De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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Fue esto indicio de su grande elocuencia y admirable sabiduría. Niño era también cuando, viendo a una donzella que acompañava a una hermana suya que en la iglesia besava la mano a los obispos, estando en casa llegó a ella, y burlando estendía la mano, diziendo que se la besasse, que también él avía de ser obispo. Burlávase ella dél y echávale de sí, teniéndolo por cosa de niños. Y cuando ya era arçobispo de Milán, se acordó él. Y dízelo Paulino Presbítero, en su Vida.
[3] Orígenes, de diez y siete años desseava padecer martirio por Cristo, y su madre, escondiéndole los vestidos, le estorvó un día que no fuesse a presentarse al tirano para confessar a Cristo por Dios, y que le martirizasse. Y desde su casa escrivió una carta a su padre Leónidas, que estava preso en la cárcel a punto de morir, exortándole al martirio, y que no bastasse el amor de la muger y hijos a retroceder del camino de la verdadera fe. Es de la Historia Eclesiástica de Eusebio.
[4] Digno es de memoria lo que sucedió a los hijos de San Estacio. El cual, siendo capitán de Trajano Emperador, convirtiéndose a la fe y baptizándose, provóle Dios con trabajos y adversidades. Perdió su hazienda y bienes de mundo, que eran amplíssimos. Robáronle su muger cossarios. Dos hijos que tenía de poca edad, queriendo passar con ellos un río, teniendo el uno de la otra parte y bolviendo por el otro, desde en medio del río vido llevar al uno de un león, y al otro de un lobo. Aunque si fue grande su sentimiento y pena perdiéndolos, no menor fue después su contento y gozo, cobrándolos. Refiérese en su Vida.
[5] En la ciudad de Roma vivía un hombre bien conocido en ella, el cual tenía un hijo pequeño de edad de cinco años. Éste, o por oírlo a otros, o porque su malicia excedía a la edad, blasfemava el Santíssimo Nombre de Dios muy de ordinario, /(191r)/ sin que el padre le corrigiesse y castigasse, porque le amava mucho. Cayó enfermo el rapaz, y estando cercano a la muerte, teniéndole el padre abraçado, vido el mochacho venir a él los espíritus malignos, y con grande temor dezía:

-Defiéndeme, padre; defiéndeme, padre.

Y con esto escondió el rostro en su seno. Preguntóle el padre qué era lo que veía, y respondió:

-Unos hombres negros vienen a llevarme.

Con esto, arrebatado de su mala costumbre, blasfemó el Nombre Santíssimo de Dios y quedó muerto, declarándose en esto el delicto por que Dios le entregava a tan crueles verdugos. Escrive este caso San Gregorio, en el libro cuarto de sus Diálogos, capítulo diez y ocho, y dize que, aunque es verdad que los niños que mueren baptizados antes de tener uso de razón se alvan, mas, si tienen este uso, aunque sean pequeños, mereciéndolo sus culpas como lo merecía éste, bien se compadeze que se condenen. Santo Tomás, en el cuarto, en la distinción veinte y siete, y cuestión segunda, dize, hablando deste proprio caso, que si fue assí como parece sentir San Gregorio, que este mochacho tenía uso de razón, que sin duda se condenaría. Mas si le faltava y no tenía malicia interior, ni sabía lo que se dezía, que fue esta muerte y el ver los demonios sólo castigo de su padre, o por aver aprendido dél, o porque no le castigava, oyéndole dezir semejantes blasfemias.
[6] Eufrasia, niña de poca edad, aviendo sido prometida por esposa de un patricio de Constantinopla y estando con su madre viuda en un monasterio de monjas en Egipto, aviendo ido a visitar las religiosas dél la madre, echóles larga limosna. Pidióles al despedirse que rogassen a Dios por Antígono, su marido, y por la niña. A la cual la abadessa, por oírle su respuesta, dixo:

-Señora mía Eufrasia, ¿tenéisnos amor a nosotras y a nuestro monasterio?

La niña respondió:

-Antes, señora, os amo verdaderamente.

-Pues, si nos amáis -dixo la abadessa-, quedáos en nuestra compañía y recebid nuestro hábito.

-En verdad | -tornó a dezir la niña-, que si supiesse que mi señora madre no lo avía de llevar pesadamente, que no saldría de vuestro monasterio.

-¿A quién amáis más -replicó la abadessa-, a nosotras o a vuestro esposo?

-A mi esposo -dixo la niña-, ni le conozco, ni él a mí. A vosotras conózcoos y ámoos.Mas, dezidme vosotras, señoras, ¿a quién amáis más, a él o a mí?

Respondió la abadessa:

-A vos, señora, os amamos, y a vuestro esposo Cristo.

Estas razones oyó su madre, y admirada de ver tanta discreción en niña de siete años, derramava lágrimas de sus ojos. Hablóle, diziendo:

-Ea, hija, vámonos de aquí, que se viene la noche.

Respondió la niña:

-Yo aquí me quiero quedar con la señora abadessa.

La abadessa le dixo que no podía quedar allí quien no se huviesse prometido a Jesucristo con boto perpetuo.

-Por esso no quede -dixo la niña.

Llegóse a un crucifixo, y abraçándose con él y besándole, dixo:

-Yo me ofrezco a Jesucristo con perpetuo voto para religiosa deste convento.

Dicho esto, ni ruegos de su madre, ni declararle la abadessa ser de grande aspereza la vida que las monjas allí hazían de ayunos y penitencias, ni dezirle que avía de aprender el Salterio de coro, aprovechó ni fue parte para que más de allí saliesse. Antes se ofreció a todo lo que le dixeron, mostrando ánimo de cumplirlo. La abadessa, buelta a su madre, dixo:

-Señora, este negocio es de Dios. Quiere lo que Él quiere; dale tu hija, porque Él te dé su gloria.

La madre, hechos sus ojos fuentes, levantándolos en alto, dixo:

-Señor y Dios Mío Jesucristo, pues Tú la quieres y ella a Ti se encomendó. Tú della ten cuidado.

Y buelta a su hija, le dixo:

-El Señor que fundó los montes inmóbiles te confirme en su santo temor.

Entrególa a la abadessa sin cessar su llanto, y hiriéndose en los pechos salió de allí, dexando a todas las religiosas llorando. Bolvió otro día, y en su presencia la niña Eufrasia se vistió el hábito de la religión, y fue santíssima monja. Refiérelo Surio, tomo segundo. /(191v)/
[7] Santo Tomás de Aquino, queriendo un día la ama que le criava lavarle en un baño, assió con su mano un papel del suelo. Quiso quitársele, y fue tanto su llanto que se le dexó. Dando razón desto a su madre, ella quiso ver qué avía en aquel papel, y quitándosele por fuerça al niño vídose que estava escrita en él la Ave María. Tornaron a dársele para acallarle y, buelto a sus manos, púsosele en la boca y tragósele, porque no se le tomassen más, dando qué dezir a muchas personas y qué considerar a gente devota.
[8] San Bernardino de Sena, siendo pequeño y estando en casa de una tía suya, llamada Diana, parte de la comida guardava y la repartía a pobres. Enseñava a otros niños lo que devían hazer para servir a Dios. Predicávales de la manera que pudiera hazerlo de más edad. En todo esto dio muestra de lo que después fue. Es de su Vida.
[9] En Torunto, pueblo de Flandes, por los años de mil y dozientos y treinta, fue un niño de edad de cinco años, llamado Achaz, hijo de padres nobles y ricos. El cual, la primera vez que vido frailes menores, con muchas lágrimas alcançó de sus padres que le vistiessen como ellos andavan. Y pareciéndoles que era negocio de niño y que lo olvidaría presto, fue de otra manera, porque antes cada día más les iva imitando en lo que de nuevo descubría tocante a su Orden. Andava los pies descalços y ceñida una cuerda. No quería tocar con sus manos moneda, y como estuviessen aposentados en su casa ciertos mercaderes estrangeros y le viessen vestido de fraile, para provarle, sabiendo que no quería tocar dinero, en el vasso en que bevían echaron una moneda, y diéronle que beviesse en él. Bevió, y como vido la moneda, dio bozes arrojando el vasso con ella. Y levantando luego los ojos y las manos al Cielo, dixo con lágrimas:

-Tú, Dios Mío Omnipotente, sabes que ignorantemente quebranté mi Orden.

Vino a estar malo de pena, y no se consoló, | ni quietó, hasta que llegó un sacerdote y dio muestra que le absolvía, poniendo sobre su cabeça las manos. Assentávase en la plaça los días de fiesta y llamava a otros niños de su edad, y reprehendíales de lo malo que notava en ellos, y amenazávales con penas del Infierno. Enseñávales también la oración del Padrenuestro, y Salve Regina, y a signarse con la Señal de la Cruz, y a que se hincassen de rodillas. Llegavan hombres de barba y viejos a oírle estas pláticas y quedavan edificados. A su padre reprehendía si le oía jurar, y dezíale:

-Padre caríssimo, ¿no avéis oído al sacerdote en la iglesia cuánto mal haze el que jura sin necessidad, y más si es con mentira?

Y a su madre, porque en una fiesta solemne la vido vestida profanamente, delante de muchos que lo oyeron, señalando con el dedo un Crucifixo, le dixo:

-Mirad, señora madre, a Jesucristo puesto en la Cruz, desnudo y corriendo sangre, y vós, en afrenta suya, estáis tan vestida de grana y seda. Temo, madre muy amada, que por el vestido de grana no incurráis en pena de fuego eterno.

De oír esto, la madre se compungió mucho, y mudó el vestido en otro más llano y honesto. Era cosa de admiración considerar en una edad tan tierna sus varoniles hechos, su gravedad, su modestia, su humildad, los ojos baxos, las palabras medidas: sólo verle predicava. Llegó a edad de siete años, cayó enfermo, pidió con grande instancia que le diessen la Sagrada Comunión, y visto que no se la davan por ser niño, levantó al Cielo las manos, y dixo:

-Tú sabes, Señor Mío Jesucristo, que mi desseo es de recebirte. Ya te pedí y hize lo que devía. Espero con confiança que no seré ageno de tu vista.

Procuró de consolar a sus padres, que le lloravan, exortólos a oración y vida santa y acabó la suya. Fue sepultado y era tenido por santo. Sus padres, edificados de su vida, dexaron el mundo y se entraron religiosos: la madre, en un monasterio de Cistel, y el padre, en otro de Predicadores, donde acabaron santamente. Refiérese en el libro segundo De Apibus, capítulo 8.
/(192r)/ EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Ciro, siendo niño, criávase entre pastores sin ser conocido y siempre que los de su edad hazían juegos en que señalavan superior rey o cabeça, luego Ciro tomava semejante cargo, y si alguno hazía lo que no devía, severamente le castigava. Por donde vino el negocio a los oídos del rey de los medos Astiages, su abuelo, quexándose los padres de los castigados. Mandóle traer a su presencia y reprehendióle ásperamente. El moço, que no encubrió la magestad real con los pobres vestidos de pastor, respondió:

-A los reyes conviene castigar los malhechores. Ellos me hazen su rey, no hagan por qué y no serán castigados.

Bastaron estas señas para que su abuelo le conociesse, y que era a quién él quiso matar por estorvar que no fuesse rey, y vídole verdadero y no fingido rey de pastores. Refiérelo Fulgoso, libro tercero.


[2] Semíramis, muger ilustre, siendo niña se vido en grandes peligros. Fue echada cerca de un estanque en Siria, donde, ya que no de otra ocasión, por falta de sustento muriera. Mas vinieron aves que le truxeron comida. Crióse entre pastores y vino a ser reina, y governó el reino de Babilonia muchos años en grande justicia y paz, ampliándole y acrecentándole. Refiérelo Sabélico, libro primero.
[3] Estava Alcibiades siendo niño jugando con otros de su edad en la calle pública cierto juego, y venía a passar un carro. Él se adelantó al carretero y le rogó que detuviesse un poco el carro hasta que acabassen aquel juego. El carretero hizo burla dél y dava a los bueyes. Visto por el rapaz que le faltavan fuerças con que hazerle detener y queriendo salir con la suya, derribóse tendido en el suelo delante de los bueyes y dixo:

-Ea villano, tira con tu carro y mátame, que quien vengare mi muerte me vengará de ti, pues yo no puedo vengarme.

Con esto detuvo el otro sus bueyes hasta que se acabó el juego, con admiración de los que estavan presentes. Y dio indicio en este hecho de lo que después | hizo creciendo en edad y fuer ças, rigiendo por algún tiempo a Atenas. Es de Fulgoso, libro primero.
[4] Del mismo Alcibiades dize Antonio Sabélico, libro tercero, que ay dificultad si pudo Atenas gloriarse o entristecerse con tenerle por hijo y aver nacido allí, porque si la regozijó con sus victorias y acrecentamiento de estado favoreciéndoles, después la afligió mostrándosele contrario y persiguiéndole. Éste desde niño dio muestra qué varón avía de ser. Vido andar a Pericles, su tío, triste y melancólico; preguntóle la causa de la melancolía y tristeza. Respondió que andava considerando cómo daría cuenta a su república de cierto cargo que tuvo, no llegando con gran parte al recibo el gasto y no tener con qué pagar llanamente. Replicó Alcibiades:

-Pues, señor tío, vuestro cuidado debría ser cómo no dar essas cuentas y assí no tendrán qué pediros.

Tomó el consejo Pericles, difirió el dar cuentas y entretanto levantóse guerra contra la ciudad de los que estavan en el contorno, y tuvo tanto que remediar aquel daño que se olvidaron de pedirle más las cuentas.
[5] Tenía el rey Filipo de Macedonia un cavallo maravilloso llamado Bucéfalo, del cual no se servía más de para la vista, porque su ferocidad era tanta que a nadie sufría sobre sí. Vídole una vez Alexandre siendo de poca edad y no con pocos ruegos alcançó que le dexassen con él para ver si le podía hazer doméstico. Llegó a él, assióle de las clines, y ya halagándole, ya amenaçándole, hízole un poco descuidar y con grande ligereza subió en él, y subido que fue, se dio tal modo que le corrió y detuvo, y hizo dél todo lo que quiso. Lo cual visto por el padre Filipe, derramó tiernas lágrimas de gozo, juzgándole por digno de regir su reino que esperava heredar y otros muchos, y assí le dixo:

-Conviene, hijo, que busques otro mayor reino, que el mío es poco para ti.

Es de Fulgoso, libro tercero. Y refiere también dél que estando en el estudio de las /(192v)/ primeras letras, y oyendo dezir las victorias que su padre alcançava, dixo con grande quebranto suspirando:

-Si mi padre alcança tantas victorias, ¿a mí qué me ha de dexar?

Sabélico, libro primero.
[6] El mismo Alexandre Magno siendo niño, llevándole Leónida, ayo suyo, al templo a que ofreciesse encienso a un ídolo, hízolo él, sino que echó tanto encienso en el brasero que el ayo le fue a la mano diziendo:

-Cuando seas señor de Arabia, donde se cría, podrás ofrecer tanto encienso como aora has ofrecido y quemado.

Vino después Alexandre a ser señor de Arabia y de las tierras donde se cría el encienso. Cargó dello un navío y embiósele a Leónidas diziendo que no devía ser corto con el Cielo, aviéndole sido tan faborable como podía ver en el presente que le embiava. Sabélico, libro primero.
[7] Rómulo y Remo, hermanos, por mandado de Emulio Tirano fueron echados a morir en el río Tiber, mas él, respetando a quien tanto le avía de honrar edificando en su ribera a Roma, cabeça del mundo, encogió sus aguas y dexólos en la arena, donde murieran de hambre sino que a sus gritos y lloros vino allí Marcia Loba, y viendo los niños fue a ellos, y hallándolos embueltos en paños que mostravan grande riqueza, túvolos en mucho. Criólos entre pastores y vinieron después a quitar el reino al tirano Emulio, y bolviéronsele a quien tenía derecho a él, que era su abuelo, y edificaron ellos la ciudad de nuevo y començó nuevo reino. Es de Sabélico, libro primero.
[8] Entró Marco Catón, que después se llamó Uticense, en casa de Lucio Sila, llevándole un ayo y maestro que tenía llamado Sarpedonte, siendo de poca edad y viendo que le traían muchas cabeças cortadas porque era el tiempo de sus guerras civiles entre él y Mario, y el que prevalecía executava muchas muertes en los del vando contrario. Salió de allí y preguntó Catón al ayo cúyas eran aquellas cabeças, y respondióle que de romanos. Él, mostrando grande sentimiento y rostro | de que lo hiziera si pudiera, replicó:

-¿Y no me dieras una espada, que yo vengara las injurias de tantos?

Refiérelo Sabélico, libro primero.
[9] Pirro, de linaje de los Eacides, siendo niño fue echado a morir en un estanque, y allí, tocándole con una lança, assió della con su mano, y fue ocasión que le sacassen y librassen de la muerte, y llevado luego en presencia del rey Glaucio mostró en su rostro un sonriso agradable, por donde le hizo criar, y de lance en lance vino a ser rey. Passó en Italia y hizo guerra a los romanos, matándoles mucha gente. Fue a Sicilia y apoderóse della. A Lacedemonia puso en grande aprieto. Hizo famosos hechos en armas, tanto que le davan el segundo lugar después de Alexandre Magno. Es de Sabélico, libro primero.
[10] Escipión Africano el Mayor, començando a ceñir espada, hallóse un día en cierta casa de Roma, donde estavan juntos muchos principales romanos y tratavan entre sí de salir de Roma y desampararla, por ocasión de una batalla en que avía Aníbal muerto inumerables gentes de la ciudad y se entendía que vendría luego a sitiarla. Oído esto por Escipión, puso mano a la espada y dixo que él desafiava de muerte al que diesse parecer que la ciudad se desamparasse. Y no contento con esto, hizo que se lo jurassen. Y fue esta hazaña la salud de aquella República. Es de Sabélico, libro primero.
[11] Costumbre era de los senadores de Roma llevar consigo al Senado sus hijos pequeños. Por esta razón un día fue llevado de su padre Papirio Pretextato, de poca edad, y como se tratase un negocio de importancia detuviéronse más de lo acostumbrado. No se atrevió la madre de Papirio de preguntar la causa a su marido, quiso saberla del hijo. Pidióle que la declarasse. El moço estrañávase de hazerlo. Causava mayor desseo en la importuna muger para entender aquel misterio, viendo que con tan fiel secreto se guardava. Y como nuestra naturaleza se incline más a lo /(193r)/ que más se le veda, cessava ya de rogar al hijo y servíase de amenazas. El cual, por librarse dellas fingió una novela, y pidiendo a la madre encarecidamente que guardasse secreto, díxole:

-Sabed, señora, que se ha determinado oy en el Senado por ocasión de las muchas guerras que ay siempre, muriendo tantos como mueren en ellas, que se multipliquen los hombres para que no se acabe el pueblo, que cada uno pueda tener muchas mugeres.

Oído esto por la madre, sin querer guardar la fe prometida, primero lo dixo a sus vezinas y después de unas en otras vinieron a saberlo las más matronas de Roma. Apercibiéronse unas a otras a que fuessen otro día al Senado a que deshiziessen semejante ley. Vídose el siguiente día un exército de mugeres a la puerta del Senado, y todas dando bozes que la ley se deshiziesse. | Al principio admiráronse los senadores sin saber qué ley o qué era lo que pedían sus mugeres que se deshiziesse que tanto las ofendía, hasta que el moço Papirio Pretextato dixo que él sabía el misterio, y assí declaró que por librarse de su madre que le importunava y amenazava que le descubriesse lo que en el Senado se avía tratado, él fingió aquella novela, de que los varones se casassen con muchas mugeres porque con las guerras el pueblo no se acabasse. Fue grande risa de los senadores, y no menor la afrenta de las matronas sabido el caso, aunque se les dio poco, assegurándose que no tenían que temer semejante ley. Mandóse en el Senado que no entrassen en él niños de poca edad, sino sólo el Pretextato, porque no todos serían de su condición. Refiérelo Sabélico, libro primero.
Fin del Discurso de Infancia. |

DISCURSO TREINTA Y SEIS. DEL INFIERNO

Uno de los tormentos que más atormentarán a los desventurados condenados en el Infierno será el ver que es eterno, que sus tormentos no han de tener fin, no se han de acabar. Por grandes que sean las aflicciones y penas en esta vida, considerar que no durarán mucho es alibio. No falta quien dize que, cuando pecó Adam y Dios le penitenció, por darle algún consuelo, añadió: «Polvo eres, y en polvo te has de tornar»; que fue dezirle: «Por muchos que sean tus males, consuélate, que ay muerte en que se acabará todo. Sólo en el Infierno el mal no tendrá fin, no avrá re- missión | para los condenados; por más que lloren ni se lamenten, es ya tarde». Y esto se figuró en una batalla que uvo entre Abner, capitán de Saúl ya muerto, y Joab, capitán de David vivo, de que se trata en el capítulo segundo del Segundo Libro de los Reyes . Començáronla por la mañana al salir del Sol, y estávanse matando unos a otros, hasta que se iva a poner. Parecióle a Abner que iva mal su partido, quiso rendirse a Joab, y no que le matasse más gente. Embióle a pedir paz y que le perdonasse. Respondióle Joab:

-Vive Dios que si por la mañana hablaras, que te perdonara a ti y a los tuyos, mas ya tarde es.

