De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[23] Eufrasia, monja en la Tebaida, todos los días ayunava, sin comer carne, no huevos o leche, ni óleo; no bevía vino, ni gustava cosa alguna que fuesse dulce y sabrosa al gusto. Passávanse dos y tres días, y a las vezes toda la semana sin acordarse de comida. Traía vazío el estómago por henchir la alma de virtudes. Es del De Vitis Patrum.
[24] María Egipciaca, cuyas ganancias deshonestas trocó en otras celestiales, yendo al desierto llevó consigo tres panes, y residiendo allí por cuarenta años, sin ver en este tiempo hombre, sino a Zomías, el año último en que murió, lo más del tiempo passó sin comer pan, sino hierbas silvestres, y todo lo que pecó por comer purgólo con semejante ayuno, y la que estuvo en lugar deshonesto, después de los trabajos del desierto vino a ser ciudadana del Cielo. Es del De Vitis Patrum.
[25] Santa Felícula, virgen y mártir, estuvo encerrada en una escura y penosa cárcel siete días, sin comer cosa alguna. Después fue llevada al templo de Vesta, y detenida en él con guardas otros siete días, también ayunando. Y fortificada con esta abstinencia tuvo ánimo constante y valeroso para padecer martirio. No la espantó la crueldad del tirano, sino que desseó morir y verse con Cristo. Es de Surio en la Vida de San Marcelino Papa, tomo tercero.
[26] María de Decegnies, cuyo nacimiento honró la ciudad de Nibela, en la Provincia Leodiense, desde la fiesta de la Exaltación de la Cruz hasta la Pascua passó con sólo pan y agua, por tres años. Della se afirma que algunas vezes perseverava treinta días y /46v/ más sin comer cosa alguna, teniendo divinos coloquios con Dios. Y por cincuenta y tres días antes de su muerte no gustó cosa alguna, si no fue el Santíssimo Sacramento. Murió y fue vista su alma ser llevada de ángeles al Cielo. Y la que algún tiempo en la tierra se afligió con abstinencia y ayuno, fue en el Cielo recreada con la beatífica visión, la cual gozará para siempre. Es de Jacobo Vitríaco, y refiérelo Surio, tomo tercio.
[27] Cecilia, virgen y mártir, ayunando dos y tres días sin comer cosa alguna, mereció tener un ángel por guarda de su honestidad y alcançar palma de mártir. Es de Adón en el Martirologio.
[28] No amava tanto el ayuno como las referidas aquí una muger que la hambre truxo a poner en peligro su honestidad. Y fue el caso que Sisinio, abad anacoreta, estava en una cueva junto al Jordán, y un día, al tiempo que cantava tercia, entró en su presencia una muger mundana, la cual hizo allí algunos movimientos libidinosos por provocarle a que pecasse con ella. El santo ermitaño, sin turbarse ni mostrar indignación, acabó la hora que dezía y, acabada, con rostro sereno díxole en lenguaje de Siria:

-Oyeme, muger, lo que quiero dezirte, ¿eres cristiana o gentil?

-Cristiana soy -dixo ella.

-¿Sabes -replicó el monge- que los fornicarios son atormentados en el Infierno eternalmente?

-Bien lo sé -respondió la muger.

-Pues, ¿por qué -añadió el monge- quieres fornicar?

Respondió:

-Por que padezco hambre y me des algo que coma.

-Pues no ofendas a Dios -dixo el santo varón- y ven aquí cada día, que su Magestad proveerá de manjar con que satisfagas tu hambre.

La mujer lo hizo assí, que aquella vez y muchas otras el siervo de Dios de lo que tenía para comer partía con ella, hasta que se fue de aquel desierto a vivir a otro. Es del Prado Espiritual, capítulo ciento y treinta y seis.


[29] Acerca de lo que se ha dicho de ayunos rigurosos de algunos santos se advierte que no a todos les es concedido y líci- to | guardar la abstinencia que ellos guardaron. Uno puede estar sin comer muchos días, otro, ni uno solo; a uno le basta para su sustento medio pan, a otro, uno es poco. Tanto deve y es bien que ayune cada uno cuanto sus fuerças pueden llevar, y tanto deve comer cuanto le bastare para regir y mandar sus miembros y sentidos. Deve mirar el que ayuna que ha de ayunar adelante, no que ayune dos o tres días con grande abstinencia y luego lo dexe y tenga necessidad de comer carne cuando devía ayunar, y se le pueda dar por baldón: «este hombre començó a edificar torre y no pudo acabar con la obra». El que ha de levantar la torre del ayuno mire sus possibilidades, modérese al principio para que lleve el negocio a próspero fin. También deve advertirse que si huimos la demasía de abstinencia no demos en algún despeñadero y vicio de gula, como Adam y Eva, que menospreciaron el mandato de Dios y fueron echados del Paraíso; Noé, por desreglado en el bever, descubrió su cuerpo y causó mofa en su mal hijo Cam; Lot, por lo mismo de que bevió mucho, se juntó con sus dos hijas; Esaú, una escudilla de lantejas le hizo vender su mayorazgo, como ya se ha tocado. Y en el Evangelio dize Jesucristo: «Mirad no se carguen vuestros coraçones con demasiada comida y bevida, y venga la calamidad de repente». Y en otra parte: «Ay de vosotros, que estáis muy hartos, que algún día estaréis hambrientos». Necessidad ay de una medianía, que ni el manjar sea mucho ni poco. Lo uno es perder la vida y lo otro es contentar, no a Dios, sino al vientre. Ni tampoco, como advierte San Isidoro, se ha de ayunar y pecar, abstinencia ha de aver en los vicios como en la comida. Quien ayuna y peca haze lo que el demonio, que siempre ayuna y siempre peca. Dado caso que ni por esto queremos que quien cae en culpas dexe el ayuno, pues si es de precepto y obligación ahorrará nuevo pecado, y, cuando no lo sea, es de suyo buena obra, que aprovechará para más presto sa- lir /47r/ de pecado y para otros bienes temporales. Mas lo que se dize es que lo más acertado | y que agrada a Dios es ayunar de manjar y de vicios. Dízelo Marulo, libro cuarto.

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Llevando un exército grande de gente Cambises contra los etíopes, en el camino se padeció tanta hambre que echavan suertes entre cada diez soldados, y al que le cabía se le comían los otros. Refiérelo Brusón. El mismo dize que, teniendo cercada a Roma Otón Emperador, hijo | de Enrique, se padeció dentro tanta hambre que se vendía un celemín de sal por treinta reales.
[2] En el Discurso primero, que es de Abstinencia, se verán diversos exemplos de gentiles que fueron abstinentes, que pueden acomodarse en algo con este de Ayuno.
Fin del Discurso octavo, De ayuno.

DISCURSO NONO. DE BIENES TEMPORALES

En el Primero Libro de los Reyes, en el capítulo veinte y seis, se dize que, persiguiendo Saúl a David, llegó a hazer noche al pie de una montaña y, armando su tienda, echóse a dormir bien descuidado en su cama, dexando a la cabeçera una lança y un frasco de agua. Dormido Saúl, también se durmieron los que estavan con él en la tienda y en todo el real. De modo que, visto por David -el cual se hallava a la sazón en lo alto de la sierra- el silencio del exército y gente de Saúl, baxó de su estancia y llegó a la tienda del rey; entró dentro, y aunque un capitán que venía con él quisiera matarle y le fuera fácil hazerlo por estar sepultado en sueño, no lo consintió David, sino que le quitó la lança y el vaso de agua y, subido en lo alto, dio vozes. Despertó Saúl, conoció a David y por las señas que dava del vaso y la lança entendió el peligro en que avía estado. Pesóle de lo que hazía contra él y, pidiéndole perdón, quedaron en buena paz y amistad. Denota Saúl al pecador, que persigue con sus obras malas y inicuas a Dios Nuestro Señor, figurado en David; el cual, estando en la cama de sus vicios adormidos, baxa Dios a él, visitándole con una enfermedad aguda y poniéndole en peligro de muerte, donde el capitán que | viene con David, que representa la Divina Justicia, quiere acabar con él. Mas su misericordia le va a la mano para que se apiade dél, y assí, conténtase con la lança y vaso de agua. El vaso de agua figura los bienes temporales, éstos le quita Dios, y la lança las fuerças, que también le dexa sin ellas, para que se humille. Como sucede diversas vezes, y el que antes, rico y poderoso, era sobervio y ofendía a la Magestad Divina con grandes pecados, después, pobre y miserable, reconoce sus culpas y se convierte a Dios y le sirve. De los Bienes Temporales trata el presente Discurso . Veráse por exemplos el bien y el mal que hazen, advirtiendo primero con Marco Marulo en el libro quinto que el no tener bienes temporales o el perderlos, aviéndoles tenido, llevarse ha pacientemente, si consideraremos que ninguna cosa sucede sino ordenada por la Divina Voluntad y, siendo ésta de que nos falten, ¿quién avrá que pueda resistirle? Si pecamos, quiere que castigados nos convirtamos a penitencia, si no pecamos, quiere también que, sufriendo semejante falta o pérdida, siendo humildes merezcamos. No ay lugar de quexa donde se da ocasión de exercitarse en virtud.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Job era nombrado entre los orientales. Tenía grande casa y familia, grande copia /47v/ de ganados de todas suertes. Perdiólo todo, y por el buen modo como llevó semejante pérdida vino a ser conocido en todo el mundo, y quedará en pie su fama en tanto que el mundo durare. Perdió en un día hazienda, siervos, hijos y salud. Derribóse en tierra, adoró a Dios y dixo:

-Desnudo nascí de las entrañas de mi madre, desnudo bolveré a la tierra. Diolo el Señor y quitólo como fue su voluntad, sea su nombre bendito.

Y señala la Escritura que no pecó Job ni en una palabra dicha impacientemente de sus labios, porque tenía por mayor mal el pecar, aun con una palabra, que perder cuantos bienes tenía. Es de su Libro, capítulo primero.
[2] El rey Ezequías mostró a los embaxadores del rey de Babilonia todas sus riquezas, y por la vanagloria que recibió desta bravura y arrogancia oyó amenaza de parte de Dios que todo lo perdería. Y, con oír semejante pérdida, no se turbó, sino, visto que pecó, admitió la pena del pecado. Y assí dixo:

-Buena es la sentencia a que Dios me condena, merézcola. Sólo pido paz por el tiempo que yo viviere.

Y por esta humildad que mostró se le concedió que la pérdida de aquel grande tesoro fuesse después de sus días, en tiempo de Joaquim y Sedequías, reyes de Judá, cuando el pueblo por sus pecados fue llevado captivo a Babilonia. No padeció el daño, con- fessándose | digno dél y preparando el ánimo a padecerle. Y los que llevan mal las penas pequeñas son forçados a sufrirlas mayores. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo veinte.
[3] San Mateo, en el capítulo otavo, escrive que sanó Jesucristo un endemoniado, echando dél una legión de demonios y, alcançando licencia de su Magestad, entraron en una manada de puercos, a los cuales todos precipitaron en el mar, y se ahogaron. Tan enemigo es el demonio del hombre que, si en la persona o, si no, en la hazienda, le haze todo el daño que puede. Vista la pérdida de aquella gente, aunque serían gentiles idólatras los dueños de los lechones, que estavan mezclados entre los hebreos, los cuales no se servían de semejantes animales, siéndoles vedado por su ley el comer dellos, pidieron a Jesucristo que se fuesse de aquella tierra; y su Magestad lo hizo, porque eran indignos de la presencia del Salvador los que estimavan en más la hazienda que el salvarse. Al contrario hizieron los Apóstoles: todo lo que posseían con ánimo liberal y constante dexaron por seguirle. Mayor ganancia les era Jesucristo solo que cuanto les podía dar el mundo. Refiérelo Marulo, libro quinto.
Lo dicho es de las Divinas Letras. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Cuán peligrosos sean los bienes temporales, cuando son en demasía, parece por lo que el mismo Marco Marulo escrive de San Ambrosio, que, aposentándose, yendo de Milán a Roma, en casa de un hombre rico, que vivía en el campo en una alquería y se alabava que en su vida le avía sucedido cosa que le diesse pena, sino todo le era gustoso y de contento (su hazienda era grande y cada año crecía y se aumentava, su muger, hermosa y le tenía grande amor, sus hijos, obedientes, los criados le amavan y respetavan, enfermedad en su casa nunca se veía, pleitos y diferencias menos sabía que eran); oído todo esto por | San Ambrosio, dixo a los clérigos que le acompañavan:

-Vámonos luego de aquí, no nos suceda algún mal grande con hombre tan dichoso.

En saliendo de la casa vieron que la tierra se abrió y se la tragó con todos los que estavan dentro.
[2] Elduco, abad en Bretaña, mandó a Paulo, discípulo suyo, que guardasse una haza de trigo que estava ya para segar y, como a la siesta cargasse grande calor, durmióse. Vino una manada de grajos, que a más y mejor se comían las espigas. Al ruido que hazían despertó, y mandóles en nombre de Jesucristo que no volassen, sino que se fuessen con él al monasterio delante de /48r/ su abad. Ellos obedecieron y, llevándolos delante como si fueran ovejas, llegó hasta la puerta. Vídole venir el abad con todo aquel escuadrón; admiróse y preguntóle qué significava. Paulo respondió:

-Han hecho daño en el trigo y tráigolos a que los castigues como merecen.

Elduco, no haziendo caso del daño, los mandó dexar ya libres. El discípulo hizo lo que devía a su oficio, y el abad dio exemplo de paciencia en la pérdida de los bienes temporales, aun perdonando a las aves que le avían ofendido. Dízelo Marulo, libro quinto.

[3] El Arcediano Medina, canónigo de Toledo, grande limosnero, en tiempo de hambre entrava un día en su casa, y vido salir della un ladrón con un costal de trigo hurtado. Detuviéronle los criados con | algún alboroto y vozes. Él los assossegó y, visto que quien hazía el hurto era hombre que la necessidad le ponía en semejante trato, díxole:

-Andad, llevaos el trigo, mas bolvednos el costal, que nuestra hermana le echará de menos y le pesará que falte de casa.

Sélo por relación cierta de criados suyos.


[4] En un libro llamado Espejo de exemplos se dize de dos ermitaños: el uno pedía a Dios agua para su huerto cuando a él le parecía que convenía; el otro rogava a Dios que se le sustentasse, sin señalar tiempo para que le embiasse agua. Y éste le tenía siempre fresco y hermoso, el otro, marchito y sin provecho.

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Escribe Onufrio de Emilio, secretario de Nerón Emperador, que aviendo edificado un sobervio palacio y casa, queriendo hazer una ostentación, combidó a comer a Séneca y, en tanto que era hora, llevóle por todos los cuartos y aposentos, mostrándole la casa, y dezíale: «Esta sala es para recibimiento, este cuarto es para los huéspedes, este otro para los criados, este apartado es de las mugeres, este jardín servirá para entretener a los amigos, éstos son troges y graneros, ésta es bodega de vino, aquélla de óleo, aquí están cavallerizas». Desta manera le mostró toda aquella grande casa. Aviéndole visto Séneca, loó mucho la traça, arquitetura y fábrica. Comieron y trataron diversas cosas y, queriendo Séneca despedirse, tornó a mirar la fábrica y edificio por menudo, y preguntó a Emilio, su huésped:

-¿Cúya es esta casa?

como si nunca la oviera visto.

Él, maravillándose desto, le dixo sonriéndose:

-¿Yo no te la he mostrado? ¿No vees que es mía? ¿No as comido en ella y pas- seádola | toda?

Séneca le dixo:

-No te maravilles, porque tú me dixiste que me querías mostrar una cosa tuya y he visto aposentos para huéspedes, para criados, para mugeres y para toda la familia, y no me as mostrado una pieça para ti. Y assí no entiendo que sea tuya, pues la edificaste para otros. Yo te tengo, Emilio, por sabio y prudente, y pues he sido oy tu huésped, quiero te dar un consejo provechoso y de amigo. Esta casa te ha costado mucho trabajo y mucho dinero, y assí es justo que la gozes. También deves conservar tu fama en vida y después de muerto, con obras virtuosas más que con edificios, porque el tiempo los acaba y a ti consume la vida, y lo que resulta de obras semejantes es gloria vana del mundo, mas de el aver vivido virtuosamente queda fama eterna y gloria que permanece.
Este Discurso de bienes temporales simboliza y dize con algunos otros, particularmente con el de Riquezas. Lo que aquí falta, en él y en otros se puede ver.
Fin del Discurso nueve, de bienes temporales.

DISCURSO DÉCIMO. DE CASTIDAD


El sereníssimo rey David dize en el Salmo noventa y siete que se ha de alabar Dios con trompeta de metal y con trompeta de cuerno, que es la corneta. El metal lábrase a grandes golpes, y assí, por la trompeta de metal se denota nuestra carne, que se ha de mortificar, por donde se entiende que puede dezirse que alaba a Dios con trompeta de metal el que castiga su cuerpo con ayunos y disciplinas, y le sujeta al espíritu. También el cuerno nace de carne y muda la blandura de carne en dureza de huesso, y assí, aquél alaba a Dios con corneta que tiene su conversación en los Cielos, porque, siendo de carne, no tiene resabios de carne, sino que es muy espiritual, no pretendiendo las cosas del suelo, sino del Cielo. Y esto todo hazen los castos, y de la Castidad trata el presente Discurso. Aunque antes de entrar en él se advierta que dize el Apóstol San Pablo en la Primera Carta que escrivió a los de Corinto, en el capítulo siete, que no pone precepto a las vírgines, porque es una virtud más angélica que humana, sólo les aconseja que, no obstante que puede la donzella casarse, porque el casamiento es bueno, mas que es mejor el no casarse y permanecer donzella. Y deste testimonio se infiere que es mejor y más alto estado el de las vírgines que el de las viudas continentes, y éste que el de las casadas; aunque casadas, viudas y donzellas pueden salvarse. Refiérese en el capítulo diez y nueve del Éxodo que para aver de hablar Dios a Moisés en el monte Sinaí, oyéndolo el pueblo, le dixo que les avisasse para tercero día, y que en este tiempo viviessen castos, y que ni los casados llegassen a sus mugeres. Y de aquí también se infiere que la castidad es de más alto grado que el de los casados, pues para aver éstos de oír a Dios quiere que por tres días sean castos. Y en el Levítico, capítulo veinte y uno, | se mandava a los sacerdotes que si se casassen, como les era lícito en aquella Vieja Ley, que no fuesse con viuda ni con muger que otro oviesse repudiado y dexado, sino con donzella. Y también se colige de aquí que la virginidad excede en grado al estado de viudas castas. Lo dicho es de Marulo, libro cuarto.
[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]
[1] Josef, moço de lindo parecer y particular hermosura, siendo amado de la egipcia ama suya, no consintiendo a sus importunos ruegos, quiso hazerle fuerça; assióle de la capa, la cual dexó en sus manos, y huyó de su presencia. ¡Oh fuerte mancebo y de invito ánimo, que siendo de edad inclinada al deleite menospreció los ruegos, tuvo en poco las amenazas, todos los designos y artificios del pecho encendido de aquella muger estimó en nada y, como repentino fuego, casi desnudo saltó de casa por guardar ilesa y sin daño su castidad! Es del Génesis, capítulo treinta y nueve.
[2] Moisés Profeta, aunque fue casado y tuvo hijos, como los más de la Ley Vieja, mas Josué, que figuró la Ley Evangélica, ni tuvo hijos ni muger, y éste, virgen, entró en la Tierra de Promissión, y el otro, casado, solamente la vido, sin entrar en ella. También se dize que Elías y Eliseo, santos profetas, ni tuvieron hijos ni mugeres, y de ninguno sino déstos se sabe que antes del Evangelio resuscitasse muertos, porque la particularidad del milagro declare algo del mérito de la castidad. A Jeremías assí mismo le fue mandado que no se casasse, y el permanecer virgen vino bien con el ser santificado en las entrañas de su madre. Refiérelo Marulo, libro cuarto.
[3] Exemplo notable de castidad fue Susana, que quiso más ponerse en peligro de muerte que consentir en torpeza. Y assí dixo, como se refiere en el capítulo treze de Daniel: «Mejor me está sin consentir /49r/ en pecado caer en las manos de los hombres, que, cometiéndole, caer en la indignación de Dios».

Favoreció el Señor tan ilustre intento, no permitiendo que muriesse, ni dando lugar a que quedasse infamada. Quedó con fama y con vida, y sus acusadores, sin vida y sin fama, cubiertos de piedras y declarados por falsarios, a lo cual los truxo su desenfrenada luxuria. Refiérelo Marulo, libro cuarto.


[4] Las riquezas y juvenil edad con grande hermosura pedían a Judit, muerto su primer marido, que repitiesse las bodas y segunda vez se casasse. Mas ella estuvo firme en permanecer en estado de viuda continente, trocando el vestido blando y delicado en un áspero cilicio, el deleite en ayuno, el sueño y la ociosidad en vigilias y oración y, con estas armas armada, cortó la cabeça, no sólo a Holofernes, sino también al demonio, no dándole lugar para que le pudiesse hazer daño. Y assí le dixeron cuando bolvió con la cabeça de Holofernes:

-Tu coraçón se ha fortificado, porque amaste la castidad y muerto tu marido, no admitiste otro. Por esto la mano del Señor te ha confortado, y serás bendita para siempre.

Refiérese en su Libro, capítulo catorze.
[5] Ana Profetisa, hija de Fanuel, vivió siete años casada, y llegó a edad de ochenta y cuatro, en que vido a Jesucristo cuando le presentó en el templo su Sagrada Madre. Y dél profetizó grandes cosas. Y si se ha oído el premio de la castidad vidual, óigase con qué sal se sazonó para que no se dañasse: dize della San Lucas, en el capítulo segundo, que no se apartava del templo, ayunando y rezando, sirviendo a Dios de día y de noche.
[6] Avemos llegado con las viudas al templo, y podemos ya con las vírgines entrar en el Sancta Sanctorum, siendo assí que el que no cabe en los Cielos, el vientre de su Sacratíssima Madre le tuvo en sí recogido. Y fue esta Señora escogida para que pariesse a Dios Hombre, Jesucristo, Hijo de Dios, siendo su verdadera Madre, y, junto con serlo, | fuesse Madre y Virgen, Virgen y Madre de Dios. Y las que siguieron a esta Señora, no de hombre mortal, sino de Cristo, Hombre y Dios verdadero, son y deven llamarse esposas, pues por Él menospreciaron serlo de los hombres en la tierra. Marulo, libro cuarto.
[7] Nuestro Redemptor y Señor Jesucristo, para mostrar lo mucho que ama toda limpieza y castidad no sólo quiso ser virgen, sino nacer de Madre Virgen, y virgen que lo fue antes y después que le parió. Quiso también que su precursor San Juan Baptista, que avía de anunciar su venida al mundo y que le avía de baptizar estando en el mundo, que fuesse virgen. Y hablando dél el Hijo de Dios, dixo que era más que profeta, porque era profeta y virgen. Dixo también dél que entre los nacidos de mugeres ninguno era mayor que él, y esto, entre otras razones, porque con el mérito de la perfeta castidad ya estava contado entre los ángeles. Dixo assí mismo por el Baptista, refiriéndolo en su nombre el profeta Malaquías: «Embiaré un ángel que aparejará el camino delante de mí»; donde se llama ángel el Baptista, porque pueden llamarse ángeles en la tierra los que guardan perfeta virginidad. Del Evangelista San Juan, que era el amado y regalado de Cristo, podemos dezir que ayudó mucho a este regalo y amor el ser virgen. Y lo mismo para que le encomendasse su Sagrada Madre estando en la Cruz. Lo dicho es de Marulo, libro cuarto.
[8] Jacobo el Menor, llamado el Justo y hermano de Cristo, en tanto se preció de castidad y santidad que a los incrédulos judíos era admiración. A él sólo era permitido entrar en el Sancta Sanctorum. Y porque le mataron sin culpa, era opinión de muchos dellos que sucedió la des truición de Jerusalem. Es de Eusebio, en la Historia Eclesiástica , libro segundo, capítulo 23.
[9] Y aunque se halla en el Evangelio que San Pedro tenía suegra y hijo, y por lo mismo tendría muger, es cierto que assí él como los demás Apóstoles que antes eran casados las dexaron por seguir a Cristo, y assí /49v/ lo dixo en nombre de todos el Apóstol San Pedro, y lo refiere San Lucas en el capítulo diez y ocho por estas palabras:

-Señor, advertid que avemos dexado todas las cosas por seguiros.

Y que dexassen las mugeres infiérese de la respuesta que dio Cristo:

-En verdad os digo que no abrá alguno que dexe casa, padres, hermanos, muger o hijos por el Reino de Dios, que no lo reciba mejorado en esta vida, y después en el Cielo.

Refiérelo Marulo, libro cuarto.
[10] San Pablo Apóstol exorta a las viudas y vírgines que guarden castidad con su exemplo. Y assí dize en la Primera a los de Corinto, capítulo siete: «Bueno les será que | permanezcan en lo que yo permanezco»; que fue dezir: «Que sean castas como yo lo soy». Y no lo dixera si no se viera casto en la obra y en el desseo. Y es el que dize de sí que fue arrebatado hasta el tercero Cielo, y que vido cosas tan grandes que no es lícito al hombre dezirlas. Y añade que el ser levantado hasta el tercero Cielo ignora si fue en cuerpo o fuera de su cuerpo. Assí los que guardan castidad no saben que estén en su cuerpo, porque las afecciones y siniestros malos no los siguen, sino que levantan su ánimo sobre el Cielo, considerando divinos misterios, los cuales ignoran los dados a deleites carnales.

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