De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[15] Aviendo puesto exemplos contra judíos y contra gentiles, pondremos otros contra hereges. Nizéforo Calixto, libro quinze, capítulo quinto, dize que, celebrándose el Concilio Calcedonense en la iglesia de Santa Eufemia, donde estava su cuerpo en la ciudad de Calcedonia, los padres que en él se hallaron tomaron dos libros, y en el uno escrivieron los católicos la verdad de nuestra Fe, y en el otro, los hereges sus errores. Pusiéronlos junto al cuerpo de la santa virgen y mártir Eufemia, y estuvieron los obispos toda la noche en oración con los demás que tenían boz en el Concilio, y a la mañana hallaron que tenía la santa en sus manos el libro de los católicos assido, y a sus pies el de los hereges.
[16] El mismo Nizéforo, libro octavo, capítulo veinte y tres, y Gregorio, presbítero cesariense, referido por Lipomano, tomo sexto, en seis de junio, dizen que en el Concilio Nizeno, el cual se celebró año de trezientos y veinte y cinco, y primero que el Calcedonense, murieron dos obispos, llamados Crisanto y Musonio, antes que firmassen lo decretado en él. Fueron los demás obispos una noche a donde estavan sus cuerpos sepultados juntos, y habló uno en nombre de todos, pidiéndoles que, pues avían aprovado con el Concilio que Jesucristo era Dios, lo cual negava Ario, que lo firmassen de sus nombres como todos los demás lo avían firmado. Pusieron la carta | sobre su sepulcro y estuvieron en oración aquella noche, y a la mañana la hallaron firmada de sus nombres, conociendo claramente sus firmas muchos de los que estavan presentes.
[17] Proprio es de los hereges sembrar cizaña sobre el trigo, pervirtiendo la Escritura Sagrada, depravando el sentido católico, contaminando la verdad, introduciendo sectas erróneas y doctrinas falsas y perniciosas. De los cuales, uno, el más endiablado y que más guerra antiguamente hizo a la Iglesia de Dios, fue Ario. Contra el cual oponiéndose Alexandre, Patriarca de Constantinopla, y no siendo parte para resistirle, por razón que del maldito heresiarca con engaños y fingimientos después de aver sido condenado en el Concilio Nizeno y desterrado, dando muestra de estar reducido, con favores del mundo alçándosele el destierro, bolvió a conversar con católicos, y pretendía ser admitido a su primero grado de sacerdote y subir a mayor alteza; visto por Alexandre que razón ni justicia le valía, pidió favor a Dios, y alcançóle, de modo que al punto que iva el perverso herege para ser admitido en la Iglesia y restituido en su estado, en el camino le hirió el Cielo, de suerte que, entrando a proveer su persona, pareciéndole que era necessidad natural, las entrañas se le salieron del cuerpo, muriendo mala muerte. Y fue caso que en aquella sazón puso silencio y temor a todos los que eran de su parte, viendo que a quien el Concilio Nizeno avía condenado, Dios también le condenava. Es de la Historia Tripartita, libro tercero, capítulo dézimo.
[18] Secuaz del perverso Ario fue Olimpio, obispo en Africa. El cual, estándose bañando en un baño cerca de la ciudad de Cartago, dixo una blasfemia herética contra la Santíssima Trinidad, y repentinamente un ángel derribó sobre él tres rayos, con los cuales quedó hecho ceniza. Justamente el malvado fue herido con los tres rayos por /(153v)/ aver ofendido a las Tres Divinas Personas. Y el que le hirió fue uno, porque las tres Personas son un Dios. Fue esto el año de Cristo de quinientos y diez, y dízelo Mateo Palmerio Florentín; y refiérelo Marulo, libro segundo.
[19] Un obispo ariano llamado Cerula, viendo que era confundido en razones y argumentos por los católicos, dio a un estrangero, y que seguía su secta, cuarenta monedas de oro, debaxo de concierto que se fingiese ciego y que era por él restituido en la vista. Hecho el concierto y aguardando tiempo oportuno en que estava mucha gente, assí de los católicos como de los hereges, en una plaça, el fingido ciego començó a dar bozes, diziendo:

-Cerula, mira mi ceguedad, experimente yo tu virtud, que bien sé que das vista a ciegos, oír a sordos, salud a leprosos, y que resuscitas muertos.

Llegó muy hinchado Cerula y tocóle los ojos cerrados con sus manos, y dixo:

-Según la verdad de la Fe que confessamos, sean abiertos tus ojos.

Dicho esto, los ojos de aquel miserable, que antes estava sanos, aunque cerrados de su gana para fingir el engaño, començaron a se hinchar, con tanto dolor del proprio hombre que con los dedos quisiera sacárselos. Descubrió el engaño y concierto de ambos, llorando amargamente. Derramó el oro, diziendo:

-Toma, Cerula maldito, tu dinero, y buélveme la vista.



Y visto su poco remedio, usó de mejor consejo, que llorando y gimiendo se derribó a los pies de los obispos católicos, abjurando la perfidia de los arianos y confessando la verdadera Fe de la Iglesia Católica. Lo cual visto por un santo obispo llamado Eugenio, púsole la Cruz sobre los ojos, y recibió perfeta vista y salud. Refiérese en el Promptuario de exemplos.
[20] San Juan Crisóstomo, Patriarca de Constantinopla, resistió valerosamente a Gaína, general del exército del emperador Arcadio, que no se hiziesse iglesia de arianos en su distrito y patriarcado, pretendiendo que la huviesse el Gaína, | por lo cual tomó contra él mortal aborreci miento. Y fue de suerte que mandó a algunos de sus soldados que de noche fuessen a la casa de Crisóstomo y le pegassen fuego, y si él se librasse dél, le matassen. Fueron éstos a cometer semejante sacrilegio, y llegando cerca vieron muchos ángeles que estavan a la defensa, de lo cual espantados, bolvieron huyendo. Tornaron la siguiente noche con el mismo intento, y fueron también asombrados de los ángeles. El Gaína, que lo atribuía a que tenía gente de guarda consigo, juntando un buen tropel de soldados, acompañándolos él mismo, fueron a lo pretendido. Mas también uvo para él espanto, que le hizo bolver más ligero de lo que avía ido. Y porque creyó que la ciudad toda era de su parte, muy enojado fuese a Tracia, y, recogiendo el exército, hazía daño en el Imperio. El emperador Arcadio, desseando remediarlo sin muertes de hombres, buscava quién fuesse a le hablar, y ofrecióse el mismo santo. Y a su ida el Gaína se aplacó y bolvió de suerte que de feroz león que antes estava, como cordero manso se le humilló. Y fue cosa bien de considerar verle pedir perdón al que antes presumía quitar la vida y le aborrecía de muerte. Restituyó lo que tenía violentado, reparó lo mal hecho, despidió el exército y quedó favoreciendo a los católicos con los mismos azeros con que antes se mostrava por los arianos. Es del Metafraste, y refiérelo Surio, tomo primero.
[21] San Basilio resistió con ánimo valeroso al emperador Valente que no diesse cierta iglesia de católicos a los arianos. Vino el negocio a concierto de que la iglesia se cerrasse, y a cuyos ruegos se abriesse, quedasse con ella. Estuvieron los arianos por tres días en oración, pretendiendo la entrada, y fue todo en vano. San Basilio oró muy brebemente, y tomando un báculo libiano llegó a las puertas de la iglesia, y dixo en boz alta: Attollite portas principes vestras, & clevamini portas aeternales /(154r)/ & introibit Rex Gloriae . Y al punto, como si tuvieran orejas y gana de obedecer, por sí mismas se abrieron. Y con este milagro, sin contradicción alguna, la iglesia quedó por los católicos. Donde, muchos de los arianos, visto el milagro, dexando su error se reduxeron, diziendo que tenían por cierto a solos aquéllos se abriría el Reino de los Cielos, que se abrió la iglesia. Es de Amfiloquio, en la Vida de San Basilio.
[22] Copres, presbítero y ermitaño en la Tebaida, sabiendo que un herege maniqueo pretendía pervertir a muchos de los católicos y que siguiessen su error, procuró verse con él en una ciudad en presencia de mucha gente. Donde hizo acender una grande hoguera, y dixo que fuesse seguida la Fe del que de los dos, entrando en el fuego, no se quemasse. El maniqueo pidió a Copres que hiziesse primero la experiencia, pareciéndole que sería quemado y que no abría quién le pidiesse la palabra. Copres, confiando en Dios, sin ningún temor entró en el fuego, y, bañado dél, salió sin daño alguno. El maniqueo quedó confuso, y apartávase del fuego. Los que estavan presentes assieron dél y le dieron una calda, y porque dio bozes y resistió lo que pudo, quedó sin ser quemado, aunque parte del vestido lo fue, y también su cuerpo sintió la llama. Él dio muestra que seguiría la Fe de los católicos, y por esto le dexaron sin acabarle de quemar, aunque después bolvió a su error y, perseverando en él, atesoró ira para el día della. Dízelo Paladio, en su Lausiaca.
[23] Siendo tocado de la heregía eutiquiana el emperador Anastasio, y no siendo parte el Concilio Calcedonense para que se apartasse della, ni las santas amonestaciones del Papa Hormisda, el cual también con ruegos mezclava mandatos, el emperador lo menospreciava todo, por lo cual le castigó Dios embiándole un rayo con que murió mala muerte. Y fue esto ocasión a que muchos re- beldes | y gente poderosa se reduxesse y recibiesse la Fe de la Iglesia Romana, no dudando ser verdadera aquella religión por la cual Dios assí peleava, que ni los emperadores que le hazían guerra quedassen sin castigo. Dízelo Platina, en la Vida del Papa Hormisda.
[24] Agapito, Pontífice Romano, fue a Constantinopla a verse con el emperador Justiniano, y hallóle tocado de la heregía de los maniqueos, por lo cual le dixo:

-Yo entendí que hablava con Justiniano, príncipe católico, y paréceme que lo he con Diocleciano.

En lo cual mostró cuán grande mal sea la heregía, pues de príncipe católico se trocava en el que fue crudelíssimo perseguidor de cristianos. Mas de la plática del Pontífice sucedió que se reduxo Justiniano y dio tanta autoridad al Pontífice en aquella ciudad que quitó de su silla a Antonio Obispo, por ser maniqueo, y puso en su lugar a Amenas, varón santo. Dízelo Platina, en la vida de Agapito Papa.
[25] Escrive Cirilo, Patriarca Jerosolimitano, que poco después de la muerte de San Hierónimo, cierto hereje llamado Sabiniano hizo un libro pequeño en que puso grandes heregías, y para darle autoridad publicava que era de San Hierónimo. Resultó de aquí grande confusión entre católicos. Tenían a Hierónimo por doctor santíssimo, conocían en el libro errores; dezir que él lo dezía érales grande escándalo. Opúsose contra el herege Silvano, obispo nazarense, y públicamente le arguyó de falsario y que levantava a San Hierónimo falso testimonio. Ofrecióse de que si el día siguiente no pareciesse señal de que el libro no era de quien dezía, que a él le cortassen la cabeça. Sabiniano holgóse deste concierto, creyendo que tal señal no parecería y que sería muerto aquel obispo tan contrario suyo. Vino el día siguiente, y no pareciendo tal señal, Silvano se ofreció a la muerte y tuvo el cuchillo levantado sobre su cuello. Mas a esta sazón apareció en el aire San Hierónimo, y fue visto y conocido de los /(154v)/ presentes. Detuvo el cuchillo al verdugo el santo para que no hiriesse a Silvano, y, buelto al herege, reprehendióle ásperamente de falsario y engañador. Desapareció San Hierónimo, y sin ver cómo avía sido, vieron la cabeça del herege Sabiniano en tierra, apartada de su cuerpo. Y fue ocasión de grande contento y júbilo en los católicos aver alcançado esta victoria de aquel herege, y dieron gracias a Dios y al santo. Los demás se llegaron a Silvano y fueron dél enseñados, y cessó el error que se levantava de aquel pérfido herege. Refiérese esto en una Epístola de San Augustín, que es en número dozientas y seis, capítulo cuarto.
[26] En la provincia de Brabante, estando quemando a un herege, dava bozes, y los demonios le sacavan del fuego. Esto sucedió algunas vezes, y fue ocasión para que los católicos rebolviessen entre sí pensamientos varios, y vacilavan en la Fe. Mas salió de por medio un predicador católico y dixo al obispo y inquisidor que hiziesse traer allí el Sacramento y Cuerpo de Jesucristo. Lo cual hecho, y estando presente, el herege fue tornado a la leña, y pegándole fuego començó a dar bozes como solía, pidiendo que le librassen de la llama, y respondieron los demonios, oyéndolo los circunstantes:

-No podemos, que ha venido otro más poderoso que nosotros.

Y assí el herege fue quemado. Es del Promptuario de exemplos.
[27] En el obispado brixiense vivía un herege dissimulado que fingía santidad, hombre abstinente, muy rezador y recogido. Ocurrían a él de diversas partes como a santo, y se tenía por dichoso el que le tocava o le hablava. Murió y fue sepultado honoríficamente. Vino luego allí un inquisidor y halló por testigos fieles que avía sido herege, y con el parecer del obispo brixiense y de otros varones prudentes dio sentencia a que sus huessos fuessen quemados. Hizieron una grande hoguera, estando presente mucho pue- blo, | y al tiempo de echar dentro los huessos, levantáronlos en alto los demonios, y estavan suspensos en el aire sin quemarse. La gente que se halló a la mira davan bozes, diziendo:

-Muera el obispo con sus consortes, que quieren quemar al santo de Dios por embidia; véase cómo buelve Dios por él.

El obispo temió, y el inquisidor y los demás consultores le animaron, diziendo:

-No ay qué temer; aquí estamos en la defensa de la Fe. Procurad de dezir Missa, que Dios mostrará milagro para que su Fe santa no padezca. El obispo dixo Missa de Nuestra Señora, y al tiempo que levantó en alto el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, con grande estallido dexaron los demonios caer los huessos del herege en la llama que siempre ardía, diziendo en boz alta:

-¡Oh, guidón de la hacha! Nosotros te avemos defendido cuanto pudimos, mas ya no podemos, porque ha venido Quien es más poderoso que nosotros, y Éste es Cristo.

Los huessos fueron quemados y la Fe prevaleció contra los hereges. Lo dicho se refiere en el Promptuario de exemplos, que es un libro hecho por un docto fraile del orden de Predicadores, que coligió lo que allí dize de Vincencio, en su Espejo Historial, y de otros autores graves.


[28] Residía cerca del Jordán un santo viejo llamado Ciriaco en vida solitaria. Vino a verse con él un otro monge estrangero, cuyo nombre era Teófanes, y preguntóle acerca de ciertas dificultades que tenía su parecer, y pidióle remedio para otras tentaciones que le molestavan de sensualidad. Halló en todo tan buen remedio en el santo viejo Ciriaco, que le dixo:

-Verdaderamente, padre mío, no me fuera de tu compañía jamás, si no lo contradixera que donde yo tengo mi habitación seguimos la doctrina de Nestorio, de quien veo que tú eres contrario.

Afligióse el santo viejo oyendo esto a Teófanes, viendo que iva engañado con el parecer perverso del herege Nestorio. Reprehendióle dello /(155r)/ y amonestóle se apartasse de tan mala y perniciosa doctrina, afirmándole que si no seguía la Santa Iglesia Católica y Apostólica, confessando por verdadera Madre de Dios a la Sagrada Virgen María, que se condenaría sin remedio. Respondió el monge:

-Verdaderamente, padre señor, lo mismo que tú me dizes oigo allá a los que siguen a Nestorio, diziendo que tú y los que le contradizen vais condenados. ¿Qué haré, miserable de mí? Ruega, padre, a Dios, que Él me enseñe la verdad, para que sabida de mí, yo la siga.

El viejo Ciriaco recibió contento de oír esto al monge; díxole:

-Quédate aquí en mi celda, y confía en Dios, que Él te revelará cuál sea la verdadera Fe.

El viejo se fue cerca del Mar Muerto y hizo oración por su huésped, y perseveró en ella hasta otro día. Y a la hora de nona vido Teófanes junto a sí un varón terrible, que le llamó y dixo:

-Ven comigo y verás la verdad.

Llevóle a un lugar tenebroso y de mal olor, que echava de sí llamas de fuego, y en medio dellas vido a Nestorio, Eutiques, Polinar, Dióscoro, Severo y Ario, todos hereges, con muchos otros que los siguieron. Luego le dixo:

-Este lugar está aparejado para todos los blasfemos hereges y para los que siguen sus errores. Si te agrada, persevera en tu parecer, y si quieres ser libre dél, llégate a la Santa y Apostólica Iglesia, recibiendo la doctrina que te enseña este viejo santo. Y dígote verdad, que si alguno se exercitasse en todos los actos de virtudes y fuesse falto en la Fe católica y verdadera, que se condenaría.

Bolvió el monge en su sentido, porque esto le sucedió como en éxtasi, y tornando el santo viejo Ciríaco, contóle lo que le avía sido mostrado y redúxose a la comunión de la Santa Iglesia Católica. Residió cuatro años con el santo viejo, y murió en paz. Esto es del Prado Espriritual, capítulo veinte y seis.
[29] Cerca de Hierópolis hazía vida de grande exemplo un monge subido en una coluna de piedra, donde le atormen- | tava el frío del imbierno y le molestava el calor del verano. Ayunava, velava y tenía continua oración. Con todo esto, estava falto en la Fe, porque seguía un error de cierto herege llamado Severo. Vino a noticia de Efrem, Patriarca de Antioquía, varón docto y santo, y, doliéndole aquella alma, que por estar engañada se perdiesse, fue a verse con él y con fuertes razones le persuadía a que dexasse aquel error y se reduxesse a la Fe santa de la Iglesia Católica, y confessasse lo decretado en un Concilio que se celebró contra aquel herege Severo. El monge dixo que no recebiría el Concilio, en cuanto a lo que contradezía a la doctrina de Severo, que él tenía por cierta y verdadera. Y para en confirmación desto, añadió que se encendiesse una hoguera y entrassen en ella el Patriarca y él, y que el que no se quemasse quedasse porque seguía la verdadera Fe. Esto dixo, no con intento de hazerlo (como luego pareció), sino por poner miedo al Patriarca. El cual le respondió:

-Bien fuera, hijo, que obedecieras a tu espiritual padre, que soy yo. Mas, pues son tan altos tus desseos, y que exceden mis fuerças y capacidad, yo confío en Jesucristo, mi Señor y Dios, que para tu remedio se hará lo que dizes.

Y con esto, el santo Pontífice dixo a los que estavan presentes:

-Bendecid a Dios, amigos, y traed fuego y leña aquí, y enciéndase.

Lo cual hecho, dixo al monge que descendiesse de la coluna y que entrarían los dos en la hoguera. El monge, que no lo avía por tanto, se turbó, y no quiso descendir. Dixo el Patriarca:

-¿Tú no pediste semejante prueva? ¿Por qué te muestras cobarde?

Con esto, el santo obispo se desnudó la estola y vestido superior, y llegando al fuego hizo oración a Dios, diziendo:

-Señor Mío Jesucristo, que por nuestro remedio tuviste por bien de hazerte hombre en las entrañas de la siempre Virgen y Señora Nuestra, María, y nacer della, suplícote, Señor, que descubras la verdad.

Y hecha esta oración, arrojó la estola dentro de la llama, donde estuvo por tres horas, /(155v)/ que duraron los leños en hazerse ceniza, y quedó la estola sin daño ni muestra de fuego. Lo cual visto del monge, y entendiendo por este milagro que iva engañado y que el santo Pariarca Efrem le dezía verdad, redúxose y anatematizó a Severo y su error, y recibió la Comunión del Santo Pontífice Efrem, y permaneció como católico y fiel en la verdadera Fe de la Iglesia Santa Romana. Es del Prado Espiritual, capítulo treinta y seis.
[30] Basilio, sacerdote bizantino, afirmava que, estando en Teópoli, vino allí a visitar al Patriarca Gregorio, Cosmas, eunuco y abad de la Laura de Farán, de grande Fe, religión y sabiduría. Estuvo allí algunos días, y murió. Mandóle sepultar el Patriarca cerca de la puerta de la iglesia, donde estava sepultado un obispo herege. Y como cierto día Basilio, el sacerdote, fuesse a hazer oración a aquel sepulcro, estava sobre él un pobre que pedía limosna a los que entravan en la iglesia, el cual, viendo arrodillado por tres vezes al Basilio, y que hazía oración al abad Cosmas, dixo el pobre:

-Ciertamente grande santo era el abad que enterraste aquí dos meses ha.

Basilio le preguntó:

-¿Y conocíasle tú?

-Sí, verdaderamente -dixo el pobre-, porque doze años estuve paralítico, y Dios me sanó por su intercessión. Y siempre que me veo en alguna tribulación y trabajo, viene a mí a consolarme y a darme remedio. Y aun hallo otra cosa sin esto, y es que desde el día que le enterrastes oigo todas las noches que da bozes, y dize: 'No me toques, herege, no llegues a mí, enemigo de la Iglesia Santa Católica' .

Oyendo esto Basilio al pobre, fue al Patriarca y refirióselo enteramente, rogándole que sacasse de allí el cuerpo del santo abad y le sepultasse en otra parte. El Patriarca Gregorio respondió:

-Créeme, hijo, que en nada es ofendido el abad Cosmas de esse obispo, sino que lo ordena Dios assí para que todos entendamos su Fe grande, su zelo y santidad de vida, y en lo que está después de muerto, que es gozando de Dios, y se publique y | declare que el obispo que estava allí antes enterrado no fue católico, sino herege.

Esto es del Prado Espiritual, capítulo cuarenta.


[31] Fue en romería al Santo Sepulcro una matrona llamada Cosmiana, muger de Germano Patricio, la cual estava tocada de la heregía de Severo y, por lo mismo, sin fe. Llegando a la puerta, púsosele delante la Sagrada Virgen María acompañada de muchas santas, y díxole:

-¿Cómo te atreves a entrar en este lugar santo, no siendo de los nuestros?

Pedíale con instancia Cosmiana que la dexasse entrar, y respondíale la Madre de Dios:

-Créeme que no entrarás si no te reduzes y hazes de nuestro vando.

Entendida por ella la ocasión, llamó a un sacerdote ministro del templo, y confessando su culpa redúxose a la verdadera Fe y recibió el Santíssimo Sacramento. Y con esto, sin más serle prohibido, entró y adoró el Santo Sepulcro. Escrívese en el Prado Espiritual, capítulo cuarenta y ocho.
[32] Bien semejante a esto fue lo que sucedió a un duque de Palestina, que, siendo inficionado de la misma heregía de Severo, queriendo entrar en el Santo Sepulcro se le puso delante un carnero que vio por el aire, muy feroz, el cual no poco le espantó y hizo bolver atrás. Advirtieron que se bolvía atemorizado, y no la ocasión de su temor y buelta, Azarías y otros ministros del templo. Salieron a él, y dixéronle:

-¿Por qué, señor, no entras en este santo lugar?

Él respondió:

-Tenéis ahí esse feroz carnero, que me estorva la entrada.

Ellos, admirados, rebolviendo la vista a todas partes y no viéndole, replicaron:

-Anda, señor, que se te antoja, no tengas temor.

Quiso entrar, y el carnero vino a él con mayor ferocidad, y, dando cuenta dello, díxole Azarías:

-Sin duda, señor, que algún pecado tienes que te estorva la entrada en este santo templo. Confiéssale y duélete dél, para que puedas entrar y adorar el Santo Sepulcro. Clemente y misericordioso es el Señor, que te recebirá a penitencia.

El /(156r)/ duque dixo:

-Sin duda grandes son mis pecados.

Con esto se derribó en tierra, y estuvo algunas horas derramando lágrimas, pidiendo a Dios perdón. Levantóse y quiso entrar en el templo, y sucedióle el mismo estorvo. Díxole el sacerdote, advertido desto:

-Sin duda, señor, que alguna cosa particular te estorva la entrada.

Él respondió:

-¿Si es acaso que sigo la doctrina de Severo?

Con esto la detestó y se apartó de ella, confesando su pecado y reduziéndose a la verdadera Fe. Recibió el Sacramento de mano de ministro católico, y con esto entró sin dificultad en el templo, y con grande consuelo suyo adoró el Santo Sepulcro. Es del Prado Espiritual, capítulo cuarenta y nueve.
[33] El abad Andrés, del Dézimo Octavo monasterio, siendo moço andava inquieto de unas partes en otras sin hazer assiento en alguna. Sucedió que, passando por un desierto de Palestina, ivan con él otros nueve moços, amigos también de andar y ver mundo. Uno déstos era industrioso y de agudo entendimiento; otro era judío. Diole a éste de repente una grave enfermedad, de suerte que se moría. Los demás afligiéronse mucho, no sabiendo qué partido tomar, porque la ley de amistad les obligava a no dexarle, y assí cada uno pretendía que fuesse llevado a poblado y donde uviesse gente, porque no muriesse en el desierto, mas viéndole con calentura vehemente, sin qué comer ni qué bever, y que el Sol era recíssimo, el cual a él acabava la vida y a los demás amenazava la muerte, determináronse de dexarle, teniendo por menor inconveniente que uno muriesse y no tantos. Visto por el hebreo que le tendían en la arena para dexarle, con grande ternura y lágrimas les dixo:

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