De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



Descargar 5.27 Mb.
Página4/143
Fecha de conversión14.10.2018
Tamaño5.27 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   143

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Venció Abraham a cuatro reyes, y ganó grandes despojos, y entre lo de más ivan algunas joyas y preseas del rey de Sodoma, lo cual todo le restituyó. Contentávase el rey con las personas de su reino que llevavan captivas, dándole a Abraham lo demás, mostrándose agradecido por la buena obra recebida. Mas él no quiso cosa alguna, porque quien le viere rico no atribuyesse a que le avía enriquezido el rey de Sodoma, sino Dios. Es del capítulo catorze del Génesis.


[2] Grande bien hizo el Patriarca Josef a Faraón, rey de Egipto, y a toda aquella provincia, en la declaración de los sueños, por donde se proveyeron de pan en el tiempo de la hambre. Y no le fue desagradecido el rey, ni su tierra, pues Faraón le hizo segunda persona en su reino, y todos le respetavan y llamavan salvador, por averlos librado de la muerte, proveyéndolos de remedio en semejante angustia y aflición. Es del Génesis, capítulo 41.
[3] Passaron los hebreos a pie enxuto el mar Bermejo y, estando en tierra firme, bolvieron los ojos a mirar el sobervio Faraón con sus gitanos que los ivan siguiendo, y viéronlos estar luchando con las ondas en medio del mar, y que ya se hundían unos, ya otros, y al cabo, todos, sin que se librasse hombre, desde el rey hasta el más pobre soldado que salió debaxo de su bandera contra ellos. Por lo cual Moisés compuso un cántico, que con todos ellos cantó en nombre de agradecimiento, diziendo: «Cantemos al Señor cántico de gloria, porque se ha magnificado, aviendo dexado en el mar al cavallo y cavallero, a los carros y gente de guerra, a Faraón y a su exército». Refiérese en el Éxodo, capítulo 20.
[4] Jetro, sacerdote de Madián, agradecido fue con Moisés, pues cierto de que avía tornado por sus hijas, siendo molestadas de pastores sobre el dar de bever a sus ganados, le recibió en su casa, diole en ella de comer y casóle con una de sus hijas. Es del Éxodo, capítulo segundo.
[5] Josué, capitán de los hebreos, por saber que Raab, la cual tenía casa de posadas en | Jericó, hospedó en ella y encubrió de los que los buscavan para darles muerte a ciertos exploradores, que él embiava para informarse de lo que en aquella ciudad avía, queriendo conquistarla, después se mostró muy solícito, cuando fue destruida, en que Raab, su gente y hazienda, quedasse libre, como quedó, siéndole agradecido. Es de su Libro, capítulo segundo.
[6] Ana, madre del profeta Samuel, antes que le tuviesse por hijo llorava y gemía. Concediósele Dios y, viéndose madre, compuso un cántico de alabanças divinas con que agradeció a su Magestad este bien tan desseado y estimado della. Refiérese en el Primero Libro de los Reyes, capítulo siete.
[7] Cuando Saúl quedó muerto con sus hijos en el monte de Gelboe, los de Jabes Galaad procuraron aver sus cuerpos y sepultáronlos honradamente, por lo cual David, agradeciéndoles esta obra, les embió embaxadores con grandes ofertas y cumplimientos. Escrívese en el 2 de los Reyes, capítulo 2.
[8] Por el amor que uvo entre David y Jonatás, hijo del rey Saúl, siendo ambos muertos, no acordándose de las persecuciones del padre, sino de las buenas obras y amor verdadero del hijo, preguntó si dél quedava descendencia y, teniendo noticia de Mifiboset, hijo suyo, quiso que comiesse siempre a su mesa y le hizo otras mercedes, y en todo esto se mostró David agradecido. Léese esto en el 2 Libro de los Reyes, capítulo 9.
[9] En el Libro de los Juezes, capítulo 5, se escrive una milagrosa batalla que alcançaron Barac y Dévora, juezes del pueblo hebreo y capitanes suyos, contra Sisara, su contrario, que venía con intento de los destruir, siendo su gente mucho más en número. Y estando para darse la batalla, vino tanta agua y piedra, rebuelta con truenos y rayos, sobre su campo, que los puso en confusión y huida. Lo cual visto por los hebreos, y que no tocó la tempestad en su real, dieron en ellos y destruyéronlos. Huyó el capitán Sisara y, estando durmiendo en cierta casa donde se avía aposentado y bevido un jarro de leche que le causó sueño más /11v/ pesado, Jael, una valerosa muger, le hirió por la sien con un clavo y martillo, cosiéndolo en la tierra. Por esta victoria compuso Dévora Profetissa un cántico que cantó el pueblo en agradecimiento de aquella merced que de Dios recibió.
[10] Jedeón, mostrándose valiente capitán, hizo guerra a los madianitas, librando los hebreos de sus manos, por lo cual, mostrándose agradecidos, de común consentimiento le ofrecieron el señorío sobre todos. Mas él no consintió que le llamassen señor, diziendo que ya le tenían y que era Dios, a quien sólo devían reconocer semejante título. Es del capítulo octavo del Libro de los Juezes.
[11] Los tres mancebos amigos de Daniel, viéndose en el horno de fuego donde fueron echados por mandado de Nabucodonozor y que la llama no les hazía daño, mostráronse bien agradecidos a Dios, alabándole con cánticos dentro del mismo horno. Es del Libro de Daniel, capítulo tercero.
[12] Nabucodonosor, rey de Babilonia, oyendo a Daniel la declaración de su sueño, fuele agradecido levantándole a grande de estado y privança suya, y dándole dones de mucho precio. Y lo mismo hizo el rey Baltazar, porque le declaró la escritura que hizo la mano en la pared, al tiempo de su cena. Lo uno y lo otro es del Libro de Daniel, capítulos 2, 4 y 5.
[13] Llegando a Jerusalem el rey Alexandre Magno, fuele dicho que por una profecía de Daniel le estava concedido el señorío de la Asia, y que posseería las riquezas de los persas, haziendo cierta su esperança con esta nueva, y que alcançaría vitoria de Dario, en agradecimiento de lo cual hizo grandes ofrecimientos a Jado, sumo sacerdote, y a los demás ministros del templo, y dioles ricos dones; a la ciudad concedió que viviesse conforme a sus leyes y que en siete años no pagase tributo alguno. Refiérelo Antonio Sabélico, libro 7.
[14] Ciro, rey de Persia, hizo pregonar por todos los reinos de su corona que tenía de Dios recebido el imperio, y que por su mandado le quería reedificar su templo en | Jerusalem. Y para este efeto dio licencia a los hebreos que tenía captivos que bolviessen a aquella ciudad, y les dio muchos vasos de los que su padre Nabucodonozor truxo de allá, en todo lo cual se mostró agradecido. Es del Libro I de Esdrás, capítulo I.
[15] Tobías se halló un tiempo ciego y sin hazienda, y después, rico y con vista, por lo cual, assí él como todos los que le conocían, alabavan al Señor agradeciendo aquella obra hecha a su fiel siervo. Es de su Libro, capítulo undécimo.
[16] En peligro grande se vido la ciudad de Betulia, cercada del poderoso exército del capitán Holofernes y, siendo libre por la industria y buena diligencia de la casta, prudente y de ánimo valeroso Judit. Aviendo muerto al tirano por sus manos y quedando la ciudad libre, todos se mostraron agradecidos y muchos fueron a Jerusalem a adorar a Dios, por esta grande misericordia usada con ellos. Es del Libro de Judit, capítulo 16.

[17] Recibió el profeta Elías buena obra de una viuda, que le dio de comer en su casa en tiempo de hambre, y fuele agradecido en resuscitarle un hijo que se le avía muerto. Es del Tercero Libro de los Reyes, capítulo diez y siete. Y casi le sucedió otro semejante caso a Eliseo con otra muger casada, que le hospedó en su casa, y por su oración tuvo hijo la que antes carecía dél; y, aviéndosele muerto, resuscitó. Y después fue medio con el rey para que se le restituyessen sus tierras y possessiones, aviéndose apoderado dellas diversas personas en una ausencia que hizo por causa de cierta hambre, como se lee en el Cuarto de los Reyes, capítulo 4.


[18] Naama Siro fue limpio de lepra por orden del profeta Eliseo, y él le hizo ofrecimiento, en señal de agradecérselo, de moneda y vestidos, aunque el profeta no lo aceptó. Refiérese en el Cuarto de los Reyes, capítulo quinto.
[19] Venció Judas Macabeo a Timoteo, feroz enemigo del pueblo de Dios y suyo, y, ganando cierto fuerte importante, dize la Escritura en su Segundo Libro, capítulo décimo, que bendecían a Dios con himnos y cánticos por aver hecho tan grande /(12r)/ misericordia a Israel, en señal de agradecimiento.
[20] La soberana Reina de los Angeles y Sagrada Virgen Madre de Dios, oyendo los loores que su prima Isabel dezía della cuando la visitó, mostrándose agradecida levantó la voz con el cántico, lleno todo de alabanças de Dios, de la Magnificat; y dízelo San Lucas en el capítulo primero. Y en el mismo lugar pone otro exemplo de agradecimiento, cuando nació el grande Baptista, donde su padre Zacarías, viéndose enriquecido con tal hijo y libre su lengua, empleóla en alabar altamente al Señor, autor de todo bien, y assí dixo: «Bendito sea el Señor Dios de Israel, que visitó y hizo la redempción en su pueblo.»

Y porque se junte otro santo agradecido a lo dicho, viéndose Simeón con Jesucristo en sus manos, lleno de soberano júbilo con tanta riqueza levantó la voz con el tercero cántico celebrado de la Iglesia, sin los dos de Magnificat y Benedictus ya dichos, que es el Nunc dimittis, y dixo:

-Aora, Señor, dexa ir en paz a tu siervo, pues vieron mis ojos tu salud.

Es de San Lucas, capítulo 2.


[21] Siempre que los Evangelistas escriven algún gran hecho de los muchos que hizo Jesucristo, señalan que levantava los ojos al Cielo y dava gracias, como parece cuando multiplicó los panes del desierto, en la resurreción de Lázaro y en la institución del Santíssimo Sacramento, que fue enseñarnos a ser agradecidos. Es de San Mateo, capítulo catorze; de San Marcos, seis; de San Lu- cas, | nueve; y de San Juan, sexto y undécimo.
[22] Curó Jesucristo diez leprosos, embiándolos al Sacerdote, y sólo uno de ellos se mostró agradecido, tornando a su Magestad a darle gracias por la salud recebida. Y dio muestra el Salvador que sintía la ingratitud de los nueve, diziendo:

-¿Los sanos no fueron diez? ¿Dónde están los nueve? ¿No uvo quién bolviesse a dar gloria a Dios, sino este estrangero?

Llamóle estrangero por ser samaritano y los otros hebreos. Refiérelo San Lucas, capítulo diez y siete.
[23] Los señores y ancianos de los judíos dixeron a Jesucristo, cuando el centurión le pedía remedio para un criado que tenía enfermo (y lo refiere San Marcos, capítulo octavo, y San Lucas, capítulo séptimo):

-Digno es de lo que pide, bien merece que se lo concedas, Maestro, porque ama nuestra gente y ha edificado una sinagoga.

En lo cual mostraron serle agradecidos.
[24] Dio salud el Apóstol San Pedro a un coxo y, viéndose sano, entró con él en el templo, y después no cessava de dar loores y gracias a Dios por la salud recebida. Es del Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo 3.
[25] También entra en lista de bien agradecidos el Apóstol San Pablo con los que hazían algo por él, como parece en todas sus epístolas; en especial escriviendo a los de Galacia, capítulo 4, donde dize:

-Como si fuera Angel de Dios me recebistes, y si se os concediera, entiendo que los ojos os sacárades para darme, siéndome a mí de provecho, todo lo cual sumamente se agradece. |

Hasta aquí se a coligido de las Divinas Letras.

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Llevavan a martirizar a San Cipriano, obispo de Cártago; llegó al lugar del martirio, desnudóse los vestidos episcopales y doblólos y diolos a sus diáconos. Quedó con el vestido último, que era de lienço. Pidió a algunos de sus amigos y conocidos, que estavan presentes, dineros, y llegó veinte pieças de oro, y diolas al verdugo en gratificación y agradecimiento de la buena obra que esperava recebir dél. Refiérese en su Vida, escrita por Poncio, diácono suyo.
[2] Presentó a San Antonio de Florencia un | ciudadano suyo una cesta de fruta temprana; recebióla con alegre rostro y díxole que Dios se lo pagasse. El otro, que era cobdicioso y quisiera dél la paga, quexávase del arçobispo. Mandóle llamar y hizo traer allí un peso con papel y la cesta de fruta en el papel. Escrivió las palabras que le dixo, que Dios se lo pagasse, y púsolas en la una balança, y la cesta con la fruta en la otra y, levantando el peso, la balança que tenía el papel con las palabras escritas baxó hasta el suelo, y la otra subió todo lo que pudo /(12v)/ con la fruta. Díxole:

-Mirad cómo no os hize agravio, que más os di que me distes.



Refiérese en su Vida, escrita por Vicencio Mainardo.
[3] Lipomano, en su tomo séptimo, escrive del abad Gerásimo que tenía su monasterio cerca del río Jordán, y andando un día meditando riberas de aquel río vido venir a él un león dando bramidos. Llegó a él y levantó un pie, y mostró tenerle atravessado con cierta espina, y la herida con materia y podre. El santo viejo le sacó la espina y le ligó con un lienço la llaga, y dexóle. Viéndose curado el león, mostróse agradecido, no quiriendo más apartarse del santo abad, sino como discípulo suyo le seguía, con admiración de todos, viendo tanto agradecimiento en aquella bestia. Dávanle pan y legumbres cozidas, y porque para el servicio del convento tenían un jumento, y le dexavan pacer a ciertas horas en el campo, tenía cuidado el león de guardarle. Sucedió que un día, passando por allí ciertos tragineros, visto el jumento, lleváronsele consigo, lo cual no estorvó el león por estar lexos de allí; mas, viéndose sin él, bolvió al monasterio, la cabeça caída, mostrando mucho sentimiento. El abad Gerásimo creyó se le avía comido y penitencióle en que sirviesse por él, y assi lo hazía, que con unas anganillas que le hizieron a su talle traía agua del río y hazía lo que el jumento. Passó algún tiempo y, bolviendo los tragineros con el jumento y algunos camellos cargados, vistos del león corrió a ellos, los cuales con grande temor huyeron. Mas el león, contentándose con el jumento y camellos, todo lo llevó al monasterio, donde el abad Gerásimo entendió todo el caso, porque los tragineros vinieron allí y no tuvieron en poco que les bolviessen los camellos. Murió desde a cinco años el abad Gerásimo y, siendo sepultado, el león se puso sobre la sepultura y se dexó allí morir.
[4] San Ambrosio escrive en el Exameron que en Antioquía mataron de noche a cierto hombre, el cual traía consigo un | perro, que, no pudiéndole defender, estando muerto el cuerpo se puso junto a él y dava grandes aullidos. Venido el día, llegóse gente y admirávanse de ver el perro tan agradecido y fiel a su señor. Llegó entre otros el que le avía muerto, conocióle el perro, arremetió a él, y asióle con sus dientes fuertemente, ladrando y aullando. Parecía querer dar a entender que era aquel el homicida, lo cual estava oculto. Turbóse el hombre, y su turbación y lo que el perro hazía fue indicio bastante para ser preso, y en la prisión confessó su delito y pagó por él.
[5] En el Prado Espiritual, hecho por Mosco Evirato, y atribuido a Sofronio, patriarca jerosolomitano, en el capítulo ciento y treinta y ocho según el orden de Lipomano en su séptimo tomo, se refiere esta historia, que viene a cuenta en este Discurso de Agradecimiento. Dize que en la ciudad de Tiro residía un mercader llamado Mosco, hombre rico y de grandes negocios. Ivase éste un día sobre tarde a bañar, y en el camino vido una muger hermosa. Iva sola; hablóla y con facilidad alcançó della que se fuesse con él a su casa. No curó del baño, arrebatado del apetito y desseo deshonesto. Estando en su casa y combidándola a que cenasse, no quiso la muger gustar cosa alguna, aunque avía ricos y preciosos manjares, y el mercader le hazía muchos ruegos y caricias. Levantóse de la mesa y entró con ella en su aposento, donde, queriendo echarle los braços al cuello, ella levantó la voz y con grande llanto dixo:

-¡Ay desventurada de mí!

Estremecióse Mosco y preguntóle la causa de aquel sentimiento. Ella, hechos sus ojos fuentes, dixo:

-Sabe, señor, que soy casada, y mi marido era mercader, donde, exercitando sus tratos y ganancias por el mar, padeció naufragio y perdió su hazienda y la agena, por lo cual está preso en la cárcel, y yo no tengo un pan que poder llevarle. Y ésta es la causa por que me he puesto a vender mi honestidad, de remediar a mi marido, como no muera de hambre. Y tú eres el primero con quien /(13r)/ me encontró mi suerte, y no puedo dexar de sentir la ignominia y afrenta a que he venido, y lo principal, que es la ofensa de Dios.

-Y ¿cuánto es lo que debe tu marido? -dixo Mosco.

-Cinco libras de oro -respondió la muger.

Sacó el dinero y dióselo, diziendo:

-Providencia fue de Dios que yo no llegasse a ti antes de saber lo que has dicho, para que no perdiesses tu honra. Ve y libra a tu marido de prisión, y los dos rogad a Dios por mí.

Passó después algún tiempo y calumniaron al Mosco enemigos suyos con el emperador, diziendo que con sombra de mercader robava a muchos las haziendas. Prendióle y quitóle cuanto posseía, y fue puesto en la cárcel de Constantinopla, donde estuvo muchos días, viniendo a tanta pobreza que no tenía sino un vestido viejo con que cubrir su cuerpo. Y passó adelante su miseria, oyendo dezir que el emperador tratava de matarle. Recogióse a un rincón, y desesperando de la vida llorava amargamente su desventura. La tristeza le causó sueño, y dormido le pareció que veía a la muger a quien dio las cinco libras de oro para rescate de su marido. Hablóle, y díxole:

-¿Qué hazes, señor Mosco, en esta cárcel?

Él respondió:

-Calumniáronme con el emperador, y dizen que quiere matarme, por lo cual es inmenso mi tormento.

-No temas -dixo la muger- que yo le hablaré por ti y te dará libertad.

Tres vezes se le apareció en una noche, y a la mañana embió por él el emperador y, estando en su presencia, díxole:

-Yo he tenido de ti lástima; enmiéndate en adelante.

Vido al lado del emperador aquella misma muger que le dixo «Confía y no te- mas», | el cual le mandó restituir su hazienda y bienes, añadiéndole muchos más, y dándole cargo honroso en su corte. Apareciósele otra noche aquella muger, estando en su prosperidad, y díxole:

-¿Conócesme? Sabe que yo soy aquella muger con quien usaste de misericordia, y por amor de Dios no tocaste mi cuerpo. Él me dio lugar, aviendo passado desta vida y estando en su Celestial Corte, a que te librasse del trabajo y miseria en que estavas, siéndote agradecida. Mira la clemencia de Dios, que por ser misericordioso comigo, Él lo ha sido contigo.
[5] Balduino, rey de Jerusalem, ganando por fuerça de armas una ciudad en Arabia, entre otras captivas fue una la muger de cierto árabe, capitán del exército de los turcos, llamado Admirato, la cual iva cercana al parto. Tuvo noticia della Balduino. Aposentóla en su tienda, donde la regaló lo mejor que pudo y, viniendo su parto, no aviendo otra cosa, puso su clámide y alguna otra ropa el rey, de modo que la señora parió. Y con el mejor medio que pudo, guardándola su honestidad, la embió a su marido. El cual quedó bien obligado al rey, y queriéndole ser agradecido, en otra batalla que fue perdidoso, por donde le convino retraerse a la ciudad de Ramán, que era flaca, vino allí de noche el Admirato secretamente y avisóle que otro día sería acometido y destruido de la multitud de turcos que se avían juntado. Agradecióselo el rey y valióle el consejo la salud suya y de su exército. Refiérelo Fulgoso, libro quinto. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Estando el rey Filipo de Macedonia assentado en un lugar alto, y teniendo en su presencia grande número de captivos, que le pertenecían de los despojos de cierta vitoria, veíasele el vestido descompuesto y, como el uso del tiempo pedía que todos andavan sin calças, era su postura fea para los que debaxo le | miravan. Uno de los captivos, advertido desto, tomó ocasión para su libertad de aquí, y assí dixo en voz alta al rey que le diesse libertad, por respeto de que era amigo suyo antiguo. El rey le miró y, desconociéndole, dixo:

-¿Y dónde fuimos amigos?

El captivo respondió:

-Dirételo, rey, mas ha de ser en secreto.

Mandóle subir donde /(13v)/ estava y, viéndole el captivo cerca, dixo:

-Este rodeo he tenido, oh rey Filipo, para advertirte que estás descubierto feamente para los que allá abaxo te miran, y que te cubras.

El rey, agradeciendo este aviso y alabando entre sí la discreción de aquel hombre, cubrió su persona, y hablando alto dixo:

-Ya tengo memoria de nuestra amistad; quiero que seas libre.

Refiérelo Fulgoso, libro quinto.
[2] Masinisa, rey de Africa, fue favorecido y ampliado en su reino por Escipión Africano, teniendo orden que lo hiziesse assí de los romanos, a los cuales fue siempre agradecido, y en particular al linaje de los Cornelios, que era el de Escipión, su grande amigo. Vino a morir y estava Escipión en España (el Emiliano, sobrino de su aficionado). Embió a rogarle se viesse con él, porque su vista le causaría que muriesse consolado, mas antes que llegasse murió Masinisa, de edad de cien años. Dexó cincuenta y cuatro hijos, y mandóles por su testamento, y a la reina su muger, que siempre fuessen obedientes a los romanos y guardassen amistad a la familia de los Escipiones, y que, llegando allí Emiliano, dexassen a su arbitrio que dispusiesse de su reino y le repartiesse entre todos ellos como fuesse su gusto, y que lo que por él determinado lo aprovava y declarava ser su voluntad, como por cláusula irrevocable de testamento. Todo iva fundado sobre ser bien agradecido, y es virtud que resplandece en todos, y más en los que tienen alto estado. Dízelo Sabélico, libro séptimo.
[3] Agradecida se mostró con Arístides la ciudad de Atenas, pues, aviendo sido defendida por él de los persas, que la pusieron en punto de perderse para siempre, siendo muerto, dotaron y casaron honradamente sus hijas, y a Lisímaco, su hijo, le dieron hazienda en el campo y una buena cuantía de plata. Es de Fulgoso, libro quinto.

[4] Junio Bruto fue el que principalmente tomó a cargo la vengança de la casta Lucrecia, destruyendo a los Tarquinos. | Por lo cual, fue tan grande el amor que le tuvieron las mugeres en Roma, que en vida le honraron y en muerte un año entero le lloraron. Dízelo Sabélico, libro séptimo.


[5] En la guerra que truxeron los senones con los romanos, que les cercaron el Capitolio y pusieron en grande aprieto, las matronas dieron de su voluntad las joyas de oro que tenían para las expensas della, y saliendo los romanos con vitoria, favorecidos con semejante socorro, en señal de agradecimiento concedieron a las matronas que en sus muertes se pudiessen hazer oraciones fúnebres, en que se dixessen loores de la difunta, lo que antes de solos los varones famosos se acostumbrava. Es de Sabélico, libro séptimo.
[6] Tuvieron los romanos guerra con los etruscos y con su rey Porsena, en que se vieron bien apretados. Acometieron un día la entrada en la ciudad por la puente Sublicia y, visto de un valiente romano llamado Horacio Cocles, sobre su cavallo se puso al principio de la puente, defendiendo a todo el exército la entrada, hasta que por la parte de detrás se rompió la puente y se asseguró el passo, y, entendido por él, arrojóse con su cavallo en el Tiber. Tiráronle lanças, piedras y saetas, y libre de todo se salió a la ribera por la parte de su gente. Fuéronle agradecidos los romanos a Horacio y mandóse por decreto que cada ciudadano le diesse algún don, y que le concediessen de tierras cuanto en un día se pudiesse arar con dos mulas. Es de Fulgoso, libro quinto; y añade que no era mucho que por gente tan agradecida se pusiessen algunos en peligros notables.
[7] Con los pueblos latinos se mostraron assí mismo agradecidos los romanos, siéndoles primero enemigos, porque como los bolscos les embiassen embaxadores, pidiéndoles que dexassen la amistad nueva que tenían con los romanos y se juntassen con ellos, que todos les harían guerra y esperavan vencerlos, lo /14r/ que hizieron los latinos, oída esta embaxada, fue que ataron con cadenas a los embaxadores de los bolscos y se los embiaron a los romanos, ofreciéndose que si aquella guerra iva adelante y tenían dellos necessidad, les embiarían la más gente que pudiessen. Visto por los romanos su buen término, agradeciéronselo con que buscaron todos los que de aquella gente estavan captivos en su tierra, que fueron seis mil personas, y embiáronselos libres, y con vestidos nuevos hechos a costa del Senado, agradeciéndoles también su buen comedimiento, del cual dixeron que se aprovecharían en otra comodidad de más peligro. Afírmalo Fulgoso, libro quinto.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   143


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal