De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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-Descansad, hermanos, que mucho avéis trabajado.

Dioles de almorçar, y aviendo almorçado, díxoles:

-En adelante no queráis hazer mal y daño en esta huerta, sino venid humilmente y pedid lo que quisiéredes, que dárseos ha, y no cairéis en culpa de ladronicio.

Cogió de la hortaliza y diosela, embiándolos en paz. Y assí mostró Isaac su caridad con los enemigos: primero con el que le dio la bofetada, lançando dél el demonio, y después con los que le venían a robar y destruir su huerta, dándoles almuerço y hortaliza. Escrive este exemplo San Gregorio, libro tercero de sus Diálogos, capítulo catorze. /78v/
[19] Fray Laurencio Surio en el tomo segundo añade otros cuentos del mismo Isaac, y dize que vinieron a él ciertos pobres peregrinos muy desnudos, y pidiéronle los remediasse con algunos vestidos. Hablóles amorosamente y dixo que de buena gana lo haría, que esperassen un poco. Llamó luego en secreto a uno de sus monges y díxole:

-Ve a aquella montaña, y en tal parte hallarás un grande árbol, el cual está hueco. Saca dél los vestidos que verás allí y tráemelos.

Fue el discípulo, halló el árbol, vido los vestidos y trúxolos a su abad. Tomólos él y fue a los pobres, y díxoles:

-Veis aquí vestidos, tomadlos y cubrid vuestras carnes.

Viendo los pobres los vestidos, conocieron que eran los suyos proprios, que avían dexado para grangear otros. Quedaron avergonçados, porque queriendo con engaño vestidos agenos, fueron confusos con los suyos propios. Dize más dél este autor, que le ambió un su devoto en dos espuertas ciertas cosas de comer con un criado, rogándole le encomendasse a Dios. El criado acordó de guardar par sí la una espuerta y como lo acordó lo hizo, que la dexó escondida en el camino. Llevó la otra y propuso su mensaje. El santo varón la recibió, y embió a dar las gracias a su bienhechor con el criado, al cual advirtió diziendo:

-Mira, hijo, que en la otra espuerta que dexaste escondida en el camino está una sierpe. Ve sobre aviso porque no seas mordido y empoçoñado della.

Quedó destas palabras el moço muy confundido. Bolvió adonde estava la espuerta y vido ser verdad lo que el santo abad Isaac le avía dicho, y aunque gozoso por verse libre de aquel peligro, bolvió vergonçoso a su casa por averse descubierto su hurto.
[20] El abad Marcio edificó un monasterio cerca de la ciudad de Averna, donde un mal hombre incitado del demonio, que pretendía dar molestia al santo abad y a sus monges, quiso entrar a robar la fruta de la huerta. Llegó a la cerca, y derribando parte della hizo entrada siendo de noche. Cogió hortaliza y fruta, y bolvía a | salir. Mas cególe Dios, de modo que no pudo hallar salida. La mala consciencia començó a ponerle temor, y el temor le causó pena. Suspirava y lamentávase; dava bueltas por unas y otras partes, y todo en vano porque no hallava salida. Temía el ser hallado allí de los monges, y más el ser castigado de la justicia. En esto estuvo hasta que vino el día que, siendo sabidor dello el santo abad Marcio, llamó al prepósito de la casa y díxole:

-Ve luego a la huerta, que ha entrado un bezerrillo atrevido, y con lo que tiene cogido embiarle has en paz.

No entendió el prepósito lo que le fue dicho, mas por obedecer al abad entró en la huerta. Vido luego al ladrón, el cual, echando en tierra lo que tenía cogido, corrió a un çarçar, pretendiendo por allí hazer salida. Entrava la cabeça por las espinas, y todo sin provecho y con su daño no pequeño. Fue a él el monge, echóle las manos y sacóle de allí, diziendo:

-No temas, hijo, que mi abad me embió para que te saque deste lugar.

Cogió la hortaliza y fruta que el ladrón avía echado en tierra y dándoselo le embió, abriéndole la puerta, diziendo:

-Vete en paz, y no seas molesto a los monges, que no te lo merecen.

Es de Gregorio Turonense, y refiérelo Surio, tomo segundo.
[21] Aspiridón Monge, fueron unos ladrones de noche a hurtarle del corral algunas ovejas que tenía, y levantando las manos a un portillo para sacarlas se quedaron colgados dellas con invisibles lazos, y assí estuvieron hasta que a la mañana, viéndolos y entendiendo lo que pretendían, rogó al Señor por ellos y desató con sus palabras a los que avía atado con sus méritos. Y por el trabajo que avían padecido les dio un carnero, junto con que los reprehendió porque no se le avían pedido, que él se les diera. Dízelo Simeón Metafraste.
[22] Frederico, obispo de Trayecto, cerca del Rein, reprendía al rey de Francia Ludovico, hijo del emperador Carlomagno, porque estava casado con Judit, hija /79r/ de Güelfón, duque de Baviera, contra lo que disponen los Sacros Cánones, siendo cercana parienta suya. El rey comunicó este negocio con la misma Judit, y determináronse de matarle. Y tomándolo ella a cargo, habló a dos hombres facinorosos, y con dádivas que les dio y promesas que les hizo, se ofrecieron a salir con la empresa. Fueron a Trayecto y embiáronle a dezir que traían un negocio que tratar con él de parte del rey. Entendió bien el santo varón a lo que venían; dixo missa y comulgó el pueblo, y despidióse del clero, como que no le avían de ver más, lo cual fue causa que se derramassen muchas lágrimas, ignorando a qué fin dezía semejantes palabras. Entróse revestido como estava en una capilla de San Juan Evangelista, donde tenía señalado su entierro, y con un capellán sólo que le acompañava, aviendo hecho oración con lágrimas pidiendo favor a todos los santos para aquella hora, embió a llamar a los criados de la reina. Y como entraron, dixo al capellán que se apartasse de allí hasta que le llamasse. Los sacrílegos, viéndose con él a solas, començaron a temblar y mostrarse temerosos. El santo perlado les dixo:

-No temáis, hazed lo que os fue mandado, que antes que entrássedes aquí sabía yo la causa de vuestra venida.



Ellos, oyendo esto, viéndole que de su voluntad esperava la muerte, poniendo mano a sus dagas le hirieron de heridas mortales. Hecho esto, con grande mofa y escarnio, dixeron: «Ya queda vengada de ti la reina». El santo mártir, con las manos lo mejor que pudo cubrió sus heridas para detener la sangre, y los intestinos que no se le cayessen del cuerpo, y dixo a sus matadores que se fuessen de allí, porque no los prendiessen y matassen. Ellos huyeron y desde a un poco llamó a su capellán el santo mártir, y mandóle que subiesse a la torre de la iglesia y viesse si aquellos criados de la reina avían passado el Rein, y se lo dixesse brevemente. Cumplió lo que le era mandado, y visto por él que ya estavan en salvo, descubrió sus heridas, y juntándose gente, con sentimiento de | todos grandíssimo dio su alma al Señor. Con sólo que se quexara cuando le hirieron diera causa a que sus matadores y enemigos fueran hechos pieças por la gente que estava allí junta, y para que se viesse que cumplía el precepto del amar a los enemigos se hizo fuerça en callar y después encubrió sus heridas hasta que vido que estavan en salvo. Es de Laurencio Surio, tomo cuarto.
[23] Maxellende, donzella francesa de la provincia Cameracense, hija de nobles padres, fue prometida por ellos contra su voluntad a Harduino en esposa. Y por verse della menospreciado aguardó un día que estava la santa donzella sola con un ama en casa, entró en ella y díxole palabras de mucha caricia y regalo para que le quisiesse por esposo. Respondióle que se trabajava en vano, porque se avía ofrecido por esposa de Cristo con voto de castidad; que ni dél ni de otro podía ser esposa. Con esto procuró irse de allí. Siguióla Harduino, y con furor grande de verse menospreciado puso mano a su espada y degollóla. Mas luego que puso los ojos en la sangre de aquella santa donzella quedó ciego. Fuese de allí como pudo, y el cuerpo de la santa y mártir Maxellende fue sepultado en una iglesia de San Pedro. Y desde a tres años, por revelación que tuvo Santa Ameltrude, comunicándola con Vindiciano, obispo cameracense, fue trasladado el cuerpo de la santa mártir Maxellende al lugar proprio donde fue martirizada, edificándosele allí iglesia. Al tiempo que llevavan el cuerpo, teniendo noticia dello Harduino, salió al encuentro guiado por un criado suyo. Derribóse en tierra y con lágrimas pidió perdón de su pecado, publicándole en presencia de todo el acompañamiento. Recibió luego vista, aviendo estado sin ella tres años, por lo cual levantaron todos las vozes, dando alabanças a Dios. Mostró en este hecho la santa virgen y mártir Maxellende que tuvo viviendo caridad con enemigos, pues en muerte dio vista al que le quitó la vida. Refiérelo Fray Laurencio Surio, tomo sexto. /79v/
[24] Juan Gualberto, florentino y fundador del orden de Valle Umbroso, encontrándose un día cierto enemigo suyo que le avía muerto injustamente un su pariente, iva él bien armado con un criado, y su contrario solo y desapercibido, el lugar estrecho, era impossible írseles. Teniendo cierta su muerte, confiado en la clemencia de Gualberto baxó de su cavallo, y puesto de rodillas, las manos juntas, le pidió por Jesucristo Crucificado le perdonasse la vida. Enternecióse Gualberto oyendo aquel santíssimo nombre y dixo que por amor de aquel Señor, el cual rogó en la Cruz por los que le pusieron en ellaco, él le perdonava. Passó adelante Gualberto, y viendo una iglesia, entrando en ella, púsose de rodillas delante un crucifixo, el cual viéndolo él y viéndolo otros que estavan presentes, desde la cruz inclinó la cabeça a Gualberto, como dándole gracias que por su amor huviesse perdonado al enemigo. Trocóse en otro Gualberto desde este día, y después vino a pedir el hábito en un monasterio. Y aunque los monges se le dieran de buena gana, no se atrevían por temor de su padre, que le conocían por arriscado y terrible. Dixéronselo; él respondió:

-Pues por esso no quede.



Llegó a un novicio, y por fuerça le quitó el hábito y se le vistió, y él mismo se cortó el cabello, contentíssimos los monges de ver lo que hazía. Y assí, después sabido por el padre, le tuvo por bien, y él vino a ser fundador del nuevo orden de Valle Umbroso. Todo esto tuvo principio en tener caridad con enemigos. Dízelo Blasio Melasino, general de su orden, en la Vida que dél escrivió, y refiérelo Surio, tomo cuarto.
[25] Hermenoldo Abad, natural de Suevia, residiendo en un monasterio nuevamente fundado cerca de Ratisbona, llamado Brunseningense, estando cerca otro de San Emmenammo, los monges dél le eran molestos, porque avían sentido mucho que tan de cerca huviesse otro del mismo orden de San Benedicto. Éstos embiaron ciertos trabajadores para que dañassen una salida del monasterio, y trayendo tierra de otra par- te | la cegassen. Salió el santo abad Ermenoldo, avisado de lo que passava, y vista la agonía y solicitud con que los obreros le hazían aquel daño, y que avían trabajado el medio día y era hora de comer, con palabras blandas y de mucha caridad les rogó que entrassen y comerían en su monasterio. Ellos lo hizieron, y visto que no sólo el abad, sino todos los demás monges les mostraron buen rostro y les hablavan amorosamente, junto con que la comida que les dieron fue muy buena y abundosa, salidos de allí, en tanto grado encarecieron la gran benignidad de Ermenoldo y sus monges, como la embidia y rancor de sus contrarios. Dízelo Udalrico Abad en su Vida, y refiérelo Surio, tomo séptimo.
[26] Santa Cristina, virgen y mártir, sufrió por la fe de Cristo graves tormentos, y entre otros echáronle serpientes ponçoñosas por medio de un mago hechizero llamado Serpentario. No le mordieron a ella sino al mago, y tratáronle de suerte que rabiando murió. Viendo Santa Cristina muerto a aquel su enemigo, dolióse dél; hizo oración a Dios y las serpientes huyeron, y el muerto resuscitó. Persuadióle que recibiesse la fe de Cristo, y púsole en camino de salvarse. Dízelo Vincencio en su Espejo Historial, libro doze, capítulo ochenta y nueve, y refiérelo Surio en el cuarto tomo.
[27] Anatolia fue puesta en una cárcel angosta, y con ella una terrible serpiente, aunque no la hizo daño. Passó algún tiempo, abrieron la cárcel y la serpiente salió denodadamente, y hizo presa en el que la avía allí puesto, que se llamava Audax. Derribóle en tierra, dava en él bocados terribles, mas por oración de la santa virgen Anatolia la serpiente huyó de allí y Audax se levantó sano. La piedad cristiana pide defender con sus fuerças todas y de todo daño a los que se le muestran contrarios y enemigos. Es de Surio, tomo cuarto.
[28] Potamiena, donzella alexandrina, padeció por la fe de Cristo, siendo prefecto /80r/ en aquella ciudad y juez suyo Basilide, todos los tormentos que pudo imaginar la crueldad de aquellos tiempos. Estando ya en el Cielo con la palma de mártir, aparecióse al Basilide con la corona que le avía dado su esposo Cristo en premio de sus tormentos. Mostróle otra que le tenía ganada para él si creyere. Creyó Basilide y por el martirio alcançó la Eterna Gloria. Tanto como esto fue el cuidado de la santa virgen Potamiena del que la avía atormentado y hecho mártir, para que se salvasse y fuesse bienaventurado. Dízelo Paladio en su Lausiaca.
[29] Veneranda, virgen y mártir, padeció gravíssimos tormentos por Cristo. Poníanla desnuda en tierra y açotávanla sangrientamente con nervios de animales. Bolvíanla el rostro en alto y poníanla sobre el vientre una grande peña. Después la hizieron entrar en una caldera llena de alcrevite, pez y óleo, todo hirviendo. Estava el tirano que le hazía padecer estos tormentos a la mira de todo. Saltó de la caldera parte de aquella confación y diole en los ojos, dexándole ciego. La santa donzella Veneranda hizo lodo de su saliva en tierra, y puesta en los ojos, cobró vista. Visto por él esta obra, y la paciencia con que la santa padeció tantos y tales tormentos, creyó en Jesucristo. ¿Quien sufrirá impacientemente la mala palabra, la afrenta y el atrevimiento, si tan graves tormentos recompensó una tierna donzella con tan gran beneficio? Es de Marulo, libro tercero.
[30] Santa Daría, virgen y mártir, fue por mandado de un tirano llevada al lugar de las mugeres públicas. Vino un león y púsose por su guarda. Entravan algunos atrevidos con ánimo de ofender la santa donzella, a los cuales derribava luego en tierra el león sin les hazer otro daño, por mandárselo assí Daría, pretendiendo que saliessen del error en que estavan y no que muriessen. Perdonó a los que vinieron a robarle lo que tiene más precio que todas las riquezas del mundo, y aun que la misma vida. Es de Marulo, libro tercero. |
[31] Santa Inés Virgen, aviendo el demonio quitado la vida al que venía a quitarle la honra, restituyóle la vida, y confessó a Cristo públicamente. Alcançó Santa Inés por la oración dos bienes al que vino a le hazer un mal irremediable, que era quitarle su honra. El un bien fue la vida con que viviesse en la tierra, y el otro bien la Gracia, mediante su penitencia, con que viviesse eternalmente en el Cielo. Dízelo San Ambrosio en el Sermón noventa.
[32] Eugenia, virgen y mártir, hija de Filipo, prefecto de Alexandría, dissimulando el ser muger con hábitos de varón, vivió entre religiosos y alcançó por su buena vida el govierno del monasterio. Fue acusada por Melancia Matrona, a la cual avía menospreciado, siendo por ella requerido a acto deshonesto, y la acusación era de que Eugenio Abad en su casa la avía querido hazer fuerça. Mas la santa donzella, no queriendo ya ser Eugenio sino Eugenia por purgar aquella infamia, primero pidió que ningún mal fuesse hecho a su acusadora. Después, en presencia del padre, a cuyo juizio era traída, descubriendo sus pechos descubrió el impío comento y falsedad de aquella engañosa muger, declarando como era su hija. Y con esto se libró de todo escrúpulo de culpa, assegurando primero a su acusadora de toda pena. Y aunque por este respeto el prefecto Filipo ningún daño le hizo, mas vínole del Cielo, cayendo dél fuego que le abrasó con toda su casa. Refiérelo Marulo, libro tercero.
[33] Santa Eufrasia Monja, aunque de alto linaje y rica, mas por ser humilde ocupávase de ordinario en ministerios baxos de la casa. Visto por otra religiosa libre de lengua, dezíale palabras maliciosas, que era hipócrita, que con esto pretendía ser tenida por santa y que la hiziessen abadessa. Por ser la persecución continua vino a oídos de la perlada, y examinada la verdad, quiso castigar aquel atrevimiento. Mas Eufrasia rogó por ella y la libró de ser penitenciada. Fue mucho ver la santa /80v/ donzella derribada de rodillas delante su abadessa, no como ofendida, sino como ofensora, pidiendo perdón del agravio que ella avía recebido para la que le hizo. Refiérelo Surio, tomo segundo.
[34] A una santa donzella llamada Otilia pretendió su padre quitar la vida, ofendido de verla ciega y fea. La madre la defendió y encerró en un monasterio, donde floreció en virtudes, y el defecto de la vista se suplió con la delicadeza de su entendimiento. Tuvo allí particular cuidado de rogar a Dios por su padre, de quien sabía que la avía querido matar, y por medio de su oración alcançó de Dios que hiziesse penitencia en esta vida de sus pecados, y que en otra saliesse presto de penas de Purgatorio. Es de Marulo, libro tercero.
[35] A Santa Catarina de Sena, estando en su monasterio se le apareció una vez Jesucristo y mostróle dos coronas, una de oro y perlas y otra de espinas. Díxole:

-Catarina, ¿cuál de estas coronas te agrada? Si quieres la de oro y perlas en esta vida, has de tener la de espinas en la otra, y si quieres en el Cielo la corona de perlas y de oro has de tener la de espinas en el suelo.

Ella dixo:

-Señor, la de espinas quiero en esta vida.

Y para que esto se verificasse, sucedió que curando a una hermana de su convento y religión de un çaratán que tenía en el pecho y le salía dél tan mal olor que no avía quien se atreviesse a tener cargo della, y un día porque tuvo un poco de asco, llegó su boca a la llaga y túvola allí tanto tiempo que quedó como muerta del mal olor. Esta enferma dixo della falsamente que era deshonesta a las otras hermanas y que la avía visto por sus ojos cometer delicto contra la castidad. Quedaron ellas muy escandalizadas y tratavan de echarla del monasterio. La santa sufrió esta infamia con singular paciencia, hasta que la misma que le levantó el testimonio se desdixo dél y le bolvió su honra, convencida de ver que con mayor caridad la servía después de averla infamado que antes. Refiérelo Surio, tomo segundo. |
[36] Aviendo entrado por fuerça de armas a Marsella don Alonso, rey de Aragón y Sicilia, fue avisado que las matronas y donzellas se avían recogido con sus joyas y riquezas en el templo de San Augustín de aquella ciudad. Y embiándole ellas una embaxada, suplicándole que las dexasse libres y que le daría todo el oro y joyas que tenían, el rey, liberalíssimo, las dio libertad y dexó ir con todas sus joyas y adereços, sin dar lugar a que a alguna le fuesse hecho agravio en la honra ni en adereço. Y cuando ganó por fuerça de armas a Nápoles el mismo rey don Alonso, no sólo se mostró liberal y magnífico con las mugeres, sin consentir que se les hiziesse fuerça deshonrándolas, sino que a Antonio Cadola, su mortal enemigo y que heredó de su padre Jacobo la enemistad, con otros muchos soldados contrarios dio libertad y les restituyó sus bienes y haziendas. Y a algunos de los soldados que conocía por hombres valientes les dio dones particulares. Y con esto ganó la gracia de todo el reino, sujetándosele y amándole entrañablemente. Sucedióle esta prosperidad por hazer bien a sus enemigos. Refiérelo Panormitano en el libro segundo que hizo de sus Hechos, Eneas Silvio, y Fulgoso, libro quinto, capítulo primero.

[37] Lamba de Oria, almirante de la armada genovesa, en una batalla naval que tuvo con Andreas Dandulo, capitán veneciano, en que alcançó vitoria y uvo en su poder muchas galeras y otros vasos del enemigo, andándolos limpiando de los muertos, assí aquellos como los proprios suyos, y echando los cuerpos muertos en el mar, como entre otros fuesse hallado el del mismo capitán Andreas Dandulo, mostrando grande sentimiento, sin dexarle echar al agua con los otros le mandó llevar a Curzula, donde le hizo un solemne entierro, estando el mismo Lamba de Oria presente con los principales de la armada. Y fue esto tenido en mucho, por averse hallado muerto entre los demás un hijo del /81r/ mismo almirante, que también fue echado al mar con los otros. Díze- lo | Fulgoso, libro quinto, capítulo primero.

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Por las leyes que Licurgo dio a los lacedemonios era aborrecido de algunos, que las tenían por intolerables y recias. Levantóse contra él motín un día, y cierto moço llamado Alexandre hirióle con un bote de lança en un ojo y sacósele. Prendiéronle, y queriendo hazer justicia dél, dio traça Licurgo como se librasse de muerte, y junto con esto le llevó a su casa y le enseñó filosofía, y le sacó un buen ciudadano. Refiérelo Sabélico, libro quinto.


[2] Foción Ateniense, aviendo hecho en la milicia y por su patria hechos azañosos, fue sentenciado a muerte. Estava en la cárcel, donde le avían de dar a bever cicuta con que muriesse. Traíanle la bevida, y rogáronle sus amigos que mandasse alguna cosa a su hijo; él dixo:

-Lo que le mando es que no se acuerde del agravio que con esta bevida me hazen los atenienses.

Es de Eliano, libro doze.
[3] Gelón Siracusano, aunque se avía apoderado del reino tiránicamente, en el govierno dél mostrávase justo, y no fue esto parte a estorvar que algunos sediciosos no tratassen, como tratavan, de matarle. Y teniendo dello noticia, hizo una junta de los principales del reino y de otra gente, y entró armado en medio de todos. Refirió allí sus hechos tan en provecho de la república, declaró como algunos tratavan de matarle, desnudóse luego las armas y añadió estas razones:

-No tengo defensa alguna; yo me entrego a todos los presentes para que hagan en mí lo que quisieren. Si les da gusto matarme, mátenme.

Admiróse toda la gente de oír esto. Prendieron a los culpados, entregáronselos para que los castigasse y reinasse en paz, queriéndole todo el pueblo por rey. Mas él nigún mal hizo a los culpados, antes los perdonó. Por lo cual como cosa rara y no vista otra semejante | le pusieron estatua de un hombre desnudo en camisa. Dízelo Eliano, libro treze.
[4] Dos contrarios tuvo Julio César, hombres de mala lengua: el uno se llamó Verona, que hizo ciertos metros en que le disfamó malamente; el otro fue Cayo Memio, que en una oración o sermón público también dixo contra él palabras acedas y sangrientas. De ninguno tomó vengança, aunque pudiera siendo dictador y supremo señor de aquella república. Antes les hizo bien, porque al Verona, viniéndole a satisfazer remendando mal lo que avía dicho, le perdonó amigablemente, y le combidó a cenar, y él fue después a hospedarse en casa de su padre. Al Memio favoreció pidiendo el consulado, y fue parte que le alcançasse, con ser conocido enemigo suyo. Es de Sabélico, libro quinto.
[5] A Augusto César se le mostró enemigo Lucio Cina. Halló una vez que se avía passado a los reales del enemigo en cierta guerra, y con ser allí preso le dexó libre y restituyó su hazienda, que tenía perdida. Otra vez fue preso y convencido de culpa en cierta conjuración, también le mandó soltar, diziéndole:

-En otro tiempo como a enemigo y aora como a traidor parricida te concedo perdón. De oy más comencemos a ser amigos de veras y contendamos si con mejor fe te he yo perdonado que tú has recebido perdón.

Dízelo Sabélico, libro quinto.
[6] Vespasiano, emperador de Roma, casó una donzella hija de Vitelo, capital enemigo suyo, dándola grande dote y marido conforme a su alto linaje, acordándose más en este hecho de su virtud y nobleza, que de las enemistades y injurias de aquel hombre. Es del mismo Sabélico.
[7] Tito, hijo del proprio Vespasiano, no luego que heredó el imperio de su padre, halló que /81v/ dos patricios se conjuravan contra él. Prendiólos, y averiguando ser assí, mandólos dexar libres, y sabiendo que la madre del uno dellos estava fuera de Roma, y con cuidado grande de aquel negocio temiendo algún grave | daño al hijo, luego que Tito le dio libertad, embió un mensajero que se lo dixesse, y el día siguiente en unos juegos públicos de Roma, de acuerdo los hizo sentar a los dos junto a sus lados. Dízelo Sabélico, libro 5.

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