De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



Descargar 5.27 Mb.
Página137/143
Fecha de conversión14.10.2018
Tamaño5.27 Mb.
1   ...   133   134   135   136   137   138   139   140   ...   143
[23] Léese que en el monasterio de la Tebaida, donde estava Santa Eufrasia, era costumbre de las monjas dormir en el suelo sobre cilicios, y si alguna tenía sueño deshonesto y era burlada del demonio, venido el día se acusava delante de la abades- sa | con grande dolor de su alma. Bien se dexa entender que quien sentía tanto y se dolía de un deleite soñado, que el dormir le era más ocasión de cuidado que de quietud y contento, pues siempre avía temor si el demonio avía de llegar a hazerle guerra con semejantes ilusiones. Adelantávase Eufrasia a las demás en este caso, que si tenía algún mal sueño, macerávase con ayuno estraordinario de dos o tres días, y dormía sobre ceniza. Deste modo, más razón tenía de soñar si comía, estando traspassada de hambre, que sueños deshonestos. Es del De Vitis Patrum.
[24] Otilia, abadessa en un monasterio del ducado de Babiera, tenía por cama un pellejo de osso, y por almohada, una piedra. Era más rigurosa para sí en todo lo que es penoso del convento que para sus súbditas. Durmiendo, pues, sobre la piel del osso, y gastando el tiempo de quiete más en velar que en dormir, acozeó al osso de que habla Jeremías, capítulo tercero de los Trenos, diziendo: «Hase tornado para mí como osso que pone assechanças» (y habla del demonio, y al que David, figurando a Cristo, quitó la vida). Y en el poner la piedra debaxo de la cabeça agradó al que dize de sí que fue piedra angular, que es Dios. La virginidad tiene tanto peligro de ser vencida y destruida que, para conservarse y guardarse, conviene que aya vela y vigilia, porque el sueño le es temido enemigo, causando floxedad y caimiento, por donde viene a perderse. Refiérelo Marulo, libro primero.
[25] Murió un padre de familias en Milán, y pedían a su hijo cierta suma de dinero, la cual avía pagado, y por no saber dónde estava la carta de pago, procedíase con rigor en daño del moço; a quien en sueños se apareció su padre y le señaló dónde hallaría la carta de pago. Despierto, fue al lugar señalado y halló la carta, con que se libró de la injusta demanda. Trae a San Agustín por autor Fulgoso, libro primero. /(466v)/
[26] Gabriel Gondelmario Veneciano estava enfermo. Vido en sueños que venían a él los Apóstoles San Pedro y San Pablo, y que le sanavan y declaravan como sería presto Papa. Y todo sucedió assí, porque quedó sano y fue electo en Sumo Pontífice, y se llamó Eugenio Cuarto. Es de Fulgoso.
[27] Llorava la muerte del cardenal Nicolao Albergati, del título de Santa Cruz, un grande amigo suyo, llamado Tomás Sarzano. Apareciósele el mismo cardenal en sueños y díxole que no llorasse, porque estava gozando de Dios, y que supiesse que sería Papa. Fue electo en obispo de Bolonia el mismo Sarzano, y embiado por legado a Alemania, y en el camino, estando en Milán, refirió este sueño a Francisco Fidadelfo, su amigo, y no passó mucho tiempo que se cumplió el sueño, porque fue electo en Papa y se llamó Nicolao Quinto. Es de Fulgoso.
[28] Ambrosio Grimaldo Ginovés, al tiempo que Felipe, duque de Milán, tenía la señoría de Génova, hallóse en la isla de Quíos, la cual tenían cercada los venecianos. Soñó el Grimaldo una noche que le matava una serpiente que echava llamas por la boca. Por este sueño que tuvo acordó de otro día no salir a la pelea, que de ordinario tenían ginoveses y venecianos. Mas visto que avían llegado a poner escalas en los muros y que subían algunos, padeciendo peligro el fuerte, no se lo sufrió su coraçón, sino que fue a favorecer los de su parte. Quiso levantar la cabeça sobre el muro para ver dónde estava el mayor peligro, y vino una bala de cierta lombarda que le dio en la cabeça y le mató. Dízelo Baptista Fulgoso.
[29] Marco Marulo remata su primer libro, en que trata esta materia de sueños, diziendo que todas las donzellas y continentes que dessean bivir en castidad y lim- pieza, | y proponen de guardar integridad de cuerpo y alma, deven tomar muy a cargo el tener vigilias y dormir poco, para conseguir de Dios semejante merced. Aparegen las lámparas, porque si viniere el Esposo a la media noche de repente les sea fácil salir a recebirle y entrar con él al regozijo de bodas, y gozarle eternalmente en su bienaventurança. Y por el contrario, deven huir el caer en la suerte de las vírgines locas, las cuales cuando el Esposo vino estavan durmiendo, y despertando con sobresalto, quisieron comprar óleo cuando todas las puertas de los que podían venderle estavan cerradas. Y assí, las lámparas muertas quedaron en tinieblas, no siendo dignas de entrar en la bienaventurança, pagando lo merecido por su mucho dormir. «Velad -dize el Salvador por San Marcos en el capítulo treze-, porque no sabéis cuándo vendrá el Señor, o sobretarde, a la media noche, al amanecer, o por la mañana, y viniendo de repente os halle dormidos». En especial nos amonestan los Profetas que de noche velemos: David, en el Salmo ciento y treinta y tres : «A la media noche -dize- me levantava para confessar su nombre». Isaías, capítulo veinte y seis, dize, hablando con Dios: «Mi alma tuvo de Ti desseo en la noche». Y Jeremías, en los Trenos, capítulo segundo: «Levántate -dize-, y al principio de tus vigilias derrama como agua tu coraçón en la presencia de Dios; levanta a Él tus manos por las almas de tus pequeñuelos». Y para dezirlo de una vez, el mismo silencio de la noche y la quietud de todas las criaturas nos amonestan que nos empleemos en contemplar las cosas celestiales y hazer oración a Dios, para que, levantados de la tierra y teniendo nuestros desseos en el Cielo, nos lleguemos a Dios y seamos dél premiados. Hasta aquí es de Marco Marulo. /(467r)/

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Iva Alexandre Magno contra Jerusalem, y siendo su condición sugetarlo todo y a nadie respetar, salió a él Jado, príncipe y sacerdote de los judíos, vestido con vestiduras sacerdotales y bien acompañado de otros ministros del templo y gente seglar. Visto por Alexandre, baxó de su cavallo y arrodillósele y concedióle cuanto por él le fue pedido. Desto se admiraron sus privados y, preguntando la causa, respondió:

-La noche passada vi en sueños a Dios vestido de aquel hábito, y amenazóme si hazía algún daño a esta gente, y assí no me arrodillé a este hombre, sino a Dios.

Esto es de Josefo, y refiérelo Fulgoso.
[2] Entre paganos ha avido algunos muy templados en el sueño, como también menospreciavan todo regalo y deleite y amavan el trabajo y la templança, aunque esto no lo hazían con afecto y gana del Cielo como los cristianos, sino por estudio de la sabiduría y ser señalados en la república. Y entre otros fue uno Diógenes Sinopeo Cínico, el cual, en el traje sin policía, en la comida sin gusto y en el dormir sin regalo, ninguno se vido entre gentiles que le hiziesse ventaja. Traía un solo vestido, comía yervas, dormía en el suelo, y cuando quería más regalo entrávase en una tinaja o cuba. Esto todo consagró Diógenes, no a piedad, sino a naturaleza y ser particular en la república. Dízelo Sabélico, libro segundo.
[3] Aristóteles, cuyo ingenio fue mostruo de naturaleza, y tan amigo de vigilias y dormir poco que, cansado ya y quebrantado de noche por el estudio, iva a la cama, y tomando una bola de metal en la mano, sacávala fuera, teniendo debaxo una bacía de alambre para que si el sueño fuesse adelante y passasse del tiempo limitado que él le dava, cansada la mano despidiesse la bola, y dando en la bacía | fuesse despertador, con que bolvía a velar y proseguir sus estudios. Refiérelo Sabélico, libro segundo.
[4] Aníbal Barchino, hijo de emperador, siendo moço y estando en el campo con sus soldados, dormía en tierra rebuelto un manto militar. Aunque esta aspereza no se le atribuye a piedad sino a severidad, no a templança, sino a pertinacia, porque le fuera mejor dormir que, velando, meditar cómo levantar guerras dañosas para sí y para sus ciudadanos. Dízelo Sabélico.
[5] Escipión Africano se levantava antes de amanecer y se iva al Capitolio, y solo allí con Júpiter y, por dezir mejor, con el demonio, meditava la destruición y ruina de Cartago, muertes y derramamientos de sangre de cartagineses. También le fuera a éste mejor dormir y que nunca se levantara de la cama que velar para dar medios en la destruición de Cartago y aun de Roma, porque faltando a los romanos guerras con estrangeros, como les faltó destruida Cartago, bolvieron las espadas contra sí, y por guerras civiles vinieron a destruirse. Refiérelo Sabélico, libro segundo.
[6] Teniendo escuela de filosofía Sócrates, soñó una noche que tenía en su seno un cisne que henchía el mundo de música sonorosa y dulce. Trúxole otro día a Platón niño, su proprio padre que le enseñasse, y visto por él, manifestó el sueño y dixo que se entendía por aquel niño Platón, que su dotrina sería dulce y sonorosa en todo el mundo, como lo fue. Refiérelo Fulgoso, libro primero.
[7] Publio Cornelio Rufo soñó que estava ciego; recordó y hallóse aver cegado. Es de Fulgoso.
[8] Estando enfermo Galeno vido en sueños un hombre que le dixo:

-Si te sacares alguna sangre de la mano, entre el dedo /(467v)/ pulgar y el índice, serás sano.

Despertó, sacóse la sangre y quedó sin mal alguno. Dízelo Fulgoso, libro primero.
[9] Una matrona romana biuda soñó que estava en un huerto suyo y que le davan una raíz de cinorrodón, que es rosa silvestre, y le dezían:

-Escrive a tu hijo, que con ésta sanarán los tocados de rabia.

Tenía a su hijo en España a esta sazón, en cierta guerra que por los romanos se proseguía en Portugal; pareciéndole que no dañaría, sino que podría aprovechar darle aquel aviso, escrivióle y diósele. Llegó la carta a tiempo que estava mordido de un perro rabioso y començava a espantarse de ver agua. Visto el aviso de su madre, procuró aquella raíz y quedó sano. Refiérelo Fulgoso, libro primero.
[10] Sergio Galba, emperador de Roma, hizo un collar con piedras de mucho precio y dezía que era para una estatua y ídolo de la Fortuna. Hecho el collar mudó parecer y diola a otra de Venus que estava en el Capitolio, y la siguiente noche apareciósele la figura propria de la Fortuna, a quien quería dar el collar, y mostrándose enojada con él, dixo:

-Pues me quitaste lo que me prometiste, yo te quitaré lo que te di.

Sucedió luego la muerte violenta a Galva en Roma. Esto fue embuste del demonio. Escrívelo Fulgoso, libro primero.
[11] Vido en sueños Vespasiano un hombre incógnito que le dixo:

-Cuando vieres un diente de Nerón entiende que comiença tu felicidad.

No passó mucho tiempo quando, muerto Nerón por sus crueles hechos y despedaçado su cuerpo, vino a las manos de cierto médico un diente suyo. Éste se le llevó a Vespasiano, congraciándose con él, diziendo que ya Roma era libre de aquel monstruo. Y siguióse luego ser elegido en capitán de cierta gente el Vespasiano, y, de lance en lance, subiendo y mejorándose, vino a ser emperador. Refiérelo Fulgoso, libro primero.
[12] Amílcar, capitán cartaginés, tenía | cercada la ciudad de Siracusas en Sicilia. Parecióle en sueños oír una boz que le dixo:

-Mañana cenarás dentro de la ciudad.



Cuando despertó, recibió mucho contento creyendo que era oráculo y que le prometía el vencimiento el día siguiente, y que sería señor de la ciudad. Llamó su gente, hízolos aparejar a dar un combate, asegurándolos con la victoria y teniéndola por cierta; descuidóse en un puesto donde estava, salieron los de la ciudad y captiváronle. El combate cessó y la victoria quedó por los siracusanos, y Amílcar cenó dentro de la ciudad bien de mala gana, cumpliéndose lo que el demonio le avía dicho, que quiso hazerle aquella befa adevinando lo que podía suceder. Dízelo Valerio Máximo, libro primero.
[13] Alcibiades soñó que le cubría con su manto una amiga que tenía, y dávale mucho contento el sueño. Matáronle sus enemigos y sola aquella muger tuvo ley con él, que le amortajó el cuerpo y hizo dar sepultura. Es de Valerio Máximo, libro primero.
[14] Dos ciudadanos de Arcadia llegaron a Megara, y el uno fue recebido por huésped en casa de cierto amigo suyo; el otro aposentóse en un mesón. Y el primero vido en sueños a este segundo que le dava bozes que fuesse y le librasse del mesonero que le tratava la muerte. Levantóse despavorido deste sueño, y a los primeros passos reparó, pareciéndole que era en vano, siendo sueño y cosa de burla. Tornóse a la cama y durmióse. Segunda vez se le apareció el amigo con heridas de muerte y rogóle que, pues le avía dexado morir, a lo menos no dexasse su muerte sin vengança, porque pretendía el mesonero llevar el cuerpo sobre un carro cubierto de basura y echarlo en el muladar. Ya no se lo sufrió el ánimo, sino que, acompañado de gente de la casa donde estava, fue al mesón, vido salir el carro y descubrióse el homicidio, por donde, instando en ello el de Arcadia, hizo morir al mesone- ro /(468r)/ por justicia y vengó al amigo. Y todo fue rodeo del demonio. El cuento es de Valerio Máximo, libro I.
[15] Calfurnia, muger de Julio César, la noche antes que fuesse muerto en el Senado, soñó que le veía junto a sí herido de grandes heridas. Despertó con mucho sobresalto, contóle el sueño y rogóle que no saliesse aquel día de casa. Mas, pareciéndole a él que era pusilanimidad por el sueño de una muger dexar de ir al Senado, fue allá y dentro dél le dieron veinte y dos puñaladas, quedando allí muerto. Dízelo Valerio Máximo, libro primero. Y fue possible que el demonio, viendo que estavan los conjurados determinados de matarle aquel día, y como no era possible defenderse dellos, hizo aquel assombro con Calfurnia, para ser creído otras vezes en sueños supersticiosos y malos.
[16] Venía en un navío el poeta Simónides, y llegando a un puerto vido cierto cuerpo muerto de hombre en la arena, y con piedad natural salió y diole sepultura. Quedó allí aquella noche, y el muerto que enterrró se le apareció y dixo que en ninguna manera saliesse otro día del puerto. Hízolo assí, y aunque fue de los que venían con él en el navío rogado y importunado que no los dexasse, y porque dezía que temía tempestad, hecho burla dél estando el tiempo muy quieto, ellos navegaron, y presto se levantó tormenta que los ahogó a todos. Y el poeta Simónides, que lo vino a entender, nunca acabava de agradecerlo al que le libró de muerte. Es de Valerio Máximo, libro primero.
[17] Tenía el rey Cresso dos hijos, de los cuales el mayor, llamado Arym, era la lumbre de sus ojos, avía de heredar su reino y estava ya apossessionado de su coraçón. Parecióle una noche en sueños una figura que le dixo que presto le vería muerto a hierro. Era gentil supersticioso y creyó al demonio, siendo suya aquella invención, y porque le creyó ordenó | Dios que pagasse aquel pecado, con otros de que era deudor, en que el hijo muriesse semejante muerte y temprana, sin valerle los reparos que el padre hizo para estorvarla. Solía el moço ir a la guerra en negocios del reino, ya le hazía Cresso que se estuviesse en casa; tenía en su alcáçar una sala de armas, hizo passarlas todas a casa del vezino; los criados que solían acompañarle llevando sus espadas, ya todos andavan desarmados. Sucedió que vinieron los caçadores del rey a dezirle que avía parecido en las vertientes del monte Olimpo un feroz puerco y que hazía daño en sus vassallos. El rey acordó con gente de armas irle a matar. Importunóle el hijo que le llevasse consigo, pues su muerte no estava destinada en diente de puerco, sino en hierro. El padre quiso darle aquel contento, pues tantos le estorvava a los que el moço era inclinado acerca de hechos de armas. Van a la caça, parece el puerco. Iva de la una parte el padre y de la otra el hijo, el hijo sin armas, el padre con una gineta o lança. Arrojósela con grande ímpetu al puerco, no le hirió ni tocó, passó adelante y dio al hijo. Hirióle y matóle. Y de que esto sucedió assí echa su firma Valerio Máximo en el libro primero.
[18] Astiages, rey de los medos, soñó que de la urina de una hija suya era toda Asia sumergida y ahogada. Parecióle que también iría él en aquel diluvio en lo que significava. Fueron llamados y rogados hechizeros para que declarassen aquel cuento, y resumiéronse que nacería della un hijo, el qual tendría la propriedad de la urina que vido, siendo señor de Asia. Quiso estorvarlo y pretendió dar traça como si naciesse hijo, ni tuviesse alas ni manos, de modo que ni pudiesse ser ni valer, dándole un padre de lodo. Y assí lo hizo, que la embió a tierra de Sayago, casándola, no con la nobleza de Media, sino con un pisacardos en Persia. El casamiento se hizo sin que sonasse en él clarín ni vihuela de /(468v)/ arco, sino un tamboril mal templado y una flauta. Nació Ciro, y el sospechoso abuelo, que estava a la mira y quisiera que no fuera lo nacido hijo, sino hija y parlática ya que avía de nacer, avisado de que tenía parecer y brío (y aun si acaso le vido) se le figuró que tenía en sus manos espada y le amenaçava con ella. Entrególe a un privado suyo, hombre de confiança llamado Harpago, para que le llevasse a un monte y allí le matasse, dexando su pequeño cuerpo por manjar a bestias y aves, de modo que, cabiendo a bocado, unas por los aires, otras por los montes, no tornassen los miembros a juntarse y, cobrando vida, al fin se cumpliesse el sueño. Harpago llevó el infante al monte, descubrióle el rostro y parecióle tan bien que su vista, aunque no usava de manos, le ató las suyas para que no le matasse. Juzgó que era lo mismo, y dexósele al sol de Dios en aquel desierto, a quien su abuelo le dava por pasto para que también fuessen sus verdugos, y pues animales y aves se le avían de comer, también sirviessen de cozineros y le guisassen matándole. El niño por quien mirava Dios más que su abuelo, y le tenía señalado y aun le avía puesto nombre antes que naciesse para que diesse libertad a su pueblo, que estava desterrado de aquella tierra, cumpliéndose el destierro, y bolviesse a la propria de Jerusalem y su comarca, como lo hizo, y lo dize el profeta Isaías en el capítulo cuarenta y cinco, embió un pastor por aquella parte y llegó primero que alguna ave o animal, y visto el niño y que tenía aderezos de más precio y valor que cuanto avía en su casa, llevóle a ella, entrególe a su muger, que con mil ganas y cantares le dio el pecho, teniéndole cargado de leche que otro hijuelo que avía parido no supo mamar. Crióle, hízose buen moçuelo, y con un cuarto que tenía de nobleza, sin estorvarlo otro del padre villano ni otro de la leche villana que mamó, ni el tercero de ser criado entre villanos, sólo | uno, que fue de la madre que le parió, bastó a que tenía brío de rey. Y si se juntavan otros pastorcillos a jugar con él, él avía de ser en todos los juegos el principal. Si a los maestros, era él el maestro; si a los desposados, era él el desposado; si a los ladrones, era él el corregidor; y si a los reyes, él se ponía corona, aunque fuesse de mimbres. Entretenido pues un día en este último juego, aviéndole hecho rey los otros garçones, a uno, porque no le obededió, açotó, y no se fiando de verdugo, quiso ser verdugo rey. Fueron los azotes de su mano, y tales que al tercero día tenía las señales tan vivas y frescas en su cuerpo como luego que las recibió. Fue el moço delincuente a su padre, contóle el caso. Era pastor del abuelo y rey Astiages. Llevóle algunos requesones y naçulas, y de camino quexóse del castigo que se avía hecho en su hijo. Cargó la mano en las quexas por descargarse de la pena que avía recebido viéndole açotado y con título del justicia. Quiso el rey grande ver al rey chiquito, y en viéndole diole aire de su hija Mandanes. Hablóle y reprehendióle por qué açotava con tan dura mano. Respondió:

-Hiziéronme rey; no me obedeció. Delito es que merece buenos açotes.

A cabo de afirmarse el rey que tenía parte en aquella sangre y brío, llamó al criado Harpago; confessó la verdad. El rey dissimuló con él, mas jurósela a buelta de ojos y pagósela en un combite que le hizo, porque le dio a comer entre otras cosas bien disfraçado a su propio hijo, sin que lo entendiesse. Preguntóle, acabada la comida, si quedava contento, y respondió:

-Quédolo como quien ha estado a la mesa de un poderoso rey.

Mandó luego sacar la cabeça del hijo en un plato y dixo Astiages:

-Éssa es la cabeça del venado que tan bien te ha sabido. Y desta manera dan los reyes a comer a los que les sirven con el almuerço que tú a mí me serviste. Mandéte matar a mi nieto; dístele la vida. Y por lo mismo la has /(469r)/ quitado a tu hijo.

Harpago, ahogando mil sospiros en su pecho, y tragándose mil lágrimas que corrían de sus ojos, dixo:

-Todo lo que, señor, hizieres tengo por bueno.



Y si el rey cuando conoció a su nieto se la juró, aora le pagó Harpago, jurándosela con el doblo. Y aguardó tiempo en que el nieto creció. Y siendo buen moço, valiente y esforçado, diole un memorial de todo el caso. Despertóle a tener ira y cólera con quien quiso ensuciarle la sangre y quitarle la vida cuando no podía defenderla. Ofrecióle gente y dineros, y diérale, si regateara, vida y alma por verse vengado. Al cabo Ciro tomó la empresa, levantó guerra al abuelo y fue fácil de vencerle, porque de persona a persona hazíale ventaja, y de fuerças a fuerças tenía grande mejora, queriendo más los súbditos servir y obedecer a un señor moço, liberal y bien acondicionado, que a un viejo avaro y melancólico. No quiso mostrarse Ciro con el abuelo cuanto áspero pudiera. Diole ración y quitación, embiándole a Hircania a que comiesse, no tanto como solía y quería, sino lo que le bastava, y él quedó señor de todo. De lo que se ha dicho, aunque breve como suele, es autor Valerio Máximo.
[19] Para remate deste Discurso de Sueños se advierta que no por los exemplos que se han visto de oráculos del Cielo crean todos los que sueñan que, siendo buenos los sueños, son de Dios y revelaciones suyas, pues cuando su Magestad hizo cosas semejantes fue pretendiendo negocios de gran importancia; ni tampoco, siendo de otra suerte y del demonio, como también se han visto algunos exemplos, deve hazerse caso dellos, porque siempre es su | pretensión hazer mal y daño, como parece en que si finge alguna vez que es alma que anda en pena, y parece en sueños al otro y dize que si le dizen cuatro o seis Missas, que volará al Cielo, y ay aquí grande engaño, porque cuando dize esto echa mano de alguno que fue gravíssimo pecador y acabó mal, muriendo en pecado mortal y condenándose, para que quien lo oye juzgue y crea que, pues aquél está en Purgatorio, que él irá derecho al Cielo, y con esto se descuide y condene. Nunca jamás por ocasión del sueño se dexe de hazer cosa que sea obligación hazerla, ni se haga lo que sería malo hazerse, porque sería particular pecado. Como el que soñasse que yendo a Missa le matan, y déxase por esto de ir a oírla día de obligación: el no oír Missa sería pecado, y el dar crédito al sueño también sería pecado. Considérese assí mismo que si en algunos casos de gentiles, como los que se han aquí escrito, y fueron del demonio, se vido que salieron ciertos y verdaderos, no son éstos tantos como millares de otros que también dixo y salió mentiroso; de modo que se escriven los que acertó, y no los que mintió, como de ordinario sucede en los astrólogos que se hallan a cada rincón: si una vez dizen que lloverá tal día y aciertan, cobran fama y nómbranlos por autores de muchas cosas que están por venir, en las cuales, aunque mientan en todas, cállase y dissimúlase. En conclusión digo que de sueños en el tiempo en que bivimos no se haga caso para recebir pena o contento, porque de ordinario son ocasionados por la disposición de los humores, o porque se bevió mejor o peor vino. |

DISCURSO SETENTA Y CUATRO. DE TEMOR

Sobre aquel testimonio de San Mateo en el capítulo veinte, «Muchos son los llamados y pocos los escogidos», dize Galfrido: «¿Qué cosa más terrible pueden oír nuestras orejas que ésta, de que sean muchos los llamados | y pocos los escogidos?». Dixo Jesucristo a sus Apóstoles la noche de su Cena: «Doze estáis aquí, y uno de vosotros es diablo, porque haze obras de diablo; hame de entregar a mis enemigos para que sea por ellos muerto». A esta voz todos se alborotaron, y cada uno temía de sí, y preguntava: «Señor, /(469v)/ ¿y tengo yo de ser?». Si de todos cuantos han nacido y nacerán, uno sólo se huviera de condenar y se supiera, era justo que todos temiessen y pensasse cada uno si era él; pues que diga el que todo lo sabe que son muchos los llamados y pocos los escogidos, que son pocos los que se salvan y muchos lo que se condenan, ¿cuánta razón ay de temer? Del Temor será el presente Discurso.

1   ...   133   134   135   136   137   138   139   140   ...   143


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal