De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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A bueltas deste humor echava a las vezes partes del pulmón y higado. Ni aquí acabavan y tenían fin sus tormentos, porque en los pechos tenía apostemas y llagas de que le corría a tiempos materia y podre. También tenía en el pecho un bulto del tamaño de un | huevo de paloma, duríssimo como piedra. Causávale pena y tormento tan grande, que dezía ella que esto le avía de quitar la vida, y impedíale a las vezes la habla. Suele ser la provincia de Holandia muy de ordinario afligida con enfermedades y peste; la primera en quien semejantes daños hazían operación era Liduvina. Sin esto, salíansele de su cuerpo parte de sus tripas por las llagas y roturas que tenía en su vientre, y para que del todo no se le cayessen, poníase unos saquillos de lana. Carecía totalmente de sentimiento de las piernas y pies, y assí passava vida miserable sin poderse mover de un lugar. También era atormentada con diversos géneros de paroxismos y fiebres, hética, terciana y cuartana, ya simple, ya doble, efímera o cuotidiana, ya aguda, ya lenta. Y por dezirlo de una vez, no tenía miembro en su cuerpo que no fuesse atormentado con dolores nunca oídos, ni se platica acerca de médicos enfermedad alguna de que ella no participasse. De las cuales, unas le duraron toda la vida, otras, ciertos años, meses o semanas, y en esto permaneció treinta y ocho años, sin que estuviesse algún breve tiempo sin dolor. En todos estos trabajos la favorecía Dios de paciencia, y consolávala por medio de un sacerdote siervo suyo, que le dezía muchas cosas de la Passión de Cristo, y de lo que padecieron los mártires, y junto con esto, sacramentávala, oyéndole su Confessión y dándole el Cuerpo de Jesucristo en el Sacramento frecuentemente. Y assí, al octavo año de su enfermedad estava tan contenta con ella, que venido el tiempo de Carnestolendas, en que se huelgan en aquella provincia más que en otra, pidió a Dios Liduvina, para que ella también gozasse de algún regalo en tal tiempo, le augmentasse sus dolores, y fue su oración oída, dándole de repente en un muslo tan vehemente dolor, durándole hasta la Pascua, que le parecía exceder a todo lo que fuerças humanas pueden sufrir. En tiempo de peste pidió a Dios levantasse su ira de sobre aquella provincia, y su Magestad la hirió /(137r)/ con dos llagas, una en la garganta y otra en el lado del coraçón. Ella desseava otra tercera para honra y memoria de la Santíssima Trinidad, y fuele dada, abriéndosele otra en el párpado del ojo. De las cuales, las dos se le cerraron, y la otra le duró todo el tiempo de su vida. Venían gentes de diversas partes a ver a Liduvina, por oír dezir lo que Dios obrava en ella, y su paciencia. Vino entre los demás Margarita, condessa de Holandia, y truxo consigo un médico famoso. Ella quedó admirada de ver la casa humilde y pobre de la enferma, y considerando su paciencia; el médico, lo quedó más, experimentando lo que en Medicina ni avía visto ni leído. Atribuía a Dios el dar vida a cuerpo tan atormentado, y de tales enfermedades. Vino assí mismo un herbolario, presumiendo de curarla con simples medicamentos, y lo que hizo fue que, cerrándosele una apostema, ocurrió en aquella parte un humor pestilencial, que, hinchándose, quedó peor que de primero. Bien entendía Liduvina que su enfermedad era dada de la mano de Dios, y que sólo Él podía curarla, y con todo esso admitía cualquiera cura que la aplicavan, porque no pareciesse que tentava a Dios aborreciendo su salud. Y que fuesse miraculoso el vivir tan enferma, vídose porque en treinta años no comió tanto pan cuanto un hombre sano comerá en tres días, ni durmió en todo este tiempo lo que es conveniente que duerma para vivir sano un hombre en otros tres días. También causava admiración que, al tiempo que salían de su cuerpo los gusanos, ningún mal olor se sentía, aunque el aposento era pequeño y su cama a la traça y tamaño de una sepultura. En los treinta años no tocó al suelo con sus pies, y porque en muchos dellos no comió cosa alguna, tampoco despidió excrementos su cuerpo. Al principio comía al día un bocado de pan mojado en leche o en cerveza, otras vezes, parte de una mançana desabrida, y otras, un poco de cinamomo, o un dátil. Después se passava to- | da la semana sin comer, tomando solamente un trago de vino con açúcar. Al cabo vino a no comer cosa alguna, sólo el Sacramento le alimentava alma y cuerpo. El no comer era ocasión de no dormir, y assí todo el tiempo empleava en oración y otros exercicios espirituales. Vino algunas vezes Juan, duque de Babiera, dissimulando a ver a Liduvina, y comunicava con ella negocios de grande importancia, y salía bien de todo, por lo que ella le dezía y por la oración que por él hazía. Hazíanle limosnas a Liduvina diversas personas, y ella las recebía porque ganassen su mérito, y lo más repartía a pobres. Entraron unos soldados en el aposento donde estava, y robáronla lo que tenía, y a ella la dieron muchas heridas, añadiéndose esto a sus enfermedades, que no se le aliviavan. Antes porque un cirujano le puso medicamentos de bálsamo en el braço donde tenía el fuego sacro, y se le reintegró, aunque quedando en él algunas llagas, diole Dios otras enfermedades de nuevo, como epilepsia, que es gota coral, apolexía, amencía, y otras tales, tanto que fue cierto en el discurso de la enfermedad padecer a tiempos todas cuantas se padecen en el mundo, que son conocidas de médicos, y otras ignoradas por ellos. La demencia o falta de juizio le duró una hora, y, preguntada qué sintió en aquel tiempo, respondió:

-No otra cosa sino andar mis sentidos vagueando por los aires.

Vino la hora de su muerte y sus dolores crecieron en sumo grado. Particularmente el bulto o piedra que tenía en el pecho la atormentó sobremanera, tuvo vómitos en que echó parte de la hiel de su cuerpo. Estava un niño con ella, díxole viéndose morir:

-Oxala se supiessen los crueles dolores que padezco.

El niño, llorando, dixo:

-¿Quieres, señora, que llame a tu confessor?

Y, sin esperar respuesta, fue y le llamó. Vino él y algunas otras personas de las que estavan con ella de ordinario, y llegando a la cama vieron que estava muerta. Descubrieron su cuerpo y hallaron /(137v)/ que tenía juntas las manos, lo cual en su enfermedad nunca pudo hazer, y avía dicho que cuando esto fuesse, moriría. Halláronle un ceñidor de cerdas rodeado a su cuerpo, el cual era mucho de ver, porque el que en vida estuvo feo y lleno de llagas, y en parte que no avía sino solos los huessos y nervios, después de muerto, estava entero y hermoso, particularmente su rostro, que ningún pintor pudiera formarle tan hermoso y bello. Sólo en algunas partes parecían las señales de las heri- das | que los soldados le dieron. Fue sepultada con grande magestad y pompa, respectándola como a santa toda aquella comarca, que se juntó a su entierro, aviéndola tenido algunos días sin sepultar. Lo dicho es de fray Juan Brugnamo, franciscano que escrivió su Vida, aviendo sido testigo de mucho de lo que dize. Y refiérelo Surio, tomo séptimo. Yo me he detenido en esto por ser todo tan proprio del presente Discurso, y ser cosa rara y de que se pueden sacar importantes provechos. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] El rey Antígono tenía en su exército un soldado llamado Itamo, enfermizo, mas valiente y esforçado por estremo. Curóle, y estando sano tornóse cobarde. Preguntóle la causa y respondió:

-Estando enfermo desseava la muerte. Aora, sano, estimo en mucho la vida.

Dízelo Brusón.
[2] La locura es enfermedad, y de que sanan tarde los tocados della. Fuelo y no poco Menecrates, médico. Escrivía a Filipo, rey de Macedonia, y mombrávase Júpiter en la Carta, porque presumía de sí que era Dios. Quiso curarle el rey, y celebrando un solemne combite, hallóse en él Menecrates. Mandóle Filipo poner mesa aparte, y assentado en ella truxeron una regilla o perfumador, y echávanle encienso a tiempos, con que el loco esta- va | contentíssimo, pareciéndole ya que era Dios de veras, pues el rey mandava que le ofreciessen el encienso. Los demás combidados dávanse prissa a comer manjares sabrosos y preciosos; a Menecrates no avía más de darle humo a narizes. Fatigávale la hambre, levantóse de allí quexándose del rey, mas él dixo que dexasse de tenerse por Dios y se reconociesse por hombre y enfermo de locura, que haziendo esto y assentándose con los otros podría comer, lo cual él concedió y quedó sano. Dízelo Eliano, libro doze.
[3] También es enfermedad el ser mentecapto y tonto. Refiere Ludovico Brusón a Melítides, que con grande estudio llegó a saber contar hasta cinco. Y Amfístides era tan tonto que no sabía si le avía parido su padre o su madre.
Fin del Discurso de Enfermedad. |

DISCURSO VIGÉSIMO SEXTO. DE ESPERANÇA

En el capítulo veinte y cuatro del Deuteronomio mandava Dios que no se empeñassen la muela alta ni baxa del molino. La muela alta que detie- ne | la harina, que no se despolvore y levante en alto, denota en la alma el temor que la detiene no se levante y ensobervezca. La muela inferior que detiene la harina, no se caiga y pierda, denota en la alma la esperança que la detiene no desespere ni caiga en el Infierno. Ninguna destas muelas ha de apartar de sí el hombre, siempre le conviene andar entre temor y esperança. El presente Discurso trata de la Esperança.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Aquel se dize que espera con utilidad, /(138r)/ que no confía tanto en la Misericordia de Dios, que menosprecie y tenga en poco su Justicia, ni teme tanto la Justicia que desconfíe de su Misericordia. Por donde siempre devemos estar con cuidado, no demos en vicios que andan a los extremos con la esperança, y son desesperación y presumpción. Los que desconfían no consideran bien la grandeza de la Divina Misericordia y mirando sus pecados antes se condenan que los condenen. Los presumptuosos olvídanse de la severidad de su Justicia y, temiendo, pecan con mayor libertad. Y ni éstos presumirían, ni aquéllos se desesperarían, si considerassen que juntamente es Dios justo y misericordioso, y que castiga a los protervos en pecar y perdona a los que hazen penitencia de sus pecados. Es de Marulo, libro segundo.
[2] El impío Caín, manchado con la sangre inocente de su hermano Abel, a quien mató por embidia, pudiera alcançar perdón de fratricidio si tuviera de lo hecho dolor y implorara la Divina Misericordia. Mas añadió mal sobre mal, diziendo que era mayor su culpa que mereciesse perdón. Parecióle (y muy mal) que le faltava caudal a Dios para perdonar tan gran pecado como el suyo. San Augustín, bolviendo por la honra de Dios, le dize que miente por la barba, que mucho más puede perdonar Dios que pecar el hombre, y que fue mayor su pecado en desesperar de la Misericordia del Señor, que en matar al hermano. Mal procedió Caín en ir por este estremo de desesperación, y mal hazen los que van por el contrario de presumpción; a los cuales arguye el Libro del Eclesiástico, capítulo cinco, diziendo: «Del pecado cometido nunca te falte temor, ni añadas pecados sobre pecados, diziendo 'La Misericordia de Dios es grande, perdonará la multitud de mis iniquidades' «. Verdad dizes que te perdonará, mas con la condición que puso David, diziendo en un Salmo: «Espera en el Señor y haz buenas obras; espera en el Señor y cesse el pecado; espera en el Señor y la disciplina en la mano». El fratricidio de Caín se escri- ve | en el capítulo cuarto del Génesis, y refiere lo dicho Marulo, libro segundo.
[3] Afligido y llagado en el cuerpo, muertos los hijos y perdida su hazienda, perseguido de su muger y escarnecido de amigos, estava el santo Job, y dezía: «Ni por esto, ni porque me mate, dexaré de esperar en Dios». Es de su Libro, capítulo doze y treze.
[4] Vana confiança tenían los que edificavan la torre de Babilonia, esperando en ella ser libres, aunque viniessen muchos diluvios. Mas castigólos Dios con la confussión de las lenguas, viniendo a punto que unos no entendían a otros, por donde la obra cessó, como parece en el capítulo onze del Génesis.

[5] Confiava vanamente Faraón en su mucha gente, carros y cavallos, y perseguía a los hebreos, sabiendo que Dios los favorecía, y su confiança fue vana, pues quedó submergido en el mar Bermejo, como se dize en el capítulo catorze del Éxodo.


[6] El gigante Goliat confiava en sus fuerças, mas fue muerto por David, moço de poca edad, y assí fue su confiança vana, como parece en el Primero de los Reyes, capítulo diez y siete.
[7] David cayó en pecado de adulterio y de homicidio. Reprehendióle Natán Profeta, y dixo con dolor grande de su coraçón:

-Pequé contra el Señor.

Replicó luego Natán:

-Y el Señor te ha perdonado tu pecado. No morirás.

Confessó su culpa y no desconfió de la Misericordia de Dios, y no se engañó en la esperança, porque alcançó perdón della. Y si David assí cayó, ninguno, por levantado que se vea, esté seguro. Y pues de tan grave crimen alcançó perdón, ningún pecador desespere. Es del Segundo de los Reyes, capítulo doze.
[8] Manasses fue uno de los más malos reyes que reinaron en Jerusalem, porque adoró las estrellas, puso un ídolo en el templo de Dios, fue agorero, derramó mucha sangre inocente, quitó la vida a Isaías, asserrándole, y mató a otros profetas, de modo que en su tiempo estavan las calles /(138v)/ de Jerusalem bañadas en sangre. Por estos y otros pecados vino contra él el rey de Assiria, prendióle y llevóle captivo a Babilonia, donde, viéndose en cárcel y aprisionado, reconoció sus culpas y pecados, llorólos y pidió a Dios perdón dellos, confiando en su Misericordia. Fue oído y, libre de la prissión, restituido en su reino, donde, reconociendo la merced recebida de Dios, fue mudado en toro; derribó los ídolos, purificó lo que tenía profanado y adoró a sólo el Dios de Israel. ¿Quién desconfiará de perdón, pues Manasses le alcançó? Y quien vive en vicios y pecados, ¿que no pueda enmendarse y ser bueno, pues aquél se enmendó y lo fue? Es del Primero del Paralipomenon, capítulo treinta y tres.
[9] Los parientes de Tobías, viéndole ciego y pobre, burlavan dél, y dezíanle:

-¿Dónde está tu esperança, por la cual hazías limosnas y enterravas muertos?

El santo varón les reprehendía, diziendo:

-No habléis del modo que habláis, porque somos hijos de santos y esperamos aquella vida que ha de dar Dios a los que tienen fe en Él y le sirven.

Es de su Libro, capítulo segundo.
[10] Susana, sentenciada a muerte por adúltera, llorada de sus padres y parientes, llevándola al lugar donde avía de ser apedreada, sonando los pregones, dize la Escritura en el Libro de Daniel, capítulo treze, que su coraçón tenía esperança en Dios.
[11] Loca y desatinada fue la confiança de Holofernes, pues una muger le cortó la cabeça, y su exército, que amenaçava al mundo, fue destruido. Dízese en el Libro de Judit, capítulo seis y treze.
[12] Los ninivitas, como les predicasse Jonás la destruición de su ciudad, sabiendo que era esto por castigo de sus pecados, haziendo dellos penitencia, dixeron:

-¿Quién sabe si viendo Dios nuestro dolor y pena se ablandará y cessará su ira, de modo que no perezcamos?



