De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



Descargar 5.27 Mb.
Página24/143
Fecha de conversión14.10.2018
Tamaño5.27 Mb.
1   ...   20   21   22   23   24   25   26   27   ...   143
[41] Muerto Emanuel, emperador de Constantinopla, y dexando un hijo pequeño llamado Alexo, un mal hombre llamado Andrónico le uvo a las manos, y poniéndole dentro de un costal le hizo echar en el mar y levantóse con el imperio. Acompañávase de hombres malos y facinorosos y cometía grandes suziedades, aprovechándose ya con ruegos, ya con fuerça y violencia, de muchas matronas honradas, sin perdonar donzellas honestíssimas, monjas encerradas, casadas y viudas: todo lo afeava con su desenfrenada luxuria. Y no contentándose con ser él agressor, muchas de las que avía forçado las entregava a sus criados y a los que le acom- pañavan /75r/ en semejantes tratos. Passó adelante con sus malos hechos y robava las haziendas de sus ciudadanos, los cuales irritados con tantos agravios rompieron con él, nombrando por emperador a un Isacio. Y cercando al tirano, aviéndole a las manos se le entregaron al nuevo electo para que castigasse sus delictos y desagraviasse sus súditos. Isacio viendo tantos quexosos buscó castigo que a todos satisfaciesse. Mandó desnudar de las insignias imperiales a Andrónico y sacarle el un ojo. Luego, subido en un jumento, las espaldas delante y assiéndole de la cola, con una coroça en la cabeça fue traído por toda la ciudad, con pregones que cada uno pudiesse de palabra y de obra hazer en él lo que quisiesse, guardándole la vida. Dávanle la grita, tirávanle lodo y estiércol, arrojávanle las mugeres desde las ventanas inmundicias. Al cabo fue puesto en un palo, donde murió ahorcado. Dízelo Guidón Bituricense.
[42] La muger del emperador Otón, cuarto deste nombre, aficionándose a cierto cavallero y descubriéndole su voluntad, porque no correspondió con ella acusóle falsamente delante del emperador, el cual le mandó cortar la cabeça. Mas siendo este casado, y estando cierta su muger de que no tenía culpa en el crimen porque muría, fue al emperador y en prueva de la inocencia de su marido tomó en sus manos un hierro ardiendo sin quemarse. Espantado el emperador de tal cosa, examinó más el caso y constándole de que la culpa porque el otro avía sido muerto era de la emperatriz, viva la mandó quemar. Y a la viuda dio cuatro villas y a un hijo suyo hizo conde, de quien descienden los condes del Campo de Bononia. Dízelo Corio en la Vida de Otón.
[43] Castrucio, señor de los lucenses, supo que un cambiador y tratante se avía alçado con las haziendas de muchos, y escondióse, y passado algún tiempo concertándose con los acreedores, dándoles muy poco dinero, bolvió a su cambio y tienda, con más hazienda que de primero. Y jun- to | con esto labrava unas principales casas. Mandóle prender y hazer registro de toda su hazienda, y con pregón público llamó a los acreedores y a cada uno le mandó pagar enteramente su pecha, y al banquero dentro de su misma tienda y junto al banco donde recibía y pagava las libranças le mandó degollar. Si en cada ciudad se usasse semejante castigo con dos o tres falsos tratantes, limpiaríase la República de semejantes monstruos, que roban las haziendas y quitan las vidas a muchos, y quedarían los buenos y fieles mercaderes en su trato importante en la República, haziéndose con verdad y fidelidad. Dízelo Fulgoso, libro sexto, capítulo tercero.
[44] Cerca de un pueblo de España llamado Venabides ivan dos hombres juntos por el campo. Uno dellos era gran blasfemo y renegador. Vino un recio torbellino, remolineándose contra ellos, del cual no se pudiendo librar, dexáronse caer en tierra. Y siendo passado, llegó allí gente a verlos y hallaron que el uno estava vivo, aunque muy quebrantado, y el otro muerto y sin lengua. Entendióse que los demonios le avían muerto y quitado la lengua por sus blasfemias. Dízelo Torquemada en sus Diálogos.
[45] Fray Luis de Montoya, Vicario General en la provincia y reino de Portugal del orden de San Augustín, usava un castigo maravilloso y muy provechosso a sus frailes, y era que si penitenciava a alguno con larga penitencia, como mandarle que recibiesse muchas disciplinas o comiesse largo tiempo en tierra, aconsejava a los frailes ancianos y padres venerables que tomassen a su cargo parte de aquellas penitencias, porque ellos ayudassen a su hermano y el delincuente quedasse más avergonçado, viéndose obligado a todo el convento, pues todos avían tomado sobre sí la penitencia de su culpa y pagavan lo que ellos no devían. Y sucedía que personas de muchas gravedad y letras, y los más religiosos, repartían entre sí las penitencias del culpado y ivan al perlado, /75v/ y pedían misericordia por él y cargavan sobre sí aquellas penitencias. Y él se alegrava mucho por ver resplandecer en sus hijos la caridad con el próximo y la humildad en sí mismos. Refiérelo fray Hierónimo Román en la Vida que escrive del mismo fray Luis de Montoya, capítulo onze. Dize también dél que nunca encarcelava a los frailes por delictos de | poca importancia, si no eran muy graves, y que hazía esto por razón que estando en la cárcel otros los servían, llevándoles la comida y recaudos, estavan allí ociosos, eran combatidos de malos pensamientos, y que se presumía los pusieran en obra si pudieran. Y assí era de parecer que se les diessen otras penitencias y no la de prisión y cárcel.

