De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[17] Filipo, rey de Francia, llamado el Hermoso, hazía guerra a su cuñado Edoardo, rey de Ingalaterra, y érale muy superior. El inglés usó deste aviso: mandó guardar los lugares fuertes de su reino y, sin hazer muestra de guerra, estávase quedo en Londres. Un día, como razonasse con la reina, su muger, que era hermana del francés, dixo:

-Lástima tengo al rey de Francia, que quiera lo ageno y pierda lo proprio.

La muger le hizo grandes caricias y halagos porque le descubriesse la verdad. Él le dixo que los grandes de Francia estavan hechos a uno para levantarse contra él, en viendo que se detenía en Ingalaterra. La reina escrivió esto a su hermano, el cual, creyendo ser assí viendo el descuido del inglés en defenderse, bolvió a Francia con toda la prissa del mundo; y con esto /40r/ cessó la guerra sin sangre, por el aviso de Edoardo. Dízelo Ludovico Dominichi en su Historia varia.
[18] Guido, conde de Montefreltro, estando cercado en la ciudad de Forli en tiempo del Papa Martino Cuarto, ordenó que ciertos vezinos del pueblo se carteassen con los contrarios de darles la ciudad una noche. Hízose el concierto. Avía dos puertas; estava el conde en la una, muy a punto con toda la gente de guerra que tenía, y, viendo que los enemigos entravan por la otra puerta, él salió al campo adonde estava el medio exército contrario, bien descuidado de tal caso. Dio en ellos, matando a los más y haziendo huir a los otros. Juntó luego su gente y bolvió a la ciudad, donde halló a los que avían entrado, que andavan robando de unas partes en otras sin concierto ni orden, a los cuales venció y mató fácilmente, quedando con la vitoria y con la ropa por usar de tan buen aviso. Dízelo Ludovico Dominichi en su Historia varia.
[19] Francisco Esforcia, duque de Milán, | tuvo aviso que el rey don Alonso de Nápoles estava sospechoso de fidelidad de dos principales cavalleros de su exército, el uno llamado Troilo, y el otro, Pedro Brunoro. Traía guerra con él, y parecióle que disminuiría su exército quitándole aquellos dos cavalleros. Escrivió una carta para ambos con estas palabras: «Procurad que presto se haga lo que entre nosotros está concertado, porque de mi parte está todo a punto». Tuvo modo como la carta fuesse a poder del rey, el cual los prendió y embió a Xátiva, en el reino de Valencia de España, donde estuvieron diez años presos, y su hazienda fue dada a saco de los soldados, teniéndolos por traidores hasta que después se supo la verdad. No se alaba aquí el hecho, sino el aviso en su provecho de Francisco Esforcia. Dízelo Domenichi en su Historia varia.

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Estando ofendido Alexandre Magno de los vezinos de la ciudad de Lampsaco, determinó de destruirla, y fue allá con su exército. Era natural della Anaxímenes, filósofo y maestro suyo, el cual salió a él con intento de rogarle por su patria. Siendo visto por Alexandre, dixo en voz alta:

-Doyte mi palabra de no hazer lo que me dixeres.

El filósofo respondió con grande aviso:

-Señor, lo que te digo que hagas es que destruyas esta ciudad sin perdonar cosa della, que bien lo merece por averte sido rebelde.

Quedó confuso Alexandre y, visto que no podía hazer otra cosa, perdonó la ciudad. Dízelo Valerio Máximo, libro séptimo.
[2] Fuele dicho a Alexandre por un agorero que le convenía en cierta jornada a que iva, luego que saliesse de casa, ver lo que le salía a él al encuentro, y sacrificarlo. Hizo la salida y vido lo primero un | labrador detrás de un jumento. Hízole prender y declarar su intento, para que se cumpliesse el oráculo. El labrador, que le hizo ser avisado el peligro en que se vido, dixo:

-Si es assí, oh poderoso emperador, yo quedo libre de muerte, porque lo primero que te ocurría a la vista fue el asno que iva delante de mí.

Diole mucho gusto a Alexandre el dicho del labrador, alabóle y acetóle; mandó que el asno fuesse muerto y él viviesse, a quien hizo paga bien bastante del jumento. Y es de alabar en el mismo rey Alexandre su mansuetud, que se contentó con lo que le pareció que cumplía y bastava para aplacar aquel oráculo, que según su religión era negocio de mucho momento. Refiérelo Valerio Máximo, libro siete.
[3] Helinando refiere de Platón que, viendo la primera vez a Dionisio, tirano de Sicilia, muy acompañado con la gente de /40v/ su guarda, con alabardas y partesanas, dixo:

-Grandes maldades deves de aver hecho, pues tienes necessidad de tanta guarda.


[4] Dándole la primera vez la corona para que se la pusiesse en su cabeza a cierto rey, túvola un poco en las manos y dixo:

-Más que dichosa prenda, si enteramente fuesses conocida, los cuidados y afliciones que traes contigo, los peligros y miserias que te cercan, sin duda que no abría quién del suelo te levantasse.

Refiérelo Valerio Máximo, libro siete.
[5] Viendo Cineas Filósofo a Pirro, rey de los Epirotas, ganoso de passar en Italia a hazer guerra a los romanos, conjeturando que de allí le sucedería mucho mal -como le sucedió-, confiado de su ingenio y buen aviso, y que podría apartarle de aquel designio, hablóle un día estando solo, en esta manera:

-Oído as dezir, oh Pirro, de los romanos, que son gente belicosa, y que han alcançado grandes vitorias de diversas gentes y naciones. Pregunto: si fuesse tan grande tu fortuna que los venciesses, ¿qué harías luego?

-Si yo los venciesse una vez -dixo Pirro- procuraría hazerme señor de toda Italia, y passar en Sicilia y hazer lo mismo.

Replicó Cineas:

-Y ganadas essas plaças, ¿qué harás luego?

-Passaré -dize Pirro- en Africa y, no aviendo quien nos resista, apoderarémonos de aquella tierra.

Cineas passó adelante y dixo:

-Cuando ya seas señor de Africa, ¿ay más que hazer?

-Sí -dixo Pirro-, serlo de España.

-Y si lo fuesses -añadió Cineas-, ¿estarías contento o quedaríate más que hazer?

-No otra cosa -concluyó Pirro- sino holgar y tomar contento, celebrar fiestas y hazer juegos, de suerte que sea la vida un perpetuo regozijo y júbilo.

-Pues si esse es tu fin -dixo Cineas-, ¿quién te lo estorva, que sin tan grandes y excesivos trabajos, sin poner en peligro tu persona y estado, desde luego gozes la misma vida que desseas? ¿Y por qué entras en tantas dificultades, siendo tan poderoso rey como eres?

Con aviso y delicadeza arguyó el filósofo al ambicioso rey sus impertinentes desseos, y se podría de- zir | lo mimo a muchos, que se ponen a perder la vida con los peligros y trabajos en que andan, pretendiendo lo que sin cosa déstas podrían desde luego gozar, acortando un poco los desseos y codicia, contentándose con lo que es justo y razonable. Es de Fulgoso, libro séptimo.
[6] Mostrando el emperador Constantino a Hormisda Persa la ciudad de Roma, su grandeza de sitio, la magnificencia de edificios, su multitud de pueblo y todo lo demás que se podía ver en público, preguntóle después de bien visto y considerado qué sentía por Roma. Respondió que también en ella se mueren como en otras partes. Con esta breve y avisada razón dio el peso y medida a la vanidad de las miserias humanas. Es de Fulgoso, libro séptimo.
[7] Regían el Imperio de Persia siete sátrapas o capitanes y, visto que nacían algunas diferencias y dificultades por ser a las vezes diversos los pareceres y sentencias, acordaron que sólo uno dellos lo mandasse todo, y fuesse emperador y monarca. Dieron y tomaron en el modo como sería y acordaron que fuessen todos siete en sus cavallos una mañana por cierta parte y, llegando a un paso señalado, el cavallo que primero relinchasse diesse a su amo el señorío. Uno de los siete sátrapas era Darío, hombre de alto entendimiento y avisado; éste se concertó con un fiel criado suyo, y que iva a su lado, en que al tiempo que saliessen en sus cavallos él se llegasse a una yegua con la cual su cavallo se avía careado, y le llegasse su mano y se la refregasse a cierta parte de su cuerpo. Hízolo assí el criado y, avisado del mismo Darío, en llegando al puesto donde se ganava el estado hizo como que llegava al freno del cavallo de su amo, y refrególe la mano por las narizes. Resintió el cavallo el olor de la mano y començó a relinchar. Luego los otros seis sátrapas se derribaron de sus cavallos y reverenciaron por monarca y rey a Darío, y quedó con aquel amplíssimo estado de Persia, ganado con su industria y aviso. Dízelo Valerio Máximo, libro séptimo. /41r/
[8] Traían guerra Eumenes Cardiano y Antígono. Hizo echar Antígono en el real de Eumenes algunas cartas, en que prometía grande suma de dinero al que le matasse. Sabido por él, hizo juntar sus soldados y, juntos que fueron, dioles gracias porque ninguno con codicia de aquel dinero le avía muerto. Añadió más con grande aviso y discreción:

-También os quiero dezir que estas cartas que han sido halladas en el real, yo las hize echar para provar vuestra fe y lo que en vosotros tenía.

Con esto, que fue invención suya, proveyó que en adelante sus soldados no diessen crédito o a mensajeros o a cartas echadizas, temiendo si era por orden de Eumenes, su rey, para provarlos. Es de Fulgoso, libro 7.
[9] El emperador Aureliano era amigo de derramar sangre humana. Tenía un liberto y criado llamado Mnesteo y, recibiendo dél cierto deservicio, amenazóle para la buelta de Persia, adonde iva a hazer guerra. El criado, que conocía bien la condición del señor, que ni livianamente amenazava ni menos perdonava, procuró librarse de aquel peligro, y fue con un aviso maravilloso. Escrivió ciertas cartas y puso en ellas los nombres de algunos cortesanos poco gustosos a su señor, y entre ellos puso también su nombre. Vídose con los contenidos en ellas y, tomándoles juramento del secreto, mostróles las letras diziendo que se le avían caído de la mano al emperador, queriéndolas dar a los tribunos para que a todos los matassen. Vistas por ellos, y bueltos como en desesperación temiendo perder las vidas, procuraron assegurarlas con dar la muerte al tirano, y diéronsela el día siguiente, con que Mnesteo fue libre de su peligro. Dízelo Baptista Fulgoso, libro séptimo. El aviso se alaba y no el hecho, que fue muy malo.
[10] A este mismo emperador Aureliano le vendían un cavallo, que se averiguava correr en un día cien mil passos y que le durava esto por ocho o diez días continuos. Él dixo:

-Semejante cavallo llevádsele a un cavallero covarde y no al valiente que presume de honra, que no ha menester huir.

Díze- lo | Brusón. El cual también refiere de Andróclidas Espartano que, re prehendiéndole por qué iva a la guerra siendo coxo, respondió:

-Porque llevo intento de pelear, y no de huir.


[11] En las guerras que Aníbal truxo con los romanos sucedió que se le passaron de su campo al contrario algunos cartagineses, y para vengarse dellos usó deste aviso: sabía que en su real tenían espías los romanos; hizo que con industria públicamente nombrassen los que se avían passado de su campo al del enemigo, y que los llamassen traidores. Él dixo:

-No ay por qué les deis este nombre, siendo como son muy leales y valientes, y por esto los he yo embiado a que sepan lo que pretenden nuestros contrarios y me avisen dello.

Oyeron esto los espías y dieron aviso dello. Prendiéronlos los romanos, y cortándoles las manos los echaron de su campo. Dízelo Frontino, libro tercero, capítulo 16.
[12] Tenían guerra los sardos con los de Esmirna, cercáronles la ciudad y pusiéronlos en grande aprieto. Embiáronles a dezir que dexarían el cerco si les entregassen por algún tiempo sus mugeres para usar mal de ellas. Estavan en si concederían esta demanda tan infame cuando una criada hermosa y honesta de Filarco, principal hombre de la ciudad, les dixo:

-Vestid con los adereços de las señoras a las criadas, y embiadlas a vuestros contrarios.

Hízose assí. Los sardos se entretuvieron en suziedades un día y, visto por los esmírneos que estarían descuidados y aun sin fuerças para pelear, salieron con grande ánimo y mataron a unos y prendieron a otros, dexándolos destruidos y deshechos. Dízelo Dositeo, libro tercero de los Hechos de los Lydos, y Plutarco, capítulo cincuenta y seis de los Paralelos.
[13] Viendo Sócrates a Alcibiades, que tomava grande presumpción y sobervia porque tenía en el campo muchas possessiones y labranças, llevóle donde estava un mappamundi y díxole que bus casse allí a Atenas, que era la ciudad donde ambos residían y estavan de presente. Alcibiades la buscó y se la mostró. Añadió Sócrates:

-Mira si están ahí tus tierras y pos- sessiones. /41v/

Miró Alcibiades y, no hallándolas, dixo:

-Yo no las veo.

Replicó Sócrates:

-Pues ¿de qué te ensoberveces, o Alcibiades, con possessiones que no se echan de ver en la tierra?

Es de Eliano, libro tercero De varia historia.
[14] Sentenciaron los atenienses a muerte, acelerada e injustamente, a Sócrates Filósofo. Él no mudó el rostro, sino con fuerte y valeroso ánimo pidió la bevida venenosa, que era lo que disponía la sentencia. Bevióla y, apartado el vaso de la boca, oyó a Xantipe, su muger, que llorava fieramente y dezía en voz alta que le matavan sin culpa. Él dixo:

-Mejor es que morir culpado.

¡Oh aviso y sabiduría grande, que ni en el fin de la vida pudo olvidarse de sí! Dízelo Valerio Máximo, libro séptimo.
[15] Bías Filósofo, siendo ganada de enemigos la ciudad donde vivía y era su patria, llamada Priene, los ciudadanos que pudieron huir della, cargando de lo más y mejor de su hazienda, guiaron su camino, siguiéndolos él sin llevar cosa alguna. Preguntado de otros por qué no llevava consigo sus bienes y hazienda, como todos hazían, respondió:

-Comigo va todo, sin dexar parte al enemigo.

Entendía de la sabiduría que tenía por propria hazienda, y llevava en su pecho, no en los ombros y a vista de ojos, no de suerte que pudiessen los enemigos robársele; consigo la tenía en paz, y no dexava de acompañarle en la guerra. Es de Valerio Máximo, libro siete.
[16] Preguntado Tales Filósofo si veían los dioses los hechos de los hombres, respondió:

-Y aun los pensamientos.

Y por lo mismo dize:

-Nos conviene que las obras sean buenas y los desseos no sean malos, porque de todo avemos de dar cuenta.

Es de Valerio Máximo, libro séptimo. ¡Qué más pudiera dezir este filósofo si estuviera bañado con la agua del Baptismo, si como dixo dioses, dixera un solo Dios!
[17] Anacarsis Filósofo dezía que las leyes de los superiores eran como telas de arañas, las cuales detienen moscas y mosquitos, y otras savandijas de poca fuerça, mas animales de gran cuerpo rómpen- las | y passan. Assí los pobres son luego castigados si se encuentran con las tales, mas los poderosos, aunque cometan contra ellas graves delitos, rómpenlas y passan sin castigo. Dízelo Valerio Máximo, libro séptimo. Hablava este filósofo de lo que passava en su tiempo; en el nuestro bien se guarda justicia y paga si la haze el poderoso como el flaco.
[18] Dezía Séneca en sus Proverbios que el juez quedava condenado cuando dava por libre al culpado.
[19] Dezía Anaxágoras que con dificultad se allegan las riquezas, y que con mayor se conservan y guardan. Es de Eliano, libro 4.
[20] Epicuro Gargecio dezía: «A quien poco no basta, lo mucho no aprovecha». Añadía que como él tuviesse agua y pan, se juzgaría por tan dichoso como Júpiter. Y siendo sentencias éstas de Epicuro, agravio le hazen los que juzgan dél que fue por estremo glotón. Es de Eliano, libro cuarto.
[21] El mismo Eliano, y también en el libro cuarto, dize que si alguno oye nombrar a Calias, luego forma en su imaginación un borracho; si a Ismenias, un músico; si a Alcibiades, un sobervio entonado; si a Crobilo, un cozinero; si a Demóstenes, un varón elocuente; si a Epaminondas, un capitán valeroso; si a Agesilao, un rey magnífico; si a Foción, un varón bueno; si a Arístides, un justo; y si a Sócrates, un varón sabio y avisado.
[22] Viendo Sócrates en un mercado mucha gente que andavan comprando, unos, uno, otros, otro, dixo:

-¡Oh, qué de cosas yo no he menester!

Refiérelo Laercio en su Vida.
[23] Preguntado Tales Milesio qué era la cosa más fácil de hazer, respondió:

-Dar buen consejo.

-¿Y la más difícil?

-El conocerse uno a sí mismo.



Dízelo Laercio en su Vida.
[24] Eliano en el libro cuarto dize que las palabras de afrenta no lo son más de como tiene el ánimo el que las oye. Sócrates, diversas vezes era nombrado en las comedias que se hazían anatemas. Oyéndolas sabios y no sabios, y pretendiéndole los representantes afrentar, él se levantava en pie donde estava assentado, para que todos le /42r/ viessen, y se reía de lo que dezían. Al contrario de Poliagro que, oyéndose afrentar, tomó un lazo y se ahorcó. Éste era necio y de ánimo apocado, aquél avisado y de ánimo generoso.
[25] En el libro décimo De varia historia dize assí mismo Eliano que la razón porque en tocando al puerco gruñe y se resiente más que otro animal es porque ni tiene lana que dar como la oveja, ni leche como la cabra; teme que es para matarle, pues para otra cosa no es bueno. Assí, los tiranos recélanse de todos, porque temen que todos les procuran la muerte, siendo en vida a todos aborrecibles.
[26] Marco Catón solía dezir que de tres cosas le pesó siempre que las hizo: una, si descubrió secreto de importancia a muger; la segunda, si, haziendo algún camino y pudiendo ir por tierra, fue por mar; la tercera, si se le passó algún día en el cual por negligencia dexó alguna buena obra que pudiera hazer. Refiérelo Fulgoso, libro séptimo. El mismo dezía que eran de más provecho los necios a los sabios que los sabios a los necios, porque de ver el sabio los defetos del necio corrigía su vida, y el necio ninguna cosa tomava del sabio, por estorvárselo su necedad.
[27] Arquitas Tarentino, como dize Eliano, libro décimo, afirmava que por grande diligencia que se ponga no se hallará pece alguno que carezca totalmente de espinas, y que assí, por mucho que se busque, no se hallará hombre que no tenga algún repelo o azedia.
[28] Agesilao, rey de Lacedemonia, descubrió una noche cierta conjuración peligrosa contra su República. Prendió las cabeças della y, como le dixessen que las leyes de Licurgo guardadas en aquella ciudad vedavan el darse sentencia de muerte contra ciudadano alguno, sino haziéndose primero muchas diligencias, viendo que avía peligro en la tardança, hizo juntar los que bastavan para esto en la misma noche y pronunció un auto, en que hasta la mañana él suspendía las leyes de Licurgo, por convenir assí al bien de la República. Y, hecho esto, senten- ció | a muerte y executóla en los conjurados presos. Y, venida la mañana, las leyes despertaron en su vigor, y la ciudad quedó sosegada y sin temor de rebelión. Es de Valerio Máximo, libro séptimo.
[29] Descubriendo el rey Pites algunas minas de oro, mandó a todos los oficiales de su reino que entendiessen en labrarlas y beneficiarlas. Entretenidos en esto, no avía quién cultivasse los campos ni sembrasse, por donde sucedió grande carestía por aver de proveerse de muy lexos. Rogavan al rey que remediasse este daño, y no dava oídos a ello; tan codicioso estava de oro. Fueron de parte del reino a la reina, que era muger prudente y avisada, y ella habló con el rey, mas hizo lo que de primero. Concertóse la reina con unos plateros (que éstos permanecían en su oficio por ser tocante al oro al que sólo el rey tenía atención) que le labrassen de fino oro unos peces y otras cosas que el rey solía comer, y, hecho, viniendo él un día cansado de visitar sus minas y pidiendo de comer, la reina le puso en la mesa los peces de oro. Holgó el rey de verlos y alabó la obra, y pidió de comer otra vez. Sacáronle otros guisados, también de oro; pareciéronle bien, mas dixo con algún enojo a la reina:

-Quédese esto para después, y aora sáquenme que coma, que tengo grande hambre.

La prudente señora dixo:

-¿Qué quieres, oh rey, que te den a comer, que por andar en tus minas se ha dexado de sembrar y cultivar la tierra? ¿Qué provecho te puede traer el oro a ti y a tu reino, faltando la comida?

Con estas prudentes y avisadas razones de la reina cayó el rey en la cuenta, y dexó el demasiado cuidado de las minas, dando lugar a que la gente trabajasse en otras cosas y procurasse los frutos de la tierra. Refiérelo el autor de la Poliantea, libro octavo.
[30] Presentóle a Lucio Sila, ditador romano, un nuevo poeta ciertos versos muy malos. Leídos por él, diole algunos dineros, con condición que no hiziesse otros en su vida. Dízelo Cicerón, Pro Archia.
[31] Ismenio Tebano fue por embaxador de parte de su República de Tebas al /42v/ rey de los persas y, al tiempo que se avía de presentar a su vista, dixéronle que se humillasse, reverenciándole antes que le hablasse, porque era ley de los persas ésta, y que si no lo hazía le sucedería mal dello. Ismenio, viendo que afrentava a toda Grecia si hazía semejante reverencia al rey y, no haziéndola, su ida era en balde, pues no se le dexarían hablar, imaginó un aviso, y fue que, llegando cerca del rey dexó caer en el suelo un anillo que llevava; y, baxándose por él, cumplió con la humillación que le pedían y con su honra y estima, baxándose en efeto por su anillo. Advirtiólo el rey, y diole tanto gusto que le otorgó cuanto le venía a pedir. Es de Eliano, libro primero De varia historia.
[32] Prendió la gente de Alexandre Magno a un cosario y, teniéndole en su presencia, reprendióle ásperamente porque robava el mar, y que merecía muchas muertes. El cosario con libertad y aviso, respondió:

-Reprehéndesme Alexandre porque robo el mar, y no te reprehendes a ti porque robas la tierra, yo con un navío y tú con un exército. Mira quién merece mayor castigo: un ladrón pequeño, que soy yo, o un ladrón tan grande como tú eres.

La libre y verdadera respuesta acompañada de grande aviso le hizo a Alexandre que le dexasse libre. Refiérese en su Vida.
[33] Saladino, rey de Assia y Egipto, mandó en su muerte que tomassen la camisa que en tal sazón tuviesse vestida y con que se avía de enterrar y, levantada en una lança, la llevassen por todos sus reales, y en voz alta dixesse un pregonero: «Saladino, señor de Assia, lleva de todas sus riquezas sola esta camisa». Cayó en la cuenta, aunque tarde, con este hecho de lo que es y vale el ser señor y mandar en el mundo, y si a él no le aprovechó, sería possible que su exemplo aproveche a otros. Refiérenlo los que escriven Origen de los Turcos.
[34] Bien parecerá un niño avisado entre tantos varones avisados. Éste fue Papirio Pretextato, el cual, entrando en el Senado de Roma con su padre, por ser orden de ro- manos | para que assí se acostumbrassen desde pequeños a lo que era expediente y bien de la República viéndolo allí manijar entre los senadores, y tomávaseles juramento que no publicarían lo que allí se tratasse en secreto; sucedió que, tardándose un día más de lo acostumbrado en el Senado, preguntóle a Papirio su madre la ocasión; callóla él sin querer dezírsela. Ella, más ganosa de saberla, porfiava y amenazóle si no se lo dezía. Para librarse destas angustias, el niño fingió una novela y dixo:

-Sabed, madre, que se ha propuesto en el Senado que, atento a las muchas guerras que tiene nuestra República y que se van consumiendo los naturales de Roma en ellas, que conviene para que se multiplique la gente, o que las mugeres tengan dos maridos, o que los maridos tengan dos mugeres. Altercóse oy cuál sería mejor, y mañana se ha de determinar.

Creyó lo que dezía Papirio su madre, por llevar alguna sombra de verdad. Habló a otras matronas, y aquellas a otras, y en poco espacio estava estendido por toda Roma el negocio entre mugeres. Las cuales, hechas un tropel, van otro día al Senado, y a la puerta davan vozes que no se permitiesse que los hombres tuviessen dos mugeres; que ya que era forçoso para lo que se pretendía de que se aumentasse la gente, que más conveniente era que las mugeres tuviessen dos maridos, porque si no del uno, del otro tendrían hijos. El Senado no sabía el origen desta farsa -parecía que las mugeres todas en un día oviessen perdido el juizio, assí por lo que dezían, como por las bozes con que lo dezían- hasta que Papirio lo declaró, y fue el remate todo risa, despidiéndolas con que se haría lo que pedían. Fue alabado el aviso de Papirio y, aunque era de menor edad, le concedieron la vestidura pretexta, que era de mucha honra entre senadores, y della tomó llamarse Papirio Pretextato. Diose orden que en el Senado no entrassen niños de poca edad, excepto el mismo Papirio. Es de Baptista Fulgoso, libro séptimo.

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