viernes Santo en la noche cierto retraído de una iglesia y ahorcóle. Vino luego a que, sin estarlo, le tenían por loco. Dízelo Pedro Damián, en una carta que escrivió a Desiderio Abad, y refiérelo Surio, tomo séptimo.
[28] En la ciudad de Heliópolis de Fenicia residía un representante llamado Gayano, el cual, en sus representaciones y farsas, delante del pueblo dezía blasfemias contra la Madre de Dios. Ella se le apareció en sueños, y le dixo:

-¿Qué agravios has recebido de Mí, que me blasfemas en presencia de tanta gente?

No se enmendó el mal hombre por esto, aunque fueron tres vezes las que se le apareció en sueños la Sagrada Virgen, y le amonestava que cessasse de blasfemar della, en perjuizio notable de su alma; antes, con mayor menosprecio y desvergÜença proseguía en sus blasfemias. Sucedió que, estando durmiendo después de comer cierto día, llegó a él esta Señora, y sin dezirle cosa alguna, tocóle con un dedo las manos y pies. Despertó Gayano, y vídose cortado los pies y las manos, y desta manera vivió el miserable algunos años, en angustia y lágrimas, confessando públicamente su pecado, y que avía sido castigado con misericordia, siendo tan grave y aviendo estado en él tan pertinaz. Refierese en el Prado Espiritual, capítulo cuarenta y siete. |
[29] En tiempo del emperador Mauricio vino un exército de sarracenos, trayendo por cabeça a Namanes, y destruía las tierras de los católicos. Donde sucedió que un abad llamado Nicolao vido cerca de Arón que tres paganos avían prendido un moço hermosíssimo, de edad de veinte años, el cual, viendo al monge, començó a llorar, y él se enterneció sobremanera de ver sus lágrimas y de que le rogava le librasse de aquel captiverio. Llegó el abad a los sarracenos y pidióles con grande instancia que dexassen libre aquel moço. Respondió uno dellos en lenguage griego que no tenían voluntad de dexarle. Replicó el monge:

-Llevadme a mí por él, que es flaco y no podrá sufrir el trabajo del captiverio.

-Ni aun esso queremos hazer -dixo el soldado.

Añadió el monge:

-Pues dádmele y daros he el precio que quisiéredes por él.

Respondió el pagano:

-No le podemos dar, porque prometimos al sacerdote de nuestros ídolos que si captivássemos algún hombre de buen parecer y hermoso se le llevaríamos para que se le ofreciesse en sacrificio. Por tanto, déxanos de importunar y vete de aquí. Donde si no lo hizieres, quitarte he la cabeça de sobre los ombros.

Oyendo esto, el abad Nicolao derribóse en tierra y hizo oración, diziendo:

-Cristo, Salvador Mío, salva a este tu siervo y líbrale del trabajo en que está.

En diziendo esto, los tres sarracenos, apoderándose dellos el demonio, pusieron mano a las espadas, y como furiosos, hiriéndose unos a otros, se mataron, y el abad llevó al captivo a su celda. De cuya compañía él no quiso apartarse, sino que, vestido el hábito de monge, y haziendo vida admirable, perseveró siete años, y al cabo dellos murió en el Señor; el cual era de la ciudad de Tiro. Es del Prado Espiritual, capítulo ciento y cincuenta y seis.


