De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[35] Predicava en las últimas partes de Francia un siervo de Dios con grande provecho de las almas, y estando un día en lo mejor del sermón, levantóse una muger que avía sido pecadora, y con lágrimas y sollo- zos | de mucha contrición le dixo:

-Siervo de Dios, dexa el sermón y óyeme de penitencia.

Él le dixo que se sossegasse, que en acabando el sermón la oiría. Sossegóse un poco y tornó con nuevos clamores y lágrimas a dezir que la oyesse. Él dixo:

-Presto acabaré, ten paciencia.

Llegando el sermón al cabo, la muger se levantó y dio una terrible voz pidiendo confessión, y cayóse muerta. El predicador se turbó grandemente deste acaescimiento, y todo el auditorio quedó lleno de admiración. Pidióles con instancia que rogassen a Dios por ella. Él se encerró en un oratorio, y por tres días continuos sin comer ni dormir se entretuvo en lo mismo. Al cabo dellos, siendo de noche, vido la muger pecadora por quien rogava más resplandeciente que el sol, y díxole:

-Descansa ya, siervo de Dios, y él te pague lo que por mí has hecho. Sabe que voy libre de penas de Purgatorio a gozar de Dios. Y en testimonio de que es verdad hallarás que en tierra de Brabancia, en el monasterio Ogniense, ha muerto el maestro Juan, el cual assí como en vida fue misericordioso con pobres, también lo ha sido en muerte, porque siendo llevado al Cielo y premiado según sus obras, pidió a la Magestad Divina la liberación de algunas almas de Purgatorio, de cuya salud avía sido él mucha parte en la tierra. Fuele concedido, y no sólo salieron libres de penas las almas por quien rogó, sino algunas otras, y entre ellas soy una.

Desapareció la muger, y el predicador quiso otro día ser cierto de la muerte de aquel gran siervo de Dios, y halló puntualmente que era assí como le fue dicho. Es del libro De Apibus, capítulo treinta y uno.
[36] Antidio, obispo de Tours, viendo a un demonio muy alegre, preguntada la causa, respondió que lo era aver siete días tentado de deshonestidad a cierto perlado y que estava el negocio para concluirse en favor de su parte. Y aunque es padre de mentiras el demonio, y pensó Antidio que sería mentira, mas temió que sería possible dezir verdad, y conociendo bien /(88r)/ al obispo -porque el demonio se le nombró- procuró con suma diligencia embiar quien le avisasse. El que fue le habló y él se avergonçó visto que le dezía verdad, y no aviéndose proseguido en la obra, sino sólo en el desseo, de aquél hizo penitencia y vivió con más recato. Dízelo Marulo, libro tercero.
[37] San Bernardino, antes que fuesse fraile menor mostró bien su caridad en un hospital de Sena, donde en tiempo de peste se exercitava con otros doze mancebos devotos en obras de misericordia. Allí curava los enfermos, dava de comer a los pobres, a los difuntos sepultava, su cuidado era grande en que contritos y confessados esperassen lo que Dios hiziesse dellos. Crecía la peste, augmentávanse los heridos della, era mayor el número de los muertos y San Bernardino estava sano y tal cual tenían dél necessidad los enfermos. Y de aquí vino a que siendo fraile, aprovechó más a los próximos predicando que les avía antes aprovechado ministrando. Es de Surio, tomo tercero.
[38] María, llamada Decegnies, natural de una villa dicha Nivella, del obispado Leodio, siendo casada, acabó con el marido que ambos guardassen castidad. Servían los dos no al mundo sino a Cristo en un hospital de leprosos, donde ni las llagas podridas, ni carnes ulceradas, la podre y materia, ni el temor de que esto todo se les pegaría, contradixo a la caridad. Los rostros disformes de los enfermos encendían más el cuidado de su cura y servicio. Aora reinan con Cristo en los Cielos los que sirvieron a los leprosos en la tierra; por trabajo breve consiguieron Eterna Bienaventurança. Es del cardenal Jacobo Vitriaco, y refiérelo Surio, tomo quinto.
[39] En el tiempo que el padre Ignacio, fundador de la Compañía de Jesús, estudiava en París, supo de un hombre el cual estava perdido con el amor deshonesto de cierta muger, que iva a verla y a ofender a Dios con ella fuera de la ciudad, en una alquería donde ella estava. Aviendo de passar junto a una laguna, adelantóse Igna- cio, | y viéndole venir, con ser el tiempo de imbierno y estar la agua frigidíssima, desnudo entró en ella, dexando solamente fuera de la agua el rostro. Al tiempo, pues, que el otro passava, diole vozes diziendo:

-Anda, anda, hombre miserable. Ve y goza de los deleites sensuales que te traen ciego con essa muger, que yo estaré aquí entretanto rogando a Dios no te castigue como mereces, quitándote la vida de repente y dando con tu alma en los Infiernos.

El otro, viendo y oyendo esto, con grande dolor de sus pecados se bolvió de donde iva y hizo dellos penitencia. Dízelo Pedro de Ribadeneira en su Vida.

[40] El rey don Alonso de Nápoles, passando con su exército el río Volturno, vido que llevava la furia de la agua a Butardo, cavallero de la capitanía de Rodolfo Perusino, y como ninguno se atreviesse a favorecerle temiendo ser ahogado, porque el río iva muy crecido, él se echó a la agua en su cavallo y llegó al que estava a punto de ahogarse y casi muerto, y le sacó libre. Dízelo Panormitano en el libro tercero de los Hechos deste rey.


[41] La caridad con próximos de Juan de Dios, el de Granada, fue cosa de admiración. Era buena prueva della entrar en su hospital, donde se hallaran enfermos de todos géneros de enfermedades, hombres y mugeres, sin desechar persona alguna, de calenturas, de heridas, de bubas, llagados, tullidos, incurables, desamparados, niños tiñosos y otros que le echavan a la puerta y los hazía criar, locos y simples, sin los envergonçantes que mantenía en sus casas proprias. Hizo un grande aposento para los que pedían de puerta en puerta y peregrinos, en que cabían dozientas personas. En éste se acogían de noche y amparavan del frío, estando lumbre en medio dél en tanta abundancia que participavan todos della, assentados en poyos a la redonda, donde dormían unos en colchones, otros en çarços de anea, y otros en esteras, como tenían la necessidad, y con esto sin la buena obra que hazía y caridad, se escusavan muchas ofensas de Nuestro Señor /(88v)/ en buscarlos por las plaças y quitar que no estuviessen juntos hombres y mugeres, a las cuales ponían por sí aparte, y con esto limpiava la ciudad de gente perdida. Sucedióle un caso digno de memoria a este propósito de caridad con próximos, y fue que estando en Granada el marqués de Tarifa, don Pedro Enríquez, fue Juan de Dios a pedir limosna para sus pobres, y llegó a tiempo que estava jugando con otros cavalleros. Sacáronle del juego veinte y cinco ducados y ívase él con ellos a su hospital siendo ya noche. El marqués, aviendo oído alabar su grande caridad, para experimentarla disfraçóse y salióle al encuentro, y díxole:

-Hermano Juan, yo soy un cavallero forastero, estoy aquí en un pleito y padezco mucha necessidad para sustentar mi honra. Ruégoos me favorezcáis, porque no venga a hazer alguna ofensa contra Dios.

El hermano Juan, vista la manera del hombre y consideradas sus razones, respondió:

-Dome a Dios (que ésta era la manera de su hablar), daros he lo que traigo.

Puso la mano a la bolsa y diole los veinte y cinco ducados. El marqués los tomó agradeciéndoselo y fuese. Llegó admirado donde los otros señores estavan. Contóles el caso, y celebróse entre ellos como merecía, que teniendo tantos pobres con quien cumplir fuesse tan largo con uno, confiando en la providencia de Dios. Otro día por la mañana fuele a visitar el marqués, y díxole riendo:

-¿Qué es hermano Juan, que me han dicho que os robaron anoche?

Él dixo:

-Dome a Dios que no me robaron, mas sin blanca llegué a casa.

El marqués dixo:

-Aora, hermano, porque no neguéis el robo que os hizieron, veisle aquí, que a mí me lo deparó Dios. Tomad vuestros veinte y cinco duca- dos, | y más ciento y cincuenta escudos de oro que yo os doy de limosna.

Mandóle traer otros ciento y cincuenta panes, cuatro carneros y ocho gallinas, y esta ración hizo que le diessen cada día todo el tiempo que estuvo en Granada el marqués. Y fuese muy edificado de ver los muchos pobres de todas maneras que allí se curavan y se les hazía limosna. Vido el mismo Juan de Dios otra vez uno de los envergoçantes que dava él limosna en su propria casa que se avía muerto, y no teniendo a la sazón con qué hazerle enterrar, habló con un hombre rico que vivía allí cerca y pidióle que remediasse aquella falta. El otro se escusó que no podía ni tenía que darle. Fue Juan de Dios y cargóse del muerto, y trúxosele a su casa, y dixo:

-Tanta obligación tenéis vós para enterrarle como yo. Yo no tengo de qué, vós, que tenéis, enterralde.

Con esto se iva, mas el rico, muy confuso, le rogó que se le llevasse de allí, ofreciendo de dar toda la costa del entierro, como lo hizo. Es de Francisco de Castro, rector del hospital de Granada que fundó el mismo Juan de Dios, en la Vida que dél escrivió.
[42] Fray Luis de Montoya, vicario general en el reino de Portugal del orden de San Augustín, aviendo reprehendido a cierto religioso de un vicio en que diversas vezes avía estropeçado, y no enmendándose, llevóle a la iglesia una noche y allí después que de nuevo le uvo amonestado, tomó una áspera disciplina y hiriéndose con ella cruelmente fue cosa maravillosa que las heridas y golpes que el santo varón recibió en sí, passassen al pecador que avía estado tan endurecido, y assí curó la alma de aquél, imitando a Nuestro Salvador, que con sus llagas curó nuestros pecados y ofensas. Dízelo en su Vida fray Hierónimo Román, capítulo 21. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Licurgo, legislador de los lacedemonios, fue hermano del rey Palidectes, el cual muriendo y dexando a su muger preñada, los grandes del reino quisieran que él fuera rey, y su cuñada la | reina venía en ello y le quería por marido, ofreciéndose a tomar con que malpariesse. Entretuvo con buenas palabras Licurgo el negocio, hasta que su cuñada parió, y visto que era hijo, tomóle en sus bra- ços /(89r)/ y assentóle en la silla real, diziendo:

-Varones lacedemonios, rey tenemos.

Y llamóle Carilao, que quiere dezir «gracioso al pueblo», dexando a todos maravillados de que assí tuviesse en poco la dignidad real. Y mostró en este hecho verdadero amor a su hermano, aunque muerto. Dízelo Plutarco en su Vida, y son con él Pausanias, libro primero, y Heródoto. Y pareció a esto lo que dizen muchas Historias Españolas que hizo el infante don Fernando, muriendo el rey de Castilla don Enrique el Segundo, su hermano, que dexando al príncipe don Juan de dos años, el infante tomó al príncipe su sobrino en braços y le besó la mano, y le juró por rey, siéndole cosa fácil serlo él, según de todos era querido. Y por su exemplo los demás grandes hizieron lo mismo, con lo cual provó que también Castilla engendra Licurgos.
[2] Prendió en cierta guerra el rey Darío al marido, hijos, y a un hermano de Itaferne, dexándola a ella libre, la cual le dava combate de muerte que le bolviesse aquellas prendas. Vozeava a la puerta de palacio tanto que, cansado el rey de oírla, mandó que le diessen uno de los presos, el que ella quisiesse. Escogió a su hermano, y preguntada por Darío la causa, respondió que podía tener otro marido y parir otros hijos, y no era possible tener otro hermano siendo muertos sus padres. Dízelo Brusón.
[3] Xerxes lloró en los campos Abidenos viendo debaxo de sus vanderas la mayor parte de la gente oriental, y declaró que no llorava su felicidad por mandar y ser obedecido de tantas gentes, sino la suerte de tantos hombres que, siendo casi innumerables, dentro de cien años, o con muerte natural o violenta acabarían. Refiérelo Sabélico, libro 5.
[4] El mismo Xerxes y Ariamen, hermanos, tenían diferencia y pleito sobre el reino de Darío, su padre. Pusieron por juez a Artabano, su tío, hermano del padre, el cual dando la sentencia por Xerxes, el otro, aunque estava apoderado de gran parte del reino, se levantó el primero y le assentó en la silla real y le obedeció. | Dízelo Plutarco en sus Morales.
[5] Aristóteles dio limosna un día a cierto hombre vicioso y malo. No faltó quien le reprehendió por ello. Respondió él:

-No me compadecí de sus obras, sino de que era hombre.

En lo cual dio a entender que se deve dar limosna en grave necessidad aun a los que han sido malos y viciosos, porque la pobreza no les sea ocasión de hazer peores hechos. Dízelo Laercio, libro 5, capítulo 1.
[6] Siendo fama en Asia que el rey Eumenes era muerto, por tratos de Perseo, con quien tenía guerra, Atalo, hermano suyo, tomó la corona del reino y casóse con la muger del hermano. Mas, passados algunos días, supo que era vivo y que venía. Confiado en aver hecho esto Atalo ignorantemente y entendiendo que era muerto, salióle a recebir. Cuando los dos hermanos se vieron, aunque Eumenes sabía lo que Atalo avía hecho, sin turbación alguna le abraçó, y díxole al oído:

-No te cases otra vez, hermano, con muger del que no supieres de cierto que es muerto.

Murió desde a poco tiempo Eumenes, y aunque le quedó hijo, mas el reino y la muger dexó al hermano. Y por mostrársele agradecido, en su muerte no quiso que heredase el reino alguno de sus hijos, sino el que avía dexado Eumenes. Dízelo Fulgoso, libro quinto, capítulo 5.
[7] Heliodoro, rey de Bretaña, que después se llamó Pío y precedió al tiempo de Julio César, tuvo un hermano mayor que él llamado Archigallo, y era rey, aunque por sus crueldades y avaricia le quitaron el reino sus vassallos dándosele al hermano Heliodoro. El cual, saliendo una vez a caça, vido en cierta silva a su hermano Archigallo mal vestido y flaco. Compadecióse dél y encubiertamente le llevó a su casa, donde fingiendo que estava enfermo y que hazía testamento, mandó llamar a los grandes de su reino. Y entrando donde estava uno a uno, él les hazía poner puñales a los pechos, amenaçándolos de muerte si no tenían por bueno que tornasse el hermano a ser rey; y jurándolo, y que tendrían secreto, los embiava. Estando el negocio amassado y bien puesto, descubrió el caso, /(99v)/ y fue hecho rey Archigallo, y governó con mucha justicia, aunque por acabársele presto la vida tornó el reino a Heliodoro, con grande gloria suya. Dízelo Fulgoso, libro quinto, capítulo quinto.
[8] Escipión Africano solía dezir que estimava en más conservar la vida de un ciudadano de Roma, su patria, que la muerte de mil enemigos. Es de Sabélico, libro 5.
[9] Determinó Pompeyo que fuessen muertos todos los mamertinos, por aver seguido el bando de Mario contra él. Lo cual sabido por Estenio, que era príncipe de aquella gente y ciudad, fuese con grande ánimo a Pompeyo, y puesto en su presencia, dixo:

-No hazes, o Pompeyo, cosa justa, si por lo que pecó uno castigas a muchos que están sin culpa y son inocentes. Yo fui el que persuadía a mis ciudadanos que siguiéssemos el bando de Mario, por entender que era negocio acertado para el bien y conservación de la propria ciudad. Si aquí ay culpa, yo la tengo; a mí puedes dar la pena y no a quien no la merece. Oído esto por Pompeyo, admirado de su valor, dixo que perdonava a los mamertinos por respecto de un varón que antes puso su vida por salvar la de su patria y ciudadanos. Es del Cornucopia.


[10] Vencido Endiraquio César de Pompeyo, los de su parte estavan contentíssimos con la victoria. Solamente Catón, viendo los muertos de la parte de César, considerando que eran ciudadanos de Roma y no cobardes, lloró amargamente. Dízelo Sabélico, libro quinto.

[11] En la guerra que truxo Sertorio con los Pompeyos, aviéndose dado una cruel batalla y peleado en ella dos cavalleros valerosamente, al cabo mató el de la parte de Sertorio a su contrario, y quitándole el hielmo para llevarle por despojo, conocióle que era su hermano. Sintiólo grandemente. Llevó el cuerpo a su real y vestióle con una rica vestidura. Quiso quemarle, como era costumbre entre romanos, y, teniéndole puesto sobre la leña, con la misma espada con que le mató se quitó la vida, y dexóse caer sobre él, y ambos fueron que- mados | juntos. Dízelo Valerio Máximo, libro quinto, capítulo quinto. Y colígese deste exemplo el daño grande que resulta de las batallas civiles, cuando un ciudadano con otro, hechos cabeças de bando, se hazen guerra, que viene a que un hermano quita a otro la vida. Infiérese también que era grande el amor destos dos hermanos, pues no aprovechándose el vencedor de la ignorancia que tuvo en su muerte, quiso en pena de averle muerto, quitarse la vida; aunque esto no es para imitar entre cristianos.

[12] Truxo presos a Roma Augusto César a Adiatorige, rey de Capadocia, con su muger y dos hijos grandes, porque se le avían rebelado. Y después de aver entrado con ellos en triumfo mandó matar al padre y al hijo mayor. Cuando fueron los ministros por el hijo, sabiendo para lo que era, siendo grande el amor que entre los dos avía, cada uno procurava ser muerto y dezía ser mayor. Tuvieron entre sí algún tanto en pie esta piadosa contienda. Al cabo, interveniendo la madre en el negocio, viendo que Dietento, que era el mayor, podía mejor sustentarla, se dexó vencer, quedando sus ojos hechos ríos de lágrimas. Y assí, callando, fue el menor muerto, creyéndose que era el mayor. Sabido después por el emperador César Augusto, dolióse mucho de aquel acaescimiento y favoreció a la madre con el hijo vivo. Es de Fulgoso, libro quinto, capítulo quinto.
[13] Asinio Polión fue a Padua con poder grande y pedía a los vezinos ricos de aquella ciudad grande suma de dineros, por lo cual ellos se ausentaron y escondieron. Visto que no parecían y que cada uno guardó su ropa, echó bando que al criado o esclavo que declarasse dónde su señor estava, le daría libertad y otros aprovechamientos. Y con ser muchos no se halló uno que descubriesse a su señor, siendo el premio tan grande, mostrándose fieles y que amavan a sus señores. Dízelo Valerio Máximo, libro sexto.
[14] Antonio Caracalla, emperador de Roma, como diesse la muerte a su hermano Geta, /(90r)/ de quien se recelava que le quitaría el imperio, aconsejávanle sus amigos que le hiziesse adorar por Dios, con que aplacaría | a sus aficionados, que avían sentido su muerte. Él dixo a esto:

-En buena hora, sea Dios con que no viva entre nos.

Dízelo Brusón.
Fin del Discurso de Caridad con hermanos y próximos .

DISCURSO DÉCIMO CUARTO. DE CLEMENCIA

Mucho más tardamos los hombres de ir al llamado de Cristo que Él al nuestro. Lo cual parece por el capítulo sexto del libro de los Cantares, en que llamando a la esposa el esposo, cuatro vezes repite esta palabra: «Buélvete, buélvete, sumnamitis, buélvete, buélvete para que yo te vea». Mas cuando la esposa llama al esposo mismo en el Libro, capítulo tercero, una vez sola dize la misma palabra: «Buélvete, amado mío, con la ligereza que corre el gamo y la cabra montés por los montes de Bétel». En lo cual muestra su clemencia Dios Nuestro Señor, que es infinita, y cada uno puede ver en sí pruevas desta verdad, considerando las ofensas que ha cometido contra Dios, que siendo tales y tantas, no se ha cansado de sufrirle, siendo assí que toda clemencia como no fuera infinita se cansara y agotara, y pues la de Dios ni se agota ni se cansa, bien se sigue que es infinita. Y mostrólo esto en el primer castigo que hizo en la tierra, cuando viniendo a castigar a Adam y a echarle del Paraíso en pena de su culpa, al mismo tiempo que executó en él esta sentencia le vistió de pieles de animales. De modo que si con la una mano le açotava, con la otra le regalava, dándole vestido y cubriendo su desnudez. De Clemencia trata el presente Discurso; desto se han de ver algunos exemplos.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Exemplos de clemencia de Dios Nuestro Señor hállanse muchos en las Divinas Letras, y fue uno con Moisés, que se le apareció su | Magestad cuando apacentava las ovejas de su suegro Jetro, estando afligido y desterrado de su tierra, y no cuando en ella tenía prosperidad, viéndose adoptado en hijo de la hija del rey Faraón. Es del tercero capítulo del Éxodo.
[2] Afligido estava Tobías después de averse empleado en obras santas, particularmente en enterrar muertos, hallándose pobre y ciego. Y afligida estava Sara, hija de Raguel, por razón que le avía casado su padre siete vezes y le matava un demonio los maridos la noche primera de su casamiento, y sobre esto una criada le dezía palabras atrevidas, dándoselo en rostro. Consolólos Dios a ambos, embiando al ángel San Rafael, por medio del cual Sara quedó casada con Tobías el Moço, y dando vista a Tobías el Viejo, como parece en su Libro, capítulo tercero y octavo.
[3] En angustia se vido el pueblo israelítico con un terrible contrario, que fue Holofernes, el cual pensava assolar su tierra y captivarlos a todos. Mas mostró Dios su clemencia con ellos por medio de la valerosa Judit, que le cortó la cabeça y sacó de aquel apretamiento y congoxa. Y dízese en su Libro, capítulo octavo, y en los siguientes.
[4] Por medio de la reina Ester mostró Dios su clemencia con el mismo pueblo hebreo, teniéndolos encartados el rey Assuero, y esperando ellos ser muertos en cierto día. Mas fueron libres desta fatiga por el aviso de aquella reina, y sus contrarios y enemigos muertos. Es de su Libro, capítulo octavo y noveno.
[5] La pena y aflición de la casta Susana era /(90v)/ excessiva, viéndose condenada a muerte por el testimonio de los dos falsos viejos. Mas usó Dios de clemencia con ella, despertando el espíritu y lengua del niño Daniel, que averiguó su inocencia y la maldad de sus acusadores, por donde ellos fueron muertos y ella quedó libre. Refiérese en el Libro de Daniel, capítulo treze.
[6] El Apóstol San Pedro estava preso en poder de Herodes, que desseava quitarle la vida y esperava que passassen ciertos días de fiesta para darle la muerte. Vídose él afligido, y los demás Apóstoles y discípulos llorosos. Consolólos Dios y mostró con ellos su clemencia, embiando un ángel que le sacó libre de la cárcel, y llegó adonde ellos estavan, causándoles grande contento. Y refiérese en el capítulo doze del Libro de los Hechos Apostólicos . Y en el mismo Libro, capítulo treze, se dize que estando San Pablo preso por mandado de Claudio Tribuno, y no poco afligido, se le apareció Cristo una noche y le consoló, diziendo:

-Ten constancia, Paulo; de la manera que has confessado mi nombre en Jerusalem, assí le confessarás en Roma.

Permitía Dios que fuesse el santo Apóstol perseguido dondequiera que iva porque no parasse mucho en un lugar, sino que anduviesse predicando el Evangelio en diversas partes con provecho grande de todos los que le oían.
[7] Desterrado estava el Apóstol y Evangelista San Juan en la isla de Patmos, y, según se cree, afligido y triste por estar ausente de sus discípulos que tenía en Asia, y | consolóle Dios Nuestro Señor con grandes revelaciones que tuvo, escriviéndolas en su Apocalypsi, como se refiere en el capítulo primero del mismo libro.
[8] Aviendo visto algunas de las obras de Dios en que mostró su clemencia con particulares personas, veamos aora exemplos de gente que se señaló en esta virtud. Como fue David, que se mostró clemente cuando supo por nueva cierta que Saúl, rey de Israel, era muerto en una batalla por los filisteos, enemigos suyos. Aunque le avía perseguido y procurado quitar la vida, él le lloró tiernamente y agradeció mucho a los vezinos de Jabes Galaad por saber que avían dado sepultura a su cuerpo. Es del Segundo de los Reyes, capítulo primero.
[9] Vino gente de Siria a cercar al profeta Eliseo en el monte Carmelo, donde residía, para prenderle y llevarle a su rey, por estar con él enojado, sabiendo que descubría sus intentos y designos al rey de Israel. Hiriólos Dios de ceguedad y llevólos el profeta dentro de Samaría, donde, siendo libres de la ceguera, viéronse cercados de sus enemigos y en peligro de perder todos las vidas. El rey dixo a Eliseo si era bien acabar con ellos. Él respondió que no les hiziesse daño, pues no los venció por su valor y esfuerço, sino que les diesse de comer y regalasse. El rey lo hizo, y este acto de clemencia valió para que no le molestassen los siros más en su vida. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo sexto.

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