De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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En esta batalla en que de la una parte era Pausanias por los griegos, y de la otra, Mardonio, por los persas, muriendo Mardonio, no fue hallado su cuerpo porque cierto amigo suyo le enterró de secreto atento a que no le hiziessen alguna afrenta. Vino a Pausanias un malicioso, y díxole que buscasse el cuerpo de Mardonio y le pusiesse en un palo, como avía hecho Xerxes a Leónidas, que puso su cabeça en alto donde fue la batalla. Pausanias le replicó:

-No me vengas con esso, que diferencia ha de aver de los griegos a los bárbaros; a ellos es lícito, que son bárbaros, y no a nosotros, que somos griegos.

Entre los griegos fue hallado muerto uno, cuya cabeça era toda de un huesso, sin juntura alguna. Y otra que tenía los dientes y muelas distintos, con ser de un solo huesso. También se hallaron los huessos de un hombre con la armadura, que tenía de alto cinco cobdos. Fue esto desde algún tiempo que passó la batalla. Lo dicho es de Heródoto Alicarnaseo, libro cuarto.
[4] Los lacedemonios podían hurtar sin pena, con que no se descubriesse el hurto, y usavan desta permissión porque los unos tuviessen cuidado de guardar sus casas y haziendas, y los otros se hiziessen hábiles y expertos para la guerra ensayándose en hurtos. Sucedió que cierto moço hurtó un leoncillo, y teniéndole debaxo de la capa, se dexó hazer dél pedaços un lado, sin muestra de sentimiento por no ser descubierto, y al cabo se descubrió con su muerte. Refiérelo Brusón.
[5] En esta batalla naval que tuvieron | los atenienses con los persas, Cinegiro, soldado de Atenas, asió con la mano de un barco enemigo, y cortáronsela; asióle con la otra y también se la cortaron; saltó en él, y aunque sin manos, con los dientes, como perro rabioso, hizo mucho daño en los contrarios. Es de Sabélico, libro 4.
[6] Brasidas fue herido de una lança en cierta batalla, sacóla de la herida, y visto quién se la avía tirado, arrojósela y matóle con ella. Dízelo Guidón, en el De exemplos.
[7] Epaminondas, felicidad de los tebanos y destruición de los lacedemonios, aviendo ganado dos insignes victorias, una en Leuctra y otra en Mantinea, con que dexó destruidos a sus enemigos y a su patria victoriosa, salió de la postrera batalla passado de una lança y herido de muerte. Viéndose desfallecer cercado de sus amigos, preguntó si su yelmo avía quedado libre y no en poder del enemigo. Dixéronle que allí estava. Añadió:

-¿Y son del todo vencidos los contrarios?

Respondiéronle que sí. Holgó de oír esto, y dixo:

-Agora, amigos míos, vuestro Epaminondas haze cuenta que nace, pues assí muere. Veo a Tebas hecha cabeça de Grecia, allanadas y quebrantadas las fuerças de los lacedemonios y de su ciudad Esparta por medio de nuestras armas. En lugar de hijos dexo dos victorias, Leuctra y Mantinea.



Con esto mandó que le sacassen la lança del cuerpo, y sacándosela acabó la vida, que fue uno de los esforçados hombres que tuvo Grecia. Es de Valerio Máximo, libro tercero.
[8] Filomenes Megalopolitano, hallándose en el campo del rey Antígono de Macedonia, sin esperar señal de batalla, el primero de todos acometió al enemigo, y estando en el fer- vor /(174v)/ della atravessáronle ambas piernas con una saeta o dardo. Quedó como tendido porque no podía sacar la asta o vara. Hizo fuerça una pierna con otra y rompióla en dos partes. Y no por estar malherido perdió el ánimo, antes le redobló de suerte que por su ocasión alcançó Antígono victoria. Es de Fulgoso, libro tercero.
[9] En este Discurso de Fortaleza tiene buena parte Hércules, aunque según Mario Varrón, a quien sigue Eusebio en el Libro de los Tiempos, fueron cuarenta o más los que tuvieron semejante nombre, de los cuales el primero, llamado Líbico, hijo de Osiris, hizo notable ventaja a todos en hechos hazañosos, dado que todos se preciaron de valientes. Y los griegos, al uno dellos que nació en Corinto y se crió en Tebas, de donde vino a llamarse el Tebano, por ser de su nación le atribuyen los hechos de todos. Fue, pues, Hércules Líbico, según dize Josefo, en el Segundo Libro de sus Antigüedades, hijo de Osiris, llamado también Júpiter, y nieto de Cam, el mal hijo de Noé, de donde parece que fue visnieto de Noé y que haze dél mención Moisés en el capítulo dézimo del Génesis, llamándole Laabin. Inclinóse y puso todo su intento en perseguir los tiranos que por el mundo oprimían las gentes. Lo primero tomó vengança de la muerte de su padre Osiris o Júpiter, a quien mató Tifón, y le quitó el reino de Egipto. Después, sabiendo que la provincia de Fenicia era oprimida con la tiranía de Busiris, fue contra él y matóle. Venció assí mismo en Frigia a otro tirano, también llamado Tifón; en Creta, a Malino, en Libia, a Anteo y en España, a los tres hermanos hijos del rey Gerión nacidos de un parto, llamados de Beroso Lolominmos, en cuyo lugar | constituyó Hércules a su hijo Hispalo, y él se passó a Italia, donde por tiempo de diez años hizo guerra a los lestrigones y quedó con parte de la provincia por veinte años, donde fundó diversos pueblos. Después de lo cual, dexando por rey en lo que tenía conquistado a su hijo Tusco, de quien se llamó la provincia Toscana, bolvió siendo ya viejo a España, donde halló muerto a su hijo Hispalo, por lo cual tomó el reino a su cargo y ocupóse lo que de vida le quedó en su govierno y en edificar pueblos. Y entiéndese que edificó tres ciudades principales en ella, y fueron Sevilla, Segovia y Toledo. Y que él edificasse a Toledo yo lo tengo por certíssimo, dexadas otras razones, por una cueva que oy día se halla debaxo de la iglesia parroquial de San Ginés, que está en medio de la ciudad, la cual siempre conservó el nombre de Hércules, y el edificio es fortíssimo, de grande costa; iva por debaxo de tierra con arcos de cantería y pilares tanto trecho, que aunque diversas vezes se ha procurado hallarle el cabo, nunca se ha podido averiguar. Ella se hizo cuando la ciudad se edificó, y, a mi juizio, para remedio en tiempo que se viesse cercada de enemigos de salir por ella y comunicarse con gente de fuera. Y pues la cueva se hizo para este fin, y la tradición inmemorial la da por edificio de Hércules, presúmese que fue él quien edificó la ciudad, junto con que autores antiguos la dan un nombre en griego que denota «Ciudad de Hércules». Haze por esto que su sitio es el más acomodado para ciudad fuerte y bien bastecida, con cielo benigno y favorable, que otra ciudad de España no le tiene. Y pues Hércules anduvo por ella y pobló ciudades, viendo este sitio en alto, cercado del caudaloso río Tajo por todas partes, dexando un es- pacio /(175r)/ proporcionado para entrar en ella por dos puertas principales, y en medio una vega llana y acomodada para exercicios de guerra y de recreación que hecha a manos no se pudiera mejorar, es cierto que no le dexara desierto, sino que la poblara, como de hecho la pobló, y dio principio a esta ciudad, favorecida de Dios con muchos santos, mártires, confessores y vírgines, que ha producido; visitada con la corporal presencia de su Sacratíssima Madre, cuando premió a su capellán Ilefonso con dones del Cielo, dándole una casulla con que celebrasse por aver defendido su honra contra hereges que pretendían macularla. Tornando a Hércules, digo que vino a morir en la isla de Cádiz, cuyos moradores hizieron en honra suya un magnífico templo, y puestas en él sus cenizas, les dieron honores divinos.
[10] Teseo también tiene lugar en este Discurso de Fortaleza. Dél escrive Plutarco en su Vida que fue hijo del rey Egeo. Diose, como otro Hércules, a quitar tiranos del mundo. Mató a Corineta, que con una porra defendía cierto passo en daño de las vidas de los que pretendían passarle, y él truxo después aquella arma, como Hércules la de Molorco. Después desto ligó a dos árboles un tirano llamado Sinis, inclinándolos y dexándolos bolver a su natural, despedaçándole como él despedaçava a otros. A Escirón despeñó de las rocas escironias, de las cuales él despeñava a otros por sola su voluntad y gana. A Procustes mató en la cama, donde él avía muerto a muchos que hospedava en su casa, porque si eran más largos que la cama, cortava lo que les sobrava de los pies, y si eran menores, estirávalos hasta que viniessen a igualar. Grandes cosas se escriven dél. Fue rey de Atenas, y al cabo murió desterrado della en la isla de | Esciros, matándole Licomedes, rey della sobre seguro, a quien mató después Simón, capitán ateniense, y trasladó los huessos de Teseo a Atenas, donde se le hizo templo y fue adorado por Dios.
[11] Después de Hércules y Teseo, quiero hazer mención de otro capitán, el más esforçado y valiente que entiendo se halla en escrituras humanas auténticas y verdaderas. Éste fue Aristómenes Messenio. Nació en Messenia, ciudad cercana a Lacedemonia y señoría de por sí. Su madre se llamó Nicotelea, sin conocérsele padre. Sus ciudadanos afirmavan que fue engendrado de uno de sus dioses, en forma de dragón. Era éste refugio de adúlteras entre gentiles, que encubrían sus flaquezas con sus dioses, y era tan grande la necedad del pueblo, que lo creían. Avían tenido los lacedemonios guerra con los messenios por veinte años, en la cual los sujetaron a ellos y se apoderaron de sus tierras. Tomáronles juramento que les serían siempre fieles y que les darían como por censo y tributo la mitad de los frutos que cogiessen de sus heredades. Lo cual ellos sentían tanto, que acordaron de rebelarse, incitados por Aristómenes. Començóse la guerra y duró diez y siete años, y fue el último, primero de la Olimpiada veinte y ocho. En la primera batalla mostró Aristómenes tal valentía, y hizo cosas que no parecían possibles a las fuerças ni esfuerço de un hombre. Nombráronle los messenios por su rey y no quiso aceptarlo (tanto era ageno de ambición), contentándose con ser su capitán. Entró una noche solo en Lacedemonia y puso su escudo en el templo de Minerva, que estava en medio de la ciudad, con una letra que dezía ser ofrenda de Aristómenes, de los despojos que avía ganado a los lacedemonios, sus enemigos. Juntáronse en /(175v)/ batalla desde algunos días, y Aristómenes escogió de su gente una escuadra de ochenta mancebos para guarda de su persona, y entró como un rayo por los lacedemonios hasta llegar al rey Anaxandro, que tenía la flor de los guerreros de la ciudad, y púsole en huida, matando a muchos y amedrentando a todos, de modo que bolvieron las espaldas y él siguió el alcançe hasta quedar del todo victorioso. Bolvió con esta victoria Aristómenes, y fue recebido en la ciudad de Andavia por las mugeres, con danças y cantares, derramando flores sobre él. No dexava resfriar el ardor de los soldados, bolvía a Lacedemonia y saqueava pueblos, dexando muertos a cuantos se le defendían. En uno dellos estava un escuadrón de donzellas celebrando fiesta a Diana; llevólas todas consigo, y como viniesse la noche, algunos de sus soldados, hartos de vino, tratavan de deshonrarlas. Aristómenes dio en ellos y hizo pedaços a cuantos no se rindieron presto a la razón, y muy honradas y guardadas las dio a sus padres por rescate a ley de guerra. Tornó a verse con los lacedemonios en batalla, y llevó a los árcades en su compañía, con su rey Aristócrates; el cual, cohechado de los lacedemonios con dinero, començándose la batalla, huyó con los suyos a los montes, y assí fueron muertos casi todos los messenios, sino los que se hallaron cerca de Aristómenes. El cual, desamparando las demás tierras, con la poca gente que tenía se encerró en una ciudad del monte Era, donde los lacedemonios le cercaron, y duró el cerco onze años. En este tiempo salía Aristómenes con trezientos soldados a proveerse por la comarca de mantenimientos. Donde una vez le acometieron con grande golpe de gente dos reyes que tenían | los lacedemonios, y Aristómenes se defendió animosamente algún tiempo, hasta que fue herido en la cabeça de una piedra, que le dexó sin sentido. Fue preso con cincuenta de sus soldados, a los cuales todos llevaron a Lacedemonia y los sumieron en un profundo carcabón llamado Ceada, donde empozavan a los condenados a muerte. Los demás soldados murieron de sólo el golpe; Aristómenes llevava embraçado su escudo, que no se le pudieron quitar, y echáronle con él, donde estando ya en su sentido, de la pedrada que le privó dél, viéndose caer, meneó aceleradamente el escudo de una parte a otra, y sirvióle como de ala, por donde no dio grande caída. Mas, viéndose en aquella profundidad, túvose por muerto, y rebolviéndose en su capa aparejó su coraçón a tragar la muerte, que de hambre por lo menos tenía segura y cierta. Tres días passó ayuno, y sucedió que por unos albañares que las aguas llovedizas tenían hechos y salían al profundo de aquellos socarrenes, entró una raposa al olor de los cuerpos muertos, la cual, como dél fue sentida en el roer, y conocida en aquella poca vislumbre que abaxo avía, estúvose quedo desseando que se le acercasse, como él la pudiesse asir, con esperança que, guiado della, podría él salir por donde ella avía entrado. Sucedióle como lo desseava, y asiéndola por la cola con la una mano, y poniéndole la capa con la otra, en que mordiesse si tornasse a él, hostigóla de manera que ella se tornó por sus albañares, aunque a vezes estrechos para el cuerpo de un hombre, mas con la mano libre desgarrava la tierra y ensanchava el passo, hasta que salió a la vista del Cielo. Y dando libertad a la raposa /(176r)/ con muchas gracias, él se tornó al fuerte de Era, donde su gente no poco se admiró de verle libre de la Ceada y de que no huviesse sido muerto de la caída en ella. Los lacedemonios no podían creerlo, hasta que de dos capitanías que les ivan de Corinto, sobre los cuales dio de noche Aristómenes, y mató a los capitanes Hiperménides y Lisístrato, los que con la vida quedaron dieron nueva cierta que Aristómenes no era muerto. El cual, alcançada esta victoria, ofreció a sus dioses el sacrificio que llamavan Hecatonfonía, que era en hazimiento de gracias por aver muerto uno solo cien enemigos con sus manos en una batalla, porque tantos mató a una refriega. El cual sacrificio hizo por tres vezes en su vida. Después desto fue preso Aristómenes a traición por siete ballesteros cretenses que ivan a Lacedemonia, teniendo treguas con ellos, lo que todos juntos no hizieran en batalla aplaçada. Adelantáronse los dos a dar la nueva, y los cinco quedando a hazer noche en casa de una biuda que tenía una hija donzella, la cual, doliéndose de ver llevar preso a Aristómenes, dio tanto vino a bever a los cinco cretenses, que los emborrachó. Y, quitando la daga al más borracho, cortó las ataduras de Aristómenes, y él con la daga los mató a todos y se bolvió a los suyos. Donde en agradecimiento deste hecho, casó después la donzella con un hijo suyo, llamado Gorgo. El fuerte de Era en que Aristómenes estava fue entrado de los enemigos una noche que, por hazer gran tempestad, las guardas desampararon los muros, dando aviso desto un lacedemonio que se halló en el arrabal de la villa con una muger, teniéndole amistad, travada del largo | cerco. Estava a la sazón Aristómenes herido de una escaramuça, mas el peligro tan grande le arrancó de la cama, y juntando algunos de los suyos, por tres días con sus noches peleó por las calles de la ciudad, ayudando las mugeres desde las ventanas y terrados con cosas arrojadizas. Mas, visto que ya no avía defensa, juntando Aristómenes las mugeres y niños en medio de sus soldados, mandóles que le siguiessen. Salió a raso, y, visto por los lacedemonios, y el denuedo que llevava, abriéronle ancha carrera, y assí se fue con su gente sin que le osassen enojar, no queriendo rencilla con quien no temía la muerte. Desta forma sacó el valiente Aristómenes las reliquias de su nación y gente, y los puso en salvo. Los cuales, con su hijo Gorgo passaron en Sicilia y poblaron una ciudad que de su nombre, Messenio, se llamó Messana, y después Mecina. Aristómenes quedó entre sus enemigos con intento de les hazer todo el mal que pudiesse, como lo puso por obra, hasta que, ya viejo, aviéndose casado altamente tres hijas que tenía sólo por la estimada virtud de su padre, passando él a verse con el rey Ardis de Lidia, hijo de Ciges, murió de su enfermedad, en la isla de Rodas, y los ródanos le hizieron muy honrado entierro. Lo dicho es de Pausanias, libro tercero; de Plinio, libro onze, capítulo treinta y siete; de Estrabón, libro octavo; de San Hierónimo, Contra Joviniano; de Clemente Alexandrino, en la Oración a las gentes; de Teodoreto, libro siete de las Griegas Afectiones. Afirman assí mismo, Plinio, libro onze, capítulo treinta y siete, ya dicho, Valerio Máximo, libro primero, capítulo octavo, y Estoveo, en el Sermón séptimo , que fue abierto /(176v)/ Aristómenes luego que murió, y que le hallaron el coraçón lleno de bello. Lo cual también dize Plutarco, en los Paralelos, de Leónidas, rey de Lacedemonia, nombrado en este Discurso.
[12] Milón Crotoniense era de tan aventajadas fuerças que levantava con sus manos en alto un toro y le llevava en el ombro. Afirmávase en el suelo y muchos hombres no podían hazerle dar un passo. Si tomava en sus manos alguna cosa, como una mançana, otras muchas manos no podían sacársela. Es de Sabélico, libro primero. Su muerte se dize que fue siendo viejo. Estando solo en el campo, y viendo un grande tronco de árbol que le tenían puestas cuñas para rajarle, él llegó y con las manos le abrió, y haziendo fuerças para rajarle saltaron las cuñas, y faltándole las fuerças proprias, bolvió el roble y apretóle braços y cuerpo sin poder él desasirse, hasta que quebrantado y hambriento despidió la alma.
[13] Haziendo guerra el rey Cleomenes de Esparta a la ciudad de Argos mató en una batalla todos los varones della. Quedaron las mugeres y niños dentro de la ciudad, y hallándose en ella Teselide, anduvo exortando a las demás que se defendiessen. Hiziéronlo assí. Tomaron armas, cerraron sus puertas, pusiéronse en los muros, y con la industria y ánimo de la capitana Teselide se defendieron y libraron la ciudad de ser saqueada, y assí mismo de ser deshonradas. Es de Fulgoso, libro 3.
[14] Enojado Alexandre contra Lisímaco, familiar suyo, mandólo echar a un feroz león, y el moço, visto que avía de morir, quiso primero hazer su dever. Tomó su clámide o vestido y arrojósele al león sobre la cabeça, y viéndole algo embaraçado, corrió a él y apretóle por la garganta con tanta fuer- ça | que le ahogó. Por este hecho le perdonó Alexandre y vino después a ser rey de Mace donia. Es de Fulgoso, libro 3.
[15] No es contraria la fortaleza y valentía a las letras, pues muchos filósofos y sabios se mostraron valientes. Arquitas, seis vezes fue elegido por capitán en guerras que tuvieron los tarentinos. Meliso, en una batalla nabal, tuvo el govierno. Sócrates, tres vezes fue a la guerra. Platón se halló en la expugnación de Tanagra y Corinto. Xenofonte de sí escrive hechos de armas en la Vida de Ciro. Dio quebranto la tiranía de Hiparino y de Dionisio. Epaminondas venció a los lacedemonios, y fue capitán de mucho nombre entre griegos y romanos. Zenón hizo mucho en favor de los atenienses contra Antígono. Lo dicho es de Eliano, libro séptimo; y a los que nombra se podrían juntar muchos otros antiguos y modernos, como un Julio César, que peleava de día y escrivía de noche lo que en las batallas le sucedía.
[16] Para pecho mugeril, dignas son de loa dos donzellas por la valentía que mostraron la una en dar la vida por la otra. Fue el caso que se levantó en la ciudad de Siracusas o Zaragoça de Sicilia un motín y conjuración contra el rey Gelón, y fue de suerte que le mataron a él y a sus hijos, no quedando de la casa real sino una hija suya llamada Harmonía, donzella. A la cual, entrando a dar la muerte los revelados, otra donzella suya, ayudándola la ama que avía criado a la infanta, vestida de reales vestidos y fingiendo ser la que buscavan se ofreció a la muerte, y se la dieron los verdugos, creyendo que era Harmonía, sin hablar ella palabra. Visto esto por la misma Harmonía, vencida de la fe y constancia de aquella su donzella, quiso /(177r)/ tenerla compañía en la muerte, y saliendo a los verdugos declaró el caso y fue por ellos muerta. Y assí a la una la mentira encubierta y a la otra la verdad manifiesta fue ocasión de muerte. Dízelo Valerio Máximo, libro tercero.
[17] Puso el rey Porsena a Roma en grande aprieto, haziéndole guerra sangrienta. Vinieron a tratarse medios de paz, diéronsele rehenes y fueron algunas donzellas hijas de nobles romanos. Entre ellas estava una, llamada Cloelia, de ánimo esforçado, la cual, en una noche que se vido en el real donde estava el rey, con ocasión de salir bien con ello subió en un cavallo, passó el río y entróse libre en la ciudad. Y fue este hecho causa de librar sus ciudadanos, no sólo del miedo que tenían de aquel valiente rey, sino de que la ciudad fuesse decercada. Dízelo Valerio Máximo, libro 3.
[18] Entravan en Roma victoriosos los etruscos, llegaron a una puente llamada Sublaco sobre el Tiber. Salió a ellos Horacio Cocles, cavallero romano, y detuvo el escuadrón todo de los etruscos él solo, hasta que por la parte de sus espaldas rompieron los romanos la puente. Y, hecho esto, se dexó caer en el río armado sobre su cavallo. Y ni la caída, ni las armas, ni tiros de lanças y saetas de los enemigos que llovían sobre él, fueron parte para no salir libre, como salió nadando a la ribera. Mirávanle amigos y enemigos, éstos estavan espantados y aquéllos gozosos. Fue parte un solo hombre para que dos exércitos no peleassen, siendo estorvo a los unos y amparo a los otros. Valió tanto el escudo de Horacio para Roma, cuanto el río Tiber. Y assí, bolviendo los etruscos a su tierra, pudieron dezir: «Vencimos a los romanos, y fuimos vencidos de Horacio». Es de Valerio Máximo, libro tercero.
[19] Viéndose apoderados los franceses de Roma y hechos captivos a muchos de los senadores, un francés descomedido atrevióse a llegar a la barva a Cayo Atilio, senador anciano y de mucho nombre en Roma, el cual aunque estava captivo y sabía que le costaría la vida, por no ver- se | afrentado levantó un báculo en que se sustentava y dio un varapalo al atrevido, que no se le diera mejor si fuera su esclavo y le ofendiera malamente. Dízelo Valerio Máximo, libro tercero.
[20] Tito Manlio Torcuato, Valerio Corvinio y Escipión Emiliano, romanos, siendo desafiados en la guerra, salieron en campo contra los que los desafiaron y los mataron. Es de Valerio Máximo, libro tercero.
[21] Marco Sergio, romano, mostró grande fortaleza en diversas batallas en que se vido. En una le cortaron la mano y hizo otra de hierro, y se servía della. En otra le mataron dos cavallos, recibió en vezes veinte grandes heridas. Con dificultad podía servirse de los pies y de la otra mano. Desta manera, peleando más contra sus miembros debilitados que con el enemigo, venció dos insignes batallas. Descercó a Cremona y a Placencia, que estavan en gran peligro de ser entradas y saqueadas. Todos los que le miravan quedavan llenos de admiración porque consideravan sus pies que no le podían llevar, las manos, que para comer no le servían por faltar una y parte de la otra, y que desta suerte alcançasse victorias de fuertes enemigos, era cosa de admiración. Es de Fulgoso, libro tercero.
[22] Admirable fue la fortaleza de Manlio /(177v)/ Capitolino, el cual antes de los diez y siete años venció dos particulares desafíos y ganó los despojos al enemigo. Fue coronado con diversas coronas con que los romanos premiavan a los que hazían hechos de fama particulares. Ninguno primero que él ganó la corona mural, que era del que se adelantava a subir en los muros de las ciudades que combatían. Con la corona cívica, que era por librar de muerte a ciudadano romano, seis vezes fue coronado. Ganó treinta y siete dones o despojos militares. Mostrava en su cuerpo por la parte de detrás treinta y tres heridas, sin dos grandes que tenía, una en el hombro y otra en una pierna. Dio libertad a Publio Servilio, maestro de cavallos, que era dignidad entre romanos de mucho nombre, el cual en una batalla fue presso y le llevavan captivo, y sobre todo fue el que defendió el Capitolio contra los franceses, de donde le quedó el nombre de Capitolino. Dízelo Fulgoso, libro tercero.
[23] Lucio Sicinio Dentato fue exemplo de valientes. Escriven dél Marco Varrón y otros graves historiadores cosas difíciles de ser creídas. Hallóse en ciento y veinte batallas campales, y en las más vencieron los de su parte. Uno a uno hizo campo treinta y seis vezes, y las ocho estando los exércitos a la mira, y en todas salió con victoria y ganó despojos. A catorze ciudadanos de Roma libró de muerte. Por cuarenta y cinco vezes fue herido en sus pechos y nunca en las espaldas. Hallóse en nueve triumfos de emperadores, siendo tan mirado él como el que triumfava. Ganó ocho coronas de oro, catorze cívicas, tres murales, una obsidional, ciento y ochenta y tres collares de oro, ciento y sesenta armillas, diez y ocho lanças, veinte y cinco saleras, y otros ornamentos de guerra. Lo cual todo era mucho para una legión entera, cuánto más para un solo soldado. Lo dicho afirma Valerio Máximo, libro tercero.
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