De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



Descargar 5.27 Mb.
Página48/143
Fecha de conversión14.10.2018
Tamaño5.27 Mb.
1   ...   44   45   46   47   48   49   50   51   ...   143
Fin del Discurso de Eucaristía. |

DISCURSO VIGÉSIMO OCTAVO. DE FE


Grande argumento es de la verdad de nuestra Fe Santa ver que, siendo los judíos gente obstinada y de dura cerviz, por predicarles el Apóstol San Pedro, que ni avía estudiado Letras Sagradas en Universidad, ni Retórica y Elocuencia en Estudio Público, se convirtiessen, como dize San Lucas en el capítulo segundo del Libro de los Hechos Apo - stólicos, | en un día tres mil hombres, y otro día, cinco mil. Ni era solamente gente del pueblo la que se convertía, pues también avía entre ellos gente principal y de letras, y uno solo valió por muchos, que fue San Pablo, doctíssimo en la Ley Judaica, y que tanto la favorecía, mostrándosele después muy más contrario. Confírmase lo dicho con que, aviendo el Imperio Romano subjetado casi todas las naciones del Mundo que se sabían en tal sazón, aunque lo desseó y procuró cuanto le fue possible quitar la Fe y memoria de Cristo /(150r)/ de sobre la tierra, no pudo salir con su intento, ni hazerle daño. Davan muertes a los cristianos con exquisitos tormentos, y sucedía que los mismos que los mandavan matar, de repente se mudavan, convertíanse y querían ser del número de los mismos mártires. De modo que se vido diversas vezes ser causa la muerte de uno de que muchos se convirtiessen. Veían señales y maravillas en los tormentos que padecían los mártires, por donde el perder ellos las vidas les era agradable. Y si ninguna cosa vieran que les moviera a hazer esto, mayor milagro era que a solas palabras llanas y desnudas creyesse el mundo, y los mismos emperadores romanos, subjetándose a los que antes pretendían quitar las vidas; siendo tan poderosos, perseguían con su poder todo a hombres pobres, sin armas, desnudos, que no se defendían, sino que desseavan morir por Cristo, y era ésta la grandeza de nuestra fe, que, persiguiendo, atormentando y matando, los emperadores y reyes quedavan vencidos, y la religión, que por servir a sus ídolos procuravan destruir, dexando la de sus ídolos, de su voluntad la recibieron. Ni les fue caso vergonçoso confessar públicamente la Fe de Cristo, la cual, siendo también públicamente perseguida por ellos, no pudieron destruir. Y assí, no queda sino que alegres con tan glorioso triumfo, cantemos con David en el Salmo veinte y cinco: «Todos los dioses de los gentiles son demonios; el Señor hizo los Cielos». El Discurso trata de la Fe.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Cosas eran dificultosas las que Dios prometió a Abraham, y creyóle, por lo cual dize la Escritura Sagrada que le fue reputado a obra justa y santa. Y no porque le mandasse sacrificar a su hijo tuvo dubda de que tendría dél generación, como le avía sido prometido, sino que, como escrive el Apóstol San Pablo, en esperança creyó contra la esperança; creyó que aunque le matasse tendría nietos y descendencia, por avérselo dicho Dios. Es del Génesis, capítulo quinze, y de la Epístola a los Romanos, capítulo cuarto. |


[2] Moisés hizo grandes señales y maravillas en presencia de Faraón, y siempre resistía él, y sus magos y hechizeros, hasta que, convencidos, dixeron los magos: «Dedo de Dios es éste».

Y Faraón, que no quiso creer, fue ahogado en el mar Bermejo y pereció. Y también perece el demonio en las aguas del Baptismo, en que se da fe a los que le reciben. Refiérese en el capítulo octavo del Éxodo.


[3] Cuando Jonatás, hijo de Saúl, quiso acometer con sólo un criado suyo a todo el exército de los filisteos, fe tuvo, diziendo: «No es dificultoso al Señor dar victoria con pocos o con muchos». Y es del Primero de los Reyes, capítulo catorze.
[4] Grande fe tuvo David cuando salió a pelear contra Goliat Gigante, que dixo:

-Tú vienes a mí con espada y lança, y yo voy a ti en nombre del Señor.

Y assí alcançó victoria dél. Es del Primero de los Reyes, capítulo diez y siete.
[5] Elías Profeta, contendiendo con los sacerdotes del ídolo Baal delante del rey Acab, concertóse con ellos que ofreciessen dos bueyes apartadamente, uno en nombre del Dios de Israel, que adorava Elías, y el otro en el nombre de Baal, y el que embiasse fuego sobre su sacrificio, fuesse venerado y tenido por Dios. Los sacerdotes de Baal, desde mañana hasta el medio día dieron bozes pidiendo fuego, y aunque tenía harto en el Infierno, donde estava, no les dio una centella. Elías compuso su Altar, y sobre la carne derramó mucha agua, y invocando el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, baxó fuego que abrasó el sacrificio y consumió la agua toda. Conmovido el pueblo que estava a la mira con este milagro, creyó en el verdadero Dios. Obedeció a Elías, su siervo, y mataron a los sacerdotes de Baal. Hizo oración el profeta y embió Dios agua a la tierra, con aver tres años y medio que no llovía, y la tierra dio fruto. Restauró la fe lo que la perfidia tenía destruido. Es del Tercero de los Reyes, capítulo diez y ocho.
[6] Josafat, rey de Judá, teniendo junto /(150v)/ su exército para salir a pelear contra quien le tenía conocida ventaja, díxoles:

-Creed al Señor Dios Vuestro y estaréis seguros; creed a sus profetas y todo os sucederá prósperamente.

Creyeron como el rey dezía, y quedaron con victoria. Refiérese en el Segundo del Paralipomenon, capítulo veinte.
[7] Los amigos de Daniel, viéndose amenaçados del rey Nabucodonosor, de que los echaría en un horno encendido si no adoravan su estatua, dixeron con grande fe:

-Nuestro Dios, a quien adoramos, nos puede librar de la llama y de tus manos, y, cuando no lo haga, tampoco adoraremos tu estatua. Es del capítulo tercero de Daniel.


[8] Judas Macabeo dixo a sus soldados, mostrando grande fe:

-No ay diferencia en las manos de Dios para librar assí de muchos, como de pocos, pues no está la victoria en ser muchos los soldados, sino en darles fabor el Cielo.

Es de su Primero Libro, capítulo tercero.
[9] Maravillosa fue la fe de los tres Magos, que vinieron de Oriente a Betleem, y, hallando a Jesucristo en lugar pobre y nacido de madre pobre, humilmente le adoraron y le ofrecieron ricos dones, según lo refiere San Mateo, capítulo segundo.
[10] La fe del Centurión, que dixo no tenerse por digno de que Cristo fuesse a su casa, sino que desde el lugar donde estava podía sanar su criado, grande fue y bien alabada del Salvador, como lo dize San Mateo, capítulo nono.
[11] Ni fue pequeña la fe de la muger hemorroísa, que, padeciendo enfermedad de fluxo de sangre, dixo consigo misma: «Sólo con que toque el cabo de su vestidura, tendré salud»; y assí sucedió. Dízelo también San Mateo, capítulo sexto.

[12] La fe de la Cananea por la boca del Salvador fue alabada. La cual no dubdó de alcançar salud para su hija, que estava endiablada, ni desistió de su intento, aunque le fueron dichas palabras de mucho desvío por el Hijo de Dios. Y refiérelo | San Mateo, capítulo quinze.


[13] La Magdalena fe tuvo, pidiendo con lágrimas y muestras de grande sentimiento, no la salud para su cuerpo, que sana estava, sino la de su alma, que tenía enferma. Por donde mereció que el Señor la oyesse y le dixesse:

-Ve en paz, tu fe es grande; perdonados te son tus pecados.


