De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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Lo dicho es de la Sagrada Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] San Ambrosio, en la Oración fúnebre primera que hizo de la muerte de su hermano Sátiro, dize que fue libre de un naufragio, estando agonizando entre las ondas, sin aprovecharse de cable o tabla del navío, sólo por virtud del Sacramento que poco antes avía recebido, como después lo reconoció toda su vida.
[2] San Augustín, en el libro veinte y dos de la Ciudad de Dios, capítulo octavo, dize que un hombre principal del estado tribunicio, el cual vivía en un pueblo llamado Cubedo, en el territorio fusalense, habló con sus clérigos estando el Santo Doctor ausente y rogóles que fuesse uno dellos a dezir Missa a su casa, para que assí se remediasse un daño notable que padecía de espíritus infernales que molestavan a sus hijos, criados y jumentos. Fue | uno dellos y dixo Missa, la cual dicha, nunca más se sintió aquel trabajo.
[3] San Gregorio, en el libro cuarto de sus Diálogos, capítulo cincuenta y seis, y en la Homilía treinta y siete de los Evangelios, dize de Cassio, obispo narniense, que celebrava Missa todos los días. Tenía éste en su casa un presbítero, grande siervo de Dios, el cual le dixo:

-En sueños he sido mandado de parte de Dios que te diga que perseveres en lo que hazes de dezir cada día Missa, sin faltar en ello, y que en la festividad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo morirás y recebirás el premio.

Y fue assí, que el año séptimo que le fue dicho esto, en el mismo día de los Apóstoles, acabando de dezir Missa y recebido la Sagrada Comunión, espiró. Dichoso el que por celebrar cada día el Sacrifi- cio /(143v)/ del Cordero Inmortal mereció ser llamado a la cena de sus bodas y gozar de su fiesta en el Cielo eternalmente, por no aver faltado día de celebrar en el altar su memoria.
[5] San Gerónimo, cercano a la muerte, pidió el Cuerpo Santíssimo de Jesucristo. Truxéronsele, y para recebirle se hizo baxar de la cama en tierra sobre un saco, y puesto de rodillas derramó lágrimas, hirióse los pechos, y assí recibió la Sagrada Comunión, confessándose indigno della por palabras y por obras, aunque afirmando serle necessario el recebirle. Dízelo Eusebio, en su Vida.
[6] Estando enfermo San Ambrosio y cercano a la muerte, aunque antes lo avía hecho frecuentemente, tuvo deseo de comulgar, mas por estar sin habla no pudo pedir la Sagrada Comunión. Y estando afligido por esto vido venir a Honorato, presbítero vercelense, que se la traía. Recibióla con sumo contento, y el presbítero afirmó que tres vezes le avían llamado y avisado que se la truxesse estando durmiendo, sin saber quién se lo dezía. Y fue que Dios, Nuestro Señor, por ser Ambrosio su siervo, quiso hazerle aquel regalo y que no muriesse sin el Viático.
[7] El benerable Beda, en la Historia Inglesa , capítulo veinte y dos, escrive de un mancebo cristiano llamado Imma, que fue herido y preso en una batalla y, estando sano, los que le tenían captivo pusiéronle prisiones, y cada día a hora de tercia por sí mismas se le caían y dexavan libre. Esto fue ocasión de que anduviesse en poder de muchos señores, hasta que uno dellos le dio libertad tomándole juramento de que le embiaría el rescate por que se concertaron ambos. Fue Imma a su tierra y embió el rescate. Mas supo que un hermano suyo sacerdote dezía cada día por el Missa, y a la hora que levantava el Santíssimo Sacramento se le quitavan las prisiones y quedava libre.
[8] Paladio, en su Lausiaca, en la Vida de San Macario Egipcio, escrive que le truxeron a aquel santo varón una muger ca- sada, | a la cual cierto hechizero, a petición de un hombre deshonesto, porque no consintió con él en sus torpezas, por sus encantos avía hecho que pareciesse yegua a todos los que la miravan. Estuvo tres días en esta figura, sin comer pan como persona humana, ni paja como bestia. El marido y parientes pidieron con mucha instancia al santo abad se doliese della y dellos. Hizo oración, derramó agua bendita sobre su cabeça y quedó libre de aquella ilusión, aunque a San Macario siempre le pareció muger, como era. Díxole:

-Hija, frecuenta la Sagrada Comunión como solías, que por averte descuidado de recebirla cinco semanas permitió Dios que te viniesse este trabajo.