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Alexandre Magno, en la última batalla en que venció al rey de los persas de Darío, viniendo preso a sus manos el rey Beso, que mató al mismo Darío siendo deudo suyo y confiándose dél, yendo ambos huyendo, preguntóle la ocasión de tan mal hecho, y respondió que por servir y agradar al mismo Alexandre; el cual, muy sentido desto, mandó juntar dos árboles por las ramas y atar por los pies a Beso de lo alto dellos, y dexarlos bolver a su natural, y fue con tanta fuerça que hizieron pedaços al miserable traidor Beso. Dízelo Fulgoso, libro sexto.
[2] Zeleuco, rey de los locrenses, hizo ley que al adúltero le fuessen sacados los ojos. Cometió este delito un hijo suyo, el que devía heredar su estado. Quiso executar en él su ley, y fuéronle a la mano los grandes de su reino, y no querían después de sus días rey ciego, por lo cual Zeleuco se sacó a sí un ojo y hizo sacar otro al su hijo, con que quedó el delicto castigado. Es de Valerio Máximo, libro sexto.
[3] Teniendo cercada la ciudad de Tiana en Asia el emperador Aureliano, y no pudiendo ganarla por fuerça, dio lugar a que por traición de Heracleonte, hombre riquíssimo en la misma ciudad, se ganasse. Hízose | assí, y cuando pensó Heracleonte que le pagaría aquella obra, dio lugar el emperador a que sus soldados le matassen, porque no podía ver al que fue traidor a su patria. Y porque no pareciesse que pretendía su dinero, lo repartió entre sus hijos y herederos. Es de Fulgoso, libro sexto.
[4] Alexandre Severo, emperador de Roma, a cierto soldado porque apaleó a una vieja huéspeda suya le castigó con dársele por esclavo. Dízelo Fulgoso, libro quinto, capítulo tercero. Y añade el mismo Fulgoso de Aureliano, también emperador, que a otro soldado, porque forçó a su huéspeda, le mandó atar por los pies de dos árboles reclinados por lo alto, dexándolos bolver a su natural, llevando cada uno tras sí su mitad.
[5] Cilicón fue traidor a su patria Mileto, vendiéndola a los prienenses, por lo cual fue muy aborrecido. Llegó un día a cierto carnicero para que le diesse un peso de carne y señaló la parte que quería estando sobre el taxo. El carnicero, arrebatado de ira contra él, vista aquella ocasión, con el destral y instrumento con que cortava la carne le cortó la mano de un golpe, diziendo:

-Anda, y no vendas traidoramente otra ciudad.

Refiérelo Brusón.

Fin del Discurso de Castigo. |

DISCURSO DUODÉCIMO. DE CARIDAD CON ENEMIGOS
Este género de caridad de amar a los enemigos mandóse en la Ley Vieja | y mándasse en la Ley de Gracia. En el capítulo veinte y tres del Éxodo se dize: «Si vieres /76r/ que el jumento o buey de tu enemigo anda perdido, encamínale a su dueño. Y si vieres caída con la carga alguna bestia, y conoces que es del que te aborrece, no passes sin levantarla». Y en los Proverbios, capítulo veinte y tres, está escrito: «Si tuviere hambre tu enemigo, dale de comer; si tuviere sed, dale agua, y con esto pondrás brasas sobre su cabeça. Aunque esté elado en quererte, cobrarte ha amor, y el Señor te lo pagará». Y en el capítulo veinte y cuatro: «Cuando cayere tu enemigo, no te alegres ni tu coraçón se loçanee, porque lo verá el Señor y le desagradará». Esto hablava con los antiguos, aora habla con los cristianos Jesucristo en el Evangelio, y dize por San Mateo, capítulo quinto: «Amad a vuestros enemigos, hazed bien a los que os aborrecen, bendezid a los que os maldizen y rogad por los que os calumnian». Y por San Lucas, capítulo sexto, dize: «Amad a vuestros enemigos, hazed bien y prestad sin llevar más del empréstido, y será grande vuestro premio; seréis hijos del Altíssimo, porque Él se muestra benigno con los ingratos y malos». Y lo que de palabra mandó lo cumplió de obra. Al que le tenía concertado de vender dio el Sacramento de su cuerpo y sangre, lavóle los pies y no le negó beso de paz. Por los que le crucificaron rogó, diziendo: «Padre, perdónalos, que no saben lo que hazen». Si el Señor se muestra tan clemente contra tanta crueldad, ¿cómo se llamará siervo suyo el que procura vengança? ¿Cómo querrá ser premiado de Cristo el que en amar los enemigos no imite a Cristo? A todos les es mandado hazer bien, y si no pueden, a lo menos desséenlo. El Discurso tratará de Caridad con enemigos.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]



[1] Jacob Patriarca quiso más ir desterrado de la casa de su padre a tierras estrañas que vengarse del mal que su hermano Esaú desseava y procurava hazerle; a quien después aplacó y hizo benévolo con dones que le ofreció. Es del Génesis, capítulo veinte y ocho y cuarenta y cinco.
[2] Josef Patriarca fue perseguido de sus hermanos, quisiéronle matar, echáronle en una cisterna o poço sin agua para que | dilatándose más su muerte más la sintiesse. Al cabo, sacado de allí, le vendieron por esclavo a ismaelitas estrangeros. Todos estos agravios recompensó con grandes beneficios, porque estando en casa del rey Faraón, y siendo adelantado de Egipto en tiempo de hambre, y viniendo a proveerse de pan los hermanos, recibiólos con los braços abiertos, dioles beso de paz, hízoles un solemne combite, dioles dineros y trigo, perdonándoles los agravios hechos; y por los años que duró la hambre los sustentó a ellos y a sus hijos. Es del Génesis, capítulo treinta y siete y cuarenta y cinco.
[3] Moisés hizo oración por María, su hermana, y fue sana de lepra, la cual habló mal contra él y por esto la castigó Dios con aquella enfermedad. Pudiera dexarla a la voluntad y juizio del mismo Dios, sino que, vencido de piedad, por sus ruegos le alcançó salud. Es de los Números, capítulo doze. El mismo Moisés, aviendo sacado al pueblo hebreo de Egipto y librándole de la tiranía de Faraón, teniéndolos en tierra donde sin trabajo estavan vestidos y bien mantenidos, diversas vezes le persiguieron, ya de palabra, ya por obra, queriéndole matar, y le convino irse una vez a retraer al Tabernáculo y lugar de oración. Semejantes persecuciones y ingratitud nunca le exasperaron ni descompusieron, de suerte que les dexasse de hazer bien. Derribándose en tierra rogó por ellos a Dios, alcançóles el maná del Cielo, agua de una piedra, dioles la Ley Escrita con el dedo de Dios, ganóles vitorias, señalóles capitán que los guiasse a Tierra de Promissión. Si nunca le ofendieran, sino que le fueran siempre obedientes, no hiziera más por ellos de lo que hizo. Es de los Números, capítulo veinte y uno.
[4] David grandemente era aborrecido del rey Saúl, porque teniendo embidia de sus hazañas y virtudes, estando presente le arrojó una lança, y huyendo le perseguía con su gente y soldados. Al contrario, David por dos vezes le pudiera matar sin daño suyo. La una en cierta cueva donde estava escondido David con sus soldados, /76v/ y entró solo en ella Saúl, y le cortó David parte de su vestido. La otra estando dormido dentro de su tienda en el campo, que llegó David y le llevó un vaso de agua y la lança que tenía a su cabeçera, y sin ser visto de las guardas bolvió a su gente. En estos dos acaescimientos mostró David grande caridad con su enemigo Saúl. Y acabó de echar el resto cuando siendo muerto por los filisteos le lloró amargamente, y al mensajero que se alabó de averle ayudado a morir le mandó matar, y a los que le dieron sepultura se lo agradeció. Y a ciertos traidores que mataron a Isboset, hijo del mismo Saúl, aunque aquella muerte asseguró su reino, también los hizo matar, siendo justiciero para los que ofendían a otros y para los que le agraviavan a él, piadoso. Lo dicho es del Primero Libro de los Reyes, capítulo diez y ocho, veinte y cuatro y veinte y seis.
[5] Llegó uno de los profetas de Bétel a Jeroboam, rey de Israel, estando ofreciendo sacrificio a un ídolo, y reprehendióle ásperamente, amenaçándole con gra- ves | castigos a él y a su casa. Jeroboam, airado, estendió la mano para asir al profeta con dañado intento, y quedósele seco el braço sin poderle mandar. El varón de Dios, teniendo dél lástima, hizo oración por el braço estendido en su ofensa, y fue sano. Fácilmente se dexa vencer la piedad del Señor por el que la exercita con el próximo. Es del Tercero de los Reyes, capítulo treze.
[6] Los discípulos y mártires de Cristo, con los que les atormentavan con graves tormentos se mostravan benévolos y davan bien por él. A San Estevan acusaron falsamente, le condenaron inicuamente y le apedrearon crudamente, y puesto en la agonía, aviendo rogado a Dios por sí en pie, rogó de rodillas por los que le davan la muerte, que no les fuesse imputado a pecado y culpa, lo que sabía que le sería a él premio y gloria. Es del libro de los Hechos Apostólicos, capítulo siete.
Lo dicho se colige de la Sagrada Escritura.

[EJEMPLOS CRISTIANOS]



[1] Jacobo el menor, hijo de Alfeo, siendo derribado de lo alto del templo, apedreado y apaleado, hizo oración por sus homicidas, pidiendo a Dios que perdonasse a los que injustamente le matavan. No pudo con su crueldad aquella impía gente hazer que el varón pío dexasse de procurar grande bien a los que le hazían todo el mal que podían. Dízelo Eusebio Segundo, capítulo veinte y tres.
[2] Venusiano, prefecto de Tuscia o Toscana, hizo prender a Sabino, obispo de Assisio con dos diáconos, Exuperancio y Marcelo, porque eran cristianos. A los diáconos quitó las vidas con graves tormentos, al obispo cortó las dos manos. El prefecto fue herido con un gravíssimo dolor en los ojos. Pidió remedio al santo obispo Sabino, el cual, como si dél huviera recebido grandes beneficios y no sido injuriado, llegó de buena gana, y por medio de su oración le sanó, y sien- do | sano, de infiel le hizo cristiano. No pudo hazerle mayor bien por el daño recebido, que amando a su enemigo le hizo amigo de Dios. Es de Beda y de Adón; referido por Surio, tomo sexto.
[3] Pergencio y Laurencio, hermanos, siendo emperador Decio padecieron martirio en Arecio. Estándolos açotando con crueles açotes y baras secáronseles los braços a los verdugos, y por su oración sanaron, procurando remedio más a sus enemigos que para sí mismos. Es de Surio, tomo tercio.
[4] Juan y Paulo, imperando Juliano Apóstata, padecieron en Roma, fueron sus cuerpos enterrados en su propria casa. El juez que les dio la muerte llamávase Tereciano y era prefecto. Tenía un hijo endemoniado, llevóle al sepulcro de los santos y quedó libre. Y héchase de ver en este caso cómo vivirían y sería su trato con otros, pues a éstos que les dieron las muertes, /77r/ después de muertos los amaron. Es de Surio, tomo tercero.
[5] San Cristóval Mártir padecía graves tormentos por Dago, rey de Licia, y fue uno entre otros que le asaetearon. Y una de las saetas que tiravan al mártir rebolvió el golpe y hirió al rey en el ojo, y quebrósele. Mandóle degollar, y por averle el santo avisado dello, bañóse el ojo con su sangre y fue sano. Convirtióse a Dios, y hizo al cuerpo muerto del santo grande honra sepultándole, aviéndole él quitado la vida. Y hizo esto considerando la virtud de Cristo cuando experimentó acerca de sí la caridad del mártir. Es de Marulo, libro tercero.
[6] Echaron en el mar por orden de un tirano perseguidor de cristianos a los dos santos mártires Nazario y Celso. Levantóse luego grande tempestad, y los que avían echado en la agua a los mártires, que estavan en un navío, viéronse en peligro de muerte. Y los santos ivan andando por la agua seguros como sobre tierra. Los del navío les rogaron, visto aquel milaro y teniéndolos por santos, que rogassen a Dios por ellos que los librasse de la tormenta. Nazario y Celso entraron en el navío y haziendo oración cessó la tempestad. Fue tan grande el beneficio que los santos hizieron a aquella gente como avía sido el peligro, procurando que no fuessen ahogados los que a ellos quisieron ahogar. Y añadióse al beneficio que libres de muerte les enseñaron la Ley de Cristo, con que viviessen bienaventurados eternalmente. Dízelo San Ambrosio en el Sermón noventa y dos.
[7] Espiridón, obispo de Cipro, hallando en su casa ciertos ladrones, reprehendióles su mal trato. Amonestóles que dexassen semejante vida. Y avían entrado con designo de hurtarle un puerco; dióseles graciosamente. Es de Surio, tomo sexto.
[8] Adón, abad cluniacense, como un ladrón le hurtasse de noche cierto cavallo, subió en él, y no pudo hazerle dar passo, ni el descendir dél. Fue visto a la mañana de los monges, y el abad le reprehendió benig- namente | y le amonestó que dexasse semejante oficio. Y con esto le dio el jornal que se devía a un peón de un día, por lo que trabajó con el cavallo la noche toda en no poderle hazer andar. Dízelo Surio, tomo sexto.
[9] Amós, ermitaño de Egipto, trayéndole cada día un pan para su sustento, dos ladrones tenían a cargo de llevársele de su celda. El ermitaño puso dos serpientes por guarda; vinieron los ladrones, acometiéronles las serpientes y derribáronlos como muertos en tierra. Llegó el ermitaño Amós, levantólos y reprehendióles blandamente su pecado. Provocólos a tener dél dolor y hazer penitencia. Abraçólos, y de ladrones los tornó monges. No se dolía del hurto quien tan bien trató a los que le hazían, ni puso las serpientes por vengarse de sus enemigos, sino para que detenidos dellas los apartasse de pecados y los juntasse a Cristo. Es de Marulo, libro tercero.
[10] Trayendo guerra Cledoveo, rey de Francia, con los godos, algunos de sus soldados entraron a robar el monasterio de Maxencio, abad pictaviense. Salió el santo varón a estorvar el daño como mejor pudo, y uno de los soldados levantó el braço con la espada para herirle, mas el braço se le quedó seco y sin poderle menear. Los demás también llevaron su pena, que se hallaron como convertidos en piedras sin ser señores de menear pie o mano. Maxencio, olvidado del daño y afrenta que le querían hazer, doliéndose dellos, tuvo oración y fueron libres. Los cuales, avergonçados, sin más injuriarle ni hazer daño en su monasterio fueron su camino. Dízelo Surio, tomo tercero.
[11] Alfego, arçobispo de Canturia, yendo a Roma, robáronle en la ciudad de Ausonia y tratáronle mal. Salió della, embió Dios fuego sobre ellos, y entendiendo de dó les venía, ocurrieron al santo perlado, que con su oración apagó el fuego, bolviéndole lo robado. Buelto a la ciudad de Canturia, y siendo acometida de cossarios y gente del rey Etelredo, hi- zieron /77v/ en ella grandes insultos, quemaron, robaron y mataron, sin perdonar monges ni templos. Y al mismo Alfego hirieron malamente y le pusieron en una cárcel, donde estuvo siete meses preso. En este tiempo dio pestilencia en aquella mala gente, que todavía permanecían en la tierra cometiendo nuevos insultos en toda ella. Eran muchos los que morían de peste. Tuvo dello noticia en su prisión Alfego, bendixo algunos panes, y dando dello a los heridos, sanavan. Fueran todos muertos con aquella ira de Dios si no tuvieran semejante remedio, dado por Alfego, que hizo semejante bien a los que avían hecho a él y a sus ciudadanos tanto mal. Dízelo Osberno Monge y refiérelo Surio, tomo segundo.
[12] Mauro Abad, discípulo de San Benedicto, edificando un monasterio en el campo andegavense, algunos de los oficiales començaron a murmurar dél, atribuyendo la obra de aquella casa, no a piedad y religión, sino a vanidad y hipocrisía, llamando a Mauro santo fingido. Castigólos Dios por este mal juizio y murmuración, dando licencia al demonio que atormentasse a todos y matasse a uno, el más culpado en aquel crimen. Sabido por Mauro, y entendida la causa, hizo oración con lágrimas y los vivos sanaron, y el muerto resuscitó. No suele indignarse de ser murmurado el que le pesa de ser alabado. Dízelo Sigiberto y refiérelo Surio, tomo primero.
[13] San Juan Elemosinario perdonó el tributo que pagava un su pensionario por algunos años, el cual avía maltratado a un su sobrino. El mismo santo, dando limosna a un pobre, díxole palabras bien descomedidas. Oyéronle algunos de sus clérigos y quisieron poner en él las manos. Estorvólo el santo diziendo que él tenía la culpa por averle dado menos de lo que era su necessidad. Llamó al pobre, y en su presencia tendió sobre una mesa todo el dinero que de presente tenía, diziéndole que tomasse de allí lo que quisiesse. Otro tornara a tomar lo que dio al ingra- to; | San Juan, a lo dado, con ser él injuriado, quiso de nuevo añadir. Es del Metafraste.
[14] Apolonio, monge y mártir, estando preso en la cárcel, Filemón Choraules descargó en él cuantas afrentas y oprobios supo y pudo. Dexóle dezir Apolonio y cuando ya le vido cansado y que callava, díxole:

-Dios te perdone, hijo, y por ninguna cosa de las que me as dicho te castigue.

Con esto que Filemón oyó, quedó tan compungido que le pidió perdón; recibió dél el Baptismo, y con él el martirio. Es de Marulo, libro tercero.
[15] A Vidal, monge alexandrino, dio una bofetada cierto hombre de mal juizio porque le vido salir del lugar de las mugeres públicas, donde entrava para convertirlas. Y en confirmación de aquel mal juizio, y que hizo mal en herir al monge, permitió Dios que el demonio se apoderasse dél y le atormentasse malamente, rebolcándole por tierra. Visto por Vidal, hizo oración por él y quedó sano. El oír Dios tan presto al monge declara cuán agradable es a su Magestad la caridad con los enemigos. Refiérese en el De Vitis Patrum.
[16] Sansón, arçobispo de Dola, viendo atormentado del demonio a uno que le quiso matar con veneno, hizo oración por él y quedó sano. Exortóle a que hiziesse penitencia, perdonóle y procuróle la Vida Eterna al que vido que le quería quitar la vida temporal. Dízelo Baldrico, y refiérelo Marulo, libro tercio.
[17] En el monasterio Fundense, que es en Italia, tenía a cargo la huerta de los monges uno dellos llamado Félix, hombre de grande fe y caridad. Vido señales de que entrava por la cerca quien le hurtava la hortaliza, y no sólo hazía daño en lo que llevava sino en lo que pisava y maltratava. Estando imaginando cómo lo remediaría, vido ir arrastrándose por el suelo una grande culebra. Mandóla que se fuesse con él, y llegando al portillo que tenía hecho en la cerca el ladrón, díxole que se quedasse allí y guardasse la entrada, con- jurándola /78r/ por el nombre de Jesucristo que lo hiziesse assí. Quedó la serpiente y fuese el monge. Sucedió que, a la fiesta, cuando los monges reposavan, vino el ladrón y entrava por el portillo. Mas vista por él la serpiente, turbóse de muerte y la turbación le hizo caer, quedándole la pierna assida a un troncón, y colgado della. Estuvo desta suerte hasta que el monje hortelano vino, que visto lo que passava agradeció a la culebra la fiel guarda que avía hecho, despidiéndola. Y él se fue al ladrón y le ayudó a descolgar de donde estava. Díxole con palabra de paz que por qué hazía semejante daño en la huerta de los frailes, que no le avían hecho agravio y que rogavan a Dios por él cada día. Con esto le llevó adonde estava la hortaliza que solía hurtar y diole della cuanta quiso, diziendo:

-De aquí adelante, hermano, no tienes para qué hurtar, sino agradándote la hortaliza, ven a mí y daréte de gracia lo que tú pretendes con hurto.

Es de San Gregorio, libro primero de los Diálogos, capítulo tercero.
[18] Isaac, monge santíssimo, vino de tierra de Siria a Italia y llegó a la ciudad de Espoleto. Entró en la iglesia y estuvo puesto en oración de rodillas tres días, sin mudarse de un lugar. Visto por uno de los ministros de la misma iglesia, deviendo edificarse dello y alabar a Dios, hízolo al contrario, porque le dixo palabras afrentosas, llamándole hipócrita y engañador, que por hazer algún embeleco estava de aquella suerte. Y no contento con esto llegó a él y diole una bofetada en su rostro, y echávale de la iglesia. Mas vínole castigo del Cielo, porque dio Dios lugar a un demonio que se apoderasse dél y le atormentasse. Dava vozes el miserable y dezía, hablando con su lengua el mal espíritu: «Isaac puede echarme deste hombre; Isaac sólo basta a que yo salga de aquí». Juntóse mucha gente y fue conocido de nombre el santo varón Isaac, cuya fama se estendía por diversas partes, aunque allí nadie le conocía. El cual, juntándose al endemoniado, hizo salir dél al demonio. Publicóse este | caso por la ciudad, y de toda ella venía gente a la iglesia a ver al santo varón Isaac. Ofrecíanle dones y joyas de precio, muchos le convidavan que fuesse a posar a sus casas, y alguno se las diera para que edificara monasterio. Mas él, despreciándolo todo, se fue de la ciudad, y en un desierto no lexos della vido lugar acomodado para edificar monasterio y assí lo hizo, juntándosele muchos para ser monges en él y discípulos suyos. Traían algunos rentas y possessiones, mas él, que amava la pobreza sumamente, no quería recebirlas, diziendo que el monge que procura possessiones en la tierra no deve llamarse monge. Y temía tanto perder su pobreza como suelen los ricos temer de perder sus riquezas. Estando ya fundado el monasterio, y teniendo huerta con hortaliza y frutales, una tarde mandó al que tenía cargo della que truxesse allí algunos açadones. Y a la mañana otro día mandó al mismo que hiziesse adereçar de almorçar para sus trabajadores. Estando adereçado, entró con el almuerço y algunos monges en la huerta y halló tantos hombres cuantos eran los açadones que dexaron en ella. Eran éstos ladrones, y aviendo entrado con intento de robar, mudaron intención compelidos a ello por orden del Cielo. Y desde que entraron hasta que fueron vistos del abad Isaac cabaron todo lo que en la huerta tenía necessidad de cabarse. Él les dixo:

1   ...   20   21   22   23   24   25   26   27   ...   143


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal