De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[15] Apolonio, monge en la Tebaida, cerca de Hermópolis, cubría su cuerpo con un colobio de estopa, y en la cabeça, un tocador de lienço, y duróle esto sin rompérsele ni gastársele por cuarenta años. Y fue prueva de ser agradable a Dios el ábito pobre y humilde. Refiérelo Marulo, libro tercero.
[16] Ni se deve passar en silencio el padre San Francisco, el cual para cubrir su cuerpo usava de una túnica o saya de sayal, ceñida con una soga, y una capilla de lo mismo; los pies descalços, aunque usó algún tiempo, y por necessidades urgentes, de sandalios, con que se encubría la tierra y descubría el Cielo. Algunos burlavan deste vestido; aora es estimado en todo el mundo y preciado de los Cortesanos del Cielo. Dízelo San Buenaventura en su Vida.
[17] Santa Isabel de Hungría tenía un vestido hecho de remiendos, y algunos de colores diversos, y con este traje servía en un hospital con más contento que si estuviera en casa del rey, su padre.
[18] Tora, monja en la Tebaida, nunca usó ábito nuevo. Trocava con las otras monjas lo que desto hazía nuevo por otro viejo, y con esto, cuanto excedía a todas en hermosura (por ser su rostro milagroso) tanto se diferenciava en andar más pobre y desluzida, porque no ignorava la hermosura de la alma, más que el atavío del cuerpo, ser agradable a su Celestial Esposo. Es del De Vitis Patrum. |
[19] María Egipciaca, en el tiempo que se exercitó en torpezas y vicios deshonestos procuró andar con ricos y preciosos adereços, por agradar a los hombres, mas, aviéndose convertido y sirviendo a Cristo, tuvo en tan poco el vestido que, rompiéndose el que llevó al desierto, bivía desnuda en la soledad. Y porque no tenía texado con que cubrirse, y le dava el sol del verano y el frío y viento del invierno, tenía su cuerpo denegrido como etíope, y con esto resplandecía con milagros. Véase la diferencia de las galas de primero y de la desnudez postrera; aquéllas fueron fomento de suciedad y ésta causó mérito de admirable santidad. Es del De Vitis Patrum.
[20] Vido un santo monge reír o fingir que se reía un demonio. Preguntóle la causa, y dixo:

-Iva una muger con sovervios y profanos vestidos por la calle, y llevava la falda larga con grande cola, en la cual un demonio amigo mío iva sentado, y al passar de un arroyo levantó la falda y el demonio rodó y hase enlodado, y de verlo puesto de lodo en el traje que avía tomado de negrillo me río.

También un cura de cierta iglesia, muy santo, vido entrar en ella otra muger vanamente vestida y con grande falda, en la cual ivan algunos diablillos en figura de etíopes, haziendo muchos juegos. El cual pidió a Dios que viessen otros lo que el vía, y, viéndolo, fue medio para que aquella muger dexasse los vestidos vanos, y otras escarmentassen en ella, pues es cierto lo que diversos santos afirman, que donde está el vestido vano y superfluo, allí está el demonio. Lo dicho es del Promptuario de exemplos. Yo digo que si alguna muger ay mala, que no sé que la aya, antes creo que todas son buenas, si quiere parecer buena, y la buena, si quiere ser juzgada por mala, o a lo menos por liviana, los vestidos honestos o profanos y las palabras desembueltas o modestas pueden hazerlo y ser parte. /(487r)/
[21] Tenía grande cuidado en la criança de sus hijas una noble matrona, en especial les persuadía a que diversas vezes, y en diversas horas y momentos del día dixessen la salutación angélica de la Ave María. Tuvo esta señora entre las demás una hija, a la cual también enseñó la misma oración y devoción. Mas ella, por ser hermosa y viciosa, su cuidado todo era en componerse y adereçarse profanamente, y en danças y bailes, favoreciéndola su propio padre, a quien este modo de proceder era muy gustoso. Y no sólo la moça vana era dañosa para sí, antes, por ocasión suya, muchas almas se enredavan en diversos pecados, viendo y desseándola mal. Entró un día en cierto jardín, y arrimada a un árbol estava adereçando su rostro. Oyó que la llamavan de lo alto del árbol, y que le dezían que subiesse en él. Preguntó:

-Y tú, ¿quién eres, que me llamas?

-Soy -dize- el diablo, cuyos desseos tú favoreces siempre, siendo arma y red del Infierno con tus galas y adereços. Y assí ha venido el tiempo en que llevarás la pena merecida por tus pecados y por los que otros han cometido por tu ocasión.

Con esto mostró el demonio querer hazer en ella presa, mas, acordándose de la oración que la enseñó su madre, dixo en boz alta:

-Ave María, valedme, Madre de Dios.

El demonio, mostrando terrible enojo, dixo:

-Maldita sea quien te enseñó essa oración, la cual si no dixeras, con justo juizio de Dios fueras llevada aora al Infierno, donde están otras a quien has imitado.

De oír y ver esto quedó tan otra la donzella que, ni vestidos superfluos ni danças o bailes fueron más de su gusto. Trocó la vida, y bivió y murió bien. Lo dicho se refiere en el Promptuario de exemplos.


[22] María, condessa de Campania, hija de Ludovico Pío, rey de Francia, hermana de cuatro reyes de Inglaterra y madre de un rey ultramarino, estando | biuda, era increíble el regalo con que tratava su cuerpo, assí de vestidos como de comidas, junto con la autoridad de acompañamiento y adorno de casa; en todo mostrava suma grandeza y magestad. Cayó enferma, embió a llamar al abad Persamo, varón santo, elocuente y grave. Cuando llegó a su aposento no le dexavan entrar, porque era ya muerta, y sus criados robavan la casa a más y mejor. Unos echaron mano de sus joyas de oro y piedras, otros, de los vasos de oro y plata. Ya estavan unos apoderados del dinero, contentávanse otros con sus vestidos, y aun avía otros que, no perdonando los tapizes, descolgávanlos y llevávanselos. Los que más tarde llegaron, visto que sólo quedava la cama donde avía muerto la duquessa, dando con el cuerpo desnudo en el suelo, la pusieron en cobro. A este tiempo, un hombre grave que venía con el abad, visto que no le dexavan entrar, hizo fuerça y derribó un postigo por donde entraron y vieron lo que passava. Quisieron algunos criados cubrir el cuerpo de la condessa, que estava en la tierra desnudo, con un tapete, y el abad no lo consintió, sino que començó a exclamar y dezir en boz alta:

-Venid, gentes, a ver la pompa y magestad de la nobilíssima condessa María, la hija, madre y hermana de tan altos reyes; su cuerpo tan delicado y regalado, en cuánta deshonra y baxeza está puesto. Mirad el pago que da el mundo a los que más encumbrados y levantados tiene.



Esto es del Libro De Apibus, capítulo séptimo.
[23] Luis XI, rey de Francia, claro por muchas vitorias, como otros reyes solían vestirse de oro y seda, él dio en andar vestido de lana, y algunas vezes usava por cavalgadura en la ciudad de un asno. Y tuvo en vestirse humilmente tanto cuidado como otros en se vestir rica y pomposamente. Dízelo Fulgoso.
[24] De otro Luis, que fue XII, dize el obispo Garimberto en su Libro de varios /(487v)/ sucessos que por tener feas piernas usava de vestidos hasta el carcañal. Y aunque esto era feo, fue imitado de todo el reino. Sucedióle el rey Francisco, que era gentil hombre de cuerpo, traía el vestido a medio muslo, y todo el reino se vistió de aquella suerte, con parte de la espalda y pecho descubierto. A tiempos se cortava la barba y cabello y, en todo, todos le imitavan. Passeóse el rey diversas vezes en un rozín, cortada la cola, y viéronse todos los nobles en rozines cortadas las colas.
[25] En España se usava vestirse de paños o sedas de color los hombres, como de presente lo usan las mugeres, y por la muerte de la emperatriz doña Isabel, muger del emperador don Carlos, V deste nombre, que murió en Toledo, primero día de mayo, año de 1539, su magestad el emperador por luto se vistió de negro; e, imitándole toda España, quedóse el color en el vestido de negro, de modo que si no es en aldeas, labradores y gente del campo, que visten de pardo, todos los demás, de ordinario, andan de negro. Usavan también los hombres barbas y cabello largo y peinado, y desde el tiempo del católico rey don Felipe II, hijo del mismo emperador Carlos V, que lo usó, se cortan el cabello y barba, y es mucha policia para la limpieça y asseo del cuerpo, y más seguro en la guerra, donde la barba larga era dañosa viniendo a braços con el enemigo. Lo uno desto oí yo a mis padres, y lo otro he visto.
[26] Assí como es proprio de los españoles mudar el vestido, no sólo en la materia, sino también en la hechura, tan a menudo que no dize con el tiempo el vestirse el hijo con el vestido del padre, si él no le rompió, y aun el mismo que le hizo, antes que le gaste, algunas vezes le dexa, porque ya no se usa -en particular se verifica esto en mantos de mugeres-, yo alcançé a ver algunas que los traían de paño de Londres, que duravan de abuelas a nietas. Dexáronlos por pesados y hiziéronlos de estameña | o bureto. Sucedió el anascote, y dexáronle para gente religiosa, y hiziéronlos las galanas de tafetán. También se cansaron de ir haziendo ruido con ellos por las calles, y usaron seda y lana; otros, de toda seda, otros, de gorbión, y otros, de soplillo, con los cuales ha venido el negocio a que en un año, sin hazer muchas demasiadas salidas una muger, gasta tres mantos, que ha de pagar el marido si quiere tener paz en casa. Usavan un tiempo verdugados de paño; cansáronse de traerlos un tiempo, y bolvieron con hazerlos de damascos quien podía, y quien no, de bocasí. Pocas mugeres usan vestidos de paño, sino que quieren seda. Los tocados remedie Dios; avrá muger que se ponga diademas de santa que aun para buena le falta mucho. En los hombres passa lo mismo, por donde vino un truhán a traer dos o tres varas de paño sobre el ombro, andando casi desnudo, y, preguntada la causa, respondió:

-Espero a ver en qué paran los trajes, y hazer un vestido que permanezca.

Al contrario es en otras partes, como en Venecia, que por muchos centenares de años se conocen en el traje los pintados de aquel tiempo con los que de presente biven. Usávase, pues, en esta ciudad, traer las mugeres descubiertos los pechos, y por ser esto ocasión de mal en los hombres no bien compuestos, un padre de la Compañía de Jesús, llamado Alonso Salmerón, natural de Toledo y famoso predicador, començó a reprehenderlo en sus sermones, y por ser traje antiguo fuele dificultoso de quitar; mas llevólo tan de veras y favorecióle Nuestro Señor, por ser negocio de servicio suyo, de suerte que salió con su intento, y muchas señoras venecianas usaron de corpiños, cotas o jubones, con que se cubrían los pechos hasta el cuello, y llamávanlos salmerones. Desto tuve yo noticia por una carta que escrivió el mismo Salmerón a don Bernardino de Sandoval, maestrescuela de la Universidad de Toledo, grande amigo /(488r)/ suyo, muy docto y de vida muy santa, que assí le llamava el santo español entrando a visitar al Papa Pío V estando en Roma, donde murió, y como a tal le mandó sepultar el mismo Pío VI, cerca de donde se | dezía que estava el cuerpo de San Gerónimo, en Santa María ad Praesepe. Hago dél esta memoria porque le tuve particular amor, y me dio grados de Filosofía y de Teología. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Filopemenes, duque de los aqueos, y estimado entre los príncipes griegos, con ser señor poderoso y de grande hecho de armas, era muy humano y afable, y traíase con un vestido común y llano, sin diferenciarse de sus súbditos, siendo del parecer que tuvo después el rey don Alonso de Nápoles, que también andava vestido al talle de sus súbditos y vassallos, y a quien le dezía que devía diferenciarse dellos respondía que en virtudes y hechos valerosos quería hazerles ventaja, y no en el vestido. Combidó después a comer a Filopemenes un hombre particular, y acetado el combite, fue a su muger y díxole el combidado que tenía, que adereçasse la comida, y él salió de casa a proveer lo que de fuera se devía traer a ella. Entretanto vino Filopemenes al combite solo, y como su vestido era común y el rostro no le ayudava, porque era feo y tenía la boca disforme de grande, la muger del huésped creyó que era criado del Filopemenes, y díxole que si la quería ayudar a partir leña para el combite del duque. Él, que era bien acondicionado, tomó un destral y començó a hazer rajas algunos leños. Estando en esto vino el huésped, y viendo lo que hazía, muy confuso, díxole:

-¿Qué es esto, señor? ¿Qué hazéis?

Respondióle con mucha gracia:

-Pago la pena que merece la fealdad de mi boca, y desaliño del traje y vestido.

Refiérelo Pontano.
[2] Diógenes Laercio escrive de Diógenes Cínico que se vestía sólo un vestido, traía un báculo y unas alforjas, recogiéndose, cuando el tiempo le era contrario, a una cuba, y con este traje y vida filosofava. |
[3] Epaminundas Tebano tenía sólo un vestido, y cuando le dava a que se le lavassen, él se quedava en casa, con aver de governar la república. Embióle el rey de Persia una suma grande de oro, y no quiso recebirlo. Dízelo Eliano.
[4] Los lidos fueron los primeros que no se contentaron con el vestido hecho de lana de su propio color, sino que le tiñeron. Y los tirios adelantaron esta curiosidad añadiendo nuevos colores. Passó Asia adelante poniendo oro en el vestido. Babilonia hizo nuevos texidos de color con aguja. Y Etruria acabó de poner en su punto lo tocante al vestido usando en él de la púrpura. Dízelo Sabélico, libro octavo, capítulo séptimo.
[5] Acerca de los romanos teníase por gala y demasiada curiosidad el vestido de lino. Y huvo una familia en Roma que descendían de un serrano y en toda ella no se halló muger que usasse semejante vestido de lino, preciándose de honestas. Tenían muy en la memoria un dicho de Augusto César, el cual solía dezir que el vestido delicado y curioso era estandarte de sobervia y nido de luxuria. Deste famoso emperador se afirma que nunca se vistió de otro vestido sino hecho por manos de su muger, de una hermana y una sobrina suya. Catón Censorino usava de un vestido llamado toga, de precio de cien dracmas, que corresponde en nuestra moneda a cien reales. Y otro del mismo nombre y sobrino déste, que fue Catón Uticense, salía a passear a la plaça sin calçado, sin capa y con sola una ropilla ceñida con un orillo. Dízelo Sabélico, libro segundo. /(488v)/
[6] Julia, hija de Augusto César, entró un día a ver a su padre vestida muy curiosamente. Mostró el emperador pena de verla, por ser él en esto muy templado. Otro día vino con un adereço moderado | y honesto. El padre le dixo:

-¡Cuán digno es este vestido de la hija del emperador Augusto César!

Ella respondió:

-Ayer me adereçé para mi marido; oy, para mi padre.

Dízelo Macrobio, libro 2, Saturnalium, capítulo cinco. |

PERORACIÓN


Visto avemos por los exemplos que en este libro van especificados lo que devemos seguir, imitando a los santos, y lo que devemos huir, evitando lo malo en que gente viciosa y mala fue notada. Aprovechémonos dello aora que tenemos tiempo y nos es concedido lugar para que después estemos donde los santos están. No declinemos a la diestra ni a la siniestra. Con fee constante, con esperança firme, con ánimo fuerte y magnánimo entremos en el camino de la salud. Poco trabajaremos y mucho gozaremos. Recebiremos, como dize Isaías, capítulo sexto, reino de hermosura y diadema especial de mano del Señor Dios Nuestro. Él nos cubrirá con su diestra y nos defenderá con su braço. Él dará consuelo a los que lloran en Sión, dará corona por ceniza, óleo de regozijo por lloro, vestido de loa por espíritu de tristeza. Él nos levantará sobre la alteza de la tierra en la possessión de inestimables riquezas del Reino Celestial. Allí sucederá, como dize Isaías, capítulo sesenta y seis, un mes a otro y una fiesta a otra, sin jamás tener fin ni disminuirse la gloria de los bienaventurados. No se canse nuestra mano de obrar, la lengua de orar, los ojos de velar, la mente de contemplar y el cuerpo de guardar abstinencia. Menospreciemos las riquezas, renunciemos los deleites, tengamos en poco las honras del mundo. Ninguna cosa terrena apetezcamos, ninguna cosa que no sea necessaria a la naturaleza posseamos. No nos ensobervezcamos con la prosperidad, ni nos quebrante la adversidad, las cavilaciones de los mofadores, las persecuciones de los embidiosos, el odio de los malévolos, las afrentas de los sobervios, las amenazas de los resentidos, los açotes de los furiosos. Todo género de ofensas e injurias sufrámoslas con ánimo igual, amando a los que nos son molestos y rogando por los que nos persiguen, no dando mal por mal, sino, al contrario, por mal bien. Pequeño y breve es todo trabajo si contraponemos la inmensidad del bien prometido. Y assí, por aver llegado al fin desta obra, a Ti Criador del Cielo y de la tierra y moderador del universo, Dios mío, te doy gracias, ofreciendo manojos de las mejores y más granadas espigas del campo de los fieles. Los cuales, aviéndolos allegado con tu favor y gracia, a tu nombre sean consagrados y al de tu soberana Madre. Concede, Señor, que tu semilla sembrada en la tierra de nuestros coraçones y regada con la agua de tu gracia y favor haga fruto, para que sea recogido en tus troxes y alholis. Haznos, Señor, merced, que guardando las pisadas de tus santos que a cada passo aquí se refieren, después de la miseria desta vida seamos llevados a aquellas mansiones de la verdadera felicidad, en la cual los tienes ya aposentados y están juntos a los coros de los ángeles, donde siendo beatificados con tu vista, en Ti nos gloriemos, en Ti nos gozemos y a Ti, que eres un Dios en Trinidad de Personas y Trinidad en unidad de Essencia, te adoremos, gozando de los visibles e invisibles bienes y tiempo eterno. Amén. Laus Deo.

Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594), de Alonso de Villegas

Edición realizada por José Aragüés Aldaz
Edición electrónica por J. L. Canet
PORTADA Y PRELIMINARES

DE ABSTINENCIA. DISCURSO PRIMERO

DISCURSO SEGUNDO. DE AGRADECIMIENTO

DISCURSO TERCERO. DE AMISTAD

DISCURSO CUARTO. DEL AMOR DE DIOS

DISCURSO QUINTO. DEL AMOR DE HIJOS A PADRES Y DE PADRES A HIJOS

DISCURSO SEXTO. DE AVARICIA

DISCURSO SÉPTIMO. DE AVISO DE DICHOS Y HECHOS

DISCURSO OCTAVO. DEL AYUNO

DISCURSO NONO. DE BIENES TEMPORALES

DISCURSO DÉCIMO. DE CASTIDAD

DISCURSO UNDÉCIMO. DE CASTIGO

DISCURSO DUODÉCIMO. DE CARIDAD CON ENEMIGOS

DISCURSO DÉCIMO TERTIO. DE CARIDAD CON HERMANOS Y PROXIMOS

DISCURSO DÉCIMO CUARTO. DE CLEMENCIA

DISCURSO DÉCIMO QUINTO. DE COMPAÑIA PROVECHOSA DE BUENOS Y DAÑOSA DE MALOS

DISCURSO DÉCIMO SEXTO. DE CONFESSION

DISCURSO DÉCIMO SÉPTIMO. DE CONSEJOS

DISCURSO DÉCIMO OCTAVO. DE CONSTANCIA

DISCURSO DÉCIMO NONO. DE CONTEMPLACIÓN

DISCURSO VIGÉSIMO. DE CONTINENCIA

DISCURSO VIGÉSIMO PRIMO. DE CRUELDAD

DISCURSO VIGÉSIMO SECUNDO. DE DIGNIDADES

DISCURSO VIGÉSIMO TERCIO. DE DIGNIDAD SACERDOTAL

DISCURSO VIGÉSIMO CUARTO. DE DISCORDIA

DISCURSO VIGÉSIMO QUINTO. DE ENFERMEDAD

DISCURSO VIGÉSIMO SEXTO. DE ESPERANÇA

DISCURSO VIGÉSIMO SÉPTIMO. DE EUCARISTÍA

DISCURSO VIGÉSIMO OCTAVO. DE FE

DISCURSO VIGÉSIMO NONO. DE FELICIDAD

DISCURSO TREINTA. DE FIDELIDAD DE CASADOS

DISCURSO TREINTA Y UNO. DE FORTALEZA

DISCURSO TREINTA Y DOS. DE LA GLORIA DE LOS BIENAVENTURADOS

DISCURSO TREINTA Y TRES. DE HOSPITALIDAD

DISCURSO TREINTA Y CUATRO. DE HUMILDAD

DISCURSO TREINTA Y CINCO. DE INFANCIA

DISCURSO TREINTA Y SEIS. DEL INFIERNO

DISCURSO TREINTA Y SIETE. DE INGRATITUD

DISCURSO TREINTA Y OCHO. DE IRA

DISCURSO TREINTA Y NUEVE. DEL JUEGO

DISCURSO CUARENTA. DEL JUIZIO TEMERARIO

DISCURSO CUARENTA Y UNO. DE JUSTICIA E INJUSTICIA

DISCURSO CUARENTA Y DOS. DE LECCIÓN

DISCURSO CUARENTA Y TRES. DE LEY Y COSTUMBRE

DISCURSO CUARENTA Y CUATRO. DE LIBERALIDAD

DISCURSO CUARENTA Y CINCO. DE LIMOSNA

DISCURSO CUARENTA Y SEIS. DE LUXURIA

DISCURSO CUARENTA Y SIETE. DE MAGESTAD Y GRAVEDAD

DISCURSO CUARENTA Y OCHO. DE SANTA MARIA, MADRE DE DIOS

DISCURSO CUARENTA Y NUEVE. DE MARTIRIO

DISCURSO CINCUENTA. DEL MENTIR

DISCURSO CINCUENTA Y UNO. DE MILAGROS

DISCURSO CINCUENTA Y DOS. DE MODESTIA

DISCURSO CINCUENTA Y TRES. DE MUDANÇA DE VIDA

DISCURSO CINCUENTA Y CUATRO. DE MUERTE

DISCURSO CINCUENTA Y CINCO.DE MUGERES

DISCURSO CINCUENTA Y SEIS. DE NOBLEZA

DISCURSO CINCUENTA Y SIETE. DE OBEDIENCIA

DISCURSO CINCUENTA Y OCHO. DE OBRAS DE MANOS

DISCURSO CINCUENTA Y NUEVE. DE LA ORACION

DISCURSO SESENTA. DE PACIENCIA

DISCURSO SESENTA Y UNO. DE LA PAZ

DISCURSO SESENTA Y DOS. DE PENITENCIA

DISCURSO SESENTA Y TRES. DE PERSEVERANCIA

DISCURSO SESENTA Y CUATRO. DE POBREZA

DISCURSO SESENTA Y CINCO. DE PREDICACION

DISCURSO SESENTA Y SEIS. DE PRODIGIOS

DISCURSO SESENTA Y SIETE. DEL PURGATORIO

DISCURSO SESENTA Y OCHO. DE RELIGION Y CULTO DIVINO

DISCURSO SESENTA Y NUEVE. DE RESISTIR AL DEMONIO

DISCURSO SETENTA. DE RIQUEZAS

DISCURSO SETENTA Y UNO. DEL SILENCIO

DISCURSO SETENTA Y DOS. DE SOLEDAD

DISCURSO SETENTA Y TRES. DE SUEÑOS Y VIGILIAS

DISCURSO SETENTA Y CUATRO. DE TEMOR

DISCURSO SETENTA Y CINCO. DE VANAGLORIA

DISCURSO SETENTA Y SEIS. DE VERDAD

DISCURSO SETENTA Y SIETE. DE VERGüENZA



DISCURSO SETENTA Y OCHO, Y ULTIMO. DEL VESTIDO

PERORACIÓN
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