De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[3] Herodes Agripa, hermano de Antipas y hijo de Herodes Antipatro, el que degolló a Santiago el Mayor, hermano de San Juan Evangelista, y tuvo preso a San Pedro, estando en la ciudad de Cesarea y celebrando unos juegos en honra del emperador de Roma, a los cuales assistía gente de todo el reino, en el segundo día salió con una vestidura hecha de tela de plata, en la cual dando el sol, despedía de sí unos rayos de claridad, que causavan en los presentes admiración y reverencia como de alguna deidad. No faltaron lisonjeros que aclamaron, llamándole Dios y que les favoreciesse en sus desseos. Esta adulación impía ni la reprehendió ni la desechó, antes començando a razones fue con palabras tan acortadas y de aviso, y que ya no sólo los lisonjeros, sino muchos otros aclamaron diziendo: «Voz de Dios y no de hombre es ésta». Ensoberbecióse de oír tales loores, mas castigó Dios su sobervia por medio de un ángel que le hirió de muerte. Levantó los ojos y vido sobre sí volar un bucho, que fue para el mal prodigio. Començaron luego los mensajeros de la muerte con dolores terribles dentro de su cuerpo. Habló a sus amigos diziendo:

-Bien diferente sucede en mí de vuestros loores falsos, pues me veo acabar la vida.



Sus angustias eran de suerte que se entendió llegar su muerte. Y fue grande el sentimiento de todos los presentes, que llo- ravan | y pedían a Dios vida por su rey. Fue llevado a la casa real, donde estuvo cinco días padeciendo immensos dolores, royéndole gusanos las entrañas, y al cabo murió comido dellos, como se dize en el libro de los Hechos Apostólicos, capítulo doze: «Era de edad de cincuenta y cuatro años, aviendo reinado siete». Lo dicho refiere Josefo. Y Eusebio, libro segundo, capítulo décimo, dize que fue el año de Cristo de cuarenta y cinco, y en el tercero del emperador Claudio.
[4] Poncio Pilato, presidente en Hierusalem por el emperador Tiberio César, condenó a Jesucristo Salvador Nuestro a muerte en Cruz, viendo que era inocente y sin culpa, por temor que tuvo a los príncipes y sacerdotes de los judíos, no le calumniassen con el mismo emperador. Hizo otras muchas cosas malhechas, como tirano contra los judíos. Quiso poner en el templo un ídolo del emperador Cayo Calígula. Y en el año de Cristo de cuarenta y dos fue acusado por los judíos delante del mismo Calígula de crueldades que avía hecho. Y siendo llevado a Roma le fueron puestas tales acusaciones, >y le trató Cayo de tal suerte que por escusar mayores tormentos él mismo se mató. Dízelo Eutropio, libro siete, y trata desto Josefo en sus Antigüedades, libro diez y ocho, capítulo quinto. De Anás y Caifás con los demás escrivas y fariseos que convinieron en la muerte de Cristo afirma Eusebio, libro segundo, capítulo siete, y Nizéforo, libro segundo, capítulo décimo, que padecieron graves persecuciones, quitáronles las dignidades y haziendas, y al cabo las vidas.
[5] San Cipriano, en una Apología que haze contra Demetriano Prefeto, dize que todos los que persiguieron a los católicos en la primitiva Iglesia pararon en mal. Pone exemplo en Vigelio Saturnino, perseguidor de cristianos, que perdió la vista. Claudio Herminiano, prefeto de Capadocia, fue comido de gusanos. Severo Emperador, por los dolores que padecía de gota, pidió veneno para acabar la vida. /(69r)/ El emperador Máximo, por sus soldados fue despedaçado, como dize Aurelio Victor. Decio murió ahogado en una laguna, teniendo guerra con los godos; afírmalo Pomponio. Valeriano fue preso por el emperador Sapor de Persia y en ignominia del imperio se servía de sus espaldas para subir a cavallo, como lo dizen Eutropio y Polión. Galieno, hijo de Valeriano, en cuyo tiempo fueron martirizados innumerables cristianos, fue muerto a puñaladas en Milán; dízelo Eutropio. Aureliano, emperador y también enemigo del nombre de Cristo, fue espantado con un rayo que cayó junto a él, y no enmendándose, cerca de Heráclea fue muerto por sus soldados, y refiérelo Eusebio, libro siete, capítulo treinta. Diocleciano Emperador, rabioso de ver que no podía borrar el nombre de Cristo en la tierra por la constancia de los mártires, de su gana dexó el imperio y vivía privadamente en una labrança cerca de Nicomedia, donde murió miserablemente. Primero estuvo hidrópico, después se vino a secar. Comíase su lengua de gusanos, despedía de sí un hedor tan grande que no le podían sufrir los presentes. Al cabo, ladrando como perro despidió la alma; dízelo Nizéforo, libro siete, capítulo veinte. Eusebio, libro octavo, capítulo treze, dize dél que andava como espantado, y da la razón Rufino de que caían rayos cerca dél. De Maximiano Colega, que fue en el imperio del mismo Diocleciano, dize Eusebio, libro octavo, capítulo diez y seis, que viviendo en Milán le dio una enfermedad no conocida de médicos y de grandíssimo tormento para él, porque interiormente se comía de gusanos. Y llamando médicos, y no dándole remedio, con el favor que tenía de los Césares que avía dexado en el imperio, el cual ya no governava viviendo privadamente, mandávalos matar. Y dize Rufino que uno dellos le dixo:

