De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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-Si eres siervo de Dios, no te tenga asido la cadena de hierro, sino la de Cristo.

Entendió Marcio lo que por esto le quería dezir aquel santo abad, y quitóse la cadena, mas ligóse con un fir- me /(107r)/ propósito de no passar de aquel término que le dava la cadena licencia. Y en esta constancia de ánimo perseveró muchos años. Lo dicho es de San Gregorio, libro tercero de sus Diálogos, capítulo diez y seis.
[10] En una villa dicha Vivella vivía una donzella cuyo nombre era Digna, la cual, muertos sus padres y quedando en casa de un hermano, desseava entrar monja en el orden de Cistel, y no teniendo efecto, acordó en el siglo guardar aquel santo instituto: no comía carne, ayunava, guardava horas de silencio y, teniendo cerca de su casa la iglesia catedral, donde se dezían maitines a media noche, levantávase y iva a oírlos, y lo mismo de día a las Horas y Missa. Sucedió que llevaron un cuerpo a la misma iglesia por parte de tarde y dexáronsele en las andas para dezirle otro día los oficios de difuntos y enterrarle. Cuando la devota donzella, estando desto ignorante, fue a maitines, vido el muerto en las andas, y no por esso se turbó, sino que se puso a rezar no lexos dél. El demonio, que la embidiava sus buenas obras, dándole Dios licencia, entró en el cuerpo del muerto, para efeto de atemorizarla y estorvar su oración. Lo primero que hizo fue menear un poco las andas. La donzella se signó con la Señal de la Cruz. Levantó el demonio un poco el cuerpo del difunto, mas ella, que estava a la mira, entendiendo quién andava en aquellas trabesuras, dixo:

-Sosiégate, diablo, que contra mí poco aprovecharán tus embustes y embelecos.

Levantó luego el demonio todo el cuerpo del muerto y púsose en pie, diziendo:

-Ya verdaderamente no puedo sufrirte, yo vengaré aora las afrentas que me has hecho.

La constante y animosa donzella, sin temor alguno, viéndose con un bordón que de ordinario llevava cuando de noche iva a maitines, a dos manos le descargó sobre la cabeça endiablada, de modo que dio con el muerto en tierra, porque el demonio, afrentado de que una muger le apaleasse, dexó el cuerpo muerto y fuese. Quisiera ella bolver- le | a las andas por no dar cuenta de aquel hecho, y no pudo; antes, visto de los clérigos que venían a maitines en tierra y con la herida del palo en la cabeça, estando sola aquella muger allí, preguntáronle la causa y convínole dezirla. Fue de grande gusto para todos los que lo vieron, teniendo en poco al demonio, pues una flaca donzella le apaleava y hazía huir. Y a ella estimaron en mucho por averse atrevido a herir a una tan feroz bestia.

Lo dicho es del Promptuario de exemplos.


[11] Maravillosa fue la constancia del Papa Martino, pues ni por promesas ni por amenazas pudo acabar con él el emperador Constancio que no persiguiesse y anatematizasse la heregía de los monotelitas. Tomó esto a cargo primero Olimpio Exarco, que hazía las partes del emperador, y después un Todoro Cliopa, que prendió al Pontífice y le desterró de Roma, teniendo el santo perlado por menor mal padecer destierro y acabar la vida como la acabó en él, que condescender con el pérfido desseo de un herege. También Vigilio Papa fue desterrado porque no quiso admitir al gremio de la iglesia a Antemio, herege, echado della por Agapeto y Silverio, Sumos Pontífices, sus predecessores. Dízelo Fulgoso, libro tercero.
[12] También se mostró constante Constantino, patriarca de Constantinopla, perseguido del emperador Constantino Quinto porque no faborecía el error de ciertos hereges, hasta venir a ser preso y muerto. Ignacio, assí mismo patriarca de Constantinopla, constantemente padeció destierro y otras calamidades porque reprehendía el casamiento de cierta persona poderosa, que aviendo repudiado a su muger se casó con su nuera. Es de Fulgoso, libro tercero.
[13] San Pablo, primer ermitaño, de diez y seis años fue al desierto y permaneció en él hasta ciento y treze en que murió, sin ver en este tiempo hombre mortal. Su constancia en vida tan áspera mereció que cada día, como a otro /(107v)/ Helías, un cuervo le truxesse la comida. Mereció ser sepultado del grande Antonio, cabándole leones la sepultura, y, lo que más es de estimar, mereció que ángeles llevassen su alma a los Cielos, siendo testigo dello el mismo San Antonio, que afirmó averlo visto por sus ojos. Cuyo premio de tan largo trabajo quien considerare cuán grande fue, por ningún otro trabajo espiritual ni temporal recibirá fastidio o pena. Es de Marulo, libro quinto.
[14] El grande Antonio, cuando començó a ser habitador del desierto, no bastaron asombros ni tormentos de açotes y palos de demonios para que lo dexasse, sino que desde el año dézimo octavo de su vida hasta el de ciento y cinco en que murió, perseveró en vida santíssima, y assí fue recevido a la compañía de los ángeles porque tuvo en poco las injurias de demonios con la virtud de la perseverancia. Refiérelo Marulo, libro quinto.
[15] Paulo el Simple llegó a pedirle el hábito, saliendo San Antonio del monasterio, y yendo como tenía de costumbre a orar al desierto, díxole:

-Espérame aquí.



Estuvo tres días sin quitarse de aquel lugar, y estuviera más si vista la constancia por San Antonio no le recibiera dentro en la religión. Y reprehende este exemplo a muchos que van a pedir el hábito de religiosos y si no se le dan luego se indignan y murmuran, y aun mudan parecer y se van. Los cuales antes del año de la aprobación declaran que no merecían lo que pretendían. Es de Marulo, libro quinto.
[16] Simeón, hijo de Susoción, de treze años fue al monasterio del abad Timoteo pidiendo el hábito, y como le fuesse negado, poniéndole estorvo que estava en edad en que ay poca constancia, dexóse caer a la puerta del monasterio y estuvo allí cinco días sin comer ni bever, con determinación de acabar allí la vida, sino que a esta sazón, admirándose de su constancia el abad, la cual no se halla siempre tan grande en ancianos, le admitió a la religión y dio el hábito. Y fue un religioso de los que con más rigor trataron su cuerpo, co- mo | dio bien a entender su principio tan constante.
[17] Teodoro, discípulo de Pacomio, al principio que fue monge sintiólo mucho su madre. Procuró sacarle de la religión, truxo cartas al obispo y obedeciéndolas el abad del monasterio, diole licencia que se fuesse. Mas el moço santo, que prefería el servir a Cristo a todas las cosas, ni salir a ver a su madre quiso, porque no pareciesse que el ojo que le escandalizava y avía arrojado de sí tornava a tomarle. Perseveró en el monasterio y fue hecho hijo de Dios el que no quiso serlo de su madre. Es de Marulo, libro quinto.
[18] Perseguía el mismo padre que le engendró al bienaventurado San Francisco, pretendiendo estorvarle sus buenos propósitos y obras santas. Maltratávale de palabra y obra, desnudóle sus vestidos, menosprecióle, y el bendito santo gozávase en padecer afrentas por el nombre de Cristo. Y porque se determinó de sufrir todo cuanto se le ofreciesse de pena antes que retroceder de su santo intento, fue tanto lo que aprovechó en poco tiempo, assí en obras santas como en santos desseos, que la tierra quedó llena de su fama y de gozo el Cielo. Dízelo Marulo, libro quinto.
[19] Santo Tomás de Aquino fue sacado del monasterio de predicadores por su madre y hermanos, deteniéndole dos años en una fortaleza, donde ni por ruegos, ni por amenazas, ni por regalos y caricias de una muger perdida que le echaron donde estava, mudó su santo intento. Y assí, libre de la prisión y buelto a su monasterio, como sol que algún tiempo estuvo encubierto y ofuscado con alguna nuve, que quitado el impedimento da luz y nueva alegría a la tierra, assí el santo doctor libre de su madre y hermanos començó a dar luz y iluminar la Iglesia Católica con resplendor de doctrina y santas costumbres. Donde parece que no llegara a tanta claridad de gracia si la nuve de la ceguedad y dureza de sus hermanos y ma- dre /(108r)/ no le uviera sido algún tiempo impedimento y estorvo, aunque siempre estuvo firme en su santo propósito y invicto en las tentaciones. Dízelo Marulo, libro quinto.
[20] También es digna de memoria la constancia de Juan Abad y de Pesio Ermitaño, de los cuales haze Casiano mención. El Pesio, por cuarenta años que estuvo en soledad, un día no comió antes que el sol se pusiesse. Comía alguna cosa para sustentar la vida, mas primero se avía de poner el sol. El abad Juan nunca le vido airado el sol, aunque presidía entre muchos monjes. Preguntará alguno cómo castigava a los delincuentes si nunca se airava (que no era posible sino que entre tantos alguno haría por que mereciese castigo), y respóndese que el proprio castigar no ha de ser con ira, sino con misericodia, y de la ira es propio dañar y del castigo aprovechar, y en uno puede ser virtud la ira y en otro vicio. Y en la Escritura Sagrada se dize que muestra Dios ira, y es cuando castiga justamente, como lo haze siempre. Y al juez conviene castigar por hazer bien y no airarse para hazer mal. Y que se haze bien al que se castiga pruévase porque no aviendo castigo, pécase más. Y adonde ay más pecado es más grave la pena. Y deste modo nunca el abad Juan se mostró airado. Es de Marulo, libro quinto.
[21] Elpidio Abad por veinte y cinco años estuvo en el desierto entretenido lo más del tiempo en oración, su rostro siempre al oriente. Y no tuvo por malo bolver atrás la cabeça y mirar al occidente, sino que quiso ser señor de sí, porque refrenando el apetito aun de aquello que era lícito, con mayor facilidad le apartase de lo ilícito. Dízelo Marulo, libro quinto.
[22] Natanael Anacoreta perseveró treinta y siete años sin salir de su celda. | Visitávanle obispos, admitíalos dentro della, hablávales de Dios dando muestra de un pecho muy abrasado en su amor. Acompañávales hasta la puerta cuando se ivan sin sacar el pie fuera, ni por muchos embustes que hizo el demonio para atropellar su santo intento, hasta que llegó su muerte y dexó celda y cuerpo, bolando su alma santa en compañía de los Bienaventurados. Es de Marulo, libro quinto.
[23] Sara, abadesa en el monasterio escitiótico, cerca del cual corría un río con riberas pobladas de frescuras agradables a la vista, y con oír hablar desto diversas vezes, quiso mortificarse en no verle y carecer del contento que le pudiera dar su vista. Y fue de manera que por sesenta años que estuvo allí nunca se paró a ventana ni vido el río, para hazerse más digna de ver aquél cuya corriente alegra la ciudad de Dios. Y porque tuvo cuidado y perseveró de no tomar deleite en cosas de la tierra vanas y transitorias, fue digna de gozar eternamente de las que son eternas y durarán para siempre. Es del mismo Marulo.
[24] Juan Ermitaño contó de otro fraile solitario que, presumiendo mucho de constante y fuerte, vino el demonio en forma de muger una tarde a su celda, mostróse penada que la comerían fieras si no la recebía en ella. Recebióla, començó la tentación, fuela a abraçar, desvanecióse el demonio, vido sobre sí en el aire muchos que le davan grita, porque avía sido vencido. Viéndose gritear de demonios dexó el hiermo y fuese a poblado, donde acabó mal. Refiérelo San Antonio de Florencia en su Tercera Parte Historial.
[25] De Teón, ermitaño de Egipto, afirma San Gerónimo que estuvo treinta años encerrado en una celda sustentándose con yervas y agua. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Llegando Alexandro Magno caluroso al río Cidno, que passa por Tarso, ciudad de Asia, desnudóse y entró en él a | refrescarse del calor grande que llevava, y quedó travadas sus venas y sin poder mandar su cuerpo. Quiso curarse y tenía /(108v)/ consigo un médico famoso llamado Filipe, y muy privado suyo, por cuyo parecer se le hizo una bevida contra aquella enfermedad. Y trayéndosela el médico para que la beviesse, diéronle una carta de Parmenión, amigo y capitán suyo, en que le avisava que se guardasse de Filipe su médico, porque se entendía que Dario, rey de Persia, su enemigo, le tenía maleado con promesas para que le matasse con aquella bevida. Alexandre leyó la carta y diola al médico, y juntamente el médico la leía y él iva beviendo la purga, mostrando en esto su constancia y la confiança que tenía del médico. Y no sólo fue falsa la sos- pecha, | mas recibió salud y quedó bueno con aquella poción y bevida. Refiérelo el Eborense.

[2] Militava en el exército de Luculo un cavallero romano llamado Pomponio, y hazíase guerra a Mitrídates. Y en un rencuentro, presso y malherido fue presentado al mismo rey Mitrídates, del cual teniendo noticia, y que era valiente por su persona, díxole:

-Si te hiziere curar y diere libertad, ¿serás mi amigo?

Respondió Pomponio con admirable constancia:

-Serélo si lo fueres tú del pueblo romano, y no en otra manera.

Es de Fulgoso, libro tercero.


Fin del Discurso de Constancia.

DISCURSO DÉCIMO NONO. DE CONTEMPLACIÓN

Cuando Jacob Patriarca tenía solos hijos de Lía no se acordava de su tierra, mas, teniéndolos de Raquel, sospiró por ella y procuró ir a ella. Y es figura que el siervo de Dios, ocupado en exercicios de la vida activa, no se acuerda mucho del Cielo, mas tratando de la vida contemplativa, luego dessea ir allá y sospira por él. Acerca de lo cual dixe San Gregorio: «Si considerássemos lo celestial, tendríamos en poco lo temporal». De la Contemplación trata el presente Discurso . Y para ella es buen camino la oración, porque aviendo impetrado la Gracia de Dios, Nuestro Señor, seamos admitidos al secreto aposento del Rey y allí consideremos atentamente la magestad de su gloria, cuya potencia excede a toda potencia, cuya sabiduría excede a toda sabiduría, cuya bondad excede a toda bondad, cuya eternidad no admite primero ni postrero, y cuyo ser es inefable y no puede ser comprehendido. En esta alteza de contemplación algunos quedan absortos y tan agenos de | sus sentidos (lo cual de los griegos es llamado extasis) que más parecen muertos que vivos. Y entretanto, el ánimo goza de una visión celestial y es apacentado con una dulçura maravillosa de la Divina Luz, y algunas vezes le comunica Dios misterios maravillosos. Y desta manera entendemos de Abraham, Isaac y Jacob, que hablaron con Dios y recibieron noticia de cosas que estavan por venir en aquella sazón. Y Moisés de lo passado, pues deprendió que el mundo fue criado de Dios al principio y lo escribió en el Génesis para que todos lo supiessen. David, Isaías, Jeremías, Ezequiel y los demás profetas, en espíritu vieron todo lo que manifestaron.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] De San Pedro, en el Libro de los Hechos Apostólicos , capítulo diez, se dize que, como subiesse a lo alto de una casa donde estava aposentado en Jope, cerca de la hora de sexta, a hazer oración, fue arrebatado en espíritu y vido el Cielo abierto, y baxar dél un lienço, recogido por las cuatro esquinas y lleno de animales inmundos, aunque tenidos de Dios por mundos y limpios. En lo cual se dava a entender que los gentiles, estando inmundos con /(109r)/ errores, recibiendo la Fe y Evangelio , serían limpios y recebidos en el gremio de la Iglesia, como los judíos, de los cuales también vinieron algunos al Cristianismo, porque Dios no es aceptador de personas, sino que todo hombre que le teme y haze obras justas le es acepto. Tráelo Marulo, libro segundo.
[2] San Pablo Apóstol fue arrebatado hasta el tercero Cielo. Si fue en su cuerpo o fuera dél, dize que Dios lo sabe y no él. Allí afirma que oyó palabras y vido misterios que no es lícito al hombre publicarlos. De donde vino a dezir, escriviendo a los Romanos, en el capítulo onze: «Oh, alteza de riquezas de la sabiduría y esciencia de Dios, ¡cuán incomprensibles son sus juizios e investigables sus caminos! ¿Quién penetró el saber de Dios? ¿Quién fue su conse- jero? | ¿Quién primero le dio a Él para que se le haga recompensa? Porque de Él, y por Él, y en Él, son todas las cosas; a Él se dé gloria para siempre. Amén.» Lo que dize aquí San Pablo, que fue arrebatado al tercero Cielo, es de la Segunda Carta a los de Corinto, capítulo doze.
[3] San Juan Evangelista, hablando de sí mismo en el capítulo primero del Apocalypsi, dize: «Fui arrebatado en espíritu un día de domingo y oy, y vi grandes misterios», como los refiere en aquel libro. Del cual hablando San Hierónimo, dize: «El Apocalypsi de San Juan tiene tantos misterios como palabras. Poco he dicho, en cada palabra están encerrados grandes sacramentos». Y aunque el volumen es pequeño, toda alabança es también pequeña para lo que en sí encierra.
Lo dicho se colige de las Divinas Letras. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]



[1] La Magdalena, estando en la soledad, cada día era levantada por ángeles al Cielo y oía cantar las horas canónicas. Y si tanto fue el fruto de su contemplación en el desierto, ¡qué tanta será aora en el Cielo su gloria, reinando con Cristo! Refiérelo Surio, tomo cuarto.
[2] San Antonio Abad, considerando los engaños que ay en los deleites del mundo, vídole todo lleno de lazos. Lo cual abiertamente nos da a entender en cuántos peligros estamos siempre puestos, pues cada día tenemos los pies sobre lazos, pretendiendo los deleites mortíferos del mundo. Y si queremos ser libres dellos, conviénenos procurar los bienes del Cielo y dexar los de la tierra, levantando en alto el espíritu con las alas de la contemplación y menospreciando los bienes aparentes de la tierra. Los que hizieren esto tienen más seguridad. Y dellos habla el libro de los Proverbios, cuando dize en el capítulo primero: «En valde se pone la red delante de los pies que tienen alas». Es de San Atanasio en la Vida de San Antonio.
[3] San Augustín, estando solo en su aposento contemplando el misterio de la Santíssima Trinidad, de tal manera estava | fuera de sí, que venían a negociar con él y ni dava respuesta ni parecía tener sentido de hombre. Y no es de maravillar que escriviesse tan copiosa y profundamente deste misterio, pues le contemplava con tanta fuerça que perdía el sentido de hombre. Y para contemplarle tan altamente convino que primero viviesse justa y santamente. Procure el que quiere aprovechar en la contemplación que tenga buena y santa intención. Porque está escrito en el Eclesiástico, capítulo segundo: «Al hombre que es bueno delante de Dios diole su Magestad sabiduría, esciencia y contento». Es de Posidonio, en la Vida de San Augustín, y de Surio, tomo cuarto.
[4] San Hierónimo, por santo y piadoso varón, mereció gozar de los gustos dulces y sabrosos de la contemplación. Y assí dize en el libro que hizo De virginidad: «Después de muchas lágrimas, después de tener fixos los ojos en el Cielo algunas horas, parecíame estar entre los coros de los ángeles y muy alegre y gozoso cantava: ` Correremos siguiéndote en el olor de tus ungüentos' «. Y en la carta que escribió a Eustoquio, dize: «Cree, hija, al viejo esperimentado y que aconseja lo que con- viene. /(109v)/ Si una vez gustasses cuán dulce es el Señor a quien os avéis juntado, que fue piedra viva desechada de los hombres y aprobada de Dios, podréis oír dél: ` Venid y mostraros he todo lo bueno' . Y será lo que os mostrará tal, que nadie puede dezirlo, sino quien lo ha visto y gozado. Yo sé lo que hablo, caríssima, y por dar cuenta de mi poco saber, yo, hombrezillo menospreciado y vil en casa del Señor, viviendo en este cuerpo, muchas vezes estuve entre los coros de los ángeles y passando allí algunas semanas, ninguna cosa echava menos el sustento del cuerpo, gozando de la divina visión. Y después de muchos días, buelto al cuerpo y estando en mi sentido, acordándome de lo passado, llorava. Lo que yo allí gozava, mi felicidad y deleite, testigo me es el mismo Dios Trino y Uno, a quien veía no sé con qué ojos; testigos me son también los espíritus celestiales que allí se hallavan, y testigo me es la propria consciencia, que gozava tantos bienes, cuales y cuantos no pudo especificar mi grossero entendimiento». Adelante dize: «No puede a tanta dulçura de contemplación llegar el coraçón ocupado en negocios de siglo, sino que conviene que muera al mundo para que a sólo Dios, por tales meditaciones y desseos soberanos, se afierre y junte, porque el grano de trigo que cae en la tierra, si no fuere muerto siempre estará solo como cayó, y si muriere dará mucho fruto». Refiérelo Marulo, libro segundo.
[5] Santo Tomás de Aquino, defensor diligentíssimo de la verdad católica, puesto en contemplación, fue visto levantado del suelo un cobdo, y el rostro tan resplandeciente que dava bien a entender el gusto que sentía en su alma. Otra vez fue arrebatado en éxtasis con tanta enagenación de sus sentidos, que teniendo una vela encendida en las manos, llegó a gastarse y a quemarle la mano sin que él sintiesse el calor de la llama, aunque la señal del daño que en ella le hizo quedó de suerte que creyeron el hecho los que no le vieron, viendo la mano abrasada. | ¡Cuánta delectación sentiría aquella alma bendita, en la cual ocupado el espíritu, no advirtió el tormento del cuerpo, y con qué fuerça era levantada la misma alma a gozar tan alta contemplación, que llevava tras sí el pesado cuerpo, estando levantado y sin llegar a tierra! Refiérelo Marulo, libro segundo.
[6] San Bernardo, abad de Claravalle, bien mostró cuán alta contemplación era la suya, pues subiendo en un cavallo brioso y de rúa que acaso estava en su convento, para ir a visitar cierto monasterio de cartuxos, el prepósito dellos, llamado Epifio, después de averle recebido, le dixo que no dezía con su religión y humildad ir en un cavallo semejante a aquél, que era más para algún galán cortesano que ruasse por la ciudad que para servicio de un fraile pobre. El santo se hizo muy maravillado y preguntó qué cavallo era el de que hablava. Y assí se entendió que ni subiendo ni baxando dél advirtió de la suerte que era el cavallo. Otra vez, caminando junto al lago de Losana por todo un día y oyendo a los que ivan con él y allegados a la posada que tratavan del lago, él les preguntó que dónde avían visto aquel lago de que hablavan. De modo que se entendió que no echó de verle, con caminar casi todo el día por su ribera. Es de la Vida de San Bernardo, libro tercero, y de Surio, tomo cuarto.
[7] San Francisco, ilustre contemplativo, vido estando por morador en la tierra al que es Señor de los Cielos. Vido la Cruz resplandeciente de nuestro Redemptor y en ella un serafín, de donde tomó el nombre y se llamó Seráfico, y por singular privilegio le quedaron fixas sus llagas en manos, pies y costado para que aviendo imitado su pobreza, mansuetud y humildad, le imitasse también en las señales de su passión y pueda gloriarse con San Pablo, diziendo: «No tengo de qué gloriarme, sino en la Cruz de mi Señor Jesucristo. El mundo se crucificó para mí, y yo me crucifiqué para él. Yo llevo las señales de mi Señor Jesucristo en mi cuerpo». /(110r)/ Es de San Pablo este testimonio, escriviendo a los de Galacia, capítulo segundo y sexto, y refiérelo Marulo.
[8] A María Egiciaca, que cometió tantas torpezas en el mundo, el abad Zozimas la vido orando levantada en tierra tanto como un cobdo. De modo que por sus flaquezas avía su cuerpo caído en el profundo de la perdición, y después, su espíritu, sin aver dexado la carga del cuerpo, era levantado en alto por la contemplación. Es del Vitis Patrum.
[9] Santa Isabel Viuda, estando en comtemplación, era visto su rostro ya triste, ya alegre, y era la causa que se le aparecía el Salvador, y viéndole se alegrava, y escondiéndosele se entristecía. Y una vez le dixo:

-Ten buen ánimo, hija, yo estoy contigo.

Y ella respondió:

-Sí, Señor, tú comigo y yo contigo.

Grande beneficio y merced, por cierto, que el hombre hable con Dios, y mayor que hablándole no se desdeñe de oírle, y muy mayor que esté junto con él. Refiérelo Marulo, libro segundo.
[10] Santa Isabel de Esconaugia, como se diesse mucho a la contemplación, entorpeciéndose sus miembros y sentidos, algún tiempo quedava como muerta. Y en tal sazón afirmava que le eran reveladas grandes cosas que avían de suceder. Y estava acostumbrada a tener coloquios con la Madre de Dios. Y escrivió un libro que se llamó Camino de Dios, ditándole un ángel y escriviendo ella. Siendo esto assí, el Paraíso tuvo en tierra, porque su mente siempre estuvo en el Cielo. Dízelo Marulo, libro segundo.

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