De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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Fin deste Discurso de Caridad con enemigos. |

DISCURSO DÉCIMO TERTIO. DE CARIDAD CON HERMANOS Y PROXIMOS

El glorioso y bienaventurado Evangelista San Juan, en el capítulo cuarto de su Primera Carta, dize: «Si alguno afirmare que ama a Dios y aborrece a su hermano, téngase porque no dize verdad. Pues si no ama a su hermano que vee, a Dios, que no vee, ¿cómo lo amará?» Y según esta doctrina del querido y favorecido de Dios San Juan, pues no puede provar que ama a Dios el que no ama a su próximo, procuremos de amar a los próximos por los exemplos de santos y de otras personas graves. Y desto trata el Discurso.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Descubriendo Dios Nuestro Señor al patriarca Abraham el castigo que iva a hazer en los miserables sodomitas, estuvo altercando con él algún tanto, suplicándole los perdonasse si entre ellos se hallassen algunos buenos, y fue diminuyendo el número hasta llegar a diez, en lo cual mostró tener grande amor a los próximos. Y refiérese en el Génesis, capítulo diez y ocho.


[2] La dilección y caridad que tenía Moisés con los próximos súditos suyos le hizo que dixesse, estando orando con Dios: «Oh perdónales el mal que han cometido contra ti o bórrame del libro de la vida». Es del Éxodo, capítulo treinta y dos.
[3] La amistad de Jonatás con David no fue parte a deshazerla la indignación de Saúl, su padre. El padre siempre persiguió a David, el hijo le descubría los peligros para que los evitasse. Siempre procuró aplacarle airado, y que no fuesse dañoso amigo. Es del Primero de los Reyes, capítulo diez y ocho. |
[4] David mostró amar a su pueblo y gente, pues de los tres males con que fue amenaçado de parte de Dios por aver sido sobervio, contando el pueblo, no escogió hambre porque él no la sintiera y su gente sí, ni guerras, que fueran dañosas a sus soldados, estando a la mira, sino pestilencia, a la cual estava él sujeto como otro del pueblo. Y viendo la gente que moría y el ángel que los hería, postrado en tierra, dixo: «Yo soy el que pequé, éstos son ovejas inocentes, ¿qué mal hizieron? Buélvase tu mano contra mí y contra la casa de mi padre». Con esto se aplacó la ira divina mostrándose David justo en escoger la pena y prompto en padecerla. Es del Segundo de los Reyes, capítulo 24.
[5] Persiguiendo Jezabel a los profetas de Dios, Abdías recogió ciento dellos en una cueva y les dio de comer con grande peligro de su vida, porque si fueran descubiertos, él y ellos tenían cierta la muerte. De donde vino a que le favoreció Dios, dándole don de profecía y teniendo el cuarto lugar entre los doze Profetas Menores. Porque como dixo Jesucristo, y lo refiere San Mateo, capítulo décimo: «El que recibiere al profeta en nombre de profeta, al que le hospedare y favoreciere, recibirá premio de profeta». Es del Tercero de los Reyes , capítulo diez y ocho.
[6] Durando la esterilidad de Judea, cuando a la boz de Elías se cerró el Cielo, y passaron tres años y medio sin llover una sola gota de agua, quitóle Dios al mismo Elías la ración y agua con que se sustentava, para que le fuesse forçoso ir a poblado, y viendo con sus ojos la necessidad y hambre de la tierra, se apiadasse y procu- rasse /82r/ el remedio. Es del Tercero de los Reyes, capítulo diez y siete.
[7] La caridad de Tobías hízose manifiesta en la captividad de Babilonia, porque a todos los puestos en ella y afligidos, de la manera que pudo les favoreció, ya con palabras de consuelo, ya con limosnas, ya dando sepultura a los muertos por aquella infiel gente. De aquí resultó que siendo buscado del rey Senaquerib para ser muerto, favorecido de Dios quedó libre él y su familia. Y muerto aquel tirano por orden de sus hijos, le fue restituida su hazienda porque no faltasse possiblidad para hazer bien a quien no faltava ánimo y desseo. Tobías piadoso fue libre entre sus enemigos; el rey cruel fue muerto de sus hijos. Es del Libro de Tobías, capítulo primero.
[8] El Salvador del mundo loó la caridad | y amor con su próximo del samaritano, que viendo un caminante que cayó en poder de ladrones herido y maltratado, le curó y llevó adonde sanasse. Es de San Lucas, capítulo 10.
[9] San Pablo grande caridad tenía, pues dixo escriviendo a los Romanos, capítulo nono, que desseava ser anatema o maldición por sus hermanos. Y no sólo tenía palabras, sino obras, pues todas sus peregrinaciones tuvieron este fin de convertir almas, y es cosa maravillosa las ciudades, las provincias y los reinos que paseó, siendo perseguido en diversas partes, preso y açotado, sin que por esso se cansasse, hasta que últimamente en Roma fue degollado. Todo lo cual, como dixo a su discípulo Timoteo, en la Segunda Carta, capítulo segundo, sufríalo por los escogidos, para que consiguiessen la Salud y Vida Eterna.
Lo dicho se colige de las Divinas Letras. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] San Juan Evangelista, visitando su provincia de Asia, encomendó a cierto obispo la guarda de un mancebo, a quien él avía baptizado y mostrava mucho amor por las buenas partes que descubrió en él. Descuidóse el obispo y el moço se fue al desierto, no a ser ermitaño, sino a ser salteador y capitán de ladrones. Bolvió San Juan, pidió cuenta de su prenda al obispo, el cual, no poco avergonçado, le dio razón de lo sucedido.

