De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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-La /(113v)/ apuesta fue con hombre y no con estatua de piedra.

Es de Valerio Máximo, libro cuarto.
[3] Diéronle cuenta a Alexandre de la vida de Diógenes, filósofo cínico, cómo vivía pobre y menospreciava todo lo que el mundo precia y estima. Fue a verle, comunicó con él algunas cosas y agradado de su forma de proceder, díxole que mirasse lo que dél quería, que en todo haría su voluntad, ofreciéndole oro y plata. Diógenes respondió:

-De lo de adelante no hablo; ahora querría que te me quitasses de delante, porque me estorvas que el sol no me caliente con sus rayos.

Al mismo, estando en Siracusa lavando unas lechugas para comer, díxole Aristipo Filósofo:

-Si quisiesses lisongear al rey Dionisio no comerías assí.

Respondió él:

-Si tú te contentaras con comer assí, no servirías de lisonjero a esse tirano.

Dízelo Valerio Máximo, libro cuarto.
[4] Sócrates Filósofo en toda su vida fue visto reír ni llorar. Siempre mostró una misma compostura de rostro. Y es mucho de considerar que ni al tiempo que se casó mostrasse alegría, ni el día que bevió la ponçoña condenado por los atenienses a muerte mostró tristeza. Y es más de admirar que no le perturbasse la condición de la muger, áspera y insufrible, ni los hijos que tuvo, faltos de juizio y entendimiento, siendo la causa que parecían más a la madre, que era atronada, que al padre filósofo, porque en su compostura puso ella más parte, siendo fuerte y robusta, que no él, que por los estudios estava flaco y debilitado. Y esta es razón precisa porque los padres sabios engendran hijos necios. Nada desto perturbó a Sócrates para mudar su rostro, sino que todo fue prueva de su continencia. Es de Sabélico, libro cuarto.
[5] Viéndose Pirro, rey de los epirotas, mal quebrantado de los romanos, aviendo passado en Italia para les hazer guerra, quiso su amistad, y para esto embió embaxadores a Roma, con muchos y muy ricos dones, que repartiessen entre hom- bres | y mugeres principales. Y averiguóse por cosa cierta que ninguna puerta les fue abierta para recebir los dones, y fue insigne exemplo de continencia. Dízelo Valerio Máximo, libro cuarto.
[6] Alexandre embió a Foción Ateniense cien talentos de oro. Él preguntó al que le traía el presente si sabía la causa por que su rey se le embiava. Respondió que por juzgar dél que era el hombre más bueno y justo que tenía Atenas. Replicó Foción:

-Pues para que yo sea tal cual Alexandre vuestro rey me juzga, conviene que le bolváis los talentos, que yo no los quiero.

Después desto embióle Antípatro con Menilo, prefecto de Atenas, otra buena suma de moneda, y, sin recebirlo, respondió:

-Como Antípatro no sea mejor que Alexandre, ni la causa en él para dar sea más justa y precisa, no ay para qué se presuma que tengo de recebirlos.

Replicó Menilo:

-Ya que tú no lo quieres recebir, da este gusto a Antípatro, mi señor: que des licencia a tu hijo que lo reciba.

Respondió el viejo:

-Si el hijo pareciere a su padre en las costumbres, no tendrá necessidad de semejantes dones. Y si no le pareciere, ni essos ni otros le bastarán.

De aquí vino a dezir, y no sin causa, el Antípatro, que tenía dos amigos en Atenas: el uno era Demades, al cual nunca vido harto de su dinero, el otro Foción, a quien no pudo vencer que con la mano le tocasse. Dízelo Fulgoso, libro cuarto.
[7] Embió el rey Artaxerxes a Epaminunda Tebano, desseándole tener por amigo, grande suma de dinero. Era el portador Diomedonte, el cual con algunos rodeos declaró a lo que venía. Epaminunda le dio respuesta:

-Si vuestro rey pidiere a Tebas lo que es justo, sin dinero lo alcançará, y yo le serviré lo possible; y si lo injusto, con todo el oro del mundo ni me tendrá a mí de su parte, y mucho menos a Tebas.



Vista su determinación por Diomedonte, pidióle gente que le acompañasse hasta bolver a su señor, y el tebano se la dio, porque no le fues- se /(114r)/ robado el dinero y se diesse sospecha que a él cupo alguna parte. Es de Fulgoso, libro cuarto.
[8] Virgíneo, patricio romano, porque su casa fuesse libre de infamia, no perdonó a su propia hija. Pretendió averla Apio Claudio, uno de los diez varones que regían a Roma un tiempo, confiado en su mando y señorío; aviendo impuesto a un perverso y falso hombre que dixesse que era su esclava, probándolo con testigos falsos, siendo él el juez y sentenciándola por esclava, después se la entregaría. Entendida la maraña por Virgíneo, y no hallando otro medio para estorvar el daño, teniendo en público su hija, que era hermosíssima, y refiriendo el caso conforme a lo que era verdad, él proprio la mató. Dízelo Valerio Máximo, libro sexto, y pónese este exemplo por la incontinencia de Apio.
[9] Trebonio, mancebo hermosíssimo, siendo solicitado para mal de Cayo Lucio, pariente del cónsul Mario, y no pudiéndose de otra manera librar dél, le quitó a hierro la vida, teniendo por mejor con aquel medio, aunque perdiesse la suya propria (que bien tenía entendido que Mario le quitaría), librar su cuerpo de crimen nefando. Súpolo Mario, y cierto del caso, no solamente perdonó al moço la muerte del pariente, sino que en público le loó y hizo poner una corona en su cabeça en señal de victoria. Dízelo Sabélico, libro quinto, refiriendo a Plutarco en sus Apophthegmas. Y él mismo afirma de Dario Peripolta, moço de grande belleza, que, viéndose por la misma ocasión perseguido de un prefecto romano en Querona, hízose de concierto con otros de su edad, y tiznándose los rostros con hollín, tomando armas en sus manos, llegaron de tropel a la plaça donde estava sacrificando el prefecto, y diéronle tantas heridas que quedó muerto.
[10] Cayo Apio Silvano, varón noble, como fuesse requerido de amor deshonesto por Mesalina, muger del emperador Claudio, y no queriendo consentir en el desseo | libidinoso de la adúltera, quexóse dél al marido, que la avía solicitado, por lo cual fue preso y muerto. Dízelo Xifilino en la Vida de Claudio.
[11] Monima Milesia, hermosíssima donzella, y tan casta cuanto hermosa, aunque de baxo linaje, procurando el rey de Armenia Mitrídates casar con ella, ofrecióle todo lo que él era y podía ser, y fue de ningún momento, porque todo lo menospreció. Y assí hizo guerra, y salió con victoria de dos enemigos, Avaricia y Venus, los cuales no sólo los pechos de mugeres flacas acometen y vencen, sino de varones y aun de filósofos, y passa adelante su vigor y fuerça, que a los mismos reinos derriban y destruyen. Dízelo Fulgoso, libro cuarto.
[12] Zenobia, reina de los Palmirenos, era tan continente y honesta, que ni con su proprio marido, el rey, tratava segunda vez, sino en caso que estuviesse cierta no aver concebido en el passado trato. Muerto el marido, quedó a ella el govierno del reino, y fue todo reboltoso y lleno de guerras. Y con andar siempre entre soldados y capitanes, vivió de suerte que de todos fue encarecida su honestidad. Refiérelo Fulgoso, libro cuarto.
[13] Dixéronle a Hierón Siracusano que le olía mal la boca. Él, tratándolo con su muger, se quexó della por no averle avisado que se recatara estando en conversaciones de amigos para no llegarse cerca dellos. Ella respondió que era pensamiento suyo de que a todos los hombres les olía assí. Y fue testimonio de su recato y honestidad, pues nunca se vido en ocasión de acercarse tanto a algún hombre, que le sacara desta ignorancia. La misma respuesta dio Vilia a Duelio, su marido, que fue el primero que triumfó en Roma por aver vencido batalla naval. Es de Fulgoso, libro cuarto.
[14] Totila, rey de los ostrogodos, tomando por fuerça de armas la ciudad de Cumas en Italia, aunque de ánimo feroz y bárbaro, mostróse continente en que muchas mugeres nobles romanas que fueron captivas en el saco, las embió libres a /(114v)/ sus parientes, guardándoles ente ramente su honra y honestidad. Dízelo Fulgoso, libro cuarto.
[15] Valerio Máximo loa mucho la continencia de Druso Germánico, del linage de Augusto César, que no conoció en su vida otra muger que la propria. Y más es de loar el emperador Henrique primero que, casado con Cunegunde, ambos moços príncipes, nacidos y criados en Alemania, tierra fría, lo cual todo era contrario al hecho que hizieron, y fue que guardaron virginidad. Esto refiere Fulgoso, y dize que en su tiempo estavan otros dos casados nobles y ricos, y viviendo en una casa, y comiendo a una mesa, y durmiendo en una cama, por diez y ocho años guardaron continencia. Otros muchos exemplos semejantes se pusieron en el Discurso de Castidad.
[16] Estando con su exército el gran Tamorlán en tierra de Siria, fuele dicho que cierto labrador avía hallado arando una basija grande o tinaja de monedas de oro, y lisonjeávanle diziendo que por ser señor de la tierra le pertenecía a él aquel tesoro. Mandó llamar al labrador, y venido que fue, tomó las monedas y dixo a otros de los que estavan presentes que mirassen si estava en ellas su figura o la de su padre. Dixéronle que no, sino de emperadores romanos. Replicó el Tamorlán:

