De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[40] Hizo voto de castidad una santa donzella llamada Eufemia, y guardávale en despecho del demonio, enemigo de todo lo que es virtud y santidad. El cual solicitó a su padre que la casasse y él lo hizo dándosela por esposa a un conde, señor de mucha renta. No fue parte para que el desposorio se evitasse el contradezirlo cuanto le fue possible la santa donzella, y visto que no tenía remedio, sino que su castidad y voto corría peligro, encerróse en un oratorio, y derribada de rodillas delante una imagen de la Madre de Dios, pedíale afetuosamente que le diesse favor cómo conservar su limpieza. Y considerando que su rara hermosura y particular belleza le hazía guerra en aquel particular, teniendo inspiración divina para que assí lo hiziesse (porque sin ella y guiándose sólo por su parecer fuera culpa) con un pequeño y agudo cuchillo se cortó parte de las narizes y labios. Visto esto por su padre, tornándosele tirano cruel, entrególa a un villano, tanto y más en la condición como en la sangre, el cual tenía a cargo una casa suya en el campo. Éste le hazía muy malos tratamientos, forçándola a que trabajasse /56r/ más de lo que buenamente podían sus fuerças y poniendo en ella las manos. La honestíssima donzella lo sufría todo con grande paciencia, dando gracias a Dios, que la avía puesto en estado en que padeciesse algo por su amor. Esta vida tuvo siete años. Llegó la víspera del Nacimiento del Hijo de Dios, y hallándose en casa de su padre, la familia toda se llegó en una sala y mesa a hazer las sumptuosas colaciones que se acostumbravan en algunas casas de grandes señores aquella Santa Noche. A este tiempo, acordándose Eufemia que el Hijo de Dios avía tenido por aposento un establo, fuese a tener en él su fiesta y a alabar al Señor. El rústico, su amo, echándola menos, tomó un bastón ñudoso y fue al establo, entendiendo que allí la hallaría, porque otras vezes lo avía hecho como lugar más solo para a solas meditar en su esposo amado, Cristo. Cuando el villano llegó al establo, vido en él grande claridad. Parecióle que era fuego y llegando más cerca vido a la Sacratíssima Virgen María acompañada de vírgines y de ángeles, que le hablava y dezía:

-Muéstrate, hija, firme y constante, que por este servicio se te dará corona en el Reino de los Cielos.



Visto por el rústico, convocó toda la familia, y llegando allí vieron a Eufemia con labios y nariz, y que su rostro resplandecía como el sol, y a todos tenía suspensos su hermosura. Oyó esto el padre, vino a verla, pidióle perdón de lo hecho y en el establo donde se vido esta maravilla fundó un monasterio de vírgines, y en él se encerró Eufemia y vivió pocos años, por llevarla presto su esposo Cristo a gozar el premio de sus trabajos en la bienaventurança. Lo dicho es del Promptuario de exemplos.
[41] Siendo saqueada la ciudad de Leodio por los de Brabancia, algunas honestas donzellas, con zelo de guardar su honestidad viéndose en peligro de perderla, se echaron en un río. De las cuales una, estando agonizando en las ondas, fueron de los contrarios en una barca con intento de aprovecharse della. Sacáronla del río, y teniéndola en la barca, como la donzella enten- diesse | su mal propósito, porque luego se le declararon, con mayor gana que primero de morir antes que verse afrentada, de nuevo se arrojó en el río. Quisieron detenerla los soldados, y cargando al un lado de la barca, tratornóse en el río, quedando todos en la agua. Favoreció Dios al buen intento de la donzella, que llevada de la corriente abaxo salió libre assí de la muerte corporal como de la fuerça que en su honra esperava, y los soldados ambos quedaron ahogados. Alábase aquí el intento honesto desta donzella, que por guardarse casta no temía perder la vida. Es del Promptuario de exemplos.
[42] Una donzella de linaje, rica y hermosa, ofreció a Jesucristo y a su Sagrada Madre su castidad con voto hasta la muerte. De lo cual indignado el enemigo de todo lo bueno, Lucifer, dio traça como un hombre principal se enamorasse della y la procurasse por muger. Era esto con tantas veras que no dava hora de reposo a la donzella ni a sus padres, a ellos con ruegos, a ella con dádivas y presentes ricos y de precio. Ofrecíale su estado y persona, digno todo de estima. Ni dexava el demonio de atizar por otra parte el casto pecho de la sierva de Cristo, la cual, puesta entre tantos contrarios, vino a blandear, y al cabo, olvidada del voto y del Cielo, dio el consentimiento de casarse. Fue nueva de grande contento para sus padres y más para el que la desseava por esposa. Señalóse día, y la noche antes, estando en casa de sus padres tuvo un sueño y visión en esta manera: Parecíale que estava junto a la boca de un poço de estraña grandeza. Salía dél una exalación y vapor tan hedionda que amenazava pestilencia en toda la tierra. A bueltas parecía un humo tan espesso que escurecía la claridad del sol y convirtía en tiniebla el mundo. Dentro del poço se mostravan serpientes espantosas de diversas formas, que se rebolvían entre las llamas y fuego. Oíanse clamores terribles de gente que era allí atormentada. Vido salir con furia grande unos etíopes hechos fuego y con alas, los cuales eran ministros para atormentar /56v/ las miserables almas que allí estavan. Llegaron de improviso a la donzella, y echáronle sus pesadas manos procurando lançarla en el poço. Vídose afligidíssima y sin remedio. Levantó el rostro y pudo ver bien lexos a la Madre de Dios, su antigua Señora. Y aunque le pareció que la tenía enojada por mostrar el rostro buelto a la otra parte, tomó alguna esperança, y en voz alta le dixo:

-¡Oh Virgen Sacratíssima y Señora de la Vida, socorred a vuestra esclava en esta grande necessidad!

La Reina de los Cielos se llegó más cerca y díxole:

-Y tú, ¿quién eres?

-Soy -respondió- una esclava vuestra, dedicada a vuestro servicio y que siempre tuve en Vos mi confiança.

La Virgen dixo:

-No es assí. No eres mía, sino de aquel por quien me as menospreciado y le estimás en más que a mi Soberano Hijo. A él pide remedio. Él te libre del peligro en que estás.

La afligida donzella, no sufriendo palabras de tanto desvío, dixo:

-¡Oh mi Señora, que ya no quiero dél acordarme, ya no tendré dél memoria! Vós, Señora, me librad, que no me trague el profundo, ni cierre sobre mí su boca.

Diziendo estas razones, los demonios mostravan más gana de echarla en aquel baratro y profundidad, mas la Virgen la assió con su mano y sacó de su poder, quedando ellos muy confusos y atemorizados, vista que esta Señora la tomava en su protección y amparo. Hablóle blandamente la Virgen, consolóla y díxole:

-Éste es el premio del deleite sensual. Si tu intento fuere adelante de casarte aviendo hecho voto, en esta profundidad y Infierno cairás. Y pues te han avisado mira por ti, procura con todas tus fuerças de conservarte casta, y con oraciones y ruegos piadosos aplacar a mi Soberano Hijo, que le tienes indignado, y yo te favoreceré con El.

Esto le dixo y desapareció. Bolvió en su sentido, y venida la mañana, llegando de parte de aquel hombre poderoso para que el desposorio y bodas se concluyessen, ella, más brava que una onça, los despidió con mal, llamándolos ministros de muerte y del eterno fuego. | Habló a sus padres y a otra gente de sus deudos y dioles cuenta de aquel negocio. Las palabras y modo con que lo dezía eran infalibles testigos de la verdad, y assí, dándole crédito, cessó el desposorio y a ella dieron licencia y lugar como perseverasse en su santo intento, en el cual santamente acabó la vida. Lo dicho es del Promptuario de Exemplos.


[43] El amor de la castidad hizo que Eufrosina Alexandrina dexó su casa y padres con la patria, y porque no fuesse entregada a un mancebo con quien contra su voluntad fue desposada, vestida de varón y llamándose Esmaragdo entró en un monasterio de monges y hizo professión. Y a quien preguntare por qué huyendo de un hombre se confió de la compañía de tantos, respóndese que de los que confió tenía certenidad que eran castos, y de quien huyó sabía que era otro su intento. Aunque no se puede negar ser cosa dificultosa que una donzella, con verse con hombres y tenga sana intención, porque es como navío que va navegando entre rocas, puede temer el peligro. Y en esto se verá la fortaleza de Eufrosina, que por medio de los peligros llevó la mercaduría de su honestidad sin peligro, hasta ponerla segura en el puerto. Es del De Vitis Patrum.
[44] La misma maravilla corrió en Margarita, donzella egipcia, la cual del tálamo del esposo passó al de Cristo. Porque la primera noche que se vido con él, estando muy cansado de averle empleado el día todo en danças y bailes, luego que cayó en la cama quedó dormido. No podía dormir la santa donzella, rebolviendo consigo cómo podría librar el tesoro de su virginidad de las manos de aquel ladrón dissimulado. Levantóse de la cama, vistióse el vestido del marido dexándole el suyo en trueco, salió de casa y fuese a un monasterio que estava en la soledad. Llamándose Pelagio recibió el hábito. Y primero se le acabó la vida que començasse a descubrir que era muger. Y puede sacarse deste exemplo que la donzella, cuando corre riesgo /57r/ su honra, no deve dormir sino velar, y huir si quiere conservar su tesoro. Y si tiene intento de conservarse virgen nunca se confíe de hombres, porque donde ay sexos diversos de necessidad ha de aver peleas de pensamientos y desseos diversos. Es de Simeón Metafraste.
[45] Yendo a visitar San Martín a una donzella que tenía fama de santa, no dio ella lugar a que entrasse en su casa, sino embióle a dezir:

-Santo varón y padre mío, ruega por mí, que nunca hombre me visitó.



El santo dio gracias a Dios que estuviesse tan bien enseñada a guardar su voluntad casta. Y echándola desde allí su bendición, sin verla se fue. Dízelo Severo Sulpicio en su Vida, y San Hierónimo en la Epístola a Océano.
[46] San Hilario, obispo de Poitiers, aviendo enseñado a su hija Abra a vivir casta y santamente, y ella algún tiempo perseverando en propósito de permanecer virgen, temiendo no le mudasse el entendimiento y desseo la malicia, rogó a Dios que se la llevasse y pusiesse en lugar seguro. Fue oído, murió la donzella y llevóla a la sepultura tan alegre como estava antes cuidadoso de lo que sería della. Con este exemplo tema la sierva de Cristo su daño y piense cómo esté segura, y si sucediere caso, pierda primero la vida que la castidad. Refiérese en la Vida del mismo San Hilario.
[47] Natalia Viuda, muger que fue del mártir San Adriano, siendo muy hermosa pidióla por muger el tribuno de Nicomedia. No avía negar petición de hombre tan principal, y la sierva de Cristo no sabía qué remedio escoger. Pidió espacio de tres días para aconsejarse y entretanto rogó afetuosamente al Señor que le guardasse la castidad que le tenía ofrecida. Y siendo amonestada en sueños, entró en un navío y huyó a Constantinopla. Lo cual sabido del tribuno, entró en otro y fue en su seguimiento. Teníala ya cerca y pensava averla en su poder, mas embió Dios un viento contrario que le bolvió adonde salió. Y Natalia llegó adon- de | pretendía. Y allí en estado de viuda, en contino ayuno y oración acabó su vida sirviendo a Dios, y si se casara passáralo sirviendo a hombre. Es de la Vida de San Adrián.
[48] Paula Romana, por testimonio de San Hierónimo se sabe que después de la muerte de su marido no sólo aborreció otro casamiento, sino que ni aun comer en compañía de hombre se vido. No le parecía que era viuda la santa y honesta muger si con otro sexo diferente ni aun por el tiempo que durava una comida se hallava estar acompañada. Y con esto conservó santamente su viudez y presidió en un monasterio de vírgines santas, a las cuales igualava en castidad, haziéndoles ventaja en otras virtudes. Es de San Hierónimo en el Epitafio de Paula.
[49] Elísabet, muger de Lansgrave, hizo voto que si alcançava de vida al marido, que serviría a Dios en castidad, por donde aun siendo casada alcançó mérito de aquel casto propósito y determinación. Murió el marido, y de muy rica vino a estraña pobreza. Apoderáronse en su hazienda los que se nombraron herederos del difunto, y assí fue recebida del obispo Banbergense y sustentada en casa particular. El cual como la amonestasse que se casasse segunda vez, respondió que si en este caso le fuesse hecha fuerça se cortaría las narizes o se afearía el rostro de suerte que nadie se obligasse a serle marido. Y assí la santa muger ni se dolió de la fortuna próspera passada que avía perdido, ni ofrecida la segunda la aceptó, porque sólo la castidad le dio gusto y le hizo dezir aquella arrojada palabra de querer verse antes sin narizes que con marido, aunque fuesse a cargo de se las cortar ella misma. Cuánta fuesse su santidad puede entenderse en que no ay discurso de virtud en este libro de las que dizen con una muger que en ella no se halle. Y es bien de creer que si no amara con tantas veras la castidad no subiera a tanta perfeción. Es de Marulo, libro cuarto. /57v/
[50] Galla, hija del cónsul Símaco, al tiempo que los godos hazían guerra en Italia, muriendo su marido -con el cual sólo vivió un año- no quiso casar con otro, aunque era moça en la edad y muy hermosa. Cayó enferma y paróse su cuerpo con una escabrosidad y dureza, que dezían los médicos que moriría o a bien librar le nacerían barbas como a hombre, lo cual todo podía escusar casándose. Mas ella, ni la fealdad de la barba ni el peligro de muerte mudó su propósito casto. Llegó el día de su muerte y apareciósele el Apóstol San Pedro, y certificóle que le eran perdonados sus pecados y que tenía cierta la Vida Eterna. Llamávala que se fuesse con él, y la santa alma se despidió de su cuerpo y muy alegre fue a gozar el fruto de los castos, que es la Vida Eterna. Es de San Gregorio, libro cuarto de sus Diálogos, capítulo treze.

[51] Eufragia, madre de la santa virgen Eufragia, no teniendo más que a ella de su marido Antígono, vivió castamente. Y siendo él muerto, porque su edad, su hermosura y sus riquezas era todo aventajado, persuadíala la emperatriz, muger del emperador Teodosio, que segunda vez se casasse. Y aunque hazía esto por tenerle particular amor, ella sintiéndolo mucho, cargando de su hazienda en un navío y con su hija, navegó en Egipto y llegó a la Tebaida. Dexó la hija en un monasterio, repartió a pobres grande parte de sus riquezas y entreteníase ella en obras santas. Vido la abadessa en cuyo monasterio estava la hija, en un sueño que tuvo, a Antígono, que estava gozando de Dios y pedía a su Magestad le llevasse consigo a su muger. Concedióselo, y señalóle el día, y el mismo acabó alegremente esta vida. Donde recibió tantos bienes, assí por la castidad que guardó como por las obras buenas que exercitó, que si se casara segunda vez nunca el emperador pudiera darle tanto. Es de Surio, tomo segundo.


[52] Salaberga, teniendo cinco hijos de su marido Aldivino, capitán de Dangoberto, rey de Francia, alcançó dél que pudiesse | vivir en castidad adelante sirviendo a Dios. Y assí, edificando un monasterio cerca de León, juntándose en él trecientas monjas, fue ella su presidente y priora. Y Dios por ella hizo muchos milagros. Y porque dexó el marido y los hijos por guardar castidad reina con Cristo, donde está lo sumo de la Bienaventurança, y goza de su indissoluble compañía y se regozija con su vista. Es de Surio, tomo quinto.
[53] Radegunde, muger de Clotario, rey de Francia, como viviesse en compañía del marido algunos años en mucha paz, mas teniendo desseo de conservar castidad, pidióle consentimiento para apartarse y entrar en un monasterio, y alcançándola, la que avía sido muger de rey vino a ser esposa de Cristo, y resplandeció después más en milagros que antes con el reino que dexó. Es de Surio, tomo cuarto.
[54] Melania, hija de Urbano Pretor, siendo casada y teniendo dos hijos, como los perdiesse de poca edad, no tuvo cuidado de reparar aquella pérdida siendo madre de otros, sino de guardar castidad. Hizo tantos ruegos al marido que acabó con él que distribuyesse parte de su hazienda a pobres y que se entrassen en dos monasterios. Él se hizo monge entre monges y ella se hizo monja entre monjas, y sin ser viudos vivían en viudez santa y casta, ligándose con voto perpetuo. Es de Paladio en su Lausiaca.
[55] En Alexandría hazía vida monástica dentro de su casa una santa monja, donzella honestíssima. Su exercicio era continuo ayuno, vigilia y oración, y dava grandes limosnas. Embidióla Satanás y levantó contra ella grande polvareda, y fue que incitó a un mancebo que se enamorasse della perdidamente. De ordinario estava en su casa rondándole la puerta, y si la veía salir de casa para ir a la Iglesia a hazer oración, llegava a ella y con palabras torpes y meneos lascivos la molestava tanto que le era forçoso no salir de casa por no ver y oír a aquel enemigo. Y por tener esto muy afligida a la santa donzella, un día embió a llamarle con una /58r/ su criada. El otro vino muy contento y ganoso de cometer un nefando estrupo. La santa monja estava assentada en su estrado con mucha honestidad, y viendo al mançebo, díxole:

-Assiéntate,

Y assentado començó a le hablar assí:

-Dime, yo te ruego hermano, ¿por qué eres tan molesto que no me dexas salir de casa?

Respondió él:

-Verdaderamente, señora, la causa es porque te amo tiernamente, y viéndote inflámome en tu desseo.

Dixo la donzella:

-¿Y qué fue lo que viste en mí que te pareció hermoso por donde començaste a me amar?

-Tus ojos -dixo él- me traen muerto.

Oyendo esto la santa y honestíssima monja, arrebatada de un zelo de Dios y inspirada por Él, con un pequeño cuchillo se sacó los ojos y se los ofreció, diziendo:

-Tómalos y déxame.

Visto esto por el enamorado moço, con grande quebranto y compunción fuese de allí al monasterio sitiótico, pidió el hábito y vivió monge santíssimamente. Este hecho más es para admirar que para imitar. Si tuvo instinto de Dios -como se presume averle tenido- esta donzella para hazer semejante hecho, muy meritorio fue, mas quien sólo se rigiesse por su antojo, haría cosa mal hecha y pecado. Es del Prado Espiritual, capítulo sesenta.


[56] Aviendo cumplido con mugeres castas, que es justo se les dé primer assiento porque son más en número los exemplos aquí puestos dellas que los que se pondrán de varones, y porque siendo vaso más flaco parece es más de estimar en ellas esta virtud, proseguiré la materia en exemplos de hombres castos. Y aunque destos en la Ley Antigua fueron pocos, los cuales ya se han puesto al principio deste Discurso, mas en tiempo de la Ley de Gracia es mayor el número. Y da la razón desto Marco Marulo diziendo que en la Ley Vieja, por aver poco que el mundo se avía criado y estar vacío de gente, dioles Dios precepto que creciessen y multiplicassen, y por lo mismo se les dava licencia a muchos que tuviessen muchas mugeres, mas estando ya el mundo bien poblado da ha entender su Magestad que le | agrada mucho el vivir castos los hombres. Y assí nos amonesta por San Lucas que andemos ceñidos, que es enseñarnos castidad. Y por San Mateo afirma que son bienaventurados los que se hizieron eunucos por el Reino de Dios, esto es, que vivieron castos.
[57] Ananías, obispo de Alexandría y discípulo de San Marcos Evangelista, viendo una muger hermosa sintió que la muerte entrava por las ventanas de su rostro, y teniendo para ello licencia de Dios Nuestro Señor según lo que sucedió (porque de otra suerte fuera culpa el hazerlo), sacóse el ojo que le escandalizava. No bastó para que el fuego se apagasse lo hecho; entró en agua casi elada, ayunava, tenía vigilias, passando sin dormir de noche, y con esto salió vitorioso de su enemigo. Y el que tanto trabajo tuvo para salir casto, después se dixo dél que con grande facilidad pasó un monte de Numidia a Babilonia, para prueva de la verdad de nuestra religión cristiana. Dízelo Marulo, libro cuarto.
[58] Nizeta Mártir, siendo atormentado en Nicomedia por la fe de Cristo con tormentos terribles, sufriéndolos con ánimo constante, mandó Maximiano, que era el que le atormentava, que le pusiessen sobre un cobertor blando de pluma, el rostro al Cielo, desnudo y atado, que no fuesse señor de sí, y con esto vino allí salariada una muger deshonesta, hermosa y atrevida, la cual no sólo con palabras sino con obras pretendía que el santo perdiesse la castidad. El cual, viendo el peligro en que estava, con los dientes se cortó la lengua y sangrienta dio con ella en el rostro a la ramera, dexándola bañada en sangre y llena de admiración considerando aquel hecho. Desta manera, con la fuerça del dolor venció en sí la fuerça del deleite y derribó los intentos y bríos de la ramera, dando por vencida su industria y desvergüença con la constancia del mártir, y con esto se fue, quedando Nizeta sin lengua, aunque con vitoria. Otro exemplo semejante a éste refiere San Hierónimo en la Vida de San Pablo, el primer ermitaño. Dize que en la persecución de Decio y Valeriano /58v/ padeció en Egipto un mancebo grandes tormentos. Y visto que por aquí no avía vencerle, pareciéndole al tirano que si le destruía la castidad tenía andado grande camino para hazerle perder la fe y adorarídolos, mandóle poner en un huerto entre flores y rosas, aunque desnudo y bien atado, con el rostro al Cielo, donde llegó otra endiablada muger armada con hermosura y atrevimiento. Procuró vencerle, mas cortándose la lengua y dándole con ella en el rostro la derribó de sus intentos y hizo ir avergonçada, quedando el mártir entero en la castidad, aunque mutilado en la lengua. Refiérelo San Hierónimo en la Vida de San Pablo, el primer ermitaño, como se ha dicho.
[59] Suele el demonio por medio de una muger deshonesta acometer y pretender victoria del que diversas vezes él ha sido vencido. Y assí solicitando a ciertos mancebos ministros suyos, y éstos a una ramera, para que combatiesse la castidad de un santo ermitaño, fue ella cerca de la noche a su ermita, fingió aver errado el camino, mostró temer ser comida de fieras, pidióle la hospedasse y dexasse en un rincón aquella noche. Recibióla él y apartóse a un cabo, y el semblante que vido en ella començó a le hazer guerra de suerte que se halló en término de perderse. Quiso ver si podría sufrir el fuego del Infierno, acendió una vela, llegó el dedo a la llama y dexósele abrasar, y el dolor que padeció le hizo resfriar la tentación. La muger a este tiempo por juizio de Dios murió. Vinieron los que fueron en esta maraña a la mañana y hallaron al santo ermitaño quemada su mano y a la ramera muerta. Mas entendiendo el caso el santo varón de ellos mismos, y que estavan con mucha pena por lo hecho, no quiso dar mal por mal, sino que hizo oración por aquella miserable muger y bolvió a la vida. Y presúmese que se enmendó aviéndose visto en tal término. Es del De Vitis Patrum.
[60] De San Hilarión Abad escrive en su Vida San Hierónimo que padeciendo una grave tentación tomó ira consigo mismo, de suerte que hería su pecho con las manos cerradas | como si pudiera a puñadas apartar de sí semejante tormento. «Yo, -dize-, asnillo, te haré que no coçes; quitarte he la cebada y cargarte he con carga que procures más la comida que la lascivia». Con esto se estava tres y cuatro días sin comer, teniendo oración larga, y a tiempos cavava la tierra, y era doblado el trabajo por el ayuno. Y enseñónos este santo tres remedios contra las tentaciones sensuales: ayuno, oración y trabajo de manos. Está en la Vida del mismo San Hilarión, en el capítulo segundo.
[61] Evagrio Presbítero, en Hibernia, para templar los fuegos deshonestos se entrava en poços de agua frigidíssima. Audomaro se rebolcava en abrojos y zarzos, y San Bernardo se bañava en una laguna elada, a el cual viniendo de noche en una posada donde se aposentó yendo camino, una muger con mal intento de dañarle en la castidad, dando vozes que venían ladrones la echó de allí. San Tomás de Aquino, a otra que venía con el mismo denuedo, con un tizón encendido la corrió, y ella se le fue por pies, que el santo la tiznara el rostro si esperara, en pago de que ella le quería tiznar la alma. Apeles Monge, siendo primero herrero y estando en su fragua, viniendo el demonio en figura de muger hermosa y galana a tentarle las coraças, él le sacudió un mandoble con el hierro que tenía hecho fuego en la fragua, y fue de suerte que descubrió quién eran ambos, Apeles, casto y la muger, demonio. Es de Marulo, libro cuarto.
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