De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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Cosa maravillosa, que la tempestad cessó y se fue, oyéndose bozes en el aire que dezían: «Ay de nosotros, que viene el Hijo de la Virgen; perezca el que le truxo y nos quitó la oca- sión /(146v)/ de hazer mal y daño».

Es del Promptuario de exemplos.


[31] Conrado, abad cisterciense, varón santíssimo, dezía Missa con grande devoción, y empleávase mucho tiempo en escrivir tratados devotos para provecho de almas. Viéronsele diversas vezes los dos dedos de las manos con que tocava el Sacramento y con que escrivía, que davan de noche luz de sí como dos hachas. Es del libro primero De Apibus, capítulo siete. Este Conrado fue Legado del Papa en Alemania en el tiempo que començava el Orden de Predicadores, y por una revelación que tuvo del provecho grande que hazen en la Iglesia Católica, les fue muy aficionado, y les dixo una vez con grande ternura:

-Aunque traigo otro hábito, quiero ser, y soylo de coraçón, hermano vuestro.

Vínosele a quexar un cura de cierto pueblo en aquella legacía, y la quexa era de los mismos frailes predicadores, que confessavan sus feligreses y ganavan la voluntad de las gentes. Preguntóle el legado:

-¿Y qué tantas personas tienes en tu districto y curado?

Respondió:

-Bien serán nueve mil, entre hombres y mugeres.

El Legado se santiguó, admirándose, y le dixo:

-Pues, miserable hombre, ¿quién eres tú, que te atreves a dar cuenta de tantas almas en el juizio estrecho de Jesucristo, verdadero Dios y Hombre? Y que te pese que tengas tan idóneos ministros, que te ayudarán a llevar essa carga. Digno eras de ser privado de todo beneficio eclesiástico.



Es del Promptuario de exemplos.
[32] Tenía cierto labrador algunas colmenas en el arrabal de una ciudad de Francia y, llegando a visitarlas, vido que en una ni entravan ni salían avejas. Llegó cerca y oyó un sonido como de música concertada dentro della. Admiróse desto, y venida la noche vido grande resplandor sobre la colmena. Dio aviso al obispo, y en persona experimentó la música de las avejas y el resplandor en la noche sobre la colmena. Congregó el clero y muchos del pueblo para ver qué estava allí | dentro. Y, avierta, vieron en lo alto della labrada de cera muy blanca una custodia, y en medio della el Santíssimo Sacramento, y alrededor dél, escuadras de avejas que hazían aquella música. Quedaron los presentes admirados, y derramavan lágrimas de devoción. Fue llevado el Sacramento a la iglesia, y donde estava la colmena se labró un oratorio. Donde, divulgándose la fama desto por toda Francia, dos ladrones, atemorizados del caso, sin ser forçados confessaron que avían hurtado de cierta iglesia allí cerca un vaso de plata, donde estava el Sacramento, y dexáronle sobre una hijuela de lienço junto a la colmena, llevándose la plata. Lo dicho se refiere en el libro segundo De Apibus, capítulo cuarenta.
[33] Otro caso que simboliza con el dicho se escrive en el libro llamado Promptuario de exemplos, y fue en esta manera: Tenía una muger muchas colmenas, y sacando poco fruto dellas porque se le morían las avejas, fuele dicho que si llevava una Forma consagrada y la ponía entre ellas, que cessaría aquella plaga. Fue a la iglesia, fingió querer comulgar, y secretamente, aviendo recebido el Sacramento en la boca, le sacó della y le puso en una colmena. Las avejas, regidas por Dios, labraron un altar y capilla, donde pusieron el Sacramento. Y al tiempo de la cosecha de miel, abriendo aquélla la muger, y vista la obra, fue al obispo y confesóle la verdad de todo aquel caso. El obispo congregó su clerecía y fue a donde estava la colmena, y a su llegada las abejas dieron lugar a que se pudiesse sacar de allí, apartándose. Y fue cosa maravillosa de ver el artificio con que tenían labrada la capilla con su ventana, el cimborrio y el altar. De donde, tomando con mucha veneración el Sacramento, le llevaron a la iglesia. El autor desto es Cesario, y refiérese, como se ha dicho, en el Promptuario de exemplos.
[34] Eduardo, rey de Inglaterra, ilustre en santidad, de que se preciava él más que de ser rey, estando un día oyendo Missa vido en las ma- nos | del sacerdote que celebrava a Jesucristo en forma de niño. Y no sucedió esto porque el santo rey dubdase de la verdad del Sacramento, sino para que los que lo dubdavan, oyéndoselo dezir a él y sabiendo que se preciava de dezir verdad, lo creyessen. Y assí, por su dicho, creyeron algunos que no admitían las razones que en este divino ministerio les proponían. Refiérelo Surio, tomo primero.
[35] María de Decegnies vido, celebrando Missa un sacerdote, que tenía en sus manos a Jesucristo en figura de niño. Ibón Presbítero, celebrando Missa, al tiempo de consagrar se vido sobre su cabeça un globo de fuego. Onofre Ermitaño, estando en el desierto, comulgava cada domingo, trayéndole un ángel el Sacramento, consagrado por cierto sacerdote que dezía Missa en lugar bien distante de aquél. Y es verisímil que sucedía lo mismo a muchos otros monges solitarios santos, aunque no se declare en sus Vidas. Lo dicho es de Marulo, libro cuarto.
[36] Eadmundo, obispo cantuariense, aviendo de disputar acerca del misterio de la Santíssima Trinidad en público cierto día, parecióle en sueños la noche antes que una paloma le traía el Santíssimo Sacramento, y que le recebía. Y venido el día, fue lo que dixo acerca de aquel alto misterio de suerte que los oyentes quedaron admirados y muy edificados. Es de Oberto, y refiérelo Surio, tomo primero.
[37] Iva por el mar en un navío con mucha gente Maclovio, confessor y sacerdote, y llegando el día de Pascua de Resurrección, rogó a Dios les diesse modo como celebrasse Missa, y la oyessen los que ivan con él. Vieron una pequeña isla; salieron a ella, pusieron altar, dixo Missa San Maclovio, y oyéronla con mucha devoción todos los que ivan en el navío, que eran ciento y ochenta personas, y comulgaron muchos. Tornáronse al navío, y vieron que la isla se hun- dió, | porque era concha de una grande pescado, que por orden del Cielo estuvo firme en esto. Dízelo Surio en la Vida deste santo, en el tomo seis.
[38] En la provincia de Apamía, en una ciudad llamada Tórax, ay un campo distante de la misma ciudad cuarenta millas, llamado Gonaguo. Aquí apacentavan ganados ciertos rapazes, los cuales, juntándose en tanto que passava la siesta, acordaron de hazer algún juego. Y el que escogieron fue fingir que dezían Missa solemne. Señalaron uno que representasse al sacerdote, y dos para diáconos. Llegaron a una piedra que estava como altar, y sobre ella pusieron pan, y en un baso de barro, vino. El que se fingía el sacerdote estava en medio, y a los lados los diáconos, y porque sabía de coro las palabras de la consagración, siendo costumbre en aquella edad de estar al tiempo que se celebrava el Santo Sacrificio de la Missa algunos niños cerca del altar, y dezirse en alta boz las palabras, sabíanlas de coro algunos, como las sabía éste. Quiso pronunciarlas, y los que tenía por diáconos con pañizuelos hazían aire, al talle que los de aquel oficio con ventalles servían al sacerdote cuando celebrava. Y luego, como acabó de pronunciarlas y quiso frangir el pan y comunicar él y los presentes, baxó del Cielo fuego que abrasó el pan y el vino, y la piedra en que estava, convirtiéndolo todo en ceniza. Cayeron los mochachos en el suelo como muertos de temor, y estuvieron assí algún tiempo sin levantarse de tierra, hasta que visto en sus cassas que tardavan, fueron sus padres a buscarlos y, hallándolos, admirávanse de verlos sin habla, aunque con vida. Lleváronlos a sus casas, donde estuvieron hasta el día siguiente sin hablar palabra, atónitos y confusos, como también lo estavan sus padres viéndolos. Mas, venido otro día, poco a poco hablaron y dieron cuenta del hecho, conformándose todos en la verdad dél, aunque apartados unos de otros, por /(147v)/ lo cual les dieron crédito. Fueron los vezinos de aquel lugar al otro, donde el caso sucedió, y vieron señales del fuego, por donde se enteraron en la certeza del hecho, dando cuenta de todo al obispo diocesano. El cual, admirado oyendo semejante milagro, aviendo visto el lugar con los rastros y señales del fuego, y interrogando a los mochachos uno por uno, conformando todos en la verdad, estando presente su clerecía, mandó edificar un monasterio en el lugar del milagro, y el altar quiso que estuviesse donde cayó el fuego, y en él encerró todos los mochachos, y permanecieron en religión. De los cuales algunos, ya viejos, contavan el hecho, como se lo contaron a Gregorio, prefecto de Africa, de quien lo oyó el autor del libro llamado Prado Espiritual, donde se refiere en el capítulo ciento y noventa y seis.
[39] Al tiempo que los hereges albijenses publicavan su falsa doctrina y maldita secta en Francia, ayudados del demonio andavan sin hundirse sobre las aguas de un río y dezían que hazían esto para prueva de lo que predicavan, como milagro. Visto por cierto sacerdote católico el daño que hazía en las almas aquella ilusión del demonio, tomó en un relicario el Santíssimo Sacramento y fuese cerca del río, donde mandó al demonio, por virtud del Señor que consigo traía, que cessasse aquella ilusión y se fuese de allí. Lo cual sucedió, de suerte que los hereges que halló sobre el río, con esta palabra fueron ahogados de repente. Refiérese en el Promptuario de exemplos.
[40] En Viterbo, ciudad de Italia, celebrando Missa un sacerdote, al tiempo que quiso frangir la hostia, tuvo dubda que estuviesse allí el Cuerpo de Jesucristo. Con todo esso, la frangió, y della corrió sangre en abundancia, de manera que los corporales quedaron sangrientos sin que se pudiesse quitar de allí el color de la sangre, por más que los labaron, y assí los pusieron en el Sagrario de la iglesia de Viterbo. Era en tiempo del Papa Urbano Cuarto, y ayudó mucho esto con el milagro de los Cor- porales | de Daroca, de que se dirá luego, que avía sucedido por este tiempo en España, para que instituyesse la celebración de la fiesta del Santíssimo Sacramento, como la instituyó para el Jueves después del Domingo de la Santíssima Trinidad. Dízelo Marulo, libro cuarto.
[41] Teniendo la Corona de Aragón el rey don Jaime el Primero, estando ciertos capitanes suyos para dar batalla a los moros en el reino de Valencia, quisieron antes de entrar en ella, como católicos cristianos, recebir el Santíssimo Sacramento del altar. Hizieron dezir Missa luego por la mañana en un monte donde está aora el convento de Luchente. Los capitanes que avían de comulgar eran seis, y llamávase el principal dellos don Beringuel de Enteça. Consagradas las Formas y dicha la Missa, vinieron de rebato los moros, por lo cual les fue fuerça el dexar la Comunión y salir a poner en orden su gente. Acometieron a los moros y venciéronlos. Entretanto, el sacerdote cogió los Corporales con las Formas, y púsolos entre unas piedras, y visto el vencimiento de la batalla fue a sacarlas y halló que se avían apegado a los Corporales y estavan rubias y de color de sangre. Mostrólas a todo el exército, con muchas lágrimas y devoción de los cristianos. Y éstos son los Corporales tan nombrados en toda España de la ciudad de Daroca, en Aragón, donde por milagro fueron llevados y están de presente. Escrive esto el Doctor Pedro Antón Beuther, en la Historia de Valencia, libro segundo, capítulo cuarenta y dos. Y afirma que fue despertador al Papa Urbano Cuarto para que instituyesse la celebración de la fiesta del Santíssimo Sacramento. El milagro fue año de mil y dozientos y cuarenta. Y el Papa Urbano tuvo la Silla de San Pedro año de mil y dozientos y sesenta y dos.
[42] Jacobo de Borágine, en un sermón de la Fiesta del Sacramento, dize que teniendo costumbre una devota muger de frecuentar la Sagrada Comunión, pidiendo una vez a su cura que la comulgasse, díxole que no le era lícito /(148r)/ frecuentarle tanto, sólo por ser muger. Ella se puso muy triste en un rincón, llorando. Fuese la gente de la iglesia, y vido un varón de grande magestad, vestido como obispo, muy acompañado de clérigos. Llegó a ella y preguntóla la causa de sus lágrimas, y respondió que porque le negavan la Comunión. Fue al Sagrario, y abriendo la arca del Sacramento, donde estavan tres Formas consagradas, tomó una reverentemente, y comulgó a la devota muger, diziendo:

-Mi Cuerpo te dé verdadera salud.

En lo cual entendió que era Cristo quien la comulgava. Quedó muy consolada, contólo al cura, y él fue al relicario del Sacramento y halló solas dos Formas, estando bien cierto que dexó tres. Él publicó este caso, sin negar la Comunión en adelante a quien con devoción se la pedía.
[43] En un libro de mano de exemplos se dize que en cierta ciudad estava un sacerdote que dezía Missa en mal estado. Un día entre otros, al tiempo que quería alçar el Santíssimo Sacramento, vino fuego del Cielo que le abrasó las manos. También otro clérigo, acabando un día de dezir Missa no en el estado que devía, llegó a él un siervo de Dios que le dixo de su parte que, si no rogara un santo en el Cielo por él, rebentara en el altar comulgando. Y en un pueblo, llegando a comulgar cierto seglar a quien el cura no avía querido absolver porque no estava dispuesto, no pudiendo negarle el Sacramento que le pidió en público, díxole:

-Dios juzgue entre los dos.



Y comulgóle, y luego rebentó. Abriéronle y halláronle el Sacramento en la boca. Dios nos libre de comulgar en mal estado.
[44] En la segunda parte de las Crónicas de los Menores , en el libro octavo, capítulo veinte y ocho, se dize de la reina de Portugal, Santa Isabel, un exemplo notable. Y fue que cierto criado de cámara del rey don Donis, su marido, inducido por el demonio, teniendo embidia de otro criado camarero de la reina por cuya mano ella destribuía grandes limos- | nas, afirmó al rey que la reina le estava aficionada y le tenía más amor que pedía su honra. El rey, admirado desto, aunque no le dio crédito, mas por sólo la sospecha se determinó de matarle. Salió aquel día a cavallo, y passó por un lugar donde ponían fuego a un horno de cal. Habló de secreto a los que entendían en esto, y mandóles que a un criado de su casa, con quien les embiaría a dezir si tenían hecho lo que les mandó, que sin dilación le echassen en el horno de la cal, y que esto cumplía a su servicio. Otro día de mañana embió el rey al camarero de la reina con aquel recaudo ya dicho. Mas, queriendo Dios guardarle, ordenó que, passando por la puerta de una iglesia, oyó que tañían la campanilla en una Missa, como es costumbre al tiempo que alçan el Santíssimo Sacramento. Entró a adorarle y acabó de oír aquella Missa, y llevado de su devoción oyó otras dos, una después de otra. En este intervalo de tiempo, desseando el rey saber si era muerto, embió al otro criado que le acusara a saber de los que hazían la cal si avían cumplido con lo que les mandó. Él fue muy diligente, y en dando el recaudo, assieron dél y echáronle en el horno, porque refirió las mismas palabras que les dio el rey por señas. El que oyó la Missa acabó su devoción, y fue con el recaudo. Diole y respondiéronle que hecho avían lo que les fue mandado. Bolvió al rey con la respuesta, y visto lo que passava, que el otro fue muerto y éste quedó con vida, y la ocasión de entrar a adorar el Santíssimo Sacramento, informóse más del caso de la reina y halló que era maldad del que llevó la pena de su pecado, y que ella era inocente y sin culpa.
[45] Tomás Ubaldense, en el Libro de Sacramentos, dize que el año de mil y trecientos y ochenta y cuatro, estando él mismo presente en la iglesia de San Pablo de Londres, el obispo de Canturia y Tomás Arundelio, como juezes, hazían preguntas a un herege y persuadíanle que adorasse el Santíssimo Sacramento. Y después de aver bien cansádose, salió con que era más digna de reverencia una araña, por ser cosa viva. Y en /(148v)/ el mismo punto que dixo esta blasfemia baxó de lo alto una araña espantosa y derechamente se le fue a la boca procurando de entrársele en ella. Los juezes, viendo que Dios bolvía por su honra declarando al pueblo que estava presente el prodigio, mandaron quemar al pérfido herege.
[46] En Bruxelas, ciudad de los estados de Flandes, el año de mil y trecientos y sesenta y nueve, unos judíos robaron de cierta iglesia siendo de noche el relicario del Santíssimo Sacramento, en que avía diez y seis Formas, la una dellas grande. Tuviéronle escondido hasta el Viernes de la Cruz, y en este día, en oprobrio y vilipendio de Cristo, Salvador Nuestro, y de su Passión, tomaron las Formas, y con cuchillos y otros instrumentos de hierro les dieron muchas heridas, de las cuales se vieron salir gotas de sangre, de que ellos, espantados y temerosos, hablaron a una muger de su casta conversa a la fe, llamada Catarina, y concertáronse con ella que tomasse las Formas y las llevasse donde le pareciesse, de manera que el caso no viniesse a noticia de los cristianos. Ella se ofreció de lo hazer assí. Y tomadas las Formas, remordiéndola la consciencia, se fue a un sacerdote llamado Pedro de Heda, cura de la iglesia de Santa María de Bruxelas, y contóle todo el caso. Pedro de Heda lo comunicó con otros dos sacerdotes curas, el uno de Santa Gudila, llamado Miguel de Bacherera, y el otro de San Nicolás, cuyo nombre era Juan de Voluve. Éstos llamaron a la Catarina, y certificados de todo lo que passava, tomaron las sagradas Formas, y la mayor fue puesta en la iglesia de Santa Gudila, donde permaneció por muchos años, y se vido siempre en ella las gotas de sangre señaladas que salieron de las heridas. Vino esto a noticia del rey de Bohemia, Vuenceslao, señor de aquel estado. Mandó prender a los judíos y, confessando el delicto, fueron quemados. Han sido muchos y muy señalados los milagros que por medio desta santíssima reliquia | se han hecho. Dellos y de las informaciones hechas sobre el caso anda un libro estampado, de donde se coligió lo que se ha dicho.
[47] En Flandes, en la villa de Maestricht, según dize Nauclero en su Crónica, passando un sacerdote con el Santíssimo Sacramento por cierta calle, estavan allí cerca en una puente sobre el río Mosa dozientas personas bailando, con grande fiesta y plazer, y aunque vieron passar el Sacramento, ni dexaron la dança ni le reverenciaron. Súbitamente y de improviso se hundió la puente con todos los que en ella estavan, y si no fue uno, que permitió Dios se librasse para que fuesse testigo del milagro, todos los demás se ahogaron. Fue esto por los años de mil y dozientos y ochenta. El mismo Nauclero cuenta que doze años después de los dicho, en París, un judío pidió a una pobre muger cristiana la Forma consagrada que la Pascua avía de recebir en su parroquia, por ciertos dineros que le devía. Ella se la dio, y el judío echó la sagrada Forma en una caldera de agua, y porque no se hundía punçávala con un cuchillo, y salió tanta sangre que se tiño toda la agua de la caldera. Entraron dos cristianos, ordenándolo Dios para que se descubriesse aquella maldad, y el Sacramento saltó por sí mismo de la caldera y se puso en una tabla junto a los cristianos. Ellos le vieron y, pareciéndoles que era Forma de las que en la iglesia davan consagradas a los fieles, avisaron al obispo, y por él fue llevado el Santíssimo Cuerpo de Nuestro Señor a la iglesia en solemne processión. El judío fue quemado y su casa consagrada en iglesia.
[48] Don Fray Tomás de Villanueva, arçobispo que fue de Valencia, del Orden de San Augustín, varón doctíssimo y muy siervo de Dios, el cual passó desta vida a la Eterna día de la Natividad de Nuestra Señora, en ocho de septiembre, año de mil y quinientos y cincuenta y cinco, en el Segundo sermón que anda impresso del Sacramento , dize que estando un hom- bre /(149r)/ para morir, el cual se avía convertido de judío a nuestra santa fe, le llamó y dio cuenta de una grande misericordia que Dios avía usado con él, que fue medio de su conversión. Dixo, pues, assí:

-Siendo yo moçuelo, iva una vez camino en compañía de otro de mi edad, y tratávamos los dos del Messías, que, engañados con el común error de los judíos, aún aguardávamos. Dionos con aquellla plática un vivo desseo de verle, y dezíamos con el coraçón y boca: «¡Oh, si fuéssemos tan dichosos que le viéssemos en nuestro tiempo». Y creciendo con esta plática la devoción en nosotros, a la hora que anocheció vimos que se rompía el Cielo y salía dél grande claridad. Acordéme en aquel punto averme dicho y enseñado mi padre que si viesse alguna vez abierto el Cielo, que pidiesse a Dios la merced que quisiesse, con cierta esperança de alcançarla. Arrodillámonos los dos, siguiendo este consejo, con la devoción possible, y suplicamos a Nuestro Señor se sirviesse de manifestar al Messías en nuestro tiempo y hazernos ver al que tanto desseávamos. En medio desta oración y de aquella hermosíssima y celestial claridad, vimos un cáliz muy resplandeciente con una Hostia sobre él, de la manera que le muestran en sus altares los sacerdotes cristianos cuando dizen Missa. Dionos temor aquella sagrada visión, mas consolónos luego sobremanera, porque sentimos en nuestras almas una interior luz, con que quitado el velo y tiniebla de nuestros coraçones, entendimos luego certíssimamente ser aquella Hostia el santo y gloriosíssimo Messías que tanto desseávamos. Creímos luego con firme fe no aver otro Messías, ni otra Ley, ni otra verdad, sino la que tienen y creen los cristianos. Dimos gracias a Nuestro Señor por tan singular misericordia como avía querido hazernos y, bueltos a casa de nuestros padres, en hallando sazón, yo me baptizé y hize cristiano, y he vivido siempre en la Ley y Evangelio de mi Señor y Redemptor Jesucristo».



En el mismo Sermón segundo del Sacramento | refiere de una monja de su Orden que, obligada por santa obediencia, mandándoselo como su prelado le dixo, que avía mucho tiempo que comulgava cada día, y que era tanta la hambre y sed deste Divino Sacramento como la de la cierva herida que corre a la fuente de las aguas, y que, olvidándosele un día muy señalado al sacerdote de poner Forma para comulgarla y, visto que no tenía remedio de recebirle, fue tan grande el sentimiento y tan viva la pena que le causó aquella celestial hambre que, sin poder hazer otra cosa ni estar en su mano, començó a llorar y sospirar tan amargamente como si fuera madre y tuviera al hijo más querido muerto delante de sus ojos. Procuravan consolarla y era en valde, porque como todo su consuelo era Jesucristo en aquel admirable Sacramento, y déste no podía gozarle, desfallecíale el coraçón. Estando pues desta suerte, presentando en los ojos de Dios con tan vivos efectos su pena, vinieron por el aire a vista de algunas personas que estavan presentes dos hermosíssimas manos cercadas de grande claridad, trayéndole una Hostia consagrada. Recibióla, y con ella grande consolación interior, y en un punto se le bolvió el rostro, que antes estava desfigurado y sin color del desmayo y pena, con aquella merced y favor tan grande, claro, alegre y hermoso, como si tal no le uviera acontecido, mostrando bien en su semblante la alegría y consuelo que recibiendo a Jesucristo en aquellas especies sacramentales avía sentido su alma. Todo refiere aquella bendita alma en el lugar alegado. Y en el dezir que una muger, aunque monja y consagrada a Dios, comulgava cada día, no ay por qué cause turbación, pues aunque yo en mi vida no di parecer (con avérmele pedido diversas vezes) para que ni muger ni hombre, por muy religiosos que sean, como no tenga grado y orden de sacerdote, comulgue cada día, pues deven contentarse con hazerlo bien hecho a ocho días, y si ay alguna fiesta de semana, o pide su devoción y aprovechamiento /(149v)/ llegasse también el jueves -que esto es mi ordinario en dar parecer-, mas ni juzgo que lo haze mal quien con el de su confessor docto y atentado, y más si se le juntan pareceres de otras personas graves, lo hiziere más a menudo, ni cada día, como lo haze en este año presente de mil y quinientos y noventa y uno, en que escrivo esto, un hombre lego ya viejo en edad en esta ciudad de Toledo, y se ha averiguado que el día que dexa de comulgar tiene dolores rezíssimos de estómago, cuyo exercicio no es otro en todo el día después y antes de la Comunión que rezar y oír los oficios divinos, o que en la Compañía de Jesús, en la casa professa desta ciudad de Toledo, donde es su ordinaria estancia, o que en la Santa Iglesia Catedral.
[40] En Burgos, ciudad de España, el año de mil y quinientos y ochenta y dos, comulgó por la Pascua un herege, y guardó el Sacramento en la boca. Sacóle y echóle en un fuego y no se quemó, sino que la Forma quedó señalada con algunas gotas de sangre. Guardóle en un papel y hizo lo mismo el siguiente año, y sucedióle de la propria manera. Dizen que se reduxo a nuestra fe visto el milagro y que llevó las Formas a un fraile francisco, las cuales ambas vi yo el año de mil y quinientos y o- chenta | y seis, aviendo ido a visitar el Santo Crucifixo que está en el monasterio de San Augustín de aquella ciudad. Las Formas parecen con las gotas de sangre y hazen, la una, una forma de cordero, y la otra, de un coraçón. Vilas en la iglesia de San Francisco de aquella ciudad de Burgos, en una Cruz de plata, que era relicario del Santíssimo Sacramento, y fue para mí cosa de grande ternura, por estar las Formas frescas y la sangre roxa, con aver passado en aquella sazón tres o cuatro años sobre ellas. Y de lo dicho me dio testimonio el padre guardián de aquel convento. Y por esto, y por aver yo visto con mis proprios ojos las Formas de la manera que digo, lo escrivo aquí. Ni quiero dexar de dezir que vi en la misma ciudad de Burgos, en el monasterio de los frailes trinitarios, un otro Crucifixo, a el cual dieron una pedrada en las narizes, las cuales tiene amoratadas y levantadas, con una gota de sangre que va a caer dellas. Y dezían aquellos padres que tenían unos Corporales bañados en la sangre que salió de aquella herida y golpe. Admiróme y alabé a Nuestro Señor, viendo que la piedra hizo el mismo efecto que si diera en el rostro de alguna persona viva, de aquel santo y devoto Crucifixo.
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