De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[7] Margarita, condessa de Holandia, en el año de mil y dozientos y setenta y ocho, viendo a una muger pobre con dos criaturas de un parto, juzgó temerariamente que avía hecho traición a su marido, y díxoselo por afrentarla. La pobre muger, muy afligida viéndose afrentar sin causa, dixo:

-Yo ruego a Dios, señora, que para que veáis que son éstos negocios | suyos, que de un parto paráis tantos hijos como días tiene un año.

Y sucedió de la misma forma, porque parió juntamente trezientos y sesenta y cinco hijos bivos, y se los bautizó juntos en una vacía de agua Otón, obispo trayetense. Dízelo Cristiano Maseo, libro dezisiete de su Cronicón, Jacobo Meyero, libro nono de los Anales de Flandes, Genebrardo en su Cronografía , Candencio Merula, libro tercero de Cosas memorables de los Anales de Holandia , la Madre de Historias, y Bautista Fulgoso, libro siete, capítulo onze; aunque ay variación entre estos autores, porque unos le llaman Margarita (como se ha dicho), otras la llaman Matilde, hija de Florencio, conde de Holandia, y de Matilde, hija de Enrique, duque de Baviera, y que fue el año de mil y trezientos y veintidós.
[8] Quexándose los axitanos, pueblos de Francia, de grandes crueldades que avía usado con ellos el duque Biturigense, governador suyo por el rey Carlos VI, y tratándose la causa en el parlamento del rey, no osaron echar la mano en el duque, porque era tío del rey, sino, cargando la culpa a un juez puesto por él, llamado Betisaco, mandáronle prender, y procurava descargarse con dezir que siempre hizo lo que el duque le avía mandado. Y como el negocio se dilatasse y dudasse del sucesso que tendría, aconsejáronle que falsamente dixesse de sí que era herege, y con esto le remitirían al Papa, que residía en Aviñón en este tiempo, y con dezir que se reduzía se acabaría todo. Hízolo assí; mas engañóse, porque en oyendo los del parlamento que confessava aver cometido crimen de heregía, sin aguardar a remitirle al Papa le mandaron quemar. Esto ganó de la mentira perniciosa que dixo contra sí. Es de Fulgoso, libro 8, capítulo I.
[9] En Vercellas, ciudad de Italia, acusó de adulterio con mentira y falsedad un marido a su muger, y fue presa juntamente con cierto moço, que dezía ser el /(480r)/ adúltero. A los dos atormentaron crudamente. La muger, con ánimo valeroso negó, mas el moço, con el temor del tormento confessó lo que no avía hecho, y por su confessión sentenciaron a los dos a degollar. El moço, del primer golpe le fue cortada la cabeça. A la muger le dieron siete golpes en la garganta, y si no fue el último, ninguno le sacó san- gre, | sino que resurtía la espada como si diera en un pedernal. Quedó herida del golpe postrero, y fue dexada por muerta. Mas, hallándola biva al tiempo que la querían echar en la sepultura, fue curada y dada por libre, como de veras lo estava. Refiérelo Fulgoso, libro octavo, capítulo cuarto, y Baptista Ignacio, en el proprio libro y capítulo. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS



[1] Catón, en el Fragmento quinze , dize que fueron tantas las mentiras de los griegos que, como no cupieron en Grecia, rebolsaron hasta Italia y España, y aun hasta el océano del Poniente.
[2] Amasis, antes que fuesse rey de Egipto, hazía algunos hurtos. Prendíanle sobre sospecha y llevávanle delante de sus ídolos que davan respuestas para que declarassen si avía hecho el hurto de que se tenía sospecha. Algunos dezían que sí, y otros, que no. Vista por los juezes esta variedad, inclinávanse a lo más piadoso y soltávanle. Después, siendo rey, a los ídolos que dixeron dél que no era ladrón, aunque le libraron de muerte, por mentirosos mandó derribar y destruir sus templos, y a los que le avían condenado, como a verdaderos honrava y ofrecía sacrificios. El mismo Amasis mandó que una vez en cada año los corregidores de cada ciudad juntassen todos los ciudadanos della y les preguntassen de qué bivían y, no dando buena razón, los ajusticiavan, la cual ley tomó después Solón déste y la dio a los lacedemonios. Dízelo Heródoto, libro segundo.
[3] El rey Antígono era tuerto. Diole gana de retratarse, como les da a algunos que no son reyes ni esperan serlo, y mandarán al criado o criada que, passando delante el retrato, inclinen la cabeça, lo cual sabe un poco a idolatría. Llamó, pues, Antígono a tres pintores, para que cada uno | hiziesse su retrato y escoger el más acertado, prometiéndoles premio si en él le davan gusto, y pena, desgustándole. Salió uno con su retrato y púsole dos ojos, y como él no tuviesse más de uno, desgustóle la mentira y castigóle. El otro le pintó de la manera que estava, falto del un ojo, y éste le desgustó más, viendo verdad tan clara en su daño. El tercero le pintó de lado, descubriendo el ojo sano y encubriendo el falto, de modo que la falta no se veía y el retrato estava verdadero, y a éste dio premio.
[4] Barbarroxa, rey de Argel, preciávase de guardar verdad, y al mercader que quería passar en su reino con sus mercadurías dávale un salvoconduto, y con él iva y bolvía seguro. Passava con esta seguridad un español y assaltáronle cossarios. Mostró el salvoconduto, que era una caxa de estuche. No hizieron caso, sino que le mataron y llevaron la ropa. Fue visto acaso el estuche en Argel y conociéronle. Mandó Barbarroxa prender a todos los cossarios que se hallaron en aquel hecho, y ahorcólos. El navío y mercaduría embió a España a los herederos de aquel mercader, diziendo que la mitad de Argel llorava su muerte, por ser muchos los que mandó ahorcar. Dízelo Ludovico Domenichi en su Historia varia.
[5] Del espejo se puede traer entre los exemplos de verdad, porque la dize siempre a todos. Cicerón, en el segundo libro De /(480v)/ Natura Deorum, dize que fue su inventor Esculapio, hijo de Apolo. Séneca, en el libro primero de sus Cuestiones , dize que se inventaron los espejos para que se conociesse el que se mirasse en él, y si era hermoso, evitasse el vicio que le torna feo, y si deforme, entendiesse que el remedio era darse a virtudes. El mancebo vería en él que tenía el tiempo para aprender, el viejo, para disponerse a la partida. Refiérelo Brusón. Lo cierto en lo que toca a los espejos es lo que dize Nicolao de Lira, que estando los hebreos captivos en Egipto, como mandasse el rey Faraón que matassen a to- dos | los varones que naciessen en aquel pueblo, oído por los hebreos el mandato y visto que se executava, absteníanse de llegar a sus mugeres por no ver tal lástima de sus hijos, y las hebreas, desseando ser madres, que siempre tuvieron este desseo por tener parte cada una en el Profeta y Messías que aquel pueblo esperava, adereçavan sus rostros por parecer bien a sus maridos, y començaron a usar de espejos, de que se haze mención en el capítulo treinta y ocho del Éxodo, sobre el cual lugar dize Nicolao de Lira lo que se ha tocado de los espejos y mugeres hebreas. |

DISCURSO SETENTA Y SIETE. DE VERGüENZA

Hablando Valerio Máximo en su libro cuarto de la virtud de Vergüença, dize que es digna de todo respeto y reverencia, porque es madre de todo consejo honesto, maestra de inocencia, amable a los próximos, agradable a los estraños; en todo tiempo y en todo lugar muestra rostro favorable. Desta virtud tratará el Discurso.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Estando el patriarca Abraham assentado a la puerta de su tabernáculo o casa, en el valle de Mambre a la hora de mediodía, vido tres ángeles en figura de personas humanas, como dize San Augustín. Levantóse y fue a ellos, y puesto de rodillas en su presencia dixo:

-Señor, si soy digno de que se me haga esta merced, no passéis adelante. Aquí se os podrán lavar los pies, y seréis regalados y servidos de comida en casa deste vuestro siervo.

Tres vido Abraham y adoró a uno, y da también San Augustín la razón desto, diziendo que se denotó aquí el misterio de la Santíssima Trinidad, donde son tres las Divinas Personas distinctas realmente, y es una la Es- sencia | a quien se deve una adoración, que es de la Tría. Aceptó Dios el combite de Abraham, entró él aprisa en su casa y dixo a su muger Sara que diligentemente adereçasse comida para tres peregrinos. Corrió él al ganado y tomó un bezerrillo tierno y gruesso, y hizo que se adereçasse. Y aunque sea de passo, se deve advertir que en la Ley de Gracia estimó Dios en mucho que San Pedro y los demás Apóstoles dexassen sus haziendas y se hiziessen pobres, y estima a todos los que hazen esto y guardan voluntaria pobreza tanto que a los Apóstoles les prometió sillas el día del juizio. Y dizen graves autores que será lo mismo, y que se hallarán entre los Apóstoles todos los que hizieron voto de pobreza y la guardaron, imitando sus vidas. Y con esto está que Abraham era rico, Isaac y Jacob fueron ricos, David, Ezequías y Josías, reyes de Israel, fueron ricos, y todos amigos de Dios. Y es el misterio que assí como si va un navío por el mar en tiempo de bonanza, cuanto más lastre lleva y va cargado más seguridad tiene, y si se muda el tiempo y levanta tempestad, para assegurarse conviene descar- garle, /(481r)/ assí, en tiempo de Abraham, ningún daño hazían las riquezas, porque, como avemos dicho, avía tanta llaneza que, con ser un hombre tan poderoso que con la gente y criados de su casa y algunos amigos que se le juntaron dio batalla a cuatro reyes, y los desbarató y quitó los despojos que llevavan de cinco reyes que avían vencido, y siendo tan poderoso como esto, él va al ganado por el ternero y su muger Sara le adereça, y ay tanta llaneza como ésta siendo ricos; mas en el tiempo moderno ay tal tormenta, y es la tempestad de suerte en casa de los ricos que se quieren hazer adorar de los pobres, y conviene para que la sobervia se aplaque y la humildad valga y tenga fuerças que se descargue el navío y se vote la pobreza, a lo menos, se ame con el espíritu. Dixo el Señor a Abraham:

-De aquí a un año bolveré aquí y tu muger Sara tendrá un hijo.

Estava Sara detrás de la puerta del tabernáculo, y en tener aquel lugar se mostró vergonçosa, pues aun de la presencia de ángeles y de ser vista por ellos en la figura humana que traían se avergonçava, y oyendo que avía de tener un hijo, rióse ocultamente. Parece que se descompuso un poco en reírse tratando desta materia, la cual siempre ha de causar vergüença a las orejas de mugeres castas, mas tomó un poco de licencia Sara para reírse por razón que estava escondida, donde le parecía que nadie podía verla, y acordándose que Abraham y ella eran viejos. Y con tener esta escusa, mostró el Señor sentimiento, y dixo a Abraham:

-¿Por qué se ríe Sara?

Oído esto por ella, parecióle menos inconveniente faltar en la verdad que en la vergüença. Habló por los resquicios de la puerta, y dixo:

-No me reí yo.

Y el Señor añadió:

-No es assí, sino que te reíste.

Siempre el mentir fue culpa, y si los santos, como lo era Sara, alguna vez faltaron en esto, permitiólo Dios para que viessen otros que eran hombres y ellos se humillassen. San Juan Crisóstomo ad- vierte | que ni de Cristo ni de santo alguno se lee que se riesse, sino de Sara en este lugar, y luego fue reprehendida del ángel que [traía ] vezes de Dios. Lo dicho es del capítulo diez y ocho del Génesis.
[2] Después de la muerte de Sara, siendo Isaac de cuarenta años, su padre, el Patriarca Abraham, llamó a un criado de confianza cuyo nombre era Eliezer, el principal de su casa, y tomóle juramento en su muslo, que fue, como declaran los sagrados doctores, por Jesucristo, aviéndole Dios revelado que nacería de su casta y descendencia. Mandóle que fuesse a Mesopotamia, adonde Abraham vivió algún tiempo y dexó parientes, para que de allí truxesse muger con que desposasse a Isaac, su hijo, vedando el casarle con muger de la tierra de Canaán, donde estavan, porque eran idólatras, y no truxessen a su marido y hijos a que adorassen ídolos. Y no avía tanto peligro en el mugeriego de aquella tierra donde le embiava, que con facilidad las traían los maridos a que adorassen al verdadero Dios, no obstante que siguiessen en casa de sus padres a los mismos que también eran idólatras, como fue Labán, hermano de la que aora quieren que sea esposa de Isaac. También por la maldición que Noé les echó, cuando, viéndole Cam, su hijo, descubierto, burló dél, de que no quería le cupiesse parte. El criado dixo que haría en esto lo que le fuesse possible, y con muchas y ricas joyas, con criados otros y con diez camellos hizo el viage, y llegó a una ciudad de Mesopotamia llamada Nachor, y antes de entrar en ella cerca de un poço, siendo por la tarde y a la hora en que las donzellas de la ciudad, por ser cosa acostumbrada en aquel tiempo, salían con sus cántaros por agua de aquel poço, se detuvo Eliezer y hizo oración a Dios, pidiéndole humilmente que le favoreciesse en aquel viaje y que le declarasse en alguna manera quién era su voluntad que llevasse para muger de su señor Isaac, y que si su Magestad era /(481v)/ servido, atento que las donzellas de aquel pueblo saldrían luego por agua, a la que él pidiesse de bever y ella se ofreciesse a se lo dar, assí a él como a sus camellos, que ésta fuesse la escogida y la que señalava por esposa de Isaac. No avía bien acabado sus razones Eliezer cuando Rebeca, hija de Batuel, hijo de Melca y de Nachor, hermano de Abraham, salió de la ciudad con su cántaro, donzella hermosíssima, la cual llegó al poço y con mucha gracia sacó agua, y bolvíase. Llegó Eliezer, y con palabras comedidas le pidió de bever. Ella, diligentemente, tomó su cántaro y se le dio, diziendo:

-Beved, señor mío.

Eliezer bevió, y Rebeca tornó a dezir:

-Y aun quiero, si vós, señor, lo queréis, sacar agua para que bevan vuestros camellos.

Ni se contentó con dezirlo, sino que, como lo dixo, lo hizo. Sacó agua con su cántaro, derramándolo en las canales y pilas que estavan junto al poço, cuanto bastó a los camellos. Mirávala atentamente Eliezer en tanto que ella sacava la agua, y dávale mucho gusto verla tan hermosa, tan diligente, la gracia con que sacava la agua, y tan sin enfado ni cansarse. Parecióle que avía sido dichoso su camino si llevasse consigo aquella hermosa y graciosa donzella para cumplir el juramento que avía hecho a Abraham, casando con ella Isaac, su señor. Sacó Eliezer de sus caxas unos ricos çarcillos o arracadas que pesavan dos siclos, y unas axorcas o braceletes de peso de diez, que haze todo cuarenta y ocho ducados de España, y púsolas en los braços y orejas de Rebeca. Preguntóle cúya hija era y si en su casa abría comodidad para posar en ella con sus camellos y gente. Rebeca, muy contenta viéndose compuesta, le dixo:

-Hija soy de Batuel, hijo de Nacor y Melca. En nuestra casa ay buen cómodo para aposento, porque es grande y tenemos en ella mucho heno que coman los camellos.

Eliezer se reclinó en tierra y dio gracias a Dios porque le avía traído a casa del | hermano de su señor. Oyólo Rebeca, corrió a su casa, dio cuenta de lo sucedido, declaró el huésped que les venía quién era y mostró las joyas que le avía dado. Tenía Rebeca un hermano llamado Labán. Éste, oyendo lo que su hermana dezía y viendo las joyas que traía, fue muy diligente a donde Eliezer estava; hablóle amorosamente:

-Entra -dize-, bendito del Señor. ¿Por qué te detienes, que adereçado está el aposento para ti y los que contigo vienen?

Entró Eliezer en casa de la madre de Rebeca, donde fue bien regalado, lavándoles a todos los pies. Dieron de comer a los camellos, y a Eliezer le pusieron mesa y de comer en ella. Él dixo que primero les quería hablar que comiesse. Oyéronle, y relató el sucesso todo de su venida y la oración que avía hecho a Dios, y cómo se verificó en Rebeca, que si tenían por bien de dársela por esposa al hijo de su señor, el cual avía de heredar su hazienda, que era amplíssima, y si no, que iría a otra parte con su demanda. Oído por los padres y hermanos de Rebeca, dixeron:

-Ordenación de Dios es ésta, no ay por qué se resista. Rebeca está aquí, nosotros te la entregamos para que sea muger del hijo de tu señor.

Visto y oído esto por el Eliezer, derribándose en tierra, dio las gracias de su próspero viaje a Dios, y desbalixando sus líos y abriendo sus arcas, sacó muchos vasos de oro y plata y muy ricos vestidos, que dio a Rebeca. Dio también preciosos dones a la madre de Rebeca y a sus hermanos. Otro día pidió licencia Eliezer para partirse. Quisieran la madre y hermanos de Rebeca que siquiera diez días se detuviera con ellos. Eliezer dixo:

-Dios guió mi camino prósperamente. No me seáis ocasión para que en él me detenga, sino que buelva con brevedad a mi señor.

-Llamemos -dixeron ellos- a la donzella y sepamos su voluntad.

Llamáronla, y preguntada si quería ir con aquel hombre, ella respondió que sí iría. Echáronle su bendición, y con una ama que la avía /(482r)/ criado y otras sirvientas sobre los camellos, siguieron a Eliezer, el cual bolvía a su señor muy alegre, caminando a largas jornadas. Llegaron a donde Abraham estava un día sobre tarde, y vieron de lexos a Isaac, que avía salido a meditar al campo. Visto Isaac por Rebeca, y sabido que era su esposo, baxó del camello en que iva y cubrióse un manto, dando dotrina a las mugeres que tengan respeto y honren a sus maridos, y junto con esto, mostrándose muy vergonçosa, que es el punto por que avemos traído esta historia en este Discurso. Y por ser ésta la vez primera que vido a Isaac y se cubrió, se tomó costumbre de cubrir a las mugeres que se casan y ponerles velos. Antigua costumbre es en el mundo cubrirse con mantos las mugeres, con los cuales se muestran honestas y vergonçosas, y tiene misterio que se les encubre con ellos el Cielo y se descubre el suelo, para que se entienda que el oficio de engendrar y criar hijos, que es propio en ellas, solamente se ha de tratar en la tierra, porque en el Cielo no ay casamientos. Isaac celebró sus desposorios con Rebeca y hospedóla en el aposento de su madre, y aunque su muerte era reciente y fresca y él estava por ella muy sentido, con el amor que puso en Rebeca mitigó algo su sentimiento. Es del capítulo veinticuatro del Génesis.


[4] Toda honestidad y toda vergüença humana puede inclinarse y hazer reverencia, conociéndole mil ventajas, a la Madre de Dios, la Virgen Sacratíssima, Nuestra Señora. La cual, como advirtió muy bien el muy docto y muy religioso Pedro Canisio, de la Compañía de Jesús, al tiempo que el arcángel San Gabriel la truxo embaxada de parte de Dios para que acetasse ser madre suya, estava encerrada y recogida, puesta en oración, no solícita y llena de cuidados superfluos del servicio de casa, como lo estava Marta, no con Dina, hija de Jacob, passeando calles y plaças, ni con la hija de Jepte, llo- rando | feminilmente por los montes y despoblados, ni con Micol, hija de Saúl y muger de David, mofando y haziendo burla en una ventana, ni con María, hermana de Moisés, murmurando, ni con Herodías, dançando deshonestamente, ni con las damas de Sión, de quien dize Isaías que se vestían y adereçavan profanamente para ver y ser vistas en daño de muchas almas; no assí la Virgen, sino meditando en su recogimiento la halló el arcángel, y entrando donde estava y humillándosele, le dixo:

-Dios te salve, María, llena de gracia, el Señor es contigo y bendita eres entre todas las mugeres.

Ésta fue la entrada de San Gabriel a la Virgen, y dize el Evangelista San Lucas que se turbó de oír sus palabras. Acostumbrada estava a ver ángeles esta Señora, dize Orígenes, y no se turba de ver a San Gabriel, sino de oír sus palabras, las cuales nunca muger oyó de ángel en el mundo. Y por ser cosa nueva, la honestidad y virginal vergüença le haze que se turbe de oírlas. Y sería bien que la imitassen todo género de mugeres, las cuales sumamente deven rezelarse de pláticas regaladas y amorosas de hombres, porque ninguna calidad de personas, no estimación de bondad, no canas ni título de parentesco ha de prometer seguridad a la muger cristiana, y particularmente donzella, con la persona que trata, siendo hombre, para efecto que no esté con rezelo y recato de mirar por sí y tener los ojos puestos en los pensamientos que le redundan de la plática, porque en caso que no tema a la persona con que trata, hase de temer a sí, y dezir: «Si aquél es hombre santo, yo no soy santa; si aquel hombre no tiene pensamientos que no sean muy limpios, a mí me andan por la fantasía imaginaciones no del todo honestas». No digo que no traten con gentes, aunque si esto pudiesse escusarse y no tratarles, bueno fuera, sino que bivan las mugeres muy recatadas y estén muy a la mira de /(482v)/ los humores que quedan en la alma de las pláticas largas y conversaciones frecuentes de hombres. Porque a la Virgen Sacratíssima ángel la hablava, y experiencia tenía de la castidad altíssima de sus | pensamientos, y con todo esto pensava en sí a qué fin ivan dichas semejantes palabras de caricia y regalo. La platíca del ángel a la Virgen, y su turbación, escrive San Lucas, capítulo primero.
Lo más de lo dicho se coligió de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] En la Vida de San Martín, escrita por Severo Sulpicio, se dize que estava en un lugar pequeño una donzella, cuya fama bolava por las ciudades principales de Francia, de muy encerrada y recogida. Era su exercicio oración y meditación. Residían con ella otra mugeres, también de buena vida, y avían hecho su casa como monesterio. Tuvo dello noticia San Martín, y desseando ver si era verdad lo que se dezía (aunque siempre fue muy recatado de pláticas de mugeres y visitas), passando cerca de aquella villa, quiso verla. Todo el lugar, como era costumbre dondequiera que iva, salió a recebirle como si fuera un Apóstol. Holgáronse mucho de verle. Fue a la casa donde estava aquella santa donzella, avisáronla de su ida a visitarla. Ella, que era vergonçosíssima, y ni por San Martín pensava mudar el propósito que tenía, embió a escusarse con otra de las que estavan con ella, dando algunas razones por que no salía a él. Recibiólas el santo por muy bastantes y, alabándola mucho, dixo que excedía lo que avía en ella a lo que avía oído dezir della. Passó a otro pueblo y, estando allí, embióle un regalo aquella santa donzella. Recibiólo San Martín con alegre rostro, aunque no se sabe que en su vida de muger huviesse recebido otro. Y, recibiéndole, dixo:

-No es razón que deseche el sacerdote la bendición y regalo que le embía donzella mejor que muchos sacerdotes en vida y costumbres santas.


[2] Salió un monge del monesterio del abad Severiano a negocios propios del convento, y hospedóse en casa de un la- brador, | cerca de la ciudad de Eluterópolis, el cual era hombre fiel y devoto. No tenía muger, sino una hija de poca edad y mucha hermosura y honestidad. Y porque el monge estuvo en aquella casa algunos días, el demonio le començó luego que vido la donzella a le hazer guerra con su vista, rebolviendo consigo mismo muy malos pensamientos y desseos, tanto que vino a rendirse y desseava tiempo para hazer fuerça a la donzella. Y el mismo demonio que le hazía la guerra le dio oportunidad para salir con su intento, porque le fue necessario al padre ir a la ciudad de Ascalón por cosas tocantes a su casa, dexando en ella al monge, muy confiado de la santidad que en él imaginava. Pues como él viesse que no avía quedado en la casa otra persona, sin él y la donzella, fuese donde estava con intento de oprimirla y deshonrarla. Viéndole ella venir turbado y con ánimo aparejado para mucho mal, hablóle con grande modestia y sagazidad, diziendo:

-No te turbes ni te aceleres, que mi padre ni oy ni mañana vendrá a esta casa. Yo haré lo que tú quisieres si primero me oyes. Dime, yo te ruego, qué tanto ha que estás en religión.

Respondió el monge:

-Dezisiete años.

Ella añadió:

-¿Has conocido muger en tu vida?

-No -dixo él.

-Pues ¿por qué -replicó ella- por el contento de una hora quieres perder los trabajos de tantos años? ¿Qué tantas lágrimas has derramado, pidiendo a Dios que guarde tu cuerpo inmaculado y casto? ¿Echas de ver que todo lo quieres perder? Dime, si yo consintiere contigo y hiziere tu voluntad, ¿tienes adónde llevarme y con qué susten- tarme? /(483r)/

-No -dixo el monge.

-Desse modo, verdaderamente -añadió la donzella-, tú serás causa de gravíssimos e incomparables daños.

-¿En qué manera? -dixo él.

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