De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



Descargar 5.27 Mb.
Página34/143
Fecha de conversión14.10.2018
Tamaño5.27 Mb.
1   ...   30   31   32   33   34   35   36   37   ...   143

Estos santos consejos dieron Nereo y Arquileo a Domicila, la cual conmovida con razones tan eficaces, y más de la Gracia de Dios, negó al esposo, y por la confessión de la fe perdió la vida, poniéndose fuego a un aposento donde estava con otras santas donzellas, y quitándoles la vida por mandado de un tirano, aunque sus cuerpos quedaron sin lesión. Refiérese en la Vida de Nereo y Arquileo, y tráela Laurencio Surio, tomo tercero.
[2] Simforosa, matrona romana, fue muger de Getulo Mártir, de quien le quedaron siete hijos: Crescente, Juliano, Nemesio, Primitivo, Iystino, Estacteo y Eugenio. Fue presa estando en Tíbuli por mandado del emperador Adriano y llevada a Roma, donde pretendiendo que adorasse ídolos, fuéronle hechos de su parte grandes ofrecimientos y promesas. Y visto que no aprovechava, mandóla dar en su rostro muchas heridas y colgar de los cabellos en el aire, y teniéndola allí algún tiempo, y estando sus hijos presentes, la buena madre, como en cátedra les dava consejos y documentos santíssimos, dezíales que pues a ella, flaca muger, la veían padecer con tan buen ánimo estos tormentos, que mirassen que ellos siendo varones, era justo tuviessen coraçón y pecho para padecer cualesquier otros con que los quisiessen atormentar.

-Mal parecerá -dize-, /(104r)/ hijos míos, que no imitéis a vuestro padre y a mí, que soy vuestra madre, en sufrir trabajos por Jesucristo, que es tan liberal que promete premio en el Cielo por un jarro de agua fría. Pues, quien le diere su sangre y su vida muriendo por su Fe santa, ¿qué paga puede dél esperar?. Mirad, hijos míos, que no duelen tanto estos tormentos como parece. Consigo tienen grande recreo y consuelo en padecerse por quien se padecen, que yo, que estoy en ellos, más pena recibo en pensar que se ha de cançar el tirano en atormentarme, que no en la que de los tormentos resulta.

Tomaron con estas razones de Simforosa sus hijos ánimo para padecer martirio, como le padecieron todos, y el tirano tanto enojo, que aviéndola allí atormentado cruelmente, la mandó echar en el río Tiber con una pesa en el cuello, donde dio a Dios su alma. Es del Martirologio Romano, en diez y ocho de julio.
[3] Apareciósele el demonio en forma humana a San Antonio Abad, y aunque otras vezes le atormentava y traía a la Melena, ésta se puso a razón con él muy de propósito:

-Vengo a ti -dize- con una quexa que tengo de los hombres, y es que millares de vezes me maldizen y me tienen enemiga de muerte. En sucediéndoles algo que no sea a su gusto, disparan luego diziendo: «¡Oh, mal aya el demonio!» «¡Oh, maldito sea el diablo!». Todos me querrían hazer polvos.

San Antonio Abad le dixo:

-¿Y no tienen razón? Siéndoles tú mortal enemigo, como les eres, aconséjaslos que hagan graves pecados, que hurten, que forniquen, que maten; de todo cuanto malo hazen, tú eres la causa.

El demonio, echando centellas por la boca de ira, dixo:

-Ellos mienten, que muchas vezes sin acordarme dellos hazen todos essos males. No tienen por qué quexarse de mí, sino de sus pretensiones y desseos vanos y desatinados.

San Antonio replicó:

-Verdaderamente, aunque eres padre de mentiras, aora verdad dizes, que diversas vezes sin que tú los aconsejes mal ay hombres que ellos se aconsejan y buscan las ocasiones, procuran los | pecados y a fuerça de braços se arrojan en ellos, se enlodan y condenan.

Refiérese en la Vida de San Antonio.
[4] Padecía necessidad y hambre una muger en cierto pueblo donde vivía, aunque conservava su honra y honestidad. Oyó dezir que otras mugeres avían mudado casa y passádose a vivir a una ciudad, donde residían la Corte y estava la persona real, y que vivían ricas, vestían bien y comían mejor. Acordó irse allá. En el camino, tomando el demonio forma humana, hízosele encontradizo y preguntóle:

-¿Dónde vas, muger?

Ella se lo dixo, y el demonio replicó:

-Pues mira que te aconsejo que no vayas, porque te irá mal. Tu eres moça, hermosa y pobre, allí ay gente libre y rica; fácilmente vendrás a perderte. Toma mi consejo y buélvete a tu tierra, que mejor te es allí aunque pobre guardar tu honra que perderla donde vas, por andar galana y comer bien.

No se curó desto la muger, sino que hizo su viaje, y no passaron muchos días cuando se halló perdida y parida. Donde, porque tocava el negocio a un hijo de cierto hombre principal, el padre dio modo como la desterrassen. Ella acordó bolver a su tierra, y en el mismo lugar que de primero se le hizo encontradizo el demonio con el traje que antes. Preguntóle:

-¿De dónde vienes, muger?

Ella respondió:

-Vengo de tal parte, que el demonio me llevó allá. Hame sucedido mucho mal y buélvome a mi tierra.

Levantó el demonio la mano y diole una bofetada blanda, aunque para ella pesada porque le bañó en sangre, y dixo:

-Toma, porque mientes, que yo soy el demonio y en este proprio lugar, cuando ivas te aconsejé que no fuesses allá, y te dixe lo que te podría suceder. No me eches a mí la culpa que tú tienes.

Lo dicho es del Promptuario de exemplos.
[5] El Papa Clemente Quinto dio un capelo a cierto monge del orden cisterciense, y embióle por legado en Alemania para que predicasse la Cruzada contra infieles. Llevar en su compañía algunos religiosos de su orden, díxoles un día que para /(104v)/ alivio del camino uno dellos hiziesse una plática y dixesse alguna cosa con que se edificassen los demás que le oirían. Iva con ellos un converso, que este nombre tienen los monges que no son de coro, sino que se reciben para el servicio del convento. Dieron todos en que fuesse aquél quien hiziesse la plática. Él se escusó lo que pudo, y al cabo, visto que era mandado, bolvióse al cardenal y díxole, con grande sencillez:

-Señor reverendíssimo, todos nos tenemos de morir, y cuándo sea esto no puede tardarse mucho. Iremos a la puerta del Cielo, de donde saldrá nuestro primer padre San Benedicto a darnos la entrada libre, y viendo a vuestra señoría con el traje que lleva, preguntará: «¿Quién sois?»; y si le respondiere: «De vuestro orden soy, padre», él replicará: «No es assí, que mis monges no traen esse hábito». Y si vuestra señoría multiplicare razones para escusar el traje y dixere que por ser cardenal, aunque es monge, le conviene traerle, | nuestro padre añadirá: «Pues en buen hora, yo quiero más informarme», y mandará a alguno de los porteros que derribe a vuestra señoría en el suelo, y con un cuchillo le rompa el pecho, y mire dentro del estómago, donde si hallare hierbas y hortalizas, dirá: «De veras éste es monge de mi orden; entre en el Paraíso». Mas si le hallare lleno de perdizes y francolines, con manjar blanco y sopas doradas, ¿qué diremos, padre mío, cuando nos viéremos en tales angustias?

Las razones dichas con tanta sencillez de aquel monge aprovecharon mucho al cardenal para usar comidas más proprias de religión que las que usava antes. Lo dicho es de Fulgoso, libro sexto.
[6] El rey don Alonso de Nápoles, preguntado qué consejeros más le agradavan, respondió que los libros, porque sin temor y sin lisonja dizen lo que nos conviene oír. Dízelo Panormitano, libro tercero de los Hechos deste rey. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Mario Máximo dezía que era menos daño para la república que fuesse el príncipe y cabeça della malo, teniendo buenos consejeros, que ser ellos malos y él bueno, porque un malo puede ser corregido de muchos buenos, y no assí muchos malos de un bueno. Dízelo Cupiniano In Consulibus.
[2] Avíale quitado el reino Ciro, rey de los persas, a Creso, rey de los lidos, mas por hallarle muy sabio en dar consejos túvole en grande precio y estima. Dízelo Heródoto, libro primero. Y en el libro quinto escrive de Eoes Mitileneo que aconsejó a Dario en cierta ocasión que no sacasse del Istio su armada. Y por tomar este consejo dexó de ser cercada y destruida de los escitas. Agradeciólo tanto Ciro al Coeo, que buelto en Persia le hizo rey de su propria tierra Mitilene.
[3] Xerxes, rey de los persas, cuando jun- tava | a consejo los grandes de su reino, hazía venir allí a su muger Artemisa, y su parecer fue muchas vezes recebido por el más acertado. Ciro, también rey persa, agradado de la hermosura de Aspasia, hija de Hermotimo Focense, recibióla por muger, y siempre que en su consejo se tratavan negocios de grande importancia mandava que estuviesse presente y dixesse su parecer, el cual siempre que se recibió se acertó. Mesavaria, abuela del emperador Heliogábalo, era admitida en el Senado Romano, y su parecer estimado en mucho. Y lo mismo de la madre del Heliogábalo, Julia Mamea, madre del emperador Alexandre Severo, era tan sabia y prudente que governava al hijo, y él por su parecer al imperio, con grande aceptación de los romanos. Lo dicho es de Alexandre de Alexandro, libro cuarto, capítulo onze, y de Eliano, De varia historia, libro doze, y de Volaterrano, libro diez y seis.
Fin del Discurso de Consejos. /(105r)/