[14] La fe del Apóstol San Pedro levantada fue de quilates, cuando, preguntando Jesucristo qué dezían dél, respondió:

-Tú eres Hijo de Dios vivo.

Es de San Mateo, capítulo diez y seis.
[15] A Tomé Apóstol reprehendió de poca fe el Salvador cuando le dixo después de su Resurrección:

-Entra tu dedo en mis llagas y no seas incrédulo, sino fiel.

Y, respondiendo el Apóstol:

-Señor mío y Dios mío,

en las cuales palabras confessó a Cristo por Dios, el Salvador replicó:

-Porque has visto, Tomé, creíste. Bienaventurados los que sin ver creyeron.

Es de San Juan, capítulo veinte.
[16] Llegando San Pablo a Pafo privó de vista a Barieu Elima, mago, porque pretendía estorvar que no recibiesse la fe Paulo, procónsul en Cipro, y quedó el miserable sin ver el Sol que nace sobre justos e injustos por ir tan apartado del Sol de Justicia. El procónsul siguió al Apóstol, dexando al mago, juzgando que no avía en él lumbre de verdad, aviéndole sido quitada la lumbre de los ojos, sino que estava en el que, enseñando verdad, al que la contradezía dexó en tinieblas. Es de los Hechos Apostólicos, capítulo diez y siete.
[17] Estéfano Levita, como hiziesse en defensa de nuestra fe santa grandes señales y prodigios en el pueblo, levantó contra sí grande persecución de los infieles, conspirando los judíos de la Sinagoga de los Libertinos, Cirenenses, Alexandrinos, Cílicos, y de Asia, procurando con argumentos debilitar la fe predicada por él, aunque no pudieron resistir a su espíritu y sabiduría. Y, viéndose avergonçados de que tantos fuessen vencidos de uno, deponen dél falsamente aver dicho palabras /(151r)/ de blasfemia contra Moisés y contra Dios. Y assí, a quien con argumentos no pudieron vencer, con fuerça y violencia, a pedradas, le quitaron la vida. Y sucedió aquí que Estéfano fiel vido los Cielos abiertos en su muerte para ser recebido en ellos, y por el contrario nadie dubda que los infieles veen abiertos los Infiernos para ser dellos tragados. Es del capítulo sexto del Libro de los Hechos Apostólicos.
[18] Cierto eunuco de la reina de Candace que vino a adorar a Dios en el templo de Jerusalem, y a la buelta iva en un coche leyendo la Profecía de Isaías , y, juntándose con él Filipe, un diácono, y del número de los setenta y dos discípulos del Señor, predicóle a Cristo y su Evangelio, y la necessidad del Baptismo. Y como llegassen a un estanque de agua, dixo el eunuco:

-He aquí agua, ¿ay impedimento alguno para que yo sea baptizado?

-No -dixo Filipe-, si crees de todo coraçón.

-Yo creo -replicó el eunuco- que Jesucristo es Hijo de Dios.

Y con esto Filipe le baptizó. Y es del Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo octavo.
[19] Simón, llamado el Mago, tenía engañados a los samaritanos, y llegó el negocio a que se hazía entre ellos una virtud grande del Cielo. Y como llegasse en | aquella tierra Filipe Diácono y predicasse el Evangelio de Cristo, confirmando lo que predicava con milagros, toda la tierra de Samaria recibió la fe y Baptismo, y está claro que vieron en el discípulo de Cristo mayores milagros, más ciertos y evidentes, que en el Mago. El cual, viéndose inferior a Filipe, también dixo que creía, y se baptizó, no con ardor de fe, sino convencido de ver las obras que no podía él hazer, y pensó que, recebido el Baptismo, haría otras semejantes. Vino el Apóstol San Pedro a poner las manos sobre los baptizados, confirmándolos en la fe, y recebían el Espíritu Santo, lo cual visto por Simón, hizo dineros, y con una buena pella dellos fue al Apóstol y ofrecióselo porque le diesse gracia que baxasse el Espíritu Santo sobre quien él quisiesse, y en esto mostró que le faltava y desseava lo que en el Apóstol conocía. Y si ofreció dinero fue por pensar que, teniendo tal gracia, ganaría lo que dava y mucho más. Respondióle el Apóstol que su dinero fuesse en su condenación. En el Mago se vido flaqueza y avaricia; en el Apóstol, virtud de fortaleza y menosprecio del dinero. Lo dicho es del capítulo octavo del Libro de los Hechos Apostólicos.
Hasta aquí se colige de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] San Juan Evangelista, estando en Efeso y queriendo entrar en un baño, vido a Querinto Herege. Sacó el pie de la agua y dixo a los que ivan con él:

-Huigamos de aquí porque el baño no se hunda sobre nosotros, aviéndose lavado en él Querinto, enemigo de la verdad.

Refiérese en la Historia Eclesiástica , libro cuarto, capítulo catorze, y dízelo San Ireneo, libro tercero, capítulo tercero. Y en los mismos lugares se escrive de San Policarpo Mártir que, encontrándose con Marción Herege, el herege preguntó al santo, y díxole:

-¿Conócesme?

Y respondió:

-Conozco al primogénito de Satanás.

Y apartóse luego dél, haziendo lo que amonesta San Pablo escriviendo a su discípulo | Tito, capítulo tercero, que se aparten todos y eviten la conversación y trato de los hereges. Y San Juan, en su Segunda Carta, encarga que nadie hospede en su casa al herege, y que, encontrado por la calle, ninguno le hable palabra.
[2] Grande augmento en confirmación de nuestra Fe se colige de un hecho que hizo San Basilio. El cual, estando enfermo y cercano a la muerte, curávale un judío llamado Josef, doctíssimo en Medicina, el cual, visitándole un día por la mañana, con mucha pena (porque le quería bien) dixo que moriría a la tarde. Oyólo el santo, y dixo:

-Y si mañana fuere vivo, ¿qué será?

Respondió el judío:

-Que si mañana tuvieres vida, yo me tornaré cristiano. /(151v)/

Esto dixo no porque tuviese gana a la sazón de serlo, sino por estar certíssimo que moriría aquella tarde. San Basilio aceptó el concierto, y no tanto por desseo que tuviesse de vivir, como por gana de que se convirtiesse aquel hombre, hizo oración a Dios y pidióle vida para el día siguiente. Concediósela su Magestad, y diole fuerças para que se levantasse sano a hora de tercia, y fuesse a la iglesia. Y, confundido el judío de tan gran milagro, se baptizó por el mismo San Basilio, el cual diversas vezes avía procurado con testimonios de la Escritura convertirle, y no fue parte, y con este milagro lo acabó con él. Bolvió a su lecho, y de a poco espiró. Vídole el nuevo cristiano muerto, y dixo:

-Oh, santo varón, verdaderamente porque quisiste moriste, que si no quisieras, yo fío que alcançaras de tu Dios y mío la vida por muchos días, como la alcançaste por el presente para mi remedio.



Refiérelo Amfiloquio, en la Vida de San Basilio.
[3] San Silvestre Papa fue el primero que vido el Romano Imperio sujeto a Cristo, aviendo recebido la Fe el emperador Constantino. Cuya madre Helena, estando en Bitinia y siendo cierta de la conversión del hijo, escrivióle que se holgava de que huviesse dexado la adoración de los ídolos, como vana y sin fundamento, mas que el aver recebido por Dios al que murió en una Cruz le parecía inconveniente, y que pudiera averse hecho judío. Y sobre esto la reina fue a Roma y llevó consigo doze judíos doctos en su secta para que disputassen con San Silvestre, y hizieron juezes a algunos gentiles, grandes filósofos, como Cratón y Zenófilo. A los judíos convenció el Santo Pontífice en los argumentos, y vinieron a la prueva de milagros, donde Zambrí, judío y grande encantador, derribó con sus encantos muerto a sus pies un ferocíssimo toro. Y al mismo tornó a vida y dexó muy manso San Silvestre, haziendo oración a Dios, lo que no pudo el judío, porque tenía esciencia de muerte | y no de vida. Todos se confessaron por vencidos, subjetáronse a San Silvestre y començaron a adorar y reverenciar a Cristo, a Quien antes perseguían y calumniavan, cumpliéndose lo que dixo Isaías, capítulo sesenta: «Vendrán a Ti humillados los hijos de los que te calumniavan, y adorarán la tierra que pisaron tus pies los que te murmuravan y perseguían». Lo dicho es del Pontifical Romano, capítulo treinta y cuatro; de Surio, tomo sexto; de Usuardo; y refiérelo Marulo, libro segundo.
[4] Juan, natural de Damasco, hijo de Mesué, judío doctíssimo en su secta, y que entendía no sólo la lengua hebrea, sino la griega, éste, sin ser forçado, sino de su voluntad y gana, fue a la iglesia y se hizo baptizar. Sabio era en la Ley de Moisés y no ignorava los Profetas, y noticia tenía grande de los Salmos de David, y por penetrar todo esto y entenderlo bien, creyó en el que se halla escrito en todos estos lugares. Y como el mismo Hijo de Dios dixo: «Escudriñad las Escrituras, que ellas dan testimonio de Mí». Y lo refiere San Juan, en el capítulo tercero. Y en otra parte: «Si creyéssedes a Moisés, por ventura creeríades en Mí, pues de Mí escrivió él». Dixo «por ventura», que es lo mismo que forsitan, porque sabía que algunos dellos, creyendo a Moisés, eligieron antes morir en su obstinación y dureza, que en Cristo, predicado por él. Dízelo Juan Patriarca, y refiérelo Marulo.
[5] Avemos puesto algunos exemplos en favor de nuestra Fe santa contra judíos; pongamos otros contra gentiles. Y sea uno de San Bartolomé Apóstol, que, predicando en la India, entró en el templo de Astarot, el cual enmudeció y no dio más oráculos o respuestas, hasta que dándole licencia el Apóstol y mandándole que respondiesse, dixo que no era Dios, sino diablo que engañava a los hombres, y que los que le adoravan irían con él al Infierno. Y luego, por la oración del Apóstol el ídolo fue convertido en polvo, y el demonio fue visto visible encadenado, y todos entendieron la ceguedad en que es- tavan. /(152r)/ El demonio, dando un espantoso aullido, desapareció, y el pueblo se convirtió. El templo fue hecho iglesia, el rey Polemo se baptizó y, dexando el reino, se hizo discípulo del Apóstol, para servir a Cristo en pobreza el que en riquezas y señorío avía servido al demonio. Dízelo Abdías.
[6] Predicando San Juan Evangelista la Fe en Efeso, para comprobarlo con milagros, pidiéronle que invocando el nombre de Cristo derribasse el templo de Diana, ya otra vez abrasado y reedificado de nuevo, y assí lo hizo, porque, confiando los de aquella ciudad en Diana, entendiessen que podía nada valerles, pues no se podía valer a sí. No se contentó con esta señal Aristodamo, sacerdote de aquel templo. Pidió otra, y fue que confacionó una bevida venenosa que mató a algunos condenados a muerte, y dixo al Apóstol que la beviesse, y él lo hizo sin daño, cumpliéndose lo que dize Cristo por San Marcos, en el capítulo último: «Si bevieren ponzoña los que creyeren el Evangelio y le recibieren, no les dañará». Y resuscitó el Apóstol a los que avían muerto con la ponzoña, por lo cual, assí Aristodemo como el cónsul que estava presente, con grande parte del pueblo, dexando la superstición de los ídolos, se baptizaron. Y por mandado del Apóstol, en toda Asia se derribaron los ídolos y se levantaron cruzes en los templos. Dízelo Abdías, en su Vida.
[7] Pergentino y Laurencio, hermanos, fueron presos en la ciudad de Arecio por mandado de Tiburcio Prefecto. Pidióles que no predicassen a Cristo, y primero lo llevó con halagos, ofreciéndoles dádivas y dones, y después les hizo amenazas. Y visto que no respondían a su propósito, mandólos açotar con varas, mas secáronse los braços de los verdugos. Hízolos echar en una cárcel y vedóles dar de comer. Mas allí vino un ángel que les probeyó abundantemente de comida. Sacóles de allí y forçólos a que andassen, los pies descalços, sobre brazas. Y fue sin daño suyo, como si anduvieran sobre arena. | Truxeron allí un ídolo de Júpiter, y amenazólos si no le adoravan. Mas, invocando a Jesucristo los santos mártires, el ídolo de Júpiter fue convertido en polvo. Poco era vencer la crueldad de Tiburcio, si no vencieran también sus ídolos, dexándolos hechos polvo. De donde resultó que muchos gentiles, viendo a los dos santos hermanos, que podían más que sus ídolos, adorados por ellos, convertíanse a Cristo. Visto por el impío tirano, mandó cortar las cabeças a los dos santos hermanos, Pergentino y Laurentino. Y en cosa alguna mostró más darse por vencido que en mandar dar la muerte a los que, si concediera la vida, concedía también la victoria. Es de Surio, tomo tercero.
[8] Augustino, obispo de Inglaterra, siendo embiado por San Gregorio Papa a aquella provincia a predicar a Cristo y su Evangelio, el rey Edilberto y muchos de sus cortesanos fueron baptizados. Quedaron otros sin recebir el Baptismo, y entre ellos los sacerdotes de los ídolos. Y no hallando razones con que defender su causa, tomaron por medio hazer algún milagro. Truxeron un ciego, ignorando que estavan tan ciegos como él, pidieron a sus ídolos que le diessen luz y vista, y fue en vano, como si las piedras pudieran oír. San Augustín hizo oración a Dios y quedó sano, por donde los que estavan presentes se convirtieron, y la provincia de Inglaterra quedó libre del demonio y sujeta a Cristo. Dízelo Beda en su Historia, libro primero, capítulo veinte y cinco, y veinte y seis.
[9] Mucio Abad fue gentil. Exercitávase en ladrocinios, no perdonando iglesias ni lugares sagrados, todo lo robava y profanava. Vido en sueños un varón vestido con un hábito honesto que le amenazava de muerte si no enmendava su vida. Despertó con grande temor, y sin dificultarlo se fue a la iglesia y se baptizó. Hízose ermitaño, y su vida era de suerte que alguna vez mandó al Sol se detuviesse, y lo hizo. Gloríense los gentiles romanos que fueron señores del mundo, que desto /(152v)/ no se gloriarán, que el Sol les obedeciesse, lo cual solamente los católicos lo han hecho. Es de Marulo, libro segundo.
[10] Filetes, discípulo de Hermógenes Mago, disputando acerca de la Fe con Santiago el Mayor y siendo vencido, creyó. Bolvió al maestro, y díxole:

-Fui de aquí mago y buelvo cristiano.

Indignóse contra él Hermógenes, y encantó a Filetes, de manera que no podía menearse de un lugar. Santiago le embió un sudario o paño de narizes, y tocándole quedó libre. Y dexando al discípulo del diablo, siguió al discípulo de Cristo. Sabido por Hermógenes, mandó a los demonios que le truxessen maniatados a los dos, mas cayó en el hoyo que hizo: fueron los malos espíritus y, estando en el aire sobre ellos, bramavan y lamentávanse que, siendo embiados del mago para ligarlos, ellos se hallavan ligados con cadenas de fuego; mas, dándoles licencia el Apóstol, fueron por el mago, y truxéronle bien encadenado a la presencia de Santiago, sin le hazer otro daño. El santo Apóstol le dio libertad, mas, temiendo el mago a los demonios, que ya se le avían rebelado, no osava apartarse de su lado porque no le hiziessen más daño. Hasta que, dándole Santiago su báculo, bolvió a su casa, confiando ya más en aquel palo, por ser del Apóstol, que en todos sus encantos. Quemó los libros de Arte Mágica y convirtióse a la Fe, aviendo bien experimentado ninguna cosa más verdadera ni más fuerte averse dado a los mortales. Es de San Isidoro, en el De Patribus, capítulo sesenta y tres, y de Eusebio, libro segundo, capítulo octavo; y refiérelo Marulo.
[11] Taurino, obispo aurelianense, fue acometido de Cambises y Zamrin, magos, y de sus discípulos, desseando matarle por serles contrario en vida. Signóse él con la Señal de la Cruz, y fueron impedidos para no se le llegar cerca. Con esto quedaron ellos tan enojados y furiosos que se dieron la muerte. Confiérase aora con la vanidad de los magos la virtud de la Cruz de Cristo: aquella quitó | la vida a los que la servían; ésta libra de muerte a los que la adoran. Considerando esto los discípulos de los magos, hiziéronse cristianos, y al santo que aborrecían primero de muerte, ya le preciavan y respetavan. Dízelo Vincencio, en su Espejo Historial , libro décimo, capítulo setenta y ocho, y setenta y nueve.
[12] Cipriano, primero mago y gentil y después mártir, como con todas sus artes y favores de demonios no pudiesse alcançar a Justina, santa donzella, de quien perdidamente estava enamorado, diziéndole que por signarse con la Señal de la Cruz podía más que ellos, mudóse en otro, y hízose cristiano, y acabó santamente la vida con corona de mártir, en compañía de la misma Justina. Es de Surio, tomo quinto.
[13] Dionisio Areopagita, como oyesse predicar al Apóstol San Pablo y le pareciesse bien lo que enseñava, aunque todavía dudoso, dixo que creería enteramente si diesse el Apóstol vista a un ciego que se halló allí presente, invocando el nombre de Cristo. San Pablo le respondió:

-Para que entiendas que en las palabras pronunciadas de mi boca no ay arte mágica, pronúncialas tú; manda que vea esse ciego en nombre de Jesucristo.

Pronunció Dionisio las palabras, vido el ciego, y él dexó el Areopago y siguió al Apóstol, y vino a predicar a Cristo con tanta constancia, que no temió a los tiranos que martirizavan a los mártires, sino que fue uno dellos, y lo tuvo por sumo bien y regalo, considerando que dize el Apocalypsi, capítulo catorze: «Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor». Refiérelo Surio, tomo quinto.

[14] Basilio Magno, de quien ya se ha hecho mención en este Discurso, siendo gentil y aprendiendo buenas letras no hallava cosa cierta entre las sentencias y dichos de los filósofos, hasta que, passado de Atenas en Egipto, rebolviendo la Filosofía cristiana, creyó en Cristo. Bolvió de allí, y en el camino disputó de la verdadera sabiduría con Eubulo, su /(153r)/ maestro; convencióle y convertióle a la Fe. Halló Basilio en la Iglesia lo que no pudo hallar en la Academia y estudio, y enseñó a sus discípulos lo que no aprendió de su maestro. Ambos, Basilio y Eubulo, fueron a Jerusalem para ser baptizados del Patriarca Maximino en el Jordán, como lo fueron. Y al tiempo de baptizarlos, vieron los presentes que estavan rodeados de una luz divina, y fue indicio que antes estavan puestos en tinieblas de ignorancia. Dízele Amfiloquio, en la Vida de San Basilio.

1   ...   44   45   46   47   48   49   50   51   ...   143


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal