De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[29] Estando un sacerdote cura en su iglesia en tiempo de Cuaresma oyendo confessiones de sus feligreses, ivan unos y bolvían otros. Entre los que estavan aguardando, vídose uno, cuanto a la apariencia moço y robusto; éste se quedó el postrero de todos, llegó y púsose de rodillas, y començó a declarar pecados ignormes, homicidios, hurtos, blasfemias, perjurios, discordias, y otros semejantes, de los cuales todos se confessava por inventor y actor. Iva declarando más, y cansándose el sacerdote de oírle y no poco enfadado, díxole:

-Aunque uvieses vivido mil años, era breve tiempo para lo que confiessas aver hecho.

El otro respondió:

-Pues más tengo de mil años.

Admirado el sacerdote, preguntóle:

-¿Y quién eres?

Respondió:

-Soy diablo, y uno de los que cayeron del Cielo con Lucifer; y lo que he dicho es una mínima parte de lo que diré si quieres oírme.

Sabiendo el sacerdote que el pecado del demonio es incurable, por confundirle, díxole:

-Pues, ¿qué te movió a venirte a confessar?

Respondió:

-Yo estava mirándote y veía que llegavan a ti pecadores feos y abominables. Veíalos bolver justos y hermosos. Llegué cerca para mejor entender lo que hazían y dezían, y | lo que tú les mandavas y prometías, que era la remissión de los pecados y Vida Eterna. Yo, tocado de embidia, por ver si sería de mí lo que dellos, llegué y hize lo que ellos han hecho. Confessé parte de mis pecados, y confessarélos todos si quisieres acabar de oírme, para que me suceda a mí lo que sucede a ellos.

El sacerdote, prosiguiendo en quererle confundir con sus mismas palabras, acordándose de un caso que sucedió a San Martín casi a esta traça con el demonio, díxole:

-Si quisieres tomar mi consejo y hazer penitencia de tus pecados quedarás limpio, como éstos que se confiessan y hazen penitencia quedan.

Respondió el demonio:

-Con que me mandes cosa tolerable, yo te obedeceré y haré lo que me dixeres.

Replicó el sacerdote:

-Lo que te digo y mando es mucho menos que he mandado y dicho a los que antes de ti he confessado, y es esto: que te derribes en tierra y digas tres vezes «Señor Dios y criador mío; yo, criatura tuya, pequé contra Ti, ten de mí misericordia».

Oyendo esto el demonio, respondió:

-No puedo hazer lo que dizes.

-Pues, ¿qué dificultad tiene? -replicó el sacerdote.

-Grandíssima -añadió el demonio-, porque no puedo humillarme tanto. Manda otra cosa, que todo lo haré, y no lo que dizes.

Indignóse el sacerdote, y dixo:

-Oh, demonio, pues tanta es la sobervia de tu coraçón que no puedes en cosa tan pequeña humillarte a tu Criador, vete de aquí, que ni aora, ni para siempre, alcançarás dél misericordia.

Con esto desapareció el demonio. Y tráelo Cesario en un Diálogo.
[30] Un siervo de Dios muy humilde vido entrar en la iglesia cierta muger desonesta. Díxole:

-Ruega por mí a Dios.

La otra se puso de rodillas delante de la imagen de Nuestra Señora, y llorava sus pecados, pidiendo a Dios perdón dellos, poniendo por intercesora a la Virgen, y juntamente hizo oración por el sacerdote. Todo esto veía y considerava un santo monge. Y oyó que el Hijo de Dios hablava con su So- berana /(188r)/ Madre, y le dezía:

-Consideráis, Madre Mía, cómo mi enemiga ruega por mi amigo.

La Sagrada Virgen respondió:

-Pues, Hijo Mío, perdonad por el amigo a la enemiga.

El Salvador replicó:

-Por Vos, Madre Mía, yo la perdono.

Es del Promptuario.

[31] Estava en un encerramiento cierta religiosa, cuya vida en los ojos de los hombres era santíssima. Visitóla un siervo de Dios, y ella, queriéndose fingir muy humilde, al despedirse, díxole:

-Señor, mucho os ruego que roguéis a Dios por mí, que soy tan mala, que temo no castigue Dios por mis pecados a toda esta ciudad.

Quiso el otro provar con qué intento dezía esto y ver si era humilde, y assí le respondió:

-Verdad dezís, señora, porque esso he yo oído dezir antes de aora.

Ella, hecha una vívora, replicó:

-Vós no dezís verdaad, y quien os lo dixo mintió, que nunca fui mala.

El religioso dixo a esto, con mucha humildad:

-Con tus razones entiendo que eres sobervia y malíssima muger, pues no quieres oír de otra boca lo que confiessas con la tuya propria.

Es del Promptuario de exemplos.


[32] En cierto monasterio de monjas estava una que por humildad se fingía loca sin juizio, y de todo el convento era tenida en lo mismo. Residía de ordinario en la cozina, sirviendo a la comunidad. Avíasele fixado en el coraçón aquella sentencia de las Divinas Letras que dize: «Si alguno se tiene por sabio en el mundo, sea loco (y es de San Pablo, en la Primera a los de Corinto, capítulo tercero), y assí de veras será sabio».

Las demás monjas traían cortado el cavello, y en sus cabeças un velo negro. Ella traía una toca rebuelta a la cabeça, sin jamás descubrírsela. Cuarenta monjas avía en la casa, y de todas ellas ninguna la vido comer; nunca se assentó a la mesa, cogía los mendrugos que quedavan en la mesa, y de las ollas, si sobrava algo, y con aquello en su rincón passava la vida. A nadie hizo injuria, de nadie oyó murmu- ración, | y con esto era maltratada de muchas, y no sólo de lengua, sino también de manos. Estava a esta sazón cerca de allí un santo ermitaño, llamado Picario, famoso por santidad en toda la provincia. A éste habló un ángel y le dixo:

-Contento estarás por parecerte que te aventajas más que otros solitarios en el servicio de Dios. Pues si quieres ver una muger que en lo mismo te haze a ti grande ventaja, ve al monasterio de monjas de los Tabesionitas, y entre ellas hallarás una que tienen en su cabeça corona. Ésta te haze conocida ventaja, porque estando siempre ocupada en ministerios corporales, nunca su espíritu se aparta de Dios.

No aguardó más el santo viejo, fue al monasterio señalado, pidió y alcançó licencia de los que tenían superioridad en las monjas para poderlas ver y hablar. Recibieron todas particular consuelo de que fuesse a visitarlas quien tenía nombre tan acreditado de santo. Y estando en su presencia, dixo:

-Y aún alguna falta aquí.

Respondiéronle:

-Aquí están todas, excepto una loca que está en la cozina, de quien el convento no haze caso.

-Pues essa quiero yo ver -dixo Picario.

Fueron por ella y no quería salir de la cozina, porque presumía algo de lo que era. Manifestáronle como el abad Picario la desseava ver, y que su perlada mandava que saliesse. Ella, por no ser inobediente, fue a donde el abad estava; el cual, como la vido y que encubría con la toca la corona con que Dios visiblemente la avía adornado, como por arras y prenda de la que le tenía señalada en el Cielo, arrodillóse a ella pidiéndole que le bendixesse. La santa encubierta se arrodilló también a él, porfiando que la bendición él devía darla. Las monjas, turbadas de lo que veían, y aun porfiadas en que era aquella una loca, dezíanle:

-No porfíes, abad Picario; mira que es muger falta de juizio.

Él dixo:

-Vosotras lo sois en dezir esso, porque ésta es corona vuestra y mía, es espiritual y santa muger. Yo ruego a Dios que después desta vida esté mi alma don- de /(188v)/ creo que estará la suya.

Oído por las monjas, derribáronse en tierra, sintiéndose por muy culpadas, confessando los agravios que cada una le avía hecho. Ésta dezía que la avía bañado con agua suzia; aquélla, que diversas vezes le dio bofetadas en el rostro; otra, que le puso mostaça en las narizes para hazerla estornudar y reírse della. Las más afirmavan averla injuriado, y todas derramavan lágrimas pidiéndole perdón, pareciéndoles que Dios las avía de hundir por lo que en ella avían hecho. El santo fue intercessor para que Dios las perdonasse, y acabó con la santa que, sin tener dellas quexa, las abraçasse y mostrasse amor y caricia. Con esto se bolvió el abad Picario a su ermita, y la encubierta santa, visto que se avía descubierto y que la honravan, con licencia que tuvo del Cielo, que pues era sierva de Dios se presume sería assí, se fue escondidamente de aquel monasterio a otro, donde sin ser honrada ni conocida acabó santamente su vida. El Promptuario de exemplos dize que coligió lo dicho de San Basilio.
[33] Santo Tomás Cantuariense todos los días tenía en su casa treze pobres, y sentados, él mismo les labava los pies, servíales a la mesa y despedíalos, dando a cada uno cuatro monedas de plata, y no es fácil de averiguar si era más humilde que liberal, o liberal que humilde. Es de Surio, tomo sexto.
[34] Cerca de la ciudad de Ancona, en Italia, estava una iglesia de San Estevan, y en ella residía un varón venerable, llamado Constancio, humilde grandemente. Tenía cuidado de que las lámparas estuviessen limpias y asseadas, y que ardiessen. Faltóle un día óleo, echó en ellas agua y sirvió de óleo, ardiendo y dando grande luz. La fama de su santidad bolava por todas partes, y venían a verle de muy lexos, y entre otros vino un labrador rústico. Al tiempo que llegó, estava el santo varón subido en una escalera de palo, adereçando una lámpara. Era de pequeña estatura y de poca presencia; el rús- tico | pidió que le mostrassen a Constancio, y diziéndole los que estavan en la iglesia que era el de la escalera, púsose a mirarle muy de propósito, y como sea ordinario de muchos, que miden los méritos por lo exterior que veen, no creía que fuesse él, pareciéndole que contradezía a tan grande fama presencia tan pequeña y desautorizada. Mas, afirmándolo que era él mismo, començó a burlar dél, y en boz alta dixo:

-Yo entendía de Constancio que fuesse un hombre grande, mas éste ninguna cosa tiene de hombre.

Oyendo esto el siervo de Dios Constancio, dexó la lámpara que adereçava, y con grande risa y contento fue y abraçó al rústico, diole gracias por lo que dél avía dicho, Y díxole:

-Tú sólo, hermano mío, eres el que con ojos abiertos me has visto.

Tal era la humildad de Constancio. Dízelo San Gregorio, en el libro primero de los Morales, capítulo sexto.
[35] Un rey de Sicilia nunca quiso que le sirviessen a la mesa sino con vasos de barro. Y rogándole un día cierto privado suyo que le dixesse la causa, respondió:

-Por no ensobervecerme, sino ser humilde, acordándome que mi padre fue alfaharero.

Dízelo Holcot, sobre el capítulo séptimo de la Sabiduría.
[36] Sirvió en la religión a Dios, Nuestro Señor, muchos años un fraile, y oyendo dezir a otros de menos timepo y de menos exercicios santos, que recebían de su Magestad gustos y regalos grandes, viéndose él falto de todo, púsose una noche de rodillas delante un Crucifixo, y con palabras de sentimiento y quexa començóse a lamentar, diziendo:

-Oído he, Señor, de Ti, que excedes en bondad y clemencia a todas las criaturas. Yo te he servido muchos años y padecido por guardar tu Ley grandes trabajos, caminando por caminos ásperos y duros de tus Mandamientos, sacrificando mi persona y desseos a tu voluntad y Ley. Sé bien, Señor, que si por el servicio de algún tirano tanto uviera hecho, me mostrara alguna señal de benevolencia, o hablándome dulcemente, o /(189r)/ dándome alguna dádiva de precio, o descubriéndome algún secreto, o, a lo menos, mostrándome rostro risueño y amoroso. Tú, Señor, nada desto has hecho comigo, ninguna señal de amor o benevolencia me has mostrado. Dizes que eres dulçura a todos y eres a mí amargo y desabrido. ¿Por qué, Señor, lo hazes assí comigo?

Estas y otras cosas dixo el fraile, y oyó un ruido en la iglesia, como si toda se viniera al suelo. Espántose y bolvió atrás el rostro, y vido un bulto grande y horrible, el cual con un duro y fuerte palo que traía en la mano le sacudió el polvo y le començó a menear las costillas, de suerte que cayó en tierra sin poderse levantar en pie, sino que se andava arrastrando de unas partes en otras, hasta que llegó al pie de un altar, donde sin poder moverse estuvo hasta la mañana. Levantáronse los frailes a prima, y viéndole tan mal parado, lleváronle a la enfermería sin saber la causa de su enfermedad, ni entenderla. Estuvo en la cama tres semanas, y en este tiempo dava de sí tan mal olor, que ni otros ni él podían sufrirlo, y los que servían en aquella oficina para llegar a él se atapavan las narizes. Cayó en la cuenta de su sobervia, y cobrando algunas fuerças, fuese al mismo lugar donde le hirieron, para que allí donde mereció el castigo, mereciesse el perdón. Començó a razonar con Nuestro Señor, y dixo:

-Mi Dios, yo pequé contra el Cielo y delante de Ti. Menor soy que todas tus misericordias y indigno de tus favores. Tú, Señor, justamente me castigaste y piadosamente me sanaste.

Con dezir esto una y muchas vezes juntava su rostro con el suelo, pidiendo humilmente perdón de lo que locamente pretendía, y livianamente habló contra Dios. Oyó una boz que le dixo:

-Si quieres alcançar las consolaciones que pretendes, conviene que te tengas por vil gusano y lodo que se pisa.

Oído esto, muy consolado se levantó y dio gracias a Dios. Y desde esta sazón fue muy humilde, y con la humildad alcançó lo que por la sobervia que tuvo avía perdido. Lo dicho es del | Promptuario de exemplos.
[37] Elisabet, hija del rey de Ungría y muger de Lantgravio, conde de Turingia, no juzgó ser ageno de su dignidad recebir en su seno un pobre enfermo, suzio, asqueroso y de malíssimo olor. Cortóle el cavello. lavóle la cabeça, limpióle y asseóle su cuerpo. Y no sólo con éste se mostró humilde, sino con otros muchos casi de la suerte dél. Visitávalos, consolávalos, exortávalos a paciencia, dávales comida y bevida. De todas maneras los regalava: tocava sus llagas, limpiávalas, poníales medicinas, y si faltavan vendas con que atarlas, ponía mano a la toca de su cabeça y hazía que sirviesse en aquel ministerio. Muerto el marido, hízose moradora en un hospital hecho por ella, y admirava lo que con los enfermos hazía. A un niño curava y limpiava con el mesmo afecto que si le uviera parido. A otra muger leprosa servía en todo aquello que su enfermedad pedía. No consentía que la llamassen señora las criadas del hospital, antes ella les prevenía los oficios humildes adelantándose a hazerlos, lavando las escudillas y platos en la cozina, y barriendo la casa. Venían las criadas a hazer estos oficios y hallávanlos hechos, de modo que aun se tenía por inferior a las criadas de casa. Y nunca semejante muger baxara a tanta humildad, si primero con ferventíssimo ardor de caridad no estuviera abrasada. Ninguna cosa se hallará penosa, que se juzgue della indigno el que perfectamente ama. Es de Conrado Minorita, y refiérelo Marulo, libro primero.
[38] Brígida Abadessa se tenía por menor de todas sus súbditas. Estavan ciertas monjas en la casa enfermas de muchos días, y para que recibiessen algún regalo, mandó a otras que las levantassen de las camas y las bañassen, y como se estrañassen todas de hazer cosa semejante por estar muy suzias y de mal olor, la abadessa Brígida por sí sola hizo aquel ministerio. Y no sólo quedaron limpias, sino sanas. Eran tres, y tenían diversas en- fermedades: /(189v)/ una era paralítica, otra, endemoniada, y otra, leprosa. Fue grande milagro sanar todas tres, aunque no menos | fue de encarecer en hazer por sí misma semejante ministerio. Es de Surio, tomo cuarto.
Fin del Discurso de Humildad. |

DISCURSO TREINTA Y CINCO. DE INFANCIA

Cuando un mayorazgo está por heredar, llámanle don Pedro, don Juan, don Alonso. En heredando, pierde aquellos nombres y llámanle el Duque, el Conde o el Marqués. San Juan tuvo nombre de Evangelista, de Apóstol, de Doctor y de Mártir, porque no huyó el martirio, mas el martirio le huyó e él. Todos estos nombres callen y se dissimulen, llamándole Cristo «su querido y regalado». Y assí, él dize de sí: «el discípulo a quien amava Jesús». Ora veamos qué tuvo el Evangelista para que le diesse este ilustre apellido el Salvador. ¿Qué vido en él? Mucho vido, pues quien sabía tan bien escoger le escogió para semejante alteza. Y en particular podríamos dezir que le agradó por ser entre los Apóstoles el de menor edad, y que siendo tan moço fuesse tan santo y sirviesse a Dios con tantas veras fuele muy gustoso, como siempre que vee a alguno que desde su infancia y mocedad se exercita en obras virtuosas y santas esle muy agradable. Y mostrólo con un mancebo que le vino a preguntar una vez qué haría para salvarse. Respondióle:

-Guarda los Mandamientos.

Replicó el moço:

-Éssos, Señor, guardado los he desde mi pequeña edad.

El Evangelista San Marcos, que refiere esto en el capítulo dézimo, dize que, oyéndole esta palabra el Salvador, le miró con vista amorosa, dando a entender en aquella mirada el contento que recebía con él, y assí quiso tenerle consigo y hazerle su Apóstol, como se lo dixo: |

-Ve y vende tu hazienda, y ven y sígueme.

Señalóle plaça de Apóstol, aunque él no la aceptó con la pensión que se la dava, de que vendiesse y diesse a pobres su hazienda, siendo muy rico. De modo que el començar a servir a Dios desde la infancia le es muy agradable, y por essa razón entre otras escogió al Evangelista San Juan para su privado y querido. Y por experiencia vemos en los árboles, cuyo fruto es al gusto dulce y sabroso, que primero muestran flores agradables a la vista y olorosas al olfato. De la misma suerte sucede en los hombres que han de ser de grande hecho; dan olor dello en la infancia. Desto trata el Discurso.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Isaac, hijo de Abraham, aunque moço de edad, era que se le entendía cualquiera cosa, pues tenía fuerças para llevar sobre sí tanta leña cuanta era bastante para convertir en ceniza un cuerpo humano. Y sabiendo lo que su padre quería hazer dél, que era sacrificarle y quitarle la vida, no se le puso por delante: «Es viejo, aunque diga que se lo mandó Dios, possible es que se le antoje. No duerme de noche por la edad, imaginación suya es». Ni el temor de la muerte le dio alas para tomar corrida y írsele por pies a su padre, sino que se rindió y dixo:

-Pues Dios lo quiere, padre mío, que yo muera, yo lo quiero. Sólo os pido me cubráis los ojos, porque viendo levantar el cuchillo regido por el braço del que me engendró, para herirme, no conciba ira contra él.

Y assí se ofreció a la muerte. Es del Génesis, capítulo veinte y uno.
[2] Josef niño era, y acusó a sus hermanos delante de su padre de un pecado que /(190r)/ a él le parecía mal y aborrecía, pues hizo semejante acusación. Y pedido por el padre que fuesse a visitar sus mismos hermanos, respondió:

-Estoy presto y harélo de buena gana.

Lo cual todo era buena señal y dava indicio de la bondad y virtud en que se avía de exercitar cuando grande. Refiérese en el Génesis, capítulo treinta y siete.
[3] Samuel, niño de poca edad, criándose dentro del templo en servicio de Helí Sacerdote, excediendo la edad con la virtud, mereció que diversas vezes, hablando Dios con él, le declarasse cosas que estavan por venir, lo que otros, aun viejos en edad y santidad, no alcançavan. Dio en esto indicios de la virtud que tendría en la madura edad, por donde vino a regir como rigió muchos años el Pueblo de Dios. Es del Primero Libro de los Reyes, capítulo segundo y tercero.
[4] David, siendo moço y apacentando los ganados de su padre, mostrósele humilde y obediente. De allí fue llamado para ser ungido por rey de Israel por Samuel Profeta. Es del Primero de los Reyes, capítulo diez y seis.
[5] Joas, hijo de Ochozías, rey de Judá, de edad de siete años començó a reinar y vivía concertadamente obedeciendo en todo a Dios, lo cual le duró todo el tiempo que vivió Joyada, Sumo Sacerdote, que le enseñava en lo que era bueno y santo. Es del Segundo del Paralipomenon, capítulo veinte y cuatro.
[6] De ocho años era Josías cuando recibió el reino de Judá y su govierno, y aunque tuvo progenitores viciosíssimos, él fue desde esta edad varón santíssimo. Mu- rió | moço, mas siendo niño tenía el seso y discreción de viejo y los hechos de varón justo y santo. Fue uno de los mejores reyes, no sólo de los que tuvo el pueblo hebreo, sino de los que ha tenido el mundo, como parece en lo que se escrive dél en el Cuarto de los Reyes , capítulo veinte y dos, y en el Segundo del Parli pomenon, capítulo treinta y cuatro.
[7] Tobías, siendo de poca edad, en la Tribu de Neptalim, ninguna cosa hizo de moço, sino de varón discreto y justo. Tuvo un hijo y enseñóle desde niño a que temiesse a Dios y guardasse sus Mandamientos, y se librasse de pecado. Es del Libro de Tobías, capítulo primero y cuarto.
[8] Sin preceptor o maestro, Daniel y sus tres amigos guardavan la Ley de Dios, viviendo sobria, justa y piadosamente, entre otros niños, hijos de gentiles. Es del Libro de Daniel, capítulo primero.
[9] De San Juan Baptista dize el Evangelista San Lucas, en el capítulo primero, que siendo niño crecía y se confortava en su espíritu, y que se fue al desierto, donde estuvo hasta que por mandato de Dios se mostró a Israel, saliendo a predicar y a dar noticia de la venida de Cristo al Mundo.
[10] El Salvador y Redemptor nuestro, Jesucristo, Hijo de Dios, siendo de doze años fue hallado de su Sacratíssima Madre y de San Josef en el templo, en medio de doctores, oyéndolos y preguntándoles con aviso y saber más que de hombre. Y de allí se fue con la Virgen y con su esposo Josef a Nazaret, y les estava sujeto. Dízelo San Lucas, capítulo segundo.
Hasta aquí es de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Siendo niño de poca edad San Atanasio, celebrávase en Alexandría fiesta al martirio de San Pedro, obispo que avía sido en aquella ciudad, y martirizado en tiempo del emperador Diocleciano. Su muerte era reciente, y por esto se le hazía grande fiesta. Ordenó Alexandre, que a la sazón era obispo, un combi- te | y fiesta a todos los clérigos, en una casa de plazer junto al mar. Adonde, estando con ellos, desde una fenestra vido que en la marina andavan jugando unos niños. Y era el juego de tal suerte que, así el obispo como todos los clérigos, dexando la comida se pusieron a mirarle. Avían estos niños visto consagrar en la iglesia /(190v)/ catedral de aquella ciudad algunos obispos, y después de consagrados, que baptizavan a los catecúmenos. Ellos, por ser proprio de aquella edad imitar a lo que veen hazer a otros, hizieron en su juego un obispo, y era este Atanasio. Llegaron a él y pusiéronle todos las manos sobre la cabeça, y haziendo las demás ceremonias que pudieron atinar que se hazían en la consagración de un obispo. Hecho esto, Atanasio se fue con ellos a la orilla del mar, y tomando agua en lo que primero le vino a las manos, y diziendo las palabras que la iglesia acostumbrava dezir, los baptizó a todos. Estava admirado Alexandre Obispo de ver esto. Mandó a sus criados que le truxessen todos aquellos niños a su presencia, y traídos, preguntóles qué juego era aquél que allí hazían. Ellos, siendo proprio también de aquella edad, començaron a negar, mas, amenazándolos con açotes, confessaron el juego que hazían. Y preguntado Atanasio qué era su intento cuando los baptizava, respondió, como si de mayor edad fuera, que hazer lo que los obispos hazían cuando baptizavan. Juzgó Alexandre que avía sido aquél verdadero Baptismo, examinadas las palabras y intención, y assí mandó que supliessen las demás ceremonias que en aquel Sacramento suelen hazerse, y diolos por cristianos. Llamó a su padre de Atanasio y encomendóle que pusiesse al estudio a su hijo, y que se le truxesse en siendo de buena edad, porque le quería tener consigo, trasluziéndosele por lo que avía visto lo que después sería. Y no se engaño, porque después fue santo, y de los más insignes doctores que tuvo el Oriente. Refiérese en su Vida, escrita por el Metafraste, y por otros autores.
[2] En la cuna estava San Ambrosio, y viéronle cercado de un enxambre de abejas, y algunas dellas le entravan en la boca y salían. Quiso su ama echarlas de allí y vedóselo el padre, que estava admirado de verlo y esperava el sucesso, y fue que se levantaron y tomaron buelo tan alto, que se perdieron de vista. El padre dixo:

-Gran- des | cosas tiene Dios guardadas en este niño si le conserva la vida.

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