De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[18] Iva a hazer guerra a los escitas Darío Hidaspes, y rogándole un principal persa llamado Ocobazo que de tres hijos que tenía le dexasse uno, respondió que todos tres se los dexaría, y dexóselos muertos. A su hijo deste Darío, llamado Xer- xes, /(120r)/ en otra guerra, pidiéndole Pitio, rey de Lidia, que le dexasse un hijo de cinco que tenía, dixo que en buena hora, que escogiesse al que quisiesse. Y al que escogió mandó partir por medio y puso cada mitad a un lado y otro del camino por donde avía de passar todo el exército. Dízelo Heródoto Alicarnaseo, libro cuarto.
[19] Artaxerxes, rey de Persia, encerrava a quien le parecía merecer muerte cruel en una arca de madera, dexándole fuera la cabeça y las manos y pies, que sacava por agujeros hechos en ella. Colgávalos al sol, bien enmelados, y allí morían rabiando, despedaçados de malas sabandijas, y podridos de su mismo estiércol. Dízelo Fulgoso, libro nono.
[20] Astiages, rey de los medos, porque no mató a su nieto Ciro un criado suyo llamado Harpago, a quien se lo avía mandado, le dio a comer un proprio hijo suyo, y le sacó después la cabeça en un plato, diziendo que del cuerpo de aquel venado avía comido. Es de Fulgoso, libro nono.
[21] Los etruscos ligavan un cuerpo muerto con otro vivo, juntándolos miembro con miembro, y dexávanlos desta suerte hasta que el vivo se empodrecía y moría miserablemente. Es de Valerio Máximo, libro nono. Y de otros bárbaros escrive este mismo autor que para dar cruel muerte a alguno, abrían un cavallo o buey, y sacados los intestinos, ponían dentro al hombre, atado y cosido, de suerte que sola la cabeça quedava fuera, y para mayor tormento dávanle de comer algunos días, hasta que se criavan gusanos de la bestia muerta que le comían vivo.
[22] Iva en un carro Tulia, y como se detuviesse el que le guiava, preguntó ella la causa. Respondió que su padre Servio Tulio estava muerto en el camino, y que no podía passar sino sobre él, o avía de descender y desviarle a una parte. Ella dixo:

-No os detengáis en esso, passa sobre él.

Y era su prisa por verse en los braços de Tarquino, que era el que le avía muerto. Dízelo Valerio Máximo, libro nono.
[23] Viendo Aníbal la caba de una forta- leza | llena de sangre humana, dixo:

-¡Oh, qué hermosa vista!



Y fue boz más de fiera que de hombre. Afírmalo Fulgoso, libro nono. Y él mismo dize de Calígula, emperador de Roma, que dezía tener gran desseo de que todo el Imperio Romano tuviera sola una cabeça, para de un golpe cortarla. A éstos excedió en crueldad Domicio Nerón, que no sólo la mostró con particulares personas, sino con Roma, su patria, pegándole fuego y holgándose de verla arder. Y parecióle mucho Domiciano, también emperador, en que si Nerón dexó a Roma pobre de casas, él la dexó pobre de ciudadanos nobles, siendo sin número los que hizo matar.
[24] Teniendo cercada a Cartago Escipión, y estando dentro defendiéndola Asdrúbal, visto que el cerco iva adelante, y que le tenían ganados los primeros muros, hizo estrañas crueldades con algunos romanos que tenía captivos. Sacó los ojos a unos, a otros cortó las lenguas, y a otros los pies o las manos; dessolló a otros. Y desta manera los colgava de los muros que estavan por ganar, a vista de Escipión y de sus romanos, y era para más indignarlos y procurar su destruición, como se la procuraron. Es de Baptista Fulgoso, libro nono.
[25] Queriendo imitar a Falaris Tirano Aruncio Patérculo, hizo un toro de metal en que poner sentenciados a muerte, con artificio de que dando bozes el que estava dentro pegándole fuego, parecía bramar el toro. Diósele a Cesorino Egesto, tirano de Sicilia. Recibióle alegremente y mostró agradecérselo. Y sintiéndose de secreto que le tuviesse por tan cruel que usasse de semejante invención con los sentenciados a muerte, mandó que se hiziesse la prueva en el mismo Aruncio que le inventó, y assí se cumplió. Escrívelo Fulgoso, libro cuarto.
[26] Apoderáronse de Roma y partieron el Imperio entre sí Antonio, Lépido y Octavio, y el tiempo que duró esta tiranía llamavan el Triumvirato. Juntáronse los tres y estuvieron tres días continuos /(120v)/ haziendo un memorial de personas que mandavan matar. Y cada uno señalava los enemigos que tenía, y aunque lastimava a uno los que el otro nombrava, porque se pusiessen los que cada uno quería, todos callavan y passavan por ello. De modo que se escrivieron en el memorial y fueron muertos un tío de Antonio, un hermano de Lépido y algunos amigos de Octavio. El número llegó de los senadores a trezientos, y de los del orden ecuestre, que eran cavalleros -como si dixéssemos- de espuelas doradas, a dos mil. Los cuales todos, dondequiera que eran hallados, eran muertos, algunos comiendo, otros acostados con sus mugeres. No se perdonava lugar, ora, ni ocasión; todos morían y ninguno era enterrado, que avía pena para quien los enterrava. Y assí la ciudad toda estava poblada de cuerpos muertos y bañada en sangre. Es de Fulgoso, libro nono.
[27] En este tiempo del Triumvirato fue proscripto y condenado a muerte un patricio romano, y estando escondido, tenía un hijo cruel y bellaco llamado Cayo Turanio. Éste habló al centurión a cuyo cargo estava buscarle y matarle, declarándole dónde estava. Diole las señas de su edad y figura de rostro. El centurión entró con sus soldados y hallóle. El viejo, más cuidadoso de la vida de su hijo, que de la suya propria, preguntó si era vivo y si quedava salvo. Respondióle uno de los soldados:

-Tu hijo, al que tanto amor muestras, es el que nos dixo dónde te hallaríamos, y nos dio señas para que te conociessemos.

Y con esto le atravessó la espada. Y fueron dos las que passaron el coraçón del afligido viejo: una, la del verdugo con que moría, y otra, la crueldad del hijo que le descubrió para ser muerto. Dízelo Valerio Máximo, libro nono.
[28] Lucio Sila, en las diferencias que tuvo con Cayo Mario, hizo crueldades increíbles. A cuatro legiones o capitanías de soldados que siguieron la parte contraria hizo degollar en Campo Marcio, cuyas lágrimas y quexas dexó lastimada a | toda Roma, y sus cuerpos despedaçados hizo echar en el Tíber. A cinco mil vezinos de Preneste, contra la fe que les dio por medio de Cetego, llamándolos fuera de los muros y dexando ellos las armas, y postrándose en tierra pidiéndole perdón conforme a lo concertado, los mató a todos, y sus cuerpos dexó esparcidos por el campo. A cuatro mil y setecientos ciudadanos hizo poner sus nombres en tablas públicas y los mandó degollar. También hizo morir a otros que nunca le fueron contrarios, por ser ricos y querer su dinero para la guerra. A mugeres assí mismo hizo matar. Y tenía por deleite que le truxessen las cabeças palpitando de algunos de los que mandó degollar, para con los ojos, ya que no era lícito con la boca, comérselas. A Marco Mario no se contentó con matarle, sino que primero le hizo sacar los ojos. Ni perdonó a los ya muertos, porque hizo desenterrar el cuerpo de Mario, cuestor enemigo suyo, quemóle y esparció las cenizas en el río Aniens. Dízelo Valerio Máximo, libro nono.
[29] En otra conjuración fue muerto Vitio Salasio Romano, llevando su propria muger a los verdugos al lugar donde estava escondido y enseñándosele para que le matassen. También lo dize Valerio, libro nono.
[30] Todo el pueblo romano era notado de crueldad en los juegos que hazían, por ser a costa de vidas de hombres. Uno era de los gladiatores, en que entravan gente condenada a muerte o esclavos, desnudos con puñales, y se matavan unos a otros. También echavan hombres a bestias fieras, que no eran bien echados cuando eran muertos y comidos por ellas. A estos espectáculos estava toda Roma, hombres, mugeres y niños. Y nadie los puede escusar, sino que debaxo de nombre de juegos incurrían en casos crudelíssimos. Es de Fulgoso, libro nono.
[31] Publio Maleono mató a su propria madre y fue sentenciado a que dentro de una cuba y con él un gallo, una víbora y /(121r)/ una mona, vivo fuesse echado en el mar. Es de Guido, De exemplis, libro tercero.
[32] Tiberio César, emperador, fue crudelíssimo hombre. Dava tales muertes, que algunos tomavan por partido matarse por sus manos antes que serlo de las suyas, y assí, sabiendo de un Carnoto que se avía muerto, dando una gran boz, dixo:

-Escapóseme.

A otro que le suplicava le matasse de una vez, respondió:

-Aún no soy tan amigo tuyo como esso.

En su muerte dixo que dexava por sucessor suyo en el Imperio a Cayo Calígula, del cual sabía que era hombre cruel y perverso. Mas hízolo porque con sus maldades y crueldades se olvidassen de las suyas. Y assí, teniendo el Imperio Calígula, y haziendo de las suyas, a sus amigos, que le dezían que dava ocasión con sus crueldades de ser aborrecido, respondía:

-Aborrézcanme, con que me teman.

Y dezía que de un golpe quisiera acabar a Roma. Es de Fulgoso, libro nono.
[33] Vitelio, emperador de Roma, mandó matar a dos mancebos porque le vinieron a rogar por el proprio padre que los engendró, estando en peligro de muerte. En tanto aborrecía la piedad que le parecía delicto en que los hijos la tuviessen con sus padres. Es de Fulgoso, libro nono.
[34] Comodo Emperador mandó matar a un romano porque le hallaron leyendo la Vida de Cayo Calígula, escrita por Suetonio. Y cuando sentenciava alguno a muerte, mandava que le abriessen de arriba abaxo, estando él presente, y tomava deleite de lo que a muchos fuera horror y espanto. Es del mismo Fulgoso.
[35] Macrino hazía atar hombres vivos con otros muertos y los tenía assí hasta que morían de mal olor. Y Maximino los encerrava dentro de bueyes muertos, dexando la cabeça fuera, y allí en vida eran comidos de gusanos que se criavan en el buey muerto. Y fue éste tan malo y cruel, que si le dava gusto de ma- tar | a alguno, fingía que levantava conjuración contra él, y con estos modos quitó la vida a diversos hombres. Es de Fulgoso, libro nono.
[36] Avidiocasio hazía levantar en alto una viga de ochenta pies, y desde el suelo hasta lo alto della mandava atar hombres y encender fuego a la redonda, y con esto morían unos por el fuego, otros, con el humo y otros, con el espanto. Es del mismo autor, Fulgoso, libro nono.
[37] La crueldad del gran Tamberlam, rey de Escitia, excedió a muchos de los antiguos, porque dio diversas batallas y siempre con victoria, y a los vencidos, especialmente si le avían hecho grande resistencia, llevávalos a cuchillo, sin que bastassen ruegos ni lágrimas. Y a quien le dezía que por qué se viciava en derramar tanta sangre, sin perdonar a alguno, respondía:

-Tú me tienes por hombre y no soy sino ira de Dios, embiado a la Tierra para destruición de los hombres.

Es de Sabélico, libro octavo.
[38] Fray Laurencio Surio, en sus Comentarios , escriviendo lo sucedido en el año de mil y quinientos y cincuenta y tres, refiere un exemplo de crueldad, y fue castigo del Cielo sobre la casa de Solimán, Gran Turco, enemigo cruel de los cristianos. El cual les hizo daños irremediables por andar en guerras unos con otros, anihilando sus fuerças y augmentándolas al enemigo común. Fue el caso que tenía este pagano un hijo, y era el mayor, llamado Mustafás, cuyas costumbres eran nobilíssimas, junto con ser valiente y esforçado. Platicávase en la corte que sería éste el heredero del padre, lo cual llevava mal la Rosa, muger entre todas la más querida del turco, y que podía con él mucho. Ésta tenía un hijo para quien desseava el estado. Procuró poner en mal al Mustafás con el padre, y favoreciendo sus intentos algunos privados del marido, que por ver lo mucho que él la quería, todos desseavan agradarla. Y fue /(121v)/ de suerte el negocio, que te miéndose el padre del hijo que pretendía quitarle el reino, según avía sido informado, él determinó de quitarle la vida. Avíale hecho governador de Alapa; embióle a llamar. El hijo, no recelándose y confiando en su fidelidad, fue a grandes jornadas al llamado del padre, llevándole muy ricos y preciosos dones. Hallóle fuera de Constantinopla, en una tienda de campo entre sus soldados. Apeóse del cavallo, y queriendo entrar a besar las manos a su padre, fuele quitada una cimitarra que traía a su lado. No se turbó por esto, sino que entró en la tienda sin sospecha alguna. Y al tiempo que se arrodilló delante del padre, estando avisados algunos de su guarda, le echaron la mano, y | poniéndole una cuerda al cuello en presencia del cruel padre, y por su mandado, lo ahogaron. Otro hijo del mismo Solimán, viendo muerto al hermano, amándole tiernamente, puso mano a un estoque abominando la crueldad del padre, y llorando la muerte del hermano se mató él a sí mismo. Díxose que, sabida después de Solimán la verdad de aquel caso, y teniendo a Mustafás por inocente, le lloró muchos días.
[39] Todos estos tiranos acabaron mal. De algunos se ha visto y de todos se verificó lo que dixo Dios por David en el Salmo quinto: «El varón sanguinolento no demediará sus días; aun en esta vida començará su castigo muriéndose temprano».
Fin del Discurso de Crueldad. |

DISCURSO VIGÉSIMO SECUNDO. DE DIGNIDADES

Mandó Dios al profeta Ezequiel, como parece en el capítulo cuarto de su Profecía, que tomasse un ladrillo y dibuxasse en él a Jerusalem. El profeta lo hizo assí. La ciudad era famosa, el ladrillo cosa baxa, y denota que todo lo que se estima en esta vida como dignidades, estados y riquezas, todo es dibuxo en ladrillo, es cosa baxa y que deve estimarse en poco. Y de aquí vino que muchos graves varones resistieron cuanto les fue possible dignidades, assí ecclesiásticas como seglares, porque sabían que cuanto más uno es levantado, tanto está en mayor peligro de caer, y si cayere será con mayor daño suyo. El grado de honra es incentivo de sobervia y ocasión de vanagloria si no se lleva con aviso. Porque, como di- ze | el Apóstol San Pablo en la Primera a Timoteo , capítulo tercero: «El que dessea obispado bien dessea, con que su intento no sea solamente la honra y huir el trabajo, no deleites, sino guiar almas al Cielo, no mandar, sino aprovechar, constituyéndose y teniéndose por ministro de sus feligreses y súbditos, y esto por amor de Cristo». El Papa Dionisio escrivió a Severo, obispo en la Andaluzía, una carta, y es la data en nueve de septiembre de dozientos y setenta, y entre otras razones dize éstas tocantes al estado y dignidad de obispo o cura: «Pongamos diligencia en aprovechar a los que pudiéremos, reprehendiendo, amonestando, persuadiendo, halagando y consolando. Nuestra plática, con blandura, sea medicina para los buenos y duro aguijón para los malos, conforte los temerosos, sossiegue los airados, despierte los pereçosos, encienda con amonestación los floxos, atraiga los descaminados, halague los ferozes y /(122r)/ consuele los desesperados. Pues nos llamamos maestros, enseñemos el camino del Cielo. Seamos cuidadosos en la guarda de la Ley de Dios y con toda solicitud fortalezcamos y defendamos que el Enemigo no se apodere de las almas y ovejas nuestras. Y si alguna vez cometiendo pecado se descarriare de la manada, con toda solicitud y cuidado la procuremos bolver al aprisco del Señor, para que no saquemos castigo, sino premio del oficio y nombre que tememos de Pastor. Y porque en todo esto es necessario el favor de la Divina Gracia, con oraciones continuas pidamos a su Clemencia nos dé el querer y nos conceda el poder para todo lo dicho. Y pues no podemos hazer cosa sin Él, con Él y por Él lo podamos cumplir todo». Hasta aquí es del Papa Dionisio. Y colígesse de sus palabras la dificultad que tienen las dignidades eclesiásticas por lo mucho a que se obligan los que las reciben. Acerca de lo cual se pondrán exemplos de lo que unos han hecho recibiéndolas o recusándolas, y otros, que ya las tienen, exercitándolas.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Grande resistencia hizo Moisés cuando, nombrándole Dios por capitán y guía de su pueblo, le embiava a que hablasse a Faraón, rey de Egipto, sobre que diesse libertad al mismo pueblo. Quisiera más estarse entre su ganado en el desierto, y assí ponía escusas y inconvenientes de que no le darían crédito entre los hebreos que le embiava Dios, que era impedido de la lengua para hablar con el rey, hasta mostrarse Dios airado con él, como parece en el capítulo cuarto del Éxodo. Y si lo aceptó fue por no desobedecerle. Y resultó de aquí el administrar aquella dignidad escogida y santamente, y pareció en diversos trances, como fue las vezes que se mostrava rebelde el pueblo y davan en vicios de idolatría, que rogava por ellos y era de suerte que, estando Dios muy enojado, le aplacava. Baxó del monte y vido que avían hecho un bezerro y le adoravan. Repre- hendió | a Aarón, su hermano, a quien le dexó en guarda, diziéndole con grande sentimiento:

-¿Qué te hizo este pueblo? ¿Por qué has puesto sobre ellos un pecado tan grande?

Y dio a entender que haze muy mal el prelado que concede con la voluntad depravada de sus súbditos. Es del capítulo treinta y dos del Éxodo.

Cuando el pueblo peleava contra Amalec, no fue a la pelea Moisés, mas embió a Josué y púsose él adonde podía ver la batalla, y hazía oración a Dios, y por medio della, teniendo levantadas las manos, su gente llevó la victoria. Y refiérese en el capítulo quinze del Éxodo. Cuando quiso morir, pidió con grande instancia a su Magestad que proveyesse de idóneo capitán y guía para aquel pueblo, sin nombrar cosa que a él tocasse. Es del Libro de los Números, capítulo veinte y siete. Quedó Josué con el cargo de duque del pueblo hebreo, y por averle señalado Dios para tal dignidad, él dio muy buena cuenta della, y en todo el tiempo de su govierno el pueblo sirvió a Dios. Porque es mucha parte el prelado para que el pueblo camine por donde Dios le manda y quiere. Es de su Libro, capítulo veinte y cuatro.


[2] También puso Dios a David en la dignidad y estado de rey, y porque disparó una vez en hazer alarde y lista de la gente que tenía, contándola, castigóle en su hazienda, matando un ángel del pueblo y gente común setenta mil hombres. Lo cual visto por el piadoso rey, ofrecióse a la muerte porque la gente y pueblo no peligrasse. Y assí, derribado en la presencia de Dios, dezía: «Buélvase vuestra mano, Señor mío, contra mí, pues fui el que pequé y merezco la pena y castigo». Es del Segundo de los Reyes, capítulo veinte y cuatro.
[3] Onías, sumo sacerdote, también mostró ser electo en la dignidad por Dios, faltando los medios de sobornos y precios que ya se usavan en su tiempo. Y assí resistió constantemente a Heliodoro, que venía a robar el templo de Jerusalem, /(122v)/ y dio exemplo a los prelados que deven ser defensores de los opresos y trabaja- dos. | Es del Segundo de los Macabeos, capítulo tercero.
Lo dicho es de la Sagrada Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] San Marcos Evangelista hizo gandes prevenciones por no ser sacerdote, como dize San Gerónimo en el Prólogo que puso al principio de su Evangelio. Contentávase con ser diácono, y no fueron parte, porque conocida bien su santidad y suficiencia por los Apóstoles, hiziéronle obispo de Alexandría, y cuanto más huyó de aceptarla más se hizo digno de la dignidad y prelacia. Adviértelo Marco Marulo, libro primero.
[2] San León Papa tuvo particular devoción al Apóstol San Pedro. Pedíale instantemente que le alcançasse de Dios perdón de sus pecados. Apareciósele y díxole:

-Yo he rogado por ti y Dios te ha perdonado. Mas mira bien de aquí adelante a quién ordenas y a quién das las dignidades y oficios ecclesiásticos.



En esto se enmendó, de manera que para dar algún beneficio hazía primero grande probança de las calidades del que le llevava. Y para dar órdenes sacros avía de ser aprobado en la vida y saber todo el Psalterio de memoria. Es del autor que añadió a Dámaso, y de otros escritores de Vidas de Pontífices.
[3] San Cipriano fue electo en obispo de Cartago. Cuando supo de su electión recogióse en su casa y cerró muy bien las puertas. Vino allí el pueblo y cercóle por todas partes, porque cuanto más él lo reusava, el común insistía más en que él y no otro avía de ser su Pontífice y pastor. Ya le pesava a él de aver venido allí, y quisiera como San Pablo descolgarse por alguna parte en espuerta, y no avía medio, porque todo estava cercado de gente. Mas, hablándole personas graves y de autoridad, diziéndole lo mucho que serviría a Nuestro Señor con aquella dignidad y cargo, al fin la aceptó y dio muestra su elección que la boz del pueblo es boz de Dios, por lo bien que hizo el oficio de prelado, hasta morir en él y dar la vida por Cris- | to. Escrívelo Poncio Diácono en su Vida.
[4] San Gregorio Papa, luego que se vido electo, huyó de Roma secretamente a un monte y se encerró en cierta cueva dél, pareciéndole que allí estaría secreto. Mas, siendo buscado por diversas partes, una nube resplandeciente que apareció sobre él declaró que estava allí. Y siendo hallado, fue traído por fuerça a la silla de que avía huido, y al cabo consintió en la elección, sólo por obedecer a Dios, y no por gusto y contento que recibiesse en tal dignidad y cargo. Es de Juan Diácono, libro primero, capítulo cuarenta y cuatro.
[5] San Ambrosio, por no ser arçobispo de Milán, se fue huyendo de la ciudad, y después de aver caminado toda la noche, y estando a su parecer bien apartado della y libre, a la mañana se halló junto a sus muros, de donde fue traído y por fuerça hecho prelado. Dízelo Paulo Diácono.
[6] San Gerónimo tuvo en Roma la dignidad de cardenal, aunque no con las insignias que de presente tienen de capelo y púrpura, que se les dieron mucho después a los cardenales, sino que fue cura o rector de una parroquia de Roma, la cual dexó y se fue a vivir en soledad. Es de Pedro Victorio en su Vida.
[7] San Augustín no osava entrar en la ciudad donde sabía que faltava obispo -como escrive Posidonio en su Vida- porque no le compeliessen a que él lo fuesse.
[8] San Gregorio Taumaturgo, estando en un desierto exercitándose en asperezas y penitencias, en oración y lección, tuvo dél noticia Fedimo, obispo en Amasea, varón santo. Éste desseava que uviesse obispo en la ciudad de Neocesarea o Trapisonda, patria de Gregorio, para que la idolatría que allí más que en otra parte prevalecía, fuesse en diminución y se augmentasse el número de los cristianos, porque se sabía /(123r)/ que en toda la ciudad sólo avía diez y siete que lo fuessen. Parecióle que venía bien para esto Gregorio, de quien bolava la fama de sus letras y vida. Fue al desierto donde estava, con intento de ordenarle sacerdote y hazerle obispo de aquella ciudad. No se le encubrió esto a Gregorio; dexó su recogimiento y ívase ya a una parte, ya a otra de aquel desierto. Andava Fedimo siguiéndole. Y los dos con una misma diligencia procuravan, el uno de hazer obispo al otro, y el otro, de huir de aquella dignidad. Cansóse Fedimo de andar en su seguimiento y sin ponérsele delante que Gregorio estava ausente y que avía camino de tres días entre los dos, levantó su rostro al Cielo, y dixo:

-Señor, bien me veis Vós a mí y a Gregorio. Quisiera yo tenerle presente para poner sobre él mis manos y consagrarle. Sirvan desto mis palabras, yo le consagro y os le ofrezco, y a él encargo la ciudad de Neocesarea para que siembre allí vuestro Evangelio y se multipliquen vuestros fieles a gloria y honra de vuestro Santíssimo Nombre.

Esto dixo Fedimo, y sabido por Gregorio, no pudo sino rendirse, pareciéndole que hazer otra cosa resistía a la voluntad de Dios. Fuese para Fedimo y suplicó con su presencia todo lo que le faltava para ser sacerdote y obispo, haziéndose las ceremonias que en caso era costumbre hazerse. Exercitó tan bien su oficio, que en su muerte dexó a su sucessor tantos infieles cuantos fieles halló cuando entró en la ciudad por obispo, porque sólo avía diez y siete cristianos. Convirtió a la fe cuantos vivían en ella, que sólo faltaron diez y siete que permaneciessen en su infidelidad. Ni es fuera de propósito lo que sucedió al mismo Gregorio en el tiempo que governava su iglesia, que estimándole en mucho en otras partes, regíanse por su parecer en negocios graves, y assí en una ciudad rogáronle que fuesse a señalarles prelado. Fue allá, y examinando a los que pretendían su dignidad y no contentándose dellos, levantóse entre algunos | del pueblo una boz a manera de desprecio, que dezía:

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