De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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Respondió:

-En un pecado grave que cometí, de que tengo vergüença de confessarle.

El demonio le dixo:

-Yo soy embiado a tí de parte de Dios para que me le confiesses.

Confessóle y díxole el demonio:

-En penitencia te impongo que nunca más le confiesses y que creas que Dios te le ha perdonado.

Prometiólo assí y quedó con poco contento, porque se le traslucía que todo iva sobre falso. Sucedióle luego una grave enfermedad, murió y su alma se vido rodeada de demonios que la llevavan de tropel al Infierno. Mas visto por la Madre de Dios lo que de su devoto sucedía, opúsose contra ello, diziendo:

-Por averle hecho con engaño que no confesasse su culpa, yo mando que dexéis esta alma, la cual quiere mi Soberano Hijo que buelva al cuerpo y remedie el oculto daño con Confessión clara y distincta.

Y fue hecho assí, que confessó el engaño que le hizo el demonio y su culpa, y hizo della y de todas las demás penitencia, y acabó bien. Es de Arnoldo y refiérese en el Promptuario.
[7] Suele el demonio estando apoderado de algún hombre publicar pecados no confessados de los que están presentes. Lo cual oyendo dezir cierto hombre vicioso, y que estava un endemoniado en el pueblo donde él vivía, quiso provar si era assí. Fue a un sacerdote, con el cual hizo una confessión sacrílega, porque ni dixo todos sus pecados ni tuvo dolor dellos, ni menos propósito de enmendarse. Con esta preparación, que le pareció a él que bastava para el demonio, entró donde el endemoniado estava, y mucha gente delante. El demonio habló luego que le vido dentro de aquel hombre en que estava, y dixo en voz alta:

-Bien vengas, amigo, amigo; llégate aquí que bien te has enxalvegado.

Con esto descubrió algunos pecados feos que avía cometido aquel hombre, por lo cual él, compungido y avergonçado, entendiendo en qué estava la falta, | bolvió al sacerdote y con dolor grande confessó todos sus pecados, pretendiendo enmendarse y salvarse. Bolvió otro día al endemoniado, y los que estavan allí y avían oído lo del día antes dixeron al demonio:

-Ves que tu amigo viene.

Respondió el demonio:

-¿Y quién es?

-El que ayer afrentaste- dixeron los circunstantes.

Replicó el demonio:

-Yo no le afrenté, ni sé mal que pueda dezir dél.

Los presentes oyendo esto al demonio creyeron que avía mentido primero, y esto porque ignoraron la Confessión que el otro avía hecho. Dízelo Cesario en sus Diálogos.


[8] Dixo en presencia de un endemoniado cierto sacerdote que tal donzella orava, ayunava, velava y se açotava frecuentemente. Mostró reírse y hazer burla y mofa el demonio dello. El sacerdote le preguntó la causa de su risa y escarnio. Respondió:

-Porque está en pecado mortal, aviendo cometido uno por obra que tiene muy guardado, y piensa con esa vida que haze que le basta aunque no lo confiesse.

El sacerdote habló a la donzella y díxole lo que della dezía el demonio, lo cual le fue ocasión a que se confessasse bien y acabasse santamente. Y en lo dicho se ve que no dexa de tener a las vezes el demonio una buena parte de necio, pues pretendiendo uno le salió otro. Pudo pretender que la donzella oyesse esto, y permaneciendo en su dureza no lo confessasse, y assí fuera mayor su Infierno, mas haziendo lo contrario y confessándolo, él quedó por necio y ella en gracia. Refiérese en el Promptuario de exemplos.
[9] Otra muger noble y de buena fama cayó en una flaqueza, la cual con vergüença no osava confessar, confessándose frecuentemente de otros pecados. Tenía una ignorancia bien culpable, que le parecía satisfazer con su consciencia, añadiendo en sus confessiones esta palabra: «De lo que he confessado y de lo que no he confessado me acuso». Junto con esto iva luego delante una imagen de la Madre de Dios y declarava su flaqueza, pidiendo con lágrimas a la Sagrada Virgen que le fuesse interces- sora /(101r)/ para que por aquel pecado no se condenasse. Llevando su vida desta forma vino a enfermar, y pareció aver espirado. Mas desde algún tanto, estándola llorando una hija suya, bolvió en sí, y dixo públicamente como ella en efecto avía muerto, y que llevando su alma demonios al Infierno, la Madre de Dios se puso en contrario y les mandó la dexassen hasta que su Soberano Hijo la oyesse. Y con esto parecieron en su presencia, y allí la Benditíssima Señora y Abogada de pecadores dixo:

-Hijo mío, ruégote que no se condene esta alma, que tantas vezes declaró su culpa y la lloró en mi presencia.

El Soberano Juez respondió:

-Bien sabéis, Madre Mía, que sin Confessión de su culpa, quien la cometió y pudo confessarla como ésta, no tiene de salvarse; mas porque no os pueda negar cosa alguna, buelva al cuerpo y confiéssese, y assí no se condenará.



Esto dixo la que antes avía muerto y tenía ya vida. Hizo venir su confessor y confessóse bien largo, no sólo de aquella culpa sino de todas las de la vida y que a él avía otras vezes confessado. Aceptó la penitencia, cumplióla con grande dolor y lágrimas, y despidió la alma. Refiérese en el Promptuario de exemplos.
[10] En la passada que hizieron los católicos en favor de la Tierra Santa, al tiempo que se apoderó de Jerusalem Godofré de Bullón, en un navío donde ivan muchos peregrinos y passajeros hallóse entre ellos un soldado, cuyos pecados, assí en número como en gravedad, eran tales y tantos, que por él quiso Dios que todos padeciessen. Levantóse una tormenta, de suerte que el navío se vido en punto de anegarse. Los passajeros, como es costumbre en tales tiempos si les faltan sacerdotes, se confiessan unos a otros, y aunque esta confessión no es sacramental, mas suele ser provechosa para los que la hazen, porque detestan y abominan sus pecados publicándolos, y dan muestra que si tuvieran sacerdote mejor se los confessaran a él, y esto todo tiene mérito. Visto por aquel gran pecador la tormenta, y lo que todos hazían, tuvo por cierto que sucedía por sus abominables peca- dos, | y con dolor y contrición dellos, no quiso dezirlos y manifestarlos a uno de los passajeros como los demás hazían, sino en boz alta, de modo que todos lo oían, iva refiriendo sus pecados y afirmava que por él venía aquella tormenta, que le echassen en el mar y cessaría. ¡Oh cosa maravillosa, que acabando de dezir los que él juzgó por más graves y enormes, la tempestad cessó y el navío llegó a puerto! Donde añadiéndose una maravilla a otra, por orden del Cielo, todos se olvidaron de lo que dixo y declaró aquel hombre. Acordávanse de la tormenta y de que un passajero públicamente confessó sus pecados, mas quién él fuesse o qué pecados fuessen, no se acordavan. El hombre enmendó en adelante su vida y hizo penitencia hasta la muerte. Lo dicho es de Cesario.
[11] En Roma residían dos hermanos, el uno era penitenciario del Papa y el otro predicava, ambos varones de santa vida. Sucedió que hizieron un camino, y llegando a cierto pago o villa, era señora dél una muger dada a muchos vicios. Parecióle que por ser estrangeros podría confessar con el uno sus culpas libremente. Procurólo y hízose la Confessión en la iglesia. Entretanto que el penitenciario la confessava, el que era predicador estava en oración, y veía salir de la boca de la muger penitente algunos escuerzos o sapos, que andavan saltando por la iglesia. Desde algún tiempo vido que sacó la cabeça por la boca de la muger una sierpe, aunque no acabó de salir, sino tornándose adentro llevó tras sí todos los sapos que antes avían salido. Y fue el misterio que la muger començó a confessar un pecado, y de vergüença le dexó sin declararlo. Acabóse la confessión, aunque mal hecha, y cargando sobre sí la desventurada muger otro nuevo pecado de sacrilegio, por el que calló y dexó de confessar. Tornaron a su camino los dos hermanos y el predicador dio cuenta de lo que avía visto en tanto que la muger se confessava, por donde el confessor entendió que dexó de confessar algún pecado. Bolvió luego con intento de remediar /(101v)/ aquel daño a verse con la muger, la cual halló que de repente era muerta. Ambos hermanos se entristecieron grandemente, ayunaron y hizieron oración por ella, y al día tercero tuvieron una visión, en que la miserable muger se les apareció sobre un dragón. A su cuello traía enroscadas dos culebras que la mordían con sus fieras bocas sus pechos. En sus ojos mostrava dos terribles sapos. Salíale de la boca un fuego espantoso y de malíssimo olor. Las manos le mordían dos perros, las orejas le atravessavan saetas de fuego y la cabeça era despedaçada de una vívora. Los dos hermanos quedaron espantados de verla y con grande temor. Ella les dixo:

-Amigos de Dios Omnipotente, no temáis. Yo soy aquella muger infelicíssima que con el uno de vosotros me confesé tres días ha fingida y no enteramente, porque un pecado que cometí con un pariente mío por vergüença le encubrí y dexé de confessar. Y por lo mismo soy condenada para siempre.

El penitenciario le pidió de parte de Dios, y forçándola a que lo dixesse con su Sacratísimo Nombre, qué denotavan los mostruos de que venía rodeada. Y respondió:

-La ponçoñosa vívora que me atormentava en la cabeza es por los tocados sobervios y profanos de que me precié; los sapos de los ojos es la pena de lo que pequé con los ojos, mirando vanidades y cosas ilícitas, y lo mismo las saetas de las orejas son por | las palabras lascivas con que me deleité oyéndolas; el fuego de la boca es ocasionado de las blasfemias, disfamaciones, cantares, palabras sucias, chocarrerías y besos torpes en que fui culpada; las dos sierpes que me rodean el cuello y muerden los pechos denotan los abraços y tocamientos lascivos; los perros que me despedaçan las manos son la paga que merecí por los perrillos de falda que sustenté con regalo y costa, quitándolo a los pobres, y por los anillos y sortijas con que adorné los mismos dedos; el dragón feroz y cruel sobre que vengo le padezco por los actos deshonestos y suciedades, y es mi mayor tormento porque me despedaça y abrasa las entrañas.

Cessó la muger de hablar, y preguntándola qué eran los pecados más comunes por que se condenavan los hombres, respondió que los varones en todos siete mortales pecados tocavan, y que las mugeres de ordinario era su daño pecados de lengua, vestidos superfluos con intentos dañados y el confessarse fingidamente callando algunos pecados por vergüença. Preguntóle más el penitenciario: si le podían ser de provecho sufragios y oraciones. Y respondió dando una terrible boz:

-Ay, desventurada de mí, que no.

Y con esto desapareció. Refiérese lo dicho en el Promptuario de exemplos.
Fin del Discurso de Confessión. |

DISCURSO DÉCIMO SÉPTIMO. DE CONSEJOS

Léese en el capítulo décimo del Segundo Libro de los Reyes que muriendo el rey de los amonitas, por averse mostrado amigo de David en | el tiempo que anduvo desterrado huyendo de Saúl su suegro, teníale amistad, y sabiendo que dexava en el reino a Hanón, su hijo, embióle sus embaxadores a darle el pésame de la muerte del padre y parabien de su nuevo reinado. Llegaron adonde el rey estava, y tratando con los de su consejo acerca desta embaxada, dixé- ronle /(102r)/ que David embiava a explorar su reino y ver qué defensa tenía para venir a le hazer guerra y quitarle el reino. Sobre lo cual tomando consejo qué haría, siguió uno muy malo, y fue que rayó las medias barbas a los embaxadores y cortóles también los vestidos por vergonçoso lugar, y embiólos a David. Este mal consejo que tomó le fue ocasión de que perdiesse el reino, porque David le hizo guerra por vengar esta afrenta y le quitó el estado y la vida. Mucho mal haze un mal consejo y mucho bien haze un bueno. El Discurso presente trata de Buenos y malos consejos; el provecho que hazen los buenos y daño que hazen los malos.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]



[1] Aviendo comido Eva de la fruta del árbol vedado por persuasión de la serpiente, fue a Adam, su marido, y díxole que comiesse. Aconsejólo, rogóselo -y por ventura echaría alguna lagrimilla-, convencióle, comió y pecó, y causó a sí y a nosotros gravíssimos males y daños. Es del capítulo tercero del Génesis.
[2] El justo Lot piadosamente aconsejava a los sodomitas, diziéndoles: «No queráis, hermanos míos, hazer semejante mal y pecado oprimiendo a los huéspedes que vinieron a esta ciudad vuestra y los tengo hospedados en mi casa». Respondíanle ellos con sobervia y presumción grande que no les diesse consejo, que era advenedizo en aquella tierra, que harto hazían en dexarle vivir allí, que se fuesse y los dexasse. Y aquí se verifica lo que dize el Eclesiástico, capítulo onze: «Los perversos, los envejecidos en maldades, con dificultad dexan corregirse». Es del Génesis, capítulo diez y nueve.
[3] Aconsejava Rebeca a Job, su hijo, lo que convenía para ganar la bendición de su padre Isaac. Tomó el consejo y fuele bien dello. Dízese en el Génesis, capítulo veinte y siete.
[4] La señora a quien servía Josef dávale malos consejos para que pecasse con ella, los cuales él no tomó, y aunque se vido por ello en la prisión y cárcel, después se holgó dello. Es del Génesis, capítulo 39. |
[5] Para utilidad del pueblo hebreo y algún descanço de Moisés, le aconsejó bien su suegro Jetro que escogiesse algunos varones prudentes que decidiessen las causas y pleitos de menor momento y no cargasse todo dél. Hízolo y fue alivio grande. Y refiérese en el Éxodo, capítulo diez y ocho.
[6] El profeta Balam dio un malíssimo consejo al rey Balac de Mandián y Moab. Fue el caso que, viendo entrar los hebreos por su tierra y que no tenían bastantes fuerças para defenderse dellos, embió a llamar a Balam Profeta para que los maldixesse, confiado en que si los maldezía no tendrían fuerças, aunque eran seiscientos mil hombres, para hazerle daño. Fue Balam, y puesto que no hizo en todo lo que el rey le pedía, mas, como dize Haimón y otros doctores, y parece que se colige del capítulo segundo del Apocalypsi, dio por consejo al rey que juntasse muchas donzellas de su reino y bien compuestas las embiasse en coros dançando a los reales de los hebreos, que llegavan cerca, con presupuesto que si pareciessen bien a algunos dellos y las quisiessen por mugeres, fuesse debaxo de concierto que avían de adorar a los dioses que ellas adoravan. Dio este consejo el mal hombre con intento que si los hebreos idolatravan Dios se enojaría con ellos, y viniendo a las manos con la gente de Balac no les favorecería y serían vencidos. Y en cuanto a hazer fornicar a algunos del pueblo, bien bastó el consejo, mas porque Finees, hijo de Eleázaro y nieto de Aarón, con zelo santo mató de un golpe de lança a un hebreo que estava ofendiendo a Dios con una de aquellas mugeres madianitas, agradó este hecho tanto a su Magestad, que perdonó al pueblo y le incitó para que destruyessen a los madianitas y moabitas, como lo hizieron matando entre otros al inicuo Balam. Es del Libro de los Números, capítulo veinte y cuatro y veinte y cinco.
[7] Estimávase el consejo de Achitofel en tiempo de David como si fuera un oráculo, y, con todo, ésse dio un consejo a /(102v)/ Absalón malo y pernicioso, aunque provechoso para su intento. Y fue que deshonrasse a algunas mugeres que David, su padre, dexó para guarda de su alcáçar, cuando salió huyendo de Jerusalem por su causa. El consejo, aunque malíssimo, era provechoso para Absalón, porque muchos del pueblo no osavan declararse en su favor contra David, su padre, diziendo que se harían pazes entre ellos fácilmente y quedavan perdidos. Y haziendo una cosa como ésta, claro estava que nunca tendrían paz. Hizo Absalón lo que le aconsejó Achitofel públicamente en una tienda de campo en medio de una plaça, y fue castigo en David como se lo declaró un profeta, que le dixo: «Tú en secreto deshonraste la muger de tu vassallo y otro en público deshonrará las tuyas». Diole otro consejo, que fuesse siguiendo a David cuando salió huyendo de Jerusalem, que llevava poca gente y Absalón tenía mucha, y conveníale hazerlo antes que se le juntasse más, como después se le juntó, por donde vino a perderse Absalón. Visto por Achitofel que no tomó su consejo, fuese a su casa, hizo testamento y ahorcóse. Esto acarrea el aconsejar mal. Es del Segundo de los Reyes, capítulo diez y siete.
[8] Abigail, muger de Nabal Carmelo, salió a David, cuando iva con intento de matar a su marido y destruirle su casa y hazienda, sin perdonar ni gato ni perro, díxole también concertadas razones y diole tan buen consejo, que tomándole él se aplacó y dexó de derramar sangre inocente. Dízese en el Primero de los Reyes, capítulo veinte y cinco.
[9] Buen consejo dava Abner a Asael yendo huyendo por aver perdido una batalla, queriendo el moço y sin experiencia hazer daño a él, que era hombre robusto y bien experimentado. Dezíale que siguiesse a otro de los que huían y le dexasse a él. No quiso Asael hazerlo; rebolvió Abner el braço y tiróle una lança que le atravessó y dexó muerto. Refiérese en el Segundo de los Reyes, capítulo segundo.
[10] Siguió Salomón los consejos de muge- res | idólatras y depravaron su coraçón, viniendo en la vejez a honrar dioses falsos y mentirosos, como parece en el Tercero de los Reyes, capítulo onze.
[11] La muger de Job le dava un malíssimo consejo, de que se vengasse de Dios diziéndole palabras de blasfemia por los trabajos que le dava a padecer. Lo cual no hizo él, sino que le respondió: «Has hablado como loca». Es de su Libro, capítulo segundo.
[12] Aconsejavan los viejos sabios y experimentados a Roboam, hijo de Salomón, que tratasse bien al pueblo hebreo y no los desolasse con excessivos pedidos. No los oyó, sino a los moços que le dieron por consejo que se mostrasse feroz y los amenazasse con peor tratamiento. Vino de aquí a perder de doze tribus, las diez. Pudiera ser rico y poderoso rey; por el contrario fue pobre de gente y de renta. Es del Tercero de los Reyes, capítulo doze.
[13] Vino al profeta Eliseo Naamán Siro a que le curasse de lepra; mandóle ir a bañar al río Jordán. Él no lo quería hazer, pareciéndole que eran mejores ríos los de su tierra, y que se avía bañado en ellos diversas vezes. Y quedándose con su sarna ívase sañudo, mas sus criados le aconsejaron hiziesse lo que el profeta dezía, pues era cosa fácil, y si le mandara otra más dificultosa la hiziera. Tomó este consejo, fue y bañóse, y quedó sano. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo quinto.
[14] En todo el tiempo que vivió Joyada, sumo sacerdote, y dava buenos consejos a Joás, rey de Judá, le iva bien al moço rey. Murióse el viejo, faltóle aquel consejo, dio en ser malíssimo y acabó mal. Y dízese en el Cuarto de los Reyes, capítulo doze.
[15] Predicava Jeremías la destruición de Jerusalem por los caldeos, cansávanse de oírle los judíos, fueron al rey Sedequías a pedirle y aconsejarle que le matasse. Concedió con ellos, por esta ocasión le echó en un poço, donde estuvo en peligro de morir, aunque después salió libre. Es de su Libro, capítulo treinta y ocho.
[16] Muy obediente fue Tobías el Moço a los /(103r)/ consejos del ángel San Rafael, en especial mandándole que sacasse un grande pescado del río Tigris y le abriesse y guardasse el coraçón y la hiel, en pedir por muger a Sara y el modo que avía de tener, quemando el coraçón del pesce en su aposento para que huyesse un demonio que le avía muerto siete maridos, y ungir con la hiel los ojos de su padre ciegos, con que recobró la vista. De todo esto le fue bien, como parece en su Libro, capítulo sexto.
[17] Predicó Jonás en Nínive su destruición. Creyéronle, hizieron penitencia y fueron libres de aquella amenaça y plaga. Es de su Libro, capítulo segundo y tercero.
[18] Quexávase Amán a sus amigos de Mardoqueo, que no se le humillava, y aconsejáronle que hiziesse una horca en su casa, donde por orden del rey le colgasse. Hizo la horca y sirvió para que en ella fuesse él ahorcado y muerto. Es del Libro de Ester, capítulo quinto.
[19] Buen consejo dio Daniel a Nabucodonosor, rey de Babilonia, diziéndole: «Mi consejo, o rey, te conviene; redime tus pecados con limosnas». Es de su libro, capítulo cuarto.
[20] Judas Macabeo, aviendo de entrar en alguna batalla, primero dava consejos maravillosos a sus soldados, de suerte que, tomándolos, ellos salían con victoria. Y aviendo de ir a Galaad el mismo Judas, dexó encomendada su gente a Josefo y a Azarías, mandándoles expressamente que | no saliessen a pelear con sus contrarios, hasta que él y los que ivan con él diessen la buelta. No tomaron su consejo ni le obedecieron, desseando ganar honra como él la ganava. Salieron a pelear con sus enemigos, fueron vencidos y muchos dellos muertos. Es de su Primero Libro, capítulo tercio, cuarto, quinto y nono. Y del Segundo, capítulo octavo y quinze.
[21] San Juan Baptista, predicando dava maravillosos consejos, de suerte que muchos de los oyentes se baptizavan confessando sus pecados, y el rey Herodes le oía de buena gana y hazía por su ocasión algunas cosas acertadas. Dízelo San Marcos, capítulo sexto. Y en el mismo lugar se muestra un malíssimo consejo que dio la adúltera Herodías a su hija, diziéndole: «No pides otra cosa sino la cabeça del Baptista», por donde vino a ser degollado.
[22] El Evangelio de Jesucristo no sólo tiene preceptos, sino consejos, los cuales pueblan los monasterios de frailes y de monjas, de donde resulta a que también el Cielo es poblado dellos.
[23] Bien aconsejava a Pilatos su muger, diziéndole que no condenasse al Justo, y no recibió el consejo, temiendo más la malicia de los judíos, que le podían rebolver con César, que derramar la sangre del Justo y Inocente Cordero de Cristo. Es de San Mateo, capítulo veinte y siete.
Hasta aquí es de la Sagrada Escritura .

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Nereo y Arquileo, baptizados por la predicación del Apóstol San Pedro, eran cubicularios o camareros de Flavia Comicila, nieta del emperador Domiciano, que también era cristiana. Hallándose un día en presencia de su señora al tiempo que ella se componía y adereçava, estuvieron atentos mirándola, y cuando ya estuvo compuesta, dixéronle:

-Si el estudio y diligencia que pones, o Domicila, para adereçar tu cuerpo y persona, con intento de agradar a Aureliano, hijo del cónsul, | su esposo, le pusiesses en adornar tu alma de virtudes y gracias, agradarías sin duda a Jesucristo, el cual, recibiéndote por esposa, haría que tu hermosura y bellesa durasse para siempre, sin faltarle adereços con que más la aumentasses en su Eterno Reino.

Respondió Domicila:

-No es malo que yo me aderece y componga con intento de casarme, para que assí tenga hijos y mi ilustre linaje vaya adelante y se conserve su memoria.

A esto dixo Nereo:

-Bien es que aya casados para que el mundo /(103v)/ no se acabe; mas por esso no todos están obligados a casarse, antes es mejor el estado virginal que el de casados. Y presupuesto que es assí, querría señora que considerasses qué cosa es casarse una donzella. Lo primero ella trueca el nombre en otro que le es contrario, llamándose ya muger no entera. Y lo que no consintió a sus proprios padres que la engendraron, de que tuviessen poderío de su cuerpo, consiente en el varón estraño, de quien a las vezes se haze esclava, siendo tratada como esclava. Porque si le da voluntad y gana, le vedará la conversación aun de sus proprios parientes, el tratar con criados, con esclavos, el ver y el oír. Y alguna vez lo que se haze o se dize con ánimo sincero y limpio, se toma a mala parte.

A esto dixo Domicila:

-Bien sé que mi madre padeció muchos trabajos por ser zeloso mi padre. Mas todos los hombres no son zelosos, ni yo forçosamente le tengo de tener de tal condición.

Arquileo dixo a esto:

-Antes que un hombre se despose, muéstrase humano, afable, amoroso y bien acondicionado. Mas después que tiene a su muger en casa, múdase de tal suerte que parece otro. Y viene la insolencia y desvergüença de algunos a tanto, que truecan las señoras por las criadas. Y si les van a la mano a esto o a otros desatinos semejantes que hazen, no sólo responden con malas palabras, sino que añaden obras pesadas. Mas démos que no sea el esposo zeloso ni deshonesto; lo que le sucede a la esposa de su compañía es un preñado, con una carga bien pesada, sin la poder un momento apartar de sí. El andar llena de mil temores esperando si la hora del parto será la última de la vida, el estar enferma, amarilla, desconsolada, sin poder dar passo que no le cueste un dolor. Aborrece el manjar saludable y provechoso y ama el nocivo y dañoso.

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