DISCURSO DÉCIMO OCTAVO. DE CONSTANCIA

La escala que vido Jacob, como parece en el capítulo veinte y ocho del Génesis, por la cual baxavan y subían ángeles, dize San Bernardo que denota el camino del Cielo, en el cual no ay detenerse, sino subir y abaxar. «Necessariamente -dize- has de descender o subir; si te detuvieres por fuerça has de caer. No debe llamarse bueno el que no procura ser mejor. Al punto que començares a no ser mejor, en el mismo dexas de ser en algo bueno, porque assí como nuestro cuerpo crece o descrece, assí nuestro espíritu en la virtud o descrece o crece». «Irán -dize David- de virtud en virtud, y veráse el Dios de Dioses en Sión». Y el mismo Cristo dixo: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán hartos». Y de lo que se han de hartar declara San Juan en el Apocalypsi, diziendo en voz de Dios: «Al que venciere daré un maná escondido, que es la Vida Eterna». De la Constancia trata el presente Discurso, y es virtud media entre dos vicios extremos, y son libiandad de ánimo y obstinación, y della se pondrán exemplos.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]



[1] Constante se mostró Lot al tiempo que salía de Sodoma en no bolver la cabeça atrás por avérselo mandado Dios, aunque oía el ruido de los miserables sodomitas, que se abrasavan con fuego del Cielo y davan gritos y vozes terribles. El considerar que se le quemavan sus casas y lo más y mejor de su hazienda, que no pudo sacar de allí con la prissa que le dieron los ángeles a que saliesse, el echar menos a su muger, que por inconstante bolvía la cabeça atrás y se quedó hecha estatua de sal, no fue parte para dexar de ir adelante hasta subir al monte con sus dos hijas, que también tubieron parte en la constancia del padre; si ya no dixéssemos que el temor las llevava tan de corrida que por mirar dónde assentavan el pie | y ir caminando no les dava lugar a bolver a mirar atrás, con todo esso fueron de alabar en que nunca mirassen atrás en este viaje. Es del Génesis, capítulo diez y nueve.
[2] Todos los días era molesta a Josef su deshonesta ama, desseándole para sus torpezas, y siempre se mostró constante en no cometer semejante pecado. Y léese en el Génesis, capítulo treinta y nueve.
[3] No pudo Faraón acabar con Moisés que sacrificasse a Dios en Egipto o que dexasse los niños de poca edad, o jumentos en aquella tierra. Todo lo quiso llevar consigo y salir él désta. Dízese en el Éxodo, capítulo diez.
[4] Grave reprehensión hizo a David un su hermano mayor porque entendió dél que desseava salir a pelear contra el filisteo Goliat, y Saúl pretendió con desconfiança apartarle dello. Mas él se mostró constante y perseveró en su propósito. Salió contra él y matóle. Es del Primero Libro de los Reyes, capítulo diez y siete.
[5] Cuando bolvieron los hebreos de la captividad de Babilonia padeció mucho con ellos Nehemías por edificar los muros de la ciudad de Jerusalem. Procuravan estorvarlo los vezinos de aquella comarca, mas su constancia fue de suerte que no desistió de la obra hasta que la vido acabada. Es de su Cuarto Libro, capítulo sexto.
[6] Tobías siempre desde su niñez se empleó en obras de servicio a Dios, y aunque padeció grandes contrariedades, se vido ciego y pobre, no desistió de su propósito, sino que fue constante hasta la muerte, como parece en su Libro, capítulo segundo.
[7] Mardoqueo constante se mostró en no adorar a Amán, como pretendía dél, y aunque entendió que por ello le aborrecía y tratava su muerte, y de todos los hebreos, por la ojeriza que con él tenía, nada bastó para que él se le humillasse; antes vino a que ni se levantava cuando passava. Y léese en el Libro de Ester, capítulo tercero y cuarto.
[8] Los amigos de Daniel constantemente dixeron al rey Nabucodonosor que no /(105v)/ adorarían su estatua. Y el mismo Daniel ningún caso hizo del decreto de Darío, sino que hazía oración a Dios a vista de todos, como tenía de costumbre, antes que por el rey fuesse vedado. Y es de su Libro, capítulo tercero y sexto.
[9] No faltó Susana punto en lo que devía a muger constante, resistiendo a los dos malvados viejos, aunque por ello se vido en peligro de muerte. Refiérese en Daniel, capítulo treze.
[10] Grande fue la constancia de Eleázaro, escriba y viejo honrado, en los tormentos que padeció por mandado del rey Amio- co, | no queriendo traspassar las ceremonias y preceptos de su ley. Y lo mismo los siete hermanos macabeos, no queriendo comer carne de puerco, con que los gentiles intentavan desquiciarlos también de su ley. Es del Segundo de los Macabeos, capítulo siete.
[11] De los discípulos de Cristo dize San Lucas en el capítulo primero del Libro de los Hechos Apostólicos, que perseveravan en oración todos juntamente con algunas santas mugeres y la Madre de Dios, esperando la venida del Espíritu Santo, hasta que vino y los ilustró con sus dones.
Todo lo dicho se colige de las Divinas Letras.

