De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[43] En una Congregación de canónigos reglares del reino de Francia, estando cantando Completas en cierta solemnidad y fiesta, al tiempo del dezir: In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum , todos procuravan mostrar su boz y mejorarse con contrapuntos, de modo que era mucho de oír la música tan concertada. Callaron todos al tiempo de dezir el Credo, como se dize en silencio, y oyóse una boz del Cielo que dixo:

-No ha sido oído sino el ronco.

Espantáronse todos, y luego echaron de ver que se dezía por uno que estava al rincón despreciado, que tenía la boz triste y desentonada, el cual era de muy santa vida. Es del /(436r)/ libro segundo De Apibus, capítulo 40.
[44] En el convento de monjas de Argensolio, tañendo a maitines, sola la abadessa fue al coro, porque a las religiosas tenía el demonio con un engañoso sueño trascordadas, de modo que ninguna se levantó. Oyó la abadessa al demonio, que dava grandes risadas burlando della, porque no tenía quien le ayudasse a dezir los maitines. Llamó a algunas por sus nombres, y por oración que hizo oyeron lo que la abadessa avía oído al demonio. Tornándolo a repetir, y contándolo unas a otras, quedaron todas mal contentas, por ver que el maldito se burlava dellas. La abadessa las penitenció en el capítulo, por donde el demonio, avergonçado, no usó con ellas en adelante semejantes burlas. En otro monasterio de monges, siendo uno muy tentado de sueño, porque luego que se assentava en el coro en su silla y se començava el canto se dormía, vido éste una noche en sueños al demonio, que con una escudilla de pez derretida andava dando a bever a los frailes, y en beviendo quedavan dormidos. Llegó a él, y poniéndole a la boca la pez, quemándole, huyó la cabeça atrás reciamente, y diose en la silla una mala calabaçada. Despertó y vídose herido, y fuele ocasión para que en adelante estuviesse alerto a los maitines. Refiérese en el libro segundo De Apibus, capítulo cuarenta.
[45] Religiosíssimo se mostró el emperador Constantino Magno, cuando, juntándose el Concilio Niceno por orden del Papa San Silvestre, hallándose presente en él el mismo emperador, como le cargassen de cédulas los obispos que assistían a él, en que formavan quexas unos de otros, juntándolas todas sin leer una y a vista del concilio las quemó, diziendo:

-Vosotros, padres míos, me avéis de regir a mí, y yo tengo de obedeceros. De vuestros pleitos y diferencias Dios tiene el cargo, como vuestro superior. Aora entendamos en lo que conviene al bien y utilidad de su iglesia, a que nos avemos juntado.

Haze con lo mismo del zelo a la religión deste grande emperador las | muchas iglesias que edificó y enriqueció; el dexar al Romano Pontífice su casa y silla que tenía como emperador en Roma, y de que tanto otros emperadores se avían preciado, dándolo libremente a San Silvestre Papa y a sus sucessores; la honra que hizo a la Santíssima Cruz, vedando que no fuesse más instrumento de muerte de malhechores, sino señal y vandera de emperadores y reyes; el estimar en tanto los clavos con que Cristo, Nuestro Redemptor, fue enclavado en la Cruz, embiándoselos de Jerusalem su piadosa y devota madre, la reina Helena, siendo hallados por ella al tercero día en que halló la Santa Cruz, como dize San Isidoro, rezando de su invención su Breviario. De los cuales, uno puso por cimera en su cavallo, usando dél cuando entrava en alguna peligrosa batalla, o, como dize San Ambrosio, sobre su real corona. Lo dicho se refiere en la Vida del mismo Constantino.
[46] El emperador Heraclio también tuvo zelo un tiempo a la religión, pues saliendo a pelear con Cosdroes, rey de Persia, no aviendo aceptado el bárbaro algunas condiciones de paz que él le ofrecía bien a su provecho y honra, por parecer que le tenía vencido y rendido, ocurrió Heraclio al divino favor, pidiendo a Dios bolviesse por su causa contra aquel sobervio rey. Empleóse él y sus gentes en oraciones y ayunos, salió de Constantinopla el día de Pascua, llevando en las manos una imagen de la Madre de Dios muy devota, y por este medio alcançó vitoria de sus enemigos, recobró tierras del imperio que le tenía ganadas, y el madero de la Santa Cruz en que Cristo murió, que le tenía robado en Persia, y bolvióle al lugar propio y ciudad santa de Jerusalem, de donde el tirano la avía llevado. Refiérese lo dicho en la Historia de la Exaltación de la Cruz.
[47] Luitprando, rey de los longobardos, mostróse religioso en que, aviendo edificado iglesias y monasterios, dotándolos magníficamente, passando de Africa a la isla de Sardinia, hallando allí el cuerpo del beatíssimo doctor San Agustín, /(436v)/ le trasladó a Pavia, donde tenía la silla y assiento de su reino. Y afírmase que el mismo rey acompañó desde Génova el santo cuerpo, caminando a pie hasta ponerle en el monasterio de su orden de aquella ciudad de Pavia. Refiérelo Fulgoso, libro primero.
[48] Julio Filipo, primer emperador cristiano, aviendo muerto mal a Gordiano, hombre principal, privóle de la Sagrada Comunión San Fabián Papa, vedándole la entrada en la iglesia a él y a todos los que fueron con él en aquella muerte, si no la satisfacían con pública y verdadera penitencia. Obedeció al Pontífice y hizo cuanto por él le fue mandado, sin parecerle que desautorizava la dignidad imperial, ofreciéndose caso en que convenía se procediesse assí para honra y autoridad de la religión. Refiérelo Fulgoso, libro primero.

[49] De Teodosio Emperador, también es notorio su zelo a la religión. El cual, estando en Milán, vedóle San Ambrosio, que era arçobispo en aquella ciudad, la entrada en la iglesia hasta que satisficiesse y hiziesse pública penitencia por aver derramado mucha sangre en Tesalónica, sin proceder jurídicamente; porque, aviéndole muerto en aquella ciudad con tropel y furia popular un corregidor, mandó él a su exército que entrasse por ella, y de la misma forma, con tropel y grita de bárbaros, matassen cuantos se les pusiessen delante, hombres y mugeres, viejos y niños, llegando el número de los muertos a siete mil. Por esto le excomulgó San Ambrosio, y vedó la entrada en la iglesia hasta que satisfizo conforme al orden que por él le fue dado, el cual guardó, y con mucha humildad cumplió. Refiérese en la Vida de San Ambrosio.


[50] Grande menospreciador de la religión fue Juliano Apóstata. Era cristiano, y ordenado de diácono. Dexólo todo y hízose gentil idólatra. Persiguió a los | cristianos, matando y atormentando, o quitando honras, dignidades y haziendas a muchos, y con el mismo Cristo, Dios Nuestro, traía sus enojos y pleitos. Sucedió que en una batalla que dio a los persas fue herido de una lança sin dueño que vino por el aire, y viéndose que moría, hinchió su mano de la sangre que corría dél, y arrojándola en alto contra el Cielo, dixo:

-Vencido me has, Galileo (que este nombre dava a Cristo).



Y en dezir semejante palabra dio muestra que moría por menospreciador de la religión. Refiérese en la Vida de San Basilio.
[51] Valente, emperador ariano, fue sacrílego en ser medio como los godos recibiessen con el nombre de cristianos la heregía de Ario, pues pidiendo con buen intento maestros que los enseñassen en la Fe santa, él les embió hereges que los pervirtieron en la heregía de Ario. Mas pagósela con lo que ellos pudieron ser pagados, que fue con su vida. Avíanle ganado los mismos godos a Antioquía; salió huyendo della, entróse en una casa pajiza del campo para esconderse y librarse de los que ivan en su seguimiento, mas allí fue quemado, que es propria muerte de herege. Refiérelo Fulgoso, libro primero.
[52] El abad Juan Anacoreta, ya viejo bivía en una cueva cerca del lugar llamado Socho, que distava de Jerusalem viente millas, y tenía consigo una imagen de la Madre de Dios, en cuyos braços estava su Sacratíssimo Hijo y Salvador Nuestro. Acostumbrava ir a algunas romerías a Jerusalem a adorar la Cruz Santa donde se obró nuestro remedio, o al monte Sinaí a orar. Ya iva a Efeso a visitar el sepulcro de San Juan Evangelista, donde entró vivo, aunque dél no se halla allí alguna cosa, ya a Euchaita, donde está el cuerpo del santo mártir Teodoro, ya a Seleucia de Isauria, a reverenciar el de Santa Tecla. Siempre que iva a hazer semejantes romerías, acendía una vela y /(437r)/ poníala delante de la imagen de la Virgen, y hazía oración, diziendo: «Santa y Señora Mía, Madre de Dios, porque tengo de ir camino largo y detenerme algunos días, tenednos, Señora, cuidado desta vela, que no se apague, porque yo confiado en vuestro favor hago el viaje». Dicho esto, salía de su celda, cerrava la puerta y iva su camino, en el cual se detenía algunas vezes un mes, otras, dos, y aun llegava al quinto y sexto mes; a la buelta hallava encendida la vela y sin echarse de ver lo que se avía gastado. Este milagro hazía Dios por respeto de aquella santa imagen de su Sagrada Madre. En un viaje déstos que hazía el santo abad Juan, llegó a un camino muy estrecho, estando de la una y otra parte muchas çarças, de las que ponen los labradores para guardar sus heredades, y vido venir de la otra parte un fiero león. No quiso bolver atrás. Antes, llegando a encontrarse, como el uno sólo pudiesse passar, enpinóse el león a un lado, recogiéndose cuanto pudo, y assí dio más lugar al santo viejo para que passasse y, aviendo pasado, siguieron ambos su camino. Es del Prado Espiritual, capítulo ciento y ochenta, y ciento y ochenta y dos.
[53] En el año de mil y trecientos y cinco, fue electo Sumo Pontífice Clemente Quinto, el cual passó a la ciudad de Aviñón, en Francia, la corte romana, en cuyo tiempo, y a instancia del rey Filipe, fueron muertos los Templarios. Dízese que les vino este trabajo por dos cavalleros de su mismo orden, que, teniéndolos el maestre para justiciar por delitos que avían cometido, ellos depusieron dél y de todo el orden grandes crímines y excessos, por donde fueron condenados a muerte. El maestre Jacobo, con otros principales, estando en León de Francia para ser justiciados públicamente, confessaron que morían | sin culpa, y recibieron las muertes con grande paciencia. Otros dos cavalleros, llevándolos a matar y passando por donde estavan el Papa y el rey de Francia, los citaron para que pareciessen delante de Dios a dar cuenta de sus muertes dentro de un año, y ambos murieron, el Papa al cabo de un año, y el rey, desde a poco. Las haziendas déstos por la mayor parte quedaron a los cavalleros de San Juan de Malta. Acerca de aver sido estinguido este Orden de los Templarios, y de las muertes de sus cavalleros, han escrito diversos autores. Yo no tengo que dezir, visto lo que dize dellos un concilio celebrado en Francia en tiempo del mismo Papa Clemente Quinto, al cual me remito.
[55] León Cuarto, emperador de Constantinopla, tomó una corona de oro del templo de Santa Sofía que avía dado el emperador Mauricio, y entre otras piedras tenía un carbunclo de valor grandíssimo. Púsola en su cabeça, y fue herido luego de un carbunclo, apostema pestilencial, con que miserablemente murió. Dízelo Blondo, Década Segunda, libro primero, y Platina, con otros autores graves. Y afirman que fue castigo del Cielo por el desacato que hizo en tomar y querer servirse de corona ofrecida al culto divino.
[56] En la Vida de San Barbaciano, escrita por Hierónimo Rubeo, referida por /(437v)/ Surio en el tomo séptimo, se dize que Galla Plácida, madre del emperador Valentiniano, estando en Rávena de assiento, quiso edificar un templo de San Juan Evangelista, por aver sido libre de cierta tempestad del mar por medio suyo. Edificóle, y muy sumptuoso, y en él hizo pintar una figura de Dios Nuestro Señor, con grande magestad. Tenía un libro en la mano, y dávasele a San Juan, que estava pintado más abaxo. El libro tenía un título: Juan Evangelista. De otra parte estava pintado un estendido mar, y en él, dos navíos en peligro de anegarse por tormenta. En el uno parecía San Juan Evangelista, que dava favor a la emperatriz. También avía otras pinturas en que parecían algunos de los misterios que escrive en el Apocalipsi. El altar deste templo era de plata, avía en él grandes riquezas, en todo estava perfecto y acabado, cuanto a la fábrica y hechura dél. Solamente faltava alguna reliquia del Apóstol y Evangelista San Juan para cumplir con la costumbre de los concilios y santos de aquel tiempo, que era poner siempre reliquias en el altar de cualquiera iglesia o templo del santo en cuyo nombre se dedicava. Esto afligía el ánimo de la emperatriz Galla Plácida. Inquiría si en alguna parte del mundo se hallasse reliquia del Evangelista San Juan, para traerla a su templo, y a la diligencia de buscarla añadía ayunos y vigilias, para que Dios se la revelasse. Y porque le pareció que eran necessarios más méritos que los suyos, embió a llamar de Roma a Barbaciano, varón santo. Venido a Rávena, y dádole parte de su desseo, él la aconsejó que con sus donzellas y otra honesta compañía tuviesse vigilia en el mismo templo edificado por ella, y que él se hallaría presente. Lo cual se hizo por tres noches continuas, y en la última, después de aver gastado parte della en oración, la emperatriz y los que la acompañavan se adurmieron. Barbaciano estava tam- bién | medio dormido cuando vido un venerable viejo con vestiduras blancas y mitra de Pontífice, cuyo rostro era hermosíssimo, y salía dél grande claridad, el cual andava con un incensario incensando el templo por todas partes. Despertó del todo Barbaciano, muy admirado de ver semejante visión, y levantándose con passos sossegados, fue a la emperatriz y, despertándola, mostróle al Santo Evangelista, y díxole:

-¿Ves, señora, allí al que dedicaste el templo?



La emperatriz Plácida, commovida de un fervor de religión y santo, con passo acelerado fue al Evangelista sagrado, que llegava ya junto al altar mayor, derribóse a sus pies y assióle dellos. El glorioso Apóstol se fue de su presencia, y dexóla en sus manos el sandalio, que es el calçado pontifical del pie derecho. Quedó la devota señora muy contenta por aver conseguido el fin de su desseo y, venido el día, no sin derramar lágrimas de devoción y alegría, contó a su hijo Plácido Valentiniano y a mucha otra gente lo que avía sucedido, y assí se celebró la dedicación de aquel templo, el tercero día antes del fin de febrero.
[57] Zelo tuvo a la religión cristiana San Luis, rey de Francia, cuando hizo un copioso exército con que passó a defender lo que se iva perdiendo de la Tierra Santa, que antes con el mismo zelo avía ganado Gudufre de Bullón; donde el cristianíssimo rey Luis padeció grandes infurtunios, hasta ser preso y rescatado, rescatando él assí mismo grandes millares de cristianos que estavan captivos entre aquella gente infiel y bárbara. Y no cansado con esto, buelto en su reino, de nuevo levantó exército para tornar a aquella santa expedición. Y llegando a Africa y teniendo cercada a Túnez, murió herido de peste con un hijo suyo y mucha otra gente. Refiérelo Fulgoso, libro primero. /(438r)/
[58] También fue zelo de la religión el obedecer a los mandatos de la iglesia, como obedeció Luis Séptimo, rey de Francia, hijo de Luis Sexto, llamado «el Gruesso», el cual, estando casado con Heleonora, duquesa de Guiana, y teniendo della dos hijas, hallándose que eran parientes, y no queriendo dispensar con ellos el Papa, se apartaron. Heleonora, llevando consigo el ducado de Guiana, casó con Enrique, a la sazón Duque de Normandía, y después rey de Inglaterra, Tercero de aquel nombre, y Luis casó con doña Constança, hija del rey de Castilla. Y por lo mismo de ser parientes en tercero grado dexó don Alonso, rey de León, a doña Teresa, hija del rey de Portugal, y a doña Berenguela, hija del Conde de Barcelona, con las cuales ambas se avía casado, una después de otra, y por lo mismo de no querer dispensar con él el Papa, se apartaron, como parece en las Corónicas de España.
[59] Don Ramiro, por falta de heredero en Aragón, fue sacado de su monasterio y hecho rey. También le dieron muger, y della tuvo una hija llamada doña Urraca, y visto que dexava quien heredasse el reino, con zelo de religión bolvió a su monasterio, sin que pudiesse estorvárselo amor de muger ni de reino. Y Bermudo el Primero, teniendo dos hijos, acordándose que era ordenado de diácono primero que se casasse, dexó la muger, y nombrando rey a un su sobrino, tomó el hábito de monge, zelando assí mismo la religión. Refiérese en las Corónicas de España.
[60] Traían entre sí cruda guerra, en tiempo de Felipe, Adeodato, rey de Francia, y los condes de Roan y de San Egidio, sin que bastasse toda Francia a ponellos en paz. Tomó el negocio a su cargo un hombre pobre, llamado Durante Podiense, el cual, con una imagen de Nuestra Señora pintada en un pergamino que tenía alrededor un letrero y dezía: Agnus Dei, dona no- bis | pacem , afirmando que Dios se la avía dado, fue medio para que los discordantes tuviessen paz, y fue zelo que los movió a la religión. Dízelo Fulgoso, libro primero.
[61] En la Vida de Austregisilo, obispo vituricense , referida por Surio, tomo tercero, se dize que un molinero llamado Monulfo quiso picar la muela de su molino en domingo, y ordenó Dios que se le aferrasse el instrumento a la mano, sin que fuesse possible quitársele. Salíale sangre de entre los dedos, y podrecíasele la mano, dando malíssimo olor. Vídose que era castigo de Dios para escarmentar a otros que en cosas de más momento quebrantan las fiestas. Fue llevado al obispo Austregisilo, hizo oración por él, y luego con facilidad le quitó de la mano aquel instrumento de hierro, y quedó sano. En la misma Vida se dize que siendo muerto Austregisilo, hizo Dios por él grandes milargros, y particularmente defendió su iglesia y ciudad de tiranos y vexaciones, porque, viniendo de parte del rey Teodorico un su privado llamado Guarnerio a pedir ciertos tributos y subsidios para la guerra a la ciudad vituricense, siendo vivo el santo varón Austregisilo, y resistiéndole con causas bastantes y justas, bolvió siendo muerto, y por fuerça cobró aquel dinero. Y aviéndolo cobrado, entró en la iglesia donde estava sepultado el siervo de Dios, que era un monasterio fuera de la ciudad, y visto que su sepulcro le tenía adornado de oro y plata la devocion de los fieles, dixo con grande arrogancia:

-Bien fuera que Austregisilo dexara por herederos a los pobres de su hazienda, pues la avía adquirido por la iglesia, y no mandara que cubrieran su sepulcro de oro y plata como está.

Dixo esto, no porque tuviesse cuidado de los pobres, sino como Judas bolvía por ellos, siendo codicioso. No se avía apartado bien de allí, cuando cayó un madero de lo alto, y dándole en la cabeça, le hizo rebentar sangre, dexándole el rostro y barba /(438v)/ bañado en ella, y cayendo en tierra con grande abundancia. Viéndose herido Guarnerio, le dixo en alta voz con grande enojo:

-Austregisilo en vida se me mostró enemigo, y en muerte quiere matarme.

No fue parte esto para que pidiesse perdón al siervo de Dios y cessasse su tiranía, afligiendo los pobres con su cobrança de los tributos injustos, y assí le castigó Dios con muerte rabiosa, cayéndosele sus intestinos del cuerpo, a la traça de Judas el Apóstata, y diziendo en vozes altas que Austregisilo y Sulpicio (que fue el que le sucedió en el obispado) le quitavan la vida. Y fue esto ocasión para que en adelante no se cobrasse más de aquella ciudad semejante tributo. También en tiempo del rey Pipino de Francia, yendo a dar batalla a Eudo, duque de Aquitania, como su gente se descomidiesse y profanasse una casa que estava cerca de la ciudad vituricense, que era tradición de los vezinos de un lugar llamado Corobeyas, donde estava, que avía sido del santo, y Dios por él hazía allí milagros, no obstante esto, aviéndola profanado los soldados de Pipino, pegáronla fuego. Mas vino luego sobre ellos el castigo de Dios, porque de los culpados se apoderaron demonios, y unos se despedazavan sus miembros a bocados, y otros se echavan en llamas. Sabido esto por el rey Pipino, mandó por público pregón que nadie hiziesse daño en cosa tocante a Austregisilo. Después desto, Eudo puso cerco a la ciudad vituricense, el cual mandó a un capitán suyo llamado Agno que se apoderasse del monasterio donde estava el cuerpo de Austregisilo. Éste recogió todo lo que vido de provecho en la casa y repartiólo entre sus soldados, y siendo ya señor de la ciudad Eudo, Bertando, abad del monasterio robado, hallándose con un vaso de plata, llevósele a Agno, diziendo:

-Toma, señor, este pequeño don que nos queda en el monasterio, y dexa libres a los monges, porque | puedan rogar a Dios por ti.

Agno, con gran sobervia, respondió:

-Eudo, mi señor, me tiene mandado que te lleve captivo, ¿y ruegas por tus monges?

El abad, muy afligido, congregando su convento, dioles cuenta de aquella áspera respuesta, y los monges se fueron al sepulcro de Austregisilo, y con lágrimas le pidieron les alcançasse de Dios remedio en aquella necessidad. Y hablando con su Magestad, dezían: «Mira, Señor Omnipotente, que nos han robado estos malos hombres lo que teníamos recibido de Ti para mejor servirte». Entretanto, dio buelta Agno por todas las tierras del monasterio y robó cuanto halló de precio, y ívase. Apareciósele durmiendo Austregisilo, y con rostro amenazador le dixo:

-¿Por qué has robado mi monasterio y perseguido mis monges?

Con esto, le hirió en la cabeça. El miserable despertó dando vozes, diziendo:

-¡Ay de mí, que Austregisilo Obispo me ha muerto!

Llamó su gente, mandóles que fuessen a Eudo y le dixessen que estava herido de muerte por los robos que avía hecho en el monasterio de Austregisilo, que mandasse le fuessen restituidos si no quería ver sobre sí otro castigo semejante. Oyendo esto Eudo, recibió grande temor. Mandó bolver al convento todo lo que Agno avía llevado, y estando a la mesa, embió al mismo Agno un vaso de plata para que le ofreciesse a Dios en satisfación de sus culpas. Y visto por él, dixo:

-Pequeño es este don para ser ofrecido por tan graves pecados como son los míos.



Y diziendo esto, espiró. Otros castigos semejantes hizo Dios en los que se atrevían a hazer daño en el monasterio donde estava el cuerpo de Austregisilo y en la ciudad. Y permítelo porque se tenga mucho respeto a los santos, pues su Magestad los estima y tiene en mucho, llamándolos amigos y queridos suyos.
[62] En la Vida de San Friderico, obispo de Traiecto , en Francia, referida por Surio /(439r)/ en el cuarto tomo, se dize que un sacristán de la iglesia catedral de Traiecto se mostró profano y atrevido en la capilla de San Juan Evangelista, donde estava el cuerpo del santo mártir Friderico. Dormía allí, y cumplía con las necessidades de su cuerpo, siendo causa que no se visitasse aquel lugar de los fieles por estar sucio y de mal olor. Apareciósele el mismo santo con otros dos obispos, Alfisco y Ludgero, que le avían sucedido y estavan sepultados en la misma capilla, y reprehendiéronle porque tenía en aquel lugar su cama, y echava sobre ella vestimentos sagrados, y tenía el lugar sucio y de mal olor. Mandáronle que sacasse de allí su cama y le limpiasse. Él no hizo caso dello, aunque dio cuenta de la visión a otros ministros de la iglesia. Avisáronle la segunda noche los mesmos tres obispos, y menos se curó dello. Aunque, tornando a contarlo, le dixo un ministro de la iglesia que hiziesse lo que le era mandado, y que temiesse algún castigo de Dios. No lo hizo él, por lo cual a la tercera noche fue castigado, de suerte que como no tañessen a los maitines que se dezían a la alva del día, ni se abriesse la iglesia, buscando los clérigos modo como entrar, hallaron el miserable abrasado, y su cama ardiendo con fuego de alquitrán. Sacáronle de allí para sepultarle en el campo, y el cuerpo iva echando de sí un fuego a modo de relámpago, que denotava cuán grande avía sido su pecado en desacato del mártir San Friderico, y desde aquella sazón se tuvo mucho respeto a su sepulcro.
[63] En la Vida de San Estevan Abad , que anda entre las obras de San Juan Damasceno, y lo refiere Surio, tomo séptimo, se dize que siendo emperador de Constantinopla León, Tercero deste nombre, siendo herege, dio en perseguir las santas imágines, quitándolas de los templos y iglesias. Sucedió | y fue assí, que estava sobre la puerta de la iglesia catedral de la misma ciudad de Constantinopla una imagen de Cristo, con que la ciudad toda tenía particular devoción. Mandávala el sacrílego emperador derribar de allí. Púsose una escala, y subía por ella el ministro desta maldad, mas juntáronse algunas devotas mugeres con zelo grande del servicio de Dios, y tomando ánimo y osadía, llegaron a la escala y derribáronla en tierra con el que estava en ella, el cual de la caída murió, y fue éste el premio de su sacrilegio. Ni contentas con esto, entraron en la iglesia cargadas de piedras, y dan en un patriarca que avía puesto allí el tirano, llamado Anastasio, tan malo y perverso como él, aviendo quitado la dignidad a Germano, que era católico y santo varón. Llamávanle intruso y falso, lobo y no pastor, mercenario y no prelado, y sobre esto llovía sobre él tal pedrisco que más con miedo que vergüença dio a huir, y valióle la vida tener ligeros los pies. Fue al emperador y contóle lo sucedido, el cual embió gente bien armada que mataron a algunas de aquellas valerosas mugeres. Adelante desto se dize que, teniendo preso en la cárcel al mismo San Estevan Abad el impío emperador sobre el negocio de las imágines, defendiendo el santo su adoración, embió gente mala y facinorosa para que cruelmente le matassen. Fueron de tropel, y entran dando vozes, diziendo:

-Dadnos a Estevan, enemigo de nuestro emperador, para que muera.

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