-Grande ha sido tu descuido, -replicó el Apóstol- mala cuenta das de lo que tanto te encargué.

Subió el santo viejo en un cavallo y fue a buscar la oveja perdida, y hallada, el moço vergonçoso huía dél. Seguíale el santo diziéndole palabras de mucho consuelo y prometiéndole el perdón, y que se obligava a dar cuenta a Dios de sus culpas con que tuviesse pesar dellas y se bolviesse con él. El moço bolvió y ganó aquella alma para Cristo el Evangelista glorioso, dándonos exemplo que no perdonemos trabajo alguno porque el próximo que está enredado en vicios salga dellos. Y en otra manera puédesenos dezir que tenemos en poco al que nos manda que amemos como a nosotros mismos. Es de Eusebio en la Historia Eclesiástica, libro tercero, capítulo 17.
[2] Carpo, discípulo del apóstol San Pablo, | viendo que cierto herege avía pervertido a un católico, sintiólo tiernamente. Y en lugar de rogar a Dios por su conversión, pedía con grande instancia que ambos fuessen muertos, temiendo que el uno con su persuasión y el otro con su exemplo serían causa de la caída de otros. Sucedió que estando durmiendo una noche vido en sueños que los dos eran llevados por demonios al Infierno, y como de ver esto tomasse algún contento, aparecióse Jesucristo que baxava del Cielo acompañado de ángeles, y librólos de los demonios diziendo: «Otra vez si fuesse necessario querría padecer por los pecadores». Con esta visión avisado Carpo, rogó por la conversión de aquellos dos próximos, y los que antes desseava ver muertos, vídolos convertidos a la fe y vivir santamente. Y de aquí podemos sacar aviso que antes se dessee a los que pecan penitencia que castigo. Es de San Dionisio Areopagita, Epístola octava.
[3] San Martín, que después fue obispo de Tours, antes que se baptizasse, que sólo era catecúmeno, entrando en la ciudad de Amiens, que es en la Galia Bélgica, vido un pobre desnudo que pedía limosna a los que passavan. Hallóse Martín con sus armas y un solo vestido que llamavan clámide, grande co- mo /82v/ manto; visto que nadie le remediava, partió con su espada la ropa en dos partes y dio al pobre la una parte, y cubrióse él con la otra, siendo ocasión en los que lo vieron, unos de risa y mofa, viéndole con el medio vestido, y otros de admiración, considerando su caridad con el próximo. En la siguiente noche, estando Martín durmiendo, vido en visión a Jesucristo cubierto con la mitad del vestido que avía dado al pobre, y que dezía a sus ángeles: «Martín, siendo catecúmeno, me ha dado este vestido».

Siendo obispo y estando para dezir missa, vino un pobre desnudo a pedirle limosna. Mandó a su arcediano que diesse una camisa a aquel pobre. El otro, que siempre andava alcançado de las muchas limosnas que hazía, tardóse en darla y quisiera no dársela. Entró el pobre en la sacristía donde estava San Martín y quexóse que no le davan la camisa. San Martín se desnudó y le dio la suya. Entró el arcediano a dezir que le esperava el pueblo que saliesse a les dezir missa. Respondióle que no podía hasta que diesse de vestir al pobre. Díxole:

-No parece el pobre, que se ha ido.

San Martín replicó:

-Trae la túnica, que no faltará pobre que la vista.

Salió enojado el arcediano y compró una túnica o camisa de poco precio, y arrojóla delante del santo. Vistiósela él y revistióse luego para dezir missa, y al tiempo de levantar el Santíssimo Sacramento, por ser la túnica corta que le avían dado, descubrió sus braços, baxándosele las vestiduras sacerdotales dellos. Vieron algunas personas de la iglesia que baxaron ángeles y se los cubrieron con unas láminas o axorcas de oro de que salía grande resplandor. Y es fama que tomó principio de aquí el poner en la vestidura sacerdotal, que se llama alba, las bocas de mangas y redropies de brocado o cosa más rica que es la alba. Es de Severo Sulpicio en la Vida de San Martín.


[4] Hizieron guerra los vándalos en Campania, provincia de Italia, y llevaron muchos captivos, entre los cuales fue un hijo sólo que tenía cierta muger viuda. La cual, | afligidíssima, habló con San Paulino, obispo de Nola, y significándole su trabajo, por aver él redemido algunos captivos y proveído a otros que siéndoles robadas sus haziendas quedaron pobres, no tuvo que darla. Ella se lamentava y porfiava en pedirle remedio. Díxole el santo perlado que si quería le llevasse a él y le trocasse por su hijo. La afligida muger, aunque al principio le pareció que se burlava, después, dándole crédito, se embarcó con él y passó en Africa, donde tuvo nueva que su hijo era esclavo de un hierno del rey, a el cual habló y pidió su hijo, pensando alcançarle por precio de lágrimas y ruegos. Mas el bárbaro, que ni de ruegos ni de lágrimas hizo caso, despidióla con mal. Añadió la afligida madre que a lo menos se le trocasse por el que traía consigo. Miróle el pagano, y agradado de su presencia y informado dél que sabía cultivar una huerta, hizo el trueco. Quedó Paulino captivo, porque la caridad del próximo le forçó a que por su libertad diesse la propria. Procuró agradar al pagano, y tuvo con él tanta gracia, que ya dexava de comunicar sus negocios con sus amigos por estarse en conversación con su captivo hortelano, viéndole avisado y muy entendido. El santo, sabiéndolo por revelación, avisóle que el rey, su suegro, moriría presto, que mirasse lo que le convenía. De aquí resultó descubrirse quién Paulino fuesse, y sabido por el bárbaro amo suyo que era obispo entre cristianos y la ocasión por que se avía hecho esclavo, no sólo le dio libertad, sino a petición suya le embió a un navío con todos los captivos que de su propria ciudad Nola se hallaron en Africa, y con grande provisión de trigo bolvió a su obispado. Quiso este santo perlado por algún tiempo ser captivo a solas para después ser libre con muchos. Lo dicho refiere San Gregorio en el libro tercero de sus Diálogos, capítulo primero.
[5] Teodora Alexandrina, donzella santíssima, fue llevada al lugar de las mugeres públicas por mandado de Eustratio, que presidía en aquella ciudad en tiempo de /83r/ los emperadores Diocleciano y Maximiano. Hizo oración la santa en aquel lugar immundo, encomendando a Dios la guarda de su limpieza. Y tocó su Magestad el coraçón de un mancebo religioso, llamado Didimo. Vistióse hábito de soldado romano, con que puso temor a muchos moços deshonestos que esperavan deshonrar a Teodora; ganóles una vez y entró en el aposento donde estava. Descubrióle quién era, trocaron vestidos, quedando él en su lugar y saliendo ella libre. Vino presto a oídos del juez, y muy enojado con Didimo, mandóle degollar. Y estando en el puesto, Teodora, que avía sido libre por su medio de infamia, no pudo sufrir que muriesse por su ocasión. Con passo acelerado llegó al lugar del martirio, y dixo:

-Siervo de Jesucristo, más es lo que hazes de lo que yo quise que hiziesses. Yo te escogí por defensor de mi limpieza, y no para fiador de mi muerte. Si ay peligro en mi honra, necessidad tengo de tu favor. Si piden sangre, yo tengo de que pagar; no ay necessidad de tu fiança.

Dezía esto el santo mártir:

-Yo soy el condenado a muerte, esposa de Jesucristo, y no tú. No ay para que se den dos vidas, la una basta. Condenándome a mí, el juez a ti te dio por libre.

Ella replicava:

-Assí es verdad que una muerte basta, mas essa ha de ser la mía y no la tuya, porque si tú mueres yo seré culpada de tu sangre, añadiéndoseme esta culpa a la que cometí en huir. Aunque si hui, no fue del martirio sino de ser deshonrada.



Contendían los dos sobre cuál dellos sería muerto y los dos vencieron, porque ambos fueron degollados. Y alcançaron trofeo de mártires, y assí el cuchillo del tirano no apartó a los que juntó el amor de Cristo y la caridad. Escrive San Ambrosio este exemplo en el libro segundo De Virginibus. Y añade que entre filósofos pitagóricos se platicava con suma alabança un hecho que hizieron dos amigos, llamados Damón y Pitias. De los cuales el uno estando preso y sentenciado a muerte, pidió al juez le dexasse ir a su tierra, de que estava ausente para componer los negocios de su casa y dar or- den | en ella, y que bolvería a morir, para lo cual dexaría fiador. El juez, pareciéndole que nadie le fiaría, porque avía de ser obligándose a la misma pena, concediólo. Fiole el otro amigo, llegó el día del plaço, sacáronle a matar. Vino el reo, quexándose porque no aguardavan todo el término, que ya él venía y quería ser muerto, que dexassen libre a su amigo. El cual, porque el ausente quedasse libre avía dado prissa a que le sacassen a matar, teniendo por cierto que muerto él, cuando el otro bolviesse (como estava certíssimo que bolvería) le darían por libre. Visto el caso por el juez, que era un poderoso rey, dio a los dos por libres y rogóles que le recibiessen por tercero amigo entre los dos. Este caso, dize San Ambrosio, suben a las nubes los pitagóricos, y es digno de loa, aunque no de tanta como el nuestro, porque los dos eran varones, aquí avía una muger; aquellos eran amigos, éstos no se conocían primero; aquéllos ofreciéronse a un tirano, aquí a muchos y más crueles que aquél, pues aquél los perdonó y éstos no los perdonaron; allí necessariamente avía de morir el uno, aquí voluntariamente se ofrecieron los dos a la muerte. Ay aquí más prudencia que allí, pues allí era el intento amistad humana, aquí corona de martirio, allí pretendieron gloria de los hombres, aquí de Dios.
[6] Santa Catarina Virgen, como oyesse divulgar un edicto en Alexandría contra los cristianos, que fuessen muertos si no adoravan ídolos, fue a hablar al tirano Maximino Emperador, arguyendo su impiedad, provando con razones eficaces que Cristo era Dios y devía ser adorado, y los ídolos ser cosa vana y los que los adoravan vaníssimos. No temió reprehender al tirano, aunque con peligro de su vida, por ver vacilar en la fe a los próximos. Menospreció la muerte porque los fieles con temor della y de los tormentos no cayessen en muerte de infidelidad. Es del Metafraste.
[7] Anastasia Romana, casada con un idólatra, ambos de gran linaje, antepuso a la nobleza la humildad de la caridad, porque vestida vilmente por no ser conocida, /83v/ visitava las cárceles de los mártires, dávales limosna, besava sus prisiones, exortávalos a paciencia. Con estos exercicios mereció que también ella fuesse decorada con corona de mártir. Dízelo Suidas, y refiérelo Surio, tomo sexto.
[8] En el capítulo treinta y uno del libro nono de la Historia Tripartita se dize de la emperatriz muger del emperador Teodosio que iva a los hospitales a visitar los pobres enfermos y les llevava regalos, les hazía las camas y barría los aposentos.
[9] Nizéforo Calixto, libro octavo, capítulo veinte y seis, dize que celebrado el Concilio Nizeno, combidó el emperador Constantino Magno a comer un día a los obispos, y viendo que de las persecuciones passadas de los tiranos, particularmente de Licino, cuñado suyo y gran perseguidor de cristianos, algunos dellos estavan mutilados sus miembros -a éste le faltava un ojo, al otro una mano, otros mostravan las señales de las heridas que avían recebido martirizándolos-, andava el religioso príncipe de uno en otro abraçándolos, y llegava su boca a los lugares donde tenían las señales de sus heridas, y con lágrimas de ternura y devoción los besava y respetava, teniendo por buena dicha aver padecido por Dios semejantes persecuciones.
[10] Visitando Hilarión Abad a cierto obispo, hízole comer consigo y púsole un potaje de aves. El abad dixo:

-Después que recebí el hábito de monge nunca comí carne.

El obispo replicó:

-Después que recebí el hábito clerical nunca dexé que algún próximo se acostasse a dormir teniendo de mí quexa, sino que primero le aplacava, ni yo me recogí a dormir teniendo quexa de alguno, sino que por agraviado que estuviesse le perdonava por amor de Cristo.

El abad Hilarión dixo:

-Perdóname, padre, que sin duda más perfecto eres que yo.



Refiérese en el Promptuario de exemplos.
[11] Serapión Abad, entrando en un pueblo de infieles y predicando públicamente, fue mandado salir dél. Bolvió de secreto y vendióse por esclavo en una casa principal, donde comunicando con los que vivían en | ella los convirtió y hizo cristianos. Bolvióles el precio y vendióse en otra casa, y hizo lo mismo, y desta suerte se convirtió gran parte de la ciudad. De modo que no tuvo por dificultoso el santo abad hazerse esclavo desechado y vil por hazer libres del demonio a los próximos. Es de Paladio en su Lausiaca, y refiérelo Marulo, libro tercero.
[12] Abramio Ermitaño dava santos consejos a su sobrina María, teniéndola consigo en el desierto. Mas, perdiéndola por irse ella con un falso monge que la solicitó y engañó, viniendo de un trance en otro a estar en un mesón, vendiendo su cuerpo con pérdida de su alma, el tío, que le abrasava la caridad de aquella perdida oveja, trocó el hábito, y en otro de rico mercader, sabiendo el lugar donde estava, entró a verse con ella. La cual, con el cebo de la ganancia que esperava, hazíale regalos y caricias, aunque le llegó a sus sentidos un olor del desierto y ermita que le hizo dar algunos sospiros y derramar no pocas lágrimas. Vido la suya Abramio, descubrió la celada, declaró que no amante sino tío tenía junto a sí, que no pretendía su cuerpo sino la alma. Animóla con esperança de perdón aviendo mudança de vida. Llevóla consigo, y por averle costado tan caro, guardóla con más diligencia, de suerte que la salud, de que avía perdido esperança, ganóla con la penitencia. Y si el santo viejo desconfiara della y la dexara en sus vicios, tarde saliera dellos, mas la caridad no admite descuido hasta levantar al caído. Es de Efrén en el libro De Vitis Patrum.
[13] Pacomio Monge, avisado que en cierto lugar cercano a su ermita estavan muy olvidados de Dios y de su servicio los vezinos dél, dexó la celda y fuese a vivir con ellos, y no bolvió a ella hasta que los dexó bien instruidos en lo que devían creer y hazer para salvarse. El amor de Dios le llevó al desierto, y el amor del próximo le sacó dél y bolvió a conversar gentes. Refiérelo Marulo, libro tercero.
[14] Vidal Monge, estando en la ciudad de /84r/ Alexandría, iva de noche a la casa de las mugeres públicas, y a la que entendía que cometería más pecados por ser más recuestada, concertávala por toda la noche y encerrávase con ella. Poníase el monge a un rincón de aquel sucio aposento, rezava, llorava, sollozava, hería su pecho, y en esto gastava la noche. La muger mirávalo, y considerávalo entre sí, y no reparava tanto en la ganancia que le dava aquel hombre como en las ofensas que avía hecho ella contra Dios. Y con este medio el monge Vidal convirtió a muchas de aquellas perdidas mugeres, y salieron de pecado, por lo cual sufría él alguna infamia de los que le veían frecuentar aquel lugar torpe. Este hecho más es para alabar que para imitar, y si este monge hazía cosa semejante, sería con voz del Cielo, que le assegurava de que no recibiría allí daño en su alma. Y otro sin ella podría recebirle, que no menos es peligroso estar a solas ocn una muger algún tiempo -semejante a éstas que estavan con Vidal- que con serpientes. El exemplo es de Marulo, libro tercero.
[15] Pafuncio Abad, en el modo que tuvo para convertir a Taide mostró el amor que tenía al próximo. Mudó el traje de monge en enamorado, pidió un lugar secreto donde hablarla, y de aquel passó a otro más secreto, y como allí se recelasse si era visto de alguno, ella le dixo:

-¿Qué te recelas?, que no puede vernos aquí otro que Dios.

Tomó ocasión desta palabra el abad para preguntarla si creía que los vería Dios allí.

Ella respondió:

-¿Qué duda ay en esso? Todo lo vee y nada se le esconde.

Pues si es assí -añadió Pafuncio-, ¿cómo por tan breve deleite pierdes a ti y a todos los que tratan contigo, aviéndolo con un Dios, que viéndolo como lo vee puede luego castigarlo con Infierno Eterno?

Añadió algunas otras razones el santo viejo, con que Taide començó a enternecerse y a resolverse en lágrimas, y favorecida de Dios tuvo gran dolor y contrición de sus pecados. Dexó la mala vida y hizo áspera penitencia, por donde alcançó perdón de- llos. | No temió Pafuncio alguna nota en sí, por temer en el próximo su condenación y eterna muerte. Es del libro De Vitis Patrum.
[16] En este mismo libro De Vitis Patrum, que fue hecho por Petronio, obispo de Bolonia, y se atribuye a San Hierónimo, en la Vida también de Pafuncio, se dize que tuvo revelación en que le señalaron tres hombres que en los ojos de Dios eran tan buenos como él y le serían iguales en el premio de la gloria. Vídose con ellos, y el uno era un músico, que en cierto pueblo ganava su vida tañendo y cantando. Informóse dél, qué vida era la suya y en qué buenas obras se avía señalado. Respondió el músico:

-Yo no sé que aya hecho obra señalada si no fue una vez que en compañía de ciertos ladrones prendimos una donzella monja consagrada a Dios, y como los otros quisiessen deshonrarla, yo procuré defenderla. Libréla de sus manos y restituíla a su convento y religión. Otra vez vi en el desierto una muger de buen rostro que andava sin saber dónde irse, y preguntándola de su vida, respondió: «No tengo que dezirte, sino que agradándote una esclava puedes llevarme donde quisieres, porque te hago saber que tengo un marido, el cual por deudas que deve al fisco está preso, y cada día le açotan y dan otros tormentos porque pague. Teníamos tres hijos y hanlos vendido, y a mí me buscan para atormentarme o venderme, y por esta ocasión víneme a la soledad, donde estoy consumida de hambre, porque ha tres días que no comí cosa alguna». Yo, como esto oí, tuve lástima della, llevéla a mi cueva, hízela que comiesse, y tomando aliento dile trecientos sueldos para que librasse a su marido de la cárcel y a sus hijos de esclavos, pagando enteramente su deuda, y ella lo hizo. Esto me acuerdo aver hecho un tiempo que fui ladrón.

El santo ermitaño dixo:

-No he yo hecho cosa semejante. Quiero amigo que sepas que aunque el nombre de Pafuncio es celebrado entre monges, Dios me ha revelado que en el Cielo avemos de ser iguales; por tanto mira lo que te conviene hazer.

Oyendo esto el músico, arrojó los instrumentos que en la mano /84v/ tenía y siguió a Pafuncio, y en una celda junto a la suya por tres años enteros hizo áspera penitencia de ayunos y obras penales, cantava salmos de día y de noche, tenía grande oración, y al cabo deste tiempo murió bienaventuradamente.

El segundo a que le compararon fue un hombre principal muy rico que vivía en otro pueblo cercano. Fue a verse con él, y después de algunas pláticas, importunado le dio cuenta de su vida, diziendo:

-Siendo moço me casé con una muger, de quien tuve tres hijos, y el tenerlos fue el fin de casarme. Después desto yo he guardado castidad, aunque mi muger vive, y estamos juntos, y si no a ella en mi vida conocí otra muger. Sin esto yo tengo mi casa hecha mesón de pobres y peregrinos. Nunca di lugar que otro primero que yo saliesse a los recebir y hospedar. Cuando se ivan de mi casa, dávales provisión para el camino. A ningún pobre desprecié o tuve en poco, antes les remediava lo mejor que podía. Siendo juez no pronuncié sentencia contra justicia, aunque fuesse en favor o en daño de mis proprios hijos. Los sudores agenos nunca entraron en mi casa. Viendo diferencias y discordias entre algunos de mi pueblo no passé adelante sin dexarlos en buena paz y amigos. A nadie agraviaron mis criados, ni mis ganados hizieron daño en los sembrados agenos. No estorvé a los que querían sembrar en mis campos. En cuanto fue en mí, nunca di lugar a que oprimiesse el rico al pobre. A nadie hize agravio en mi vida, éste ha sido el orden de mi vivir.

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