De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[14] Porcia, hija de Catón Uticense y muger de Bruto, sabiendo que el marido tenía concertado con otros conjurados de matar a Julio César, el día que se avía de poner en execución luego de mañana tomó un cuchillo en la mano, y como que se quería cortar las uñas, se hizo una pequeña herida, de que corrió sangre. Visto por las criadas, dieron bozes; oyólo Bruto, que salía de casa, bolvió, y viendo la herida, reprehendióla blandamente, diziendo:

-No miraréis, señora, lo que hazéis. Esse oficio otro pudiera hazerle y no vós.

Ella respondió secretamente:

-No fue, señor, descuido mío, sino ensayo de que si el negocio a que vais sale mal y os sucediesse la muerte, cuán de mi gana me quitare yo la vida.



Después, oyendo dezir que avía sido el marido vencido y muerto en los campos Filípicos, desseó matarse, y visto que con grande cuidado la guardavan sin dexarla tomar algún cuchillo o otra arma de hierro para cumplir su intento, tomó carbones encendidos por la boca y con esto murió. Y la novedad de la muerte dio testimonio de ser nuevo y bien extraordinario el amor que tenía al marido, aunque el matarse de suyo es malo y pecado. Es de Valerio Máximo, libro cuarto.
[15] Arria, muger de Peto, senador de Roma, viendo preso a su marido en cierta conjuración y que tenía cierta la muerte, en su presencia dio con su cabeça en la /(166v)/ pared, desseando matarse antes que le viesse a él muerto. Y como no acabasse de morir, con un cuchillo hirió de muerte su pecho, y sacándole sangriento le dava al marido, afirmando que no le dolía la herida, que bien podía él hazer otro tanto, y estándole persuadiendo a que lo hiziesse, murió. Fue hecho bárbaro y pecado, aunque prueva del amor que al marido tenía. Es de Fulgoso, libro cuarto.
[16] Fueron prescritos muchos romanos en el tiempo del Triumvirato, y entre ellos Ligario, y avía ley que quien encubriesse o no manifestasse, sabiéndolo, a cualquiera de los prescritos y condenados, que muriesse por ello, y assí muchos padres descubrieron a sus hijos, y hijos a padres. Encubrió algún tiempo su muger a Ligario teniéndole escondido en su casa, sabiéndolo solamente una criada, que al fin le descubrió, y él fue preso y llevado a muerte. La muger, con pena grandíssima, iva siguiéndole y alegava por la ley que también ella devía ser muerta, pues le avía encubierto. Vino esta boz hasta los juezes y nadie hizo caso della. Bolvió a su casa y con tan gran tristeza, que llorando siempre y sin poder comer, se consumió y murió. Dízelo Fulgoso, libro cuarto.
[17] Diole Nerón a Séneca, su maestro, la muerte, y que escogiesse el modo. Escogió que le abriessen las venas y dexassen desangrar. Quiso morir con él su muger Paulina y mandóse abrir las venas también. Túvolas abiertas y desangrándose algunas horas. El marido mandó que se le cerrassen y fue obedecido. Él murió y ella quedó con vida. Y para testimonio deste hecho, y del amor que tuvo a su marido, lo que después vivió mostró el rostro amarillo de la sangre que perdió. Es de Fulgoso, libro cuarto.
[18] Marco Plaucio, yendo a una guerra por orden del Senado con grande exército, llegó a Tarento, donde su muger Horestilla, que iva en su compañía, murió de enfermedad. Y aviendo enbalsamado el cuerpo y ungídole para ponerle en una hoguera y quemarle, según la | costumbre de aquel tiempo, el marido se derribó sobre el cuerpo y hiriéndose con un puñal quedó allí muerto, y los dos fueron quemados juntamente. También el hecho déste fue pecado, aunque de pecho enamorado. Dízelo Valerio Máximo, libro cuarto.
[19] Rebelóse contra Jacobo, hijo de Visón Casán, rey de Persia, Pandoreo, capitán suyo. Tenía éste una muger de edad de diez y seis años hermosíssima, y que le amava por todo estremo. Rogó al marido que se reconciliasse con su rey y no viniesse con él a batalla, aunque no pudo alcançarlo. Pidióle, vista su pertinacia, que la matasse primero, porque le dava el coraçón que moriría en ella, y sin él no quería vida. También esto le fue negado. La batalla se dio y en ella fue muerto Pandoreo, y la muger captiva y entregada al rey. Quiso casar con ella, y ella resistió cuanto le fue possible, mas viendo que se le quería hazer fuerça, pidió tiempo para determinarse, y en él escrivió «No verán los hombres que muerto Pandoreo su muger viva». Y escrito esto, con un cuchillo se mató. Fue hecho en que mostró grande amor al marido, aunque pecado, y malo. Es de Fulgoso, libro cuarto.
[20] Entre los romanos era uso que, entrando la esposa con acompañamiento en casa del esposo, levantava la boz, diziendo:

-Caya Cecilia Tanaquil.

Ésta fue muger del rey Tarquino Prisco, muy alabada de sabia, honesta y virtuosa. Y era dezir: «Yo imitaré la virtud desta matrona».

Y con hazerlo assí, sacó aquel pueblo no pocas Marcias, Porcias y Lucrecias.

Los babilonios tenían en cada año un día señalado en que se juntavan todas las donzellas que se avían de casar, poniendo a la más hermosa en el primer assiento y a la más fea en el último. Pregonávase quién dava más precio por la más hermosa y aquél casava con ella, y lo que davan por la más hermosa, era dote de la más fea. Y assí iva el negocio por rueda y las de una vanda que eran hermosas, dávase por ellas precio, más o menos conforme /(167r)/ a cómo eran hermosas, y servía de dote a las de la otra vanda, más o menos cómo eran feas.

Entre franceses se usó un tiempo que si quería algún padre casar hija, convidava a cenar a los que le parecía que le convenían y salía la donzella con un aguamanil en las manos, y mirávalos a todos, junto con las nuevas y relación que tenía antes de algunos, y al que iva a dar aguamanos era su esposo, de modo que sus padres les davan en qué escoger y ellas escogían.

En Alemania, el que se avía de casar dotava a su esposa, y aun en Vizcaya se usó algún tiempo. Los leptitanos, que era gente en Africa, el día que la esposa iva a casa de su esposo, si tenía sue- gra | le pedía prestada una olla, y ella se la negava para dar a entender que le convenía mirar por su hazienda y guardarla, sin tener que pedir a otro. Lo dicho es de Fulgoso.
[21] Los licios, para llorar a sus mugeres si se les morían, se vestían vestidos mugeriles. Los indios se casavan con muchas mugeres y muriendo el marido entravan ellas en contienda delante del juez y alegavan sobre cuál era la más querida, y la que salía con la causa iva muy alegre a donde estava el cuerpo del marido, que solían quemarle, y echávase con él en la hoguera. Dízelo Valerio Máximo, libro segundo.
Fin del Discurso de Fidelidad de Casados. |

