De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[15] Pacomio, otro monje, en el monasterio de Escitia, solía quexarse que por doze años fue molestado de tentaciones sensuales, y al cabo deste tiempo, tomando el demonio forma de una muger moça y hermosa, vino a él y derribósele sobre sus rodillas, haziéndole caricias. Él, detestando tal vicio, muy indignado levantó la mano y diole una buena bofetada en el rostro, por lo cual el demonio, muy afrentado, desapareció, y con esto cessó en él aquella larga y molesta tentación; porque quien en la visible y palpable no pudo ser vencido, en vano es acometido de las espirituales imaginarias, siendo verdad que mueve más lo que se vee que lo que se imagina. Es de Paladio en su Historia.
[16] Paterniano, abad en Egipto, el cual fue después obispo, estando en el desierto en su monasterio, un día sobre tarde vino a él una muger moça, diziendo que era sierva de cierto hombre principal de la ciudad, y que por ser estrangera, saliendo por agua avía perdido el camino, que le rogava la tuviesse aquella noche en la portería de su monasterio porque no fuesse comida de bestias. Paterniano, commovido a piedad, admitióla y, mirándola atentamente, parecióle hermosa, y que su vista le avía hecho grande impressión. Mas /(449v)/ bolviendo en sí, y enten diendo ser aquélla maraña del demonio, tomó del hogar que estava cerca un tizón encendido y hirió a la muger en el rostro, y su tentación, con el tentador, desapareció en un punto. Cuando comiença la enfermedad, imitando la prudencia de los médicos, hase de ocurrir al remedio, porque si la dexan cobrar fuerças, viene a ser de muerte. Refiérelo Marulo, libro quinto.
[17] Nizéforo Calixto, libro catorze, capítulo cuarenta, dize que en Creta, tomando figura un demonio de Moisés y diziendo a muchos judíos que bivían en aquella provincia que lo era, y que los quería passar a Tierra de Promissión, creyéndole, fuéronse con él y, llegando a la agua, entró él delante y siguiéronle muchos, los cuales todos quedaron ahogados. Otros que no avían entrado, visto el engaño, se tornaron cristianos.
[18] En la Vida de Santo Domingo, fundador del Orden de Predicadores, escrita por Teodorico de Apoldia, se dize que, estando este santo patriarca predicando en Monpeller contra muchos hereges que avía a la sazón en Francia, nueve matronas que le oyeron un sermón fueron después a hablarle en una iglesia, y dixéronle:

-Siervo de Dios, tú has llamdo hereges oy en tu sermón a los que nosotras teníamos por muy católicos, y su doctrina por cierta y segura, y assí la avemos seguido hasta aquí. ¿En qué veremos quién nos dize verdad, ellos o tú, porque, sabida, la sigamos?

Oyendo sus razones el santo, púsose en oración y, levantándose, dixo:

-Aora os mostrará Dios a quién avéis seguido hasta aquí.

Vieron luego visiblemente un gato grande, feo, con unos espantosos ojos y que echava fuego dellos; dava de sí malíssimo olor, andava entre aquellas señoras, y allegándose a una y a otra, y todas a huir dél espantadas, hasta que, asido de la soga de una campana de la iglesia, subiendo por ella, desapareció, quedando las matronas desenga- ñadas | con este acaecimiento y reducidas a la fe.
[19] En un monasterio de monjas sugeto al santo abad Equicio, sucedió que, entrando una dellas en la huerta, viendo una lechuga que le pareció bien, y siendo negligente en una santa costumbre que allí se usava, y muchos cristianos usan, de no comer cosa sin primero bendezirla, haziendo la Señal de la Cruz, comióla. Y en comiéndola se apoderó della el demonio, atormentándola como suele. Dieron aviso desto al abad Equicio, fue a donde la endemoniada estava, y, entrando, el demonio començó a dezir como disculpándose:

-¿Yo qué hize? ¿Qué culpa tengo? Assentado estava sobre la lechuga, ella vino y me mordió.

El santo abad le mandó que saliesse de allí y la dexasse, a cuyo mandato obedeció el demonio, y la monja quedó libre y muy determinada a no ser negligente en las ceremonias santas del orden. Dízelo San Gregorio, libro primero de sus Diálogos, capítulo cuarto.
[20] En la Vida de Santa Juliana, escrita por Surio, tomo primero, se dize que, aviendo padecido esta santa donzella en Nicomedia, su patria, por orden de Eleusio Prefecto graves tormentos, confessando a Jesucristo por Dios, estando haziendo oración en una cárcel escura, apareciósele Lucifer transfigurado en ángel de luz, y díxole:

-Graves tormentos, o Juliana, has padecido, y mayores son los que te quedan por padecer. Basta ya lo que has hecho; cuando de la cárcel salieres, bien pudes hazer sacrificio a los dioses.

-Y ¿quién eres tú -dixo la santa-, que me das esse consejo?

-Soy -dize- ángel de Dios, que me embía a ti a dezirte que bien vee que eres flaca para padecer tales tormentos, y que Él se tiene de ti por bien servido, y te perdonará aunque hagas lo que el prefecto te pide.

Mucho se turbó la santa donzella Juliana de oír esto, porque en el rostro, resplandeciente y hermosíssimo, del que hablava parecía ángel de Dios, y en sus /(450r)/ palabras, demonio. Levantó su coraçón a Dios y pidióle con grande instancia que le declarasse si aquél era ángel de luz o de tinieblas. Oyó una boz que le dixo:

-Confía, hija Juliana. Yo estoy contigo y te doy poder para que por ti misma veas quién es el que habla contigo. Por tanto, échale la mano.

A este punto se le cayeron las prisiones a Santa Juliana, y pudo levantarse de adonde estava y, levantada, asió de aquel engañoso ángel, y díxole:

-Dime quién eres.

-Soy -respondió él mal de su grado- Satanás, el que dio a Eva el consejo que comiesse del árbol vedado, el que incitó a Caín que matasse a su hermano Abel, a Nabucodonosor, que levantasse una estatua y la hiziesse adorar, a Herodes, que matasse a los niños inocentes, a Judas, que vendiesse a su Maestro y después que se ahorcasse, a los judíos, que apedreassen a Estevan, y procuré que fuessen presos Pedro y Pablo, y muertos, uno en una cruz y otro, a cuchillo. Soy el que amonestó a los judíos que perseveren en su dureza, a los gentiles, en adorar ídolos, y el que a Salomón tornó loco a la vejez, le persuadió a que se enamorasse de mugeres idólatras y adorasse sus dioses.

Oyendo esto Santa Juliana, tomó sus prisiones y púsoselas al demonio, ayudándole Dios para que assí lo hiziesse. Y no contentándose con esto, le començó a herir y lastimar, haziendo muestra el demonio de grande sentimiento. Quexávase de que una muger le tuviesse atado y le hiriesse. Confessava que por ser virgen no podía hazerle daño, y por ser mártir ella podía a él lastimarle y herirle. Embió el prefecto a que sacassen a Juliana de la cárcel, si ya no estuviesse muerta. Sacáronla de allí, y llevava al demonio consigo aprisionado con una horrible figura; mostrávale a todos, haziendo él grandes visajes, hasta que, dándole ella lugar, desapareció.


[21] En la Vida de Santa Brígida Biuda , colegida de la Bula que dio para su ca- nonización | el Papa Bonifacio Nono, y referida por Surio, tomo cuarto, se dize que, estando esta santa en Sicilia, fue a ella una muger muy afligida. Descubriósele que padecía muchos años avía un terrible tormento, por un demonio que, tomando cuerpo todas las noches, sin poderse defender, tenía accesso con ella. Preguntóle Santa Brígida si traía consigo alguna cosa hecha por arte mágica, y como ella respondiesse que no, la santa replicó:

-No es assí como dizes. Mira tus cabellos y hallarás lo contrario.

Acordóse la muger que traía colgando dellos un breve o nómina en que estavan escritas palabras, y puestos unos caracteres o rasgos, sin entenderse qué cosa fuesse. Mandóselo quitar y quemar, hízola confessar generalmente y recibir la Sagrada Comunión, y nunca más padeció semejante trabajo.
[22] En la Vida de Santa Eufrasia Monja , referida por Surio en el tomo segundo, se dize desta santa que, estando en su monasterio en Egipto haziendo vida santíssima, atrevíasele el demonio y ponía las manos en ella. Donde, como un día estuviesse sacando agua de un poço, derribóla dentro. Llamó Eufrasia a Jesucristo, y aunque la caída fue mala y dio de cabeça en lo hondo del poço, y estuvo allí hasta que las hermanas la sacaron, no se hizo mucho mal. Antes, aviéndose signado, sonriéndose, dixo:

-Vive el Señor, no me vencerás, maldito Satán, ni has de poder ofenderme.

Cortava leña en pequeñas rajas otra vez con un destral, y el demonio torcióle el braço al tiempo de dar el golpe, y hirióse en un pie malamente. Dio bozes una amiga suya y, viniendo la abadessa y hermanas, halláronla tendida en tierra y bañada en sangre. Entendióse que avía sido esto por arte del demonio, echáronle agua bentida y tomáronle la sangre, y dezíanla que se fuesse a reposar. Ella no quiso ir sin que primero recogiesse las rajas que avía hecho y las llevasse a la cozina, por no querer, aun /(450v)/ en aquella menudencia, que el demonio ganasse con ella. El cual, estando allí presente, al tiempo que subía por una escalera, llegando al passo postrero para entrar en la cozina, rebolvióle el hábito de manera que la hizo caer, y una de las rajas se le entró por la frente y le hizo otra mala herida, de que le corrió mucha sangre. Las hermanas se afligieron por verla tan mal parada. Hazían sobre ella la Señal de la Cruz, echándole agua bendita, viendo claramente ser esto hecho por medio del demonio. Mas la santa, ligada la herida, primero que en su cama tomasse algún descanso cumplió con todo lo que era a su cargo, assí en el servicio de la cozina, como en el ministerio del coro, assistiendo al divino oficio. Derribóla otra vez el demonio de un terrado bien alto, a vista de algunas hermanas, que la tuvieron por muerta, mas ella quedó sin lesión alguna. Como otra vez, que estando guisando una olla de ortaliza para el convento, al tiempo que más hervía, la tomó el demonio y la echó sobre sí. Parecióles a las hermanas que la avía abrasado. Ella dixo no aver sentido más pena que si fuera agua fría. Desta suerte tratava el demonio a Eufrasia, y siempre quedava con ganancia, y él, con pérdida.
[23] Fue llevado por un ángel cierto ermitaño a un monasterio de monges santíssimos y a la plaça de un populosa ciudad. Aquí vido sólo un demonio, con andar en ella millares de gentes, y allí, muchos, con ser los monjes pocos. Preguntada la razón desto, respondió el ángel:

-Para los que andan en la plaça y en el bullicio del mundo, porque fácilmente se rinden, basta un demonio; mas para los que están en religión, que saben resistir y vencer, aun muchos demonios valen poco.

Es del Promptuario de exemplos.
[24] Un monge, siendo tentado gravemente de tentación sensual, fue a confessarse con su abad. Reprehendióle ásperamente, diziéndole que no era merecedor de | nombre de monge quien tenía semejantes tentaciones. Por oír esto el afligido religioso, determinó de dexar la religión y bolver al siglo. Mas en el camino, por disposición divina, ocurrióle al encuentro el abad Apolonio, y, sabida la ocasión, hablóle blandamente y consolóle diziendo:

-Sabe, hermano, que yo he sido atormentado esta noche con semejantes tentaciones, y no por esso dexaré los buenos intentos que sigo grandes tiempos ha.

Con esto, el monge bolvió al monasterio y se recogió en su celda. El abad Apolonio, puesto en oración, pidió a Dios que sintiesse el superior de aquel afligido monje lo que él sentía. Y estando orando, vido un pequeño etíope que arroxava saetas de fuego en el viejo, por donde, tentado con tentación vehemente, determinó bolverse al siglo. Y poniéndolo en obra, salióle al encuentro Apolonio, que le dixo:

-Buélvete a tu celda, y reconoce tu flaqueza, y assí te compadecerás de tus próximos.

Hizo oración por él, y fue libre. Es del Vitis Patrum.
[25] Eufragia, una donzella religiosa encerrada, padecía tentación carnal grave, y como rogasse a Dios con lágrimas la librasse della, apareciósele un ángel, que le dixo:

-Si quieres ser libre de semejante tentación, di algunas vezes este verso de David: Confige timore tuo carnes meas.

Díxolo y fue libre de aquella tentación. Mas acometióle luego otra de infidelidad, y començaron a parecerle dificultosas y dudosas algunas cosas de nuestra Santa Fe. Diole esto mayor tormento. Pidió con grande ansia a Dios que la librasse de tanto mal. Apareciósele el mismo ángel, y díxole:

-¿Piensas bivir sin tentación? Engáñaste. Conviene que padezcas una desta dos.

La santa monja escogió la primera, juzgándola por humana, y desechó la segunda, teniéndola por diabólica. Es del Promptuario de exemplos.
[26] Entró por monge lego en uno de los monasterios antiguos cierto moço de agudo entendimiento, y por comunicar /(451r)/ con otros monges, que eran letrados y tenían copia de libros, vino a estudiar, de modo que le pareció saber mucho, y aun otros juzgavan dél que tenía suficiencia para recibir órdenes; aunque esto no lo alcançó, porque su abad le recibió para monge lego y no quería que passasse de allí, pareciéndole altivo y presumptuoso, y por lo mismo le mandava que dexasse el estudio y sirviesse en la cozina y en la huerta. Mas él, por el contrario, rebelde, proseguía sus estudios, y ya se quería ir del monasterio, y ya se quedava en él. Conocido su humor por el demonio, apareciósele en figura de ángel de luz, y díxole:

-Estudia valientemente, que difinido está de Dios que seas obispo alberstatense.

Con esto tomó mayor presumpción, y se le dava poco por obedecer a sus prelados. Iva y bolvía a las escuelas, y en todo hazía su voluntad. Vino el negocio a términos que le dixo el demonio, teniendo figura de ángel bueno, que el obispo alberstatense era muerto, y que Dios quería darle aquel obispado, que fuesse luego allá y sería assentado en la cátedra y silla de prelado. No aguardó más, salió el apóstata de su monasterio y llegó a hazer noche en un mesón donde avía otros huéspedes. Traía uno dellos un muy buen cavallo. Parecióle que, siendo larga la jornada, podría aver peligro en la tardança. Acordó de acogerse en aquel cavallo, tomólo a la mañana y sacóle secretamente del mesón, y iva caminando en él a toda furia. Mas el dueño del cavallo, hallándole menos y cayendo luego en quién era el ladrón, subió en otro, siguióle, y alcançóle en otro pueblo. Acusóle delante de la justicia seglar y, comprovado el hurto, y creyendo que quien era de veras ladrón sería monje fingido, y que traía habíto sólo para librarse de semejantes delitos, subiéronle, y no a cátedra de obispo, sino a la horca. Es del Promptuario de exemplos.
[27] Sintiéndose un monje santo tentar del espíritu de fornicación, pidió a Dios que visiblemente viesse quién le hazía cruda guerra. Apareciósele el demonio. Díxelo el varón santo:

-¿Qué provecho sacas, miserable, en me tentar con tanta fuerça a mí y a los demás hombres?

Respondió el demonio:

-Bien veo que es verdad lo que dizes, mas quiérote descubrir mi intento. Sé bien que cuanto más hiziere pecar a los hombres, más retardará el día del Juizio, en el cual tengo de oír al juez riguroso: «Id, malditos, al fuego que está aparejado para el demonio». Y desde aquel día tengo de estar encerrado, sin más salir al mundo, quitándome el poder que algunos me dan. Y assí, por escusar este daño, procuro que el día del Juizio se retarde con hazer pecar a los hombres.

Es del Promptuario.
[28] Un sacerdote de ídolos tenía por hijo cierto moço bien inclinado y de bivo entendimiento, el cual, entrando ocultamente en el templo de noche, siguiendo a su padre, vídole que ofreció su sacrificio y se iva. Entraron luego un tropel de demonios en el mismo templo, y entre ellos, Satanás, su príncipe. El cual, assentado en una silla, pidió cuenta a algunos de sus ministros. Llegó uno, y hecho acatamiento al príncipe, preguntóle de adó venía, y respondió:

-He estado en tal provincia, y causado guerras y derramamiento de sangre.

-¿Y en qué tiempo hiziste essa labor?

Respondió:

-En treinta días.

Mandóle açotar por pereçoso y parapoco. Llegó otro demonio, y dixo:

-En el mar he estado, y levantado tempestades y borrascas. He hundido navíos y ahogado hombres.

Preguntóle por el tiempo, y respondió que en veinte días. También mandó açotar a éste por pereçoso. Otro llegó y dixo averse hallado en una fiesta de bodas, y levantado dissensión, de suerte que el desposado quedó muerto. A éste assí mismo reprehendió por el tiempo. Al cabo, llegó otro demonio y dixo:

-Cuarenta años ha que hago guerra a un monge, /(451v)/ y con dificultad he alcançado dél que oy ha cometido pecado carnal.

Oyendo esto Satanás, levantóse de su silla, y abraçó y besó a este demonio, púsole su propria corona en la cabeça y assentóle en su trono. El hijo del sacerdote de ídolos, que estava a la mira de todo esto, consideró en sí, y dixo:

-Grande es y mucho deve estimarse el estado de los monges.

Salió de allí, y no sólo se hizo cristiano, sino monge. Refiérese en el Promptuario de exemplos.


[29] Natanael Anacoreta, estando harto de bivir en soledad, dexó el desierto y passóse cerca de poblado en una celda. Apareciósele el demonio en una figura muy fea y espantable. Traía un azote en la mano, sacudiéndole y haziendo gran ruido, procurando espantarle y hazerle ir de allí y que se entrasse en poblado. Sin esto, mostrava gloriarse de averle hecho ir del primer lugar. Lo cual oído de Natanael, porque no se pudiesse el demonio gloriar dél en cosa alguna, bolvió al desierto, y habitó en él, de suerte que por treinta y siete años no se apartó de su celda treinta pies. Quiso el demonio engañarle un día haziendo de las suyas, fingiéndose que traía pan en un jumento y que avía caído con la carga y no se podía levantar. Dava bozes y llamava a Natanael que le ayudasse. Quedó él suspenso. La caridad del próximo le pedía fuesse a le favorecer; el propósito de no apartarse de su celda lo estorvava. Estando en esta imaginación, vínole al pensamiento si era invención del demonio aquélla para engañarle. Respondió al que le llamava, y dixo:

-Si eres cristiano, llama a Dios, que Él te favorecerá, y si le eres enemigo, no mereces su favor.

Dicho esto, desapareció la visión, y él dio gracias a Dios que a tales engaños no diesse oído, y assí no faltasse en su buen intento. Es de Paladio en su Historia.
[30] Estava en su celda en el desierto el abad Estéfano. Vino a él el demonio y díxole:

-Tú pierdes aquí el tiempo. Mejor | será que te vayas, pues en cosa alguna aprovechas.

Respondió el santo abad:

-No iré, si esta silla en que estoy sentado no se mueve por sí misma.

Oído del demonio, hizo como la silla anduviesse por toda la celda sin verse que alguno la tocava, lo cual considerado por Estéfano, añadió:

-Ni aun aora quiero irme, porque no es justo que crea a quien sabe tantas ruindades.

Hizo oración y huyó el demonio. Es del Prado Espiritual, capítulo sesenta y tres.
[31] Fue un sacerdote en vida y costumbres aprovado, muy limosnero, y alárgavase en esto según su possibilidad en el día del Apóstol San Bartolomé, de quien era muy devoto, trayendo a su casa pobres peregrinos, regalándolos y sirviéndolos en honra de aquel santo. Sucedió que en un día desta solenidad, después de aver dicho Missa, vido una muger en hábito de peregrina, moça y hermosa, la cual estava a la puerta de la iglesia como para recibir limosna. Ofrecióle el sacerdote su casa, si quería hospedarse en ella. Ella, sin otro rodeo, aceptó el hospedaje. Y aquel día no fue admitido otro peregrino a la mesa del sacerdote, porque no fue hallado. El Apóstol San Bartolomé, no olvidando la devoción que este sacerdote le tenía, ni los servicios que le avía hecho, en hábito de pobre peregrino llegó a su puerta y llamó. Fuele respondido por un criado que no avía ya entrar a comer, sino que esperasse a que se acabasse la comida y le daría limosna. El santo peregrino, con alegre rostro, dixo que esperaría, mas que dixesse a su señor que, para entretenerse en su combite, averiguasse en él qué era la cosa entre las criaturas del mundo más admirable contenida en la latitud de un pie de hombre. Sonrióse desto el ministro, pareciéndole impertinencia, aunque por vía de entretenimiento dio cuenta dello al clérigo, diziendo:

-A la puerta está un pobre peregrino que pide limosna, y entretanto que se /(452r)/ le da, haze esta pregunta;

y declaró cuál era. A la cual el padre clérigo dixo que no sabía responder. Mas su huéspeda, hablando como al descuido, dixo:

-El rostro humano tiene esse propriedad, que ninguno totalmente se parece a otro, teniendo una misma hechura y proporción.

Embió con la respuesta el sacerdote al criado, y oída del Apóstol, mostró agradarle, y replicó:

-Querría también saber qué es lo que en el hombre se puede dezir propria obra suya.

Fue el ministro, y sin responder el amo, la peregrina infernal dixo que era el pecado, porque le comete el hombre teniendo libre alvedrío y contradiziendo a lo que Dios le manda y querría que hiziesse.

Oído por el Apóstol, replicó:

-Sola una pregunta me queda por hazer, y es que desseo saber la distancia que ay desde el Cielo a la tierra.

El ministro gustava ya destas preguntas. Sin enfadarse bolvió a su señor y propúsola. A la cual, porque calló él, habló su huéspeda, y dixo:

-Esso sabrá bien quien anduvo esse camino.

Salió con esto el criado y, oído del Apóstol, respondió:

-Y ¿quién anduvo esse camino sino el demonio, que es la muger que tiene vuestro amo a la mesa, con la cual pudiera ofender a Dios si el Apóstol San Bartolomé, de quien él era devoto, no lo estorvara previniéndole con este aviso.

De oír esto el ministro quedó muy turbado. Refiriólo a su señor, y el demonio desapareció, y quedó él dando gracias a Dios porque tal merced le avía hecho. Fue a la puerta de su casa por ver a su devoto y agradecerle esta obra, mas ya era ido. Lo dicho se refiere en el libro De Apibus Mysticis, capítulo cincuenta y tres.


[32] Sara, abadesa en la Tebaida, como fuesse gravemente tentada de sensualidad por sugestión del demonio, nunca pidió a Dios que la tentación cessasse, sino que le diesse fuerças para vencerla. Duróle esta batalla treze años, y cuando se veía más apretada y le parecía que le faltavan las fuerças, pedía favor a Jesu- cristo | en boz alta, y assosegávase. El demonio le dezía:

-Vencísteme, Sara, vencísteme.

Mas sin tomar ella de aquí vanagloria, respondíale:

-No yo te vencí, sino mi señor Jesucristo.

Aprendamos de aquí que, si nos sintiéremos hazer guerra, cuando más vehemente, más clamemos a Dios, y si venciéremos, atribuyamos la gloria a su Magestad. Refiérelo Marulo, libro quinto.
[33] Teodora Alexandrina cometió crimen de adulterio una vez sola, y para enmienda y penitencia deste pecado, en hábito de varón se entró en un monasterio, donde con el nombre de Teodoro hazía vida de grande penitencia, llorando siempre su delito. El demonio, por hazerla desesperar, aparecíasele y dávale en rostro con el adulterio, diziendo que en vano se afligía, porque tan gran ofensa no merecía ser perdonada. Mas ella, sin desconfiar de la misericordia, signávase con la Señal de la Cruz, y con esto, el padre de mentiras desvaneció como humo. Es del Vitis Patrum.
[34] Pelagia Antioquena, noble en linaje, muy hermosa y rica, fue muger deshonesta y idólatra, mas convirtiéndose a Cristo trocólo todo: fue pobre y humilde, fue honesta, y entre los fieles señalada en fe y en otras virtudes. Luego que se convirtió y començó su penitencia, hablóla el demonio y díxola:

-Las riquezas que has tenido, o Pelagia, los dioses patrones desta ciudad, de que yo soy mensajero, te las concedieron, y tú aora, dexándolas, sigues a no sé qué Cristo. Ellos te perdonan la ofensa hecha si quieres bolver a su adoración y creencia, y te bolverán riquezas más aventajadas que las de primero.



Con facilidad entendió la bendita muger los engaños del demonio, como oviesse començado a gustar de las verdaderas riquezas, que eran Jesucristo. Signóse con la mano diestra el pecho, haziendo la Señal de la Cruz, y insufló contra el mal consejero, echándole de allí con /(452v)/ tanta facilidad como el viento echa el polvo. Y hizo tan poco caso de sus dichos y promessas que, luego, aun lo que tenía repartió a pobres. Y porque sirvió a Dios y no al dinero mereció posseer las celestiales y eternas riquezas. Es de Surio en el tomo quinto.
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