[9] Paulo Diácono, que fue Papa, escrive en la Vida de San Gregorio de una muger romana que, llegando a comulgar de mano de San Gregorio Papa, por usarse en aquel tiempo que consagravan unas tortas delgadas y davan a cada persona que comulgava una partícula, que partían della al tiempo que la iva a recebir, como el Santo Pontífice dixesse: «El Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo te aproveche en remissión de tus pecados y te dé la Vida Eterna», ella se sonrío un poco. Detuvo la partícula San Gregorio y púsola en el altar encomendando a un diácono que la guardasse, y comulgó a los demás. Acabada la Missa, llamó a la muger y preguntóle la causa de averse reído cuando la quiso comulgar. Ella respondió:

-Dixiste, señor, que la parte de la torta que yo amassé era el Cuerpo de Jesucristo; reíme de oírlo.



Bolvióse al pueblo San Gregorio y encargóles que pidiessen a Dios con humildad mostrasse a los ojos corporales de aquella muger lo que con los de la alma avía de ver mediante la fe y obras santas, para que todos se corroborassen en la misma fe. Hízose la oración, y, hecha, vídose la partícula del Sacramento en forma de un dedo de la mano de persona humana ensangrentado. El pueblo todo le vido, y la muger, con grande admiración y lágrimas que derramava. San Gregorio le /(144r)/ tornó a hablar y dio a entender cómo por virtud de las palabras del sacerdote el pan se convierte en la Carne y el vino en la Sangre de Jesucristo, y que para evidencia desto avía Dios hecho aquel milagro. Díxoles luego que tornassen a hazer oración para que el Sacramento bolviesse a mostrarse en la forma y especie de pan, como de primero, y assí se hizo. Y la muger, reformada en la fe, y aviendo compuesto su alma conforme a lo que el Santo Pontífice mandó, recibió la Sagrada Comunión.
[10] Amfiloquio, en la Vida de San Basilio , escrive de un judío que, estando comulgando el mismo San Basilio al pueblo, vido un niño hermosíssimo en sus manos, y que le partía y repartía de él al pueblo, por lo cual se convirtió a la fe.
[11] Estéfano, presbítero constantinopolitano, tocó la cabeça de una muger endemoniada con el Santíssimo Sacramento, y el demonio la dexó libre. Ella afirmava después que le pareció que le puso sobre su cabeça un hermoso niño desnudo. Dízelo Nizéforo, libro veinte y dos.
[12] Marco, llamado acerca de los egipcios El Escritor porque escrivió las Vidas de los Anacoretas y Solitarios de aquella provincia; éste pidió un día, puesto de rodillas, a cierto sacerdote, que le diesse la Sagrada Comunión, y como el otro lo dilatasse o no quisiesse hazerlo, vídose una mano que le dava la Divina Hostia, y él la recibió con particular gusto, no dubdando sino que era mano de ángel la que se la administrava. Es del De Vitis Patrum.
[13] Faustino y Jovita, mártires, aviendo baptizado en Milán a cierto hombre que seguía la milicia y era de grandes prendas, llamado Segundo, desseando comulgarle y no teniendo comodidad, vieron venir de lo alto una paloma que traía en su pico una Forma, teniendo por cierto los santos que estava consagrada. Y assí con ella comulgaron a Segundo, y no vino sino muy a cuenta que truxesse paloma aquel Divino Manjar, pues diversas vezes se mostró el Espíritu Santo debaxo de a- quella | figura. Y sucedió esto para que creamos, como creemos, que está el Padre y el Espíritu Santo donde está el Hijo, porque siendo tres las Personas, es una la essencia. Y la honra y adoración de la Tría que deve el cristiano a Dios Trino y Uno, deve al Santíssimo Sacramento, porque debaxo de aquellas especies de pan y vino visibles está la verdad invisible, está Dios verdadero. Refiérelo Surio, tomo primero.
[14] Honorato, obispo ambianense, diziendo Missa, viendo delante de sí la Hostia Consagrada y queriendo recebirla, no osava llegar con su mano, por reverencia y temor. Y estando perplexo en esto, vido que de la Forma salía una mano y assía la suya, por lo cual, más confiado, recibió el Sacramento. Y el que se tenía por indigno de llegar a Cristo mereció que Cristo llegasse a él, y assí le recibió. Es de Hilario Arelatense, y refiérelo Surio, tomo primero.
[15] Tarsicio Romano, mártir y sacerdote, como llevasse el Santíssimo Sacramento debaxo de su manteo para dar a un enfermo, encontraron con él ciertos gentiles. Preguntáronle qué llevava debaxo del vestido. No quiso dezirlo, temiendo no hiziessen algún desacato al Divino Sacramento, por lo cual ellos le mataron. Y, queriendo ver lo que llevava, escondióse de sus ojos la Forma Sacratíssima, quedando ellos llenos de temor y assombro. No convenía que profanassen aquellos sacrílegos el Santíssimo Sacramento, aviendo Tarsicio antepuesto el perder su vida antes que verle tratar con desacato. Está lo dicho en la Vida del Papa San Esteban , y refiérelo Marulo.
[16] Agatón, obispo de Palermo, que es en Sicilia, passava a Roma, siendo llamado por el Papa Pelagio Secundo, antecessor de San Gregorio. Padeció naufragio en el camino, llevava consigo un maestre que regía el navío, llamado Baraca, el cual, estando en el esquife, rompió la furia de la tempestad la cuerda y fue por su parte. El navío llegó a una isla llamada /(144v)/ Ostia al tercero día, donde, acordándose el obispo de su maestre, creyendo que era muerto, dixo Missa por él, y, reparando el navío, pasó al puerto más cercano de Roma, donde halló a su maestre Baruca, a quien tenía por muerto. Holgó mucho con él y preguntóle cómo se avía librado de la tempestad del mar. Respondióle que diversas vezes estuvo el esquife a punto de ser con él undido, y por tres días padeció tormenta grandíssima, no aviendo punto que no creyesse ser su muerte venida. Al cabo dellos, estando desmayado sin fuerças, que ni bien velava ni bien dormía, llegó a él una persona venerable en medio del mar y diole un pan, que comió, y recibió con él tanto esfuerço que, favorecido del mismo, guiando el esquife salió a salvamento. Oyendo esto el obispo, hizo cuenta qué día fuesse aquél y halló ser el proprio en que por él avía dicho Missa. Refiere esto San Gregorio, libro cuarto de los Diálogos, capítulo cincuenta y siete.
[17] San Cipriano Mártir, en el Sermón de Lapsis, dize de cierta muger que, queriendo abrir una arca donde avía estado el Santíssimo Sacramento, de la cual quería servirse en usos profanos, salió della una llama de fuego que la espantó, de modo que no osó más tocarla. En el mismo sermón afirma de otro que se llegó a comulgar en pecado mortal, y tomando en sus manos, como se usava en aquel tiempo, el Sacramento, y queriéndolo llevar a la boca, hallósela llena de ceniza.
[18] Un sacerdote de Centum Cellas, en Italia, yéndose a bañar algunas vezes, hallava siempre en el baño un hombre desconocido que le servía y regalava en aquel ministerio. Llevóle un día algunos panes en gratificación de aquel servicio, y el otro le dixo que no le eran de provecho por ser difunto. Declaróle que avía sido señor de aquel baño, y que en él tenía su Purgatorio, que le rogava, si quería hazerle buena obra, se los comutasse en Missas que dixesse por él. Hízolo assí el sacerdote, y al octavo día vino al baño y no | halló el hombre, por donde entendió que estava libre de semejante pena. Y assí, con el aver parecido primero que pidiesse las Missas y no parecer después que se le dixeron, ni ser más allí visto, dio a entender cuánto este Divino Sacrificio aproveche a las almas que padecen en Purgatorio. Es de San Gregorio, en los Diálogos, libro cuarto, capítulo cincuenta y cinco.
[19] Siendo abad el mismo San Gregorio en un monasterio edificado por él, como cayesse enfermo un monge llamado Justo, porque fueron halladas en su poder tres monedas de oro, deviendo servir a toda la comunidad, mandó que ningún monge hablasse con él en el tiempo que estuvo enfermo y, muerto, que no le enterrassen en sagrado. Usó deste rigor porque el enfermo echasse de ver su culpa y le pessasse della, como lo hizo, y assí no se condenó, aunque fue a Purgatorio. Y por entender San Gregorio que estava allí, mandó a Precioso, un monge de santa vida, que dixesse por él treinta Missas. Y el día último se apareció Justo, el difunto, a un hermano llamado Copioso y le declaró como avía sido en aquella hora libre de las penas de Purgatorio, merecidas por su pecado, y esto por las treinta Missas que se dixeron por él. Pidióle que diesse por ello gracias a San Gregorio y al monge Precioso. De modo que un mismo día fue el último de las Missas y de sus penas. Escrívese esto en la Vida de San Gregorio , libro primero, capítulo quinze.
[20] Santa María Magdalena, viviendo en su penitencia en el desierto gozava de la compañía de los celestiales ángeles. Y, entendiendo que se moría, hizo llamar a Maximino Obispo, y recibiendo dél la Sagrada Comunión boló al Señor. No se contentó hazer este camino acompañada de ángeles, sino llevando al Señor de los ángeles por capitán y guía. Es de Marulo, libro cuarto.
[21] Santa Petronila Virgen, estando para irse al Cielo, no quiso carecer del Viático, y pidióle a Nicomedes Clérigo, y recibiéndole dél hizo la jornada bien contenta. /(145r)/ Santa Lucía, virgen y mártir, no murió estando cercada de llamas, ni atrabessado su cuello con un cuchillo, hasta que le fue traído de un sacerdote el Sagrado Cuerpo de Jesucristo. Es de Marulo, libro cuarto.
[22] Santa Clara, estando enferma, viniendo moros sarracenos en el exército del emperador Frederico junto a la ciudad de Assis, quisieron entrar en su monasterio para hazer todo el mal y daño que pudiessen dentro. Las monjas huyeron a la enfermería y cercaron a la santa, llorando amargamente, diziendo:

-Madre, aquí verás a tus hijas deshonradas y muertas. Madre, favorécenos, pide a Dios que nos libre de tanto mal y daño como nos amenaza.

La gloriosa santa, muy confiada en la Magestad Divina, hízose llevar a la parte por donde los moros procurarían la entrada. Y subían ya por los muros, y hizo poner un altar, y sobre él la custodia y relicario donde estava el Santíssimo Sacramento. Púsose de rodillas y hizo una devota oración, diziendo: «No permitas, Señor, que estas tus siervas, que te confiessan por Dios y que por tu amor han dexado el mundo y sus deleites, viviendo en castidad, sean maltratadas y deshonradas por estas crueles bestias de infieles. Pues las redemiste, Señor, con tu sangre, guárdalas, que no tengo yo poder para guardarlas». Oyóse una boz que dixo: «Yo las guardaré siempre». Desta boz fueron los moros tan atemorizados, que unos huyeron, y otros, que avían subido los muros del monasterio, quedando ciegos y atónitos, cayeron en tierra con daño suyo notable, y fueron libres las monjas. Refiérelo fray Laurencio Surio, tomo cuarto.

[23] En un pueblo llamado Mardandos, cerca de la ciudad de Egina, en Cilicia, estava una iglesia de San Juan Baptista, y en ella residía cierto sacerdote y cura, varón santo. Fuéronse a quexar dél sus parroquianos al obispo diocesano, y depusieron dél grandes quexas, pidiendo que le mudasse de allí y les diesse otro cura. El | obispo les preguntó que declarassen sus delictos, y respondiéronle que los domingos, cuando avía de celebrar en presencia del pueblo y dezirles Missa, ya la anticipava a las nueve de la mañana, ya la posponía a las tres de la tarde, no guardando el orden acostumbrado para dezir Missa. El obispo mandó llamar al cura, y reprehendióle cómo ignorava lo ordenado por la Iglesia en el tiempo del celebrar. Él respondió:

-Yo, señor, tengo costumbre de tener oración después de Maitines en mi iglesia los domingos, y espero a que el Espíritu Santo aparezca con su luz y claridad sobre el altar, y luego que viene comienço la Missa.

Oyendo esto el obispo, admiróse de que tanta misericordia se usasse con aquel sacerdote y túvole por santo. Habló con sus feligreses, dándoles a entender la verdad de aquel misterio, y embiólos muy contentos, viendo que tenían cura santo. Siendo viejo este mismo sacerdote, le embió en presente el abad Juliano Estilita, varón santíssimo, un paño, y embueltas en él tres ascuas de fuego, sin que el paño se quemasse, y con esto su bendición. Recibiólo el santo viejo con mucho contento, y en respuesta embió el mismo lleno de agua, sin que se derramasse, y distava el uno del otros casi veinte mil passos. Afírmase lo dicho en el Prado Espiritual, capítulo veinte y siete.


[24] Recibieron el hábito de San Benedicto dos señoras de noble linaje, y vivían en casa propria guardando su instituto y regla. De las cuales tenía cuidado un religioso del mismo hábito, y proveíalas lo necessario a la vida, sobre lo cual ellas le tratavan mal de palabra, diziéndole algunas afrentas. Quexávase a San Benedicto el monge, y el santo embió a dezir a las monjas que se enmendassen, si no, que las privaría de la Comunión y las excomulgaría. San Gregorio, que escrive este caso, dize que fue una palabra comminatoria y de amenaza que les hizo el santo con desseo que se enmendassen. Y para que se vea cómo favorece Dios /(145v)/ a sus siervos, aun a las palabras que dizen con sólo intención de enmienda, más que de castigo, quiso que se echasse de ver semejante visión. Murieron las dos monjas, y por ser personas dedicadas a Dios sepultáronlas dentro de la iglesia, siendo costumbre a la sazón sepultar a los seglares fuera, en los cemiterios. Tomó cargo una ama que las avía criado de llevar ofrenda y cubrir su sepultura al tiempo de celebrar la Missa, en la cual era costumbre que comulgavan todos o los más que se hallavan presentes. Y al tiempo de la Comunión, levantava la boz el diácono y dezía: «El que no comulga dé lugar y apártese de aquí». A esta boz veía la ama salir del sepulcro a las dos monjas, o fuesse una como sombra y figura dellas, que Dios es el sabidor de lo que era; salíanse, pues, de la iglesia hasta que se acabava la Comunión. Tuvo aviso desto San Benedicto y alabó a Dios, que bolvía por su causa, queriendo que por lo que en éstas veía, otros temiessen de hazer por donde fuessen excomulgados y privados de la Sagrada Comunión. Procuró que se hiziesse por ellas cierta ofrenda y que se ofreciesse a Dios, y, hecha, cessó aquella visión, que fue como absolverlas de la censura o pena. Lo dicho es de San Gregorio, libro segundo de sus Diálogos, capítulo veinte y tres. El mismo santo, en el capítulo siguiente, refiere de un novicio de su orden que salió del monasterio sin licencia a visitar a sus padres, y que estando en su presencia murió de repente. Sepultáronle, y otro día hallaron su cuerpo fuera de la tierra, lo cual sucedió diversas vezes que le sepultavan, y no sufría la tierra su cuerpo. Fueron a San Benedicto y pidiéronle con lágrimas remediasse aquel daño. El siervo de Dios dio orden cómo un sacerdote llevasse el Santo Sacramento y le pusiesse por un poco de tiempo sobre el cuerpo difunto, y, hecho esto y tornándole a sepultar, quedó en la tierra sin que más fuesse expelido della.
[25] El abad Daniel dize en el libro de las Vidas de los Padres que Arsenio refería | de un ermitaño simple y de vida admirable, que vido en el Sacramento un niño hermosíssimo que estava sobre el altar cuando dezía Missa y consagrava el sacerdote, y que descendió un ángel del Cielo al tiempo del frangir la hostia, el cual sacrificó al niño, y la sangre la recebía el sacerdote en el cáliz, y dividiendo también el ángel en partes diversas el cuerpo del niño, el sacerdote las distribuía a los que comulgavan. Y llegando el ermitaño a comulgar, vido que le davan una parte de aquel niño, levantó la boz, y dixo:

-Señor, firmemente creo que el pan puesto en el altar se transforma por virtud de las palabras del sacerdote en tu Carne, y el vino, en tu Sangre.

Y dicho esto, vido que el Sacramento tenía forma de pan y no de carne como primero le vido. Oyendo esto el abad Daniel y otros solitarios, dixeron:

-Éssa es la razón porque ordenó Dios que recibiéssemos su Cuerpo Sacratíssimo debaxo de especies de pan, y su Sangre debaxo de especies de vino, porque al hombre humano fuérale duro y trabajoso recebirle debaxo de especies de carne y de sangre humana.


[26] Hugo Cardenal escrive en el Libro de Sacramentos de Gulielmo, rey de Escocia, que, teniendo costumbre de oír cada día Missa, como uno entre otros se detuviesse en la cama durmiendo más de lo acostumbrado, los de su casa persuadieron al capellán que si la avía de dezir, que no le esperasse, sino que la dixesse, y hízolo él como le fue pedido. Estava la capilla junto al aposento donde el rey dormía, el cual, en sueños, como si estuviera despierto, vido al tiempo que el sacerdote consagró que del altar subía una columna de grande claridad que penetrava por lo alto de la capilla hasta el Cielo, al pie de la cual estava un niño hermoso sobre cuanto puede encarecerse, y al tiempo que el sacerdote consumía, vido que recebía al hermoso niño. Mas sucedió aquí que no se encorporó el niño en el sacerdote, sino el sacerdote en el niño, aunque el sacerdote se quedó entero. Y conforma esto con lo que dize /(146r)/ San Augustín hablando en persona de Cristo con el que comulga: «Crece en virtud y recíbeme, y no seré Yo mudado en ti, sino tú en Mí». El espanto que el rey recibió de ver esto le despertó al tiempo que la Missa se acabava, y refirió a todos lo que avía visto con grande ternura y lágrimas de devoción, y los que lo oyeron alabaron a Dios.
[27] Dos estudiantes devotos, estando un día tratando de la muerte, concertáronse entre sí de que si les fuesse concedido de Dios, el que muriesse primero daría cuenta al otro del estado en que estava. Murió el uno en breve tiempo, y a los diez y siete días aparecióse al otro con grande resplandor y hermosura, y siendo preguntado de su estado, dixo:

-Por la misericordia de Dios soy salvo y gozo de los bienes eternos del Cielo.

El otro le dixo:

-¿En qué agradaste más a Dios, viviendo en la tierra?

Respondió:

-En que frecuentava los Sacramentos y procurava cuando comulgava ir con mucha devoción y ageno de toda culpa. Quiero dezirte una cosa -añadió- de que te admirarás, y es que juntamente comigo murieron cinco mil personas, y yo y otros tres solamente fuimos salvos.

Hazíase muy admirado de oír esto el otro, y añadió:

-No te admires, porque ay muchos hereges, infieles y malos cristianos, de los cuales ninguno se salva.

Es del Promptuario de exemplos.

[28] Cesario, referido por Garecio, De Eucharistia , escrive del maestro Mauricio, obispo de París, que, estando enfermo y pidiendo la Sagrada Comunión, pareciéndoles a sus domésticos, por cosas que le avían visto hazer en la enfermedad, que estava sin juizio, dando cuenta dello al sacerdote, él le truxo una forma por consagrar, queriendo con esta ficción contentarle y estorvar el peligro que resultava de comulgarle loco. Mas, al punto que entró por las puertas de su casa con aquella Forma el sacerdote, dio bozes el obispo, diziendo:

-Quitad allá, quitad allá, que no es esse mi Señor Dios.

Admiróse | el sacerdote y los presentes de oír esto, viendo que Dios se lo avia rebelado. Bolvió a la iglesia y truxo el verdadero Cuerpo de Nuestro Señor, y el obispo le recivió devotamente, y con él su juizio y seso enteramente se quietó, y murió en paz.


[29] En la Historia Eclesiástica de Hermías Sozomeno, libro octavo, capítulo quinto, se dize que una muger tocada de heregía, importunada de su marido que comulgasse, el cual, aunque avía sido herege, mas convertido a la fe por los sermones de San Juan Crisóstomo dezíale que no haría vida con ella si no comulgava; la muger, mostrando quererlo hazer, procuró una forma sin consagrar, y al tiempo que el sacerdote le dio la Forma consagrada, ella la trocó con la otra, guardando la consagrada. Mas en la boca se le tornó la que recibió piedra duríssima, quedando en ella las señales de los dientes, como la vido el mismo Hermías, mostrándose la piedra en su tiempo en una iglesia de Constantinopla. Y dize que era de un color extraordinario. Fue esto causa que la muger con temor grandíssimo descubriesse el caso y de veras se convirtiesse.
[30] Antes que la ciudad de Aquileya, que era famosa en Italia, fuesse destruida por Atila, rey de los Hunos, en un día de verano vino tanta tempestad de truenos, relámpagos y rayos, començando a caer granizo del tamaño de huevos, amenazando grande mal y daño, assí en la ciudad como en sus campos y tierras. Visto por un sacerdote llamado Florencio, varón de grande fe, tomó el relicario de cierta iglesia, donde era cura, y con el Santíssimo Sacramento salió a vista de la tempestad y tormenta, y en boz alta dixo:

-Veis aquí, demonios, viene el Criador de los Siglos, Nuestro Dios y Juez. Por virtud suya dexad de hazer el daño que hazéis.

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