[30] En la villa de Kallo, en Saxonia, noche de Navidad, diez y ocho hombres y quinze mugeres estavan bailando a la puerta /(434r)/ de una iglesia, y no dexavan dezir Missa a un clérigo con la grita y ruido que tenían. Embióles a rogar que lo dexasssen; no quisieron oírle. Rogó a Dios que se estuviessen bailando todo un año, y oyóle. Y assí fue que por todo el año no dexaron la dança, sin entender en otra cosa, hasta que vino Horeberto, arçobispo de Colonia, que les echó su bendición, y dexaron de bailar. Murieron luego tres mugeres; otros estuvieron durmiendo sin despertar tres días y tres noches; otros quedaron con temblor de cuerpo por toda la vida; otros bivieron en grande penitencia. Fue en tiempo del Papa Benedicto Octavo, y refiérelo en su Vida el autor de la Historia Pontifical, y es de San Antonio de Florencia en la Segunda Parte Historial, y dize que fue en tiempo del emperador Enrico Segundo.
[31] Excomulgó el Papa Gregorio Nono a cierto hombre rico, el cual no hizo caso de la excomunión. Criavan sobre su casa cigüeñas, las cuales, el día que le notificaron la excomunión se fueron de allí a otra parte. Consideró esto aquel hombre, y consideráronlo otros amigos suyos, y, entendiendo la causa, por persuasión de los amigos el excomulgado obedeció y fue absuelto, y el mismo día bolvieron las cigüeñas a nidificar sobre su casa. Refiérese en el Promptuario de exemplos.
[32] En la villa de Valladolid, que es en el reino de Castilla en España, hizo cierto hombre un hurto de un jarro de plata. Andávanle rastreando y cerca de prenderle. Passó por junto a la iglesia de la Madalena, y vido allí un grande álamo, que estava hueco en el tronco por una parte. Puso allí el jarro de plata, y sobre él algunas piedras y tierra, con intento de que no le hallando con el hurto en las manos le dexarían, y él tornaría por su jarro. Y no fue assí; antes, sin tener lugar para sacar el jarro, él se huyó o se murió, porque no se supo más dél. Vino el | negocio a que el señor del jarro de plata sacó cartas de excomunión contra quien le robó y tenía en su poder. Publicó las cartas, y passó el término señalado en ellas. ¡Oh, cosa maravillosa, que el álamo perdió su color y frescura, tornándose amarillo, y se le cayó la hoja sin tiempo! Querían ya cortarle por tenerle por cosa seca y inútil los vezinos, mas sucedió que unos niños se entraron a esconder en el hueco del tronco del árbol, haziendo juegos convenientes a su edad, y quitando algunas piedras pareció el jarro, y vino a noticia de su dueño, que le cobró y quitó la carta de excomunión. Lo cual hecho, el árbol de repente reverdeció, y yo mismo le vi verde y muy hermoso después deste acaecimiento, por el año de mil y quinientos y ochenta y ocho. Y en boz de los vezinos de aquel barrio sucedió lo dicho, como se ha escrito y declarado.
[33] A un eclesiástico descuidado en la vida cristiana se le apareció Jesucristo en una Cruz, y le dixo:

-¡Oh, hombre desagradecido! ¿Por qué no consideras lo que por ti padecí? ¿Por qué estimas en más y antepones el ornato y gala de tu cabeça a mi corona de espinas, tus vestidos curiosos y costosos a mi desnudez, tus músicas y razones vanas y descompuestas a mis sospiros y gemidos, tu ceñidor de seda a la llaga de mi costado, tus guantes de olor y calçado de seda a las heridas de mis pies y manos, tus risas desordenadas y lascivas a mis lamentos y lágrimas? Conviene que, dándote a deleites y contentos ilícitos, contrarios a la disciplina y religión cristiana, que lo pagues con eterna muerte.

Lo dicho se refiere en el Promptuario de exemplos.
[34] Un religioso novicio tentado de deshonestidad andava por dexar el hábito y irse del monasterio para cumplir su mal intento. Tomó el demonio figura humana de mancebo mundano y, llegándose a él, díxole:

-Entiendo poco más a me- nos /(434v)/ tu desseo. Quiero tu amistad, y como amigo darte contento. Sabe que cerca de aquí, entre unos çarçales y arboledas están ciertas mugeres mundanas. Podrás seguramente entretenerte con una dellas.

Oyendo esto el tentado, no aguardó más, sino, mostrando agradecérselo, y que en otra ocasión se lo pagaría, dixo que se adelantasse, que él le seguiría. El demonio iva adelante y el novicio le seguía. Avía ya entrado en la silva y arboleda, cuando se le puso delante Jesucristo en trage de religioso anciano del mismo convento, y preguntóle:

-¿Dónde vas, hijo?

Respondió el novicio:

-Vós no sois mi padre, ni maestro que os va en saber dónde voy.

El religioso le dixo:

-Ciertamente que tú eres mi hijo.

Indignóse el otro y, con boz alta, dixo:

-Dexadme, no me seáis molesto, que vós no sois mi padre, que pueda estorvarme el camino.

El religioso apartó el hábito y mostróle las manos y el costado sangriento con las llagas, como lo está en crucifixo, y díxole:

-Aora creerás que soy tu padre.

Derribóse el novicio en tierra, con dolor y quebranto grande de su culpa, diziendo:

-Dios mío y Señor mío.

Cristo replicó:

-Ve y confiessa tu pecado, y sabe que el que te guiava al çarçal era el demonio, y te llevava a donde quisiera quitarte la vida.

Bolvió el novicio al monasterio, aviéndosele desaparecido el Señor, y vido al demonio que bolvía en su seguimiento, y traía tal passo que le alcançó presto; mas llegando a él, desconocióle, y passava adelante, diziendo:

-Ciertamente éste no es, porque todo era mío, y poder llevava para le matar entrando en el çarçal.

Entendió el novicio la misericordia que Dios usó con él, entró en el monasterio y confessó su pecado, y bivió en adelante con más recato. Es del Promptuario de exemplos.
[35] Entró monge un moço que en el siglo bivía regaladamente, y passado el ferbor con que recibió el hábito, hazíasele dificultosa aquella vida. El pan era ne- gro | y duro, el vino, avinagrado, los ayunos, las vigilias, la obediencia; todo le era dificultoso. Fue a su prelado a que le diesse licencia para irse, significándole que no podía sufrir la vida de religioso. Díxole el prelado:

-Mirad, hijo, que es tentación del demonio. Pedid a Dios que, como a otros da fuerças para llevar esta vida, os las dé a vos. Poned los ojos en que es camino de la Vida Eterna.

Con estas razones, y otras que le dixo, se entretuvo algunos días, mas, ya agonizando con la religión, de hecho pidió su vestido de seglar, y se bolvía al siglo. No se avía apartado mucho del monasterio cuando vido que le seguía otro mancebo, el cual era Jesucristo en aquella efigie y figura. Dezíale que le esperasse, llamándole por su proprio nombre, y que se irían juntos. El otro, amohinado de que le nombrasse y siguiesse, corría más por apartarse dél. Seguíale Cristo, llamándole siempre, hasta que, convencido de su porfía, le esperó. Preguntóle el Señor dónde iva, y respondió:

-Y a vos, ¿qué os importa saberlo? Voy donde me conviene, como hazéis vos y hazen todos los que caminan.

Mas porfió tanto el Redemptor que le declaró la verdad, cómo dexava la religión y se iva al siglo. Levantó el Señor su vestido, y mostróle la herida de su costado, derramando sangre, y díxole:

-Buelve al monasterio, y cuando vieres el pan denegrido y duro, y todas las demás asperezas, llégalas a mi costado y báñalas en mi sangre, y hazérsete han dulces y sabrosas.

Desapareció Cristo, y el moço bolvió a la religión, donde bivió santamente. Y por esto dize San Gregorio que si la Passión de Cristo se trae a la memoria, ninguna cosa se nos hará grave y difícil. Lo dicho es del Promptuario de exemplos.
[36] A un enfermo y siervo de Dios que estava peligroso, tratando de darle la Unción, oyéndolo él, dixo:

-No se trate de dármela, porque a todos los que se la dan, /(435r)/ luego mueren.

Esto dixo, no porque tuviesse en poco el Sacramento de la Unción, sino por temor de que se moriría luego, y con lo que quiso estorvar la muerte, la halló, porque se murió luego. Y al tiempo que le amortajavan, siendo voluntad de Dios, bolvió el espíritu al cuerpo, abrió los ojos y habló estas palabras:

-Porque fui negligente en recebir el Sacramento de la Unción, la justicia divina me ha señalado cien años de Purgatorio, si no soy favorecido con sufragios y oraciones de mis deudos y conocidos, y si recibiera la Unción sanara desta enfermedad.

Con esto, quedó muerto. Y lo dicho es del Promptuario de exemplos.
[37] Passava un rústico con una vaca y un becerrillo por la falda de un monte, riberas del mar en Apulia, donde está un templo de San Miguel, al cual ocurren peregrinos de diversas partes, y en sus trabajos y necessidades se encomiendan al santo Arcángel. Vídose el rústico en peligro en este camino de que el mar con tormenta levantava las olas y llegava cerca dél poniéndole en peligro de muerte. Oyéronle otros que hazían aquel mismo viaje que, llegando una grande ola, el rústico dixo:

-¡Oh señor San Miguel, libradme deste peligro, que yo os daré la vaca y el becerrillo!

Cessó la ola, y quedó libre el villano y, viéndose libre, dixo:

-Por cierto, señor San Miguel, que no os tengo yo de por tan poco entendimiento que creyéssedes que os avía de dar la vaca ni el becerrillo.

Vino otra ola y, viéndose en el mismo peligro, tornó a dezir:

-¡Ea, señor San Miguel, que ya quiero dar becerrillo y vaca! Yo os prometo de lo ofrecer en vuestra iglesia.

Cessó la ola, y tornó el sayagués a dezir:

-Que no creo yo, San Miguel, que vós penséis que de veras os ofrezco vaca y becerro.

Dicho esto, vino otra ola, que arrebató becerro, vaca y villano, y los ahogó a todos, y fue castigo porque nadie burle de los santos. Es del Promptuario. |
[38] Geroncio, abad del monesterio de Eutimio, iva con otros dos monges por un monte cerca del Mar Muerto, que es en Palestina, y vieron de lexos un anacoreta y religioso que caminava cerca del mar. Saliéronle al camino ciertos sarracenos ladrones, y el uno dellos, poniendo mano a su espada, le cortó la cabeça. Geroncio y los que ivan con él, vista la muerte del anacoreta, derramaron lágrimas, con pena grande que tuvieron por aquella maldad; mas vieron luego que baxó de lo alto una ave estraña y de gran cuerpo, que arrebató en sus uñas al sarraceno y, levantado en alto, dexóle caer, quedando de la caída despedaçado y muerto. Es del Prado Espiritual, capítulo 21.
[39] Contra la voluntad de sus padres se entró en religión una donzella en la ciudad de Espoleto en Italia, y aunque era grande su patrimonio, fue poco lo que la asignaron para su dote. Esta entrada agradó tanto a Nuestro Señor que, estando presente Eleuterio Abad, y viniendo allí un rústico endemoniado furioso, la santa monja mandó al demonio que saliesse y le dexasse. El demonio habló por la boca del rústico, y dixo:

-Si de aquí salgo, ¿dónde entraré?

Andava allí cerca un puerco pequeño pariendo.

-Entra en aquel puerco -dixo la religiosa.

El demonio salió del rústico y entró en el puerco, al cual mató luego y se fue. Tanto agradó a Dios el dexar el mundo y entrar en religión. Escrive esto San Gregorio, libro tercero de los Diálogos, capítulo 21.
[40] Avía entrado monja en un monasterio que estava fuera de poblado una donzella de edad de dos años, cuya simplicidad era tan grande que, saltando por una pared dentro del encerramiento una cabra, no aviendo visto otra en su vida, preguntó qué cosa era aquella, y otra monja para provarla le dixo que era muger seglar, y que cuando eran viejas les nacían cuernos y barbas. Ella quedó muy con- tenta /(435v)/ por saber esto de nuevo. Su vida fue de modo que en su muerte se hallaron presentes Cristo con su Sagrada Madre y muchos santos, a los cuales ella conocía bien, y nombrava por sus nombres, y fue a gozar de sus buenas obras en su compañia. Refiérese en el Promptuario de exemplos.
[41] En cierto monasterio del Orden de Cistel en Alemania estava un monge enfermo en la enfermería. Sintióse congoxado por apretarle mucho una aguda fiebre, y para tomar algún alivio quitóse la capilla y el hábito. Oyóse luego un ruido tan grande y espantoso que parecía caerse la enfermería. Estava a esta sazón orando un monje del mismo convento, al cual se apareció el demonio, y dixo:

-Por indignación grande que tengo contra ti he hecho este ruido, y es la causa que con tu oración me has impedido que no me apodere de un monge que se desnudó el hábito de tu orden en la enfermería y le atormente.

Oyendo esto el religioso, fue con passo acelerado el enfermo, reprehendióle y hízole que luego se tornasse a vestir el hábito, y le pesasse de lo hecho. El cual, de la misma enfermedad, muy devoto, aviendo recebido los Sacramentos, murió. Es del libro segundo De Apibus, capítulo séptimo.
[42] Yolanda, hija del Conde de Viena, nieta de un emperador de Roma y sobrina de otro de Constantinopla, y hermana del Príncipe de Acaya, por un sermón que oyó a fray Ubaltero, del Orden de Predicadores, dio de mano a cuanto el mundo le ofrecía, y persuadiendo a su madre que fuessen a cierto monasterio del mismo Orden, llamado Llegudasalla, como la madre se entretuviesse con la gente que la acompañava en ver la iglesia, estando la hija de concierto, se entró con las monjas en el capítulo, y hizo voto de religión en manos de la prelada, y se vistió el hábito, començando ella a cantar un responsorio que dize: Regnum mundi contempsi, &c . Oyó la madre la música, preguntó la causa y, sabido, estuvo en punto de perder el juizio de pena. Trabava del Cielo con sus manos, dezía palabras de mucho desconsuelo, y rematóse el negocio que, arrebatada de passión, ayudándose de la gente que la acompañava, por fuerça sacó la hija del convento y llevóla a su casa, encerrándola en un aposento de su alcáçar de Viena, y poniéndole guardas. Estando allí la santa monja, no pudo acabarse con ella que comiesse sino lo que estando en su convento comiera, y porque le quitaron sus hábitos por fuerça, no siendo honesto tener su cuerpo desnudo, se puso un vestido de color contra su voluntad, porque en todo lo demás guardava su religión precisamente. Fue allí combatida de obispos, abades, frailes y monjas por tres años, o que dexasse su intento y se casasse, pues era tanto de estimar su linage y decendencia, con que Dios sería servido, o ya que no podían traerla a esto, que entrasse en otra religión de menos aspereza, y nada se pudo acabar con ella, hasta que, cansados sus padres, visto que su intento era firme, diéronle lugar a que permaneciesse en aquel estado y orden santo, donde bivió vida admirable y acabó santamente. Es del libro segundo De Apibus, capítulo veinte y nueve.

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