Assí dirá Dios al pecador que estuviere en el Infierno: «Ya tarde es». Lo que toca a las penas sensibles, sin lo que es el carecer de la vista de Dios, que es lo sumo que allí se padeze, y llaman los teólogos pena de daño, y de que toda similitud y encarecimiento queda corto; /(193v)/ mas lo sensible, puede algo dexarse entender por este exemplo: Si viéssemos un hombre en esta vida padecer gravíssimos tormentos en todo el cuerpo y en cada parte dél, por manos de sayones crueles y sin piedad, en tal estremo que no quedasse potencia ni sentido, no huesso ni miembro, no coyuntura ni parte alguna que le faltasse verdugo que las estuviesse de contino crudamente atormentando, y a la misma sazón viniesse con mano armada un escuadrón de dolores y penas a envestir en él, a la cabeça, xaqueca, al rostro, cáncer, a los ojos, carbunclos, a los oídos, a los dientes, al estómago y a la hijada, rabiosos dolores, a la garganta, esquinencia, al coraçón, gota coral, a las coyunturas y artejos, gota artética; y, en suma, a todos los miembros, los males y tormentos a que están sujetos, con los cuales durasse siempre en la vida sin alivio ni declinación, ¿cuál estaría este desdichado? Si el que padece cualquiera desto males dessea acabar con la vida, por acabar con la pena, ¿qué no sentiría y qué no dessearía el que los padeciesse todos juntos? Pues desta manera, si en alguna se puede declarar, se ha de imaginar que están en el Infierno las almas de los dañados, y después de la Universal Resurrección estarán los cuerpos tan llenos de males y tormentos, que no quedará essencia ni sentido, no miembro ni parte que no tenga su particular verdugo y dolor tan excessivo y cruel, que todos los deste siglo juntos son como pintados en comparación del menor de los que allí se padecen. Estarán las almas llenas de tristeza y melancolía, y los cuerpos ardiendo en vivas llamas pa- ra | siempre jamás. Sonará aquel forçoso y desaprovechado llanto, aquel temblar y cruxir de dientes. Estarán los malaventurados con una rabiosa desesperación, comiendo sus carnes a bocados, y rompiendo sus pechos con sospiros y gemidos, y el gusano de su propria consciencia royendo sus entrañas, blasfemando y renegando del juez que allí los tiene, y maldiziendo y anatematizando el día en que nacieron y su triste suerte, y la malicia y obstinación de su voluntad, que fue la causa del daño. Este Discurso trata del Infierno.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Pedía al Patriarca Abraham aquel rico Epulón miserable, estando en el Infierno, que embiasse a Lázaro, que con el dedo humedecido en agua le tocasse la lengua para que se le mitigasse el ardor que en ella sentía; y dízelo San Lucas en el capítulo diez y seis. Y ¿qué mayor miseria puede considerarse que tener necessidad de una gota de agua estándose abrasando, y no alcançarla? Y a esta desventura se le añade el tener memoria de la felicidad passada y ya perdida, y assí le respondió el Patriarca:

-Acuérdate que gozaste en la vida muchos bienes, y Lázaro padeció muchos males, por donde justamente eres atormentado, y él es consolado.

Passó adelante su miseria con la solicitud de sus hermanos que estavan en el Mundo, que si se condenavan como él se avía condenado, accidentalmente se añadiría pena y quebranto, aviendo él ayudado con su mal exemplo y con dexarles riquezas de que podían usar mal, al condenarse. Tales son las penas del Infierno, no sólo el fuego y las llamas; añádense otras cosas que las hazen más penosas e insufribles.
Es de la Escritura el exemplo dicho.

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] El bienaventurado San Gregorio, en el cuarto libro de sus Diálogos, capítulo treinta y seis, refiere algunas personas que, aviendo muerto y tornando a vivir, davan cuenta de la remuneración y premio, y también del castigo | y pena que reciben las almas de los que mueren, conforme a sus méritos o deméritos. Y dize que tiene Dios dos fines en esto: uno es que, sabiéndolo, algunos vengan a enmendarse y se hagan mejores; y otro, que no haziéndose mejores ni /(194r)/ enmendándose, sea mayor su infierno. Refiere pues a un Pedro Monge, que viviendo vida de seglar vino a morir de su enfermedad, volvió a la vida, y afirmava aver visto los tormentos que se dan a las almas en el Infierno de fuego, donde conoció a algunos hombres que en el mundo fueron poderosos, y que, estando a punto de ser lançado en la llama, llegó un ángel y le detendió, diziendo:

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