-¿Por qué, o emperador, quieres que el hombre estorve lo que Dios ordena? Esta enfermedad tuya no es humana para que pueda ser curada por médicos. | Ten acuerdo de lo que has hecho con los siervos de Dios y con la religión cristiana, derramando tanta sangre, y verás de dónde te viene el daño. Yo bien puedo morir por tu mandado, mas tú no serás curado por mano de médico.



De Maximino, tirano de Alexandría, Zonaras y Eusebio afirman que murió de un fuego invisible que le abrasava y consumía la carne, hasta dexar solos los huessos. Licino, otro cruel perseguidor de cristianos, siendo vencido de Constantino y mostrándosele rebelde, por él fue mandado matar, según dizen Sócrates, libro primero, capítulo cuarto, y Sozomeno, libro primero, capítulo siete.
[6] Amfiloquio, en la Vida de San Basilio, escrive que en la jornada que hizo Juliano Apóstata contra los persas, aviendo de passar cerca de Cesarea fue a verse con él San Basilio. Quisiera el emperador que le llevara algún dinero para aquella guerra, mas el santo Pontífice, que lo entendió, para significarle que no tenía qué le dar, ofrecíale tres panes de cebada. Recibiólos el emperador y mandóle dar un poco de heno. San Basilio replicó que él avía dado pan de cebada, que era su comida, por ser pobre, y que el darle paja siendo manjar de bestias era ultrajarle, para lo cual no tenía razón. Sintióse Juliano desto y añadió a su sentimiento el no aver recebido en Cesarea un ídolo que él adorava, y quisiera que ellos le adoraran. Y sobre todo por no averle dado el dinero que desseava, y assí dixo que a la buelta destruiría la ciudad, de modo que en adelante no hombres, sino bestias la habitassen. San Basilio dio cuenta desta amenaza a sus ciudadanos y quedaron todos llenos de temor. Congregó el santo perlado al clero, con los niños y mugeres, y alguna otra gente, en una iglesia de la Madre de Dios, donde tuvieron todos larga y prolixa oración; después de lo cual le fue revelado al santo la muerte del tirano, y sucedió dando batalla a los persas, que vino una lança sin saber de dónde, que le hirió de muerte, y él murió diziendo blasfemias de Cristo: /(69v)/ «Venciste Galileo, venciste». Y assí dio su alma al demonio.
[7] El emperador Valente Ariano embió desterrados muchos obispos del Oriente porque no seguían la secta ariana. Sucedióse luego castigo del Cielo en Constantinopla, cayendo granizo como piedras grandes, con inmenso daño de la ciudad. Perecieron con terremotos otras ciudades como la de Nizea y Cermán, que es en el Helesponto. Hizo quemar dentro de un navío ochenta sacerdotes por la misma ocasión, y siguióse hambre en Frigia, de suerte que muchos mudaron assiento y se fueron a vivir a otras partes. A San Basilio, porque favorecía las partes de los católicos, le mandava desterrar. Mas al tiempo de firmar la sentencia, la pluma no señaló y el braço començó a temblar, de suerte que la arrojó de sí sin firmarla. Fue a hazer guerra a los godos, y en una batalla le hirieron con una saeta. Entróse en cierta casa pagiza de pastores, y cercado en ella fue quemado dentro y murió en fuego (muerte propria de herejes). Dízenlo Sócrates, libro cuarto, capítulo treinta y ocho, Teodoreto, libro cuarto, capítulo treinta y seis, Sozomeno, libro séptimo, capítulo cuarenta.
[8] Persiguió a San Juan Crisóstomo Cirino, obispo de Calcedonia, siendo de parecer que fuesse desterrado por complacer a la emperatriz Eudoxia, mas siguióse castigo del Cielo sobre ellos, porque a Cirino le pisó el pie inadvertidamente Marutas, obispo de Mesopotamia, y sucedióle de la pisada tanto mal que vino a que le cortaron la pierna. Y no paró en esto, passó a la otra pierna el mal y también se la cortaron, y al cabo todo el cuerpo se le empodreció y murió rabiado. La emperatriz assí mismo murió cuatro días después que el santo acabó la vida en el destierro, y el sepulcro en que estava su cuerpo, por treinta y cinco años parecía moverse, y como que temblava. En Constantinopla se levantó fuego, començando desde el púlpito donde predicava San Juan Crisóstomo, y hizo daño notable en la ciu- dad. | La cual padeció luego otro açote de una ruziada de granizo, que la dexó casi destruida. De lo dicho son autores Sócrates, libro sexto, capítulo veinte y siete, Sozomeno, libro octavo, capítulo veinte y dos y veinte y siete, y libro treze, capítulo treinta y cinco, Nizéforo, libro treze, capítulo catorze, veinte y uno y treinta y seis, y libro catorze, capítulo cuarenta y tres.

[9] Radagaiso, rey godo que derramó mucha sangre de cristianos, fue cercado con su gente en una quiebra del monte Fesulano, de sus enemigos, donde murió de sed y hambre con ellos. Dízelo Paulo Diácono, libro decimotercio y Orosio, libro siete. Atila, rey de los hunos, después de aver hecho graves daños a la gente cristiana en el sexto año de su reinado, la noche de sus bodas, dándole apoplexia, de su propria sangre fue ahogado, aviendo tenido grande sed de la agena. Dízelo Sigiberto.


[10] Hunerico, cruel perseguidor de cristianos en Cartago, murió comido de gusanos y atormentado de demonios. Escrívelo Victor Utivense, libro tercero de la Historia Vandálica, y Gregorio Turonense, libro segundo, capítulo tercero. Anastasio, emperador de Constantinopla, maniqueo y enemigo de católicos, en una tempestad de rayos y truenos iva huyendo en su real casa de aposento en aposento, y los truenos y rayos tras él. Al cabo fue hallado muerto sobre una cama. Dízelo Zonaras, tomo tercero y Jornandes. Trasimundo, rey de los vándalos, profanó muchos templos de católicos; fue muerto en una batalla. Afírmalo Procopio, libro tercero. Teodorico, rey de los ostrogodos, ariano, mató a Simanco y a Boecio, patricios, y al Papa Juan. Después de lo cual, espantado de ver una cabeça grande de pece que tenía en su mesa transformada en los que avía muerto, murió mala muerte, y el día que murió le vido un ermitaño llevar aprisionado por estos mismos, a echar en un vulcán de fuego en cierta isla. Es de Pablo Diácono, libro quinze, /70r/ y de Procopio, libro primero. Leutario, príncipe de Alemania, aviendo afligido mucha gente cristiana, peleando por los godos contra los romanos, cayó enfermo de rabia y él mismo con sus dientes se despedaçó. Dízelo Agatio, libro segundo. Alboino, rey de los longobardos, enemigo cruel de cristianos, estando casado con Rosimunda y haziéndole fuerça que beviesse un día en cierto vaso que tenía hecho y bien guarnecido de oro, del caxco de la cabeça de su padre, muerto por él, ella le procuró la muerte. Y se la dio por medio de Helmiquilde, con quien pretendió casamiento, y a quien quiso matar después con veneno. Beviólo, y entendiendo el caso la compelió a que lo beviesse ella también, y assí ambos murieron. Dízelo Pablo Diácono, libro segundo. Childerico, rey de Francia, herege y perseguidor de la Iglesia, por orden de su muger Fredegunde fue muerto. Es de Gregorio Turonense, libro cuarto, capítulo veinte y siete. Cosroes, rey de Persia, fue açote terrible de cristianos, haziéndoles guerra y entrando por fuerça de armas la santa ciudad de Jerusalem, y llevando della el precioso madero de la Cruz de Cristo a Persia, con innumerable gente cristiana, después fue perseguido de un hijo suyo, quitóle el reino y la vida. Refiérelo Lipomano en la Fiesta del triumfo de la Cruz. Ebroíno, mayordomo de Lotario, rey de Francia, aviendo muerto o desterrado a muchos santos doctores, fue muerto por Hermenfrido, y su alma fue vista ser llevada al Infierno por demonios. Dízelo Tritemio en la Historia de los Reyes de Francia.
[11] Nicómaco, siendo preso en Troya por un procónsul en tiempo del emperador Decio, y queriéndole atormentar como atormentava a otros cristianos, él negó que lo era, mostrándose floxo y covarde. Y llevado delante de un ídolo para que sacrificasse, al tiempo de ofrecer el encienso fue atormentado del demonio, apoderándose dél. Y cortándose la lengua con sus proprios dientes murió. No escusó el | tormento por negar a Cristo. Primero le padeciera por su fe y se salvara, después le padecía por el demonio y se condenó. Refiérelo Henrico de Esforcia.
[12] Dio licencia el emperador Juliano Apóstata a los judíos para que reedificassen el templo de Jerusalem, y començándose la obra salió de los cimientos un grande fuego que abrasó la obra y la deshizo, y espantó malamente a los judíos. Dízelo San Juan Crisóstomo, Homilia quarta in Mathaeum.

[13] El emperador Arcadio, incitado por uno de su consejo llamado Eutropio, hizo ley, atento que muchos con confiança que se entrarían en las iglesias y serían amparados, cometían insultos y maldades, de que no valiesse la iglesia a los delincuentes. Fue esto a gran despecho de San Juan Crisóstomo, que era a la sazón patriarca de Constantinopla y tornava por las immunidades de la Iglesia. Y no aprovechando su contradición, passados algunos días cometió el mismo Eutropio un delicto grave. Fuese a la iglesia, y no sólo le defendió en ella el santo perlado, antes desde el púlpito, en un sermón le dixo palabras bien sentidas de que tenía su merecido y era bien no le valiesse la iglesia, pues él avía sido ocasión que tal ley se hiziesse. Y assí fue, que el emperador le sacó della y le ajustició. Refiérese en la Vida del mismo Crisóstomo.


[14] San Ambrosio, en el Sermón sesenta de los Apóstoles San Pedro y San Pablo (y son con él San Clemente Papa, Eusebio y Egesipo), dize que tomando Simón Mago ira y enojo grande con todos los cristianos, aunque él avía sido baptizado, los començó a perseguir y hízoles daños y agravios. Mas fue castigado, porque fingiendo que se quería subir al Cielo desde el Capitolio de Roma, invocó demonios que le llevavan por el aire. A los cuales San Pedro mandó que le dexassen, dado que la gente no veía sino al Mago y se admirava creyendo ser verdad lo que dezía, que se subía al Cielo. Obedecieron los demonios al Apóstol, dexáronle y dio una tan mala caída, que aunque no luego, mas otro día murió en Aricia, lugar cerca de Roma. /70v/
[15] Beatriz, hermana de Simplicio y Faustino, todos mártires, fue presa por Lucrecio, vicario del emperador Diocleciano, y desseando quitarle una viña que tenía cerca de Roma, con ocasión de que era cristiana le quitó viña y vida. Fue a tomar la possessión della con otros amigos suyos, y estando muy contento y ufano con lo hecho, hallóse allí una muger, y tenía un pequeño infante en sus braços, a quien dava leche en sus pechos. Éste habló en voz clara, que todos lo entendieron, y dixo:

-Oye, Lucrecio, mataste a Beatriz y a sus hermanos. Tomaste la possessión de su viña. Pues sabe que el demonio ha de tomar la possessión en ti.

En el mismo instante, Lucrecio començó a hazer visajes como hombre endemoniado. Estuvo por tres horas padeciendo terribles dolores, y al cabo espiró. Refiérese en la Vida destos santos mártires en veinte y nueve de julio.
[16] San Remigio, arçobispo de Reins, siendo muy viejo supo por revelación una grande hambre que avía de suceder en toda Francia, y como otro Josef quiso proveer para aquella necessidad, juntando mucho trigo en una alquería, llamada Celto. Sucedió que ciertos villanos un día de fiesta, no teniendo en qué entender, començaron a tratar del trigo que juntava San Remigio.

-¿Este Jubileo -dixo el uno dellos, porque assí llamavan al santo por ser muy viejo- quiere hazerse tratante de trigo, que junta tanta copia dello?

Replicó otro, instigado del demonio:

-¡Peguémosle fuego, peguémosle fuego y quemémosselo, y assí dexará el trato!

Házenlo assí, péganle fuego y començó a arder. Hallóse a la sazón cerca de allí San Remigio, fuéronle a dezir lo que passava. Él subió en un cavallo y fue a ver si podía remediar aquel daño. Cuando llegó estava ya el fuego apoderado de todo. Y visto por él, siendo casi de noche, baxó del cavallo y como hiziesse grande frío, por ser en medio del imbierno y él por la edad lo sintiesse más, llegóse al fuego y començóse a calentar, sin mostrar en su rostro enojo ni ira alguna. Después, con voz | serena, dixo:

-Los que este daño hizieron, Dios tendrá cuidado de castigarlos por la falta que el trigo hará a los pobres.

Y fue assí que los villanos que echaron el fuego quedaron lisiados con quebradoras y todos los varones sus descendientes padecieron la misma enfermedad y las mugeres tenían las gargantas hinchadas. Y deste linaje se vieron algunos, mucho después en Francia, como afirma averlos visto Hincmaro, arçobispo también de Reins, que escrivió lo dicho en la Vida de San Remigio.
[17] Simeón Metafraste, en la Vida de San Juan Elemosinario, Patriarca de Alexandría, dize que afrentó mal un mesonero tributario de la Iglesia a un sobrino deste santo varón. Vino muy enojado querellándose a él. Díxole:

-¿Cómo? ¿Y es possible que se atrevió esse hombre a injuriarte sabiendo que eras tú mi sobrino? Dexa hazer, que yo haré un castigo que espante a toda Alexandría.

Con esto aplacó al sobrino, y viéndole más sossegado, díxole:

-Si queréis, sobrino, que yo os tenga por pariente y os haga bien como a tal, conviene que seáis muy sufrido y perdonéis a quien os injuriare, como lo deve hazer el buen cristiano.

Tales cosas le dixo, que perdonó al mesonero. Y el patriarca mandó al mayordomo de la Iglesia que no llevasse el tributo a aquel hombre por algunos años. De que toda la ciudad quedó admirada, cumpliéndose lo que dixo, que de su castigo se admiraría Alexandría.
[18] San Epifanio era perseguido de un diácono de su iglesia, hombre rico y ambicioso, que desseava su dignidad y ser perlado, llamado Carino. El cual, viendo que Epifanio del dinero de la iglesia avía sacado de la cárcel a un hombre honrado, dicho Eugnomón, pagando cierta cuantía porque estava preso, convocó al pueblo, diziendo que dissipava los bienes de la Iglesia. Sufrió esta calumnia el santo varón con mucha paciencia y buscó de otra parte el dinero y diolo al mismo Carino, para que lo pusiesse en el erario. Mas él, que no lo avía por esto, no cessó de perseguir- le /71r/ cuanto podía, ni el santo de le hazer todo el bien que le era possible. Teníale un día combidado en su casa con otros clérigos, y era costumbre de Epifanio traer siempre en sus manos el libro de los Evangelios y declarar algún passo dellos, aviendo commodidad de oyentes. Hizo aquí lo mismo, estava a la mesa y predicava a sus combidados. Sonó allí junto un cuervo y dio tres graznidos. Carino el diácono dixo:

-¿Quién sabe lo que aquel cuervo dize?

Y como todos callassen, dixo a Epifanio:

-Declárame lo que dize aquel cuervo y serás señor de mi hazienda.

Respondió el santo varón:

-Lo que aquel cuervo dize es que se ha llegado tu muerte.

Oyendo esto Carino, sobrevínole un grande temor, y sin poder hablar palabra fue llevado por sus criados en braços a su casa. Murió al día siguiente, y por no tener legítimo heredero vino su hazienda a la Iglesia. Es de Simeón Metafraste.
[19] Melancia, matrona rica, enamorándose de Santa Eugenia teniéndola por varón, y viéndose desechada della, levantóle testimonio que la avía querido forçar. Fue llevada la santa en presencia de Filipe, que era su padre, aunque no la conocía por hija, siendo governador de Alexandría. Y allí puesta la acusación, fue reprehendida ásperamente. Mas ella se descubrió, y el padre la conoció por hija, y Melancia quedó por falsa y mentirosa. Aunque no paró en esto su negocio, porque repentinamente cayó fuego del Cielo que la abrasó con toda su casa. Es de San Isidoro, y del Metafraste.
[20] Santa Eufrasia era perseguida de otra monja de su proprio convento llamada Germana, muger de ruin casta, nacida de madre esclava. Deshazíase de embidia, viéndola que hazía cosas maravillosas y milagrosas. Especialmente aviéndose passado una semana sin comer cosa alguna Eufrasia. Cierto dello Germana, viéndose con ella en la cozina, díxole:

-Sólo una vez as comido en una semana por mandado de la abadessa, o Eufrasia; si nos manda a nosotras lo mismo, ¿qué haremos, no pudien- do | cumplirlo?

Respondió la santa con mucha humildad:

-Hermana, la señora abadessa manda a cada una que haga lo que vee que sus fuerças bastan. Si a mí me mandó esta, ella vido que podía con el favor de mi Señor Jesucristo llevarlo.

-Oh engañadora -dixo Germana-, ¿y quién no te entendiesse que hazes esto porque muerta la abadessa tú seas puesta en su lugar? Pues yo espero en Dios que nunca se te dará tanta honra.

Oyéndolo Eufrasia, derribóse a sus pies diziendo:

-Perdóname, hermana mía, y ruega por mí a Dios, porque pequé contra él y contra ti.

La abadessa, sabiendo esto, reprehendió delante el convento a Germana y quiso penitenciarla, mas Eufrasia lo estorvó. Y porque no cessó de perseguirla, castigóla Dios en que estando en el mismo convento una monja endemoniada y furiosa, nadie osava darle el comer sino Eufrasia, a la cual estava muy obediente; teniendo embidia desto Germana, dixo un día a las hermanas:

-¿Cómo? ¿Y sola Eufrasia pensáis que ha de hazer temor a la endemoniada? Dadme su comida, que yo la haré que coma y que tiemble de mí.

Tomó la comida y llevóla a la enferma, diziéndole:

-Ea, comed, hermana, esto que os traigo.

Dexóla llegar cerca la endiablada y echóle las manos, despedaçándole los vestidos. Derribóla en tierra y con la boca le sacava los bocados redondos. Dava vozes y gritos la triste embidiosa pidiendo fabor y que la librassen del diablo. Llamaron a Eufrasia, y echándole las manos a la boca se la cerró, y quito de su poder a la miserable Germana, toda bañada en sangre y malherida. Es de Surio, tomo segundo.


[21] San Eligio, obispo de Noyón, en Francia, excomulgó a un clérigo rebelde porque no enmendava cierto vicio. El otro no estimó la excomunión. Quiso celebrar y subiendo al altar espiró. Refiérelo Surio, tomo sexto.
[22] Siendo obispo de Alexandría San Cirilo, y aviendo muchos judíos en aquella ciudad, hizieron una de las que suelen contra cristianos. Salieron muchos dellos /71v/ en cuadrilla de noche bien armados, y davan bozes por las calles de que se quemava una iglesia, con quien tenían los católicos mucha devoción, y llamávase de Alexandre Obispo. Oyéndolo, ivan con grande lástima y desseo de remediar el daño y que no se quemasse, y matávanlos los judíos. Entendióse otro día la maldad. San Cirilo congregó el pueblo y hízoles una plática, en que les persuadió que con mano armada echassen de la ciudad aquella gente enemiga. Hiziéronlo ellos de tal suerte que, quitándoles las haziendas, pobres y malaventurados se fueron, y no pensaron aver hecho poco en quedar con las vidas. Dízelo Nizéforo, libro catorze, capítulo quinze.
[23] Jacobo, llamado Nisibita por razón de aver nacido en una ciudad de Persia llamada Nísibe, siguiendo vida de ermitaño, en cierto camino que hizo passó cerca de una fuente y arroyo, donde unas mugeres moças lavavan paños, estando desnudas parte de sus cuerpos. Y aunque la autoridad del siervo de Dios les obligava a que se avergonçassen dél y cubriessen, no sólo no lo hizieron, sino que con los ojos y rostro le guiñavan y hazían dél burla. Sintió el siervo de Dios este atrevimiento, y con zelo de que sus siervos no fuessen menospreciados, para castigarlas maldíxolas a ellas y a la fuente. La fuente se secó luego. Las mugeres, aunque moças, se tornaron viejas al parecer, que para ellas fue riguroso castigo, quedando sus rostros arrugados y los cabellos blancos como nieve. Viéndose desta suerte corrieron a la ciudad y dieron cuenta de lo sucedido. Salió gente della, y viendo al siervo de Dios, rogáronle que mitigasse su enojo y cessasse el castigo, porque sentían mucho aver perdido aquella fuente. Hizo oración Jacobo y tornó a parecer la agua. Pidiéronle que desenvejeciesse a las moças, y quiso hazerlo. Mandólas venir allí, y ellas de vergüença no osaron o no quisieron, y assí se quedaron toda la vida. Fue electo él obispo de su propria ciudad de Nísibe y gastava su renta en limosnas. Sucedió que visitan- do | los lugares de su obispado, en un camino, viéndole de lexos ciertos pobres, por sacarle algún dinero fingieron que el uno estava muerto y pidiéronle limosna para enterrarle. Dioles de lo que llevava y hizo oración por el muerto, y al tiempo que la hazía, el que se fingía muerto dio su alma. Es de San Teodoreto.
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