De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[35] Margarita Virgen, después de aver padecido tormentos por Cristo graves y penosos estando en la cárcel, un terrible dragón la tragó. Mas, haziendo ella la Señal de la Cruz, rebentó el dragón, y quedó la santa donzella sin lesión, como el profeta Jonás lo quedó saliendo de la ballena. Es del Metafraste.
[36] Fray Jacome de la Marca, fraile menor y de santa vida, predicando en Francfordia, cabeça del ducado de Saxonia, donde se dize que avía veinte mil vezinos, combidóles un día para predicarles en el campo y que nadie quedasse en la ciudad, porque quería tratar de los vandos que se sustentavan entre los vezinos della, que eran ocasión de grandes rebueltas y males. Subido en el púlpito, detúvose, y dixo que faltavan algunos, que fuessen a casa de un hombre principal y hallarían un moço y una moça, que se los truxessen allí de grado o por fuerça. Halláronlos y truxéronlos a vista de todos. Conjurólos él por el nombre de Jesús que dixessen quiénes eran y lo que hazían en aquella ciudad. Ellos, forçados por la virtud divina, dixeron que eran demonios embiados de los príncipes infernales a sembrar enemistades y discordias en aquella ciudad, y traer la gente a mal estado y condenación de sus almas. Dicho esto, desaparecieron hechos llamas de fuego, dexando muy mal olor. Quedó el pueblo muy espantado, y con lo que el santo les predicó dexaron los vandos y enemistades. Es de la Tercera Parte de las Corónicas de San Francisco , libro sexto, capítulo dézimo.
[37] Antidio, obispo de Turón, oyó una noche que se estava gloriando un demo- nio | de aver hecho caer en pecado sensual a Zozimas Obispo, después de siete años que le hizo guerra en aquel vicio. Avisóle dello, y el ver que su pecado era descubierto, y el temor de la justicia de Dios, le fue despertador para que hiziesse penitencia. Y en adelante, todo el tiempo de su vida no conversó con muger, y de verlas se apartava cuanto podía. Es de Marulo, libro quinto.
[38] En el monasterio de Hugón Abad quisieron dos novicios bolver al siglo. El abad les amonestó que no lo hiziessen. Quedó el uno y murió en breve tiempo, y a la hora de su muerte le consoló la Madre de Dios, assegurándole de su salvación. El otro, que estuvo pertinaz en la salida, murió desastradamente en una batalla. Todas éstas son tramas de Satanás. Es de Marulo.
[39] San Juan Ermitaño, como escrive dél en su Vida San Antonio de Florencia, en presencia de algunos religiosos refirió este exemplo:

«Estava -dize- un monge dentro de una cueva, muy abstinente y acompañado de virtudes. Començó a vanagloriarse y presumir de sí. Vista por el demonio esta puerta, pretendió entrar por ella y vencerle, y assí, permitiéndolo Dios, tomó figura de muger, y fingiendo que avía perdido el camino, llegó a su celda ya noche y arrojóse dentro della a sus pies, y assiéndole dellos rogávale la diesse posada allí aquella noche, que en un rincón estaría, y libraríala de no ser comida de bestias. El ermitaño, teniendo lástima della, la admitió consigo y le preguntó cómo andava por el desierto descaminada. Cumpuso una larga historia el demonio, y por ella procuró ablandarle y que se compadeciesse della y la tuviesse lástima. Con esto començaron a mezclar palabras, hablando ya el uno, ya el otro. Dezíanse donaires y provocávanse a risa. Levantó el demonio la mano en figura de aquella engañosa muger y tocóle la barba como reverenciándole. Luego le /(453r)/ llegó al cuello. Desta manera fue hasta que el miserabale ermitaño se dexó vencer, y olvidado de los trabajos, ayunos y vigilias de la vida solitaria, quiso abraçarla. Mas dio el demonio un terrible aullido y fuese de sus manos, quedando el pobre hombre colgado del viento. Luego sonaron innumerables bozes de demonios en el aire, que le davan vaya, diziendo:

-¡Oh, monge, monge, que te levantavas hasta los Cielos, cómo has caído en el profundo! Aprende en ti que quien se ensalça será humillado.

El ermitaño quedó como fuera de sí, no pudiendo sufrir la vergüença de verse burlado, y él mismo se hizo más daño que le avía hecho el demonio, porque en lugar de tener dolor de lo passado y emendarse, dando en desesperación, se entregó a vicios carnales y deshonestos».

Otra historia contó el mismo Juan Ermitaño, y fue de un hombre que, aviendo vivido mal, después, tocado de Dios, quiso hazer penitencia de lo passado y encerróse en un sepulcro, donde limpiava sus máculas con lágrimas que derramava, estando sus ojos hechos fuentes, y no osava levantarlos al Cielo; siempre gemía y se lamentava. Llegaron a él muchos demonios, y con bozes altas le dixeron:

-¿Qué hazes aquí, hombre vicioso y malíssimo? ¿Después que te han faltado las fuerças para pecar y estás harto de suziedades y carnalidades quieres que te tengan por casto y sano? Semejante eres a nosotros; descuida, que nunca serás otro. Mejor te sería bolver a lo passado, porque tanto te perderás, aviendo assí como assí de condenarte. Y cuando estés en el Infierno, ¿qué más puedes allí padecer que lo que aquí padeces? Si el padecer te deleita, espera un poco, que allí lo hallarás como lo desseares. Entretanto, toma plazer y huélgate.

El nuevo ermitaño callava sin responder cosa a todo esto, y visto por los demonios que les tenía en po- co, | con ira grande llegaron a él y le açotaron, y dexaron medio muerto, sin poderse mover del lugar donde tenía oración. La noche siguiente le atormentaron con más rigor, y también estuvo firme en su puesto, diziendo: «Mejor es morir que obedecer a los demonios». La tercera noche fueron mayores los tormentos que le dieron, y estando para despedir la alma, de la manera que podía resistía a no hazer lo que querían los demonios que hiziesse. Y visto por ellos, fuéronse dando bozes: «Vencido has, vencido has», y por virtud divina no osaron más llegar a le atormentar.

Otro tercer exemplo contó el santo ermitaño Juan, diziendo:

«Huvo un monge en el desierto adornado de todas virtudes, y porque bivía vida angélica, el Señor le regalava, poniéndole cada día mesa, y, en ella, pan de maravillosa hermosura y sabor. Comía dél, dava gracias al Señor e ívase a la oración cantando himnos y salmos en su alabança. Començó a gloriarse de sus obras y entró en él algún descuido y pereza, y aunque al principio fue pequeña, iva poco a poco aumentándose. Ocurría tarde a la oración, estava menos tiempo en ella, andavan en su coraçón algunos torpes desseos. Al tiempo de la comida halló el pan más negro que solía. Comió dello y no se emendó, sino que fomentava con la imaginación sus malos desseos, y assí era gravemente atormentado del vicio deshonesto. Halló otra vez el pan más negro. Admiróse y no entendía el misterio. Passó adelante, y sus tentaciones eran vehementíssimas. Parecíale tener presente una muger, y que estava con ella en acto deshonesto. Olvidóse del todo este día de rezar, estando absorto en aquella imaginación carnal y, venida la tarde y hora de comer, halló el pan suzio, seco y como des- pedaçado /(443v)/ de perros. Gimió y derramó lágrimas viéndolo, aunque no tantas que pudiesse con ellas apagar la llama que tenía en su coraçón. Comió dello no con el gusto que solía. Sus imaginaciones y desseos le hizieron tal guerra que a la media noche salió de su celda y se fue camino de la ciudad. Venido el día, llegó a una celda de ciertos solitarios, y dellos fue recibido benignamente. Diéronle de comer y descansó un poco. Teniendo estos solitarios grande noticia de su santidad, començarónle a preguntar para su edificación cómo se devían evitar los lazos del demonio y apartar del coraçón los malos pensamientos. Y sobre esto truxo maravillosa doctrina, dando avisos y documentos muy importantes. Después de lo cual rebolvió sobre sí y dixo:

-Pues ¿cómo? Enseño yo a otros, ¿y no me enseñaré a mí? Ea, miserable, conviénete que hagas lo que dizes.

Despidióse de aquellos monges, reconociendo su engaño, y bolvió con passo acelerado a su celda, y derribándose en tierra, derramando muchas lágrimas, dixo:

-Si el Señor no me favoreciera, poco a poco fuera mi alma a ser moradora a los Infiernos.

Con esto se derribó sobre cilicio y ceniza, y passava su vida en amargura y dolor, hasta que le habló un ángel y dixo que avía Dios aceptado su penitencia, y que mirasse en adelante no fuesse vencido de elación y sobervia».

Estos exemplos dava el santo abad Juan, y con su vida santa assegurava la verdad dellos.


[40] En la Vida de San Germán , escrita por Constancio Presbítero y referida por Surio en el tomo cuarto, se dize que en un viaje que hizo el mismo obispo San Germán, apossentóse de noche en cierta casa despoblada, y porque se dezía que andavan en ella malos espíritus, no avía quien la habitasse. Y fue assí que uno de los clérigos que ivan con él, estando dormido el siervo de Dios, vido | una figura espantable delante de sí. Dio bozes al santo varón que le valiesse, el cual conjuró a la figura que le dixésse quién era. Declaró que estavan en aquella casa ciertos cuerpos de hombres malíssimos, por lo cual fatigavan demonios con espantos y assombros a los que venían a ella. Mandóle que le mostrasse dónde estavan aquellos cuerpos. La sombra le señaló el lugar y, venido el día, hizo allí cabar, y hallaron unos cuerpos que parecían de hombres muertos en prisión, porque estavan ligados con cadenas y mal compuestos. Hízolos llevar fuera de allí, y no se vieron ni oyeron más en la casa semejantes assombros.
[41] En la Vida de Dionisio Cartusiano , doctor extático, escrita por Teodorico Loer de Estrada, se dize que, llevándole en su compañía Nicolao de Cusa, cardenal y legado del Papa en Alemania, diéronle cuenta de una muger llamada Gebula que se avía concertado con el demonio y dádole cédula firmada con su propria sangre de no reconocer otro señor sino a él, y en pago desto llevávala en brevíssimo tiempo a diversas tierras, dondequiera que avía fiestas y regozijos, y si eran justas o torneos entrava armada en ellos, y con el favor que le dava el demonio vencía a los más fuertes hombres. Junto con esto, el mismo demonio, tomando cuerpo de hombre, tenía trato deshonesto con ella. Pues esta muger, no obstante la cédula que avía hecho al demonio, ni las amenazas que él le hazía, ni la memoria de pecados graves que avía cometido, por medio de las amonestaciones acompañadas de oraciones y lágrimas del siervo de Dios se convirtió. Y llevándola al cardenal, se confessó y fue absuelta, y bivió en penitencia toda su vida. Otra muger llamada Catarina, casada con Godefrido, hombre rico y bienhechor de la Cartuxa, que tenía su habitación en un pueblo cerca de Ruremunda, de la otra parte del río Mosa, ésta /(454r)/ bivía profanamente, trayéndose con muchas galas y adereços y dándose a vicios deshonestos. Vino a enfermar, y estava casi desesperada en la cama, dando buelcos en ella, con muestra que veía horribles figuras y que pedía quién la favoreciesse. Fue llamado Dionisio, y entrando en el aposento vido multitud de demonios en figuras espantosas que esperavan a que la miserable alma se despidiesse del cuerpo. Dio vozes, diziendo:

-Santo Dios, ¿qué veo? Venid, hermanos, y hagamos oración, que este lugar está lleno, como átomos del sol, de demonios.

Quiso salir de allí, y la enferma, de la manera que pudo, le asió del hábito, diziendo:

-Oh, padre, no me dexes, que por ti puedo ser remediada.

Púsose de rodillas Dionisio para orar y, perseverando en la oración, los demonios davan bozes, diziendo:

-¡Ay, ay, y cuánta fuerça nos haze este capilludo viejo!

Y a vista de muchos que estavan presentes, aunque no veían los demonios, le quitaron un báculo que traía en sus manos y le arrojaron lexos de allí, y uno de los demonios, permitiéndolo Dios, le dio una bofetada, de la cual le quedó señal en su rostro en tanto que bivió. Ni por verse herido Dionisio dexó la oración, hasta que por virtud della los demonios huyeron, y la muger, con esperança de remedio, se confessó y recibió los Sacramentos, y murió bien. Dixo Dionisio luego que fue muerta a los presentes:

-Dad gracias a Dios, hermanos, que por su misericordia esta alma ha sido salva.

De aquí le quedó al demonio grande ojeriza con Dionisio, por lo cual andava molestándole, apareciéndosele en diversas visiones horrendas, haziéndole ruidos cuando escrivía, y dando golpes a la puerta de su celda. Dionisio, unas vezes le dexava sin hazer caso dél, otras, levantándose, le dezía:

-¿Qué preten- des | aquí, malvado, con tus asombros y molestias, que con el favor de Dios estimo en nada cuanto vales y hazes. Vete de aquí con tu necedad, y no me buelvas más a esta celda.

Obedecía el demonio mal de su grado y ívase. El mismo Dionisio reprehendió al obispo leodiense de que gastava sus rentas en juegos seglares de justas y torneos, y aunque se escusava diziendo que con ser obispo era también duque y marqués, replicóle que de la mayor dignidad devía preciarse, que era de obispo, aviéndole sido dado las otras porque pudiesse mejor hazer guardar las leyes eclesiásticas. Añadióle otras razones, de que se sintió el obispo y se apartó dél muy enojado. Mas, ocurriendo a la oración Dionisio, fue medio para que Dios hiriesse al obispo de gota antes que llegasse a su casa, por donde lo que no hizo voluntariamente, de evitar semejantes juegos profanos, vino a hazer forçado de su enfermedad. Después, estando algo mejor, entendiendo de adónde le avía venido el daño, fue a la Cartuxa y reprehendió ásperamente a Dionisio, y él llevó con muy buen rostro la reprehensión. Murió el obispo dende a pocos días, y haziendo oración por él Dionisio la noche de Santa Catalina, después de maitines, estando orando en su celda, vido que dos fieros gigantes de color negra traían allí el alma del obispo rodeada de cadenas de fuego, y dixéronle:

-Mira por quién ruegas.

Miró atentamente Dionisio, y vídole su vientre cercado de culebras y sapos, que se le estavan royendo, por razón que no sólo gastava en vanidades la renta eclesiástica, sino que era deshonesto y avía quitado la honra a algunas donzellas. Quedó atónito Dionisio, entendiendo que era condenado, y de súbito desapareció la visión. |

[EJEMPLOS ESTRANGEROS]



[1] Plinio, libro treinta y cinco, capítulo décimo, cuenta que estando | los griegos tratando de embarcarse para ir a Troya, andando a caça Agamenón, mató /(454v)/ una cierva de Diana, por lo cual, según el adivino Calchas, no tuvieron viento para el viaje, impidiéndolo aquella diosa hasta que Agamenón sacrificasse a Ifigenia, su hija; todos éstos eran embustes del demonio. Passa adelante y dize que Timanes, famoso pintor, pintó el caso con tristes y llorosos semblantes de los que allí se hallaron, que parecía no se poder llevar adelante. Y porque de razón el padre devía mostrar más tristeza, y no llegasse el arte de la pintura tanto, pintóle cubierto con su capa o palio, porque tal postura da lugar de pensar cuanta tristeza cada uno quisiere imaginar. Pónese este exemplo por ser embuste del demonio el caso de la cierva y sacrificio de aquella donzella.
[2] En Babilonia, la cual está fundada riberas del río Eúfrates, que corre al mar Bermejo, avía un templo dedicado a Júpiter Bello, en el cual estava una torre, y en ella una cama de oro y seda, adonde cada noche iva a dormir una muger de cierto número dellas que estavan señaladas para este fin, sin tratar con hombres jamás, y encerrada allí venía a estar con ella el que los sacerdotes de aquel tiempo querían que fuesse Júpiter, que era, o alguno dellos, o quien mejor se lo pagava. Y en Tebas de Egipto se dize que passava lo mismo en otro templo de Júpiter. Y lo proprio en Patara, ciudad de Licia, las vezes que pedían oráculo al ídolo. Dízelo Heródoto, libro primero. Y en Roma, aunque ya se ha tocado en otro Discurso, mas añádese aquí algo de nuevo, como sucede las vezes que se repite un mismo exemplo, que es añadiendo lo que otro autor dixo; digo, pues, que siendo emperador Tiberio, estava en aquella ciudad una matrona llamada Paulina, muy honesta y rica, la cual era muger de Saturnino, hombre principal. Della se enamoró perdidamente cierto moço | llamado Mundo, de gentil presencia y muy rico. Y como ni por palabras, ni por dádivas pudiesse alcançar della una buena respuesta, cayó enfermo, y echóse a morir en una cama. Tenía una criada llamada Ida, astuta y sagaz, la cual estando cierta de su enfermedad qué era la causa, diole palabra de hazer como alcançasse a Paulina. Fuese a los sacerdotes de Iside, y con buen dinero que les dio acabó con ellos que hiziessen un engaño y maldad grande, y fue que el principal dellos, fingiéndose venir de Egipto, fuese con mensage del ídolo famoso en aquella provincia, que se llama Anubis, a Paulina, para que una noche se quedasse en el templo de Iside para tratar amistad con ella. La cual no sólo no lo desechó, sino que lo tuvo por buena dicha. Dio cuenta dello a sus amigas y conocidas, gloriándose sobre todas que huviesse su hermosura tenido tanta fuerça con tan gran personaje. Ni lo encubrió el marido, que, oyéndolo, no osó contradezirlo, porque no se cayesse sobre su cabeça el Cielo, y cayéronsele las armas del ciervo. Fue Paulina llevada al templo de Iside y cerrada de por fuera, a vista del marido y parientes, que todos pensavan ganar honra de aquel hecho. Estava escondido dentro del templo Mundo; salió de noche a Paulina, y ella, con la escuridad, no le conoció, sino que le concedió todo lo que quiso. Y a la mañana desaparecióse el moço, y salió Paulina del templo refiriendo de Anubis grandes cosas de favores que le avía dado y promesa que le avía hecho. Al tercero día, viéndola en la calle Mundo, no pudiendo encubrir su contento, llegóse a ella y díxole riéndose:

-Muy dichosa eres Paulina, por averte entretenido una noche con Anubis.

Ella, que entendió esta razón, entendió la maraña, y traspassada de dolor fue a su casa, y contó el caso a Saturnino, su marido, y él al emperador Tiberio. El cual mandó prender a los sacerdotes y a Ida, criada de Mundo, /(455r)/ y ponerlos en palos. Hizo derribar el templo y echar en el Tíber la estatua de Iside. A Mundo, que pecó de apasionado, contentóse con echarle desterrado de Roma. Refiere el caso San Antonio de Florencia, | libro primero, título sexto, y dize que es de Egesipo. Yo le enxerí en este Discurso, donde se ponen engaños del demonio, porque éste lo fue, con los demás aquí relatados, de sus ministros y en su nombre. |

DISCURSO SETENTA. DE RIQUEZAS

Pedía a Dios el sapientíssimo Salomón, en el capítulo treinta de los Proverbios, que ni le diesse pobreza ni riqueza, que ni le hiziesse pobre ni rico. Y da la razón de semejante petición y demanda, de que las riquezas le podían hazer ensobervezer, y la pobreza, que hurtasse. «Siendo rico -dize-, temo que no sea sobervio, y, siendo pobre, no sea ladrón». Colígese deste testimonio que ay peligro en las riquezas, y esto se verá por exemplos en este Discurso.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] La región y tierra donde biven los sodomitas era fertilíssima. En el Génesis, capítulo treze y diez y nueve, se dize que era como paraíso de deleites. El estar ricos y prósperos les fue ocasión de ser malos y viciosos. El profeta Ezequiel lo da firmado de su nombre, diziendo en el capítulo diez y seis: «De aquí vino el mal a Sodoma, de estar hartos de pan, de estar muy ricos».
[2] Saúl antes que fuesse rey era bueno; en viéndose rico y poderoso, ensobervecióse y dio en muchos pecados. Y es del Primero de los Reyes , capítulo 9 y 15.
[3] Por ocasión de verse David señor de muchos vassallos dio en sobervia de quererlos contar, aunque lo pagó con castigo terri- ble, | muriendo de peste muchos millares dellos. Es del 2 de los Reyes, capítulo 24.
[4] En tiempo de Salomón avía tanta plata en Jerusalem que se estimava en poco, y dañóle más al rey esta abundancia y riqueza que le aprovechó cuanto sabía, pues quedó su salvación en duda, que no en valde recelava él las riquezas, como se ha ya dicho. Es del Tercero de los Reyes, capítulo diez y onze.
[5] Los hijos de Zambrí estavan ricos y contentos celebrando bodas y teniendo mal agraviados a los macabeos. Vino con ellos Jonatás, y mataron a muchos, y las bodas se convirtieron en lloros, y la música, en lamentos. Es del Segundo libro de los Macabeos , capítulo nueve.
[6] Vino un mancebo muy rico a Cristo pidiéndole consejo para salvarse; diósele, y quiriéndole hazer perfeto, díxole que vendiesse sus possesiones y diesse el precio a pobres y le siguiesse, que era señalarle plaza de discípulo suyo, y fuese muy triste. Es de San Mateo, capítulo diez y nueve, y de San Lucas, capítulo 18.
[7] Los que compraron villas y bueyes, y el que se casó, siendo llamados a la cena, se escusaron como ocupados en otros negocios, y los pobres y débiles fueron admitidos. Es de San Lucas, capítulo catorze.
Lo dicho es de la Divina Escritura. |
[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Entró en una ciudad a vender espuertas de palma, que hazía estando en el desierto para su sustento, un ermitaño, y vido en una casa principal grande alboroto de gente que concurría a ella de todas partes, y, preguntando la causa, dixé- ronle | que un hombre muy rico y grande avariento, señor della, estava muriéndose. Entró en la casa el ermitaño y vido millares de demonios alrededor del enfermo, como cuervos sobre cuerpo muerto. Todos eran en causarle temor, y uno principal entre ellos /(455v)/ tenía abierto un libro y leía por él los pecados y maldades de toda su vida. Vido también dos ángeles que tenían un libro dorado en sus manos, y no hallando en él cosa escrita, mostrando tristeza se fueron. Vido esto el enfermo, y rebolvíase a una parte y a otra con mortales ansias, y dezía con boz quebrantada y triste:

-Domine, miserere mei.

Díxole un demonio:

-¿Aora cantas el Miserere y comienças a temer a Dios?

El enfermo replicó:

-Ya veo que es tarde y que no tengo remedio.

Con esto espiró, y los demonios, mostrando grande gozo, arrebataron la miserable alma y fueron con ella a los Infiernos. El ermitaño, derramando lágrimas de ver esto, salió de allí, y ívase a la iglesia, y en el cemiterio vido un pobre que estava muriéndose sin tener persona cerca de sí. Llegó a él el ermitaño tocado de piedad y assentóse a su lado. Oyóle dezir con boz baxa y flaca:

-Aquí, Señor, hiere, aquí corta, sea aquí el tormento y pena.

Vido sobre él que se abrían los Cielos y baxavan innumerables ángeles a acompañarle. Señalávase entre todos San Miguel, y hablando con la alma del pobre, dixo:

-Ven, Esposa de Cristo, ven a recibir la corona.

Dezía el santo pobre:

-¿Dónde estás, Dios mío, dulce esperança mía?

Apareciósele también el Hijo de Dios acompañado de coros celestiales de ángeles y santos, y díxole:

-Ven del Líbano, esposa mía, ven y serás coronada.

Despidióse la alma hermosa y limpia del cuerpo, y rodeada de ángeles subió a las celestiales moradas. Bien concuerda esta historia con la del rico avariento y Lázaro Mendigo del Evangelio, y parecidos devían de ser, el rico, en ser avariento, y el pobre, en ser paciente. Es del Vitis Patrum. Y adviértase que si de corazón dixera aquella palabra: Domine, miserere mei, que le aprovechara, mas fue dicha sólo con la boca, sin dolor y sin los demás requisitos necessarios para tal tiempo, y assí no le | valió. Y él lo dio a entender, diziendo al demonio: «Ya veo que es tarde para pedir misericordia». El mismo se dio por condenado viendo su vida y muerte.


[2] En la Vida de Espiridón , obispo de Tremitunte en Cipro, escrita por Simeón Metafraste, y referida por Surio en el tomo sexto, se dize deste santo obispo que tenía en poco las riquezas. Dava a pobres la tercera parte de su renta, y otra tercera parte emprestava a los que con necessidad venían a él, y siendo dinero lo que le pedían (porque también prestava trigo y cevada), dezíales:

-Allí está la arca, tomad lo que quisiéredes y tened cuidado de bolverlo.

Sucedió que un hombre avía tomado prestada cierta cantidad, y bolviéndolo, como entendió que no lo mirava el santo obispo, en lugar de llevarlo a la arca se lo tornó a la bolsa, fingiendo que lo dexava allí. Passado algún tiempo, bolvió aquel hombre a que le prestasse más dinero, y el santo le embió a la arca, diziendo que tomasse lo que avía menester. Entró el hombre, y abierta la arca no vido dinero alguno. Bolvió y díxolo a Espiridón. Él respondió:

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