De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[108] El bachiller Moya, en sus Ilustres Mugeres, libro segundo, capítulo cincuenta y cinco, dize que una muger española natural de Ubeda, sabiendo que cierto moço tenido por valiente se alabava con mentira que la avía tenido por amiga, no fiando el castigo dél a maldad de tercera persona, ella por sí misma, tomando hábito de varón y bien armada salió a la plaça y poniendo mano a la espada le desafió. Y aunque el otro se defendió lo mejor que pudo, ella le dio una buena cuchillada en el rostro y se quedó con ella. También aquí se alaba solamente el zelo de castidad.
[109] Para remate de exemplos castos de católicos, quiero referir aquí lo que escriví de fray Melchior de Hiebra del orden de Menores en su Vida, que supe por relación de personas fidedignas. Y fue que siendo por- tero /65v/ de su convento en Alcalá, una muger hermosa y de buena parte, o que aficionándosele por ser de hermoso rostro, o por provarle oyendo dezir que era muy honesto, llegó un día a la portería, y hablándole -abreviando razones- le dixo que estava enamorada dél, que fuesse a su casa y la conversasse. Fray Melchior, que era sinceríssimo, con toda la llaneza del mundo le respondió:

-Esso, señora, no puede ser, porque mi padre San Francisco manda lo contrario en su Regla.

Ella replicava:

-Déxese, padre, de esso, que no todo lo que San Francisco manda se guarda. Créame y no pierda este lance. Mire que no soy de desechar. Hermosa soy, moça, y que no me falta hazienda con que le regale. Sólo quiero que me quiera bien y me visite. Mire que | le espero oy en mi casa.

El padre fray Melchior, perseverando en su llaneza sin malicia alguna, dixo:

-Ora, que ella no me deve de creer, que mi padre San Francisco manda lo contrario de esso. Pues espere y verálo con sus proprios ojos.

Cerró la puerta, y la muger quedó esperando a ver en qué parava aquel negocio. Bolvió fray Melchior con el libro de la Regla de San Francisco, y avierto en un capítulo en que se manda a los frailes que eviten el visitar mugeres y se les encarga la castidad, leyósele todo, y dixo:

-¿Ve como yo le dezía la verdad? Aora me creerá a mí y verá como no puedo hazer lo que dize. Mi padre San Francisco me lo veda y yo tengo jurada su Regla.

Con esto cerró la portería y la dexó fuera. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS



[1] Pudiera vivir Lucrecia Romana, muger de Collarino, con mucha honra, aunque se le avía pretendido quitar el hijo del rey Tarquino, pues no avía afrenta donde uvo violencia y faltó voluntad de pecar. Todos sus parientes y domésticos, marido, padre y hermanos, la juzgaron sin culpa, mas el aborrecimiento que tenía al vicio y adulterio hizo que faltasse al desseo de los de su parte por ocurrir a la vengança. Matóse con sus manos, en lo cual dio muestra de ánimo casto, mas Augustín en el libro primero de la Ciudad de Dios, capítulo diez y nueve, la re prehende por aver dado consentimiento al adúltero por temor de ser deshonrada; fuérale mejor dexarse primero matar que consentir en la ofensa y pecado. Valerio y otros lo escriven.
[2] Virgínea, romana ilustre, porque se casó con hombre plebeyo aunque rico, no la consentían estar otras ilustres en una capilla o apartado dentro del templo de Hércules, siendo assí costumbre. Congregó ella otras plebeyas muy castas y hizo un templo cerca de su casa, poniendo ley que ninguna que no fuesse muy casta entrasse allí, y vino ser más estimado este lugar que el otro. Refiérelo Bocacio en sus Ilustres mugeres. |
[3] Las mugeres de los cimbros, siendo vencidos sus maridos y muertos por los romanos, cuyo capitán era Cayo Mario Cónsul, estando en los reales hiziéronse fuertes y pidieron al cónsul Mario que las dexasse entrar con las vírgenes vestales, donde su castidad fuesse guardada. No se lo otorgó el cónsul; lo cual visto por ellas, y que otro día avían de venir en manos de sus enemigos que las tenían cercadas, y serían deshonradas aquella noche, como si todas tuvieran un solo coraçón y una sola voluntad se ahorcaron por librar su honestidad. Es del Bocacio en sus Mugeres ilustres, y alábase no el ahorcarse sino el zelo a la castidad.
[4] Orosio, libro cuarto, capítulo sexto, Solino, capítulo treinta, Justino, libro diez y ocho, Josef y Apiano, escriven de la reina Dido que fue natural de Tiro, del linaje real de Hirán, amigo de Salomón. Por la muerte de su padre Metino quedó con el reino Pigmalión, hermano de la misma Dido, la cual casó con Siqueo, hermano de su madre y sacerdote de Hércules, riquíssimo de tesoros; por los cuales, desseando averlos su sobrino, le mató, aunque no le valió para alcançarlos, porque la prudentíssima Dido con ellos y con mucha gente /66r/ que quiso acompañarla se entró en el mar y navegó hasta llegar a las costas de Africa, cerca de adonde aora es Túnez, donde edificó Cartago. Tenía por vezino a Hiarbas, rey poderoso, que pretendió casar con ella, llevando el negocio por fuerça si faltasse voluntad. Lo cual entendido por Dido sintió a par de muerte. Habló con su gente y díxoles que por guardar la fe a Siqueo y conservarse casta pensava perder la vida, como la perdió, poniéndose un cuchillo por el coraçón, y dexándose caer sobre mucha leña, la cual encendida fue su cuerpo quemado por su gente, y guardando sus cenizas la honraron como a diosa. Hase de advertir que si se haze cuenta cuando Cartago se fundó según Josefo, y murió Dido, hallarse ha que entre ella y Eneas passaron dozientos años, y assí no puede ser possible que se viessen. Y si Virgilio dize que se vieron y que fue la muerte de Dido por ocasión de Eneas, quiso en esto dar a entender como poeta ingenioso que Cartago, fundado por Dido, avía de perecer y acabarse por Roma, señoreada de los descendientes de Eneas.
[5] Escrive Eusebio que en tiempo de Maxencio, emperador romano, estava en Roma una ilustre matrona llamada Sofronia. Tuvo noticia della el emperador, y que estava casada con un prefecto; embió gente para que le dixessen que embiasse su muger, si no que le sería llevada por fuerça con daño suyo. Oída la embaxada del tirano, y entendiendo que sería peor el hecho que la amenaza, quiso dar la muger. Salió ella de su casa algunos passos, y considerando a lo que iva, acordó que le sería mejor perder la vida que la honra. Habló a los que la llevavan, y pidióles la dexassen bolver a ponerse otro adereço mejor que el que llevava, para más agradar al emperador. Ellos vinieron en ello; entró Sofronia en un aposento y con un cuchillo se mató. El zelo de castidad es aquí alabado, y siendo cristiana como lo da a entender Eusebio, si tuvo voz del cielo para lo que hizo, hase dezir della lo que se dize de otras en semejante ocasión.

Sabélico, libro quin- to, | capítulo sexto De exemplos, escrive que una matrona llamada Timoclea, siendo ganada su ciudad de Tebas por Alexandre, vino en poder de un capitán de Tracia, el cual la forçó, y no contento con esto pedía le dixesse dónde tenía escondidos sus tesoros. Tomó ella de aquí ocasión para vengar su deshonra. Fingióle voluntad y querer congraciarse son él; díxole:

-Como otro lo ha de llevar, yo huelgo que lo lleves tú. Sabe que yo lo avía mandado esconder dentro de aquel poço.

Señalósele, y llegó el bárbaro a mirar su hondura y el modo que tendría en baxar por el tesoro. Vino Timoclea por detrás, y fácilmente dio con él dentro del poço; y no contenta de tenerle allí, ayudóle con algunas piedras que derribó sobre él, y assí le mató. Divulgóse el caso; lleváronla en presencia de Alexandre, donde habló con tanta libertad, dando cuenta de su ilustre linaje, declarando la maldad que usó con ella aquel capitán, lo cual todo considerado por el emperador, la dio por libre.


[6] Valerio Máximo, libro sexto, capítulo I, dize que en una batalla que tuvo Manlio, cónsul romano, en el Olimpio contra los galo-grecos, quedando la victoria de su parte, fue hallada entre otros captivos la muger de Oriagonte Regulo, la cual puesta en guarda de un centurión, siendo muy hermosa, fue por él forçada. Embió el marido su rescate, y estándole recibiendo el centurión, y muy puesto el sentido en contar el dinero, habló en su lengua la dama a los criados de su marido que traían el dinero, y mandóles que le matassen. Ellos lo hizieron. Tomó ella la cabeça y fue a su marido que estava cerca de allí esperándola, y llegando dio con la cabeça del centurión a sus pies, y juntamente contó su fuerça y la vengança.

Estos dos hechos de Timoclea y de la muger de Oriagonte fueron proprios de mugeres paganas, que sólo tuvieron intento a vengarse, en lo cual no son de alabar, pues, su pecado, aunque merece serlo la raíz que a esto les movió, que fue ser de veras castas y muy honestas, y la honestidad y castidad en cualquier sujeto parece bien y merece loa.


[7] Ludovico Brusón refiere de Pompeyo /66v/ Magno que de muchas mugeres que captivó en las guerras que tuvo con Mitrídates, de ninguna se aprovechó, sino que las embió con dones a sus padres. Y de Valentino, emperador que ganó muchas victorias, y estando para morir, dixo:

-De aver vencido un enemigo entre todos me huelgo mucho.

Y preguntado cuál era, respondió:

-Mi propria carne.


[8] Tenía Roma un oficio de justicia que llamavan censor, a cuyo cargo era castigar severamente cualquiera cosa que veían immoderada y dañosa para las costumbres. Tuvo este cargo Marco Catón, y provándosele a un senador llamado Manio que avía besado a su muger estando presente y viéndolo una donzella hija suya, le privó de entrar en el Senado, que era grande afrenta. Y cuando le dio esta pena, que fue con palabras de mucha severidad y reprehen- sión, | le dixo:

-De mí te sé dezir que nunca me vido persona abraçar a mi muger sino en tiempo de truenos, que es temerosa, y oyéndolos ássese de mí.

Este exemplo sería bien que advirtiessen algunos padres muy amigos de su honor, que tienen hijas donzellas y desposan una, a la cual visita el desposado con tanta continuación que no ay echarle de casa, tratando con su esposa delante de sus hermanas como si nadie los viesse, poniéndolas en ocasión de ser malas y deshonrar al padre. Es de Fulgoso, libro segundo.
[9] Diógenes Laercio dize de Xenócrates Filósofo que era tan casto, que por dos vezes sus discípulos encerraron donde él estava dos malas mugeres, para que le provocassen a mal, y nunca consintió en el vicio. La una dixo que no salía de con hombre sino de con estatua de piedra. Fue discípulo de Platón.
Fin del Discurso de Castidad. |

DISCURSO UNDÉCIMO. DE CASTIGO

Al tiempo que salía Lot de Sodoma, como se escrive en el capítulo decimonono del Génesis, mandóle un ángel de parte de Dios que no bolviesse él ni su muger y hijas la cabeça atrás, y porque la muger desobedeció fue muerta de repente y su cuerpo convertido en estatua de sal. La sal da sabor al manjar; assí, considerar el castigo que Dios hizo en esta rebelde muger y ha hecho en otros pecadores obstinados, da sabor a los justos en las obras de penitencia que hazen. El Discurso será de Castigo.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]



[1] La gravedad del pecado de nuestros primeros padres Adam y Eva héchase de ver algo por el castigo que dél resultó. Perdieron la justicia original, quitáronles su casa y mayorazgo del Paraíso Terreno. Todas las criaturas se les bolvieron contrarias, los elementos les hizieron guerra, la tierra les dio espinas y abrojos, y para sacar della el sustento les costó sudor del rostro. Desde luego començaron a morir, y al fin se les acabó la vida, y no por esso se acabó el castigo, | porque oy día quedan rastros de aquel delito. El nacer los hombres en pecado original, el padecer cuantos viven trabajos, persecuciones, dolores, enfermedades y la muerte, todo resultó de la inobediencia de nuestros padres primeros y es castigo bien merecido dél. Es del Génesis, capítulo tercero.
[2] Caín pecó en matar al inocente Abel, su hermano, y también fue castigado. Fue maldito sobre la tierra, toda la vida anduvo asombrado y lleno de temor. Refiérese en el capítulo cuarto del Génesis.
[3] En tiempo de Noé, porque si no era él y su familia todos eran pecadores, todos fueron castigados muriendo en las aguas del General Diluvio, si no fueron ocho personas con el Patriarca Noé, y los animales y aves que quedaron en la Arca. Lo demás pereció y quedó sin vida, como se dize en el capítulo siete del Génesis.
[4] Pecaron los vezinos y moradores de Sodoma, teniendo todos un trato malo y nefando, y fueron castigados con fuego del Cielo que los abrasó, quedando hasta /67r/ oy muestras del castigo en aquella tierra. Es del Génesis, capítulo diez y nueve.
[5] Perseguía Faraón y sus gitanos a los hebreos teniéndolos en su tierra, y no les perdonaron saliendo della, sino que les siguieron hasta entrar con ellos en el mar Bermejo. Mas llegó a este punto el castigo de Dios, porque quedaron libres los hebreos, y el rey y sus exércitos submergidos entre las ondas. Es del Éxodo, capítulo catorze y quinze.
[6] Quiso el rey de Amalec, con sus amalecitas, impedir el passo a los hebreos caminando por el desierto a la Tierra de Promissión. Levantáronles guerra y ofreciéronles la batalla. Díxoles Dios: «¿A sí? Pues pagaréismela muy bien». Aguardóles algunos años, no hizieron penitencia de aquel pecado, sino añadieron otros de nuevo. Embió sobre ellos a Saúl para que los asolasse, no perdonando cosa, y aunque a él le cohecharon aficionándose a cosas preciosas y de valor, por lo cual perdonó al rey Agad la vida, mas vino sobre él residencia y tomóle cuenta Samuel, el cual mató al rey de Amalec y condenó a Saúl por aver cumplido mal lo que Dios le avía mandado a perdimiento de bienes, quitándole a él la vida los filisteos, y viniendo el reino a David. Es del capítulo treze del Éxodo, y del Primero de los Reyes, capítulo quinze.
[7] Estando Moisés ausente del pueblo, fabricaron un bezerro y adoráronle, por lo cual se enojó Dios con ellos. Y no hizo poco Moisés en aplacar su ira, quedando muertos muchos millares dellos, como parece en el capítulo treinta y dos del Éxodo.
[8] Trocaron Nadab y Abiu, hijos de Aarón, el fuego con que por mandado de Dios devían cebar sus incensarios, y por este delicto, que parecía no muy grave, fueron castigados con que baxó fuego del Cielo que los abrasó. Y refiérese en el capítulo décimo del Levítico, y en los Números tercero y veinte y seis.

[9] Avía parido una muger hebrea de cierto egipcio idólatra un hijo. La madre se | llamava Salumit, hija de Dabri, de la tribu de Dan, y teniendo palabras el moço con otros israelitas, dixo una blasfemia contra el nombre de Dios. Pusiéronle en la cárcel hasta ver lo que Dios mandava sobre el caso, y consultado por Moisés, mandó que le sacassen fuera de los reales y le apedreassen, y assí fue hecho. Refiérese en el capítulo treinta y cuatro del Levítico.


[10] Pidieron los hebreos a Moisés, estando en el desierto, que les diesse carne que comiessen, diziendo que estavan hartos de maná. Embióles Dios codornizes, que assían a manos y las comían, mas por este atrevimiento los castigó con muerte de muchos millares dellos. Es de los Números, capítulo onze.
[11] María, hermana de Moisés, murmuró dél, y fue castigada con quedar leprosa. Y para sanar convino que la oración del hermano ofendido intercediesse por ella. Dízese en los Números, capítulo doze.
[12] Contáronse los israelitas que salieron de Egipto, y passaron de seiscientas mil personas. Y por pecados que cometieron en cuarenta años que anduvieron por el desierto castigólos Dios con que ninguno dellos, si no fueron Caleb y Josué, entraron en la Tierra de Promisión. Como parece en los Números, capítulos 14 y 26.
[13] Pretendía Dios hazerse temer de los hebreos y mostrava rigurosos castigos en los que le ofendían, aunque las ofensas pareciessen livianas. Y assí a un hebreo, porque en día de fiesta salió a cortar leña, le mandó apedrear. Y refiérese en el capítulo quinze de los Números.
[14] Coré, Datán y Abirón resistieron a Moisés mostrándosele rebeldes y contrarios, y tragólos vivos la tierra. Es del capítulo diez y seis de los Números.
[15] Moisés, fidelíssimo siervo de Dios, porque mandándole su Magestad un día que hiriesse con la vara que traía en las manos una piedra, afirmándole que saldría agua della, no salió al primer golpe, dudó de lo que Dios le avía dicho, aunque salió al segundo golpe. Sintió Dios dél esta duda, reprehendióle por ello y no se fue sin castigo, pues le vedó por lo mismo la entrada en la Tierra de Promissión, como parece en el /67v/ capítulo veinte de los Números.
[16] Murmuraron otra vez contra Dios los hebreos en el desierto acordándose de Egipto, y embió sobre ellos unas serpientes que echavan fuego por las bocas, herían a muchos y no eran pocos los que morían. Es del capítulo veinte y uno de los Números.
[17] Acam, hijo de Charmi, fue castigado con muerte suya y destruición de su familia, porque hurtó de Hiericó un vestido de grana y una regla de oro, contra lo que Dios avía mandado. Y dízese en el capítulo siete de Josué.
[18] Cometieron los de la tribu de Benjamín grave pecado contra la muger de cierto levita que se hospedó en su ciudad, usando mal della hasta matarla. Por lo cual fueron castigados, que no quedaron seiscientos hombres de todos ellos. Refiérese en el Libro de los Juezes, capítulo veinte.
[19] Helí, Sumo Sacerdote, siendo advertido de pecados graves que cometían dos hijos suyos, reprehendiólos blandadamente y la enmienda fue ninguna, por lo cual los castigó Dios, muriendo ambos en una batalla. Y su padre, oyendo dezir de sus muertes y de la pérdida de la Arca del Señor -que se perdió allí y vino en manos de los filisteos-, cayó de una silla en que estava assentado, y murió. Todo fue castigo: el de los hijos por su pecado y el del padre porque no castigó con mayor rigor a sus hijos. Y ¿qué será de los que no solamente no castigan a sus hijos, sino que los incitan a mal con palabras y con exemplos? Es del Primero de los Reyes, capítulo segundo.
[20] Por aver muerto Saúl injustamente ciertos gabaonitas, siendo ya él muerto hizo Dios castigo en todo el reino por aquel pecado, afligiéndolos con hambre, hasta que por mandado del mismo Dios hizo David justicia de algunos de su linaje y cessó el castigo. Refiérese en el Segundo Libro de los Reyes, capítulo veinte y uno.
[21] Passava David la Arca del Señor de un lugar a otro, mas con modo indecente, iva | sobre bueyes y dando muestra de caerse. Llegó Oza a detenerla, no con la decencia que devía, o fuesse que dio él por parecer que la llevassen bueyes, siendo precepto de Dios que fuesse llevada en ombros de levitas; como quiera que sea, él cometió delicto y fue castigado con caer allí muerto de repente. Es del Segundo de los Reyes, capítulo sexto y treze, y del Primero del Paralipomenon, capítulo treze.
[22] Subía el profeta Eliseo a la ciudad de Bétel, y viéndolo unos rapazes començaron a burlar dél, diziendo:

-Sube viejo, sube viejo.



Si por no tener juizio entero no pecaron estos mochachos, el pecado se atribuye a sus padres, que los tenían mal criados, y llevaron el castigo unos y otros, porque salieron del monte dos ossas y mataron cuarenta y dos dellos. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo segundo.
[23] Eliseo curó de lepra a Naamán Siro, haziéndole lavar en el río Jordán. Dávale ricos dones de vestidos y plata; no quiso recebir cosa alguna, despidióse, fue en su seguimiento Giesi, criado del profeta, y en su nombre le pidió y recibió dél dos talentos de plata y dos pares de vestidos. Y por este delicto fue castigado de Dios con quedar cargado de lepra. Y si tal castigo se hizo en él, a quien dieron de su voluntad y gana aquel dinero, ¿qué tal se hará en el que lo lleva por engaño o por fuerça? Es del Cuarto de los Reyes, capítulo quinto.
[24] Como estendiesse Jeroboán el braço para prender a un profeta que le reprehendió sus idolatrías, quedóle el braço seco, y el altar en que sacrificava se derribó. Es del Tercero Libro de los Reyes, capítulo treze.
[25] Ozías, rey de Judá, pareciéndole que por ser rey todo le era lícito, tomó un día el incensario en el templo y quiso incensar el altar contra la voluntad de Dios, que disponía otra cosa, y del Sumo Sacerdote, que se lo contradezía. Y como perseverasse en su intento, castigóle Dios con le cubrir de lepra, por donde vino a ser aborrecido y echado de su reino. Es del Segundo del Paralipomenon, capítulo veinte y seis.
[26] Porque hizo ostentación de sus tesoros /(68r)/ el rey Ezequías delante los embaxadores del rey de Babilonia, le embió Dios a dezir que el castigo de aquella culpa sería perderlos. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo veinte.
[27] Los pecados del pueblo hebreo fueron tantos y tales, que para su castigo vino Nabucodonosor, el cual destruyó la ciudad de Jerusalem y el templo, y llevó la gente captiva a Babilonia. Dízelo Jeremías, capítulo 39.
[28] Heliodoro, criado del rey Seleuco de Asia, fue malamente açotado en Jerusalem de ángeles del Cielo, porque pretendió robar el templo y llevar de allí al rey, su señor, el depósito que le guardava en aquel lugar para remedio de viudas y huérfanos. Es del Segundo de los Macabeos, capítulo treze.
[29] El rey Antíoco profanó el templo de Jerusalem y hizo en la ciudad grandes males y crueldades, por lo cual le castigó Dios con una enfermedad asquerosa y suzia. Comíase de gusanos, salía dél malíssimo olor, con que acabó su miserable vida. Es del Segundo de los Macabeos, capítulo nono. |
[30] A un mal siervo, porque no quiso perdonar a otro su consiervo una pequeña deuda, sino que le echó en la cárcel, castigóle su señor con mandarle atormentar hasta que pagasse otra deuda mayor que él devía. Díxolo esto Jesucristo Nuestro Señor, y refiérelo San Mateo, capítulo diez y ocho.
[31] También dixo por San Lucas, capítulo décimo, que vido a Satanás caer del Cielo como rayo, y fue por el pecado de sobervia que cometió, de querer ser semejante a Dios. Donde assí él como todos los demás ángeles que se allegaron a su parecer fueron lançados del Cielo, hechos demonios, al Infierno. Y fue esto uno de los terribles castigos que se ha hecho jamás, por las cualidades de las personas y terribilidad de los tormentos siendo eternos.
[32] Por un par de mentiras que dixeron dos casados, Ananías y Safita, al Apóstol San Pedro, fueron castigados con caerse muertos de repente. Es del libro de los Hechos Apostólicos, capítulo quinto.

Lo dicho se colige de la Sagrada Escritura.


[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Herodes, hijo de Antipatro, el que mató a los Inocentes, fue castigado de Dios por esta y otras crueldades que hizo con una enfermedad que dentro de sí se abrasava. Hincháronsele las piernas y salíanle del vientre gusanos. Despedía terrible hedor, encogiéronsele los nervios de suerte que no era señor de sí. Hízose llevar a bañar al Jordán y truxo nueva enfermedad en los ojos. Estando en Hiericunte hizo prender a algunos principales judíos con designo que si él muriesse los matassen para que su reino todo llorasse el día de su muerte. Aunque no se cumplió su desseo, porque como fue muerto, Salomé, hermana suya, los hizo soltar. Estava en la cama padeciendo terribles dolores. Pidió un cuchillo para mondar una camuesa y hirióse con él, aunque no se mató por detenerle la mano Aquiabo, sobrino suyo. Mas levantóse grande clamor como que fuesse muerto. Tenía preso a su hijo Antipatro, el cual oyendo dezir que su padre era | muerto, hizo algunas promesas a las guardas por donde le dieron libertad. Y pretendiendo el reino, sabido por su padre, Herodes mandóle matar, y desde a cinco días murió él, treinta y siete años después que fue declarado rey por los romanos. Los cuales en su muerte dividieron el reino en tres tetrarquías. Dízelo Josefo, libro diez y siete de sus Antigüedades, capítulo octavo, y De Bello Judaico, libro primero, capítulo veinte y uno.


[2] Herodes Antipas, hijo deste y hermano de Arquelao, a quien el padre dexó el reino por ocasión del adulterio que cometía con Herodías, muger de su hermano, reprehendiéndole San Juan Baptista, prendióle y hízole degollar en la cárcel. Por este gravíssimo pecado fue castigado de Dios en que viendo venir de Roma a su hermano Agripa con título de rey, instigado por la adúltera, fue a verse con el emperador Cayo, para ponerle en mal con el /(68v)/ hermano y quedarse con todo el reino paterno; mas entendiendo Agripa su designo, embió un liberto suyo al emperador con cartas y aviso, en que le declarava que el hermano se hazía de concierto con el rey de los partos para revelarse contra él y hazerle guerra. Creyólo Cayo el Emperador, recibióle con buenas palabras, y preguntóle si tenía gente de guerra a punto y respondióle que sí. Embióle desterrado a León de Francia, siguiéndole la adúltera Herodías, donde murió miserablemente. Dízelo Josefo en sus Antigüedades, libro diez y ocho, capítulo nueve, y Eusebio, libro segundo, capítulo cuarto.
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