De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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-¿En qué? -respondió ella-. Que pierdes tu alma, lo primero, y lo segundo, que serás causa que yo pierda la mía, y lo tercero, que con juramento te afirmo que si me hazes fuerça yo tomaré luego un lazo y me ahorcaré dél, y en el juizio de Dios serás condenado por homicida. Atento a esto, yo te ruego que primero que seas causa de tantos daños te buelvas a tu monesterio y hagas oración por mí.



De oír estas razones el monge tomó tanta vergüença que, baxando su rostro, salió de aquella casa, cayendo en la cuenta del mal caso que quería cometer. Bolvió a su monesterio y, prostrándose en presencia de su abad, confessó su pecado, pidiendo perdón y rogándole que no le dexasse más salir de casa. Después de lo cual passó tres meses en lloro y penitencia, y murió en el Señor. Es del Prado Espiritual, capítulo treinta y nueve.
[3] Una donzella de Alexandría de Egipto, siendo muy hermosa, encerróse en un sepulcro o bóveda antigua, donde estuvo algunos años, dándole a comer por un resquicio, y lo demás necessario a la vida, y preguntada por qué causa se avía condenado a tan estrecha prisión, respondió que avergonçada por aver entendido de un mancebo que andava desassossegado por ella, y porque a él ni a otro les fuesse ocasión de caída, escogió la cárcel de aquel sepulcro por remedio. Es de Eusebio, y refiérelo Fulgoso, libro cuarto.
[4] Micael, emperador de Constantinopla, por verse en una batalla vencido de los escitas, tomó tanta vergüença que de su voluntad dexó el imperio y se hizo ermitaño, y bivió en soledad. Es de Fulgoso, libro cuarto.
[5] Godofredo de Bullón, duque de Lotaringia, compelido a ello por el empe- rador | de Alemania, entró en campo con un deudo suyo sobre la propiedad del estado, y aviendo començado la batalla a cavallo, quebró la espada por la empuñadura Godofredo. Los juezes del campo, porque no le sucediesse alguna vergüença y afrenta, quisiéranlos componer con algún buen medio. Godofredo no lo consintió, antes arrojó el pomo de la espada a su contrario y, acertándole en la cabeça, le derribó amortecido del cavallo. Saltó tras él, tomóle su propia espada y, teniéndole a punto de muerte, llamó a los juezes y dixo que a tal sazón podía sin afrenta suya admitir el concierto de paz, que les diessen el que les pareciesse, según le dieran antes, y assí se hizo. El mismo Godofredo, siendo capitán de los Cruzados que fueron a la conquista de la Tierra Santa y aviendo ganado la santa ciudad de Jerusalem, quisieron coronarle por rey della los capitanes y todo el exército, mas, avergonçado, recusó el que la corona fuesse de oro o plata, diziendo que no era conveniente que el siervo mortal y pecador pusiesse sobre su cabeça corona de oro adornada de piedras, adonde Cristo, verdadero Dios, que crió el Cielo y la Tierra, fue coronado de espinas. Refiérelo Fulgoso, libro cuarto.
[6] En el año del Señor de mil y dozientos y noventa, siendo entrada por fuerça de armas la ciudad de Tolemaida por enemigos de la Fe de Cristo, visto por la abadessa y monjas de un monesterio lo que de allí les podría suceder, temiendo más perder la honra que las vidas, todas hechas de un consentimiento se cortaron las narizes y pararon deformes, lo cual, siendo hecho, como se entiende, con oráculo del Cielo, fue lícito. Entraron los moros y, avergonçados de ver sus rostros bañados en sangre y deformes, a todas, sin perdonar una, las mataron. Refiérelo Fulgoso, libro cuarto.
[7] Aviendo dado una batalla don Fernando el Menor, rey de Nápoles, cerca |(483v) de la villa de Seminaria, en Lucania, al exército del rey Carlos VIII de Francia, siendo su capitán Berardo Estuardo, y perdídose en ella, iva huyendo en un cavallo cansado y mal acomodado. Viéndole Juan de Altavilla, otro capitán suyo, y teniendo un cavallo holgado y fuerte, ofreciósele. Recusávale don Fernando con vergüença, mas el de Altavilla le porfió, diziendo que en caso que él allí muriesse otros muchos quedavan que suplirían sus vezes, mas que sería gran pérdida la suya, no aviendo más de un rey, | si faltasse. Acetó el cavallo, libróse de muerte o prisión con él, aunque a sus ojos, viniendo un tropel de franceses, mataron al de Altavilla. Aquí huvo vergüença de parte del muerto de ver a su rey en tal peligro, y fuele ocasión de su muerte, y merece por el hecho loa eterna. Húvola también en el rey cuando recibió el cavallo, dexando en tan manifiesto peligro al que se le dava, mas tiene escusa que, por ser persona real, pudo anteponer a tal vergüença el librar su persona de tan cierto peligro. Lo dicho es de Fulgoso, libro 4. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Mandó Tolomeo, rey de Egipto, matar a todas las mugeres que se hallassen en su tierra de Lacedemonia, por averle hecho guerra y mucho daño en ella el fuerte Cleomenes, rey de aquella provincia. Hallóse entre las mugeres la de Panteo Lacedemonio, y antes que la matassen, dexando descubierto el cuello al cuchillo, tuvo particular cuidado de rebolver su vestido al cuerpo para no mostrar feamente alguna parte dél con la ansia y vasca de la muerte. Lo mismo sucedió a Olimpias, madre del rey Alexandre, que siendo él muerto y llegando Casandre a matarla, compuso su vestido de modo que muerta no pareciesse feo su cuerpo. Dízelo Fulgoso, libro cuarto.
[2] Entró tarde en el teatro de Atenas a ver ciertos juegos un viejo; anduvo de una parte a otra sin que nadie le hiziesse lugar. Llegó a donde estavan los embaxadores de Lacedemonia, y vistas sus canas levantáronse a él y diéronle lugar en medio dellos. Visto por el pueblo, levantó la boz en loor de los estrangeros lacedemonios, quedando confusos y avergonçados los naturales atenienses. Dixo a esta sazón uno de los embaxadores lacedemonios:

