De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[45] Estéfano, rey de Hungría, varón santo, convirtió su reino a la Fe de Cristo, dio el obispado de Estrigonia al abad Astrico, que le ayudó mucho en la conversión de sus húngaros, y embióle a Roma dando la obediencia al Sumo Pontífice y pidiéndole humilmente que le diesse la corona de Hungría, de manera que tuviesse aquel reino de su mano, y assí, con esta honra, llevasse adelante sus intentos. Avía a esta sazón recebido la Fe Miesca, duque de Polonia, el cual embió embaxadores al Papa dándole también la obediencia y pidiéndole título de rey, de que recibió el Pontífice grande contento, y mandó hazer una rica corona para embiársela con su bendición. Y la noche antes que la avía de entregar a los polacos, apareciósele un ángel, que le dixo:

-Mira que mañana, a la primera hora del día, | vendrán a ti embaxadores de gente no conocida, pidiéndote la bendición y corona de rey para su príncipe. Embiarle has la que tienes hecha para el de Polonia, proque la merece mejor que él.

Desapareció el ángel, y el día siguiente parecieron en su presencia el obispo Astrico con los embaxadores de Hungría, pidiendo para su rey corona y bendición, diziendo que la merecía bien por las muchas gentes que avía convertido a la Fe. Comunicó el obispo con el Papa los demás negocios que traía a su cargo, y, informado de todo el Pontífice, fue grande su contento, y no sólo le embió la bendición con título de rey que pedía, sino la corona que avía hecho para el polaco, y juntamente una Cruz que truxesse delante de sí, que era insignia de Apóstol, diziendo:

-Yo me llamo Apostólico, mas él se puede llamar Apóstol, pues por su ocasión tanta gente ha recebido la Fe.

Refiérelo Surio, tomo cuarto.
[46] Vicencio, en su Espejo Historial , dize que el año de mil y dozientos y veinte y cinco, El Califa, rey de los tártaros, desseando echar de su reino muchos cristianos que residían en él, uno de sus consejeros le dixo que del mismo Evangelio podría sacar motivo para salir con su intento, porque en él se dize que hablando Cristo, su Dios, con ellos, les da palabra que si tuvieren fe, y dixeren a un monte que se eche en el mar, no dudando dello, que se cumplirá. Convocó el Califa a los cristianos y preguntóles si las palabras de Cristo eran verdaderas. Todos le respondieron que sí. Prosiguió su razón, y dixo:

-Pues si dentro de diez días este monte no le passáis a otra parte, todos pereceréis.

Los obispos y sacerdotes convocaron al pueblo y les mandaron ayunar tres días, y hizieron oración porque los librasse en aquella necessidad. Fuele revelado a uno de los obispos que cierto çapatero tuerto del un ojo saldría con esta empresa. Habláronle, y de humilde no se quería poner en ello. Al fin, por obediencia dixo que lo haría. Estavan de una parte /(160r)/ los cristianos con la Cruz de Cristo, y de la otra el Califa con gente de guerra para matar a los cristianos no saliendo con su intento. Hizo oración el çapatero pidiendo a Dios que no permitiesse que tantos cristianos muriessen. Levantóse y mandó al monte que se derribasse en el mar, y al punto fue hecho. Por lo cual muchos de los paganos se convirtieron a la Fe.
[47] El estar en España tan viva la Fe, y el no poder hereges hazer en ella el daño que en otras provincias y reinos han hecho, es misericordia de Dios, y úsala por medio del Santo Oficio de la Inquisición, que es el querubín que con la espada de fuego defiende la entrada del Paraíso Terreno, la cual pusieron en el punto que está los Reyes Católicos, comunicándolo y alcançándolo del Romano Pontífice. Y no sólo estos gloriosos reyes por esta vía procuraron que estuviesse firme la Fe en España, sino que trabajaron mucho en quitar los estorvos y inconvenientes que la podían desquiciar en algunos particulares. Y por este fin hizieron guerra a los moros de Granada y se la ganaron el primero día del año de mil y cuatrocientos y noventa y dos. Y en el mismo año, último día del mes de março, estando los mismos reyes en su villa de Santa Fe, junto a Granada, se publicó premática contra los judíos de España, que dentro de cuatro meses saliessen della con sus mugeres, hijos y esclavos que no fuessen cristianos, y con sus haziendas, excepto algunas que se vedan sacar destos reinos. Después, el año de mil y quinientos y cuatro, en veinte y cuatro de noviembre, | murió en Medina del Campo la reina doña Isabel, de edad de cincuenta y cinco años. Fue muger honestíssima, hermosíssima, muy sabia y muy católica. El rey don Fernando murió en Madrigalejo, aldea de Guadalupe, de edad de sesenta y cuatro años, en veinte y dos de enero, y en el de Cristo de mil y quinientos y diez y seis. Cincuenta días antes avía muerto el Gran Capitán, don Gonçalo Fernández, en su villa de Loxa, en dos de deziembre, año de mil y quinientos y quinze. De quien escrive el autor de la Historia Pontifical que, aviendo ganado el reino de Nápoles, tomávanle cuenta por orden del rey don Fernando, aviéndole puesto en mal con él algunos embidiosos, molestávanle la cuenta, y hecho el cargo, dixo:

-Assentad, señores, que pues se me toma tan estrecha cuenta, quiero cobrar lo que alcançare, aunque pensava no hablar en ello. Lo primero, que yo gasté para ganar la gracia y favor de Dios y de sus santos, porque saliesse bien de todos mis negocios, en que cada día arriscava la vida y mi hazienda, dozientos mil y setecientos y treinta y seis ducados, y nueve reales, los cuales todos repartí en limosnas entre frailes, monjas, clérigos y personas de buena vida, huérfanos, viudas y necessitados. Y assí mismo para saber los secretos de mis enemigos y para tener aviso de sus designos y consejos gasté en espías y en otros tratos seiscientos mil y cuatrocientos y noventa y cuatro ducados y medio.

Oyendo esto el rey don Fernando, echólo al palacio, y llevólo por vía de donaire, mandando que no se hablasse más en ello. |

EXEMPLOS ESTRANJEROS

[1] Hierón Tirano preguntó a Simónides Filósofo qué cosa era Dios. Pidió de término un día para responder, y aquél passado, pidió dos, y luego cuatro, y assí iva siempre pidiendo doblado tér- mino. | Y preguntando la causa destas dilaciones, respondió:

-Cuanto más lo considero, tanto me parece el negocio más dificultoso.

Refiérelo Brusón.
Fin del Discurso de Fe.

/(160v)/ DISCURSO VIGÉSIMO NONO. DE FELICIDAD

En el templo que en visión fue mostrado al Profeta Ezequiel, dize en el capítulo cuarenta y seis de su Profecía que tenía dos puertas: una, a la parte del Mediodía; otra, al Aquilón. Y era ley que cualquiera que entrasse por la una destas puertas avía de salir por la otra, si no era el Sumo Sacerdote y príncipe, que entrava y salía por una misma. La puerta del Mediodía es figura de la felicidad y prosperidad; la del Aquilón, de la adversidad y trabajo, y es ley que quien en esta vida entra por la una destas puertas ha de salir por la otra. Y assí, quien entra por la puerta de la felicidad y prosperidad goza de grandes bienes y regalos, poniendo en ellos su bienaventurança, sin acordarse del Cielo; al salir della por la muerte será para trabajo y miseria del Infierno. Al contrario, los que entran por trabajos y miserias, padeciéndolo en esta vida con paciencia y por amor de Dios, saldrán a la felicidad y prosperidad de la Bienaventurança. Lo cual tiene excepción en el príncipe y Sumo Sacerdote, y quiere dezir que ay algunos tan buenos que viven en esta vida muy contentos, porque con igualdad llevan cuanto les sucede sin perder punto en el camino de la virtud. Éstos tienen bien en esta vida y en la otra. Otros, por el contrario, tan malos, que en ésta y en aquélla padecen, aquí comiença su Infierno. Exemplo de los primeros fue San Pablo, que en medio de sus penas y trabajos estava contentíssimo; y exemplo de los segundos fue Nerón, que en medio de sus contentos tenía vida de Infierno. En | este Discurso se trata de la Felicidad, de que se verán diversos exemplos.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] La felicidad del primer ángel, luego que Dios le crió, fue grandíssima. Su hermosura, su sabiduría, sus fuerças: en todo lo natural no avía más que dessear. Faltávale el ser bienaventurado. Pónele Dios precepto que lo procure con favor divino, dize: «No, sin esse favor puedo alcançarlo, que en mí ay partes para todo. Subiré -dize por Isaías, capítulo catorze-, y pondré mi silla junto al Altíssimo, y assí como Él es bienaventurado por Sí y sin valerse de otro, assí lo seré yo». Desvanecióse, cayó en la mayor miseria que tiene criatura.
[2] Algo se pareció a Lucifer Adam, nuestro Primer Padre. Crióle Dios con todas las partes de la felicidad que pertenecían a humana criatura, pónele precepto que no coma de un árbol del huerto y vergel a donde le truxo luego que le formó, y diole licencia que comiesse de todos los demás. Quiso él más agradar a Eva, su muger, que le pidió que comiesse de aquella fruta. Comió della y cayó en la suma miseria y desventura, y della nos cabe a todos parte. Es del tercero capítulo del Génesis.
[3] La felicidad del rey Salomón, él mismo se pone a dar noticia della en el primero y segundo capítulo del Eclesiastés, diziendo:

«Yo, Eclesiastés, fui rey de Israel en Jerusalem y procuré provar todo lo que es agradable y da contento a los hombres. Edifiqué casas, planté viñas, hize huertos y jardines y poblélos de todo género de frutales. Labré estanques, en que se juntavan muchas aguas, con que se regavan silvas y arboledas. Sin esto, fui señor de esclavos y esclavas y tuve grande familia. Mis ganados mayores y menores eran tantos que ninguno de los reyes que reinaron antes de mí en Jerusalem los alcançó a tener. Llegué plata y oro y dilaté mis estados, tierras y provincias, trayéndome de todas partes tributos /(161r)/ y pechos con que crecía el tesoro. Tuve capilla de cantores y de cantoras, ni me faltaron vasos riquíssimos para servicio de mi casa. Con esto, alcançé sabiduría, sin que en ella otro me hiziesse ventaja. Ninguna cosa dessearon mis ojos que no se la diesse, ni me pidió deleite mi coraçón que no le provasse».

Esto es lo que dize Salomón de sí. Y en el Tercero Libro de los Reyes, capítulo cuarto, se declara más su felicidad, diziendo que se gastava cada día en su casa treinta hatos o celemines, y esto de flor de harina, de que hazían pan para su mesa, y otros sesenta de la harina ordinaria, de que se massava para los familiares y criados. | Gastávanse diez bueyes gruessos, y veinte de dehesa, y cien carneros (esto era sin la caça de ciervos, cabras, búbalos y aves). Era señor desde Dam a Bersavé, en que avía muchos reyes que le pagavan tributo, y todos gozavan de paz. Dize más la Escritura, que tenía Salomón cuarenta mil pesebres poblados de cavallos de carro, y doze mil de silla. Y en el capítulo onze del mismo Libro Tercero de los Reyes , se dize que tuvo Salomón setecientas mugeres, con título de reinas, y trezientas concubinas. De toda esta felicidad y grandeza vino a tanta miseria y desventura, que se duda, y aún no se acaba bien de averiguar, si se salvó o se condenó.
Lo dicho se coligió de la Escritura Sagrada. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Brunechilde fue hija de Atanagildo, rey de España, muger de alto entendimiento, hermosa y agraciada. Casó con Sigiberto, rey de Francia, el cual, teniendo guerra con Childerico, murió Sigiberto en batalla y quedó viuda Brunechilde. Y por agradar al mismo Childerico casó segunda vez con Meroveo, su hijo, y vídose ambas vezes en grande felicidad. Mas sucedió que Meroveo vino en desgracia del padre, y por no verse en su poder, conociéndole por crudelíssimo y sin piedad, se mató con su proprias manos. Quedó segunda vez viuda Brunechilde, vivía privadamente, mas acordándose de la felicidad passada y tocada de ambición, mostrávase arrogante y sobervia, por lo cual vino en tanta desgracia de Clotario, rey de Francia, que la mandó prender, y desnuda llevar en un cavallo flaco por medio de su exército, y después atar a cuatro cavallos, donde miserable y crudamente fue muerta. Escrive della Gregorio Turonense, libro cuarto, capítulo veinte y dos; y Paulo Emilio, libro primero; y Paulo Diácono, libro segundo, capítulo veinte y dos.
[2] Teudio fue de la sangre real de los ostrogodos de Italia, y sobrino de Amalasunta, reina de España. La cual, estando viuda y sin heredero, llamó a Teu- dio, | diole el reino y fue el primero de los ostrogodos que reinaron en ella. Siendo rey, juntáronse contra él Childeberto y Clotario, hermanos y reyes de Francia. Entraron en España destruyendo a fuego y a sangre la provincia de Cataluña. Teudio embió contra ellos un capitán suyo llamado Teudiselo, que los aguardó en cierto estrecho, donde los venció y mató muchos dellos, siendo pocos los que bolvieron a Francia. Quedó con esta victoria Teudio tan sobervio y arrogante, que olvidado de la obligación que tenía a su señora y tía Amalasunta, con grande ingratitud la desterró del reino que ella le avía dado, y, no contento con esto, la hizo matar en un baño. Mas cierto criado de Amalasunta, por vengar esta maldad fingióse loco, y entrando un día en el palacio real, donde el rey estava con muchos cavalleros, delante de todos llegó y dio al rey una estocada, con que quedó herido de muerte. Y, aunque agonizando, tuvo cuidado de mandar que no hiziessen mal a quien le avía muerto, porque entendía que avía Dios querido castigarle por mano de aquel hombre, en razón de la muerte que con tanta ingratitud avía dado a su señora. Sucedió esto año del Señor de quinientos y trein- ta /(161v)/ y dos. Y escrívenlo don Rodrigo, arçobispo de Toledo, en su Historia, libro segundo, capítulo doze, y Alonso de Cartagena, en su Anacephalo, capítulo veinte y uno.
[3] En la Provença y Lemónica, que es en Francia, vino un día tan grande tempestad de truenos, relámpagos y rayos con granizo de estraña grandeza, que pensaron todos perecer. Estava la guarda de ciertas viñas en una choza o cueva esperando que la tormenta cessasse, y en el mayor furor della oyó bozes en el aire. Por una parte dezían:

-Guarda, guarda.

De la otra respondían:

-¿Qué tengo de guardar?

Proseguía la boz de primero, diziendo:

-No toques en la viña de Pedro Ricardo.

Passada la tempestad, quedando los campos todos destruidos, la viña de aquel Pedro Ricardo quedó sin daño, el cual era un logrero lleno de vicios y pecados. Y desto se infiere que los buenos sucessos y prósperos acaecimientos desta vida y su felicidad a las vezes son sospechossos. Refiérese en el Promptuario de exemplos.
[4] Para un hombre particular fue exemplo notable de felicidad y infelicidad Sarra Colona. Era natural de Roma, muy rico y estimado en ella. Tenía algunos castillos y lugares fuertes no lexos de la ciudad. Vido dos hijos juntamente cardenales, cosa rara. Fue estimado y querido de Sumos Pontífices, reyes y potentados de Italia. En esta felicidad se vido, y sucedió que vino a ser Sumo Pontífice quien privó a los hijos de la dignidad. Sus lugares y castillos fueron derribados y abrasados, juzgáronle por enemigo de la patria, y, huyendo en un navío, le captivaron cosarios. Y queriendo encubrir quién era, le convino servir como vil esclavo en el remo. Estando en tanta infelicidad, dio la buelta y vino a mayor felicidad y alteza que primero, porque estando la galera en que andava en Marsella, fue conocido y rescatado de los cosarios. Favoreciéronle amigos, hizo gente y bolvió a Italia, donde se apoderó de quien le avía perseguido. Y le prendió | y tuvo en la cárcel, donde murió. Cobró su estado y hazienda, sus hijos fueron restituidos en su dignidad. Tal es la mudança deste mundo. Dízelo Sabélico, libro séptimo.
[5] Don César Borja, llamado el duque Valentín, fue sobrino del Papa Alexandre Sexto, y primero tuvo capelo de cardenal y la iglesia y obispado de Pamplona en encomienda y administración. Vídose en grande felicidad cuando tuvo hábito clerical, entre clérigos, y en no menor entre legos dexando el hábito de clérigo y capelo de cardenal, por la muerte de un hermano suyo duque, a quien sucedió en el ducado. Mandava a Italia y era temido fuera della en vida del Papa Alexandre, su tío. Y por su muerte començó a declinar su felicidad y estado. Vídose preso, y de un trance en otro vino a ser capitán del rey don Juan de la Brit en Navarra, y fue el año de mil y quinientos y siete. Y en una guerra que tuvo este rey don Juan (y fue el que perdió el reino de Navarra) con el condestable don Luis, conde de Lerín, aviéndose soltado de la Mota de Medina el duque Valentín, donde por mandado del Papa que sucedió a su tío le tenía preso el rey don Fernando el Católico, hazía oficio de capitán. Donde, estando sobre la villa de Viana, uvo en su real una mañana alboroto, diziéndose que venía el condestable en favor de la villa. El duque Valentín se levantó y pidió sus vestidos y armas a un criado suyo llamado Juanicot, que primero avía servido al condestable, y con grande sobervia dixo:

-Este condezuelo, ¿dónde está? Que oy le tengo de matar o prender, o no sería yo quien soy.

Y haziendo salir de la villa, que ya estava por ellos y sólo el castillo se defendía, mil hombres, yendo él adelante en un cavallo rucio trapado, cortadas las narizes, y una larga y gruesa lança de dos hierros, caminando con ferocidad, vido huir sesenta hombres de a cavallo del conde, que se bolvían adonde él estava. Fue el /(162r)/ duque siguiéndolos, aunque solo, y dezíales en boz alta:

-Esperad, esperad, cavalleros.

Mas porque no le conocían y creían que tras él iva gran socorro, no osaron esperarle hasta llegar al condestable. El cual, viendo venir a un cavallero tan animosamente contra tantos, dixo:

-¿No avría alguno de los míos que saliesse al encuentro al que allí viene y nos amenaza?

Oyendo esto de la boca del conde tres gentiles hombres, uno dellos llamado Esquerro, de los Garceses de Avila, bolvieron al duque Valentín y esperáronle en un barranco donde se podía aprovechar mal de su destreza y ánimo. Y levantando el duque el braço derecho para herir al uno con la lança, el Garcés le dio tal golpe por debaxo del braço, que descubrió de las armas, passándole una loriga y atravesándole todo el cuerpo. Cayó luego muerto, viernes, doze de março, día de San Gregorio Papa, en el mismo que tomó la administración de la iglesia de Pamplona. Los que le mataron desnudáronle de sus ricas armas y ropa y dexáronle en carnes, echándole una piedra sobre su vientre. Avía seguido el Juanicot a su amo, y llegando donde estava el condestable, y conocido, preguntóle adónde iva. Y él respondió que seguía al duque Valentín, su señor, donde vistos los vestidos, conoció que eran de su amo. Y fueron todos a donde estava su cuerpo. Pesóle mucho de su muerte al conde, que quisiera averle vivo para | embiarle al rey don Fernando. Juanicot cubrió con una capa de grana el cuerpo del duque Valentín, su señor, y llevóle a Viana, y enterróse allí en una iglesia de Santa María. Y púsose este título sobre su sepulcro:

Aquí yaze en poca tierra

el que toda le temía,

el que la paz y la guerra

por todo el mundo hazía.
Oh tú, que vas a buscar

dignas cosas de loar,

si tú loas lo más digno,

aquí pare tu camino,

no cures de más andar.
Refiérelo el autor del Compendio Historial.
[6] Por felice pudo tener el mundo a Enrique, rey de Francia tercero, pues nació con poca esperança de ser rey por tener hermanos que le precedían en edad, y vídose con dos coronas de dos reinos principales, primero de Polonia, donde fue electo por rey en competencia de otros que le pretendían, y después por muerte de un su hermano alcançó el de Francia. Donde en dos días de agosto, del año de mil y quinientos y ochenta y nueve, murió de una herida que le dio con un cuchillo que traía secreto, y trayéndole una carta, Jaques Clemente, religioso, creyendo que en matarle hazía servicio a Dios y que acertava, aunque él perdiesse la vida, como la perdió, por escusar algunas muertes que el rey dava y favores que hazía contra razón y derecho. Yo no alargo más en esto, por saberlo de relaciones de mano, las cuales no siempre son ciertas, aunque lo dicho es certíssimo. |

EXEMPLOS ESTRANJEROS



[1] Mostró Creso, rey de los lidos, a Solón Filósofo grandes tesoros, y preguntóle si le tendría por felice y dichoso. Respondióle que no, hasta ver qué muerte era la suya. Vino después a que le prendió Ciro, rey de Persia, y mandávale quemar. Estando sobre la leña acordóse de Solón, y llamávale a bozes. Oyólo Ciro, que estava a la mira, quiso saber dél por qué llamava a Solón, y refirióle el caso. Man- dóle | quitar de allí, y túvole consigo como captivo. Dízelo Heródoto, libro primero.
[2] Giges, también rey de Lidia, felicíssimo en hechos de armas y en riquezas, con ánimo levantado y sobervio fue a consultar el oráculo de Apolo Pitio, y, hecho su sacrificio y ofrenda, preguntó si alguno de los mortales era más felice y dichoso que él. Y oyó una boz ronca, salida de lo hondo de una /(162v)/ cueva, que le dixo ser más dichoso que él, y felice, Aglao Hofidio. Era éste un pobre labrador de Arcadia, viejo en edad, y que vivía contento con un breve término de campo en que tenía su labrança. Y quiso el oráculo advertir a Giges que aprovava más la segura risa de la choza y tugurrio pastoril que la sala real, triste por estar llena de grandíssimos cuidados y congoxas, los pocos terrones agenos de temor, que los campos fértiles de Lidia llenos de miedo, y un par de bueyes que se guardavan y se governavan fácilmente, que los exércitos de gente de a pie y de a cavallo, nunca contentos de sus pagas. El alholí y granero que con poco se hinche y queda contento, que no los tesoros, puestos a ser de todos perseguidos y robados. Desta manera, pensando Giges tener a Apolo de su parte y que aprobara su felicidad, hallóle contrario en opinión, y declaróle quién era felice de verdad. Dízelo Valerio Máximo, libro sexto.
[3] Grande fue la felicidad de Alexandre Magno, pues era casi niño y tenía domada y subjeta a toda Grecia. Passó en Asia y en tres batallas venció al rey de Persia Darío. Y lo que admira grandemente es que en tres años se hizo señor desde los fines de Europa hasta el río Ganges y toda esta felicidad que le duró como doze años acabó tan de repente que tan presto se dixo de su muerte como de su enfermedad, quedando su cuerpo algunos días sin que se le diesse sepultura. Refiérelo Sabélico, libro séptimo.
[4] Servio Tulio nació en Cimeria, lugar humilde, y de padres humildes. Vino a ser rey de Roma a los principios que aquella ciudad tuvo nombre. Parecía que era felicíssima su suerte, mas el remate fue que se le rebelaron los romanos y quisieron matarle estando en el Senado. Salió huyendo y no le bastó su diligencia para librarse de muerte. Quedó su cuerpo tendido en una calle pública, por donde su propria hija, que iva en un carro o coche para entregarse a su | matador, passó sobre él el coche y le hollaron los cavallos y quebrantaron las ruedas. Dízelo Sabélico, libro séptimo.
[5] Escipión Africano derecho tuvo al nombre de felice, pues faltándole edad para que se le pudiesse dar en Roma algún oficio, con título y ditado extraordinario passó en España y hizo salir della mal padeciendo cuatro capitanes y cuatro exércitos de cartaginenses, y reduxo esta provincia a la devoción de Roma. Passó en Africa y en una noche venció dos exércitos y ganó dos aloxamientos de enemigos. Al rey Sifaz, contrario del nombre romano, deshizo. Puso cerco a Cartago y compelió a Aníbal que dexasse a Italia, que tenía casi ganada, y vencióle en Zama alcançando dél una insigne vitoria, y púsole en tal estrecho que le pidió la paz y exortó a sus ciudadanos que la procurassen. Esta felicidad llevava Escipión, aunque le faltó al cabo de la vida. Es de Sabélico, libro séptimo.
[6] Julio César fue un tiempo felicíssimo, porque ningún emperador dio más batallas ni alcançó más victorias, ni venció y domó más feroces gentes. Ganó el señorío de Europa con sangre, el de Africa, con consejo, y el de Asia, con presteza. Y siendo señor de todo un día por la mañana, a la tarde lo perdió y la vida con ello. Recibió en su propria ciudad, en presencia de sus ciudadanos y ayudando a ello uno que era fama ser hijo suyo, que fue Bruto, y en su testamento le tenía hecha manda, veinte y dos puñaladas, dexando en duda si fue la primera la que le quitó la vida y las demás sólo declararon el aborrecimiento que le tenían los que fueron en que muriesse. Es de Sabélico, libro séptimo.
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