De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[11] Santa Clara, discípula del Seráfico San Francisco, un día antes del nacimiento de Nuestro Señor cayó enferma, y no pudo ir con las monjas de su convento a los maitines. Y aunque la enfermedad estorvó que con el cuerpo no fuesse, su espíritu, sin ser impedido, estuvo presente, y bueltas a ella algunas hermanas, les refirió cuanto se dixo y hizo en el coro por orden. Y, admirándose dello, añadió que se le avía aparecido Cristo en la propria hora en que nació estando contemplán- dole. | Otra vez, desde el día del Jueves de la Cena hasta el Sábado Santo estuvo fuera de todo sentido corporal y como muerta. Y entretanto, la fuerça de su entendimiento estava puesta en Dios, representándosele a su espíritu todos los misterios de la Passión de Cristo, en las mismas horas y lugares y por el mismo orden que sucedieron. Y buelta en su acuerdo, parecíale que sola una hora avía passado. Y colígese de aquí cuán agradable le era el espectáculo desta dormida. Parece breve siempre todo lo que deleita, y deleitávale a Santa Clara no el ver padecer a Cristo, sino, viéndole, compadecerse dél. Es de Marulo, libro segundo.
[12] El abad Estéfano era muy dado a la contemplación. Vinieron a visitarle ciertos parientes suyos, y conociéndolos de lexos, rogó a Dios que no fuesse visto dellos. Llegaron a la celda, aviéndose informado de otros monges ser aquélla y que estava dentro, salió él por medio dellos sin ser visto y fuese a lo más escondido del desierto hasta que entendió que los otros, hartos de esperarle, se avían ido. Es del Prado Espiritual, capítulo cincuenta y tres.
[13] Vinieron al mismo abad Estéfano ciertos religiosos, y en su presencia estuvieron hablando algunas horas en cosas tocantes al provecho de las almas, y como el santo viejo ninguna cosa respondiesse, dixéronle:

-¿Por qué, padre, no hablas? Que avemos venido a ti para sólo oírte alguna cosa con que nos edifiquemos.

Respondió el santo abad:

-Perdonadme, hermanos, que hasta aora no he advertido en cosa que ayáis dicho. Una cosa sola os digo, y es que yo en el día ni en la noche no hago otro que contemplar en Jesucristo, mi Dios, colgado de una Cruz.

Oyendo esto los religiosos, fuéronse grandemente edificados. Es del Prado Espiritual, capítulo sesenta y cuatro.

[14] San Bonito, obispo de Arvernia, como estuviesse una noche en su iglesia meditando y contemplando, repentinamente vido venir adonde él estava a la her- mosa /(110v)/ como la luna y escogida como el sol, la Virgen Sacratíssima María, Madre de Dios, acompañada de coros virginales. Mandóle que dixesse Missa, y para dezirla diole un ornamento de maravillosa hermosura. Desapareció la visión, y bolviendo en sí, parecióle que avía sido sueño, hasta que vido el ornamento cerca de sí, que se dize permanecer en su iglesia. Y nadie puede averiguar de qué sea la materia, si es lino o si es texido. Grande fue el don y más el gozar de tal vista, començando en la tierra a gustar de lo que se gusta en el Cielo. Es de Surio en el primer tomo.


[15] Santa Catarina de Sena, levantada en alta contemplación de la Passión de Jesucristo, sintió en sí dolores grandíssimos de llagas en manos, pies y costado. Aunque, como afirma San Antonio de Florencia, no fueron visibles ni patentes para que se viessen, sino que sentía en aquellas partes dolores, y fue por tiempo limitado, que sólo al Seráfico padre San Francisco, de lo que se sabe por historias, le fue concedido el tener llagas visibles y que le permaneciessen en su cuerpo aun después de muerto. Refiérelo Sabélico, libro segundo.
[16] Juan Escoto, llamado el Doctor Subtil, del orden de los Menores, tenía costumbre de arrobarse, de modo que donde le dava quedava como muerto por un día, a las vezes más y a las vezes menos. Diole este arrobamiento en parte donde ni conocían su mal ni le conocían a él; esperáronle un día, y visto que no tornava en sí, teniéndole por muerto le enterraron. Afírmalo Antonio Sabélico, libro segundo.
[17] Nosotros también imitando a los santos, con varonil ánimo, teniendo en poco y desechando el demasiado cuidado de las cosas del mundo transitorias y perecederas, contemplemos en las celestiales y eternas, pongamos el sentido en cuán poderoso es el que crió todas las cosas, cuán sabio el que las govierna, cuán bueno el que las conserva en su ser y natura- leza, | cuán manífico el a quien están respetando todo el exército innumerable de la Celestial Corte -ángeles, arcángeles, virtudes, potestades, dominaciones, querubines y serafines- y todo el coro de los Bienaventurados, a quien veinte y cuatro senadores derribando sus rostros en tierra le adoran, cuya magestad veneran ciento y cuarenta y cuatro mil señalados de cada Tribu de los Hijos de Israel y toda aquella multitud de diversas naciones y pueblos que no pudo ser contada en el Apocalypsi. A este Señor loa todo espíritu, toda lengua le confiessa, tiénenle respeto los elementos. A su menear de mano todas las criaturas, y aun las que carezen de sentido, sin detenimiento le obedecen. Pues si consideramos a Dios tan grande y tan inmenso, que ni con la consideración puede ser comprehendido, siempre tengamos en la memoria aquel verso de David que dize: «Servid al Señor en temor, dadle loores y alabanças con tremor». Y para esto nos puede también ayudar mucho la consideración de sus beneficios, avernos dado el ser que tenemos, aver criado el Cielo y la tierra para uso y servicio nuestro, avernos dado maestros y doctores desde el principio del mundo que nos enseñassen el camino del Cielo y, lo que excede todo entendimiento, el aver embiado a su Hijo Unigénito al mundo para su remedio. El cual, no con sangre de toros o becerros, sino con la propria vertida de sus venas nos remedió, y de hijos de tinieblas que éramos nos hizo hijos de luz. Tomó por nosotros forma de siervo, lavó los pies de sus Apóstoles, sufrió pobreza y necessidad, padeció trabajos, recibió en sí todo lo áspero y desabrido, tuvo hambre y sed, desvelóse, lloró, fue vendido de su discípulo Judas, fue preso, ligado, abofeteado, herido, escupido, escarnecido, açotado, coronado de espinas, mofado, apaleado con una caña por afrenta, clavado manos y pies en una cruz, ofreciéronle para bever vino mirrado y después diéronle a gustar vinagre; finalmente fue muerto, y su cuer- po /(111r)/ herido por una lança, traspassándole su costado, y al cabo le sepultaron. Todo esto padeció Dios por los hombres, el Señor por los siervos, el Justo por los pecadores. Lo cual todo lo padeció tan pacientemente, que, siendo acusado, callava, y puesto en la Cruz rogava por sus crucifixores. Estas cosas tan graves, tan crueles, tan afrentosas y penosas que padeció nuestro Jesús, Dios y Hombre verdadero, meditémoslas, contemplémoslas cada día por amor suyo, evitando todo deleite ilícito, toda ociosidad | perniciosa, toda arrogancia y toda obra mala, amando y abraçando trabajos, penitencias y exercicios humildes, porque cuando venga a juzgar, si no hallare en nosotros su marca y su librea, no nos diga: «En verdad que no os conozco; apartaos de Mí todos los que os exercitáis en pecados». Y por dezirlo de presto, Nuestro Dios y Señor murió y resuscitó por nosotros; conviene que con Él muramos en humildad, para resuscitar con Él en Gloria. Lo dicho es de Marulo, libro segundo.

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Homero, príncipe de la poesía griega y filósofo excelentíssimo, estando cerca del mar, propusiéronle unos pescadores cierta cuestión de bien poco momento, porque, teniendo armadas sus redes entre tanto limpiavan sus vestidos de lo que a gente pobre suele hazer guerra, y echávanlos por el campo a sus aventuras, Homero era ciego, no vido lo que hazían, aunque entendió que eran pescadores. Ellos, que le conocieron por sabio, preguntáronle que cómo se compadecía que soltassen a los que no prendían y matassen a los que prendían. Homero se assestó en una piedra junto al mar, y estuvo meditando consigo aquella cuestión, y ora fuesse por la grande fuerça que puso con su entendimiento por enten- derla, | o dolor grande por no entenderla, elevado en aquel pensamiento y contemplación se quedó muerto. Dízelo Sabélico, libro segundo.
[2] Epiménides Cretense estuvo cincuenta y siete años escondido, y ay dificultad si fue que dormía o que contemplava. Y ay más probabilidad que fue contemplación que sueño, pues salió de allí sapientíssimo, y durmiendo nadie se haze sabio. Es de Sabélico, libro segundo.
[3] Pitágoras Samio estuvo un año en una cueva sin ver luz, puesto en contemplación. Y porque a Demócrito Abderites, también para contemplar, le parecía ser estorvo la vista, se sacó los ojos. Dízelo Sabélico, libro segundo.
Fin del Dicurso de Contemplación. |

DISCURSO VIGÉSIMO. DE CONTINENCIA

En el capítulo nono del Libro de Daniel se dize que, estando la muy honesta Susana en un vergel de su casa junto a un estanque de agua, despi- dió | ciertas criadas suyas porque quiso vañarse, y al punto que ellas se fueron vinieron dos viejos que la molestaron y pusieron en punto de perder honra y vida si no la librara Daniel. Y figura Susana a la alma, que despide de sí las virtudes de que solía preciarse siendo continente y quiere darse a regalos, que vienen luego /(111v)/ los dos viejos, el demonio y el mundo, a viciarla. Y si no da vozes por la Confessión, de modo que Daniel, esto es, Cristo Salvador, la libre, tiene trabajo grande y veráse en punto de perderse. De la Continencia ha de tratar el presente Discurso.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Todo el tiempo que nuestros Primeros Padres, Adam y Eva, estuvieron en el Paraíso Terreño fueron continentes, y en saliendo de allí, dize la Escritura Divina en el capítulo cuarto del Génesis, que Adam conoció a su muger, esto es, que se conocieron como marido y muger. Y assí la continencia es fruta del Paraíso y la incontinencia de la tierra.
[2] Universalmente era estimada y tenida en mucho acerca de los antiguos la virtud de continencia. Y es prueva desta la casa de Jacob Patriarca, porque él vivió continente hasta la edad de setenta años y más, que se casó con las dos hermanas Lía y Raquel, que desta edad dize Santo Tomás sobre el capítulo veinte y nueve del Génesis, que era Jacob a esta sazón, y colígese de la misma Escritura Sagrada. Sus hijos del mismo Jacob, viendo deshonrada su hermana Dina por el hijo del rey de Siquem, no sólo por vengar a la hermana, sino por aborrecer el vicio de incontinencia, entraron con mano armada en la ciudad y mataron a padre y a hijo, y a todos los varones que hallaron en ella. Y Judas, uno de los hijos de Jacob, con ser él incontinente y aver tratado con Tamar, su nuera, deshonestamente, no conociéndola, después, sabiendo que estava preñada, ignorando que tenía él parte en su | preñez, la mandava quemar. Como parece en el Génesis, capítulo treinta y cuatro, y treinta y ocho.
[2] Después que los hebreos, capitaneándolos Moisés, vencieron a Balac, rey de Madián y de Moab, mandó a Finees que entrasse con mucha gente en aquel estado y señorío, y apoderándose de las mugeres, perdonasse las vidas a las donzellas, trayéndolas captivas y atadas; las que no lo eran passasse a cuchillo. Y assí lo hizo. El número de las que murieron no se dize, el de las donzellas fue treinta y dos mil, como parece en el capítulo treinta y uno de los Números.
[3] Eliseo, profeta y uno de los que en la Vieja Ley guardó continencia (que por esta virtud que tuvieron él y su maestro Elías dizen algunos santos Doctores que les concedió Dios gracia de resuscitar muertos, como los resuscitaron), estando en casa de la Suña Mitide, huéspeda suya, era tan recatado que si la avía de hablar no era rostro a rostro, sino que le embiava los recaudos con un criado suyo, evitando su habla y conversación, que es proprio de continentes. Y refiérese en el capítulo cuarto del Cuarto libro de los Reyes.
[4] Muerto su marido de la valerosa matrona Judit, aunque quedó moça, hermosa y muy rica, siempre guardó continencia. Y para salir con esta empresa ilustre, señala la Escritura en el capítulo octavo de su Libro que se estava encerrada en su casa con sus donzellas y criadas, usava de un cilicio y ayunava todos los días excepto los festivales.
Lo dicho es de las Divinas Letras. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]



[1] San Gerónimo da firmado de su nombre un hecho digno de eterna memoria de continencia, y fue que imperando Valeriano y persiguiendo sus prefectos y juezes a los cristianos, considerando uno dellos en cierto monge de Egipto, moço que mostrava grande honestidad, quiso atropellar en él esta virtud, y que siendo incontinente, por el mismo caso pensava que le tendría bien dispuesto para | lo que él pretendía, que era hazerle negar la Fe. Mandóle poner en un huerto de muchas frescuras y flores, en una blanda y regalada cama, desnudo, aunque ligado de manera que no era señor de su cuerpo. Hizo venir allí una muger deshonesta, hermosa y halagüeña, para que le provocase a deshonestidad. La cual grangeada con promessas y incitada de su vana presumpción de querer salir con su inten- to, /(112r)/ hizo todo lo que pudo y supo, assí de caricias, palabras blandas, fingimientos y acometimientos. Lo cual todo era al valiente soldado de Cristo no pérdida sino ganancia, porque salía dello con victoria. Aunque considerando que el combate iva adelante y se temía algún peligro, por la porfía y tesón que aquella infernal muger hazía para que su cuerpo contra su querer y gana se rebelasse, mostrándose furioso y mal enfrenado, con los dientes se cortó la lengua, y embuelta en su sangre dio a la deshonesta muger con ella en el rostro. Y fue pelota de arcabuz arrojada con fuego del Cielo, porque casi muerta de espanto de tan estraño caso, la muger se apartó dél y se fue confusa y avergonçada, y él quedó con su cuerpo tan domado y subjeto como aquel que se vido hazer guerra a sangre y fuego de su proprio señor y dueño. Refiere a San Gerónimo Fulgoso, libro cuarto.
[2] Aunque no se alaba ni se deve imitar la obra, mas es de tener y estimar el intento de continente que tuvo Orígenes. El cual, sin las continuas vigilias, ayunos, calores y fríos que padecía, el andar los pies descalços, con sola una vestidura, sin comer carne ni bever vino, viviendo en voluntaria pobreza, no se contentó de conservar su cuerpo libre de toda inmundicia carnal, sino que por librarse aun de la sospecha de incontinente, y que su fama estuviesse tan libre como el cuerpo de toda mácula y vicio, hizo una cosa que fue pecado el hazerla, mas el zelo con que la hizo se alaba, y fue que por sí mismo, padeciendo dolor y derramando sangre, apartó de sí el instrumento con que podía ser torpe. Dízelo Eusebio en su Historia Eclesiástica.
[3] Anastasia Constantinopolitana, siendo perseguida de la emperatriz Teodora, muger de Justiniano, por saber que su marido la amava perdidamente, y tratándola un día mal de palabra para que se entendiesse que no consentía con él en sus desseos, fuese a Alexandría y encerróse en un monasterio de monjas. Donde, passando /(112r)/ algún tiempo, siendo cierta de la muerte de la emperatriz, y sabiendo que el emperador, libre della, la buscava y para hallarla hazía grandes diligencias, temiendo de venir a sus manos y que violaría su honestidad, salió de aquel monasterio y en hábito de hombre, llamándose Anastasio, se fue a un desierto apartado de Egipto, donde vivió con vida de grande aspereza, teniendo por mejor estar allí conservando su castidad, que ser servida en estado de emperatriz, perdiéndola. Refiérelo Fulgoso, libro sexto.
[4] Cerca de la ciudad de Colonia, ribera del Rhin, está un pueblo llamado Nusia, y dél fue natural Hildegunda, la cual en el año del Señor de mil y ciento y ochenta y ocho, en hábito de varón tomó el de monge en un monasterio cerca de Vuormacia, llamándose Josef, viviendo en singular continencia entre varones, hasta el día en que murió, que lavando su cuerpo para amortajarle, se conoció la verdad, y fue grande la admiración de los que la avían conversado primero. Dízelo Fulgoso, libro cuarto.
[5] Desseava San Bernardo que cierta persona eclesiástica dexasse algunas libiandades en que andava, y érale dificultoso por la costumbre que desto tenía. Hablóle una vez y rogóle que ya que no quería hazer paz con Dios, que hiziesse treguas. Quiso saber qué treguas eran éstas, y declaróselo, diziendo:

-Que por tres días os apartéis de toda ofensa de Dios, por su amor.

Hízolo assí, y, cumplidos, tornó a dezirle:

-Otros tres os avéis de abstener por amor de la Sagrada Virgen, su Madre.

Obligóse a ello y cumpliólo. Bolvió al santo y alabándole lo hecho, añadió:

-Pues por amor de los Apóstoles, otros tres días también os apartaréis de pecar.

Sí haré, respondió el penitente. El santo, cumplido aquel término, le pidió otros tres días por amor de los mártires, y, cumplidos, pidió de nuevo otros tres por amor de las vírgines y tres otros por respecto de los ángeles. Hecho esto todo, dixo San Bernar- do /(112v)/ al penitente:

-Pues, ¿cómo os va? ¿Queréis romper la tregua con Dios?

-No -respondió él-, sino que la tregua se torne paz perpetua, porque ya no me es dificultoso el abstenerme de pecar con el hábito y costumbre que tengo en contrario.

Y assí acabó bien su vida. Lo dicho es del Promptuario de exemplos.


[6] Francisco Esforcia, duque de Milán y príncipe ilustríssimo, siendo primero que viniesse a este estado capitán de los florentinos y ganando un pueblo llamado Casanova, ciertos soldados llevavan captiva una donzella hermosíssima, la cual dava vozes que la llevassen al capitán general. Lleváronsela, y estando en su presencia, preguntóle qué pretendía dél. Ella dixo que se entregaría a su voluntad con que la librasse de aquellos soldados. Viéndola que era hermosa, de poca edad, y que de su gana se le ofrecía, parecióle a Francisco baxeza en ley de mundo (aunque en la de Dios fuera grandeza) el no gozarla, y assí dio orden cómo tenerla consigo aquella noche. La afligida donzella se vido en el aposento y cama del Esforcia y que venía ya él a apoderarse de los despojos de su honra y honestidad. Miró quién podría valerla, y, levantando los ojos, púsolos en una imagen de la Madre de Dios que estava colgada en una pared, siendo el duque muy devoto desta Señora, y siempre la honró y tuvo en mucho. Vista la imagen por la afligida moça, arrasáronsele los ojos de agua, encomendó a ella su limpieza, y, tomando ánimo, arrodillóse delante del Esforcia y díxole:

-Por aquella Señora que parió a Dios te pido, cavallero, que no me deshonres. Infórmate de quién yo he sido y verás que siempre me precié de muy honesta. Haz servicio a la Virgen y da ocasión que en todo el mundo se publique esta hazaña, junto con que evitarás una ofensa de Dios muy grande, pues soy donzella y desposada, que guardando mi honestidad me restituyas a mi esposo, que está captivo en poder de tu gente.



Quedó destas razones Francisco atajado y confuso, y sin ser parte la vista de | aquella hermosa donzella, estar desnuda en su proprio lecho, que la tenía ganada en buena guerra y ella se le avía primero ofrecido, vencido de la virtud de continencia, fuese del aposento y dexóla libre aquella noche. Venida la mañana, buscado y hallado el esposo, se la restituyó, jurándole que se la bolvía de la manera que a su poder avía venido, sin tocarla, exemplo raro de continencia. Escrívelo Fulgoso, libro cuarto.
[7] Don Gonçalo Fernández de Córdova, llamado el Gran Capitán, tiene buena parte en este Discurso de Continencia. Porque aviendo ganado el reino de Nápoles para los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, y governándole en su nombre, un día vino a él cierto hombre de edad y díxole que era natural de Nápoles y noble, que por las guerras sucedidas en aquel reino avía perdido su hazienda y que padecía grave necessidad, sin tener orden cómo remediarse, aunque era verdad que tenía dos hijas donzellas, de las más hermosas y honestas de aquella ciudad; donde considerado el valor de su excelencia, se avía determinado de ofrecerle una, la que mejor le pareciesse, con que fuesse servido de remediarle, y con esto derribó de sus ojos algunas gruessas lágrimas que le dexaron bañadas sus blancas barbas. El Gran Capitán, oyendo y viendo esto, se enterneció grandemente y propuso en sí de remediar aquella necessidad sin ofender a Dios. Díxole que le agradecía el ofrecimiento y que le aceptava. Preguntóle dónde vivía, y sabido, mandóle que hiziesse ir a sus hijas a la iglesia más cercana a Missa un día de fiesta, y que él iría allá y vería cuál tenía de escoger. Diole cuantidad de dineros y fuese con algún consuelo a su casa. Venida la fiesta, el Gran Capitán llamó algunos cavalleros napolitanos, y con ellos fue a la iglesia señalada, donde las donzellas estavan, y acabada la Missa, aviéndolas visto y parecídole muy hermosas, como ellas lo eran, preguntó a los cavalleros que llevava consigo, disimuladamente, si conocían a aquellas dos /(113r)/ damas. Respondiéronle que sí. Encargóles que le dixessen la opinión que dellas tenían. Afirmaron todos que las tenían por de buena fama, honestas y recogidas. Holgó de oír esto el Gran Capitán, y el mismo día fue a una fortaleza donde estavan presos dos cavalleros ricos de patrimonio, aunque por aver seguido la parte de Francia contra los Reyes Católicos estavan sus haziendas confiscadas y ellos en peligro de muerte. Tuvo con ellos algunas razones en que mostró querelos embiar a España con que los atemorizó grandemente, porque los ponía en peligro de perder las vidas. Pidiéronle con lágimas escusasse aquella ida. Él les dixo que no sólo la escusaría, mas que les daría libertad y restituiría sus haziendas con que hiziessen una cosa de gusto, y era que se casassen con aquellas dos donzellas pobres. Oyéronlo ellos con excessivo gozo y aceptáronlo muy de voluntad, porque conocían la nobleza del padre, la honestidad y hermosura de ambas. El Gran Capitán les dio libertad y restituyó sus patrimonios y ellos celebraron los casamientos. Y aunque fue oculto al principio este caso, por lo cual se calla en la Historia que deste famoso capitán se publicó, mas después de su muerte criados suyos fidedignos dieron dello noticia. |
[8] Luchino Vivaldo, genovés moço y muy rico, amava grandemente a una muger casada de la misma ciudad de Génova. La cual, por ser muy honesta, siempre resistió a sus importunos ruegos, aunque él no se cansava. Sucedió que el marido desta muger en una batalla nabal fue preso y llevado a Sardinia. Quedó ella pobre y sin amparo, faltándole la comida para sí y para algunos hijos pequeños que tenía. Forçada de necessidad, acordándose del amor que Luchino le avía mostrado, embió a llamarle, y él fue muy gozoso, pareciéndole que tenía hecho su negocio. La muger, viéndole, se le arrodilló a sus pies y derramando lágrimas le dixo que su intento avía sido siempre de guardarse a su marido, mas que la necessidad y el ver perecer de hambre a sus pequeños hijos la forçava a entregarse a su piedad y misericordia. Oyendo Luchino estas razones, teniéndole lástima y compassión, trocó el amor en virtud de continencia y sin tocar a su mano, bolvió a su casa. Dio cuenta a su propria muger de aquel caso y por orden que ella dio, para más guardar la fama de la otra, se le embió dinero y lo necessario a la vida, sin que más viniesse en él otro pensamiento que de tenerla por hermana. Dízelo Fulgoso, libro cuarto. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Vido en Efeso Antíoco, rey de Siria, una donzella hermosíssima, sacerdotisa de Diana, y, sintiéndose llagado de su hermosura, aunque le importava estar en aquella ciudad, salió della huyendo y usó de un prudentíssimo consejo por no cometer un detestable incesto según su religión, siendo verdad que semejante enemigo con dificultad se vence si no es huyendo. Es de Fulgoso, libro cuarto.
[2] La continencia de Xenócrates Filósofo fue probada a prueva de arcabuz, porque, haziéndose a una cierta ramera hermosa y halagüeña llamada Frine con unos moços, que para encubrir sus va- nidades | desseavan que el filósofo Xenócrates fuesse notado del vicio en que ellos lo eran, fue de suerte que señalaron precio valioso que ganasse en caso que le venciesse y hiziesse perder la castidad, y no saliendo con ello, avía ella de pagar cierta pena. Vídose con él una noche, no le fue a la mano Xenócrates a que hiziesse lo que quisiesse. Hizo todo lo que pudo y supo, y más que la enseñó el demonio, y nada fue parte para que el filósofo no quedasse con la palma y ella con la afrenta. Pedíanle el precio de la apuesta los moços, pues ella confesava su vencimiento, y respondió ella donosamente:

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