-Si esta moneda ni es mía, ni fue de mis mayores, dexémossela a quien Dios la descubrió.



Fue acto de continencia. Dízelo Fulgoso, libro cuarto.
[17] Veinte y cuatro años tenía de edad Escipión cuando por fuerça de armas ganó a Cartagena en España, que estava en poder de africanos, los cuales tenían en rehenes muchos moços y donzellas, hijos de principales hombres de España, con que los forçava a que les fuessen subjetos y siguiessen sus partes, contra los romanos. Estava pues entre estas donzellas una de increíble hermosura, de ilustre linaje y prometida por esposa a Indibile, mancebo de grandes prendas y no menores esperanças, español. Visto y considerado todo esto por Escipión, llamó a los padres | y esposo de la donzella, y entregósela. Eran ricos los padres y, queriendo mostrarse agradecidos, truxeron a Escipión una grande cuantía de moneda. Diolo en nombre de dote al esposo Indibile, con que acabó de robar las voluntades a toda aquella gente, para que siguiessen su nombre y apellido, como lo hizieron. Dízelo Valerio Máximo, libro cuarto.
[18] Vinieron embaxadores de los samites a Marco Curio, famoso capitán romano, y halláronle cenando en un escaño de madera, junto a un brasero pequeño con lumbre. La cena era tan pobre que los embaxadores se miravan unos a otros y avergonçavan de aver venido con tanto aparato a tanta miseria, aunque por cumplir con su legacía habláronle de parte de su Senado, y dávanle una suma grande de moneda. Él los oyó, y, al cabo, con un sonriso les dixo que en su cena avrían visto lo poco que se le dava de mucho dinero, que se lo bolviessen, y que él no quería ser rico, aunque se preciava de mandar y tener señorío sobre ricos y poderosos. Que entendiessen dél que ni en el campo se dexaría vencer por armas, ni en casa por dinero. Fue exemplo notable de continencia. Dízelo Valerio Máximo, libro cuarto.
[19] Los mismos samites embiaron a Fabricio Lucino, que era su protector en Roma, grande suma de plata y algunos esclavos. No quiso recebirlo, diziendo que sin dinero era rico, y sin familia se tenía por bien acompañado, y que la verdadera riqueza consistía, no en poseer mucho, sino en dessear poco. Es de Valerio Máximo, libro cuarto.
[20] Cayo Mario y Lucio Cina levantaron grande persecución en Roma contra mucha gente noble. Mataron a unos, desterraron a otros y echaron vando que fuessen sus haziendas de los que primero se apoderassen dellas. Y con ser esta licencia bien recebida de gente pobre, no se halló persona que quisiesse aprovecharse de cosa alguna de los encartados. Y esta misericordia del pueblo fue /(115r)/ afrentosa a los autores de aquella crueldad. Dízelo Valerio Máximo, libro cuarto.
[21] Cayo Marcio, mancebo romano, por aver hecho en servicio de su república hazañas maravillosas, quiso premiarle Cominio Cónsul, y aviendo en una elegante oración recitado muchos de sus claros hechos, señalóle cien jugadas de tierra, diez captivos escogidos y otros tantos cavallos aderezados, cien bueyes, y de plata cuanta pudiese llevar un peso. Él no quiso aceptar sino un captivo que fue su hués- ped, | y un cavallo con que entrar en las batallas. Refiérelo Valerio Máximo, libro cuarto.

[22] Bolvió Paulo Emilio con los despojos del rey Perseo, aviéndole vencido, a Roma, y enriqueció la ciudad y vezinos della, de manera que ya no se hallava pobre ni persona necessitada; mas para sí ninguna cosa quiso, pareciéndole que de aquella victoria otros sacassen provecho y él, honra. Afírmalo Valerio Máximo, libro cuarto.


Fin del Discurso de Continencia. |

DISCURSO VIGÉSIMO PRIMO. DE CRUELDAD

Sobre el capítulo cuarto del Libro de Daniel, dize Pedro Coméstor en su Historia Escolástica que en siete años que anduvo Nabucodonosor en figura de bestia por los campos, tuvo el reino Evilmerodac, hijo suyo, y en su govierno hizo algunas cosas mal hechas, por lo cual, tornando el padre al reino, le puso en una cárcel, queriendo castigarle. Mas, porque murió desde a pocos días y reinando el Evilmerodac, acordándose que su padre bolvió a tener el reino después de siete años que anduvo perdido y sin que dél se supiesse, y le quitó el reino y puso en prisión, temiendo no bolviesse de muerte a vida y se le quitasse otra vez, hizo que le buscassen trecientos buitres, y partiendo en otras tantas partes el cuerpo de su padre, dio a cada buitre al suya, y soltólos por contrarias partes, asegurándose con esto que no tornaría a vivir. Fue este hecho crudelíssimo, por serlo más tratar mal a un cuerpo muerto que a otro vivo, y quiere dar a entender esto la Iglesia en el Himno de la Cruz, que llama dulces a los clavos y cruel a la lança, porque la lança hirió al cuerpo de Nuestro Redemptor estando muerto, y los clavos le hirieron te- niendo | vida, y es mayor crueldad aquélla que ésta. Y por lo mismo en este Discurso de Crueldad, para entrar en él, començé por ésta que hizo este cruel hijo contra su padre muerto.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Tomando la possessión de la Tierra Prometida a los hebreos, llegaron al reino de Adonibezer. Ganáronsele, huyó él, y, siguiéndoles, fue preso y cortáronle las manos y pies. Él dixo que era aquél justo juizio de Dios, porque tenía dentro de su casa setenta reyes captivos, a los cuales avía cortado las manos y pies, y les dava a comer de lo que a él le sobrava. Lleváronle a Jerusalem, y allí murió. Refiérese en el Libro de los Juezes, capítulo primero.
[3] Abimelec, hijo de Gedeón, apoderándose del señorío y mando del pueblo hebreo, para asegurarse en él, mató sobre una piedra setenta hermanos suyos, y él fue muerto de una pedrada que le arrojó cierta muger desde una torre que estava él combatiendo. Es del capítulo nono de los Juezes.
[4] Después de aver recebido Saúl muchos servicios y buenas obras de David, procuróle la muerte. Y cierto de que le avía dado Achimelec Sacerdote los panes que se ofrecían en el templo para comer él y los soldados que le acompañavan, mandóle matar, y a ochenta y cinco ministros de Dios, vestidos con vestiduras sagradas, y destruyó la /(115v)/ ciudad de Nobe, que era morada de sacerdotes, sin perdonar muger, ni niños, ni jumentos. Por lo cual mereció que en una batalla fuesse vencido y quedasse malherido, y fuesse él mismo de sí homicida. Es del Primero de los Reyes, capítulo veinte y dos.
[5] Tanto es el horror de derramar sangre humana, que siendo David grande siervo de Dios y echo al talle de su coraçón, no quiso que le edificasse templo sino su hijo Salomón, y assí se lo dixo el mismo Dios, como parece en el Segundo del Paralipomenon , capítulo veinte y ocho: «No quiero -dize- que edifiques casa y templo a mi nombre, porque te has hallado en diversas batallas y derramado mucha sangre».
[6] Joab fue valiente soldado y excelente capitán, y fiel a David, su señor. Lo cual todo lo manchó por dos muertes crueles que hizo en Abner y Amasa, y por ellas le hizo matar Salomón, como parece en el Tercero de los Reyes, capítulo segundo.
[7] El rey Joás hizo apedrear a Zacarías Sacerdote, hijo de Joyada, aviéndole librado el padre de Atalia Reina, que le procuró la muerte y se la dio a otros hermanos suyos, mas llevó el castigo por orden del Cielo, muriendo presto mala muerte. Y es del Primero del Paralipomenon, capítulo veinte y cuatro.
[8] Jezabel, muger del rey Acab, con testigos falsos dio la muerte a Nabot, siervo de Dios, por quitarle una viña de que se aficionó el rey, su marido. Ella vino a ser comida de perros. Y es del Tercero de los Reyes, capítulo veinte y uno.

[9] Manases, rey de Judá, hizo grandes crueldades. Aserró por medio al profeta Isaías y quitó las vidas a tanta gente inocente, que las calles de Jerusalem corrían sangre. Fue preso y llevado captivo en poder de idólatras. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo veinte y uno.


[10] Senaquerib, a la buelta que bolvió a su reino, destrozado su exército y muertos ciento y ochenta y cinco mil hombres de su campo por un ángel, en castigo de cierta blasfemia que dixo, hizo cruelmente | matar en su tierra muchos judíos que residían en ella, y él fue muerto a puñaladas por sus hijos. Es del Libro de Tobías, capítulo primero.
[11] Procuró Amán la muerte de Mardoqueo y de otros hebreos que estavan sin culpa, y fue él ahorcado y muchos millares de gentiles muertos a cuchillo. Es del Libro de Ester, capítulo tercero.
[12] Apoderóse Antíoco Epifanes de Jerusalem, y en tres días fueron muertos ochenta mil hombres y cuarenta mil hechos esclavos, y él vino a morir mala muerte. Es del Primero de los Macabeos, capítulo primero.
[13] Prendió con engaño Trifón a Jonatás, hermano de Judas Macabeo. Pidió por su rescate cien talentos de plata y dos hijos suyos, y aviéndosele entregado, mató al padre y a los hijos. Mas él no quedó sin castigo. Es del Primero de los Macabeos, capítulo treze.
[14] En las guerras que truxeron los reyes de Siria con los hebreos en tiempo de Judas Macabeo, los que murieron de ambas partes -como parece en su Segundo Libro, capítulo quinze- hazen suma de dozientos y treinta y seis mil y setecientos hombres, sin los que quedaron muertos en la última batalla, donde murió el mismo Macabeo Judas, que también fueron muchos, sin que se declare el número. Y por ser los reyes de Siria ocasión de tanto derramamiento de sangre y crueldad, todos acabaron mal.
[15] Viéndose Herodes burlado de los Magos, que creyó bolvieran a avisarle del nacimiento de Cristo, airándose, hizo matar los niños menores de dos años de Betleem y su comarca. Otro Herodes, que fue Tetrarca, hizo degollar al precursor San Juan Baptista porque le reprehendía su adulterio. Otro tercero Herodes, llamado Agripa, hizo degollar a Santiago el Mayor y prender a San Pedro. Todos fueron crueles y todos pararon en mal. Es de San Mateo, capítulo segundo, de San Marcos, capítulo sexto, y del Libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo doze.
Coligióse lo dicho de la Sagrada Escritura. /(116r)/
[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Simeón Metafraste, en la Vida del santo mártir Procopio, llamado primero Neanías, dize que en Jerusalem, teniendo el imperio de Roma Diocleciano, se usava una impía y muy cruel costumbre, y era que de todas las ciudades de Palestina davan cierto número de donzellas a los agarenos, vezinos suyos idólatras, porque no los molestassen ni hiziessen guerra. Y aunque se casavan con ellas, era con dolor grande y pesadumbre de sus padres. Vinieron por ellas estando en Jerusalem Neanías Procopio, que era valeroso por su persona, y los vezinos le rogaron que los defendiesse de aquellos bárbaros. Él aceptó la defensa, apercibió algunos soldados llevando una cruz delante y mató seis mil de los enemigos, haziendo huir a los demás, sin que de los que ivan con él muriesse alguno ni fuesse herido. Refiérelos Surio, tomo cuarto.


[2] Estando el emperador Maximiano en la ciudad de Apamea, metrópoli de Siria, fue acusado Mauricio, capitán de singular esfuerço, con setenta soldados que traía consigo, de que no adoravan ídolos. Y aviéndolos mandado venir a su presencia y hecho padecer algunos rigurosos tormentos, y viéndolos constantes en la fe, buscando invenciones de nuevos martirios que darles a esperimentar, cierto miembro de Satanás descubrió un nuevo modo de atormentar, que todo el Infierno junto no bastara a inventar otro más cruel. Y assí dixo:

-El mes presente de julio es de excessivo calor. Fuera desta ciudad, a la parte de occidente, está un lago entre dos ríos, y junto a él un campo llano en que nace mucho heno y se llama Roga. Críanse allí muchas abexas, tabanos y otros semejantes animales, de suerte que nadie puede passar siendo día claro por todo aquel contorno sin grave daño. Pónganse estos valientes hombres en aquel lugar, atados en palos, desnudos y untados con miel, lo cual se puede hazer antes que salga el sol, y déxenlos allí, que ellos sentirán el mayor tor- mento | que puede imaginarse. Y será a ellos castigo y a otros exemplo para que no menosprecien la adoración de los ídolos.

Agradó el parecer al emperador; púsose en execución. Llevaron a los santos mártires aprisionados con hierro a la parte donde avía más de aquellos animalejos, y atados a fuertes maderos y bien untados con miel, los dexaron. Estuvieron los santos diez días padeciendo tormento intolerable, permitiendo Dios que la hambre no les matasse para que, creciendo su pena, fuesse mayor el mérito. Al cabo de los diez días hizieron una devota oración a Nuestro Señor, con que dieron sus almas. Es de Simeón Metafraste, y refiérelo Surio, tomo cuarto.
[3] Juntamente con Maximiano era emperador Diocleciano, el cual, en tanto se mostró cruel contra los cristianos, que excedió a otros en crueldad cuanto excede el león al cordero en ferocidad. Y con esto, quien quisiesse particularizar las crueldades que este infernal hombre y otros que le imitaron hizieron contra cristianos, sería contar las estrellas del Cielo y las arenas del mar. Entre otras fueron éstas:

En la Tebaida, que es provincia de Egipto, ponían mugeres desnudas levantadas en alto; otras atavan de los pies a puntas de árboles, inclinándolos por fuerça hasta tenerlos juntos, y luego los dexavan que bolviessen a su natural, y era con tanta violencia que despedaçavan los cuerpos de aquellas santas en un momento, llevando cada árbol su mitad tras sí. Dessollavan vivos a muchos mártires. A otros arañavan con uñas azeradas, y abiertos los cuerpos hasta las entrañas, los echavan en calabozos rebueltos en su sangre y poníanles debaxo tejas desmenuzadas, donde sentían mayor pena en esta quietud que antes en tormento. En Alexandría cortavan manos y pies, narizes, labios, orejas, y con esto les davan vida, que era para que, viviendo, muriessen. A algunos assavan como si fueran cabritos. En Ponto y Capadocia halló nuevo /(116v)/ modo de atormentar el inicuo Diocleciano. Ponía a los mártires cañas agudas y delgadas entre las uñas y la carne. A otros echava plomo derretido en la boca. A otros ponía hierros encendidos por las partes ocultas de sus cuerpos, siendo hombres y mugeres los que padecían semejante martirio. Apretávanlos en prensas y tornillos hasta quedar desmenuzados sus huessos y echos plastas. Estirávanlos en la catasta estando tendidos, y tirándolos de braços y pies por partes contrarias, y crecía la estatura de sus cuerpos una cuarta de vara. En el eculeo los levantavan en alto y estiravan de los pies con tornos, o poníanles piedras pesadas colgadas en ellos. Rajavan árboles y encerravan dentro partes de sus cuerpos, tornándose a juntar. Ligávanlos a pilares y columnas con cadenas, estando muchos días sin apartarse de allí, ni asentarse o echarse. Con fuego les atormentavan, poniéndoles hachas a los costados, planchas encendidas sobre sus pechos y vientre. Tendíanlos en parrillas y camas de hierro, y debaxo fuego manso porque el tormento durasse. Echávanlos entre bestias fieras, entre sierpes y vívoras ponzoñosas. El desterrarlos, el dexarlos morir de hambre en las cárceles, el cortarles las cabeças y dexar sus cuerpos desnudos en las plaças. Lo dicho y otras cosas semejantes se refiere en las Vidas de los Santos escritas por Lipomano en ocho tomos, y por Surio en siete.


[4] San Teodorito, en su Historia Eclesiástica , libro tercero, escrive una grande crueldad de Juliano Apóstata, y fue que abrió a una monja su cuerpo, y sacadas las entrañas, la hinchió de cebada y la dio a puercos que la comiessen, y que hizo esto con muchas otras monjas y sacerdotes en Ascalón y Gaza, ciudades de Palestina, porque no querían negar la fe. Murió mala muerte.
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