De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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-Cosa maravillosa es lo que dizes. ¿Cómo es possible que a ti sólo se te desaparezca el dinero? Mira si tomaste emprestado y no lo bolviste, que, si lo bolviste, no se te negará lo que pides.

Oyendo esto, confessó el hombre su pecado, y el santo le perdonó, reprehendiendo con blandura su codicia y poca verdad.

Murió el emperador Constantino Magno, y dividióse el imperio entre sus hijos, que eran tres. Quedó Constancio, uno dellos, con el Oriente. Cayó éste enfermo y, viéndose muy fatigado, teniendo noticia de Espiridón, embió por él, y sólo con tocarle la cabeça con sus manos quedó sano. Dávale el emperador gran cuantía de dinero. Respondióle:

-No es justo, señor, que si has recibido de mí buena obra, la reciba yo de ti mala. Yo dexé mi casa, passé el mar, he padecido trabajos de invierno, /(456r)/ fríos y tempestades. Por paga de todo esto, ¿dasme dineros, que son la ocasión de todos los males?

El emperador insistió en darle muchos y muy ricos dones. Recibiólos por no enojarle, mas al tiempo que se bolvía a su tierra los distribuyó entre los criados y familiares del emperador. Y sabido por él, dixo:

-Aora no me maravillo que quien tiene en tan poco el dinero haga tales y tantos milagros.
[3] En la Vida de San Antonio de Padua , fraile menor, referida por Surio en su tercer tomo, se dize que, predicando este santo varón en las honras de un rico, entre otras cosas dixo en el sermón lo que dize Cristo, que adonde uno tiene su tesoro, allí está su coraçón:

-Esto -dize- por exemplo parece en este rico, que era avariento, y su coraçón se hallará en la arca donde tenía su dinero.

Fueron a abrirla para ver si esto era assí, y hallaron el coraçón, fresco como si se acabara de sacar del cuerpo de algún hombre, entre el dinero.
[4] Llegó un hombre a cierto monasterio de los que estavan en los desiertos de Egipto, y ofreció al abad una espuerta de dinero. El abad le dixo que no tenía dello necessidad. Porfió que lo repartiesse a pobres, y lo que pudo acabar con él fue que se quedasse a la puerta del monasterio para que los que entrassen tomassen dello conforme a su necessidad. Y entrando unos y otros, y sabiendo aquel misterio, ninguno lo tocó, porque aun muchos no lo quisieron mirar. El abad dixo al dueño:

-Ya el Señor ha recibido tu voluntad, lleva tu dinero a otra parte donde aya pobres que lo quieran más que los que habitan entre nosotros.

Es del Promptuario de exemplos.
[5] Cierto ermitaño que dexó por Dios su hazienda y riquezas y no se quedó sino con una gata, pidió a su magestad le declarasse en compañía de quién podría esperar la paga de sus obras, y fuele respondido que con San Gregorio Papa. | Gimió él, pareciéndole que el aver dexado riquezas le aprovechava poco si le avía de tener compañía quien posseía tantas. Oyó una boz que le dixo:

-¿Cómo te atreves a comparar tu pobreza con las riquezas de Gregorio, pues tienes tú mayor afición a tu gata que él a ellas?

Refiérese en el Promptuario de exemplos.
[6] Estando cercano a la muerte un logrero, hizo poner en una mesa delante de sí muchos vasos de oro y plata, mucha moneda y otras joyas. Teniéndolo allí, habló con su alma, y dezíale:

-Alma mía, quédate comigo, no me dexes, que yo te daré todo esto que vees y mucho más, que serán casas y viñas.

Visto que la enfermedad se agravava, dixo con grande rabia y despecho:

-Pues no quieres, alma, quedar comigo, yo te encomiendo al diablo.

Y con esto espiró. Refiérese en el Promptuario de exemplos.
[7] Un público logrero, estando enfermo, vino su cura a confessarle, y visto que no quería restituir lo ganado a usuras, dexóle sin absolver y sin los demás Sacramentos de Viático y Unción. Murióse; pidiéronle que le fuesse a encomendar como era de costumbre. Dixo que le encomendava a los diablos. Pidiéronle que a lo menos le diesse sepultura en lugar sagrado, por no deshonrar a sus deudos. Ni quiso conceder esto, porque sus usuras eran públicas, y su impenitencia, sabida de todos. Vinieron en este concierto: tenía el cura un jumento en que llevava a la iglesia algunas cosas de su servicio, como libros, y assí nunca iva a otra parte, sino de la iglesia a casa del cura, o al contrario. Dixeron que pusiessen el cuerpo del logrero sobre el jumento, y a donde le llevasse fuesse enterrado. Los parientes dieron en este acuerdo, creyendo que le llevaría a la iglesia, o si fuesse a casa del cura; por no verle en ella, le haría enterrar en el cemiterio. Ponen el cuerpo sobre el asno, que, sin declinar a parte alguna, /(455v)/ le llevó al pie de la horca, y allí se descargó dél por sí mismo, echándole de sobre sí, y allí se enterró. Y dízelo el Promptuario de exemplos.
[8] Bivía contento un çapatero con el trabajo de sus manos. Comía y vestíase él y su muger, cantava en su oficio, y a la noche quedávale poco o nada ahorrado, acostávase y dormía seguro de ladrones. Juntáronse un día ciertos vezinos suyos ricos, y tratando del contento con que aquel hombre bivía, de que ellos estavan tan faltos por los cuidados que les cercavan, uno dellos se ofreció de hazerle callar. Púsole una mañana a su puerta en una bolsa cantidad de dineros. Abrió el çapatero su puerta y, visto el dinero, recogiólo en casa, muy admirado, no sabiendo de quién o cómo le venía. El día todo se le passó en esto, y la noche en dar traças qué haría dello. Ya temía si le argüirían de hurto, si compraría possessiones, si negociaría como mercader mejorando el oficio. Esto todo le era dificultoso, porque le pareció que engendraría sospecha en quien le conocía antes, como después le viessen tan medrado. En estas imaginaciones passava el tiempo, sin acordarse de cantar como solía. Hablaron con él sus vezinos y preguntáronle la causa por que no cantava, y el que puso el dinero a su puerta, dixo:

-Yo bien lo sé, en tal día a tal sazón me llevó una bolsa de dinero y tengo testigos dello.

Temió el çapatero, y dixo:

-A mi puerta estava, y maldita sea ella, que me ha afligido tanto que después que la hallé perdí el contento, y más fatiga he padecido en el espíritu con ella que le padecía primero en el cuerpo, trabajando de mis manos.

Con esto bolvió la bolsa, diziendo:

-Tomad, señor vezino, vuestro dinero, que en más estimo mi contento y el poder cantar en mi oficio.

Este cuento trae Horacio, y refiérese en el Promptuario de exemplos.
[9] En cierta ciudad vivían dos hermanas, la una muy rica, y la otra muy pobre. | La pobre era sierva de Dios, comía del trabajo de sus manos. La rica era grande logrera, que hazía pobres a muchos, prestándoles y cobrando más de lo prestado. Cayó ésta enferma y, viendo que se moría, llamó a su hermana para que se hallasse en su enfermedad y muerte. Ella vino, porque bivía en diferente casa, creyendo que le dexaría alguna buena manda. Estando ya cierta la logrera de su muerte, sacó sin que la hermana lo viesse dos bolsas de monedas de oro, que era su hazizenda, y ciñóselas a su cuerpo, y vistióse sus vestidos estando en la cama. Después rogó a su hermana, y tomóle sobre ello juramento, que si muriesse no dexasse que desnudassen su cuerpo, sino que con los vestidos la enterrassen. Murió y enterráronla como dixo. El señor del pueblo, siendo muerta esta muger, oyó dezir que avía sido logrera, y por leyes de la tierra eran suyos sus bienes. Embió su procurador y mayordomo a que hiziessen inventario de todo y se apoderassen dello. Entraron en su casa, abrieron las arcas, y no hallaron moneda alguna. La hermana se acordó de lo que le avía encargado, que la enterrassen vestida, y advirtió que su cuerpo pesava más de lo que en buena razón avía de pessar. Dio cuenta desto al mayordomo, y entendieron que quiso llevarse el dinero consigo a la sepultura. Pidieron licencia al cura para desenterrar el cuerpo y, desenterrado, vieron una sierpe espantosa que estava abraçada con la miserable muger, y con su boca echava llamas de fuego en la boca de la difunta. Fue grande el temor de todos, y con dificultad pudieron cubrir la sepultura de piedras y tierra, diziendo que el demonio tomava possessión en lo que era suyo. Esto se refiere en el Promptuario de exemplos, que como otras vezes he dicho, le recopiló un curioso y docto padre del Orden de Predicadores, sacándolo por la mayor parte de Vicencio Historial, grave y diligente autor. /(457r)/

DISCURSO SETENTA Y UNO. DEL SILENCIO

El Apóstol San Pablo discurría por el mundo, predicava a los gentiles, disputava con los judíos, confundía a los hereges, escrivía Epístolas de grande dotrina, hazía milagros, y toda su vida era un exercicio continuo, empleándose todo en servicio de Dios y bien de los próximos. La Sagrada Virgen no hazía esto, y es cosa de admiración que con lo que passava en silencio dentro de aquel sagrado pecho, dentro de aquel coraçón virginal, mereciesse tanto y agradasse tanto a Dios que ganasse tanta tierra, o, por mejor dezir, tanto Cielo, que passasse de buelo al Apóstol. Bendito silencio tan provechoso. Dél trata el presente Discurso.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]



[1] El precepto de no comer la fruta del árbol de la esciencia del bien y del mal púsosele Dios, Nuestro Señor, a Adam, sin hablar en aquella sazón a Eva, porque no tuviesse ocasión de hablar, sino que preguntasse a Adam y fuesse su maestro, aprendiendo dél. Mas ella, primero se lee que habló con la serpiente que con Adam, su marido, lo cual fue a ella dañoso y a sus descendientes. Es del Génesis, capítulo segundo y tercero.
[2] Cam, hijo de Noé, viendo descubierto a su padre, fue a sus hermanos, y parló con ellos riendo y burlando del viejo, y fue ocasión de que Noé maldixesse a Canán, su hijo, para mayor tormento del padre. Es del Génesis, capítulo nono.
[3] Después que habló Moisés con Dios, quedó tartamudo, y impedida su lengua. De lo cual se infiere que los varones espirituales que hablan de ordinario con Dios deven ser tardíos en hablar con los hombres. Es del Éxodo, capítulo tercero y cuarto.
[4] Sansón, el descubrir a su muger el secreto de la enigma, el cual no descubrió | a sus padres, le fue causa que, publicándolo ella, fuesse daño para él. El mismo declaró a Dalida cómo podía perder la fortaleza, y vino de aquí a perder la vista y, al cabo, la vida. Es del Libro de los Juezes, capítulo catorze y diez y seis.
[5] Iva David enojado contra Naval y determinado de matarle y assolar su casa, mas desenojóse por la prudente Abigail, su muger, que le salió al camino y con palabras prudentíssimas le aplacó. Y buelta a su casa, dize la Escritura en el Primero de los Reyes, capítulo veinte y cinco, que la prudente muger no declaró cosa alguna a su marido hasta otro día que tenía digerido el vino que avía bevido.
[6] El rey Ezequías, en el cuarto dézimo año de su reinado, estando cercado de enemigos en Jerusalem, mandó a su gente que no trabassen razones con Rabsaces, que desde fuera les hablava a los que estavan en los muros, ya amenaçándolos, ya haziéndoles promessas, si davan la ciudad al rey de los assirios. Y es exemplo de que con los hereges nadie se ponga a razonar, especialmente gente del pueblo, porque con sus argumentos falsos y cabilosos, no sabiendo darles salida, queden enterrados en sus heregías, sino que en silencio sea obedecido Ezequías, que denota a Cristo, el cual embía a su ángel que destruya los exércitos de los contrarios assirios, esto es, que destruirá los engaños de los tales hereges y dará luz al entendimiento del católico, para que, quitadas las nieblas de la duda, pueda ver claramente que de veras están muertos los que pretendían llevarlos consigo a la muerte. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo diez y ocho.
[8] El profeta Hieremías, oyendo dezir de sí que estava santificado en las entrañas de su madre, se haze tartamudo y con- fiessa /(457v)/ que no sabe hablar. Y convino que Dios le pusiesse su mano en la boca para que tomasse atrevimiento y hablasse lo que Dios le mandava que dixesse. De lo cual se puede tomar documento, si ay razón por que deva temer de hablar el que no fuere santificado en las entrañas de su madre como Jeremías y habla sin consideración, siendo palabras de Dios que tenemos de dar cuenta de cualquiera que dixéremos ociosa. Es de Jeremías, capítulo primero.
[8] A Tobías dixo su muger palabras bien desabridas sin alguna ocasión que tuviesse para dezírselas, y él no la respondió cosa alguna, sino gimió y derramó lágrimas, pidiendo a Dios remedio. Es de su Libro, capítulo segundo y tercero.
[9] Como dixesse a Sara, hija de Raguel, una criada suya palabras muy atrevidas sobre siete maridos que le avía muerto un demonio, ella no le respondió palabra, sino se fue a un oratorio donde hizo oración a Dios, pidiéndole remedio, el cual le dio su Magestad casándola con Tobías, santo varón. Es del capítulo tercero de Tobías.
[10] La muger hallada en adulterio y presentada a Cristo no habló palabra bolviendo por sí al principio, sino que tomó la boz el Señor y bolvió por ella, y le perdonó sus pecados. Es de San Juan, capítulo octavo.
[11] La Magdalena, puesta a los pies de Cristo, no se dize que hablasse algunas palabras, sino que, derramando lágrimas, començó a lavar los pies del Señor. Y después, dando quexa della Marta, su hermana, de que se estava a los pies de Cristo, trabajando ella en adereçar la comida, | ninguna cosa le respondió. También murmuraron della algunos de los dicípulos de Cristo, cuando vieron derramar el ungüento tan preciado. Ella guardó silencio y, porque no respondía, el Salvador tomó la mano y respondió en su favor y la defendió. Es de San Lucas, capítulo siete y diez.
[12] La Madre de Dios hizo ventaja a todos los santos puramente hombres en ser callada, porque lo fue cuanto encarecerse puede, de modo que son bien contadas sus palabras por los Evangelistas: una con el ángel San Gabriel, preguntándole el modo de la Encarnación, y otra, dando el consentimiento; con Santa Isabel engrandeció a Dios con el cántico de Magnificat; a su Hijo, cuando le perdió de edad de doze años, dixo: «¿Por qué, hijo, lo avéis hecho assí?»; y al mismo, en la boda de Caná, notificó la falta del vino, diziendo: «Faltado ha el vino», y a los ministros: «Hazed lo que mi Hijo os dixere». Y con esto se rematan sus razones, y es indicio de la comunicación, no sólo exterior, sino interior, que tenía siempre con Dios, como se tocó al principio deste Discurso.
[13] El Apóstol San Pablo, en la Primera Carta a los de Corinto, en el capítulo catorze, encarga mucho a las mugeres que callen, en especial estando en los templos, y assí les dize: «Las mugeres callen en la iglesia, porque no les es concedido hablar allí, sino estar sugetas como la ley dispone; y si en algo quisieren ser informadas, pregúntenlo en su casa a sus maridos». Y añade luego: «Porque cosa torpe es a la muger hablar en la iglesia».
Lo dicho se coligió de las Divinas Letras. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Agatón Abad traía una piedrecica en la boca como sortija de memoria para saber callar, y desta manera estuvo tres años. Leyó aquel testi- monio | del capítulo treze de los Proverbios : «El que guarda su boca, guarda su alma, y el que es inconsiderado para hablar, sentirá daño». Es del De Vitis Patrum. /(458r)/
[2] Pambo Abad, siendo novicio en la religión, queriendo aprender primero que hablasse lo que tenía de hablar, ívale declarando los Salmos de David el que eligió por maestro, y llegando a aquel verso del Salmo treinta y ocho que dize: «Guardé mis caminos por no estropezar en la lengua», dixo:

-Quede aquí la lición, porque quiero estudiar bien este verso.

Y passados algunos años, preguntado por qué tanto tiempo avía estado sin ir al maestro, respondió que no tenía bien decorada la lición. Y dize Santiago en su Canónica: «No seáis solamente oyentes, sino poned por obra lo que avéis oído». Al mismo Pambo fue Teófilo Obispo y pidióle que le dixesse alguna cosa de que sacasse provecho para su alma, y respondióle:

-Si de mi callar no sacas provecho, yo fío que menos le saques de mi hablar.

Llegó su muerte y afirmó que desde el día que entró a ser morador del yermo, nunca habló palabra que le pesasse después por averla hablado. Gran camino tenía andado en la cuenta que avía de dar a Dios, no pudiéndole poner cargo en lengua. Es de la Historia Tripartita, libro octavo, capítulo primero.
[3] Paulo Monge, llamado «el Simple», preguntando una vez si Cristo avía nacido en el mundo primero que los profetas, su abad le mandó que no hablasse más, en pena de pregunta indiscreta. Él guardó tres años silencio, y assí, callando, aprendió qué cosa era digna o indigna de ser hablada. Es del Vitis Patrum.
[4] Teófilo Obispo era muy callado, pidiéndole que predicasse para que el pueblo se aprovechasse de su dotrina, y dixo:

-Si el verme callar no les aprovecha, por más que hable no les hará provecho.



Es de Marulo, libro cuarto.
[5] Teonas Abad tuvo silencio dentro de su celda treinta años, y lo que en este tiempo aprovechó después lo declararon muchos milagros que hizo. Es de Paladio. |
[6] Amós Abad tenía en su monasterio, llamado Tabernense, en el desierto escitiótico, mil y quinientos monges, y siendo tantos, en las horas determinadas para silencio diversas vezes fue juzgado el monasterio por estrangeros que llegavan a él de que estava solitario, hasta que entrando veían a los monges en sus celdas orando, o en exercicios, sin hablar ni tosser o escupir, en tanto grado que la multitud, por el silencio, igualava a la soledad. Es de Marulo.
[7] Benón Abad, en el desierto de la Tebaida, bivía en sumo silencio. No hablava sino cuanto pedía la necessidad del oyente, y en esto guardava silencio y cumplía con el oficio de la caridad. Es de Paladio en su Lausiaca.
[8] San Gerónimo afirma que vido en el desierto muchos solitarios que por siete años no hablaron palabra con otros hombres, y se presume que cuanto más se apartavan de humanos coloquios, más eran regalados con los divinos. Dízelo este santo doctor en la Regla de los monges, capítulo veinte y dos.
[9] El mismo San Gerónimo, escriviendo a Celancia, dize: «Esté apercebido y bien armado tu ánimo contra los pecados, y para esto te ayudará mucho que tu razonar sea moderado y templado, dando muestra que es más necessidad que voluntad». Y el mismo santo, enseñando a las monjas esta virtud del silencio, dize: «Querría, hermanas mías, que en vuestro convento tres días o más en la semana, exceptando los de fiesta, no hablássedes palabra, sino en grave y urgente necessidad, ni unas con otras, y mucho menos con gente de fuera. Y en los días que es lícito hablar para consolación vuestra, no sea a todas horas, ni palabras que no puedan ser dichas sin pecado. Y sea esta ley inviolable, que desde acabadas completas de un día hasta la Missa matutinal no se hable palabra, ni desde que se dize tercia, a las nueve, hasta nona, que es la una. En este tiempo con- cédesele /(458v)/ a la lengua oportunidad para loar a Dios y evitar palabras inútiles, en el coro, en el dormidor, en el refectorio, claustro y capítulo. En ningún tiempo es lícito hablar sino lo que está ordenado en loor y alabança de Dios, y con esto, el tiempo y lugar de vuestra religión predicará santidad, y a las que hablan demasiado les causará compunción, y muchas dessearán entrar en vuestra santa compañía, y los afectos se levantarán a las cosas celestiales». Lo dicho es de San Gerónimo.
[10] Juan Casiano, tratando del silencio de los monges de Egipto, dize: «Cuando se llegan a celebrar las solenidades que ellos llaman synaxis, en que todos comulgan, júntanse todos y todos guardan silencio. Uno sólo está levantado en medio, cantando un Salmo de David. No parece que ay allí persona humana, especialmente al tiempo que el sacerdote dize la oración. Nadie escupe, no tose ni bozeza, nadie gime, nadie suspira, ninguna boz, si no es la del sacerdote que celebra, se oye, si ya no fuesse algún gemido que de devoción, sin ser procurado, se manifiesta». Es de Casiano, libro segundo, capítulo décimo. Prosigue adelante y dize que, acabada la Comunión y oraciones del divino oficio, ningún monge se detiene a hablar con otro ni por un brevíssimo tiempo, teniendo respeto a que han comulgado y al lugar sagrado. Vase cada uno a su celda y está recogido, ocupándose en sus ordinarios exercicios. Y si por causa de algún oficio salen de su recogimiento y se encuentran unos con otros, háblanse más con la alma que con el cuerpo, porque ninguna palabra se dizen, aunque con lo interior se dessean bien y dan muestra dello. Entrando de celda en celda veránse diferencias estrañas de exercicios: unos leen Salmos, otros passan la Escritura Sagrada, y otros oran; algunos, que ya están cansados destos exercicios, se ocupan en los de manos, y con esto hállanse li- bres | de palabras ociosas, de murmuraciones, y mucho más de iras y cotenciones. Deprendan de aquí los que a sólo Dios dessean agradar, o que tengan silencio, o que, si hablaren, sean cosas de Dios, y digan con Jeremías, capítulo diez y siete: «Lo que de mi boca sale es recto en tu presencia». Es del mismo Casiano, libro dos, capítulo quinze.
[11] San Juan Crisóstomo, en la Homilia treinta y seis sobre el capítulo catorze de la Epístola a los Romanos de San Pablo, dize que en su tiempo no hablavan en la iglesia los legos, y que sucedía verse en ella padre y hijos que venían de largos caminos, y no se hablavan hasta que, acabados los oficios, salían fuera dellas.
[12] Santo Tomás de Aquino, en el tiempo que estudiava, hablava poco con sus condicípulos, porque naturalmente era callado, y juntándose con esto que era de gruesso cuerpo y miembros, llamávanle «buey mudo». Mas, esperimentándole su maestro Alberto Magno en los argumentos que proponía su divino entendimiento, dezía:

-Dexad hazer, que este buey mudo dará algún día tal bramido que en todo el mundo suene.



Y saliendo el más docto de todos, vídose cuánto excedía el silencio avisado a la parlería loca y desconcertada. Refiérelo Surio, tomo segundo.
[13] En cierta ciudad de la provincia Sabiniense estava una monja honesta en la vida y costumbres, aunque habladora y mofadora. Murió y fue sepultada en una iglesia de San Lorenço de la misma ciudad. Venida la noche, el sacristán y guarda de la propria iglesia vido que era llevada a las gradas del altar, y allí dividían con una sierra en dos partes el cuerpo, y la una, en que estava el rostro y la lengua, era abrasada, quedando la otra mitad sin daño. Venido el día, refirió el sacristán lo que avía visto a otros clérigos, y llevándolos al lugar donde fue quemado el medio cuerpo, vieron en los mármoles y lo- sas /(359r)/ del suelo, delante el altar, la señal de la llama, como si con fuego material y corpóreo fuera una persona quemada, por lo cual se dio crédito a la narración del que lo refería. Escrivió esto San Gregorio en el cuarto libro de sus Diálogos, capítulo cincuenta y uno.
[14] Probo, obispo y de costumbres santas, tenía un criado de mala lengua y infamador. Oíale él algunas vezes sin reprehenderle. Murieron los dos, y el criado se condenó, y el obispo estuvo algún tiempo en Purgatorio. Era grande parte de la pena que allí padecía de que subía un malíssimo olor desde el Infierno, que salía de su criado, de su mala lengua, y llegava al obispo, atormentándole su alma, al modo que el fuego, por ordenación divina y virtud suya, atormenta allí almas. Refiérese en el Promptuario de exemplos.
[15] Severo Sulpicio, como escriviesse diversos libros de doctrina católica y santa (según afirma Genadio, también presbítero) siendo ya viejo, por comunicar con algunos hereges pelagianos, engañado por ellos, dixo algunas cosas en que parecía favorecer su falsa doctrina. Mas, advertido de su error, y visto que por hablar le sucedió este daño, no quiso más hablar, sino que guardó silencio hasta que murió, para que el pecado que cometió hablando le emendasse callando. Es de Genadio, en el Libro de varones ilustres, capítulo dezinueve.
[16] San Romualdo, instituidor del Orden Camalduense, estuvo siete años en un monte sin hablar con persona humana, y en este tiempo mereció entender los Salmos de David en el proprio y verdadero sentido pretendido por el Espíritu Santo, como pareció después cuando a otros los declarava. Fue adelante, ennoblecido con milagros, y assí, el que calló tanto por Dios, hablaron por él sus obras maravillosas. Refiérelo Surio, tomo tercero.
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