-Bien saben los atenienses lo que es bueno, mas fáltales el | quererlo hazer y poner en obra.

Es de Valerio Máximo, libro cuarto.
[3] En Etruria, provincia de Italia, estava un mancebo llamado Espurina, de notable hermosura y gentil disposición. Era causa que muchas damas y donzellas anduviessen distraídas y puestas en cuidado, dándole muy grande a sus padres, maridos y hermanos, y no librando dél al mismo Espurina, que se veía aborrecido de todos por el temor que en todos causava. Quiso assegurarse y assegurarlos: hirió su rostro con feas más que peligrosas heridas, y con quedar harpado y afeado las damas y donzellas dexaron de mirarle, los parientes de las mismas quedaron descansados y él con renombre de vergonçoso y muy honesto. En un pagano mucho admira el zelo que le movió a hazer cosa semejante. El cuento es de Valerio Máximo, libro cuarto.
[4] Tenían los romanos hecho un teatro para ver los juegos públicos, y en él señalado lugar para los senadores y gente ilustre, y nunca se halló que algún otro que no fuesse destos pretendiesse aquel lugar, porque la vergüença les era freno y tenía a raya para que ninguno pretendiesse más de lo que su estado le concedía. Es de Valerio Máximo, libro cuarto. /(484r)/
[5] En la batalla de Cannas, donde quedó Aníbal con la vitoria y el exército romano vencido con la mayor pérdida que en batalla alguna aquel pueblo hiziesse, entre los que bivos quedaron fue uno Cornelio Lentulo, el cual halló fuera de camino al cónsul Emilio malherido, y aunque vido que le seguían los enemigos y que se ponía a punto de morir, más llevado de vergüença que temiendo la muerte, estando junto al cónsul baxó de su cavallo y combidóle con él, diziendo que salvasse su vida y no fuesse causa que el pueblo romano sintiesse más aquella desgracia y pérdida con su muerte.

-Yo -dize- soy moço y fuerte, y podréme valer por los pies y no se perderá cosa alguna.

Y en caso de que uno de los dos huviesse de morir, era más conveniente que él muriesse y no el cónsul. Fue esta una contienda digna de dos pechos romanos, porque tuvo la vergüença el cónsul Emilio que costasse vida de romano el conservar la suya, y assí no quiso acetar el cavallo. Exortó al Cornelio se pusiesse en seguro y, para acabarlo con él, diole un recaudo para el Senado y pueblo romano de mucha importancia. Fue con él Cornelio Lentulo y el cónsul Emilio poco después fue muerto de los enemigos. Refiérelo Bautista Fulgoso, libro 4.
[6] Siendo el Magno Pompeyo vencido de César en la batalla Farsálica, entró el día siguiente en la ciudad de Larisa, y los ciudadanos, aunque sabían su desgracia y que iva vencido, saliéronle a recebir con grande aplauso y fiesta. Pompeyo les dixo:

-Id con esso todo a Julio César vitorioso.

No pudo mostrar su | dignidad y quiso dar muestra de su vergonçosa modestia. Dízelo Valerio Máximo, libro cuarto.
[7] Al tiempo que los conjuradores acometieron a Julio César y le hirieron de veintitrés heridas mortales, viendo que no podía librarse de muerte, con las dos manos derribó la toga y vestidura principal para cubrir su cuerpo y que no pareciesse cosa fea. Y esto porque según la costumbre de aquel tiempo en el vestido, faltando en él este cuidado, fuera possible caer muerto feamente. Dízelo Valerio Máximo, libro cuarto.
[8] En tiempo del Triunvirato de los romanos, en que governavan el Imperio tres tiranos, después de la muerte de Julio César, entre otros muchos fue prescripto y sentenciado a muerte Reginio. Pusieron pena que si alguno le favoreciesse o encubriesse que muriesse por ello y señalaron premio al que, sabiendo dónde estava, lo declarasse para que fuesse preso. Mudó trage Reginio y, tomando un asno cargado de yerva, dissimuladamente iva para salir fuera de la ciudad. Llegó a las puertas y fue conocido de un soldado que en otro tiempo militó debaxo de su vandera, y viéndole y conociéndole tomó estraña vergüença, y no sólo no le procuró prender, sino que le saludó como a su capitán que avía sido y dio orden como prosiguiesse su huida y se pusiesse en seguro. Y assí, acerca deste soldado tuvo mayor fuerça la santa vergüença que el miedo de la muerte o la esperança de ser premiado. Dízelo Bautista Fulgoso, libro 4. /(484v)/

DISCURSO SETENTA Y OCHO, Y ULTIMO. DEL VESTIDO



Si en otras cosas es bien que imitemos a los santos, no es de poca importancia saber qué vestidos usaron, para que también en esto, imitándolos, no temamos aquella palabra que dixo Cristo y refiere San Mateo, capítulo veintidós: «Amigo, ¿cómo entraste en la fiesta y regozijo de bodas sin vestido que lo signifique?». Y de veras que si procuramos adornar nuestras almas con vestidos, no tendríamos cuidado de otro vestido para el cuerpo, sino el que para cubrir su desnudez es conveniente. Adam y Eva en el Paraíso desnudos estavan, y tuvieron necessidad de vestirse cuando por rebeldes al mandato de Dios fueron desterrados dél y penitenciados a que labrassen la tierra. Y en tal sazón dioles Dios dos vestidos de pieles de animales, al talle de çamarros o pellicos pastoriles, y a este vestido dado de Dios sucedió todo lo que de presente se usa. Y paréceme a mí que, assí como sería desatino si al herege que los inquisidores penitenciaron, y en señal de penitente le mandaron traer un sambenito de paño amarillo con una aspa colorada de San Andrés (lo cual tuvo origen de lo que en la primitiva Iglesia se usava, y era que en la Cuaresma a los logreros y a las mugeres públicas pecadoras, si se querían emendar y dexar sus malos tratos, el miércoles de ceniza, el obispo o cura les ponía un saco, derramándole ceniza sobre sus cabeças, y con el saco andavan toda la Cuaresma hasta el día de Pascua, en que si avían bien aprovado en la penitencia los admitían a la Comunión de los fieles, estando antes de por sí en lugar apartado; llamavan bendito aquel saco porque | le bendecía el obispo cuando se le ponía, y de saco bendito vino «sambenito»; la aspa de San Andrés denota que faltaron en la Fe, porque San Andrés fue el primer cristiano y murió aspado, todo lo cual, con un texto del Decreto y autores graves tengo provado en otra parte); pues si éste, a quien por sus pecados le pusieron el sambenito, llamasse un sastre y le hiziesse poner guarniciones de seda y brocado, y saliesse muy pomposo con él en público, ¿podríase tener por loco? Sí, por cierto. Pues assí parece que están lexos de serlo los que profana y locamente se adereçan y componen, pues el vestido fue dado de Dios al hombre cuando pecó para señal que avía pecado y perdido el estado de la inocencia, y assí, que de la afrenta haga honra y estado, digno es de ser reprehendido, en particular la demasía. Mandava Dios en el capítulo veintiocho del Éxodo que en la vestidura del gran sacerdote Aarón se pusiessen dos piedras preciosas, en las cuales se esculpieron los nombres de las Doze Tribus. Quiso Dios que se pusiessen los nombres de aquellos muertos en las piedras preciosas, porque la memoria de la muerte es cosa preciosa, y se acordasse Aarón y todos los que le viessen compuesto y galano, de que avía de morir. Y bien mirado, todo cuanto el hombre trae sobre sí es de animales muertos o cosas que perecieron y en su ser murieron: el calçado es de cuero de animales muertos, el sayo y la capa, de lana de animales muertos; y si es seda, también convino que el gusano que la hiló, para que él la vistiesse, muriesse. Del Vestido trata el Discurso presente.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] De la reina Ester se dize en su Libro que, siendo llevada a vistas del rey Assuero para ser su muger, ningún cuidado /(485r)/ tuvo de vestirse y adereçarse como otras donzellas lo hazían, que eran llevadas a su presencia para este efecto. El cuidado desto dio a un eunuco, que tenía a cargo el llevar al rey estas donzellas, vistiéndose el vestido que aquél le dio. Y después, siendo reina, cuando se vestía adereços reales y dignos de muger de tan gran monarca, dezía hablando con Dios:

-Tú, Señor, sabes que aborrezco los vestidos y galas destos gentiles incircuncisos, y que si uso dellos es por la necessidad y obligación que tengo de agradar al que me diste por marido.

Es de su Libro, capítulo segundo y catorze.
[2] El gran Bautista, santo antes que nacido, su vestidura era un texido o cilicio hecho de cerdas de camellos, y una cinta, | también de cerdas. Y dél dixo el Salvador:

-¿A quién salistes a ver al desierto? ¿A algún hombre vestido delicadamente? Los que se visten desta suerte, en casa de los reyes están.

El vestido áspero y de cilicio es indicio de vida continente, el delicado y curioso, de lascivia. Refiérese en el capítulo onze de San Mateo.
[3] El rico de quien escrive San Lucas en el capítulo 16, que se vestía de púrpura y bisso, fue sepultado en el Infierno, y el pobre Lázaro, que no tenía con qué cubrir su cuerpo, fue llevado al seno de Abraham. Tan grande mudança se hizo en breve tiempo que a los deleites temporales se siguiessen tormentos eternos, y a la temporal miseria, eterna bienaventurança.
Lo dicho se coligió de la Escritura Sagrada. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]



[1] De la Madre de Dios y Virgen María, Nuestra Señora, escrive Nicéforo, libro segundo, capítulo veintiuno, y refiérelo Pedro Canisio en su Vida, que su vestido era pobre, de paño de su propio color, como el buriel. La cual, al tiempo de su glorioso tránsito, mandó al Evangelista San Juan que diesse dos sayas que tenía a dos biudas vezinas suyas, por benevolencia y amor que les tenía. Añade Nicéforo en el capítulo 24 que estuvo en tierra de Palestina en poder de cierta muger hebrea, dentro de una arca, el vestido de la Madre de Dios, que sería una destas dos sayas, y que se hazían muchos milagros, sanando enfermos de diversas enfermedades sólo con tocar la arca. Vino esto a oídos de dos hermanos, hombres principales de Constantinopla, y procuraron ver la arca. Llegaron a casa de aquella muger, en la cual se quedava gente de noche en el aposento donde estava, por tener allí oración y vigilia como en lugar sagrado. Hizieron labrar otra arca semejante a ella y, quedándose de noche dentro del aposento, pudieron con facilidad | trocarla, y lleváronsela a Constantinopla, donde la abrieron, y hallaron el vestido de la Madre de Dios, con testimonios bastantes que lo certificavan. Tuvo noticia dello el emperador León y apoderóse de tan precioso tesoro, y con grande gozo edificó un templo en cierto barrio de Constantinopla, llamado Balcherne, adonde puso la mayor parte deste vestido, dividiéndose lo restante por toda la Cristiandad. Roberto Gaguino, en los Anales de Francia, libro quinto, dize que en la ciudad de Carnoto, en Francia, tienen la camisa de Nuestra Señora. Sucedió que, juntándose un exército de normandos y danos, gente idólatra y bárbara, entraron por Francia haziendo grandes insultos y crueldades en ciudades y gente. Fue esto el año de Cristo de ochocientos y setenta y ocho. Llegaron a Carnoto, cercáronla y pusiéronla en grande aprieto. Los de dentro, viéndose sin fuerças para resistir las del enemigo, fuéronse a Dios, y con lágrimas le pidieron favor por intercessión de su Gloriosa Madre. Salieron luego con grande esfuerço a /(485v)/ los enemigos, llevando el obispo la camisa de Nuestra Señora con grande reverencia, colgada de una hasta. Causó su vista tanto temor en los enemigos que quedaron sin fuerças y sin poderse mover de donde estavan. Habló el obispo a los de su parte, y díxoles que, pues Dios usava con ellos de tan gran milagro, que sin les hazer daño los dexassen y se bolviessen a la ciudad. Ellos lo hizieron, y el capitán contrario, llamado Rollo, hizo voto que si Dios le sacava con bien de aquel trance se haría cristiano y, alcançando su intento, cumplió el voto, que se baptizó con el exército de los normandos. Llamóse Roberto Rollo y fue muy buen rey, rigiendo y governando a los normandos justa y santamente. Afirman lo dicho Damocares, en el Libro de los Hechos de Carnoto, San Antonio, Parte Segunda, título deziséis, capítulo primero, y Vicencio Gallo, libro cincuenta y tres. El muy docto y diligente autor Genebrardo dize en su Cronología que en el año de 870 Gerardo de Ruisellón, dicho el Rico, fundó y dotó el priorato Hemimurense en Borgoña, y en él puso el anillo que San Josef dio a Nuestra Señora el dichoso día de su desposorio, que le truxo de las partes ultramarinas. En Bolonia, en el monesterio de San Petronio, está la toca con que Nuestra Señora cubría su santa cabeça. Es una venda ancha de dos dedos, de vara y media en largo; tiene dos gotas de sangre, que se afirma averse estampado en ella al tiempo que su Soberano Hijo estava en la Cruz. La una tiene hechura de una uña algo crecida, cuando se corta del dedo; la otra, lo que puede henchir aquel vazío, algo más prolongada que redonda. La toca tiene el color algo amarillo por la antigüedad. No se puede discernir si es de seda o de lana, porque es un texido de hebra bien delgada. Esto se sabe por relaciones de personas que lo han visto. |
[2] San Pedro, príncipe de los Apóstoles, traía por vestido ordinario una túnica, de donde tuvo origen la sotana de los clérigos, y un palio, de donde también le tuvo el manteo que usan, y unos sandalios en los pies, que son al talle del calçado que traen algunos frailes menores, que solamente defienden que el pie no toque a la tierra en tiempo frío y húmedo; éstos por otros nombres se llaman caligas. Y assí le dixo el ángel, estando preso:

-Cíñete, cálçate y sígueme.

De su prisión escrive San Lucas en el capítulo doze del Libro de los Hechos Apostólicos, y de su vestido haze mención San Clemente Papa en sus Recogniciones. Y hase de advertir en los sandalios que por la parte de la tierra estavan cubiertos, y por la parte del Cielo, descubiertos, porque a los santos y varones religiosos háseles de descubrir el Cielo y encubrir la tierra.
[3] San Bartolomé usava vestirse un colobio blanco, que era como ropilla corta sin mangas, y un palio o capa larga de grana, y sandalios. Afirma esto Abdías en su Vida, y que en veinticinco años, ni se envegecieron, ni se ensuciaron, ni menos el calçado se gastó. Y aunque el santo guardó la moderación y pobreza en el vestido que los demás Apóstoles, sólo conservó el palio de púrpura diferente dellos, para dar a entender la real sangre de donde venía, aunque nacido en Galilea, y que la avía menospreciado y tenido en poco por seguir a Cristo.
[4] Jacobo el Menor, que por la semejança en el rostro y persona fue llamado hermano de Cristo entre todos sus primos, no traía vestido de paño, sino de lino. No se quitava el cabello, ni ungía con óleo según el uso de la tierra, ni se bañó, y con este traje y atavío era tenido en tanto que a él sólo consentían los judíos entrar en los lugares del templo vedados aun a los comunes sacerdotes. Dízelo Egesipo, libro quinto. /(486r)/
[5] San Pablo, el Primer Ermitaño, no teniendo otra cosa más de lo que el desierto le ofrecía para cubrir su cuerpo, hizo un vestido de hojas de palma. Y siendo heredero dél San Antonio Abad, después de su muerte usava dél las fiestas principales. Y San Gerónimo escrivió en su Vida que le estimava en tanto que, si le dieran a escoger, estimara en más la vestidura de palma de San Pablo que la púrpura de los reyes, con sus coronas y cetros.

[6] San Pafuncio vido en el desierto de Egipto a Timoteo Anacoreta desnudo, y cubría parte de su cuerpo con la barba y cabellos, que nunca los cortava. Temióse dél, pareciéndole bestia salvage, llegóse cerca, hablóle y dio gracias a Dios, conociéndole por grande siervo suyo. Juzgó que muy honrosamente está vestido quien por Cristo anda desnudo. Es del libro De Vitis Patrum.


[7] El mismo Pafuncio vido a San Onofre en el desierto desnudo. Traía solamente ceñido a su cuerpo un cinto de hojas de árboles. Vídole morir y llevar al Cielo su bendita alma muchos ángeles, los cuales honran a los pobres que por Cristo andan desnudos. Refiérese en el De Vitis Patrum.
[8] Vido también Pafuncio cuatro ermitaños en un desierto de Egipto, Andrés, Tadeo y Felipe, vestidos de túnicas texidas de palma, y con este vestido se defendían del sol del verano, que era tal que puesta una olla de berças con agua, que era el sustento de algunos, con solos los rayos del sol, sin otra lumbre, se guisava. Este vestido agreste le trocaron con otro de inmortalidad, y tanto son aora ilustrados con rayos de gloria en el Cielo cuanto antes sus cuerpos eran abrasados con los rayos del sol. Es del De Vitis Patrum.
[9] Serapión Abad andava con sola una túnica y un manto, y vino algún tiempo que dio esto a pobres y quedó su cuerpo | desnudo, cubriendo lo que la honestidad pide que se cubra. Y no se avergonçó de andar desnudo, con que cubriesse la desnudez agena. Es del De Vitis Patrum.
[10] San Hilarión Abad cubría su cuerpo con un saco o cilicio y un ábito de pellejos, y un sayo rústico. Los cabellos de la cabeça se quitava una vez en el año, por la Pascua de Resurreción. No usava de vaños, porque tenía semejante regalo por superfluo, trayendo siempre silicio, y para trocar algunos destos vestidos avía de estar bien roto el que traía. Es de San Gerónimo en su Vida.
[11] San Gerónimo usava túnica de sayal y, siendo muerto, heredóla Eusebio, dicípulo suyo, y teníala en mucho, porque sólo con tocarla sanaron algunos enfermos y resucitaron muertos. Véase cuál vestido de rey adornado de oro y piedras preciosas fue de tanta virtud como el sayal de San Gerónimo. Dízelo Augustín en la Epístola dozientas y seis, capítulo dos.
[12] San Augustín usava de un ábito o vestido de la misma forma que usavan sus clérigos, y si alguno le presentava otro de más precio, recebíale y vendíale, y repartía el dinero a pobres. Y assí fue preferido a sus clérigos en la dignidad y no en el ábito. Dízelo el mismo en el Sermón de la vida de los clérigos.
[13] San Bernardo Abad traía un ábito pobre, aunque limpio y asseado, y solía dezir que el vestido suzio y manchado era testigo de descuido y suziedad, y que a las vezes olía a hipocresía, con la cual la vanagloria, con apariencia de que no se quiere, se procura. Y porque se echó de ver que traía cilicio debaxo del ábito, y era público, dexóle y no quiso usar de más áspero ábito que los demás monges, porque no pareciesse que se quería aventajar en santidad con los que se tenía por menor. Es de la Vida del mismo San Bernardo.
[14] Estéfano Abad, instituidor del Or- den /(486v)/ Grandimontense, biviendo vida solitaria en Moreto, monte de Aquitania, traía un ábito tosco y grossero, y era de admirar que con el mismo llevava los calores del verano y sufría los fríos del invierno, sin quitar ni añadir cosa alguna. Pudiera usar de industria y aliviar una y otra molestia del tiempo, y no lo hazía porque ambas la sufría la caridad y amor de Dios. Es de Marulo, libro tercero.
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