De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[62] Estava un día San Benedicto en el desierto y una ave negra llamada mirla volava cerca de su rostro con importunidad. Signóse con la señal de la Cruz y la ave se fue. El siervo de Dios quedó embuelto en una tentación carnal tan vehemente y furiosa que en su vida tuvo otra semejante. Trúxole el demonio a la memoria, y parecía tenerla delante de sus ojos, una muger que en otro tiempo vido, en cuyo desseo se ardía y su pecho se abrasava, de suerte que rebolvía en su imaginación si dexaría el desierto y iría a buscarla. Mas favorecido de la Divina Gracia bolvió en sí, y viendo a una parte de aquella /59r/ soledad muchas espinas, hortigas y abrojos, desnudándose en carnes se dexó caer entre ellos y se rebolcó de una y otra parte, hasta que su cuerpo quedó hecho una llaga, derramando de todas partes sangre. Y con esto, quedando la carne herida, el espíritu quedó sano, porque el deleite se convirtió en dolor y el fuego ilícito interior se apagó con la sangre que santamente derramó en lo exterior; y el pecado quedó vencido trocándose el fuego. Y desde este tiempo (como se afirmó después a sus discípulos) quedó vencido el apetito sensual y deshonesto, que nunca más sintió en sí rebelión y pena. Lo dicho es de San Gregorio en el segundo libro de los Diálogos, capítulo segundo.
[63] El mismo Patriarca San Benedicto, siendo famoso por sus obras maravillosas y por los discípulos que tenía en el desierto, dexando cada día diversas gentes el siglo por seguir su instituto y mirar sus santas costumbres, Florencio, a cuyo cargo estava una iglesia parroquial allí cerca, incitado del demonio tomó dél grande embidia y procuró de perseguirle, porque quisiera para sí la fama y loor de santo sin obligarse a vivir como vivía y hazer las obras santas que hazía. Embióle presentado un pan que en lo exterior mostrava regalo y en lo interior tenía veneno. Recibióle con rostro alegre el santo, aunque no se le encubrió el mal que venía allí encubierto. Tenía de ordinario un huésped San Benedicto a su mesa, que era un cuervo venido a la hora que comía de una silva allí cercana, y dávale de su mano un pan. Diole el que tenía el veneno y díxole:

-Mándote en virtud de Dios, criatura suya, que le lleves donde ningún hombre le vea, porque no le venga dél algún daño.

Abrió el cuervo la boca y andava graznando alrededor dél como diziendo que pretendía obedecer y que no le convenía. El santo varón le hablava diziendo:

-No quiero que le comas, sino que le lleves donde nadie le coma.



Assió dél el cuervo y llevóle de allí. Y passando espacio de tres horas bolvió, y el santo le dio su acostumbrada | ración. Dolíase del sacerdote Florencio más que de sí mismo San Benedicto. El cual, no pudiendo dañarle a él en el cuerpo, procuró dañar las almas de sus discípulos con les representar a sus ojos un escándalo y estropieço de muerte. Concertóse con siete mugercillas rameras desvergonçadas y pagóselo para que desnudas se presentassen delante dellos y hiziessen juegos deshonestos y lascivos para provocarlos a mal. Hizieron ellas lo que les fue dicho. Y el santo, visto el escándalo tan grande para sus discípulos y monges, quiso evitarle, y desamparando el monasterio y dexándole solo se iva a otra parte. Tuvo dello noticia Florencio, y estando en un terrado de su casa celebrándolo con grande regozijo y contento como si huviera alcançado una grande victoria, vino sobre él el castigo con que Dios amenaza a los que ponen escándalo a sus próximos, que fue su ira, cayendo de repente aquella parte de casa, quedando lo demás de pie y él muerto. Fue avisado San Benedicto de lo acaescido y sintió tiernamente el mal y daño de aquel próximo. Dízelo San Gregorio en el libro segundo de sus Diálogos, capítulo octavo. Pónese aquí este exemplo para documento de que el huir es buen remedio de la castidad.
[64] San Antonio de Florencia, en la Segunda Parte Historial, dize que en año de mil y dozientos fue un religioso llamado Juan Bueno, el cual en una tentación grande de carne que tuvo se puso cañas agudas por entre las uñas de los dedos y estuvo del dolor sin sentido algún tiempo, y assí fue libre de la tentación.
[65] Visitó al abad Juan en su celda un labrador, y llevóle primicias de los frutos que avía cogido aquel año, y halló allí un endemoniado, por quien haziendo oración el abad, no quiso salir el demonio. El cual dio vozes luego que el labrador llegó, como espantado, diziendo que no podía estar más allí en su presencia, y con esto le alabava y engrandecía. Admiróse el abad Juan; pidióle que le diesse /59v/ cuenta de su vida. Él negava tener cosa buena, y por ser importunado dixo que era labrador y que con su trabajo y labor del campo sustentava su casa, que siempre que iva o bolvía de trabajar dava gracias a Dios por el sustento que dél tenía. Que de los frutos que cogía pagava fielmente diezmos y primicias. Que si sus bueyes passavan por campo ageno les cubría las bocas porque no hiziessen daño. Aunque todo esto era bueno, no le pareció de tanto mérito al abad para que el demonio tanto le respetasse. Porfió más en que le confessasse la verdad de su vida, y el labrador por tener respeto al santo varón le descubrió que se avía casado por hazerle fuerça sus padres, desseando ser monge, y que por onze años, con tener en casa su muger, ambos avían guardado castidad y eran vírgines. Oyendo esto el abad, no pudo irse a la mano que no diesse vozes diziendo que no sin causa el demonio le tenía tanto respeto, pues teniendo el fuego tan cerca de sí no le quemava. Es de Casiano.
[66] En el monasterio del abad Moisés, que era en Egipto, cayó enfermo un viejo, cuya vida avía sido muy exemplar, y por no ser pesado a los monges y convento dixo que se quería ir a curar a la ciudad. El abad le aconsejó que no fuesse allá, por que cairía en pecado deshonesto. No se curó dello, diziendo:

-No ay qué temer en essa parte, que mi cuerpo está ya muerto.

Fue a la ciudad, y curándose en una casa particular, servíale una donzella, la cual, aviendo ya convalecido, deshonró, y vino a que parió un hijo. Aguardó el viejo un día de fiesta y tomó el niño en sus braços, y fue a su monasterio y en presencia de los monges, hechos sus ojos fuentes y dando grandes gemidos, confessó su culpa y pecado. Lloravan los monges viéndole y oyéndole. Él les dixo:

-¿Veis este infante, hermanos míos? Pues sabed que es hijo de inobediencia. Porque desobedecí a mi perlado permitió Dios que cayesse en semejante culpa.

Encerróse en una celda, donde lloró y hizo penitencia | lo restante de su vida. Lo dicho es del Promptuario de exemplos .
[67] Dize Eracio Monge de sí mismo: «Como una grave tentación carnal me molestasse, salí del monasterio y fui a un ermitaño viejo de setenta años que estava solo en el desierto, y referíle mi tentación, pidiéndole consejo. Díxome:

-No se te haga nuevo lo que padeces, porque después de aver yo residido en esta celda cuarenta y cuatro años, todo este tiempo fui molestado de semejante tentación, y tuve por mejor morir que dexarme vencer della. Vime una vez tan apretado que salí de aquí y me dexé caer a la puerta de la cueva de una bestia fiera para que me despedazasse, lo que no hizo, antes lamía mi cuerpo desde los pies a la cabeça. Y visto por mí, entendiendo que Dios quería que yo viviesse, bolví a mi celda, y estando en ella transfiguróse el demonio en figura de una donzella que yo avía visto, y sentándose a mis pies provocávame a deshonestidad con movimientos y tocamientos lascivos. Parecíame a mí que ya avía consentido y caído en aquella miseria, mas tomando ánimo y coraje levanté la mano y dile una bofetada, y assí desapareció aquella visión. Mas por dos años quedó mi mano con un tan mal olor que no avía sufrirlo. Ni se acabaron en esto mis males, porque creciendo la tentación me fui al desierto buscando modo como vencerla. Vi una pequeña sierpe, assíle con la mano y lleguéla a mi cuerpo en la parte donde sentía más la guerra, para que mordiéndome y emponçoñándome, yo muriesse. Mas la voluntad de Dios fue que no lo hiziesse, antes sonó una voz que me dixo:

-Vete en paz a tu celda, que si he dado lugar a que seas tentado y combatido ha sido para que conozcas tu flaqueza y procures favores divinos.

Con esto quedé quieto hasta el día presente.»

Es del Promptuario de exemplos.
[68] Avía criado cierto niño un santo ermitaño, el cual siendo mancebo vídose tentado del vicio deshonesto. Dio cuenta dello al ermitaño, y él le dava buenos consejos y remedios. Entretúvole /60r/ en esto por dos años, mas creciendo la tentación, resumióse en que no quedaría con él. Lo cual visto por el siervo de Dios, díxole:

-Pues en esso estás determinado, ve a la ciudad y cásate, que en el estado del matrimonio puedes salvarte. Sola una cosa te ruego, y es que primero que vayas al siglo estés junto a la fuente que está en esta silva, aquí cerca, por cuarenta días ayunando, y pedirás a Dios que te dé buena muger.

Concedió el moço con esto, y recibiendo del viejo manjar conveniente para los cuarenta días se fue a la fuente, y aviendo estado en aquel lugar y ayunado por veinte días, sintió por espacio de dos oras un malíssimo olor, que no avía poderlo sufrir. Vido luego acercarse a él una muger feíssima y abominable por estremo -sus ojos legañosos y su cuerpo leproso-, de la cual salía aquel mal olor. Llegando al moço, díxole:

-¿Dónde estás, amigo? Por mucho tiempo te he buscado. Mucho te amo, sobre cuantos ay en el mundo te desseo. Por tu amor he venido aquí y quiero que comamos y durmamos juntos.

El moço, haziendo della mil escarnios, la escupió en el rostro, diziendo que se fuesse de allí con la malaventura, llamándola suzia, asquerosa. Ella replicó:

-No me desprecies, amigo, que muchos me presencian y a ti más que a todos quiero.

-¿Y tú quién eres? -dixo el moço.

-Yo -respondió la muger- soy el peccado de la luxuria. Dos años ha que te amo y te desseo, desde que primero sentiste tentación carnal.

Dixo a esto el moço:

-Si supiera que el peccado de la luxuria era tan feo y tan abominable nunca uviera desseado ir al siglo. Y assí desde oy consagro a Dios mi virginidad.

Con esto bolvió al santo viejo, y refirióle lo que avía visto. El cual, con grande gozo, le dixo:

-Si hasta los cuarenta días allí estuvieras, aun otras mayores cosas te fueran mostradas.

El moço permaneció en el desierto y conservó castidad toda su vida. Lo dicho es del Promptuario de exemplos.
[69] En Sonegio, pueblo de Hanonia, Guidón, sacerdote y gran siervo de Dios, vido con descuido una hermo- sa | muger, y con su vista le hizo terrible guerra el demonio por tres años. En este comedio sucedió que murió la muger y no cessava el combate, tanto que si no era de día haziéndose muchas fuerça, siempre la tenía presente, y durmiendo la soñava. Visto por él que era embuste del demonio, abrió de noche una cueva donde la muger estava enterrada, y viendo su cuerpo podrido y hediondo, llegó a él el rostro y narizes, sufriendo el mal olor por algún tiempo; y fue de suerte que estuvo a punto de quedar ahogado y muerto. Fue de tanto momento este aviso que nunca más adelante sintió estímulo de la carne. Dízese en el libro segundo De Apibus, capítulo treinta.

[70] San Cristóval Mártir, estando preso por la confessión del nombre de Cristo, echáronle en la prisión dos mugeres deshonestas, Niceta y Aquilina, con designo que le hiziessen perder la castidad y apartassen de Cristo. El combate que davan al mártir era de suerte que se vido en peligro, y aunque sus fuerças eran grandes, pareciéndole flacas para tan alta empresa, ocurrió a las de Dios. Hizo oración y la cárcel resplandeció con luz del Cielo. Las dos mugeres cayeron en tierra, temiéndose de muerte. Mas el santo las confortó y supo dezir tales cosas que se hizieron cristianas y murieron por Cristo. Tanto valió la oración del coraçón casto que fue libre Cristóval del peligro en que se vido, y las que le hazían guerra en la castidad le hizieron compañía en el martirio. Es de Surio, tomo cuarto.


[71] A San Antonio Abad se le apareció el demonio en figura feíssima, y, despreciada, dixo que era el espíritu de la fornicación, y que se conocía vencido del mismo Antonio. Aunque no por esto relaxó el ayuno y aspereza con la oración, sino que lo aumentó, temiendo que si creía al demonio, pensando que estava en gracia de Dios, cayesse della, y haziendo flacas las armas con que avía vencido, diesse ocasión al vencido de vencer. Es de San Atanasio en su Vida.
[72] El Patriarca San Francisco, sintiéndose /60v/ hazer guerra de una tentación deshonesta, visto que se mostrava rigurosa, dexó el hábito y començóse a açotar rigurosamente. Y como esto no bastasse, salió de una cueva, donde estava, al desierto, y rebolvió el cuerpo desnudo por mucha nieve que allí avía. Hizo luego siete pellas, y puesto en medio dezía:

-Mira, cuerpo, que esta mayor es tu muger, y estas cuatro son dos hijos y dos hijas, y estas otras dos son tus criados. Procura de trabajar para sustentarlos y cubrirlos, que mueren de frío, y si esto se te haze dificultoso, piensa de ser casto y servir a un solo Señor, que es mucho mejor y cosa más fácil de hazer. Refiérese en su Vida.


[73] A San Pelayo, moço de treze años, estando en poder de Abderramén tercero, rey de Córdova, hízole grandes regalos y vistióle ricamente, con mal intento que tenía contra él. Como lo mostró un día que quiso, abraçándole, llegarle a su rostro y recebir dél un regalo de boca. El santo moço, con ira grande, echóle de sí, diziendo:

-Vete de ay, perro.

Con esto se desnudó el vestido que dél avía recebido y arrojósele a los ojos, con dezir que más quería perder la vida que ofender a Dios. Visto por el moro, mandó a sus criados que allí le despedaçassen y echassen su cuerpo en el río. Assieron los verdugos del santo moço, y desnudo y atado fuertemente a un palo, desde hora de tercia hasta la de vísperas le atormentaron con tormentos crudelíssimos. Quedó al cabo deste tiempo cortadas las piernas, sin manos y braços, despedaçada su cerviz, y muerto. Refiérese en su Vida, escrita por Raguel Presbítero.
[74] Muriéronsele a Amón sus padres, y quedando en poder de un tío suyo, a los veinte y dos años de su edad le casó contra su voluntad. Él habló a su esposa, y supo dezirle tales cosas que la convenció a que viviessen castos, como vivieron diez y ocho años dentro de una casa, y al cabo déstos, él se fue al desierto de Nitria, donde hizo vida solitaria por veinte y dos años, y bolvía a ver su esposa dos vezes en el año. Teniendo necessidad de passar el río Lico, que | es un braço del Nilo, en estas idas, y aviendo de desnudarse una vez, rogó a otro monge que iva con él, llamado Teodoro, que se apartasse un poco dél, para que no se viessen el uno al otro desnudos. Teodoro se apartó, y queriéndose desnudar, tuvo vergüença Amón de sí mismo, y estando sobre ello pensando, la virtud divina le pasó a la otra parte vestido como estava, y el otro quedó admirado viéndole sus vestidos enxutos, y que sin averse desnudado avía passado el río. Al cabo destos veinte y dos años, a los setenta y dos de su edad, aviendo fundado algunos monasterios y dexado en ellos discípulos muy religiosos, murió Amón y su alma santíssima fue llevada a los Cielos. Es de San Atanasio y de otros graves autores.
[75] Elías monge, vendiendo algunas possessiones que tenía en la ciudad de Atlebe, en Capadocia, fundó un monasterio en que se recogieron trecientas mugeres, que de vida estragada y mala se avían convertido y servían a Dios. El santo monge Elías Sacerdote las confessava y instruía en el camino del Cielo. De tratar con ellas resultó en él algunos pensamientos malos y tentaciones, donde, temiendo no le sucediesse como al que entra en el río a sacar al que se ahoga y se queda allá con él, por remediar las almas destas mugeres la suya no padeciesse naufragio, acordó de dexarlas y irse a un desierto, donde hizo oración a Dios, diziendo:

-Suplícote, Señor, o que me libres desta tentación que padezco, o me quita la vida, porque no vea a aquellas mugeres desconsoladas.

Era hora de vísperas; adurmióse, y parecíale que venían a él tres ángeles y le preguntavan:

-¿Por qué dexaste el monasterio de las monjas recogidas y te veniste a este desierto?

Respondió él:

-Porque temí su daño y el mío, viéndome tentado del pecado deshonesto.

Dixeron los ángeles:

-Si te libráremos dessa tentación, ¿tornarás a tener cuidado dellas?

Elías prometió que lo haría assí y juró de cumplirlo. Assióle uno de los ángeles de las manos y otro de los pies, y el tercero con una navaja le quitó la raíz /61r/ de la tentación carnal (no que passasse assí realmente, sino en visión imaginaria).

Los ángeles le dixeron:

-¿As sentido algún alivio?

-Sí -respondió Elías.

-Pues buelve al monasterio.

Bolvió, y por cuarenta años que le duró la vida no sintió en sí mal movimiento. Dízelo Paladio, y afirma que lo supo de boca del mismo Elías, que fue en su tiempo.


[76] San Roberto, que fue el primero abad del monasterio llamado Casa Dei, siendo niño y dándole el pecho una muger de mala vida, no quiso tomarle, como aborreciendo el pecado en que aquella muger estava. Y vídose que era esto assí porque le tomó luego de otra que no se hallava en semejante culpa. Refiérelo en su Vida Surio, tomo segundo.
[77] San Vuolstano fue inglés y monge benito, y después obispo de Ubigornia. Enamoróse dél una matrona muy hermosa, noble y rica, y fue de manera que dando lugar a su mal desseo, descubriósele, y con grandes sospiros le rogó que, dexando por algún breve tiempo el rigor y penitencia, tomasse contento con ella en su casa y lecho. El santo varón, no dando lugar a que más hablasse, hizo la Señal de la Cruz en su frente, y díxole:

-Vete de aquí, tizón de luxuria, hija de la muerte, vaso de Satanás.

Y junto con dezir esto le dio una bofetada que se oyó bien lexos. Y desta manera, como otro Josef, no sólo con el ánimo, sino con las manos, quiso apartar de sí el adulterio. Algunas cosas hazen los santos que son más para admirar que para imitar. Pudiendo irse y dexar a la muger no avía para qué darle bofetada, bastava lo que le dixo. Mas si Dios le mandó que se la diesse, tomándole por instrumento para castigar aquel atrevimiento, ella fue bien dada. Refiérese en su Vida, y tras él Surio en el tomo primero.
[78] Edimundo, inglés y arçobispo de Canturia, siendo moço y señalándose en obras virtuosas, procuró el demonio hazerle todo el mal que pudiesse, y para esto solicitó a una donzella a que le amasse perdidamente. Ésta le acometió primero con mi- radas | amorosas, con sospiros y ceños. Mas visto que esto no le movía, declaróle con palabras blandas su amoroso intento. Él, al contrario, con razones ásperas la reprehendió y procuró retraer de aquel mal propósito. La miserable moça, como otra Egipcia, buscava nuevos modos como atraerle a su voluntad, y él , como otro Josef, recusava el estrupo. Erale tan molesta que para librarse della pensó en sí cierto remedio, y fue que viéndose un día por su ocasión en grande aprieto, díxole que le hablasse en un lugar secreto de su casa donde tenía su estudio. Ella muy contenta entró osadamente en el lugar señalado. Edimundo, viéndola allí, díxole que se desnudasse, y desnuda, tomó él unas varas delgadas que tenía a punto y començóla a sacudir el polvo de las espaldas, y fue de modo que la dexó llena de cardenales y heridas, y juntamente libre de la tentación. Y assí, tomando sus vestidos huyó dél como de la muerte. San Antonio de Florencia, que escrive la vida de este santo, dize que el caso presente es más para admirar que para imitar, pues ay peligro en él de caer en tentación. Otra matrona que también se le aficionó presentóle ciertos dones ricos y de precio. No quiso acetarlos, sino embióle a dezir si era su marido sabidor dello. Y como respondiesse que no, bolvióselos diziendo:

-No me es lícito a mí recebirlos, ni a ti darlos ignorándolo tu marido.

Es de Vicencio en su Espejo Historial, y refiérelo San Antonio de Florencia.
[79] Otro caso semejante al que se ha dicho le sucedió a San Bernardino, fraile menor. Saliendo a pedir limosna en la ciudad de Sena, avíale visto en su monasterio una muger principal, casada, rica y hermosa. Enamoróse dél de tal suerte que, dando lugar a su mal desseo, acordó de la manera que pudiesse tenerle a su voluntad. Visto pues que andava pidiendo pan para los frailes, aguardóle a la puerta de su casa y díxole que entrasse en un aposento que estava allí junto y se le daría. Entró el santo fraile, no creyendo que en muger de tales prendas cupiesse tal liviandad y engaño. Entróse /61v/ ella tras él cerrando la puerta, y sin otros preámbulos ni rodeos le dixo que no haziendo su voluntad daría vozes y publicaría averla querido deshonrar. Vídose en gran confusión el santo moço. Acogióse a Dios, verdadero remedio de todos los que tienen dél necessidad, y favorecióle con un medio acomodado para tal tiempo. Díxole que se desnudasse, porque de otra manera no haría su desseo. Ella diligentíssima lo hizo. Traía San Bernardino consigo de ordinario una áspera disciplina con que se açotava muy a menudo. Tomóla y començó a disciplinar a la dama con toda la diligencia y fuerças que podía. Ella consideró que, si dava vozes, ninguna cosa que dixesse le sería creído, por estar desnuda, lo cual era visto que fue hecho de su voluntad. Acordó de tener paciencia hasta ver en qué parava aquel negocio. Y visto que no parava, sino que los açotes ivan muy adelante, pidióle con lágrimas en sus ojos que la dexasse y se fuesse, que ya su tentación era ida. Salió San Bernardino dando gracias a Dios por la misericordia que le avía hecho. Es de Surio, tomo tercero.
[80] San Vicente Ferrer, fraile del orden de Predicadores, estando en Valencia ocupado en obras santas, enamoróse dél una señora principal y hermosa, la cual, incitada por el demonio, fingióse estar enferma y muy congoxada. Tuvo orden de que le llamassen a San Vicente para que la confessasse. Quedó con él a solas, y aunque se le hazía muy de mal, al cabo le descubrió su intento y su cuerpo, incitándole por ser hermosa a que ofendiesse a Dios con ella. San Vicente la amonestó primero que se cubriesse y no hiziesse cosa tan indigna de su linaje y autoridad. Después le dixo que avía consagrado a Dios su cuerpo, que antes padecería la muerte que ofenderle. Y al cabo, visto que perseverava en su dañada voluntad, la dexó y se fue. Viéndose aquella muger desdeñar, como otra ama de Josef quiso dar vozes y publicar averla querido afrentar. Mas apoderóse della el demonio y atormentóla algunos | días, diziendo que no saldría si Vicente allí no venía. Fue llamado y muy rogado, y como él tuviesse costumbre de visitar enfermos, por no dar que dezir fue allá, encomendándose primero mucho a Dios. Entrando donde estava la afligida muger, el demonio dio grandes vozes diziendo:

-Ya salgo, que no puedo estar donde está el que en medio de las brazas y fuego no se abrazó.

Salió della y dexóla libre.

Otra vez se entró en su celda una ramera, aviéndose concertado con ella ciertos émulos y contrarios suyos para hazerle caer en vicio carnal y que cessasse de reprehender a otros de semejante pecado. Bolvió el santo a su celda y cerró la puerta. Llegó a su cama y vido sentada sobre ella a aquella muger, bien adereçada y hermosa. Pensó que era el demonio y díxole:

-Vete, maldito. ¿Qué pretendes aquí? De Dios soy, y perderé la vida antes que dexe de serlo.

La muger le dixo:

-No soy el demonio, Vicente, sino una muger que muero por ti muchos días ha, y me he puesto al peligro que vees para que entiendas cuánto te amo.

Díxole otras cosas semejantes que llevava estudiadas para provocarle a mal. El santo, con grande cólera y enojo, dixo:

-Vete, maldita hembra, si no quieres que venga sobre ti un terrible castigo de Dios.

La otra de oír esto quedó tan amedrentada que le descubrió quién la avía traído allí y dio palabra de enmendar su vida, y lo cumplió. Refiérelo Laurencio Surio, y es de Pedro Rauzano.


[81] San Luis, obispo de Tolosa, fraile menor, fue muy honesto. Tanto que no sólo evitava conversación y vistas de ruines mugeres, sino que de las buenas se estrañava, y en toda su vida se halló solo con muger, aunque fuesse muy cercana en parentesco. Era hijo del rey Carlos de Sicilia, y estando la reina, su madre, en Nápoles, fue a visitarla. Y ella, que avía mucho tiempo que no le avía visto, levantóse y abraçóle, y a la costumbre de Francia quiso besarle en el carrillo, mas apartó el honesto moço el rostro. La reina le dixo:

-Pues, hijo mío, ¿qué te estrañas de mí? /63r/ ¿No soy tu madre?

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