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Constancia grande fue la de Santiago el Menor, que siendo tenido en Jerusalem por varón santo, quiso tenerle de su parte Ananías, pontífice de los judíos y que reprobasse a Cristo y su Evangelio. Y para esto subiéronle un día de fiesta principal sobre un lugar alto del templo para que desde allí dixesse y declarasse su parecer en este artículo. Él subió, y con pecho de Apóstol confessó a Cristo por verdadero Dios y su Evangelio por Ley Santa y que lleva al Cielo. Indignados los judíos con esto, subieron adonde el Santo Apóstol estava, y despeñáronle de allí abaxo. Dízelo Eusebio, libro segundo, capítulo veinte y tres, y otros autores referidos en su obra.
[2] Simeón, hijo de Cleofás, obispo de Jerusalem, siendo de ciento y veinte años, por mandado de Atico, varón consular en tiempo de Trajano, padeció graves tormentos por la fe de Cristo. Y dizen dél Eusebio y Egesipo que tenía admirados assí al juez com a todos sus ministros la constancia y esfuerço con que los padecía, alabando siempre a Jesucristo Crucificado. Tomó Atico desto enojo, y dixo:

-Pues tanto alabas al Crucificado, yo quiero que le parezcas en la muerte.

Y assí le mandó crucificar. Dízelo Eusebio, y refiere a Egesipo, libro tercero, capítulo treinta y dos.
[3] Fuele dicho a Natalia que su marido | Adrián estava preso por el nombre de Cristo entre otros mártires. Oído por ella, llena de gozo fue a la cárcel, y echándose a los pies del marido, besando los grillos, le dezía:

-Bienaventurado eres, señor mío Adrián, que has hallado las riquezas que no te dexaron tus padres, pues ellos fueron idólatras y tú vas seguro a Jesucristo, en quien has puesto los tesoros para hallarlos en tiempo de la necessidad, cuando nadie será bastante a librar de penas al miserable que se condenare. Camina, señor, en lo començado, no te canses para que gozes las promessas de Cristo. No te espanten los tormentos del tirano, sino mira la constancia y paciencia destos santos mártires que están presentes. Imítalos en la vida y serás con ellos premiado en la muerte.

Aviendo dicho esto la santa muger, andava de uno en otro besando las prisiones que tenían, y dezíales:

-Ruégoos, siervos de Jesucristo, que animéis a mi señor y marido Adrián. Ganad su alma para Dios, sedle vosotros padres, nazca por vosotros para la Vida Eterna.

El santo mártir Adrián le dixo:

-Vete, hermana mía, a casa, que llegando el tiempo de mi muerte yo te llamaré para que te halles presente.

Y assí lo hizo, que sabido el día en que le avían de martirizar, alcançó de los ministros del emperador Maximiano que le dexassen ir a su casa. Y diéronle esta licencia porque quisieran se huyera, estan- do /(106r)/ bien con él, aunque les fuera a ellos dañoso. Yendo él a su casa, y siendo visto por Santa Natalia, creyó que huía del martirio. Entristecióse demasiadamente, y començó a llorar. Llegando cerca, arrojó la labor que tenía en sus manos y corrió a la puerta, y cerróla muy bien, diziendo:

-No trate más comigo, ni yo le vea de mis ojos al covarde que bolvió atrás del buen camino que llevava y a mentido a su Dios y Señor. No me hable palabra, ni oiga yo lengua que ha echo engaño a la presencia de su Criador.

Llegóse más cerca, y teniendo bien cerrada la puerta, dixo:

-Oh, hombre entre todos los hombres descreído y sin Dios, ¿quién te hizo fuerça que començasses lo que no avías de acabar? ¿Quién te apartó de aquellos santos en cuya compañía te dexé? Dime por qué has buelto las espaldas antes que se començasse la batalla. ¿Por qué arrojaste las armas como cobarde antes que viesses al enemigo? ¿Por qué te cuentas ya entre los heridos y no has disparado saeta? ¿Qué haré, infelice de mí? ¿Quién me juntó con un descreído? No merecí yo ser llamada muger de mártir, sino que con razón me llamarán muger de renegado. Por un momento fue mi alegría, y por muchos siglos será mi afrenta y oprobrio.

No hizo poco el santo mártir Adrián en acabar con ella que creyesse que no huía del martirio, sino que venía a llamarla para que se hallasse a él presente. Como se halló, y con su presencia no poco ánimo le puso para que padeciesse tormentos terribles y al cabo la muerte constantemente. Y la misma Natalia se mostró allí, y después, muy constante en huir del tirano, que la pedía por muger. Passó de Nicomedia, donde fue el martirio de San Adrián, a Constantinopla, donde santamente acabó la vida. Es de Surio, tomo quinto.
[4] San Román, mártir en Antioquía, estándole atormentando Asclepíades en tiempo de los emperadores Diocleciano y Maximiano por verle que libremente hablava de Cristo con los idólatras, mandó para hazerle callar que le rompiessen las mexillas. | Diéronle dos grandes heridas en ellas, de que corría mucha sangre, pareciéndosele las muelas por aquellos dos lugares, como por la boca los dientes. San Román, sin quexarse ni mostrar sentimiento, ni estorvarle las heridas a la voz, dixo:

-Muchas gracias te doy, o prefecto, porque no teniendo yo sino una boca con que alabar a Jesucristo, ya tengo por tu ocasión tres con que podré alabar a las tres personas de la Santíssima Trinidad.

Mandóle el juez cortar la lengua, y sin ella hablava y alabava a Jesucristo. Dízenlo San Isidoro y Prudencio.
[5] La constancia de San Ambrosio no es bien que quede en silencio. La cual mostró en subido grado con el emperador Teodosio por un cruel castigo que hizo en la ciudad de Tesalónica o Salonique, que le excomulgó y vedó la entrada en la iglesia de Milán, hasta que hizo penitencia pública de aquel pecado. Como parece en su Vida, escrita por Paulino Presbítero y por otros graves autores.
[6] Algo se pareció a San Ambrosio en ser constante Ermenoldo Abad, porque llevando a que viesse su monasterio Otón, obispo de Bavemberga, que le avía fundado, al emperador Enrique, quinto deste nombre, porque estava excomulgado el emperador por rebelde al Sumo Pontífice, cerró Ermenoldo el monasterio y no los dexó entrar en él, diziendo que lo hazía por evitarle. Y aunque los que ivan con el emperador le dezían que tomasse vengança de aquellos capilludos descomedidos, él dixo que no los enojassen, pues su abad hazía lo que devía a su oficio. Y assí se fue y los dexó en paz. Refiérelo Surio en su Vida, tomo séptimo.
[7] Eusebio Cesariense, en su Historia Eclesiástica, libro octavo, capítulo doze, escrive de dos mancebos, que llevándolos a que sacrificassen, pusiéronlos por fuerça de rodillas delante de un ídolo, estando allí un brasero de lumbre para echar el encienso. Ellos dixeron:

-Si apartáremos las manos de la lumbre, sea visto que sacrificamos.

Pusiéronlas en ella y dexáronse quemar. /(106v)/
[8] El emperador Valente, herege ariano, perseguía cuanto le era possible a los católicos. Desterró de la ciudad de Edesa a Barses, su obispo católico, y puso en ella a Lico, herege, el cual como lobo hambriento despedaçava las ovejas del Señor, procurando traerlas a su herror. Los edeseos, bien enseñados en la fe por su obispo Barses, muchos dellos se ivan fuera de la ciudad, a un campo donde estava cierto templo de Santo Tomé Apóstol, y allí celebravan sus oficios, según el modo de la Iglesia Católica Romana. Sabido esto por el emperador Valente, que se halló en la misma ciudad, mandó a Modesto Prefecto que con gente armada, cuando los viesse juntar allí, los acometiesse y castigasse hasta quitarles las vidas. Luego que tuvo este mandado Modesto, no dándole gusto el derramar sangre, procuró que se publicase entre católicos la comissión que tenía, para que el día siguiente nadie saliesse allí. Mas el obispo sirvió para acrecentar el número de los que salieron, desseando todos padecer martirio. Sabido por él, indignado de que su diligencia en favor suyo no fuesse agradecida ni aceptada, con una compañía de soldados salía de la ciudad para executar lo que el emperador le avía mandado, y en el camino vido una muger con un niño de la mano, la cual llevava el manto mal puesto y el passo tan apresurado que dava muestra de ir a negocio de mucha importancia. El prefecto quiso informarse della y mandó que se la truxessen delante, y traída, preguntóle adónde iva tan deprisa. Ella respondió:

-Voy allí al campo donde están los que de veras honran a Dios y le sirven, porque he sabido a lo que vais vós con esta gente y quiero participar del premio con ellos, y voy deprisa por no perder tan buena ocasión para ir a gozar de Dios en su Gloria.

-Pues esse niño -dixo el prefecto-, ¿a qué le llevas contigo?

-Para que también él -replicó la constante muger- sea participante de la matança y persecución, y después goze del premio.

Admirado el prefecto | de la constancia y valor desta muger, bolvió al emperador y diole cuenta dello, persuadiéndole a que no fuesse ocasión de tantas muertes, de que sacaría poca gloria, pues toda la ciudad quedaría desierta, estando tan firmes en morir por su fe y religión. Indignóse el herege contra Modesto y díxole malas palabras, hirióle en el rostro y mandó que prendiessen a los principales de los católicos y que los forçassen a seguir a Lico, o lobo y no pastor, o que fuessen desterrados. Refiérelo Nizéforo, libro onze, capítulo veinte y dos. Y tráelo Rufino en el libro undézimo, que añadió a la Historia de Eusebio, capítulo quinto. Y es de Teodorito, libro cuarto, capítulo diez y siete.
[9] Marcio, solitario en Campania, provincia de Italia, tenía su celda en la ladera de una sierra, sobre la cual estava un peñasco desgajado y que amenazava a la vista su caída con daño de la celda y vida del santo ermitaño. Los que le visitavan, que era mucha gente devota, rogávanle que dexasse acabar de derribar aquella piedra, porque se librasse del temor que él podía tener y ellos tenían siempre de pensar a todas horas que avía de caer. No hazía caso el santo deste peligro, mas porfiándole un día, y siendo muchos los que se comedían a derribarle, concedió en ello. Començóse la obra, y sin averse cansado mucho el peñasco disparó, y al tiempo de llegar a la celda del santo ermitaño, creyendo todos que la derribara y dexara deshecha, dio por sí mismo un salto, dexándola sin tocar en ella, que fue caso milagroso para los presentes. Dio este mismo solitario Marcio en una obra de penitencia bien penosa, y fue que se ató una cadena de hierro al pie, y por la otra parte le aferró en una piedra, para sólo no poder apartarse de aquel lugar. Oyó dezir esto San Benedicto y embióle a dezir con un su discípulo:

1   ...   30   31   32   33   34   35   36   37   ...   143


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal