De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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-Puedes venderle por treinta dineros, los cuales ahorrarás en el ungüento que derramó la Magdalena ungiéndole, si viniera a tu poder. Y no tengas pena de que a él le suceda mal, pues has visto cómo se libra de las manos de sus contrarios. Ya le quisieron despeñar de un monte, y se les fue a vista de ojos; ya otra vez tenían las piedras levantadas para tirarle, y de medio de todos se libró. Assí hará aora. Y aunque | sepa que tú le has tratado de vender, luego te perdonará, que entrañas tiene para todo. Y aun puede ser que muestre agradecértelo, en que ayas sacado esse dinero a sus contrarios y enemigos.

Esto siente Teofilacto que dezía el demonio a Judas, hasta que acabó con él lo que pretendía. Y fuérale bueno resistirle, pues todo iva sobre falso, siendo el que lo aconsejava demonio.
[5] Viendo ciertos judíos que lançava San Pablo demonios de los cuerpos de hombres, tomando vana presumpción, llegaron a un endemoniado, y díxole uno dellos en nombre de todos:

-Conjúrote por Jesucristo, a quien Paulo predica, que salgas deste hombre.

El demonio respondió:

-Bien sé quién es Jesucristo, y conozco a Paulo. Vosotros, ¿qué sois y qué pretendéis?

Y con esto, el endemoniado, llevado con ímpetu del demonio que tenía, dio en ellos, cargólos de mucho moxicón y puñete, de suerte que no hizieron poco de verse libres de sus manos, llenos de heridas y despedazados sus vestidos. Refiérese en el Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo dezinueve.
Lo dicho se coligió de las Divinas Letras. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] En la Vida de San Bartolomé Apóstol , colegida de Eusebio, Nizéforo y de San Isidoro, se dize que, aviendo predicado el Evangelio en Licaonia, passó a la India, y después a la Menor Armenia, y en una ciudad della entró en un templo donde era adorado Astarot. Estavan allí muchos enfermos esperando ser sanos por aquel demonio, el cual, por ser astutíssimo, usava de un engaño con aquella miserable gente, permitiéndolo Dios por sus pecados, y era que cegava a unos, poniéndoles en los ojos impedimentos como no viessen, y a otros impedía sus miembros, pies o manos, de la misma forma, y en semejante manera hazía otros males. Después dava orden como se los truxessen a su presencia en aquel templo, y sus | sacerdotes le rogassen los sanasse, y quitava él aquellos ocultos impedimentos, y luego eran sanos. A otros que él no avía enfermado, también usando de remedios naturales y medicinas ocultas, por algún breve tiempo los sanava. Avía otros enfermos que, por no poder aprovecharse de medios semejantes, se los dexava como avían venido, echando escusas aparentes de que por culpa dellos mismos no los sanavan. Sin estos embustes que hazía Astarot, dava también oráculos, avisando de cosas que avían de suceder, y como hablava a tiento, unas vezes acertava, otras, mentía, aunque no le faltavan modos como colorear sus mentiras. Por todo esto era aquel ídolo famoso, concurría a él gente de muchas partes, tenía muchos sacerdotes que hazían con él /(446v)/ grandes ganancias, y el mismo rey de aquella tierra, llamado Polemón, le estimava en mucho, aunque nunca le avía podido sanar una hija lunática que tenía. Entrando, pues, el Apóstol San Bartolomé en el templo, enmudeció el demonio, y no hizo más cura en enfermo alguno. Visto esto de sus sacerdotes, y que iva a la larga un día y el otro el estar mudo sin oráculo, ni responder a cosa que le preguntassen, acordaron de consultar otro demonio llamado Berit, de otra ciudad comarcana. Y preguntándole por qué Astarot no hablava, respondió:

-Porque Bartolomé, Apóstol del verdadero Dios, entró en essa ciudad y templo, y le tiene encadenado con cadenas de fuego. Y assí, harto tiene que entender en sus duelos, sin tomar cuidado de otra cosa. Y si acaso fuere que viéredes al Apóstol Bartolomé que digo, rogadle de mi parte que no venga aquí, porque no me suceda lo mismo que a Astarot.

Por esto que dixo aquel demonio se tuvo noticia del Apóstol, y el rey le rogó que curasse una hija suya que estava lunática, y era un demonio que se avía apoderado della, y a tiempo hazía locuras grandíssimas; a manera de perro ravioso mordía y despedaçava todo lo que podía aver a las manos, tanto que era necessario tenerla atada con cadenas. San Bartolomé la hizo desatar y lançó della el demonio, quedando con perfeta salud. Y fue grande consuelo para sus padres. Predicó allí a Jesucristo, y para prueva de lo que predicava, y la ceguedad en que antes estavan adorando a Astarot, llevó al rey y a mucha gente a su templo, donde estavan los sacerdotes de aquel ídolo, y estando callando todos oyóse una boz terrible y espantosa del mismo ídolo, que dixo:

-Oh gente miserable y ciega, ¿para qué me ofreces a mí sacrificio, que ni soy Dios ni tengo poder alguno, antes estoy atado con cadenas de fuego por los ángeles ministros de Jesucristo, cuyo Evangelio predica Bartolomé, Apóstol suyo?

Mandó- le | que declarasse los engaños que hazía en los enfermos que sanava, y declarólos, por lo cual todos los presentes creyeron en Cristo y echaron sogas a la estatua, derribáronla en tierra hecha pedaços, y aparecieron por las paredes muchas cruzes hechas por ministerio de ángeles. Vieron assí mismo al demonio, que salió del ídolo en figura de hombrezillo negro, con el rostro prolongado y una barba larga, los ojos encendidos como fuego, y echava dellos centellas, y por las narizes lançava un humo negro y hediondo. Los cabellos de la cabeça le llegavan hasta el suelo, cubriéndole un cuerpo feíssimo y mal hecho. Tenía muchas cadenas de fuego alrededor de sí. Era de tan mala figura que el rey y todo el pueblo que le vido quedaron como atónitos y asombrados. Mandóle el Apóstol que se fuesse al desierto y no pareciesse más entre gentes, y él obedeció.
[2] En la Vida de San Nicolás , referida por Surio en el sexto tomo, se dize que fue grande la devoción que los cristianos tomaron luego que murió al mismo San Nicolás, de visitar su sepulcro. Sucedió que passavan en un navío a sólo esto desde el puerto Tanais unos devotos cristianos, y ivan a Mirrea, donde el santo estava, y, al tiempo del embarcarse, cierto demonio que avía estado en un templo de Diana que derribó San Nicolás, muy sentido por averle echado de su antigua casa, procurava estorvarle a él que no fuesse honrado ni visitado de peregrinos. Tomó disfrace de muger, y con un vaso grande de óleo llegó a aquellos passajeros y díxoles:

-Porque sé que vais a visitar el cuerpo de San Nicolás, quisiera mucho hazer semejante romería, mas porque no tengo de presente lugar, ruégoos llevéis este óleo para que arda delante de su sepulcro.

Los otros, creyendo que era muger y devota la que les hablava, tomaron el óleo. Navegaron un día bien, y al segundo levantóse gran tor- menta, /(447r)/ tanto que pensaron ser anegados. Vieron venir contra ellos un viejo venerable en un barca; díxoles:

-El daño que padecéis en esta tormenta viene por vuestra culpa. Echad en el mar el vaso de óleo que os dio aquella muger, porque era demonio, si queréis ser libres.

Hiziéronlo assí, y levantóse un fuego en el mar en la parte que cayó el óleo, dando un estampido grandíssimo, y quedando un tan mal olor que parecía bien cosa del Infierno. Díxoles el viejo que era San Nicolás, y desapareció.
[3] En la Vida de San Antonio, escrita por San Atanasio, se dize que estando en su celda una noche el santo, oyó dar grandes golpes a la puerta. Salió por ver quién llamava y vido un hombre de gran estatura. Preguntó quién era. Respondió:

-Soy Satanás.

-Pues ¿qué quieres aquí? -dize Antonio.

-Lo que quiero es que me des razón por qué no sólo tus religiosos, sino todos los cristianos me maldizen. En sucediéndoles alguna desgracia, luego dizen, o «Maldito sea el diablo», o «Mal aya el diablo».

Respondióle San Antonio:

-Justamente hazen esso, porque les hazes guerra y los tientas, siéndoles ocasión de caer muchas vezes en pecado.

-Yo -dize el demonio- nada desso hago. Ellos son los que se hazen guerra unos a otros, y a sí mismos, y los que se tientan y se buscan las ocasiones para pecar. Ya después que Dios se hizo hombre no tengo fuerças, no tengo armas, no tengo ciudades; de todo estoy falto y nada puedo. Quéxense de sí mismos y no de mí, que ellos, y no yo, tienen la culpa de sus caídas.