DISCURSO TREINTA Y UNO. DE FORTALEZA

Fortaleza es una insigne virtud, la cual, con tener asiento en la alma, juntamente da fuerças al cuerpo, y si solamente se halla en el cuerpo y falta su virtud en la alma, no deve llamarse fortaleza, sino fiereza de bestia. Y hállase esta virtud en el que menosprecia el peligro guardando las reglas de recta razón. Deste virtud se pondrán algunos exemplos.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Oyendo dezir Abraham que su sobrino Lot iva captivo, juntando de sus criados trezientos y diez y ocho, con otros amigos de la comarca, fue de noche en seguimiento de cuatro reyes que le captivaron, con otra mucha gente de Sodoma y de otras cuatro ciudades, con grandes haziendas y bienes que robaron. Donde se uvo tan valientemente y mostró tanta fortaleza, que venció a los reyes, haziéndolos huir, y recobró a su sobrino, con todo lo que llevavan robado; co- mo | se refiere en el capítulo catorze del Génesis.
[2] Moisés fuerte se mostró, assí cuando mató al egipcio, porque maltratava a un hebreo, como cuando estava en presencia de Faraón, pidiéndole que dexasse ir libre el pueblo, y amenazándole con plagas que lloverían sobre él por su dureza. Y también capitaneando al pueblo, saliendo de Egipto, y después en el desierto. Y refiérese en el Éxodo, capítulo quinze, y en los siguientes.
[3] Aviendo passeado buena parte de la Tierra de Promissión ciertos exploradores, y acobardándose los hebreos por las nuevas que oían a algunos dellos, Calef y Josué, que avían ido con los que causavan esta cobardía, y explorado con ellos la tierra, mostraron fortaleza y ánimo, diziendo:

-No tenéis que temer a los vezinos y moradores desta tierra, que Dios nos tiene prometida, que como si fuessen de pan nos los tragaremos a bocados.

Passó después sobre esto mucho tiempo, y estando dentro della y teniendo la possessión de mucha parte, hablando Calef a Josué, le dixo: |

-Ochenta y cinco años tengo, y me siento tan fuerte y robusto como cuando entramos a explorar esta tierra.



Lo dicho es de los Números, capítulo treze y catorze, y del Libro de Josué también, capítulo catorze.
[4] Finees, hijo de Eleázaro y nieto de Aarón, se mostró valentíssimo con doze mil hombres, venciendo a los madianitas, matando a todos los varones y después a las mugeres, que solamente reservaron a las donzellas, y fueron en número de treinta y dos mil. Truxeron grande pressa de ganados y riquezas, y fue el misterio que no murió de hambre, ni falto de los doze mil hebreos, como parece en el Libro de los Números, capítulo treinta y uno.
[5] A Gedeón escogió Dios, por fuerte y valeroso de ánimo, para hazer guerra a Madián. El cual, marchando con su gente, echó un vando, que quien se sintiesse con temor diesse la buelta. Hizo también otra prueva en un río de los que bevían, levantando la agua con la mano, y destos hallados trezientos, fue con ellos a la batalla y quedó victorioso, aunque para cada uno avía muchos de los contrarios, porque favoreció Dios sus buenos intentos y desseos. Y refiérese en el capítulo séptimo de los Juezes.
[6] Sansón, don tuvo de fortaleza, desquixarando leones y venciendo y dando la muerte a muchos millares de filisteos, enemigos de Dios y suyos. Y aun hasta en su muerte se mostró fuerte, matando más en un templo que derribó sobre ellos, que de una vez avía antes muerto. Es del capítulo catorze de los Juezes.
[7] David fortíssimo se mostró en diversos acaecimientos. Siendo moço, a fuerça | de braços mató un león y un osso, y después con su honda al gigante Goliat, que era espanto del pueblo hebreo. Y no sólo era David esforçado, sino que se preciava de tener capitanes y cavalleros esforçados, como se mostraron tres dellos, que, desseando un vaso de agua de la cisterna de Betleem, con estar en medio del campo de los enemigos, estos valientes cavalleros passaron a fuerça de braços y truxeron la agua desseada a David. Y refiérese en el Segundo de los Reyes, capítulo veinte y tres.
[8] Jehú, capitán y después rey de Israel, esforçado se mostró, pues quitó la vida a dos reyes y a los hermanos de Ochozías, hijos de Acab, y a muchos profetas de Baal. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo nueve.
[9] Fuerte se mostró Judit en matar a Holofernes dentro de su tienda y rodeado de inumerables soldados. Dízese en su Libro, capítulo dézimo, y en los siguientes.
[10] Valentíssimos fueron Matatías y Judas, su hijo, con los demás macabeos, pues en tiempo en que los hebreos estavan muy oprimidos de los reyes de Siria los defendieron y libraron de sus tiranías, alcançando milagrosas victorias, estando sus dos libros llenos de sus gloriosas hazañas. Y en particular Eleazar, hijo de Saura, por estremo se mostró valiente en matar un elefante que traía sobre sí un castillo y torre llena de hombres armados, que hazían daño notable a los de su parte. Rompió él por los enemigos y puesto debaxo de la bestia, le echó su espada por el cuerpo, aunque no pudo librarse del elefante, que cayó sobre él, y murieron ambos. Es del Primero de los Macabeos, capítulo sexto.
Hasta aquí se coligió de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Con toda verdad se puede dezir de los mártires que derramaron su sangre y dieron la vida por Cristo, que tuvieron la virtud de fortaleza, pues burlavan de los tormentos, por terribles que fuessen, y menospreciavan a los tiranos que los | atormentavan, por crueles que se les mostrassen. Como se vido en el ilustríssimo mártir San Laurencio, a quien, teniendo Decio puesto sobre una cratícula o parrillas de hierro, y debaxo lumbre mansa para que se fuesse quemando poco a /(168r)/ poco, y el tormento y la muerte fuessen más crueles con la tardança, y tuviessen más fuerça no teniéndola toda junta, andavan los verdugos muy solícitos por estar presente Decio, atizando el fuego y echando de nuevo carbones, dezía San Laurencio al tirano:

-Considera, miserable, que tus carbones me son a mí refrigerio, y a ti te han de ser pena eterna, porque ha visto Dios que acusado no le negué, y preguntado le confessé, y assado le doy gracias.

Avía ya passado tiempo que el santo estava abrasándose, crecía la llama y entrava por sus entrañas, y de aquella parte estava no sólo assado, sino abrasado, lo cual visto por el esforçado y valeroso mártir Laurencio, para quedar con victoria del tirano le dixo:

-Ya está assada y bien sazonada esta parte de mi cuerpo; manda que se buelva y podrás comer della, y entretanto se sazonará y assará esta otra, con que acabarás de matar tu hambre.

Con grandíssima razón, un Sumo Pontífice, leyendo estas palabras, dixo, admirándose y alegrándose en Dios: «Oh, vizarría de esforçado español». Refiérese en la Vida deste santo mártir, escrita por los Notarios de Roma.
[2] Y si dixéremos que Laurencio era varón, moço en la edad y español, oigamos lo que dixo y veamos lo que hizo una muger criada en los regalos de Roma y madre de siete hijos. Ésta fue Santa Felicitas, en tiempo del emperador Marco Antonino, por cuyo mandado, Público, prefecto de la ciudad, la prendió y amenazó de muerte si ella y sus hijos no sacrificavan a los ídolos, y que sacrificando se le haría mucha honra y se le seguiría no poco provecho. Santa Felicitas, con valeroso ánimo, respondió:

-Ni tus blandas palabras pueden ablandarme, ni tus amenazas espantarme, porque tengo en mi favor el Espíritu Santo, que no permitirá que sea vencida del demonio.

Publio le dixo:

-Ya que | tengas tú aborrecida la vida, a lo menos da orden como tus hijos no padezcan la muerte.

-Mis hijos -dixo Felicitas-, en tanto que no sacrificaren a los dioses, tendrán vida, y sacrificándoles morirán muerte eterna.

Añadía el prefecto, dilatando el llegar al rigor:

-Ten, Felicitas, piedad de tus hijos; mira que están en la flor de la juventud, y tienen aspecto y presencia para ser estimados y tenidos en mucho.

Respondió la santa:

-Tu piedad es impiedad, y tu consejo, crueldad.

Bolvió a sus hijos, y díxoles:

-Mirad, hijos míos, al Cielo en lo alto, adonde os está Cristo esperando con todos sus santos. Pelead valerosamente por el bien de vuestras almas, y mostrados fieles en el amor del mismo Jesucristo, Nuestro Dios.

Oyendo esto el juez, mandóle dar muchas bofetadas en su rostro. Y después de aver tenido un largo razonamiento con los siete hermanos persuadiéndoles a que sacrificassen a los ídolos, y viéndolos firmes en la fe, consultándolo con el emperador, los sentenció a diversas muertes. El primero, que era Januario, con açotes vino a morir. Félix y Filipe acabaron a palos. Silvano murió despeñado. Alexandre, Vidal y Marcial fueron descabeçados. Su madre, Santa Felicitas, también fue martirizada passados algunos días. Della dize San Gregorio que no menos temió dexar vivo a alguno de sus hijos, pensando si por temor de los tormentos avía de sacrificar a los ídolos, que otras madres temen de enterrarlos en su vida. «No sé -dize- si llame mártir a esta santa muger, porque me parece que digo poco. Antes, como el gran Baptista, preguntando si era profeta, respondio que no lo era y dixo verdad, porque era más que profeta, assí esta muger, no sólo se ha de llamar mártir porque dio su vida por Cristo, sino más que mártir, por aver exortado sus hijos al martirio». Ni piense alguno que no sentía como madre verlos padecer tan terribles tormentos -mucho lo sentía-, /(168v)/ sino que la fuerça del amor interior que tenía a Jesucristo vencía el dolor exterior que en cuanto madre padecía y sentía viendo morir a sus hijos. Gozóse de que todos fuessen delante della, para tenerlos a todos presentes en el Cielo. Escrivieron desta santa los Notarios de la Iglesia Romana.


[3] Barachiso Persiano bien mostró la virtud de fortaleza, porque siendo atormentado crudamente en presencia de los magos o juezes, en razón de cumplir lo que el rey Sapor, su señor, les mandava, que compeliessen a los cristianos a que adorassen sus falsos dioses, hasta quitarles las vidas, entre otros tormentos fue uno que le mandaron poner debaxo de los braços dos bolas de metal hechas fuego, y, padeciendo este tormento, dixéronle:

-Ea, Barachiso, dexa caer una de essas bolas en tierra para que entendamos que has negado a tu Dios.

El santo mártir dixo:

-Estad seguros de esso, que yo no las echaré, antes las sufriré ambas por el nombre de Cristo. Y por el Señor Dios, que vive, os conjuro que si tenéis otros mayores tormentos, los añadáis al que de presente padezco, que el soldado que va a la guerra aparejado ha de estar a morir para alcançar estimación y premio acerca de su rey.

Oyendo esto los magos, mandaron derretir plomo y echárselo en los ojos y narizes, en la boca y oídos, para que ni pudiesse oír ni hablar, y luego le mandaron llevar a la cárcel y colgar allí de un pie, dexándole toda la noche al frío y sereno. Y, preguntado otro día por los magos cómo le avía ido, respondió:

-Dígoos de verdad que en mi vida mi Dios, en quien descansa mi alma, no me ha dado noche de tanto sossiego y recreo, y provínome de tener fixa mi memoria en el Santo Madero en que Jesucristo murió.



Tornaron los magos a atormentarle. Mandáronle desnudo rebolcar entre espinas, y con agudas cañas herir sus carnes y traspassárselas diversas vezes. Después le pusieron en una prensa, y apretándole y es- tando | sus huessos quebrantados, aunque con vida, como tuviesse el rostro fuera de la prensa y levantado en alto, derramáronle en él pez derretida, y con esto dio la alma a su criador el fuerte cavallero de Cristo. Dízelo Simeón Metafraste.
[4] Teodorico, rey godo, ariano, estando en Italia perseguía a los católicos por medio de juezes que ponía en las ciudades a él sujetas. Fue uno destos a Bolonia, prendíalos, quitávales las haziendas y dávales crueles tormentos. Pedían ellos a Dios que los librasse de aquel tirano sanguinolento, y fue servido de remediarlos moviendo el ánimo de un ciudadano de Bolonia, llamado Próculo. El cual, viendo la crueldad con que el perverso juez afligía a los católicos, tomó de secreto un cuchillo y fue a su casa a buscarle, y diziendo que le quería dezir cosas de grande importancia, juntándose a él, hirióle por medio del coraçón y cayó muerto de improviso. Salió de allí Próculo sin impedimento alguno y bolvió a su propria casa. Los criados del juez, hallándole muerto, con facilidad congeturaron que Próculo avía sido el agressor. Prendiéronle, y con grande llaneza dixo que le avía muerto por librar a los católicos de las opresiones y tiranías que con ellos usava, y que tenía soberano gusto por aver muerto a un tirano enemigo de Dios. Y aprobó el hecho su Magestad con un prodigioso milagro, y fue que, cortándole la cabeça en presencia de mucha gente, el cuerpo se levantó y la tomó en sus manos, y con ella se entró en la ciudad y llegó hasta cierta parte, donde le fue edificado templo, y en él es reverenciado como santo. Sucedió esto el año de cristo de quinientos y diez y nueve, y escrívelo San Antonio de Florencia, tomo segundo, capítulo treze, y helo referido porque fue hecho de fortaleza, y infiérese de aquí que, aunque a nadie es lícito matar a otro por autoridad propria y particular, mas eslo, y obra meritoria, /(169r)/ cuando se haze por mandato y ordenación del Cielo, como es cierto averlo hecho Próculo. Y ay algunos indicios que hizo otra cosa semejante Baltasar Guiarrars Borgoñón, el cual mató a Guillielmo Nasao, príncipe de Orange, con un arcabuz que disparó cargado con tres pelotas, dándole la una debaxo de la tetilla izquierda, passándole el coraçón. Y, siendo preso y preguntado por qué le avía muerto, respondió con mucha serenidad, estando delante de los juezes, que por hazer servicio a Dios y a su rey, y bien a todo el pueblo cristiano. Dixo esto por razón que el príncipe era tenido por cabeça en todos los estados de Flandes de muchos rebeldes y amotinados contra su señor natural, el rey don Filipe, segundo deste nombre, los cuales hazían grandes desafueros, robos y muertes en todos aquellos estados, con daño de muchas almas que quedavan en errores y heregías, y muriendo en ellas se condenavan sin remedio. Parecióle al Guiarrars que si quitava la vida al príncipe de Orange, a quien obedecían los rebeldes, y meneava los negocios de la guerra, que cessarían semejantes daños. Declaró que por esto le avía muerto. Añadió luego, y dixo:

-Lo que era de mi parte ya está hecho y acabado. Aora podéis vosotros, señores, hazer lo que os pareciere que es de vuestro oficio.



Pusiéronle en una cárcel con mucha guarda, y aquella noche fue açotado cinco vezes cruelmente con varas, y después, untado su cuerpo con miel, llegaron junto a él un cabrón, que lamiendo la miel llevasse con ella pedaços de sus carnes, mas el cabrón no le tocó. Des- pués | le levantaron en una escalera de palo, y atado de pies y manos le atormentaron con diversos tormentos lo que de la noche quedava sin darle punto de reposo, y lo mismo por tres días siguientes. Entre otros tormentos fue uno que le colgaron de la garrucha y ataron al dedo mayor del pie ciento y cuarenta libras de peso. Era hombre moço y robusto, de edad de veinte y ocho años, y assí padecía estos tormentos sin que le acabassen la vida, mostrando grande fortaleza y buen semblante. Pusiéronle en los pies un calçado de cuero crudo no curtido, empapado en óleo, y, desnudo, le untaron con manteca y sebo, y pusiéronle en medio de una grande llama, adonde su cuerpo començó a arder, y las concavidades de los braços quedaron abiertas y quemadas, aunque no murió en este tormento. Y fue indicio grande que Dios le conservava la vida, y assí, quitado de allí, le vistieron una camisa bañada en agua fuerte, y hincáronle profundamente agujas y clavos entre las uñas de los dedos y carne. Fregáronle todo el cuerpo con orines añejos, muy podridos y hediondos. Y, como no mostrasse sentimiento de dolor, pareciéndoles que era por vía de encantamiento, rayéronle los cabellos y barbas y vistiéronle cierto vestido de un grande hechizero, creyendo que deste modo desharían el encanto y no podría defenderse de los tormentos. Pronunciava al tiempo que los padecía algunas palabras, y eran: «Oh, buen Dios, paciencia». Preguntávanle cómo no moría estando tan llagado, y respondía que le favorecían los Bienaventurados. Dezía otras palabras que eran oca- sión /(169v)/ a los mismos verdugos de derramar lágrimas y que se apiadassen dél. Otros le llamavan hechizero, y le preguntavan cuánto avía que encomendara su alma al demonio. Y respondía con mucha paz y quietud que no avía tenido trato o conversación con él. Llamávanle traidor y homicida del padre de la patria, y diziéndole otras injurias, él baxava los ojos y respondía bolviendo por sí. A los juezes dio gracias porque le avían embiado de comer a la cárcel, afirmando que él les pagaría aquella obra. Y, preguntando en qué, dixo que rogando a Dios por ellos y siendo su abogado en el Cielo. Sentenciáronle a muerte, y con ser tan cruel como luego se verá, oyéndola dixo lo mismo que el santo mártir Cipriano: Deo Gracias; «Dense a Dios gracias por todo». Lleváronle a executarla, y los pies quebrantados, los dedos casi sacados y todo él abrasado, llegó a la plaça y subió en un cadahalso, donde fue visto sus ojos claros, el color del rostro firme y constante, y mucho más su coraçón. Llegáronle a un palo o cruz y no demudó el rostro, ni mostró señal de temor, teniendo presentes braseros de fuego y instrumentos de hierro espantosos. Los verdugos quebraron en menudas pieças el arcabuz con que mató al príncipe de Orange, porque la sentencia lo disponía assí. Desnudáronle el jubón, y cayéronsele por sí las calças. La camisa le rodearon al cuerpo, y desta manera subió al palo o cruz, donde le ataron fuertemente el cuerpo, y los braços junto a los hombros. Vendáronle los ojos con un pañizuelo, y començó él a menear los labios, dando muestra que rezava. Uno de los verdugos le to- mó | la mano derecha y púsosela entre dos planchas de hierro ardiendo, y apretándosela allí, se quemó, y el humo y olor della se sintió en toda la plaça. Luego, con una argolla de hierro ardiendo hecha para este efecto le apretaron fuertemente la estremidad del braço por la muñeca. Y después desto, cada uno de los verdugos, que eran seis, con otros instrumentos de hierro, semejante al que está dicho, hechos fuego en un mismo tiempo, asiendo la parte superior del braço, los muslos y espinillas, le dieron seis tenazadas crueles, estando él a todo esto sin mudar color de rostro y sin encoger pie ni mano. Sólo se le veían menear los labios, y se entendía que rezava, y con el braço medio quemado hazía cruzes en el aire, señalando al pueblo. Ultimamente le desataron del palo los verdugos, y tendiéndole sobre un banco, con una ancho cuchillo le abrieron el cuerpo en forma de cruz y le sacaron las entrañas y el coraçón, el cual le tiraron al rostro, y hasta este punto nunca dexó de menear los labios, rezando, y como si sólo tuviera boca y boz para lo que era virtud, no dio suspiro alguno, ni gemido, mas, guardando siempre el color de su rostro grave y sereno, dio su alma a Dios. Fue día sábado, en catorze de julio, año de Nuestro Señor Jesucristo de mil y quinientos y ochenta y cuatro, poco antes del mediodía. Después de todo esto le cortaron la cabeça, y puesta en una lança, la levantaron en los muros de Delf, en Olanda, donde sucedió este caso. El cuerpo, hecho cuartos, fue puesto en cuatro palos a las cuatro puertas de la ciudad más principales. /(170r)/ Lo dicho se sabe por relaciones fidedignas.
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