De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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Oído por él, con grande ánimo y rostro alegre y sereno se les puso delante, diziendo:

-Yo soy el que venís a buscar.

Llegaron ellos y derribáronle en tierra, quitáronle las cadenas que tenía a los pies y sacáronle, hiriéndole y maltratándole, unos con piedras, otros, con palos, y aun otros le acoceavan, sin dexar modo alguno de mal tratamiento que executar en él. Llegaron al templo de /(439v)/ San Teodoro Mártir, y viéndose a la puerta Estevan, hizo fuerça con las manos en tierra, y levantó la cabeça para hazer reverencia al santo, no olvidándose en tanta calamidad y trabajo de semejante obra de piedad. Advirtió esto uno de los atormentadores, llamado Filomacio, y con furor y ira grande, en voz alta dixo:

-¿Veis lo que éste haze? Morir quiere como mártir.

Vido cerca de sí un gruesso palo, assió dél y dio al santo abad Estevan un tan fuerte golpe en la cabeça que, rompiéndosela, le mató. No consintió la vengadora mano de Dios que la pena merecida por tal culpa se le dilatasse al cruel homicida, como suele en otros delitos, porque, al mismo punto que acabó de hazer el golpe, como si fuera él el herido, cayó en tierra, dava diente con diente y echava espumajos por la boca, mostrava sentir terribles dolores, y con esto acabó su miserable vida. No fue parte semejante portento y castigo para que la furia popular se mitigasse, antes, pareciéndoles agradar al tirano, hizieron crueldades nunca oídas en el cuerpo del santo mártir. Cortáronle las manos, dando con una piedra sobre otra en que estava, desgarráronle los dedos y esparciéronlos por todas partes. Rompiéronle el vientre y sacáronle los intestinos, también derramándolos, y en el vazío donde estavan le pusieron una piedra. Lleváronle arrastrando, y juntándose mugeres y mochachos, cargávanle de piedras, pareciéndoles que era enemigo del emperador el que no tirava la suya. Llegó con un tizón ardiendo un mesonero, y hirióle en el celebro, de suerte que los huessos se le derramaron en tierra. Tornaron a trabarle del cuerpo, y con la misma gritería, ya assiendo uno dél, ya otro, le llevaron a una cueva que era sepulcro de paganos, y le echaron dentro. Estava el cielo assossegado y, de repente, de la parte donde el monte Auxenciano estava, que era su habitación, vino a la ciudad una nuve con tanto rui- do | de truenos y rayos que no poco espanto ponía. Ni fue sólo espanto, porque cayó della tanto granizo y tan grande que causava admiración, y fue cerca del palacio del emperador, poniendo a muchos en peligro de perder las vidas. Este sentimiento hizo el Cielo en la muerte de tan santo varón, y escrivióse en este Discurso su martirio por ser ocasionado de religión y culto divino, siendo por la adoracion de las santas imágines.
[64] En la Vida de San Preiecto Mártir, obispo de Arbernia , escrita por Surio en el tomo primero, se dize que por hazer bien y rectamente su oficio de pastor vino a ser aobrrecido y perseguido de gente mala y facinorosa. Entre otros contrarios, pues, que tenía, señalávase un hombre principal en la ciudad llamado Agricio. Éste persuadió a otros que matassen a Preiecto, su prelado, el cual, estando con el abad Amarino, amigo suyo, a quien sanó de calenturas, en un lugar que se dezía Volónico, entró de repente con grande ruido y bozería una escuadra de hombres facinorosos. Oídos por los dos santos varones, derribáronse de rodillas para recibir con prompta voluntad la muerte. Sus ministros huyeron, excepto dos, que se pusieron a los lados del santo Pontífice Preiecto, desseando morir con él. Quisiera salir a ellos Amarino y aplacarlos, mas detúvole Preiecto, diziendo:

-No quieras, padre amantíssimo, perder la corona que se nos ofrece al presente, la cual será possible no poder otra vez alcanzar.

Detúvose con esto Amarino, y entrando dos de aquellos malhechores, matáronle, y pensando que fuesse Preiecto, ívanse, contentos con sola su muerte. Mas visto por el santo Pontífice Preiecto, levantó la boz desde el lugar donde estava orando, y díxoles:

-Mirad que aún queda vivo el que venistes a matar. Bolved y hazed lo que pretendéis.