-A Jesucristo -dize el santo- se den gracias por esso, que aunque eres cabeça de mentiras, en lo que aora dizes no vas fuera de camino.

Oyendo el demonio el nombre de Jesucristo, fuesse de allí como un torvellino.
[4] Fortunato, obispo de Turdeto, varón santo, expelía demonios de cuerpos humanos. Sucedió que una muger casada, por no guardar continencia la noche antes de | una solenidad y fiesta que se hazía en la dedicación de una iglesia a San Sebastián Mártir, hallándose en la processión, permitió Dios que el demonio se apoderasse della, y atormentóla cruelmente. Lleváronla sus parientes a casa. Allí dieron orden que nigromantes y hechizeros tratassen de sanarla. Éstos la pusieron dentro de un río, y hizieron sus hechizos sobre ella, y lo que se ganó en el caso fue que antes la atormentava un solo demonio, y después se apoderó una legión entera della, y creció su tormento mucho más. Cayeron sus deudos en la cuenta del hierro que avían hecho, y para enmendarle lleváronla al santo obispo Fortunato, el cual hizo por ella oración algunos días, y al cabo quedó sana. El demonio que primero estuvo en esta muger, tomando traje de peregrino cerca ya de la noche, andava por las calles y plaças de la ciudad, diziendo:

-¡Oh, que grande santidad la de Fortunato Obispo, que echó de su casa al peregrino! Mirad la obra que ha hecho, que no hallo en toda esta ciudad suya donde acogerme y hospedarme.

Oyóle un hombre particular que estava a la lumbre con su muger y un hijo pequeño, y no tanto por caridad como por curiosidad de saber el caso y tener que murmurar de su obispo, recibióle en su casa y hízole assentar junto consigo al fuego. Començaron a razonar y, teniendo descuidado al huésped, asió el demonio del hijuelo que estava allí y dio con él en las llamas, donde luego espiró. Y viéndose el miserable sin hijo, entendió quién era el peregrino que avía recibido en su casa, y quién el que echó de la suya el santo obispo Fortunato. Lo dicho es de San Gregorio en el libro primero de los Diálogos, capítulo nono.
[5] Vivía vida solitaria Marcio Monge en un monte llamado Marsico, en Campania, provincia de Italia. Estava dentro de una cueva, y en ella nació una fuente que bastava para su uso cotidiano. Pesávale al demonio de ver la vida tan abstinente y de penitencia que hazía, y procuró /(447v)/ echarle de allí. Por esto, al modo que se uvo con Adam, que revestido en serpiente le fue causa para salir del Paraíso Terreno, assí aquí, revistiéndose en una terrible serpiente ponzoñosa y feroz se fue a la misma cueva de Marcio. Estava allí a su vista con intento de atemorizarle y echarle della. Mas el santo varón ningún caso hizo de verla, aunque le era muy molesta viéndose solo con ella. Si orava poníasele delante, si se recostava, a su lado. Marcio, sin temor alguno, le ponía en su boca la mano o el pie, diziendo:

-Si tienes licencia de Dios para herirme, hiéreme.

En esto permaneció tres años, y al fin dellos, visto por el demonio que sus diligencias eran vanas para con el santo ermitaño, y que antes le dava a merecer, dándose por vencido despidió de sí un terrible aullido y dexóse caer por el monte abaxo, echando tanto fuego que todos los árboles que encontró dexó ardiendo en vivas llamas. Y en esto quiso Dios que se mostrase como, siendo tan grande su poder, era mayor el del que le avía vencido. Lo dicho es de San Gregorio, libro tercero de sus Diálogos, capítulo diez y seis.
[6] Estando el abad Macario en lo alto del desierto, y en lo baxo muchos monges en congregación, vido al demonio en hábito de médico, cargado de vasos de vidro de diferentes maneras. Preguntóle:

-¿Dónde vas, desdichado?

Respondió:

-A hazer mi oficio, que es tentar, y quiero averlo con los monges que están allí abaxo.

-¿Y a qué propósito y fin llevas tantos vasos y redomillas?

-Quiero dar gusto -dize- a los monges, en que si no quieren uno, doy otro, y si no éste, aquél.

Y con esto se fue, y a la buelta preguntóle el santo abad cómo le avía ido con ellos, y respondió que sólo uno le dio entrada, que se llamava Teopansio. San Macario baxó al monasterio y llamó a aquel monge, pidiéndole cómo le iva en tentaciones, y confessóle aver estado flaco en ellas. Declaró su culpa y | propuso de bivir con más recato. Después desto, tornando San Macario a encontrarse con el demonio, y preguntándole cómo le iva con sus monges, respondió:

-Malíssimamente. Sólo tenía un amigo entre ellos, y no sé quién le ha puesto en mal conmigo, que ya no tengo mayor enemigo que él.

Yendo camino San Macario hizo noche en un desierto y, vista una cueva que era sepulcro de un pagano, quitó la piedra y echóse a dormir dentro, y a poco tiempo, los huessos que estavan allí començaron a hablar, de que mucho se turbó, aunque no mostró covardía. La boz parecía que hablava con otro y le dezía:

-No puedo ir, porque tengo sobre mí gran peso.

Macario dixo con mucho desenfado:

-Yo, ¿qué estorvo te hago? Anda, vete donde quisieres, que escusado es que yo salga de aquí esta noche.

Visto por los demonios (siendo ellos los que formavan aquellas bozes por poner temor al santo varón) la osadía con que les hablava, enmudecieron, porque si prosiguieran su embuste y no tuviera efecto, quedaran más avergonçados. Otra vez se le puso delante el mismo demonio en una figura espantosa con una hacha de armas en la mano, mostrando querer herirle, y era todo por atemoriçarle, y como le conoció, no hizo caso dél. Confessóse el demonio por vencido, lo cual no se entiende aver sido en vigilias ni en ayunos, pues ni duerme ni come, sino en humildad. El mismo Macario, viendo a un monge afligido en lo exterior, y sabida la causa, que era tener por cierto que su estada en el desierto era inútil, por no ser provechoso a algún próximo, el santo abad le dixo que siempre que le viniesse aquella tentación, respondiesse:

-Esto hago de provecho en la soledad, que por amor de mi señor Jesucristo no me aparto desta pequeña choça.

Y con esto cessó la tentación, porque faltan los engaños del demonio adonde se da entrada al amor de Cristo. Ultimamente, se dize del santo abad Macario que, sintiéndose tentado de pensamientos contra la castidad, /(448r)/ tomava sobre sus hombros un costal de tierra y passeávase por el desierto con él algunas horas. Y preguntándole la causa, respondía que atormentava a su atormentador, porque el deleite deshonesto, que se fomenta y toma fuerças con el ocio, desházese y aniquílase con el trabajo. Es de Paladio en su Historia, y del De Vitis Patrum, y refiérelo Marulo.

[7] San Hilarión Abad fue grandemente molestado del demonio, y siempre bolvió vencido. Estava en su celda de noche, y oía lloros de niños, quexas de mugeres, validos de ovejas, mugidos de bueyes, bramidos de leones, ruidos de exércitos y bozes diversas de portentos varios, para que primero se atemorizasse con el sonido que con la vista. Hazía la Señal de la Cruz en su frente y desvanecía todo. Resplandezía una noche la luna, y vido un carro con grande aparato de guerra, guiado de ferozes cavallos, que venía sobre él. Pronunció el nombre de Jesús en boz alta, y delante de sus ojos se abrió la tierra y tragó aquella fantasma. Mostrávasele también el demonio otras vezes en figura de muger desnuda, haziendo meneos torpes y lascivos. Si tenía hambre, poníasele a sus ojos una mesa con preciosos manjares. Ya passava el lobo aullando y la zorra regañando. Si rezando sus horas cantava alguna vez, luego parecían allí gladiatores peleando unos con otros; quedava uno herido de muerte, y pedíale que le enterrasse, todo a fin que se distrayesse y dexasse la oración. Estava orando un día, su cabeça inclinada en tierra, y como suele acontecer por los muy estirados, divertióse un poco en la oración. Pensó en otra cosa diferente y, tomando el demonio forma de gladiator, subiósele sobre sus espaldas y dávale en los costados golpes con sus pies, y con un açote le hería, diziendo:

-Ea, ¿por qué te duermes?

Y con esto dava grandes risadas. Y porque iva a dar en tierra con tan pesada carga, preguntávale si quería ceva- da. | Avía dicho él a su proprio cuerpo, estando airado porque le provocava a luxuria:

-Yo procuraré, asnillo, de no darte ya cevada, sino paxa, porque no des corcobos.

Desta manera trata el demonio a los que vee aprovechados en la virtud, aunque los que confían en el Señor, como dize David en el Salmo ciento y veinte y cuatro, no se commoverán eternalmente. Es de San Hierónimo en la Vida del mismo San Hilarión, capítulo segundo.


[8] Herón, monje en la Tebaida, estuvo cincuenta años ayunando, guiándose siempre por su parecer, desechando el de los ancianos y varones santos. Transfigurósele el demonio en ángel de luz, y díxole que le embiava Dios a dezir que era de tanto mérito en su presencia que si su cuerpo cayesse de muy alto no se haría daño. Creyólo, no acordándose que estava escrito por el Espíritu Santo en el Deuteronomio: «No tentarás a tu Dios y Señor»; sino para su daño abrazó el otro dicho de David en el Salmo cuatro, que dize: «Mandó a sus ángeles que te lleven en palmas porque no estropiezen tus pies en alguna peña». Levantóse de noche y fue a un poço hondo, y dexóse caer dentro. Levantáronse otros monjes al ruido, y sacáronle del pozo medio muerto. Y no pudiéndole quitar de su cabeça que era santo, porque lo mismo avía creído de sí toda su vida, por tres días estuvo pertinaz, y assí murió. Y por ser tal su muerte pretendió Pafuncio que no fuesse enterrado en sagrado. La vana presumpción de santidad le hizo que no conociesse a su contrario, el demonio, ni creyó a otro que a sí mismo. Suelen muchas virtudes, aunque ayan crecido, caer de repente donde no ay fundamento de humildad. Es de Casiano, en el Colación segunda , capítulo quinto. También se haze mención en el capítulo séptimo de otro monje, y no se nombra, porque era vivo cuando Casiano lo escrivió. Fue el demonio de noche a su celda, resplandeció /(448v)/ toda estando él allí, hablóle y declaróle algunas cosas que estavan por venir, diziendo: «Sucederá esto y lo otro», y fue possible que mintiesse en todo, porque de cierto nada sabe. Remató su plática diziendo:

-Ya estás muy adelante en el camino de la virtud; sólo te falta para llegar a la cumbre que seas obediente como Abraham, y assí te manda Dios que le sacrifiques un hijo que tienes en tu celda y se le ofrezcas en holocausto.

Creyólo el miserable, y como fuera de lo acostumbrado sacasse un cuchillo y se le pussiesse en la boca y anduviesse a buscar con que atar al hijo, siendo algo malicioso, apartóse un poco dél hasta ver en qué paravan aquellos negocios, y viendo que se le acercava para echarle la mano, tomó corrida y libróse por pies de la muerte. Y cierto que si no huyera, el padre hiziera una obra de maldito parricida contra su hijo, y no de obediencia como Abraham, y al que avía engendrado para Dios, sacrificárale al demonio. Hasta este punto llegó la imprudente y mal aconsejada credulidad.
[9] Elfego, arçobispo de Canturia, estando preso por infieles, y cerca de ser mártir, transformósele el demonio en ángel de luz y sacóle de la cárcel. Estando bien apartado della, púsose a considerar si era aquél ángel de Dios o de demonio. Hizo oración y desapareció el fingido ángel de luz, y él bolvió a su prisión, donde recibió la corona de mártir. Quiso el demonio por embidia conservar la vida del varón santo para que se le difiriesse la eterna. Es de Surio, tomo segundo.
[10] Evagrio Presbítero, discípulo de los dos Macarios, estando solitario en el desierto, vido venir a él tres demonios en hábito de clérigos hereges, y que cada uno pretendía defender su error disputando con los otros en presencia de Evagrio, pretendiendo hazerle caer en alguna heregía. Era letrado y humilde, y para gloria de Dios, y por ventura inspirado | dél, púsose a oírles. Començóse la plática y disputas, provando cada uno sus dogmas y errores, mas fueron las respuestas de Evagrio contra todos ellos de suerte que los dexó confusos y avergonçados, y assí se desvanecieron sin pretender más del que vieron tan firme en la Fe. Refiérelo Marulo, libro quinto.
[11] A San Martín, obispo de Turón, se apareció el demonio con corona en la cabeça y un vestido sobervio de grana. Díxole que era Cristo y que venía a juzgar el mundo. San Martín, viendo la arrogancia del demonio y acordándose de la mansuetud de Jesucristo, dixo:

-No sé yo que con tales señales aya de venir a juzgar el Hijo de Dios, sino con las de su Passión, con corona de espinas, con las llagas de manos y pies y costado, y con la cruz delante. Como yo le vea venir desta manera, creeré que es Él, y si de otra, haré lo que Él me tiene mandado que haga: «Si alguno os dixere (y refiérelo San Mateo en el capítulo treze) ` véisle aquí' , o ` véisle allí, que viene a juzgar' , no le creáis».

Oyendo el maligno espíritu semejantes palabras llenas de verdad, vencido dellas, desapareció, no dexando allí otra cosa sino su señal, que fue un pestilencial hedor. Aparecióse resplandeciente y desapareció hediondo. Es de Severo Sulpicio en la Vida de San Martín.
[12] Celebrando Missa el mismo San Martín, ayudávale Bricio, que era de pequeña edad, y después fue obispo y santo. Éste vido al demonio en contrario del altar, que estava escriviendo todo lo que allí passava y contradecía a aquel lugar sagrado, como palabras ociosas, risas desordenadas y impedir el oficio divino. Escrivíalo en una piel de carnero, y por aver mucho que escrivir y acabársele la piel, estiróla con los dientes y, rompiéndosele, diose en la pared una mala calabaçada, en aquel cuerpo hecho del aire en que se mostrava, de lo cual Bricio se riyó mucho. Vídolo San Martín, y reprehendióle por ello después de acabada /(449r)/ la Missa. Mas, dando su desculpa, el santo prelado se subió en el púlpito y hizo un sermón sobre aquel caso, de suerte que el auditorio se enterneció, y derramó tantas lágrimas que con ellas se borró lo que el demonio tenía escrito. Tráelo el Promptuario de exemplos. Vincencio, en su Espejo Historial, refiere otro caso semejante, y dize que sucedió en la santa iglesia de Toledo, y la calabaçada déste trueca en una mala caída que dio el demonio por estirar el cuero.
[13] San Antonio Abad iva al desierto, y apoderándose dél los demonios, atormentáronle de suerte que le dexaron medio muerto, y fue necessario irse a curar a poblado. Y convaleciendo de aquel mal, hízose llevar a donde primero, y iva diziendo que estava aparejado, si era la voluntad de Dios, de ser otra vez açotado y apaleado, sin que el demonio le quitasse de su intento. Armado con esta constancia, no osaron llegar a él los infernales espíritus; sólo pretendían ponerle miedo con mostruosas y espantables figuras. Mostrávansele en aparencia de bestias fieras, dando bramidos y aullidos terribles; silvavan como serpientes, mostrávanle agudos colmillos y despedían fuego de sus ojos, narizes y boca. Nada que fuesse medio para tener temor dexavan de hazer. Mas como el siervo de Dios y valiente soldado de Cristo no hiziesse caso de las heridas ni se commoviesse con tan horrendo espectáculo, confessándose los demonios vencidos y llenos de confusión, se fueron. También se dize que, passados estos torvellinos y assombros, se le mostró a San Antonio una refulgente claridad y, en ella, el Hijo de Dios, y visto por él, díxole con grande ternura:

-¿Dónde estavas, buen Jesús? Jesús bueno, ¿dónde estavas?

Y que le respondió el Señor:

-Aquí estava Antonio, esperando el fin de tu pelea. Y porque lo has llevado bien y alcançaste victoria, ten por cierto que gozarás del triunfo en el Cielo, donde se te | dará la corona y premio.

De manera que, según esto, toda la fuerça del demonio se destruye con la continuación del buen propósito. Y assí perseveró San Antonio, y las penas que padeció sirvieron para augmento de gloria. Refiérelo Marco Marulo, libro quinto.
[14] A Pacomio, abad en Egipto, se le apareció el demonio en figura de una muger hermosíssima. Mas por tener él apagados los ardores de la luxuria con el frío de los ayunos, no teniendo el entendimiento ofuscado con carnal concupiscencia, fácilmente entendió semejante engaño. Hizo la Señal de la Cruz en su frente y desapareció el demonio. Es del De Vitis Patrum.

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