De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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-Por aquel Dios | que crió los Cielos y la Tierra, y descendió dellos para salud del linaje humano, y ha de juzgar vivos y muertos, que no consintáis que muera judío, sino que, pues sois cristianos, uséis comigo de misericordia y me baptizéis, y assí, baptizado salga desta vida mortal para la Eterna. Los otros le dezían:

-Verdaderamente, hermano, a nosotros no es lícito hazer lo que dizes, que es proprio de obispos y sacerdotes, y nosotros somos seglares, juntamente con que falta agua en este lugar.

Porfiava el enfermo, y levantando su boz con nuevas lágrimas y gemidos, dezía:

-No queráis, cristianos, privarme de tanto bien y de semejante don divino.

Teníalos esto a todos confusos, sin saber qué hazerse, mas el que entre ellos era industrioso, inspirado de Dios, dixo:

-Levantadle en pie y desnudadle.

Hízose esto no con pequeño trabajo, y teniéndole desnudo y levantado, tomó el industrioso con ambas manos arena y derramóla tres vezes sobre su cabeça, diziendo:

-Sea baptizado Teodoro en nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Y los demás respondían: «Amén». Al mismo punto que esto se hizo, el enfermo quedó sano por virtud de Cristo, y tan fuerte y de buen color en su rostro, como si no huviera tenido enfermedad. Y assí, muy contento él y los demás, atravessaron el desierto, yendo él adelante de todos, que era ocasión para dar loores, como los davan, a Jesucristo, autor de tales maravillas. Y llegaron a Ascalón, y fuéronse a presentar a Dionisio, obispo de aquella ciudad, dándole cuenta de lo susodicho. Él, admirado de caso tan estraño y no oído, convocó el clero, y propúsoles el milagro y caso tan maravilloso, queriendo que diessen su parecer: /(156v)/ si la efussión de la arena equiparava a la de agua, y si se podía reputar por Baptismo por ocasión del sucedido milagro. Unos dezían uno y otros, otro. Gregorio, el insigne teólogo, que estava presente, fue referiendo los que en las Divinas Letras se llaman Baptismos, y dixo:

-De Moisés se dize que baptizó en agua, y primero en nuve, y en el mar. San Juan Baptista baptizó, no con costumbre judaica, sino en agua y penitencia. Jesucristo baptizó en agua de Espíritu Santo, y esto es lo perfeto y necessario.

También dize:

-Entendemos que ay otro Baptismo de sangre, que es por el martirio. Destos baptismos sabemos- dezía Gregorio.

Y añadían algunos de los presentes, confirmando con él:

-Ora véase en cual dellos fue Teodoro baptizado, para que aprobemos su baptismo o no lo aprovemos, especialmente oyendo a Jesucristo, hablando con Nicodemus: «El que no renaciere por agua y Espíritu Santo no entrará en el Reino de Dios».

Dezían otros arguyendo:

-Pues, ¿cómo? Porque no se escriva de los Apóstoles que fueron baptizados, ¿osaremos dezir que no entraron en el Cielo?

Otros replicavan a esto, y dezían:

-Esso no. Clemente Alexandrino afirma en sus Estromas que Cristo baptizó a San Pedro, y Pedro a Andrés, Jacobo y Juan, y éstos a los demás.

Todo esto se altercava delante de Dionisio, el perlado, y, oído dél, dixo ser necessario que fuesse baptizado Teodoro en agua, que es la materia deste Sacramento, y no arena, puesto que agradó aquel hecho a Nuestro Señor, por la sana y santa intención de todos, y lo mostró en el milagro que hizo de sanarle repentinamente. Llevó Dionisio al Jordán a Teodoro y allí le baptizó, y al industrioso ordenó diá- cono. | Lo dicho es del Prado Espiritual, capítulo ciento y sesenta y seis.


[34] Fue en tiempo de Teófilo, Patriarca Alexandrino, en Cirene, un obispo llamado Sinesio, filósofo y varón catolicíssimo, el cual tenía un amigo en la misma ciudad de Cirene, llamado Evagrio, condiscípulo suyo en la Filosofía, hombre rico y bien intencionado, aunque era idólatra. El obispo Sinesio hazía cuanto le era possible por traerle a la Fe católica, y no salía con su intento, porque cuando más le apretava y con sus vivas razones parecía convencerle, salía el filósofo con dezir:

-Verdaderamente, señor obispo, entre otras cosas que contradizen a mi entendimiento y me desagradan acerca de lo que creéis los cristianos es dezir que se ha de acabar el mundo y que han de resuscitar cuantos han sido desde su principio en la propria carne y ser que tuvieron, viviendo en él, y que vivirán para siempre, donde cada uno recebirá conforme a sus obras premio o pena; y el que dio a pobres parte de su hazienda por amor de Cristo, vuestro Dios, el mismo Cristo se lo ha de pagar dándole ciento por uno en el Cielo. Esto todo, cuando lo oigo, téngolo por cosa de burla.

El obispo Sinesio replicava que lo podía tener por cosa certíssima, assí aquello como todo lo demás que el cristiano cree y confiessa, y dávale muchas razones sobre el caso. Y tanto supo dezirle un año y otro, sin cansarse, que al cabo vino a convertirse, y se baptizó Evagrio con sus hijos y familia. No passaron muchos días después que fue cristiano, cuando dio al obispo trezientos ducados para que repartiesse a pobres, con condición que le hiziesse una escritura pública, que Cristo en la otra /(157r)/ vida se lo avía de dar multiplicado. Recibió Sinesio el dinero y hizo de buena gana la escritura, contemporizando con él por ser nuevo en la Fe. Vivió santamente el Evagrio algunos años, y vino a enfermar de muerte, y llegándose su ora llamó a sus hijos, y dándoles la carta y obligación del obispo cerrada, mandóles que se la pusiessen en las manos siendo muerto y que le enterrassen con ella, lo cual cumplieron ellos enteramente. Vino el tercero día después de su muerte y, siendo de noche, estando acostado el obispo Sinesio, apareciósele Evagrio y díxole:

-Ve al sepulcro donde está mi cuerpo, y llevarás tu obligación, porque ya recebí de Jesucristo la paga. Y para que seas cierto dello verás en ella la carta de pago de mi propria mano.

Ignorava el obispo de que su obligación fuesse sepultada con Evagrio, y venida la mañana llamó a sus hijos y preguntóles si avían puesto alguna cosa en la sepultura de su padre. Parecióles que les hazía esta pregunta por razón de dineros, y dixeron que ninguna cosa, excepto los lienços y mortaja acostumbrada.

-¿Cómo, pues? -replicó el obispo- ¿Es possible que ni pusistes con él algún papel o reconocimiento?

Acordáronse con esto del hecho, y diéronle cuenta del mandato del padre y obediencia suya, sin saber qué se contenía en el escrito, porque cerrado le recibieron y cerrado le pusieron. Refirióles el perlado su sueño, y juntando algunos de sus clérigos y gente principal de la ciudad, fueron al sepulcro del filósofo Evagrio, y abriéndole hallaron el reconocimiento del obispo en sus manos. Quitáronsele, y, abierto, vieron escrito al pie dél, de su propria letra, estas palabras:

«Yo, Evagrio Filósofo, a ti, santíssimo obis- po | Sinesio, desseo salud. Recebido he lo que se me devía por virtud desta obligación tuya. Quedo contento y satisfecho, assí de lo que me prometiste, como de lo que Cristo, mi Dios y Salvador, me avía de dar».



Los que estavan presentes, viendo testimonio tan maravilloso de nuestra Fe santa quedaron admirados, y por algunas horas levantaron la boz, diziendo Kirie Eleyson, glorificando a Dios, autor de tales maravillas y que cumple tan bien las promessas hechas a sus siervos. Afirma Leoncio Apamiense, varón grave y que muchos años residió en Cirene, que siempre permaneció en el sagrario de aquella iglesia la escritura, donde, entrando a ser tesorero y guarda dél, entre otras joyas, vasos y ornamentos que recibió y juró de guardar fielmente fue esta carta de obligación de Sinesio y de paga y recibo de Evagrio. Lo dicho se refiere en el Prado Espiritual, capítulo ciento y noventa y cinco.
[35] Llegando a la ciudad de Espoleto un obispo ariano acompañado de muchos longobardos que seguían aquella maldita secta de Ario, pidió al obispo de aquella ciudad, el cual era católico, que le diesse iglesia donde a su modo celebrasse. Mas, siéndole negada, dixo con grande sobervia que en la iglesia de San Pablo, que era la principal de la ciudad, otro día, a pesar de quien se lo contradixesse, celebraría. Oído esto por el sacristán de aquella iglesia, que era católico, adelantóse y cerró muy bien las puertas, atracándolas, mató las lámparas y escondióse en el lugar más secreto della. No era bien de día cuando el hereje llegó acompañado de soldados, y visto que no le abrían las puertas, dava orden cómo quebrarlas. Mas repentinamente /(157v)/ se abrieron por sí mismas con grande ímpetu, quebrantadas y echadas por tierra las cerraduras. Acendiéronse las lámparas, sin ver quién lo hiziesse, y junto con esto, el obispo ariano, que tratava de entrar con violencia, quedó ciego, de suerte que, llevándole de las manos, bolvió a su posada. Este caso escarmentó a los longobardos en aquella provincia, de modo que no se atrevieron a hazer fuerça en las iglesias de católicos, ni daño a sus ministros. Lo dicho es de San Gregorio, en el libro tercero de sus Diálogos, capítulo veinte y nueve. Y en el capítulo siguiente escrive también San Gregorio otro caso semejante, y dize que en la ciudad de Roma, en la región Subura, estava cerrada una iglesia que avía servido a los mismos arianos para sus sacrílegos ritos y cerimonias, y queriéndola abrir y purificar llevaron a ella los cuerpos de San Estevan y de Santa Marta (aunque otro original dize de San Sebastián y de Santa Agata). Hízose una muy solemne processión, con concurso grande de pueblo. Estando en ella celebrándose el oficio divino, y la gente bien apretada, sintieron que andava un puerco entre todos gruñendo, oyéndose ya aquí, ya allí. Guiava hazia la puerta, y aunque a muchos les pareció tocarle con sus pies y le oyeron, nadie le vido, y todos quedaron admirados, entendiendo que la Divina Magestad quería dar muestra que salía de aquella iglesia el morador inmundo del demonio. La noche siguiente se oyó grande ruido, como de quien se mudava de unas partes en otras, y augmentóse otra noche en adelante, de suerte que remató con un estampido que parecía averse caído y arruinado todo el edificio por los fundamentos, y con esto, no sonó | más cosa alguna de terror en ella. Otro día, haziendo tiempo muy sereno, baxó una nube del Cielo que rodeó toda la iglesia arrebatándola de la vista, de modo que nadie pudo entrar en ella, aunque gozava mucha gente que estava a la mira de un olor suavíssimo y del Cielo. El siguiente día no pareció la nube, mas vídose en ella otra maravilla, y fue que, estando las lámparas muertas, por sí mismas se encendieron, dándose a entender que avía venido aquel lugar de tinieblas a luz.
[36] Por temor de ser preso y castigado un herege, fingióse estar endemoniado. Hazía todo lo que suele hazer el que tiene demonios. Y visto de algunos que tenían poder para ello, porque se mostrava furioso, atáronle las manos y lleváronle a un hospital, donde le amarraron a un poste. Estava allí un clérigo que verdaderamente tenía demonios, y mirava al otro con sobrecejo. Aguardó que viniesse la noche, y porque sólo creían dél que avía perdido el juizio, andava suelto y tenía aposento y cama de donde podía salir libremente. Buscó leña y pajas, y púsolo alrededor del herege, el cual, estando atado, dissimulava hasta ver en qué parava lo que hazía aquel loco. El cual sacó lumbre de improviso y pególo a las pajas y leña, que començó a arder bien. Visto por el herege, dio grandes gritos, y llamava a quien le valiesse. Mas, por presto que llegaron, defendiéndoselo el clérigo endemoniado, ya estava el herege ahogado del humo y su cuerpo bien chamuscasdo. Fue juizio de Dios, y que el clérigo endemoniado después deste hecho quedasse libre y en su entero juizio, aviendo primero el demonio descubierto el embuste del herege quemado. Dízese en el Promptuario de exemplos. /(158r)/
[37] Justo juizio de Dios es que todos los hereges paren en mal, y que aun en esta vida aya muestras evidentes de que van a la otra a fuegos eternos. Y desto ay exemplos modernos, como fue uno el infernal mostruo y heresiarca perniciosíssimo Martín Lutero. Nació en la villa de Islebio, lugar de Saxonia, del señorío de los Condes de Monsfelt, año de mil y cuatrocientos y ochenta y cinco, día de San Martín, y siendo de veinte años cayó un rayo junto a él, y de miedo se entró religioso en Hefordia, aviéndose graduado de Maestro en Filosofía y estudiado Leyes poco tiempo. Después, el año de mil y quinientos y veinte y tres dexó el hábito y se casó, y hablando propriamente se amancebó con Catarina Bore, que avía sido monja professa en el monasterio de Torgobia, a la cual Leonardo Coppen sacó con otras ocho monjas un Viernes de la Cruz del monasterio y las truxo dos años por burdeles, y no por esso le puso asco al apóstata luxurioso y sucio ver que huviesse tenido tienda pública de su persona, para dexar de casar, esto es, amancebarse con ella. Levantó este endiablado hombre perversas y sacrílegas heregías. Siguiéronle algunos, que también como él fueron heresiarcas, y todos pararon en mal: Zuinglio murió en una batalla y quemaron su cuerpo; Ecomampadio fue hallado muerto en la cama, estando con su muger, aunque más se deve llamar manceba, por averse casado siendo religioso professo. Bucero, otro semejante miembro de Satanás como los dichos, también fue hallado muerto en la cama, todo lleno de cardenales, que se tuvo por cierto que le avía ahogado el diablo. Esto dixo el muy docto Juan Gropero estando en Trento, celebrándose Concilio el año de mil y quinientos y cincuenta y uno. Todos tres pusieron lengua sacrílega en el Santíssimo Sacramento del Altar, y assí acabaron mal, como sucede a todos los que les imitan. Después, el año de mil y quinientos y cuarenta y seis, aviendo sido antes las muertes de los hereges dichos, | aunque fue después cuando lo refirió en el concilio el Gropero, el sacrílego y endiablado Lutero, acostándose una noche bueno, a la mañana fue hallado muerto con un rostro espantable, que no avía quien sin temor osasse mirarle. Calvino, otro heresiarca, cuando moço fue castigado por el pecado nefando con ponerle un hierro ardiendo en el hombro, y después de aver hecho en Francia el daño que Lutero en Alemaña, vino a morir en Géneva comido de gusanos, despedaçándose a bocados sus carnes, diziendo terribles blasfemias. ¡Santo Dios, y que aya gente tan ciega que dé crédito a tales mostruos infernales!
[38] Por confortar el oído, que parece que se atormenta con oír tratar de gente tan mala como son hereges, quiero poner algunos exemplos que también son proprios en este Discurso de Fe, de personas que teniéndola muy viva con el Nombre Santíssimo de Jesús, han sido por él libres y remediados de trabajos y peligros. En Hibernia, estando enfermo un religioso del Orden de los Menores, oyó dezir que se hazían algunos milagros con el nombre de Jesús. Era su enfermedad de graves calenturas; hizo escrivir en una cédula y echar en un baso de agua el mismo nombre dulcíssimo de Jesús, bevió con mucha devoción la agua, y quedó sano de repente. Es del Promptuario de exemplos.
[39] Avía recebido una afrenta cierto hombre y pedíanle que la perdonasse por amor de Dios. Él, muy obstinado y furioso, dixo:

-Ni por Dios ni por el diablo le perdonaré, aunque por ello vaya a arder perpetuamente a los Infiernos.

Llegó a él un religioso devoto, y con su dedo hizo como que escrivía en su frente Jesús Nazareno, y en el mismo punto començó a gemir y se enterneció, y dixo:

-Yo le perdono por amor de Jesucristo.

Refiérese en el Promptuario de exemplos.
[40] Iva de una villa a otra cierto clérigo, vencido de una fuerte tentación carnal que tenía, la cual quería cumplir, y avien- do /(158v)/ de passar de noche por una silva, salió a él un ladrón, cuya ferocidad y pertinacia en hurtar y matar hombres era sin igual. Preguntóle en boz alta, sintiéndole passar:

-¿Quién va por ahí?

El clérigo, todo turbado, respondió:

-Un pobre siervo de Jesucristo.

-¿Y quién es el que lo dize? -añadió el ladrón.

-Es -tornó el clérigo a dezir- un indigno siervo de Jesucristo.

-Tú que hablas, pregunto que me digas quién eres.

El clérigo, de nuevo, turbado respondió:

-Digo que soy un inútil siervo de Jesucristo.

Muy indignado el ladrón de oír esto, dixo por tres vezes:

-¡Oh, tanto Jesucristo, Jesucristo, Jesucristo!

Y aunque lo dezía con enojo y rabia y estava a punto de levantar el braço con la espada para matarle, tuvo tanta fuerça aquel divino nombre, que su empedernido coraçón quedó blando, y assí dexó al clérigo libre, que se bolvió a su casa lleno de temor sin poner en obra su mal intento. Y a la mañana, el ladrón, compungido grandemente y muy contrito fue a la iglesia, y encontrándose con el mismo clérigo, sin que se conociessen, le pidió que le confessasse, estando también ya el clérigo confessando del intento que tuvo. Oyóle, y en la confessión oyó males gravíssimos que avía cometido de hurtos y homicidios. Y como el clérigo mostrasse admiración, y le dixesse:

-¿De dónde te ha venido, hombre miserable, siendo el que eres, tanta contrición?;

respondió el ladrón:

-Esta noche quise robar a uno que passava por cierto despoblado donde yo estava, el cual nombró diversas vezes el nombre de Jesucristo, y dexándole yo libre por oír aquel nombre, y refiriéndole tres vezes, vine a convertirme, y en adelante no quiero ser más siervo del demonio, sino de Jesucristo.

El clérigo se le descubrió, y dixo:

-Pues sabe que yo era el que passava por esse desierto y silva, y sea bendito Jesucristo que me libró a mí y te justificó a ti. Y en adelante yo seré tan su devoto, que por su amor no cometeré más culpa grave, y en ello pondré el recato y di- ligencia | possible.

Lo dicho es del Promptuario de exemplos.


[41] Dio la muerte un hombre a otro. Tenía el muerto un hijo, el cual aguardó al Viernes Santo, en que vido sin armas al matador en lugar acomodado para su intento y desseo, que era de vengarse; llegó a él para matarle. El otro, que se vido en peligro de muerte y sin armas, no tuvo otro remedio sino derribarse delante dél pidiéndole que por la Fe que devía a Jesucristo, el cual en semejante día del en que estavan por todos avía recebido la muerte, que no le matasse. Con esto, el airado moço se compungió, y dixo:

-Por el amor del mismo Jesucristo, yo te perdono.

Y en señal de que le perdonava, le levantó de tierra y le dio beso de paz. Después desto entró en una iglesia, donde estuvo a los oficios divinos. Y al tiempo de adorar la Cruz, el Crucifixo que estava en ella le abraçó, viéndolo cuantos estavan presentes, y se oyó una boz, que dixo:

-Porque oy perdonaste por amor mío al que mató a tu padre, yo te perdono tus pecados, y en señal de amistad te doy beso de paz.

Y con esto, el mismo Señor juntó su rostro al del que hizo este hecho. Por lo cual, todos los presentes y los que dél tuvieron noticia, alabaron al Señor. Refiérese en el Promptuario de exemplos. Semejante caso se escrive de Juan Gualtero, y queda para otra ocasión.
[42] En Constantinopla estava un mercader muy limosnero, y aviendo de hazer cierto camino por mar con sus mercadurías, dávale un judío una grande partida fiada, aunque por no tener quién le fiasse estava penado, pareciéndole que perdía mucho interés si no llevava aquella mercaduría. Dixo para provarle, sin entender si lo haría, si quería por fiador a Jesucristo, su Dios. El judío respondió:

-Yo no tengo por Dios a Jesucristo, mas por entender dél que fue un hombre muy verdadero, santo y profeta, yo le acepto.

Fueron a la iglesia, y delante de un crucifixo se hizo el concierto, y el judío entregó la mercaduría. Con la cual y con /(159r)/ lo demás, el mercader hizo su camino, y le fue muy bien, de manera que hizo grandes ganancias. Y deteniéndose en esto, llegó el plaço en que avía de pagar al judío. Vídose muy confuso y penado, y más por el fiador que avía dado y el otro acetado. Tomó el dinero con una carta en que dava relación de que por estar muy distante no podía él llevarlo, mas que lo embiava con su fiador. Encerrólo en una arca pequeña y hizo oración a Dios en un navío donde se halló, diziendo:

-Señor, la necessidad pide que os suplique hagáis aquí una pequeña maravilla, pues soléis hazerlas muy mayores cuando Vós sois servido. Va mi crédito, y aun a Vos, Señor, os toca algo, que este dinero se dé oy a aquel hombre, porque se cumple el plaço. Señor sois del mar y de los vientos, a Vos lo encomiendo.

Esto dixo, y muy confiado que el dinero vendría en manos del acreedor, echó la arquilla en el mar. Fue cosa maravillosa que en aquel mismo día, aunque la distancia era grande, llegó a Constantinopla y se vido a la puerta de la casa del judío, que vivía junto al mar. Quiso un criado suyo tomar la arca, y fuésele de las manos por la agua. Llamó al judío y él la tomó. Abrióla y sacó el dinero, y la arca echóla debaxo de su cama. Passado algún tiempo, el mercader bolvió a Constantinopla, y viéndole el judío, díxole:

-¡Oh, cristiano, y cuán falto eres de verdad!

-¿Cómo? -dixo el mercader- ¿Y no recebiste tu dinero?

-No -respondió el judío.

Llevóle de la mano y púsole delante del crucifixo que avía dado por fiador, y dixo el mercader:

-Tú, Señor, sabes que embié el dinero a este hombre el día que puse con él.

Oyóse una boz del crucifixo, que dixo:

-Assí es verdad; él tomó el dinero que venía en una arca pequeña, la cual está debaxo de su cama.

Cayó en la cuenta el judío, vídose la arca y el papel escrito por el mercader que se quedó allí, porque de sólo el dinero hizo caso el judío. El cual, viendo semejante maravilla, se tornó cristiano. Lo dicho es de Vicencio, en su Espejo Historial, libro sép- | timo, capítulo ochenta y dos.
[43] En el libro de Vidas de Sumos Pontífices se dize que por los años de Cristo de quinientos, siendo Papa Símaco, convirtióse a nuestra Fe Alamundo, rey de los sarracenos. Fueron luego a él hereges eutiquianos, que negavan en Cristo la humanidad diziendo que no fue hombre sino sólo Dios. Pretendían traerle a su error, alegándole sus razones falsas. Oyóles cuanto le quisieron dezir y cuando se cansaron de hablar, díxoles:

-Sabed, padres, que me ha venido oy una nueva, la más estraña del mundo, y es que ayer, en aquel día murió el arcángel San Miguel en el Cielo.

Ellos començaron a reír desto, diziendo que no era possible que muriesse, por ser inmortal. Replicó el rey, y dixo:

-Pues si es assí que el arcángel no puede morir, ¿cómo es possible que Jesucristo muriesse, si solamente fuera Dios como vosotros dezís? Pues siendo assí que vosotros y nosotros creemos y tenemos por fe que murió, luego también era hombre, y en cuanto hombre pudo morir, y de hecho murió.

Con esto les confundió y hizo ir avergonzados de su presencia.
[44] San Antonio de Florencia, en la segunda parte, título nono, escriviendo del emperador Teodosio; dize que en su tiempo, que fue por los años de trezientos y setenta y siete del nacimiento de Cristo, cessó la idolatría en todas las tierras sujetas al Imperio Romano, mandando este buen emperador destruir todos los ídolos y sus templos, que no fue pequeño negocio de acabar, porque tenían temor grande algunas gentes que les avía de suceder mucho mal; como en Alexandría de Egipto, que estava un ídolo de Serapis, que tenían por cierto que se hundiría el mundo si tocavan en él, y un hombre del pueblo buen cristiano tomó una hacha de azero, y diole un golpe y otro, y poco a poco derribó aquella visarma, hecha de un pedaço de roble medio comido de carcoma. La gente común dava grandes alaridos, mas sin que se ca- yesse /(159v)/ el Cielo, ni se hundiesse la tierra. Antes, atreviéndose más, le pegó fuego, y ardió como paja, no quedando dél sino ceniza. En la misma ciudad de Alexandría se derribó otro ídolo de Canopis muy estimado de aquella gente, en cuyo vientre pareció un vaso, que hinchéndole los sacerdotes de agua distilávalo por algunas partes de su cuerpo, y caía sobre un brasero que ponían allí, y matava la lumbre, con grande admiración de aquella gente ignorante, que tenían por grande el poder de aquel ídolo, pues matava el fuego, que también adoravan los caldeos. Assí mismo se destruyó otro ídolo en Alexandría de Saturno, en el cual, por ser grande y hueco, se escondía una ministro suyo, que con engaño llevava allí mugeres de noche, y aun de las principales de la ciudad, diziendo a los maridos que Saturno quería tratar con ellas, y estava él escondido y salía a la que avía quedado encerrada en el templo, y se aprovechava della y la deshonrava, aunque les parecía a las que les sucedía esto que era grande honra. Este engaño, que se usava no sólo en Alexandría, sino en otras muchas partes, derribando los ídolos se descubrían.

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