Grande fue su confiança, queriendo misericordia de Dios al tiempo que estava tan airado contra ellos, y fuera su esperança vana si no pusie- ran | fin a los vicios. Lo que esperaron, por medio de la penitencia lo alcançaron, diziendo la Escritura Divina: «Y vido Dios sus obras, que se convirtieron de sus malos caminos, y tuvo dellos misericordia, cessando el castigo con que los amenaçava». Aquella esperança de alcançar perdón no se engaña, que se acompaña con la corrección de la vida. Es del Libro de Jonás, capítulo tercero.
[13] Y si miramos al tiempo de la Ley de Gracia, ¿a quién no levanta esperança el ladrón colgado de la Cruz, donde oyó aquella boz jucundíssima del Señor: 'Oy serás comigo en el Paraíso' ? Condenado estava a muerte por sus latrocinios, y puesto en el palo, sintiendo los trassudores della, mas confessándose allí digno de muerte, creyendo en Jesucristo y rogándole se doliesse dél, passó de muerte a vida, de la Cruz al Paraíso. ¡Oh, inmensidad de la Divina Clemencia, a cuán tardía confessión, cuán gran premio se concedió! Es de San Lucas, capítulo veinte y tres.
[14] Ni deven desesperar los que por ser cobdiciosos adoran el dinero. A Mateo, del cambio le llamaron al Apostolado. Zaqueo, príncipe fue de cambiadores muy rico, y mereció recebir en su casa por huésped al Salvador del Mundo. Ambos dexaron las usuras y logros y ganaron el Reino de los Cielos. Tal ganancia suelen hazer los que, convertidos, ponen su esperança, apartándola de las riquezas de la Tierra, en Dios, dador de bienes celestiales y eternos. Es de San Marcos, capítulo segundo, y de San Lucas, capítulo quinto.
[15] Ni deven ser oídos los hereges nonacianos, que cierran la puerta de la misericordia de Dios al que pecó gravemente después de baptizado. Esto es error, porque San Pedro, que de pecador fue hecho Apóstol, y por especial privilegio con Jacobo y Juan gozó de ver la Gloria de Cristo, transfigurado en el monte Tabor, ya le avía confessado por Hijo de Dios vivo, ya estava baptizado, pues el Baptismo es puerta de los demás Sacramentos, y Cristo le dio el de la Eucaristía la noche antes de su muerte, comulgando con los /(139r)/ demás Apóstoles en la Cena, y el siguiente día, por temor de los hombres, negó a Dios, y porque después de aver negado lloró amargamente su pecado, no solamente recuperó lo perdido, sino que fue hecho Príncipe de los Apóstoles, y le dieron la llave del Reino de los Cielos, con poder de perdonar pecados. El benigníssimo Dios le concedió más en su penitencia, que avía tenido en la inocencia, pues añadió a lo primero la honra de tan alta dignidad. Colígese de San Mateo, capítulo veinte y seis, de San Marcos, catorze, y de San Lucas, veinte y dos.
[16] Por el contrario que a San Pedro le sucedió a Judas, que cayó del trono de Apóstol al baratro del Infierno. No sólo porque vendió a Cristo, sino porque desesperó del perdón. Confessó su culpa, diziendo: 'Pequé, vendiendo la sangre del justo' ; y era buen principio de penitencia si con humildad pidiera perdón, y no añadiendo maldad a maldad, se acogiera más al laço que a Cristo. ¿Por ventura no perdonara al que le vendió Quien rogó por sus crucifixores? Es de San Mateo, capítulo veinte y seis y veinte y siete.
[17] Loca fue la confiança de las cinco vírgines, que acendiendo sus lámparas, dexaron de proveerse de óleo, por lo cual merecieron oír del esposo:

-En verdad os digo que no os conozco.

Dízelo San Mateo, capítulo veinte y cinco.
[18] Muy loco era aquel miserable rico que dezía muy confiado que nada le avía de faltar: «Alma mía, muchos bienes tienes y para largos años; huélgate, come y beve, y date al plazer», oyendo dezir:

-Desatinado, esta noche llevarán tu alma demonios, piensa cúyo será lo que has allegado.

Dízelo San Lucas, capítulo doze.
[19] Ni el fariseo dexava de ser vano con sus esperanças de que ayunava dos días en la semana, y pagava diezmos, pues por juzgar mal del publicano, que era mejor que él, no osando levantar los ojos al Cielo y hiriendo sus pechos, diziendo: |

-Dios mío, ten misericordia de mí, pecador,



salió del templo éste justificado, y el otro reprobado. Refiérelo San Lucas, capítulo diez y ocho.
[20] A la muger hallada en adulterio también perdonó el Hijo de Dios. Mandóla que no pecasse más, para que entendamos que podemos muy de veras esperar perdón de nuestros pecados si dexamos de cometer nuevas culpas, avergonçando a los acusadores, declarándoles y dándoles en rostro con sus proprios delictos a los que venían a acusar los agenos. Fuéronse unos tras otros como avían venido, llenos de culpa y impiedad, y la muger permaneció en presencia del Salvador hasta que enteramente alcançó perdón y tomó palabra a Jesucristo que no la condenaría. Devemos nosotros esperar sin cansarnos, pues dize el Apóstol escriviendo a los Hebreos, capítulo siete: «Casa y morada somos de Cristo, si hasta el fin tuviéremos fiducia y gloria de esperança». Es de San Juan, capítulo octavo.
[21] María Magdalena, por el viçio deshonesto en que estava, perdió honra y ganó nombre de muger pecadora, mas por la penitencia, y porque amó mucho, se le perdonaron muchos pecados, y la que avía sido sierva del pecado fue después discípula de Cristo. Mereció oír que avía escogido la mejor parte, y mereció ver primero que los Apóstoles a Cristo Resuscitado, y assí, adonde abundó el delicto, sobreabundó la misericordia. Es de San Lucas, capítulo séptimo.
[22] ¿Y por qué desesperará alguno, aunque impío, cruel y lleno de pecados y maldades, si Paulo, perseguidor del nombre de Cristo, fue hecho Apóstol de Cristo, si el vaso de ira fue convertido en vaso de elección, si aquél que fue enemigo capital de la Iglesia se tornó defensor constante della? Dirá alguno: «Paulo fue llamado en el camino, y como violentado, derrocándole en tierra para que se levantasse del vicio, cegándole los ojos del cuerpo para que viesse con /(139v)/ los del alma». Al que dixere esto se puede responder: Y tú, hermano, cuantas vezes te inquieta tu conciencia y te desassosiega, ¿no es darte bozes y llamarte? Cuantas vezes padezes alguna adversidad como persecución, afrenta o enfermedad, ¿no es como derrocarte de tu vana pretensión y como traerte de los cabellos a que seas bueno? Paulo obedeció luego, no estés tú pertinaz. Él cayó en tierra y le fue mandado entrar en la ciudad para oír allí lo que le convenía hazer; tú, submergido en las cobdicias de la Tierra, rebolcándote en tus torpes deleites, levántate y entra en la ciudad de los Mandamientos de Dios, para que aprendas qué deves se- guir | y qué deves huir. Allí Ananías, poniéndole las manos en los ojos, cobró la vista que avía perdido. Ananías se interpreta don de la Gracia del Señor; este don te pondrá mano, dándote virtud para que te confirmes en la esperança y recibas la vista que perdiste pecando, no vista de ojos carnales, sino de entendimiento, con que se vee Dios, para que te gloríes con el mismo Paulo, diziendo en la Primera a los de Corinto, en el capítulo treze: «Por la Gracia de Dios soy lo que soy, y su Gracia no fue en mí vacía, sino que siempre está comigo». Es del Libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo nono, y refiérelo Marulo, libro segundo.
Lo dicho es de la Sagrada Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]



[1] Moisés, monge del abad Isidoro en la Tebaida, de nación etíope, varón de singular santidad y paciencia, primero fue ladrón, a muchos quitó las haziendas y a no pocos las vidas, mas compungido, y teniendo dolor de sus pecados, procuró la misericordia de Dios con oración y penitencia, y procurándola la alcançó, y el que un tiempo era del número de ladrones, después fue del número de los santos, y con esto el etíope mudó la piel, y la onça, sus varios colores, y el lobo tragador se convirtió en cordero manso. Es de Paladio, en su Lausiaca.
[2] Jacobo, siendo fiel y hijo de padres fieles, y entre los privados del rey de Persia el primero, queriendo agradar a su señor, idólatra y gentil, adoró ídolos. Mas por cartas de su madre, que le reprehendió ásperamente este pecado, hizo dél penitencia. Menospreció las honras que tenía y sin respectar al rey, escarneció y detestó los ídolos, y públicamente confessó que era cristiano. Y fue con tanta constancia, que se dexó despedaçar huesso por huesso, y assí por medio del martirio se hizo merecedor de los bienes que avía perdido idolatrando. Y por esto dize David, Salmo ciento y diez y siete: «Mejor es confiar en el Señor, que en el hombre; mejor es esperar en Dios, que en los | príncipes». Refiérelo Marulo, libro segundo.
[3] Ni por verse uno que está endurecido en pecar, desconfíe. Mire lo que le sucedió a un viejo llamado Nicolao, que siendo tentado y vencido de vicios carnales hasta la vejez, vistas sus fuerças flacas, hizo oración al Apóstol San Andrés para que rogasse por él a Dios, que aun rogar él por sí le parecía que no podía. Y por los ruegos del Apóstol se aplacó Dios, Nuestro Señor, y él se corrigió, de suerte que por medio año hizo asperíssima penitencia y murió en el Señor. Dexónos exemplo que si por el uso y costumbre de pecar nos viéremos floxos en la enmienda de la vida, y la esperança del perdón estuviere tibia, nos vamos a los que sabemos que agradan a Dios, pues aunque se muestre airado por nuestros pecados, más fácilmente se mitigará y inclinará a misericordia por los méritos de los santos que intercedieren por nosotros. Dízelo Abdías, en la Vida de San Andrés.
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