Oído esto por ellos, bolvió un saxón llamado Radeberto, y hirióle en el /(440r)/ pecho con su espada. Viéndose herido el santo mártir, y bañado en su sangre, levantó sus ojos al Cielo, y dixo con el bendito mártir Estevan:

-No les imputes, Señor, esto a pecado, porque no saben lo que se hazen.



Oyendo esto el sacrílego, hirióle de otro golpe en su cabeça, de modo que aquella alma santa, libre de las ataduras del cuerpo, acompañada de millares de ángeles, subió a los Cielos. También fue muerto uno de los ministros de San Preiecto, cuyo nombre era Elidio. Estavan allí cerca dos senadores, llamados Vodo y Plácido, los cuales eran cómplices y consentidores en aquel sacrilegio. Éstos vieron de improviso sobre aquella casa tres estrellas resplandecientes, de las cuales la una excedía en claridad a las dos otras. El sacrílego Radeberto, que quitó la vida al santo Pontífice Preiecto, murió comido de gusanos. Salía a caça uno de los que fueron participantes en la muerte del santo Pontífice Preicecto, llamado Ursio. Cayó de un cavallo y quebrósele el braço derecho, y cuando, quebrantado en todos sus miembros, llamó médicos y hechizeros para que le curassen, y los unos no le aprovecharon, y los otros le dañaron, porque cada día se sentía peor, bolvió sobre sí, y conoció que le venía este daño por el que hizo a Preiecto. Comunicólo con su muger y, de acuerdo de ambos, fue ella a visitar su sepulcro, y con lágrimas pidió remedio a Dios por intercessión de su santo para su marido. Ardía una lámpara delante el sepulcro del mártir, tomó un poco de aquel olio para untarle el braço y miembros debilitados y, hecho esto, quedó con perfecta salud. Viéndose sano Ursio, muy confundido y arrepentido de su pecado, embió un vaso de plata de peso de diez libras para servicio de aquella iglesia de San Preiecto. Y publicado este milagro entre los demás que avían sido consentidores en la muerte del santo prelado, fueles motivo para que hiziessen penitencia de aquel pecado, y embiassen pa- ra | satisfación dél vasos de plata y de oro al lugar de su sepulcro.
[65] En la Vida de Venceslao, Duque de Bohemia , referida por Surio en el séptimo tomo, se dize del mismo Venceslao que favorecía y honrava cuanto le era possible a los sacerdotes. Acompañávalos cuando los divinos oficios se celebravan y, al tiempo que dezían Missa, él servía de darles vino y agua, y el incensario, y sabiendo de algunos que estavan enfermos, visitávalos y proveíales de lo necessario a la vida, para que tuviessen salud. También iva de noche a los templos, y assistía con los mismos sacerdotes a los maitines, y, siendo imbierno, llevava los pies descalços. Acompañávale un privado suyo, llamado Podivino, el cual, con ir calçado y bien abrigado, sentía el frío grandemente, y afirmava que, estando el suelo nevado, siguiendo a su señor, que iva descalço por la nieve, cuando acertava a poner el pie donde él le levantava, sentía calor y refrigerio. Éstos eran los exercicios de Venceslao, a quien su madre, llamada Drahomira, crudelíssima muger, le perseguía y desseava la muerte, porque el estado de Bohemia viniesse a Boleslao, otro hijo suyo y bien parecido a ella en costumbres, y al cabo se la dieron con esta ocasión. Vivían los dos en una tierra llamada Boleslabia, de la otra parte del río Albis. Avíase casado Boleslao, y nacióle un hijo. Parecióles, con ocasión de celebrar fiesta por su nacimiento y Baptismo, embiar a llamar a Venceslao, que estava con su corte en Praga. Hiziéronlo assí, con intento de dalle allí la muerte. Embiáronle un mensage con palabras de mucho regalo, suplicándole que fuesse a se holgar con ellos, pues era razón, por aver nacido heredero en la casa de Bohemia, siendo assí que, no teniendo él voluntad de casarse, passava el estado al hijo que avía nacido a su hermano Boleslao, por lo cual era bien que todo el /(440v)/ linage se gozasse y hiziesse fiesta en su nacimiento. Oído el mensage por Venceslao, dado que avía siempre evitado la contratación de su madre y hermano, y tuviesse ocasión de recelarse dellos, por no ir contra su generosa costumbre de honrar y hazer bien a todos, respondió que iría a la fiesta, aunque primero se confessó y recibió devotamente el Santíssimo Sacramento del Altar. Con esta preparación fue a verse con su madre y hermano, los cuales le recibieron con tanto amor y afabilidad cuanta era la traición que tenían ordenada contra él. Aquella misma noche le combidaron a cenar sumptuosamente, regalándole el hermano y madre todo lo possible, los cuales procuravan de alargar la cena, y que durasse grande parte de la noche por hazer más al seguro su hecho. Mas Venceslao, viendo que era la media noche, despidióse de todos, y púsose en orden para ir a un templo a assistir a los maitines, como era su costumbre. Estando en la iglesia, no consintió la inicua Drahomira que más se dilatasse el negocio, y assí hizo a Boleslao que fuesse allá y le matasse. Fue él acompañado de gente facinorosa y mala, y, hallándole orando, desembainaron las espadas, y Boleslao tiró con la suya un fiero golpe. Mas la turbación le hizo que fuesse en vano, y que se le cayesse la espada. Tornó a tomarla, y hizo otro segundo golpe sobre el que estava desarmado y no tenía voluntad de se defender, viendo la ocasión de su muerte. Y deste golpe le dexó muerto, aunque le dieron otras heridas los que ivan con el tirano. Y el día siguiente, como si ninguna cosa huviera sucedido, baptizó su hijo y hizo grande fiesta. El castigo que embió Dios en la perversa Drahomira fue (como se tocó en el Discurso de Castigo) que iva un día por cierto campo donde estavan muchos cuerpos de sacerdotes cristianos, a quien su hijo y ella mandavan matar, y vedavan que fuessen sepultados. Parecía cerca de allí una | ermita, y sonando la campanilla que se tañe cuando levanta el Sacramento en la Missa el sacerdote, oído por el que guiava un coche en que iva Drahomira, saltó dél y fue a adorar a Jesucristo. Ella por esto le echó grandes maldiciones, y llegando a esta sazón al lugar donde los cuerpos de aquellos católicos estavan, abrióse la tierra, tragósela viva en el coche y cuantos en él ivan, que sólo el cochero se libró por la ocasión que se ha dicho de aver ido a adorar el Sacramento. También acabaron en mal todos los que fueron participantes en la muerte de Venceslao, unos, perdiendo el juizio, se despeñavan de lugares altos y morían, otros, con las mismas espadas que desnudaron para herir al santo se mataron. Boleslao, apoderado del reino, mandó llevar el cuerpo de Venceslao a Praga, no por honrarle, sino por quitarle de su presencia y ver a sus ojos en Boleslavia, donde residía de ordinario, los milagros que Dios por él hazía, como de ciegos, coxos, sordos, y otros enfermos que sanavan, y todo le era muerte. Quiso que fuesse el negocio secreto y que llevassen el cuerpo y le sepultassen en la iglesia de San Vito, edificada por el mismo Venceslao, donde, si sanassen algunos enfermos, atribuiríase a San Vito, y no a Venceslao. Pusiéronle de noche el cuerpo en un carro y mandaron al carretero que antes que amaneciesse llegasse a Praga, para hazer lo que les era mandado. Mas sucedió de otra suerte, porque los cavallos guiavan al carretero, y no el carretero a los cavallos. Avía en el camino dos caudalosos ríos que passar, y el carretero guiava los cavallos para las puentes, mas ellos passaron por medio del agua, mojándose solamente los pies. Llegaron hasta la cárcel que está junto al castillo de Praga, y allí pararon sin poderlos mover un passo, hasta que fue día claro, y se supo en toda la ciudad como estava allí el cuerpo de Venceslao. Fue gente en grande nú- mero /(441r)/ a verle, y aunque primero lo negavan los que le traían, mas después fue público y sabido de todos. El santo cuerpo permaneció junto a la cárcel, y no fue possible llevarle de allí hasta que los presos que estavan presos en ella fueron sueltos. Descubrieron el cuerpo antes que le sepultassen, y vídose entero y sin mal olor, aunque avían passado ya tres años después de su muerte. Solamente le faltava una oreja, la cual halló Premislava, hermana del mismo Venceslao, a la puerta del templo donde fue muerto, y teníala guardada en una pequeña arca, y, descubierto el secreto, fue traída la oreja, y juntándola a su cuerpo, quedó fija y pegada.
[66] En el año de mil y trecientos y noventa y nueve passó de Francia a Italia un hombre que se mostrava religioso, con grande acompañamiento, vestidos todos de blanco, y davan vozes pidiendo misericordia a Dios para los hombres. Dávanles en todas partes liberalmente la comida, y por su ocasión dexavan enemistades y vandos muchos que los oían. Llegaron a Viterbo, y el Papa Bonifacio Nono, de secreto, hizo prender a la cabeça y principal desta gente, al cual después hizo quemar en Roma por herege. Dízelo Fulgoso, libro primero.
[67] Renato de Barri, conde de Lotoringia, trayendo guerra con Antonio, conde de Baldemonte, fue preso por soldados de Felipe, duque de Borgoña, diole libertad, tomándole juramento que bolvería a la prisión siempre que fuesse por él llamado. Murió Luis, rey de Nápoles, su hermano, y llamávanle para darle la corona y possessión de aquel reino. Pretendíale don Alonso de Aragón, y concertóse con el de Borgoña que requiriesse al Renato que bolviesse a su prisión, como tenía jurado. Requirióle de la buelta, declaróle el Papa Eugenio Cuarto que no estava en tal sazón obligado a bolver, y, no obstante esto, bolvió, y su contrario se | apoderó del reino de Nápoles. Y aunque le dieron por libre de la prisión, fue tarde y quedó sin él. Antepuso la religión de guardar el juramento a la possessión de aquel reino. Refiérelo Fulgoso, libro primero.
[68] Rebelóse contra el rey Bamba de España un facinoroso hombre, llamado Paulo Greco y, entre otras tiranías que hizo, fue que robó en Girona una rica corona, que el mismo rey Bamba avía dado a San Félix. Vino a que el rey le huvo a las manos. Trúxole a Toledo, donde le coronó con una corona de pez. Sacóle los ojos, y, puesto sobre un camello al revés, con insignias de deshonra, siendo tenido de todos por cosa de ludibrio y locura. Refiérelo Bautista Fulgoso.
[69] Muy contrario a la religión se mostró Vitisa, rey de godo en España, porque entre otros malos hechos que hizo, fue uno de escándalo y sacrilegio, haziendo fuerça a los clérigos que se casassen, contra los decretos y mandatos de concilios y lo determinado por los Sumos Pontífices de Roma, usado y guardado desde tiempo de los Apóstoles en la Iglesia Católica. Por este delito del rey permitió Dios que se levantassen enemigos en el reino, especialmente Rodrigo, deudo suyo, a cuyo padre el Vitisa avía sacado los ojos. Vino el negocio a que en una batalla el sacrílego rey fue desbaratado y preso, y por orden del mismo Rodrigo, que quedó con el reino, le sacaron los ojos, y murió en prisión miserablemente. Es lo dicho de las Corónicas de España; refiérelo Fulgoso, libro primero.
[70] Don Rodrigo, arçobispo de Toledo, dize en su Corónica, libro sexto, capítulo sexto, que por los años de Cristo de mil y catorze, andando a caça el rey don Sancho el Mayor, en la ribera del río Carrión descubrió un jabalí y, siguiéndole, por verse la bestia acosada, encerróse en una cueva. El rey entró siguiéndole, /(441v)/ y vido que la cueva era iglesia, y que el puerco se avía arrimado al altar. Y con codicia de matarle, sin tener respeto al lugar, levantó el braço para herirle con un venablo, mas de improviso el braço quedó perlático, sin le poder menear. Este castigo del Cielo fue medio para que el rey advirtiesse su culpa de no aver tenido respeto al lugar donde estava, y con mucha contrición, visto que la iglesia, por imágines que tenía, era de San Antolín Mártir, se encomendó a él y pidió a Dios perdón. Con esto, le fue restituido su braço, y como agradecido del beneficio recibido, informado que el lugar era el sitio de la antigua Palencia, destruida por los moros, dio orden como se reedificasse la ciudad, diole franquezas, privilegios y tierras, y restauró la iglesia en aquella cueva, dotándola magníficamente y restituyéndole la silla obispal que antiguamente tuvo.
[71] Don Alonso Cuarto, rey de León, en el quinto año de su reinado dexó las insignias reales y encerróse en un monasterio, donde tomó el hábito, quedando con el reino su hermano don Ramiro. Mas, cansándose en poco tiempo de ser fraile, menospreciando el hábito y la religión, pretendió bolver al reino. Mas su hermano le prendió y hizo sacar los ojos, encerrándole en el monasterio. Y el que antes con vista pudiera servir a Dios en la religión, después, sin ella, a su despecho le hizieron servir al convento y monges, hasta que, apesarado, murió. Refiérelo Bautista Fulgoso.
[72] Traían guerra sangrienta en España un hijo con su madre, don Alonso y doña Urraca. Ésta avía tenido el reino que le venía de derecho, heredándole de su padre; aquél dezía que era muger y no devía reinar, siendo él hijo suyo, y teniendo como tenía edad competente para regirle y governarle. Sobre esta pretensión, la madre, por no perder los deleites que trae el reinar, de que avía gustado, el hijo, por gustar dellos, pareciéndole que eran grandes, andavan a las puñadas. Faltóle a la madre el dinero. Parecióle, como a algunos les ha parecido, aunque siempre con su daño, que lo podía quitar del altar para tal empresa. Entró en San Isidro de León, en Castilla, donde, por las mercedes de los reyes, sus antecessores, y de fieles devotos, avía buena cantidad de joyas y preseas de oro y plata. Tenía ya hecha la presa y salía muy contenta, mas a las puertas del templo rebentó, y acabó sus días y disignios. Es de las Historias de España , y refiérelo Fulgoso, libro primero. Y puédese juntar con esto lo que oímos a nuestros padres que sucedió en esta ciudad de Toledo, cuando las rebueltas de las Comunidades, en que los pueblos, mal contentos con los ministros que su rey y señor natural les ponía para su govierno, que eran estrangeros y amigos de dinero, y les cargavan con pedidos y demandas que con dificultad podían pagar, por este inconveniente cayeron en otro mayor, donde muchos perdieron del todo sus haziendas y las vidas. Fue cabeça entre todos deste motín y rebilión Juan de Padilla, bien nacido, natural desta ciudad de Toledo y cavallero de grandes prendas, como oí dezir a mis padres, aunque nunca les pareció bien el rebelarse contra su rey; en lo demás era de nobilíssima condición, porque si en la ciudad avía diferencias entre sus naturales y vezinos, él lo allanava todo; era padre de pobres, de huérfanos, viudas y aflixidos. Estas y otras virtudes y dotes, assí del ánimo como naturales y del cuerpo, manchólas malamente, rebelándose contra su rey y señor natural. Y fue más culpa en él que en otro; assí porque su linage y él fueron favorecidos de los reyes, como por ser muy sabio y entendido, estava obligado a entender y evitar esto, que era malo y aborrecido de Dios y de todo lo que es nobleza y lealtad. De sus in- tentos /(442r)/ se dize que tuvo grande culpa doña María Pacheco, su muger, la cual era de inquieto y belicoso ánimo. Avía estudiado y sabía letras, preciándose dellas y de tener tan buena librería como la tuvo hombre estudioso en su tiempo, y algunos de sus libros, con su nombre y firma, han venido a mis manos. Ésta, pues, teniendo altos pensamientos, y aun se dixo que se los alentava una esclava que tenía consigo, preciándose un poco de hechizera, diziéndola que su marido sería rey de Castilla, y ella, reina, parecióle que no era de perder el lance, y que si se ha de ir contra las leyes y derecho, según el parecer de Julio César, que ha de ser por reinar, solicitava al marido, el cual con color que bolvía por agraviados y que sólo lo avía con los ministros que imbiava el rey don Carlos, que después fue emperador y a la sazón residía en Flandes, con esto sustentava la comunidad y rebelión en Toledo, como otros hazían lo mismo en Segovia y en Sevilla, aunque el muy docto Pedro Mexía, en la Historia que començó y no acabó del emperador don Carlos, por descargar su patria, carga las agenas, y en la verdad, ni Toledo tuvo tanta culpa, ni la que allí nombra creo que tan poca como él dize. Yo oí diversas vezes a mi padre (y era hombre que se preciava de verdad), y sin él, a otras personas que lo vieron, que en Toledo, si no eran dos o tres cavalleros, los demás, con muchos canónigos y gente rica, se avían ido a bivir en lugares libres destos escándalos. Y muchos de los principales andavan en el campo con los que seguían la boz y apellido de los governadores, y todos dezían: «Biva el rey», añadiendo los reveldes: «Y la Comunidad». Y al mismo tiempo que Juan de Padilla se mostrava rebelde a su rey y señor natural, Gutierre López de Padilla estava en su servicio dentro de su casa y le sirvió con grande amor y lealtad a él y a el rey don Felipe, su hijo, nuestro señor, hasta que mu- rió | el Gutierre López. Y el mismo padre de ambos reprehendió diversas vezes al Juan de Padilla por las deslealtades y atrevimientos en que andava. Y aviéndole derribado sus casas, que son junto a San Román, puesto allí un pilar con letras que denotavan su delito, atento que el padre era bivo, no averlas heredado el Juan de Padilla, por pleito sacaron los herederos del hermano que las casas se redificassen y el pilar se passasse a otra parte, como se hizo. Los culpados en Toledo, los que mandavan y rebolvían la tierra, eran algunos holgazanes que no tenían qué perder, porque a río buelto robavan y comían, y éstos hazían fuerça a muchos otros que no pudieron dexar sus casas para que siguiessen la Comunidad, y algunos se fingían enfermos, y otros con dineros redimían su vexación porque los dexassen en paz. Y bien estuvo advertido desto la magestad del emperador, que con justo y piadoso pecho concedió después el perdón, con que solos algunos destos reboltosos fuessen justiciados. De modo que no merece la culpa Toledo que le atribuye Pedro Mexía, pues no todos, sino los menos, fueron los culpados. Andando, pues, estas rebueltas, y haziéndose fuerças y agravios, quiso doña María entrar, como entró, en el sagrario de la santa iglesia de Toledo con gente de guerra. Fue en ocho días de otubre del año de mil y quinientos y veinte y uno, y aviendo hecho vexaciones y fuerças, prendiendo a unos y amenazando a otros, se llevó una custodia de plata, que pesó trecientos y veinte y ocho marcos, y tres lámparas de plata, de las cuales, la una avía dado el infante don Fernando, que ganó a Antequera y estava la misma ciudad de Antequera hecha de vulto y maçonería en la vazía. Llevó candeleros y otras pieças de plata, hasta valor de un cuento y diez y nueve mil maravedís para pagar su gente, con que sustentó su boz y rebelión. Este sacrilegio cometió, y pagó su culpa, porque su /(442v)/ marido Juan de Padilla, en una batalla que dio a los governadores del rey en Villalar, cerca de Valladolid, fue preso, y por sentencia degollado, y ella se vistió una noche en hábito de aldeana y salió disimulada hasta la vega, donde la esperavan dos escuderos, que fueron con ella a Portugal, con un hijo suyo pequeño, donde los tuvo consigo el arçobispo de Braga, y allí murieron, el hijo, de poca edad, y la madre, con mucho quebranto y miseria. Otros sacrilegios cometieron los comuneros en iglesias particulares, llevándose las campanas para hazer artillería. De San Lucas llevaron una, y otra, de Santa Tomé, la cual derribaron de la torre, y cayó a la boca de una calle, que hasta oy se llamó de la campana, porque no se quebró del golpe, sino se soterró mucha parte en tierra. Y no quedaron sin castigo, porque los que en esto más se señalaron fueron acuarteados, perdiendo honras y haziendas, y no fue zelo del bien público lo que hizieron, aunque le davan este nombre, sino atrevimiento muy culpable, porque si los reyes o sus ministros hazen agravios a los súbditos y inferiores, con buen término, y precediendo ruegos y aun lágrimas se ha de pedir el remedio, y no con armas y fuerças, que al fin son débiles, y llueve al cabo todo sobre los mismos inferiores y súbditos. La entrada de doña María en el sagrario escrive en sus Epístolas don Antonio de Guevara, obispo de Mondoñedo. Lo que yo digo saqué de una relación original autenticada del mismo hecho en la cual estava una cédula firmada de su propria mano de doña María Pacheco, en que se obligava de bolver toda la plata que sacó de allí, aunque oy está por cumplir.
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