De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



Descargar 5.27 Mb.
Página38/143
Fecha de conversión14.10.2018
Tamaño5.27 Mb.
1   ...   34   35   36   37   38   39   40   41   ...   143
[5] Dimpna, donzella santíssima, hija del rey de Hibernia, fue perseguida de su proprio padre, el cual, contra todo derecho divino y humano pretendía casar con | ella. Y visto que no tenía otro remedio como librarse de tan horrendo crimen, haziéndose de concierto con Gereberno, sacerdote de vida santa que la avía baptizado y enseñado la Ley de Jesucristo, siendo su padre idólatra, proveyéndose de joyas y dineros, con un criado y una criada que quisieron acompañarlos, passaron el mar y fuéronse a vivir cerca de Antuerpia, en un pago llamado Ghele, junto a una iglesia de San Martín, donde edificaron casa. Y allí la santa donzella estuvo por tres meses, ocupándose en ayunos y abstinencias, en oración y meditación, dentro de la iglesia de San Martín, donde celebrava Missa el sacerdote Gereberno, y ella comulgava y vivía angelicalmente. Entretanto, su padre andava hecho un león, buscándola con grande diligencia y solicitud. Passeó diversas provincias, ciudades y pueblos, y llegó a Antuerpia. Desde allí embió criados suyos para que buscassen a su hija por la comarca. Algunos destos fueron a un pueblo no lexos de la iglesia de San Martín, y pagando al huésped la posada, recibiendo los dineros, dixo:

-Otros tengo semejantes a éstos y no sé lo que valen.

Preguntándole quién se los avía dado, respondió que de parte de una donzella muy hermosa y de un sacerdote viejo que con dos criados vivían en aquella tierra, siendo estrangeros della, y dávansela para que les llevasse de comer, y por el peso sólo se entendían en la moneda.

Fueron éstos adonde Dimpna estava y, conociéndola, avisaron a su padre. El cual de improviso con los que le acompañavan vino allí, y viendo a su hija, primero con halagos, pretendiendo que le quisiesse por marido, y visto que lo negava, aprovechóse de amenazas, que fueron de poco momento. Primero, encendido en furia rabiosa, mató al sacerdote y no perdonó a la hija, que por sus proprias manos la degolló, y fue un hecho atroz y crudelíssimo. Dexóse allí los cuerpos y fuese, adonde recibió el castigo merecido por su culpa, acabando mal. Y la hija boló al Cielo, donde también recibió el premio /(117r)/ de su martirio. Los cuerpos, assí de Dimpna como del sacerdote Gereberno, fueron tenidos en mucho precio por la gente de aquella tierra y Dios por ellos hizo muchos milagros. Refiérelo Surio, tomo tercero.

[6] Paladio, referido por Mosco Evirato en su Prado Espiritual, capítulo setenta y seis, dize que oyó a un nauclero o piloto semejante cuento:

«Navegava -dize- y llevava en mi navío hombres y mugeres, y estando en alta mar, viendo ir con próspero viento otros baxeles, éstos a Constantinopla y aquéllos a Alexandría, sólo yo no podía caminar, sino que estuvo en calma el navío por quinze días, de que yo y todos los passajeros teníamos pena grandíssima, no sabiendo qué fuesse la causa. Y por estar a mi cargo el navío, púseme en oración y pedí a Dios remedio en semejante trabajo, y repentinamente vino de lo alto una voz que dixo:

-Echad fuera del navío a María y navegaréis prósperamente.

Yo estuve imaginando quién sería esta María y no sabía determinarme en lo que devía hazer, y de nuevo replicó la voz:

-Ya te he dicho que eches fuera del navío a María y seréis salvos.

Yo di luego una boz al descuido y dixe:

-¿Dónde estás, María?

La cual, oyéndose nombrar, levantóse de donde estava y vino a mí, diziendo:

-¿Qué es lo que, señor, me mandáis?

Yo le dixe:

-Quiero hablarte dos palabras.

Y apartándonos a lugar secreto, díxela:

-¿Ves, María, hermana, cómo por mis pecados todos estáis a punto de perecer?

Ella, dando un grande gemido, dixo:

-Antes, señor, yo soy la pecadora y por quien viene este trabajo.

Preguntéla:

-¿Y qué pecados son los tuyos?

-Ay de mí -añadió la muger-, que grandemente temo de dezirlos, porque ningunos pecados son como los míos, y por estar en el punto que estamos todos de morir, quiero manifestarlos. Yo, señor, soy casada, y tuve de mi marido dos hijos, y siendo el uno de nueve años y el otro de cinco quedé viuda. Vivía junto a mi casa un soldado, en quien yo puse los ojos y desseé por marido. Embiéle a ha- blar | sobre el caso y dio por respuesta que no quería muger que tuviesse hijos de otro marido. Viendo yo que por causa de mis hijos perdía aquel casamiento, forçada del amor que tenía a aquel hombre, maté mis dos hijos y embiéle a dezir: ' ya no tengo hijos' . El soldado, cierto del caso, dixo: ' Vive el Señor que habita en los Cielos, que no tengo de casarme con muger que tan grande maldad ha hecho' . Yo, temiendo ser descubierta y castigada, salí de mi pueblo y ívame huyendo en este navío.

Oyendo yo esto de la boca de aquella muger, no quise echarla en el mar, sino díxele:

-Para que se vea si mis pecados son la causa del daño que todos padecemos, quiero entrar en el esquife y apartarme del navío, y verse ha si se mueve.

Hízelo assí, y aunque entré en el esquife, ni él ni el navío se movían. Subí en él y dixe a la muger:

-Desciende tú en el esquife.

Hízolo, y no avía bien entrado cuando, rebolviéndose a una y a otra parte, como llevado de un recio torbellino, dando bueltas alrededor, se hundió con la muger en el profundo. Y luego imediatamente el navío tomó camino con tanta velocidad que en tres días y medio llegó al puerto, en que devía tardar quinze días de navegación.»
[7] Agatón, que fue después abad en el monasterio de Sabas, siendo nuevo en la religión, visitó a un solitario llamado Pemenes, y gastando el día todo en santos razonamientos, dexóle en la cueva Pemenes y fuese a otra parte a passar la noche. Era invierno y hazía frió grandíssimo. A la mañana preguntó el santo viejo al moço cómo le avía ido aquella noche. Respondió:

-Perdóname, viejo, terrible noche he passado de frío.

Replicó el viejo:

-Pues yo ninguno he sentido.

Agatón dixo:

-Ruégote, señor, que me declares cómo esso es possible, que te veo casi desnudo y el frío fue excessivo.

-Vino a mí un león -añadió el viejo- y durmió junto comigo y calentóme, aunque de verdad te digo, hermano, que tengo de morir comido de bestia.

-¿Por qué causa? -respondió Agatón.

Parmenes respondió:

-En nuestra provincia /(117v)/ de Galacia fui pastor de ovejas, y passando de noche un peregrino fui cruel para él, no ospedándole en mi cabaña, por lo cual vino a ser comido de perros. Y por esta crueldad quiere Dios que muera como él murió, siendo sólo pena, porque la culpa, y las demás, perdonadas me las tiene ya.

Y assí sucedió, que passando después desto tres años, fue despedaçado y comido de fieras, como él avía dicho. Es del Prado Espiritual, capítulo ciento y sesenta y siete.
[8] Alexandre de Alexandro era gran legista, y dexó de abogar empleándose en escrivir historias. Preguntóle Rafael Volaterrano la causa, y respondió que por la ignorancia y cobdicia de algunos juezes, pues aviendo él hecho en muchos pleitos lo que podía y devía, teniendo clara la justicia de su parte, dieron contra él sentencia, y la maldad de tal juez la pagava él con el pueblo, acusándole que avía defendido causa injusta. Dize pues este autor, en el libro sexto, capítulo veinte y uno, que en una ciudad del Abruzo, provincia de Italia, siendo señor della cierto hombre crudelíssimo, después de aver tratado mal de palabra y de obra a un hombre algo simple, echóle en la cárcel y púsole en una torre escuríssima con cerraduras y guardas. Y como le fuessen a visitar no le hallaron dentro, con grande admiración de todos. Al tercero día oyeron bozes, y cómo se quexava en la prisión. Entraron dentro y viéronle espantado y temeroso. Diéronle de comer, y tomando algún aliento, en presencia del señor y de mucha gente dixo que se avía encomendado al demonio, y que le vido en forma espantosa y le sacó de allí y llevó a lugares profundos, donde vido en tormentos terribles diversas gentes que davan bozes y gritos, y que avía coronas de reyes y otras insignias de gente principal, vestidos de púrpura y de brocado. Conoció a un amigo suyo, que le preguntó cómo baxava en cuerpo a tal lugar, y respondióle que el mal tratamiento de su señor era la cau- sa. |

-Pues dirásle -replicó el otro- que le está aparejado terrible Infierno, y para que te crea dale por señal estas palabras que él dixo en tal ocasión y tiempo.



Refiriólas allí y el señor quedó asombrado y lleno de temor visto ser verdad, y más oyendo hablar palabras tan concertadas a aquel villano ignorante. Preguntó a aquel con quien hablava que si era grande el tormento de aquellos reyes y personas de autoridad. Y respondióle que grandíssimo, porque el brocado y púrpura no era como lo del mundo, sino fuego. Quiso tocar con la mano y hízolo, aunque el otro le dio bozes por estorvarlo y quedóle la mano llagada como de fuego sacro o de San Marçal, la cual mostró a todos con grande dolor que en ella sentía. Esto dixo aquel hombre, hablando de poco a poco, y quedándose a vezes pasmado. No levantava los ojos del suelo, ordenó su casa y hazienda y llorando grandemente sus pecados, a pocos días murió.
[9] Entre cristianos es nombrado en crueldad Eselino, el cual tuvo señoría cerca de Turín en algunos pueblos. Éste por su passatiempo castró y hizo eunucos muchos niños, a sus madres cortava los pechos, a mugeres preñadas rompía los vientres para ver cómo tenían la criatura, y sacadas de allí las echava al fuego. Militavan en su exército dos mil paduanos, y oyendo dezir que se le avía tornado contraria aquella ciudad, mandólos matar a todos. Sin esto deshonró muchas donzellas y hizo grandes agravios. Salió vencido de una batalla y malherido, desgarróse y hízose mayor la herida, y murió tan cruelmente como avía vivido. Es de Sabélico, libro octavo.
[10] Otón Antonio, conde de Monferrata y príncipe de Urbino, porque no le despertó un paje a la hora que le mandó, hízole embolver en una sabana dándole muchas bueltas, y en cada una poniendo pólvora, teniendo la cabeça descubierta, y vivo le pegó fuego y se quemó como una bela de cera. Dízelo Baptista Fulgoso, libro sexto. /(118r)/
[11] Juan María, vicecómite y duque de Milán, fue hombre crudelíssimo. Passava un día por cierta calle y oyó llorar en una casa. Y preguntando la ocasión fuele dicho que era una muger pobre, la cual llorava a su marido muerto y que el cura de aquella parroquia no se le quería enterrar, porque no tenía con qué pagar los derechos. El duque se apeó con los que le acompañavan y embió a dezir al cura que él haría la costa del entierro, que viniesse y truxesse algunos clérigos. Oído por él, con mucha presteza y con la Cruz rica y buen acompañamiento de clerecía y cofradías, vino y hizo el entierro, en que se halló presente el duque y su corte. El cual mandó que se ahondasse bien la sepultura, que estava abierta en un ceminterio. Y al tiempo de poner en ella al muerto, hizo a los de su guarda que pusiessen debaxo al cura y al muerto sobre él, cubriéndolos de tierra. Los otros clérigos huyeron con la Cruz. Ésta y otras crueldades escrive del duque Juan María Ludovico Domenichi en su Historia varia.
[12] Por los años de Cristo de mil y dozientos y ochenta y dos, siendo rey de Sicilia Carlos, de la casa y sangre de Francia, porque sus ministros tratavan con crueldad y tiranía a los naturales, concertáronse de secreto que en todas las ciudades y pueblos en cierto día señalado, a hora de vísperas, matassen a todos los franceses. Y assí fue hecho, y llegó la indignación a tanto, que si después sabían que alguna muger de la tierra estava preñada de francés, aunque ya muerto, la matavan con la criatura que tenía en el vientre. Y de aquí quedó por proverbio: «Guardáos de las vísperas sicilianas». Refiérese en la Historia de Sicilia.
[13] Nicolao Picinino, teniendo cercada una fuerça de Italia con el exército de Filipe, duque de Milán, cuyo capitán general era, truxéronle captivo a Valente Fogacia, el cual llevava cartas de los cercados pidiendo fabor a los que podían dársele. Mandóle poner las piernas junto con el cuello, y, echo una bola, dentro de un tra- buco, | le hizo bolar por el aire a la ciudad, y aunque murió antes de llegar a tierra, mas fue la caída tan de alto que no tenía forma humana, porque pudo recogerse dél muy pequeña parte, desvaneciéndose lo más por el aire. Es de Fulgoso, libro sexto.
[14] Conrado Suevo Emperador hizo ley que los rebeldes al imperio fuessen muertos. Cayó en este delicto Lampoldo, conde en Alemania, y por huir el castigo, visto que Conrado se le procurava con todas veras, huyó con su muger a cierta isla, y allí en hábito de pastores passavan la vida. Sucedió que andando a caça el mismo emperador, se halló una noche en la choza y cabaña del mismo Lampoldo, a quien por estar en hábito tan diferente no conoció. A la media noche oyó una boz que le dixo: «Conrado, nacido ha el que te sucederá en el imperio». Despertó algo atemorizado y vido que la muger de su huésped Lampoldo avía parido un hijo, y pareciéndole que hablava dél la boz, y teniéndose por afrentado que le sucediesse en el imperio el hijo de un villano, mandó a ciertos criados suyos que estavan con él que le tomassen, y apartados de allí le matassen y le truxessen el coraçón. Los criados, compadeciéndose del niño, dexáronle colgado de un árbol y truxeron al emperador un coraçón de liebre, diziendo ser del niño. Passó por allí cierto cavallero que iva camino, y visto el niño llevóle y crióle por suyo, llamándole Henrico (y fue el emperador segundo deste nombre). Siendo moço, púsole el cavallero que le avía criado y a quien tenía por padre en casa del emperador, donde por aventajarse en gracia y disposición con buenos modos a todos los otros criados del César, poniendo en él los ojos, vino a imaginar que era él de quien oyó la boz y que sus criados no le avían muerto como él les mandó. Enteróse en esta verdad, y con grande rabia determinó de matarle. Parecióle conveniente medio embiarle a la emperatriz, para que ella se diesse mejor cobro en su muerte que él avía dado. Escri- vió /(118v)/ una carta y diósela al mismo Henrico para que la llevasse. En el camino, ordenándolo assí Dios, entró en una ermita, donde se quedó dormido con su carta en la mano. Estava fuera el ermitaño cuando llegó, y bolviendo a la ermita y visto el huésped con la carta, inspirado por Dios, tomósela, abrióla, y vido que dezía: «Luego que os fuere dada esta carta, muger mía caríssima, daréis orden como sea muerto el que la lleva, porque assí conviene a nuestro imperio». El ermitaño, contrahaziendo la letra del emperador, escrivió en la carta mudando lo que tocava a la muerte, y dixo: «Darásele nuestra hija en muger». Llevó Henrico la carta, y visto por la emperatriz, aunque puso algunos inconvenientes, mas temiendo de enojar al emperador, que era recio de condición, y pareciéndole que era negocio de mucha importancia el hazerse tan a cencerros atapados el desposorio, y contentándose de la persona de Henrico, y sobre todo siendo assí la voluntad de Dios, celebró los desposorios. Sabido después por Conrado, admirado del caso, al fin, vista la carta y confiriendo lo que de aquel modo avía sucedido, y sabida la verdad de cuyo hijo era, tuvo por bien hecho el casamiento, y dexóle en su muerte el imperio, y en el lugar donde oyó el orácu- lo | edificó un monasterio que llamó de la Visión. Dízelo Bernardo Corio en la Vida deste emperador.
[15] Vitoldo, duque de Lituania, a los que sentenciava a muerte hazía poner dentro de pieles de ossos y echar perros que los despedaçavan. Y cuando iva a la guerra llevava un arco, y siempre puesta en él una flecha, para el que salía de ordenança, avisávale con passarle de vanda a vanda. La crueldad deste tirano fue ocasión que en su tiempo algunos de sus vassallos, en sintiendo que le tenían enojado, por no parecer en su presencia se matavan con laços o veneno. Dízelo Sabélico, libro octavo.

[16] Gran derecho tiene a este Discurso de Crueldad el rey don Pedro de Castilla y León, pues el vulgo se le añade a su nombre, llamándole El Cruel, especialmente con la que hizo en el rey de Granada, que viniéndose a faborecer dél y trayendo mucho tesoro, le hizo alançear. Mas por aver oído a personas graves que su historiador escrivió algo con passión y enojo, y lo que vi en la Sala de los Reyes de Segovia, donde están todos los de España figurados, que al pie de la deste rey don Pedro no le llaman El Cruel, sino El Justiciero , quiero passar con él en silencio, remitiéndome a lo que dél con verdad se escrive. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Fama tiene entre todos los tiranos crueles Falaris, que se desvelava buscando modos como quitar vidas a grande quebranto y pena de los que las perdían. Y assí fue invención suya un toro de metal hueco, en que encerravan a quien le parecía dar tal muerte, y pegándole fuego, los gritos y bozes que dava el miserable atormentado parecían que eran bramidos de toro. Es de Valerio Máximo, libro nono.


[2] Cambises, rey de Persia, preguntó a Presaspes, hombre principal de aquel reino y su amigo, qué se dezía dél entre los persas. Respondió amigablemente que to- dos | le loavan, aunque les parecía mal que beviesse mucho vino. Tenía Cambises un arco en la mano a esta sazón, y dixo al Presaspes:

-Para que veas que se engañan los que creen de mí que me emborracho por mucho vino que beva, quiero passar el coraçón de tu hijo con esta saeta.

Y diziendo esto, le tiró y le mató. Mandóle luego abrir el cuerpo y vieron que la saeta le atravessava el coraçón. De oír la verdad se sintió tanto Cambises, que hizo semejante crueldad. Refiérelo Fulgoso, libro nono.
[3] Del mismo Cambises dize Sabélico en el libro octavo que, viéndose victorioso /(119r)/ de sus enemigos, se tornó tan cruel que no se contentó con las crueldades que hizo en ellos, que fueron muchas. Buelto a su reino, mató a un hermano suyo y a dos hermanas; ni perdonó a los ídolos que adorava, pues mandó derribar y hazer pieças a Apis, que era un famoso simulacro en figura de buey, que adoravan y tenían en mucho los egipcios, desde el sueño que soñó Faraón y declaró Josef de las bacas gruesas y flacas.
[4] Parisatis, madre de Ciro el Menor, aviéndosele muerto y viéndose sin su hijo, procuró aver a las manos a sus matadores, que fueron tres, Carete, Metroclate, y Metasaba, a los cuales dio muertes crudelíssimas. A Carete hizo que diez días le estuviessen desollando el cuero, mandóle sacar los ojos y echar en los oídos plomo derretido. A Metroclate hizo poner atado al sol enmelado y rodeado de higos, y echar sobre él muchos gusanos de los que se engendran en el estiércol de animales, para ser roído y muerto dellos. A Metasaba hizo también dessollar y empalar con tres palos que le atravessaron el cuerpo como assadores.

Olimpas, madre de Alexandre, no pudo aver vivo a Yolla, copero de su hijo y el que le dio la ponzoña de que murió, mas apoderándose de sus huessos, los molió y hizo menudas pieças, tomando en esto alguna vengança. Es de Sabélico, libro octavo.


[5] Alexandre Fereo enterrava los hombres vivos de dos en dos. A otros los cubría con pieles de ossos y de otras fieras, y les echava perros que los despedaçassen. Atravessó a Polifranes, tío suyo, con una lança, y llevóle al templo, como cosa sagrada. Es de Sabélico, libro octavo.
[6] Ferotima, reina de los cirenos, cuando se airava ponía a vista de la ciudad algunos ciudadanos atravessados en palos, y mugeres cortados los pechos y ahorcadas. Es del mismo Sabélico.
[7] Los cartaginenses encerraron a Tito Regulo Romano en una caxa de madera, barreada toda de puntas de azero por de dentro, y dávanle buelcos en ella, y cuan- do | le dexavan, ni podía estar assentado, ni en pie, ni arrimado; todo era a costa de ser atravessado su cuerpo cruelmente. Es de Valerio Máximo, libro nono.
[8] Mitrídates, rey de Ponto, con una carta hizo matar ochenta mil romanos que andavan negociando con sus tratos y mercaderías por diversas ciudades de Assia. Es del mismo Valerio.
[9] Tamiris, reina de los escitas, siendo guerreada de Ciro, rey de los persas, embió contra él un solo hijo que tenía con la mitad de su exército. Dexó Ciro al moço sus reales, puestas en las tiendas mesas y mucho vino. La gente del moço entró como vencedora, bevieron y quedaron borrachos. Bolvió Ciro y matólos a todos. La reina Tamiris, sabidora desto, usó de otra cautela con el Ciro, y fue llevarle tras su exército como que iva huyendo, hasta entrar con él en unos malos passos, donde rebolvió y con poca dificultad le venció. Quedó Ciro muerto con sus persas, buscó la reina su cuerpo y cortóle la cabeça, echándola en un cuero de sangre, diziendo:

-Pues tanta sed tuviste de sangre, hártate della.



Refiérelo Bocacio en el libro De mugeres ilustres.
[10] Ferotima, madre de Arcesilao, siendo reina y teniendo el govierno de los cirenenses, hizo guerra a los ciudadanos de Barca, vezinos suyos. Ganóles la ciudad y a todos los varones puso en cruzes y a las mugeres cortó los pechos. Esta crueldad pagó luego con que cayó enferma, y de enfermedad que se empodreció y murió mala muerte. Dízelo Heráclides In politiis.
[11] Y en la misma tierra de Cirena, viviendo muchos judíos y haziéndoles guerra romanos y griegos, como quedassen victoriosos los judíos, siendo su capitán uno dellos llamado Andrés, mostráronse tan crueles con los vencidos, que con los dientes los despedaçavan y se cebavan en las entrañas, pintando sus rostros con su sangre. A otros abrían el cuerpo desde lo alto a lo baxo, a muchos echaron vivos a bestias fieras. Forçavan a otros que /(119v)/ peleassen entre sí y se matassen. Y llegó el número de los que mataron desta suerte a docientos y veinte mil. Con esta memoria no fue excesso lo que Tito hizo en ellos en el cerco de Jerusalem. Lo dicho es de Dión Niceo y de Xifilino en la Vida de Trajano.
[12] Timón Ateniense era inimicíssimo de todos los hombres, por ser de condición cruel y melancólico. Vido un día a Alcibiades, niño de poca edad, tomóle en sus braços, besóle y hízole muchos regalos. Y preguntándole la causa, siendo tan contrario de su condición, respondió que se holgava mucho de ver aquel niño, porque tenía creído que sería causa de grandes males y daños a los Atenienses, como en efecto lo fue. Es de Fulgoso, libro nono.
[13] Laodise, reina de Capadocia, muerto el rey Ariate, su marido, y quedando con seis hijos en el govierno del reino, por no perderle, creciendo ellos, mató con veneno a los cinco, y el otro se libró de sus manos por buena diligencia. El cual quedó con el reino, muerta la madre con tumulto y alboroto del pueblo. Es de Fulgoso, libro nono.
[14] Antípatro, hijo de Cassandro, rey de Macedonia, indignándose contra Tesalónica, su madre, porque muerto el padre se inclinó más a que el reino quedasse en Alexandre, hijo menor, tratava de matarla. La madre que lo entendió, rogávale con lágrimas la perdonasse. Descubríale los pechos con que le avía criado, lo que hazía y movía a compassión a cuantos la oían. Mas el cruel hijo y más que tigre, sin derramar lágrima, sin dar sospiro, no dando oído a lo que la madre dezía, la mandó matar. Es de Fulgoso, libro nono.
[15] Tolomeo, rey de Egipto, casado con Cleopatra, hermana suya, y teniendo della un hijo llamado Memfite, niño de lindo parecer y de grandes esperanças, mandóle el padre matar, y cortándole la cabeça con los pies y las manos, puesto en una cesta y cubierto con su clámide, lo em- bió | presentado a su madre. Por este hecho fue grandemente aborrecido de toda Egipto y, temiéndose de muerte, añadió nueva crueldad a las hechas; y fue que estando en un general y colegio la juventud de toda aquella ciudad, les dio a todos la muerte, parte a hierro, parte a fuego. Dízelo Valerio Máximo, libro nono.
[16] Orco, llamado después Darío, hizo juramento con solemnidad de no dar la muerte a alguno de los que se conjuraron con él contra los magos que tenían el govierno de la ciudad, antes que él fuesse rey, y eran siete principales persas. Señaló que ni serían las muertes con veneno, ni con hierro, ni con otra violencia, o por falta de comida. Él, porque se recelava dellos, o por quitarse de la obligación que les tenía, aviendo sido medio como alcançasse el reino, buscó nuevo modo con que acabarlos, y fue que hizo un cercado de paredes altas, y hinchóle de ceniza bien cernida y delicada; puso en medio una tabla angosta, sustentada de abaxo y levantada sobre la ceniza, y en ella uno a uno a los conjurados, y teniendo bien de comer y bever por ser el lugar estrecho, no de hambre, sino vencidos del sueño, como los ivan poniendo en el tablón, al primero o segundo día caían en la ceniza, y sin poder valerse morían ahogados en ella. Es de Valerio Máximo, libro nono.

[17] Mayor y más al descubierto fue la crueldad de Orco Artaxerxes, el cual enterró viva a Oca, hermana suya y su suegra, estando casado con su hija y sobrina propria. Y a un tío suyo, hermano de su padre, con cien hijos y nietos, en cierto campo abierto les hizo asaetear, no por delicto que uviessen cometido, sino porque tenían nombre entre los persas de valientes y virtuosos. Dízelo Valerio Máximo, libro nono.

1   ...   34   35   36   37   38   39   40   41   ...   143


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal